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LOS TIEMPOS CAMBIAN |
| Gerardo Castillo Riera |
¡Hay
que ver!, los tiempos cambian. Hace como 37 años apenas que andábamos varios
de nosotros escondiendo cosas, por cuestiones políticas claro está. En estos
días estaba arreglando los cassettes de música, que a lo mejor ya muchos no
conocen por los avances tecnológicos, y me encontré una cinta, que tiempos ha
la cargaba uno escondida, por lo explosivo de su mensaje, y para oírla había
que hacerlo, o muy pasito, o sí acaso en el UPA de la calle Concordia, cerca
del Liceo, o en los cubículos de la Universidad. Me refiero a Carlos Puebla.
¡Ah mundo!, y no es el negro Pernalete, “ La reforma agraria va”, o sino,
“Comandante Che Guevara”, o tal vez “Carabina 30-30”. Eso era cuando había
ideología, cuando había sueños de justicia social, ahora no, es solamente odio
social, que es otra cosa y muy dañina por cierto. Una obediencia ciega a una
persona, no importa si es bueno o malo. Si daña o no. Si nos enfrenta o no. Si
nos destruye o no.
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COSTUMBRES |
| Gerardo Castillo Riera |
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Siempre he sido un curioso de nuestras costumbres, por eso siempre trato de
averiguarlas. Con mis tres Mamás lo hacía siempre y una de ellas era que les
preguntaba del porque de la mazamorra en semana santa. Ellas me
explicaban que en ésta época había que guardar el ayuno y la abstinencia de
comer carne, y que mejor que este pastel, si se puede llamar así, a base de
maíz y aliñado con anís para facilitar la digestión y endulzada con papelón
para dar la energía que se conseguía con la carne pero que no se podía comer
en esa oportunidad por ser fieles seguidores de la fe cristiana. Además se le
agregaba el dulce de leche para adicionar también más energía. Al decir de mi
recordado amigo Andoche Barrios (QEPD) en el Torrellas se la comen con dulce
de plátano, porque así la consumían los pobres, siempre le contradije
esa tesis porque la leche, en esta parte del mundo, nunca ha sido un
privilegio de los ricos, cualquiera tenía una cabra o una vaca por muy pelúa
que fuese, en el solar de su casa; además el plátano era mas caro que un litro
de leche. Mi conclusión es pensar que como los habitantes del Torrellas se
fueron a trabajar al vecino estado Zulia llamados por el boom petrolero habían
adquirido la costumbre de allá de comer plátano en todas las comidas.
Así pues que este suculento plato no es otra cosa que la forma como los caroreños consiguieron soportar el ayuno y la abstinencia en tiempos de cuaresma y de una manera muy sabrosa. Además que da sueño y permite pasar los rigores de la canícula, mas fuerte de lo común en esta temporada, y del sufrimiento del ayuno, durmiendo. Muy inteligente.
También les preguntaba sobre lo que comían los caroreños de principios del siglo pasado. Me decían que como desayuno variaba entre mondongo o los derivados de lácteos, huevos o refritas, y arepas fritas en leche del día anterior, muy buenas por cierto; todo esto por supuesto acompañado de sus respectivas arepas y descontando la tapara de suero, que entre nosotros es parte de los útiles de la mesa. De almuerzo sopa, carne, bien sea de marrano, res o salón de chivo, en variadas formas. De merienda, después del picurito de las 3 de la tarde, café con amasijo o cucas, o en su defecto dulces variados y criollos, entre ellos, tapatapa, granadas, coco, cerezos y cambures pasados, las famosas almejas de Chila Pire, nalguitas de piña, quesillo, natilla, lefarias y datos, guanajos, tamarindo, guayabas y hasta algunos comimos cují. A lo mejor me estoy saltando algunos que no me vienen a la memoria. De cena, lo mejor de todo, se comía lo que había quedado del almuerzo. Y la inigualable resbaladera que no faltaba nunca. No se conocían los tomates, pimentones, céleri, ajo porro, y todas esas ramas actuales; se condimentaba con comino y ajo. Por eso es que nuestro fogón es uniforme en toda la ciudad.
Todo esto nos trae a la reflexión de que de existir en esa época los avances médicos modernos nuestros antepasados hubiesen sido longevos porque la mayoría de las muertes eran por enfermedades que hoy nos parecen una triste gripe.
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| FANTASÍA |
| Gerardo Castillo Riera |
El concepto
filosófico del termino Fantasía es el de: “actividad humana creadora de
imágenes”. El ser humano desde sus inicios practicaba esta actividad,
cualquier niño practica esta actividad. El hombre primitivo ante los
acontecimientos inexplicables recurría a ella. Al transcurrir del hombre se
pudo dar cuenta que ella no solo servía para explicar las cosas y
acontecimientos si no que, sin proponérselo, la utilizaba en su vida
cotidiana.
El diccionario la define como “la facultad que tiene el ánimo de reproducir
por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar las ideales
en forma sensible o de idealizar las reales.
Cuándo se es niño vivimos en una eterna fantasía, al jugar, cuando pequeños,
¿quién no se imaginaba que el caballo de palo era verdaderamente de carne y
hueso?, llegábamos incluso a conocer el color y cualquier otra seña que
tuviera el animal para hacerlo más real, claro está a los ojos de hoy que
somos adultos, porque a los de antes lo real y verdadero era nuestra
imaginación; por mejor decir, el mundo de las imágenes. Hay infinidad de
películas, libros y anécdotas sobre la materia donde se muestra lo hermoso y
útil de la fantasía.
Pero cuando somos adultos se nos olvida que la fantasía nos revive, nos lleva,
como dice el concepto, a idealizar las cosas reales y a representar las cosas
ideales en forma sensible, y eso es lo verdaderamente humano; el hecho de
poder ser sensibles es mas que suficiente. El mundo globalizado actual, “per
se” no se ha deshumanizado, es la globalización mal entendida. Quienes
propician esta tendencia a lo mejor fueron niños sin infancia, niños que no
les permitieron jugar, porque es a través del juego que desarrollamos nuestra
fantasía. Somos producto de lo que aprendimos de cuando niños, y algunos
padres no entienden esto cuando obligan a sus hijos a asistir a actividades
todos los días para tenerlos ocupados, quitándoles el derecho a jugar.
Todos los adultos nos preguntamos con frecuencia ¿por qué será que las cosas
antes eran mejores?. No se trata de sí es mejor o peor una o la otra, la
diferencia la tenemos en que nuestra generación tuvo la oportunidad de jugar,
de desarrollar la fantasía y la actual generación es producto de esa
globalización mal entendida que obliga a los niños a ser adultos antes de
tiempo. Nuestros juguetes eran rígidos, sin movimiento, porque el movimiento
solo estaba en nuestras mentes, se lo dábamos nosotros con la imaginación; a
los caballos no se le movían las patas, ni las muñecas de las hembras lloraban
o se movían, cuando mucho los brazos y piernas giraban; ahora no, los caballos
y carritos se mueven a control remoto, al igual que las muñecas. O en el peor
de los casos lo hacen a través del ratón de la computadora. El juego por
excelencia es socialización, ¿y han visto Uds. algo más egoísta que el juego
en computadora?. Aparte de eso ¿quién de nosotros no tuvo o tiene una novia
imaginaria, con la cual soñamos? ¿Alguien se atreve a negarlo?. Con esa novia
nos imaginamos paseando, bailando, gozando, etc., etc. A lo mejor ahora nos
parecerá ridículo decirlo, o pensarlo, pero ¿acaso el poeta, o el compositor,
o el escritor de novelas no utiliza imágenes fantásticas?.
Digo que algunos padres le roban la niñez a sus hijos porque los ponen a
competir a ver quien lee con menos edad. Algunos colegas me dirán, como de
echo lo hacen, que soy obsoleto, que no utilizo las modernas prácticas
pedagógicas que buscan sacar el mejor provecho del ser humano, así como hacen
con los pollos de engorde que no les apagan la luz para que estén las 24 horas
del día comiendo; en otras palabras, les están robando la vida. Con
responsabilidad les contesto que sí. Soy todo eso que dicen, pero por encima
de todo defiendo el derecho a pensar, a disfrutarlo que es el verdadero
sentido de la vida. No hay cosa mas infeliz que siéndolo no se es consciente
de ello. Los que trabajamos con materias humanísticas tenemos que serlo
obligatoriamente porque no hay mejor forma de desarrollar la fantasía que con
la lectura, y ésta a su vez es la que nos alimenta el espíritu.
Gerardo Castillo Riera
Especialista en habladera de boberas

EL COLECTIVO
En las constantes charlas que mantenemos en mi casa varios amigos, uno de ellos, Luís Mora, me comentaba ayer que estaba indignado porque ya la Universidad Yacambú, estaba presta a iniciar su núcleo aquí en nuestra ciudad. Su malestar no era contra la Yacambú, si no que no comprendía como la UCLA, siendo la Universidad del Estado no se disponía a crear carreras completas aquí, si no que se limitó a traer solo carreras cortas. Decía Luís, con toda razón, que deberían cambiarle el nombre a la misma y llamarla Universidad de Barquisimeto Lisandro Alvarado, porque era solo para esa ciudad, y que teníamos nosotros los Caroreños que desprendernos de nuestros hijos para mandarlos a estudiar fuera del estado.
Hacía memoria que cuando Pablo Arapé y yo hacíamos
la revista Avance Agropecuario de SORGO y Cámara de
la ACIC, exponíamos algo al respecto y
manifestábamos que como era posible que siendo Carora la zona agrícola y
pecuaria del estado, las facultades de Agronomía y Veterinaria de la UCLA
no funcionaran aquí. Nos preguntábamos ¿cómo pudo la UCV instalar las suyas en
Maracay?.
De ésto no podemos culpar a nadie, solo nosotros los
mismos Caroreños somos los culpables de tal desatino; no podemos pretender que
alguien sentado en una oficina de Barquisimeto, que a lo mejor nunca ha
visitado Carora, pudiera gestionar tal cosa.
Nuestra actual sociedad ya dejo de tener el empuje que tenían nuestros padres
y abuelos, que pensaban en colectivo; nos hemos convertido en una ciudad común
y corriente donde la gente piensa en forma individual. La ciudad de Ramón
Pompilio Oropeza, de Chío Zubillaga, de Misia Petra
Elíes, de Petra de Aldazoro, de Pastor Oropeza, de Ambrosio Oropeza, de Homero
Álvarez, quienes dejaron las mieles de la capital para venirse a instalar en
nuestra ciudad y trabajar por ella ya pasaron.
Me incluyo en ese lote de culpables, porque nuestra generación no ha podido
enseñar a las nuevas que la plaza que está en la confluencia de las Av.
Miranda y 14 de Febrero no es la plaza del Chivo, sino de CHÍO.
Estamos en deuda con la ciudad, no le hemos retribuido lo que ella nos dio:
sentido de pertenencia y formación. No hemos continuado con el Procerato
Caroreño, ni con Barrios Caroreños, ni con el Historial Genealógico de
Familias Caroreñas, ni con la obra de los Pbros. Lisímaco
Gutiérrez y Carlos Zubillaga, en la construcción del Hospicio, e infinidad de
cosas más.
Tuvieron que venir personas ajenas a darse cuenta que la ciudad adolecía de
centros de enseñanza superior para explotar ese público cautivo, ávido de
formación académica profesional; nosotros no pudimos, estábamos y estamos aún
ocupados en otras cosas más individuales y tratamos de solucionarlas pero
también en forma individual. ¿Acaso será posible que comencemos a pensar en
colectivo?, a trabajar por Carora, entendiéndola como región y no sigamos
permitiendo la ciudad de carretera. Los Médicos del Hospital, los funcionarios
y directivos de los núcleos universitarios instalados aquí, los Jueces, los
Policías, los Maestros y Profesores, los Buhoneros, los empleados de la
Alcaldía, y casi que los Curas, duermen en Barquisimeto y hacen vida social en
Barquisimeto. No saben a que sabe un Sábado y Domingo y día de guardar
en Carora, ni conocen nuestra canícula.
Por esto y por muchas cosas más es que no podemos
culpar a nadie de la dejadez en que hemos caído, y seguro estoy que no
faltará quien salga a decir: Yo hice esto, Yo hice tal cosa, Yo, siempre Yo.
Los convido a decir NOSOTROS hicimos, NOSOTROS haremos, NOSOTROS pelearemos
por lo que creemos es beneficioso para TODOS... Eeeeeelena... Upa pues.
gcastillor@hotmail.com
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