Desde la bodega
Lo que vemos en Guillermo Morón
Dr. Gerardo Pérez González


 

 




 

Mi entrada en el mundo de cultura y de las letras, entre otras cosas, viene de la mano del interés de conocer lo humano de la tierra mágica donde nacimos, observarla, interpretarla y vivir el orgullo inmenso de la caroreñidad. A un joven de mi generación era sumamente interesante conocer los personajes de nuestra aldea universal, y entre ellos estaba Guillermo Morón.

Había oído decir a la gente que Morón era el más importante historiador de Venezuela. Acostumbrado a escuchar eso en nuestro pueblo, donde magnificamos, con mucha razón, a nuestras cosas más sagradas. Me tocó luego pasar por la universitaria ciudad de Mérida y formarme académicamente. Allí volví a sentir ese comentario, mucho más preciso y con juicio de valor, por cuanto en las aulas humanísticas de esa tierra andina, hablar de Carora era sinónimo de historia y por supuesto de Guillermo Morón. Pude comprender la figura de este hombre, que para muchos era la fiel exégesis de los eruditos griegos y de los antiguas historiadores, para otros el polémico hombre de las interpretaciones del hecho histórico con el sentido real de definir las cosas de manera auténtica, una interpretación más política que social.
 


Ese es la primera visión de este amable hombre de la cultura universal. Luego en el tiempo ha logrado hacerle un seguimiento más real y humano, su don de amabilidad y caballerosidad con su gente, con su paisanos y con este núcleo de Amigos de la Cultura, como solemos llamarnos, ha sido estrecha y amplia. Buen intercomunicador de ideas y receptor de importantes proyectos todos por la cultura de su pueblo. Así me lo comunicaba constantemente el recientemente desaparecido Alejandro Barrios, con quien mantenía largas conversaciones de manera reiterada y constante trazando planes futuros en el campo de la cultura y de las letras y su legado de publicar las obras de los caroreños del pasado y de las recientes generaciones.

Es el carorense (como él lo dice) preocupado por las cosas de la ciudad, no es en vano, con más de sesenta años fuera de su terruño no ha perdido nunca su cordón umbilical que le sembrara Doña Rosario su madre al nacer, para que nunca se fuera de aquí. Tanto lo terminó de enterrar en la tierra soleada su maestro Don Chío Zubillaga, que jamás olvida sus raíces y su compromiso moral con su gente, es y ha sido un servidor público.

En su paso intelectual ha dejado su conocimiento a la orden de escudriñar el pasado de su tierra, que la conoce muy bien, se refleja en sus obras y en los severos juicios que hace. Su obra histórica y literaria se enriqueció con el nutriente de su Carora y Cuicas. Su novela El Gallo de la Espuelas de Oro es la expresión narrativa de su interioridad, no se traslada a otra región, se viene a su Carora y juega con los personajes, el tiempo, el espacio y construye, aún de los comentarios familiares, en una rica prosa poética, del significado de la caroreñidad.

Valoro en estas palabras que escribo, la figura de Guillermo Morón, es un compromiso que adquirimos ante nuestra tierra, de guardar la personalidad universal de este hombre, que siendo de la calidad intelectual y del pensamiento que posee, es ante todo un soldado mas de su pueblo, que al tocar tierra amarilla arcillosa del Río Morere se convierte en otro personaje más, de tantos que caminan por la antigua ciudad de patios castizos y españoles, de casas humildes de bahareque, de techos de teja o palma aborigen, de calles empedradas, de asfaltadas o de tierra, porque seguro estoy que en cualquiera de esos lugares, Guillermo Morón se siente como el caroreño que es, aún de lo grandioso de su obra, para perpetuar en el tiempo que ya lo atrapó para él..­

 ENERO DEL 2006