“Balada para un loco”
Por Teódulo López Meléndez

10-05-2008

Media luna en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies y una banderita de taxi libre levantada en cada mano”.  Apenas he puesto “media luna en la cabeza” en sustitución de “medio melón en la cabeza”. Es claro para los tangófilos que hablo de “Balada para un loco”, la inolvidable pieza de Astor Piazzolla a la que el poeta Horacio Ferrer puso letra. Es posible que caminando por Buenos Aires lo haya visto en mi imaginación, tal como el poeta lo consideró, “mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus”. Es posible que haya visto como los maniquíes le guiñaban, como lo semáforos le daban tres luces celestes y las naranjas del frutero de la esquina le tiraban azahares.

Es posible que Ferrer se haya inspirado en un personaje real. No logré verlo en mi realidad, pero lo asocio ahora –cuando de locura se trata- a ese personaje que recorre las avenidas de Barcelona y se interna en las ramblas completamente desnudo con un calzoncillo tatuado en la piel y el pene lleno de pearcings, al que logré ver para sorpresa de muchos catalanes que habían oído hablar del personaje y que nunca se lo habían topado. Pero volviendo a Buenos Aires lo cierto es que leí toda la poesía de Horacio Ferrer mientras recordaba a Rafael Caldera, otro amante del tango. Me lo contó el chofer que lo llevó: en uno de sus viajes el expresidente venezolano manifestó tímidamente un deseo: quería ir a la calle Corrientes, al número 348. Para un amante del tango eso era una petición absolutamente entendible. En ese número de esa calle transcurría otra pieza inmortal donde se producían “a media luz los besos, a media luz los dos”. La decepción de Don Rafael fue total; allí, en ese número mágico cantado, sólo había un garaje. Nunca le dije al presidente Caldera que conocía la anécdota; tal vez le hubiese argumentado que en los garajes también es posible estar a media luz.

No hay duda: las tardes de Buenos Aires tienen ese qué se yo. Ella me llevó en un largo recorrido a un arrabal, quería que viese la verdad de la ciudad, sus intimidades, el corazón de donde brotó el tango. Allí no había un montaje teatral, allí no se escenificaba una pieza de algún dramaturgo underground. Eran los vecinos bailando, con sus sombreros y sus pañuelos, era la naturalidad de Buenos Aires, era el espectáculo de la verdad. No me atreví a decirle, después de esas imágenes inolvidables que conservaré siempre en mi memoria, que quería ir a la calle Arenales a ver al loco del poeta Ferrer sacándose, para saludar, el medio melón de la cabeza. Al fin y al cabo ya le había dicho que mi preferido era Goyeneche, el polaco, el ya viejo con la voz oscurecida por el alcohol, el mismo que cantó “Balada para un loco” en el Teatro Colón acompañado por Piazzolla en una grabación memorable que conservo como un tesoro, provocando su mirada de reproche (la de ella).

Los locos no son únicamente los que inventó el poeta Ferrer. El loco de Ferrer era bello, era uno que veía la luna rodando por Callao y sentía bailando a su alrededor un corso de astronautas y niños y además se permitía mirar a Buenos Aires desde el nido de un gorrión. Las cosas eran más difíciles: transcurrían los días de la supuesta venta de armas argentinas a Venezuela, De la Rúa asomaba su candidatura presidencial, la entrevista con la imponente señora dueña de “La Nación” se convertía en un interrogatorio. No, no se trata de un loco bello tomado de la realidad o de la fantasía por un poeta. Ahora, en el presente, se trata de otro que ha decidido meterse “media luna” en la cabeza y canta, eso sí, en cada manifestación de su afán televisivo “ya sé que estoy piantao, piantao, piantao/ ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!/ como un acróbata demente saltaré/”. El loco de Ferrer saltaba “sobre el abismo de tu escote hasta sentir/ que enloquecí tu corazón de libertad/”. La realidad de esta América muestra a los que saltan hacia el abismo de la historia para enloquecer con privación de libertad.

No podemos ni debemos cambiar las letras de los tangos. Sin embargo, hoy amanecí con “Balada para un loco” en la memoria y provoca parafrasear: “Subite a mi ilusión super-revolucionaria/ vamos a correr por las cornisas/ con una golondrina en los cinco motores”. Y agregar: “La reserva me da un valsecito bailador”. Las palabras son secesión, media luna, ejército zuliano, perderemos al Zulia sólo guerra mediante, no nos quedaremos inmóviles ante la agresión a Bolivia. Debe agregarle al pueblo venezolano: “Quereme así, piantao, piantao, piantao...”

No tengo la menor duda: provoca campanarios con la risa.

tlopezmelendez@cantv.net




Los relámpagos de Saturno

Por Teódulo López Meléndez

30-04-2008

La sonda espacial de la NASA y de la Agencia Espacial Europea revela que en Saturno se producen relámpagos diez mil veces más poderosos de los que conocemos en la Tierra, o es que la sonda imperialista equivocó el camino y se aposentó sobre Venezuela. Antes se nos había anunciado el descubrimiento, en una lejana galaxia, de un planeta que gira alrededor de dos soles, como en el film “La guerra de las galaxias”. Esto me ha hecho recordar a un viejo amigo que se dedica a descubrir planetas extrasolares, el astrónomo Geoffrey W. Marcy, de la universidad de Berckeley. Apenas publicada mi novela Selinunte encontré en la prensa una noticia de pocas líneas, y a una columna, donde se decía del descubrimiento de un planeta exactamente igual al que yo describía en mi texto. Guardé el recorte por meses hasta que una amiga dijo que debía escribirle a Marcy a California. Así lo hice, no sin reticencia y sin esperar respuesta, y nació un interesante intercambio de correspondencia. El brillante científico y el oscuro escritor intercambiamos criterios sobre los misterios de la literatura y de la ciencia y hasta llegó a comentarse la posibilidad de que el planeta fuera bautizado con el nombre de mi novela y de las ruinas que la inspiraron, las de la ciudad griega aposentada en las costas de Sicilia. Tengo tiempo que no me comunico con “Jeff” Marcy, apenas sé de él en las noticias donde aparece de cuando en vez anunciando sus descubrimientos y no creo que deba perturbarlo con las preguntas insólitas que ahora me asaltan: ¿La sonda Cassini-Huygens equivocó su rumbo? ¿Los relámpagos que sus sensores detectan se producen en Saturno o en Venezuela?

No, no me voy a comunicar con el astrónomo. Marcy no tiene respuestas para las tormentas venezolanas y no debe saber nada de la política local. Al fin y al cabo para la gran prensa norteamericana Venezuela no existe, a no ser por equivocación. Además, si apartara un poco de tiempo de sus investigaciones y entrara a hacer sus enrevesados cálculos para darme una respuesta podría contestarme que la explicación es que Venezuela está en Saturno.  Esto ya lo sabemos sin necesidad de recurrir a consulta con uno de los astrónomos más famoso de estos tiempos.

El relámpago es un resplandor producido por una descarga eléctrica. Es, en el fondo, lo mismo que un rayo, es un potencial eléctrico, una descarga de tanta energía que la única manera que tiene de manifestarse es en la luz. En nuestro país, gracias a las nuevas normas del “gobierno revolucionario”, la descarga se traduce en una profunda oscuridad, en un apagón. No obstante, la potencialidad del estallido está aquí, aunque a la inversa de lo que sucede en Saturno. La carga potencial que arrastramos es diez mil veces superior a lo que estamos acostumbrados. Quizás deberíamos –para continuar con la astrofísica- hablar más bien del estallido de un “hueco negro”, de alguna estrella enana, de la succión que alguna estrella hace de su gemela (pues ahora los científicos parecen pensar que las estrellas siempre fueron morochas y se devoraron y se devoran entre sí). ¿Dónde está el sol gemelo de cuyos rayos se calentó este país llamado Venezuela? Fue devorado por Saturno, ahora no el planeta de los relámpagos, sino Saturnus, el dios pagano griego heredado por los romanos y, entre nosotros, de dios de la agricultura y de la cosecha pasado por la “revolución” a ser dios de la estatización, de la intervención de fincas productivas, de la falta de alimentos, dios de la inflación, lo que obligaría al gran Goya a repintar su cuadro y ahora reproducir al monstruo hambriento devorándose a un país. 

Goya se quedó solo en la llamada “quinta del sordo”. Era un viejo solitario y huraño, ya no veía sino los colores sombríos, no pintaba otra cosa que personajes siniestros, sórdidos, violencia y fantasmas detrás de Saturno devorando a sus hijos. Pero he aquí una noticia perdida en el interior de algún periódico español: los estudiantes del Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid han llevado a la pasarela nuevos bocetos donde la alegría de los jóvenes ha transformado en nueva vida las imágenes desgarradoras de los fusilamientos del 2 de mayo, donde las mujeres se mueven seductoras como renacidas Majas Desnudas que aspiran a cambiar la faz de la oscuridad, donde Saturnus se reduce a las páginas de un libro para los estudiantes que se pierden en las maravillas de la cultura grecolatina.

Debemos cambiar la oscuridad en luz. Debemos hacer que el estallido de lo negro vuelva a ser fecundidad. Lucio Quinto Cincinatto  araba mientras las tropas de ecuos y volscos rodeaban Roma. En 16 días organizó al ejército, venció al enemigo, entregó el poder al Senado y volvió a su arado. La carga explosiva que se siente en la Venezuela de este momento amerita recordar que el estallido inesperado de la luz basta para domeñar  lo lóbrego, para transformar la energía e indicarle a la república el camino. Transitarlo tomará años, pero lo importante será estar en el camino. Las descargas son de luz, de nacimiento y manifestación de energía, tienen un precio en un caos que busca organizarse y que no está libre de tropiezos. Espurio Melio (de aquí viene la palabra espurio) traicionó al Senado y hubo que llamar de nuevo a Cincinatto, pero eso forma parte de otra historia, de una que los venezolanos, actuando como ciudadanos, deberemos escribir. 

tlopezmelendez@cantv.net




Samantha Quintero o la libertad de la mujer

Por Teódulo López Meléndez

29-04-2008

T
ermino de leer el artículo que Mario Vargas Llosa escribe sobre el último escándalo de la prensa amarillista inglesa, el del video del millonario en actitudes sadomasoquistas que un diario colgó para delicia de los enfermos. La voz del escritor peruano se dirige contra el diario, no contra el millonario que puede hacer con sus nalgas lo que le de la gana, y mientras me digo que comparto su criterio entro a navegar en la web y me consigo con el nombre de Samantha Quintero.


No sabía que una mujer de ese nombre pretendiese ser alcaldesa de Chacao. He aquí a la Quintero, zaherida a más no poder por haber tenido un romance con un oficial del ejército del entorno del presidente Chávez. Una periodista la denuncia por tal motivo y la considera una “infiltrada roja-rojita”. No se le acusa de ser una practicante promiscua, no de haber grabado un video en la intimidad (lo cual sería absolutamente un acto privado), simplemente ha mantenido un romance con alguien de otro signo político. Lo que me irrita es que se lleve el debate político a un terreno inadecuado. Por si fuera poco, leo el comentario de un lector donde asegura haber visto a la policía de ese municipio hostigando a los partidarios de la Quintero mientras repartían volantes. Samantha Quintero deja ya de ser para mí una desconocida candidata a un puesto público para pasar a ser objeto de una visión más compleja sobre el papel de la mujer en esta sociedad.

Leo su impecable página web, la historia de su vida que relata con sencillez y quedo prendado de su programa de gobierno. He aquí a una mujer soltera, bella, independiente, de unos 30 años, profesional y emprendedora que ha decidido aspirar a un cargo público.  Lo hace sin respaldo de los políticos habituales. Samantha Quintero parece encarnar a la perfección lo que es una mujer de este tiempo. Desconozco los motivos que la llevaron a lanzarse a la política, pero de su programa de gobierno se desprende que sabe lo que hace y sabe lo que quiere. Que una joven de estas características decida inmiscuirse en los asuntos públicos debería ser un hecho saludado al menos con simpatía. No parece tener necesidad pecuniaria de la política, no parece existir en ella nada oculto. Por lo demás, si los partidarios del gobierno deciden presentar un candidato o una candidata a la alcaldía de Chacao (que seguramente no es este el caso), ¿cómo considerarlo una “infiltración”? ¿Qué clase de sectarismo preside la vida nacional, imitada la locura del gobierno por parte de alguna oposición? ¿Es una infiltración que la oposición presente un candidato a la alcaldía de Libertador?

No me interesa particularmente lo que suceda en el reino de Chacao. Al fin y al cabo vivo en el municipio Sucre y mis simpatías están con Carlos Ocariz para alcalde. Me interesa el tema del nacimiento de nuevas figuras públicas, me interesa la llegada a la política activa de los jóvenes, me interesa la participación de la mujer en los asuntos colectivos, me interesa desnudar las torceduras mentales de algunos, me interesa visualizar como esta malhadada sociedad intenta colocar a la mujer en la cama, mientras Sègolene Royal disputaba la presidencia de Francia y la señora Clinton libra una batalla en Estados Unidos por la nominación del Partido Demócrata, mientras la señora Bachelet es presidenta de Chile y una líder en cautiverio es la líder de la oposición en Birmania y mientras la Ministra de Defensa de España pasa revista a las tropas en avanzado estado de gravidez.

La mujer en el mundo ha ganado casi todas las batallas mientras aquí se cuestiona a una mujer por haber tenido un romance. La señorita Quintero puede haber tenido todos los romances que su belleza le permite. Este parece ser un país que sigue reduciendo a la mujer a la chismografía. El caso de Samantha Quintero parece ser el de “machismo” practicado por mujeres. No se le pregunta a un hombre cuántos romances ha tenido ni si se ha ido a la cama con una mujer partidaria del gobierno. A estas alturas todavía se pretende reducir la política a los más bajos niveles, cuando la necesidad estriba en lo contrario, hablar de conceptos, de programas concretos de gobierno. La señora Royal vivió unos cuantos años sin estar casada y constituía una bella familia. Qué Caracas no es París puede ser acertado, pero ciertamente estoy convencido de que este episodio de los ataques a Samantha Quintero, candidata a alcaldesa de Chacao, son un auténtico bochorno, una muestra irrefutable de la mediocridad reinante.

Necesitamos más mujeres interesadas en los asuntos públicos, desde la inteligencia y desde las ofertas precisas y concretas. Ataquen a Samantha Quintero por sus planteamientos para gobernar el reino de Chacao y dejen en paz su vida privada, aunque después de haber escudriñado su programa mucho me temo que lo encontrarán blindado.

No conozco a Samantha Quintero ni sé cual será su fortuna en la aspiración que la ha traído a la vida pública. Sólo sé que he visto el caso de una mujer  que hace ejercicio de un derecho inalienable –si me apresuran diría que cumple una obligación- y a través de su caso he visto a un periodismo, a una manera grotesca insertada en el manejo de los asuntos públicos. Samantha Quintero, la “roja-rojita” “infiltrada” en la contienda por la corona del reino de Chacao, ya quedó –independientemente de su suerte en esa contienda- como la prueba de una condena a la libertad de una mujer.

tlopezmelendez@cantv.net


Teódulo López Meléndez:
Estamos frente a una sucesión de minigolpes de Estado


(Foro en el diario El Impulso, 27 de abril de 2008)


A Teódulo López Meléndez no se le olvida su ciudad natal. Asegura que le cuesta ver u oír los juegos del Cardenales porque desea que gane todos los partidos y se molesta cuando pierde. Inmerso en la creación literaria ha olvidado la actividad política, aunque desarrolle una intensa actividad como columnista de prensa. “Es el cumplimiento de un deber ético, de la obligación de un intelectual”, asegura. Sus artículos salen publicados en Nueva York y Londres, en Buenos Aires y en Santiago de Chile, y profusamente en ciudades colombianas como Cali, Bucaramanga y Cartagena de Indias. “Algunos medios colombianos me pidieron ser su colaborador a raíz de mi seguimiento de la crisis reciente”, comenta. “Además colaboro con algunas revistas españolas específicamente en el plano literario”, dice. Tampoco ha olvidado los libros, habiendo alcanzado la treintena, desde la novela, hasta el ensayo, desde la poesía hasta la traducción de poesía.

A pesar de todo, López Meléndez dedica muchas horas al seguimiento de la situación del país y también de la situación larense.

¿Qué criterio te merece la intervención del valle del Turbio?

De extrema gravedad. He calificado el hecho como el más grande desafío que ha sido lanzado a la sociedad larense. Ese no es un problema de los cañicultores o de los propietarios u ocupantes del valle. Es un problema de todos los habitantes de la ciudad y del estado. No olvidemos, aparte de las consideraciones ecológicas y de producción propiamente dicha, que se trata de una intervención masiva de fincas, en un atentado directo contra la propiedad privada, bajo el sistema de la ocupación militar previa.

¿Se trata de una aplicación de la reforma rechazada el 2 de diciembre?

Sin duda. Digo que estamos asistiendo a una sucesión de pequeños golpes de Estado. Prácticamente a uno diario. El amontonamiento de estos pequeños golpes de Estado hará un gran golpe de Estado y cuando menos acordemos estará en plena vigencia la reforma a la que el país dijo “No” el 2 de diciembre pasado. Quiero aclarar, no obstante, que no me opongo a la existencia de distintos tipos de propiedad social, pero bajo el respeto de la privada y la aplicación de las justas compensaciones en caso de expropiación por utilidad pública. En ningún caso en el valle del Turbio se puede alegar una utilidad pública.

Hablas de una sucesión de “pequeños golpes de Estado. ¿Puedes abundar el concepto?

La realización de proyectos como la inserción de un currículum escolar con todos los defectos y venenos que tiene es una violación de las leyes y de la Constitución. Déjame ponerte un ejemplo preciso sobre las elecciones regionales, pues es lo que teóricamente tenemos más próximo. Chávez no anda amenazando a los del PSUV con expulsiones si se lanzan de candidatos porque quiera mantener la cohesión interna, evitar anarquías contraproducentes, impedir resquebrajamientos. Lo hace porque entre las posibilidades que maneja está la suspensión de las elecciones regionales y no quiere que entre sus propios partidarios el clima electoral haga presa, alega mientras mira fijamente la sucesión de bustos de músicos clásicos que adornan una repisa.

Chávez – continúa después de una breve pausa- aprendió la lección del 2 de diciembre y no está dispuesto a ir mansamente a elecciones que pierda. Lo único que a Chávez le interesa es su presidencia perpetua y por ello diseña el zarpazo final, uno que no tiene fecha, uno para el cual se prepara meticulosamente y del cual no podemos saber si me materializará con motivo de las elecciones regionales.

Juega varias cartas a la vez nuestro astuto presidente: paralelamente adelanta la modificación de leyes para despojar a los gobernadores de competencias, para dejarlos como bebés en el limbo, para atarlos (a los de oposición que ganen) a una silla eléctrica donde sus competencias estén reducidas a las de un contable que lleva los libros rituales de la administración sin poder intervenir en ella.

Con esa carta en la mano sopesa, al mismo tiempo, si las elecciones serán aplazadas. Es bastante probable que lo haga. Jugará a la misma estrategia que con el referéndum revocatorio: darle largas. Los motivos no hay que inventarlos, para eso se controlan todos los poderes. Podrá decirse que el CNE tiene serios problemas técnicos o la Sala Constitucional del inefable TSJ asegurar que esos no son los lapsos. De manera que puede aplazar por algunos meses, a la espera que la misión “13 de abril” cumpla su cometido de dinero inyectado con la prolijidad de una dosis de morfina aplicada a un sujeto víctima de los dolores.

Consideras entonces que la oposición actúa de manera equivocada?

A la oposición no le pido inacción, sino por el contrario acción. La participación en un proceso electoral en situaciones tan particulares como las que vivimos en Venezuela no puede ser la estrategia –y pido negritas para la estrategia-, sino simplemente una parte de ella. La oposición carece de una y se ha empalagado de un electoralismo que comienza a provocar rechazo en la población oposicionista.

Llegado el momento –continúa con su idea- el gobierno estudiará si da el zarpazo. Si después del aplazamiento las cosas no funcionan se resignará a tener unos eunucos en las gobernaciones y en las alcaldías. Para el gobierno el escenario ideal es que todo vaya bien y no recurrir a la triquiñuela del aplazamiento, pero esa opción es complicada y difícil. De manera que el gobierno desarrolla todas sus estratagemas al mismo tiempo. Los precandidatos andan en campaña muchos meses antes. Eso no lo aguanta nadie, ni en recursos económicos ni en administración del tiempo ni en energía personal. Ese desgaste será consecuencia del aplazamiento, mientras los alegres aspirantes tienen hasta cuñas de televisión. ¿Se dan cuenta los amables lectores que el eficiente CNE no ha prohibido la propaganda electoral para una campaña que no se ha abierto? Por supuesto que no, hay que dejarlos que gasten recursos y energías y que cansen al electorado, porque cuando llegue el momento la población estará hastiada, ahíta de candidaturitis.

¿Crees posible un renacimiento de la abstención?

No estoy en una posición abstencionista, nada de eso. Libré una dura batalla de convencimiento para que la gente fuera a votar el 2 de diciembre y sería una estupidez mayor permitir que el abstencionismo que comienza de nuevo a manifestarse (otra estrategia paralela del régimen) conllevara a quedarse en la casa en la hipotética fecha de las elecciones regionales. La estrategia que reclamo – señala mientras mira los libros de su biblioteca- debe tener presente que el zarpazo llegará tarde o temprano, cuando el ocupante de Miraflores crea que es el momento de resolver el problema fastidioso de elecciones que impidan su permanencia eterna en el poder.

Si vemos bien, la única conclusión posible es que la inefable oposición no sabe lo que hace. Sorpresivamente -y desde Panamá- Raúl Isaías Baduel ha vuelto a plantear el tema crucial de la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Si leemos lo que la extrema sifrina escribe en los foros de algunas páginas web llegaremos a concluir que esa posibilidad no tiene futuro. Por lo demás, la exigencia de Baduel de unidad total sobre este propósito choca frontalmente con el electoralismo desatado. ¿Pedir a los candidatos que descuiden sus bellas campañas electorales, que incluyen celebraciones de aniversarios matrimoniales en la Plaza Bolívar, en aras de una salida posible al caos actual? De manera que la propuesta de Baduel, digna de ser considerada con absoluta seriedad, quedará como un testimonio de un hombre lúcido. Mientras tanto, los extremistas sifrinos alegan que esa propuesta viene de un militar y que más nunca se quiere uno, al mismo tiempo que prenden velas para que se produzca un alzamiento cuartelario y un sargento cualquiera saque a Chávez de Miraflores a cañonazos. “Cosas veredes, Sancho”, mientras nos preparamos para gobernar a las Islas de Barataria en que quedarán convertidas gobernaciones y alcaldías.

Creo –añade- que los candidatos deben seguir, pero con menos presencia mediática, con más trabajo silencioso de campo y con equipos que diagnostiquen los problemas a enfrentar, digamos que un todo preparándose para gobernar, pero también para enfrentar todas las posibilidades de maniobra que el gobierno está ejecutando.


Se ha criticado que frente al “socialismo del siglo XXI” no se ha presentado un proyecto de país.


En efecto, por ello he dedicado los últimos meses a repetir hasta el cansancio que lo único oponible a ese mamotreto que llaman “socialismo del siglo XXI” es lo que he denominado “democracia del siglo XXI”. He desarrollado esa tesis escribiendo profusamente sobre el concepto de política, entendiéndola como algo que debe formar parte de la cotidianeidad de los ciudadanos. La identificación de la política con algo sucio y despreciable hizo nacer la “antipolítica” que permitió el ascenso de Chávez al poder. El primer paso es rescatar a la política como el interés en el destino colectivo y avanzar así hacia una república de ciudadanos. Luego hay que reformular el concepto de partido, para hacer de ellos una organización horizontal que sirva realmente de correa de transmisión de la voluntad ciudadana y no un muro que aplasta cualquier disensión. De allí en adelante hay que reformular el concepto de Estado Social de Derecho, sobre lo cual he publicado un largo ensayo, y marchar hacia el rescate de la primacía de la democracia sobre la economía, pues ahora lo que existe es una dependencia a la inversa. Lo que quiero decir es que la democracia está por encima del mercado, y no al revés, lo que implica marchar hacia una economía humana. El mercado es perfectamente reformulable en mi concepción de una “democracia del siglo XXI”.


¿Ha tenido eco tu propuesta?


Ninguna y creo saber porqué. Se piensa que sobre la democracia todo está dicho y que basta repetir “libertad” o “separación de poderes”. Eso es un craso error y condena la democracia al aburrimiento, al estancamiento. La democracia es un campo teórico donde es imprescindible la imaginación y la creación constante de nuevas ideas y de nuevos procedimientos. Si eso no se hace la democracia pasa a ser algo trillado, aburrido e inerme, como cualquier concepto o planteamiento que no se renueve. La consecuencia de exiliar el pensamiento de la democracia, entre muchas otras, es el rebrote totalitario como el que estamos viviendo en Venezuela.


¿La sociedad venezolana ha enfrentado correctamente la grave situación que vivimos?


Creo que la sociedad venezolana está sembrada en el desamparo. Se queja constantemente de la falta de liderazgo olvidando que es ella la que debe producirlo de su seno. En este sentido nuestra organización social del desamparo debe mirarse hacia adentro e interrogarse sobre este punto. Por ejemplo: “¿Por qué no hemos sido capaces de producir los líderes que necesitamos?”. La sociedad venezolana debe someterse a lo que he llamado una interrogación ilimitada. De ese autorevisarse profundo saldrán las respuestas y seguramente se dejará de esperar un líder mesiánico (de esos que llaman “máximo líder”) y se podrá adoptar un liderazgo colectivo, donde, por supuesto, algunos asumirán el comando pero desde el punto de vista de una responsabilidad compartida.


Finalmente, Teódulo, ¿aspirarás a algún cargo de elección popular?


No, es su respuesta tajante.


¿No crees que el país necesita a toda la gente que pueda aportar algo?


Por supuesto que sí, siempre estaré disponible para servir a mi país donde mi país me reclame, pero estoy cansado de la pequeña intriga, de la confabulación mezquina, de las zancadillas y demás ingredientes que nuestros politicastros practican a diario. Te doy esta respuesta diciéndote que la llamo teórica  pues no tenemos un país que me reclame a su servicio, de manera que le seguiré sirviendo  con mis opiniones.




Sin ideas no hay ciudadanos

Por Teódulo López Meléndez

26-04-2008

La política no puede funcionar sin ideas. En buena parte es una ciencia de las ideas, como lo asoman Fitoussy y Rosanvallon. Así, la política no puede ser una acción que busca el poder y no más. Ni una administración desconsiderada de la normalidad. La política sin ideas es una actividad bastarda. La política, en consecuencia, es invención. Cuando deja de serlo sobreviene el cansancio y se asoman las espaldas de los elementos sociales. La organización social del hombre no nació como la vida ni crece como las plantas. La política que carece de empuje proveedor de consistencia es una futilidad. Dado que las formas políticas son invención del hombre no puede desgajarse de la política la capacidad renovadora. Bien se dice que el pueblo no existe, lo crea la política. De esta manera hay que decir que la principal actividad de lo político es dar sentido y toda democracia pasa a ser un proceso ininterrumpido de transformación.

De esta manera la política y la democracia, es decir, la acción y sus resultados, no pueden ser otra cosa que inserción constante de nuevas opciones o, dicho en otras palabras, ampliación permanente de la libertad. Tenemos, pues, que volver a leer lo político sacándolo del cansancio, del aburrimiento y, sobre todo, de un conservadurismo que brota ante las ideas y ante la esencia misma de lo político y de la democracia, puesto que todo lo establecido siempre resiste las ideas innovadoras.

En La nueva era de las desigualdades, Jean Paul Fitoussi y Pierre Rosanvallon, nos recuerdan que es a través de la política que se constituye el vínculo social.  Si no enfrentamos este proceso creativo la política pasa a ser inepta para explicar las desigualdades que crecieron paralelas a la libertad y se convierte en algo deleznable para el común de la gente que nunca podrá entender lo que es ejercicio de la ciudadanía. Continuar pensando que la democracia es como es, que la justicia se administra como se administra, que las instituciones son como son y no pueden ser de otra manera, equivale a un corsé al pensamiento y a la esencia misma de los conceptos política y democracia.

Otra cosa que debemos aceptar es la política como conflicto y los conflictos como expresión del animus político. Y a la democracia como capaz de administrar los conflictos mediante una renovación permanente. Una cosa son las instituciones básicas, aptas para administrar el control de estabilización, y otra la permanente manifestación de ideas que amplían los espacios hasta una libertad transformadora. Está claro que las llamadas instituciones y los intermediarios sociales ya no responden a las exigencias de los tiempos y, por tanto, hay que buscar nuevos mecanismos.

Sin ideas insuflando ciudadanía no puede haber ciudadanos. Esos no ciudadanos generarán formas perversas de poder. Habría que estar atentos a las formas no convencionales de organización social que se manifiestan en estos tiempos y verificar el alimento libre que reciben, así como el abono para que florezcan. Nunca fueron multitudes las que produjeron las ideas.

tlopezmelendez@cantv.net




Artículo que oyó a la gente

Por
Teódulo López Meléndez

16-04-2008

Se oye en la esquina donde los vecinos se amontonan a rumiar, se oye en la panadería, en el supermercado, se oye por todas partes. Se lee en algunos articulistas lúcidos y hasta en los editoriales perspicaces de algunos diarios. Es un sonido sostenido: nos están destruyendo y no hacemos nada, nos están imponiendo la reforma aunque dijimos “No”, somos una nación inerme. Los columnistas sagaces lo reflejan en sus artículos, dicen de electoralismo desatado y de olvido del país. Me siento en la cafetería de mi urbanización y un muchacho cortésmente da los buenos días y me entrega un volante convocando a un foro sobre la imposición curricular y un auto con parlante reitera la invitación. Me digo que ese es el trabajo, el de la concientización sin aspavientos, sólo que al leer el volante y al prestar atención a lo que dice la unidad móvil me entero de que la movilización es para oponerse al “currículum bolivariano”. ¿”Currículum bolivariano” o asunción de la terminología manipuladora del adversario impositor?

La vecina me lo reitera, la llamada telefónica del interior que encuentro en la grabadora me lo repite, el motorizado que me trae el sobre me pone el tema. Es una voz unánime de queja que no encuentra materialización, que no se refleja en liderazgo, que se pierde en la candidata a alcaldesa que suelta lenguaradas. Por primera vez en mucho tiempo percibo un sentimiento rayano a la unanimidad en la población. La gente está asistiendo desesperada a la creación de reservas militares, a las amenazas educativas, a la expropiación de fincas, a la estatización de empresas, a la violencia creciente en las calles, a todo esto, a este clima, a esta pérdida constante e indetenible de calidad de vida. Se queja, está consciente, pero no se traduce en una resistencia al proceso destructivo.

Llamo telefónicamente a dos personas y les planteó el tema sin anestesia: “¿Este sentimiento nacional, obvio y elocuente, tendrá traducción en algo?” Ambas responden que no. Pido argumentos y dicen: “Cada quien anda en lo suyo y mientras puedan seguirán su vida” o “no hay coherencia social, lo que oyes son manifestaciones individuales que por más multiplicadas que sean no se sueldan por falta de liderazgo” o “todavía hay mucho dinero en la calle” o “¿es que no has chequeado hoy los precios del petróleo?” o “¿no has visto la misión `13 de abril´ con todo ese dinero llamado `contribución especial´ que financiará directamente la campaña oficialista para las regionales y que además servirá como inyección de dinero anestesiante?” o las palabras gruesas y duras sobre la psicología nacional.

Ahora pongo lo que mandé para mi columna habitual en  el diario “Tal Cual”:

Del desamparo

No recuerdo en que contexto exacto habló Hannah Arend de “desamparo organizado”, pero si se recuerda su obra en conjunto seguramente lo hizo ante el brote totalitario que caía sobre Europa y en el marco del desasosiego de su época.

El desamparo se organiza por necesidad ante una persecución, pero se organiza para minimizar el sufrimiento, para cubrir psicológicamente las penurias, para tener un rostro que mirar en la tragedia. Desamparo es no tener amparo, el desamparado es el que está separado o dislocado. Ese dislocado no tiene fuerza ni estrategia para enfrentar el mal que lo acecha. Se queja en su desamparo de haber escondido el rostro tras las cortinas pensando que el acechante no venía sobre él.

El desamparo en política es producto de la ausencia de cultura y de criterio. Otras veces de hipnotismo de masas, como en el caso de las grandes dictaduras totalitarias del siglo XX. El desamparo produce espejismos, tiene un efecto parecido al del sol del desierto quemando arena y tostando cerebros. El desamparado es un zombi que se une a otros para levantar escapes y refugios, salidas artificiales, repeticiones constantes sobre la proximidad del oasis.

Los desamparados se unen para autocomplacerse en la visión falsa. Todos repiten el oasis está delante y así se apaciguan y entran en una especie de euforia que se convierte en protector y cuyos efectos opioides sedan y las conciencias entran en un mar de tranquilidad. Si el oasis no está delante, como efectivamente no estaba, se complacerán los pobres desamparados repitiendo que cumplieron con su deber, que buscaron el oasis, que agotaron sus energías en el empeño y, en consecuencia, ya no se les pida nada más, que cumplieron con su deber de buscar el oasis.

Los pueblos desamparados se organizan para perder el tiempo, para gastar energías donde no deben, para ayudarse en su desamparo con mentirijillas. Sólo las direcciones fuertes los pueden sacar del trauma posparto fallido. A veces duran decenios escarbando la tierra con el arado de la resignación, sentimiento al que están muy proclives los pueblos que organizan el desamparo.

Los pueblos desamparados que meten la pata por sus autoengaños deciden que no quieren oír hablar más de desamparo, como si borrándolo del léxico cotidiano lo conjuraran.  Los verdaderos dirigentes, los que aparecen siempre después de los desastres, se sentirán impotentes para despertar a aquél pueblo comedor de coles, pero deberán insistir, aunque el pueblo se dedique a levantar falsos ídolos y a entrar en pecaminosas actividades. Si la voz es fuerte, decidida, sin titubeos y sin dobleces, los desamparados terminarán la pequeña juerga de su falta de cultura política y tal vez sea posible arrancarles un hálito para la marcha hacia el lugar de la seguridad y de la salvación.

tlopezmelendez@cantv.net


Declaraciones de  Teódulo López Meléndez
sobre el valle del Turbio

 La sociedad larense está frente al mayor
desafío de su historia
 

13-04-2008
 

Para el intelectual barquisimetano Teódulo López Meléndez “la sociedad larense está frente al mayor desafío de su historia”. En declaraciones a los medios argumentó como irrelevantes las declaraciones que justifican el atropello contra el pulmón de la ciudad.

“Los argumentos utilizados –enfatizó-  como protección del Río Turbio, la siembra de bucares y apamates y otras simplezas dichas por el gobernador Reyes Reyes, constituyen una agresión a la inteligencia y a la dignidad de los habitantes de la ciudad”.

“La ocupación militar previa- comentó- es un  simple abuso de poder”. “Para quienes como yo estamos abiertos a distintas formas de propiedad social, pero bajo respeto de la propiedad privada, y de expropiación por causa de utilidad pública bajo justa compensación, este atropello no tiene justificación alguna”.

“Aparte de poner en peligro la producción de la escasa azúcar de que ahora disfrutamos –comentó- se arriesgan puestos de trabajo, se rompe con el equilibrio ecológico del valle, se irrespeta a los productores y se refuerza el criterio de la `mano militar´ en aras de una supuesta revolución agraria de la que ya tenemos suficientes muestras de ineficacia y de destrucción de la capacidad productiva agrícola”.

“La afectación de zonas productivas bajo el argumento de que un alto porcentaje de que la caña que allí se produce es de tan baja calidad que el central azucarero no la puede utilizar, es una bastardía”. “Por lo demás –continuó- debemos prepararnos, de hacerse efectiva la maniobra expropiatoria, para una ciudad invisible al afectarse su pulmón natural”.

Teódulo López Meléndez no tiene ninguna duda: “La sociedad larense toda debe marchar hacia una resistencia activa frente al atropello y ello excede de los meros recursos judiciales en una sociedad donde desapareció el Estado de Derecho”. El escritor barquisimetano dijo que “la batalla que se abre en el estado Lara debe ser convertida en un despertar definitivo de un conglomerado dormido y que debe hacer de la defensa del valle del Turbio un punto de honor y de resistencia frente a un régimen autoritario desbocado y sin escrúpulos”.




La lectura de los lugares comunes

Por Teódulo López Meléndez

12-04-2008

El documento “ideológico” y de “principios” que Un Nuevo Tiempo ha presentado como su vademécum no es otra cosa que una sarta de lugares comunes. Bien podría ser considerado la “Biblia del lugar común”. Allí no se hace otra cosa que repetir y repetir lo que el mundo ha dado por bueno desde hace mucho tiempo, como la separación de poderes, la búsqueda de la justicia social o la de la implementación de una creciente participación de la gente en los procesos políticos.

Podría desecharse como una “boutade”, lanzarlo al cesto de la basura como algo inocuo y de imposible lectura u olvidarlo con desdén como un “spam” de esos que los sistemas de defensa de nuestras computadoras lanzan a la carpeta de “eliminados”. Pero hay un elemento que nos sume en extrema preocupación y que hemos denunciado en infinidad de ocasiones: los males de la democracia provienen, de manera fundamental, en que infinidad de actores políticos consideran que sobre la democracia todo está ya dicho, que no hay manera de innovar, de enriquecerla con nuevas ideas y nuevos conceptos, que basta con repetir “libertad” y “democracia”, sin poner el pensamiento a su servicio. Por si faltaba una prueba de este “democraticidio”, de este condenar la democracia a la repetición, al aburrimiento, a la carencia y al desmayo, al lugar común en suma, he aquí este patético documento de Un Nuevo Tiempo.

La falsa pretensión de innovar mediante el uso de adjetivos (esta vez invertidos) es dañina. La democracia ha estado sometida a la adjetivación desmesurada. Se le han puesto todos los apellidos. Ahora, por si algo faltaba, se invierte el proceso en un alarde de “intelectualización” que llama a asombro: los lugares comunes no son llamados social democracia, sino democracia social.

Por si fuera poco el cúmulo de repeticiones, la manifestación de toda carencia de programas y de ideas para enfrentar el drama nacional, el texto es personalizado. La referencia inicial –que enmarca todo el documento (llamémoslo así, qué remedio) parte de la égida de Manuel Rosales, como fundador y máximo líder. Correspondencia, qué duda cabe, con las más aburridas tradiciones de los partidos llamados históricos. Podríamos confundirlo con un manifiesto copeyano iniciado con la frase “nuestro máximo líder Rafael Caldera”. La institucionalización del personaje de “máximo líder” es correspondiente a la concepción estalinista del poder descendiente que AD y COPEI se copiaron del partido Comunista y que hoy vemos insertado como cáncer en el PSUV.

Lo que tenemos entonces –siguiendo con este ideario del papá Stalin y de la madrecita Rusia- es la espalda de la organización partidista venezolana a los tiempos presentes, unos que reclaman horizontalidad en la conducción, abolición de los tribunales disciplinarios (que bien podrían ser sustituidos por una Comisión de Ética, para juzgar –por ejemplo. a corruptos y no a disidentes de opinión), respeto absoluto por las opiniones de cada quien, opiniones no emitidas por una dirección nacional enquistada sino por el colectivo. No aceptamos -parece obvio- ninguna renovación del concepto de política, de la manera como ciudadanos ejercen la militancia partidista como forma de correa de transmisión hasta de los humores colectivos. No, los partidos venezolanos prefieren tener militantes disciplinados que sigan la “línea partidista”. Así no habrá partidos incidiendo sobre la transición que tarde o temprano llegará, sino aventureros de cualquier laya copando el hueco de poder dejado por los gobernantes en fuga.

Pero no pretendo volver sobre el tema de la organización partidista y del concepto de política que ya he repetido hasta la obstinación en mis  diagramas sobre una democracia del siglo XXI. Es este insólito documento de “principios” de Un Nuevo Tiempo lo que reclama la atención. Es la prueba de que la imaginación está muerta en los colectivos partidistas. Es la prueba fallida de la necesidad de envolverse en una “ideología”, la manifestación paranoica de “tener” un “cuerpo doctrinario”. Una cosa es eso y otra muy distinta las ideas para gobernar un país guiados por un conjunto de normas éticas, de principios, de grandes canales conductores para materializar lo que se pretende con la sociedad a la que se ofrece gobernar. Por supuesto que Un Nuevo Tiempo no logra ni una cosa ni la otra –con sarcasmo podríamos añadir que ni todo lo contrario-.

Lo que constatamos es que la “democracia social” que se nos pretende ofrecer simplemente no existe. Lo que verificamos es que este heterogéneo y compulsivo partido nacido de la circunstancia de una candidatura presidencial sin votos propios para enfrentar un nuevo round contra el régimen, no es más que un conglomerado amorfo, una herencia universal de lo repetido, una agrupación que es incapaz de modificar una coma de lo sabido, un receptáculo de lo obvio, una panegírico del lugar común que sabe hasta un niño estudiante de Moral y Cívica antes de que el gobierno inventara su currículo de la atrofia y del desvarío.

Un Nuevo Tiempo le ha dicho al país lo que es. No lo decimos los lectores de su “Biblia de lugares comunes”. Simplemente lo vemos, lo constatamos, y aunque sepamos de la pobreza intelectual y de la cortedad de miras de mucho “político” que se agrupa motivado por las circunstancias y las obligaciones pragmáticas, es necesario recoger esta precaria antología barnizada de “principios” y de “ideología” para volver a decir que si algún muerto existe en este país es la imaginación creadora, cuya tumba está al lado de otra que reza en la lápida “ideas” y de otra que asegura “aquí descansa en paz todo concepto”. A la llamada “democracia social” no se le puede inventar una oración para la lápida, pues los próceres de Un Nuevo Tiempo nos han dejado claro que jamás existió, que son simples ejecutores de la adjetivación a la inversa, que no son más que un grupo que existe para la toma del poder aunque después –si lo logran, lo que no creo- se dedicarían a hacer un gobierno más, otro a olvidar, uno que el amontonamiento de gente unida para la búsqueda del gobierno no justificaría. Un Nuevo Tiempo nos ha dicho meridianamente con su “documento” que es la encarnación de nuestra precariedad. 

tlopezmelendez@cantv.net




Los monjes budistas o las intuiciones de los ojos cerrados

Por Teódulo López Meléndez

10-04-2008

Los gobiernos no se inclinaron hacia la justicia y la paz y la felicidad aún brillan por su ausencia. Cuando se cumplieron los dos mil quinientos años de Parinirvāna a eso hemos debido llegar de acuerdo con la tradición budista.  Transcurría el año de 1956 y América Latina, por ejemplo, estaba llena de dictaduras militares.

Sin embargo, por encima de la tradición milenarista, no debe sorprendernos la participación activa de los monjes en situaciones como la de la antigua Birmania (cambiado el nombre a Myanmar por la dictadura militar)  o con profundas raíces en la resistencia opuesta en el Tíbet a la dominación china. No son simplemente unos monjes con los ojos cerrados y que oran. En el budismo más que una deidad vive un profundo respeto hacia la dignidad del ser. La única proclama que hizo Buda de sí mismo fue la de un ser humano. El retiro, el aislamiento, la simple interioridad, es quizás lo que nosotros occidentales percibimos del budismo, olvidando la profunda sensibilidad que implica hacia lo humano y sus compromisos cívicos. Es lo que se ha dado en denominar una espiritualidad socialmente comprometida. Como parte de una interdependencia de todas las cosas, del cuidado de todo lo existente, es perfectamente comprensible la rebelión de los monjes contra las injusticias de este mundo, llámese dictadura militar en Birmania o atentado directo contra las tradiciones milenarias en el Tíbet.

No podemos, entonces, imaginarnos a unos monjes cuidadosos que miran la historia con aprehensión. Ellos encarnan una ética emancipatoria, una que incluye democracia, vigencia de la libertad de expresión y resistencia activa a lo que han denominado genocidio cultural en el Tíbet. Desde la dominación de los mongoles hasta la llegada de los jesuitas, el Tíbet gozó de una buena autonomía y es apenas en el siglo XVIII cuando China interviene directamente provocando los primeros hechos de violencia. Luego los ingleses al inicio del siglo XX hasta la concesión de la soberanía a China. El retorno del Dalai Lama y el regreso de la autonomía, es decir, tierra apetecible no solamente para los orientales sino también para los occidentales que jugaron con ella, divisiones para implantar la dominación, peón en el ajedrez internacional, olvidos largos,  huidas, exilios, regresos y conspiraciones, toda una historia donde los pacientes pero no ajenos monjes tuvieron participación protagónica. No olvidemos que el Dalai Lama reencarna y allí se estableció hasta nuestros días otro juego, otra posibilidad de maniobrar negando alguna reencarnación y designando a dedo otro por encima del método budista de producir la identificación.

El Tíbet ha vivido todas las peripecias chinas, desde la revolución cultural hasta nuestros días, sufriendo la erosión inducida de su cultura y de sus principios milenarios, una cultura inseparable de los principios religiosos. Una que se ha manifestado en profusa literatura, en el cine, en la pintura, en la escultura, en la danza, en el teatro y en la ópera.

Están, sí, encerrados en sus monasterios los monjes que han derramado sangre en Birmania y en Tíbet. Contemplan quizás lo movedizo de la realidad, pero no se trata de un ensimismamiento como podemos llamar al egoísmo como lo percibimos en occidente. Ellos legitiman su presencia en el mundo y marchan de la mano de la libertad, de la igualdad y de la tolerancia. Los monjes intuyen con los ojos cerrados, es una intuición que proviene de la interiorización en el espíritu y que marcha sin vacilaciones (lo han demostrado) hacia el mundo exterior mediante la rebelión y la resistencia contra las injusticias.

El aplastamiento chino del Tíbet actual, uno marcado por la movilización masiva de población, para hacer de aquel territorio alto una provincia china étnicamente considerada, muestra al mundo el lado oscuro del régimen de Beijing. Un régimen económicamente abierto, consumidor masivo de materias primas en aras de una industrialización galopante, pero uno que a pesar de haber aflojado algunos controles sigue siendo uno no democrático, uno regido por el Partido Comunista con la consecuente intolerancia hacia la disidencia. Le sucede a los chinos su colocación en vitrina en vísperas de unos Juegos Olímpicos donde intencionaban mostrase como un país disparado hacia el futuro sin freno y sin posibilidades de fracaso. Como en Birmania, donde los cibernautas se las arreglaron para enviar las imágenes y los testimonios de las matanzas, también en el Tíbet milenario las imágenes y las informaciones de la cultura global han brotado como hongos para alertar al mundo de una matanza, de un ataque feroz contra los aparentemente pasivos monjes de los ojos cerrados.

La historia está llena de la extinción de culturas y de civilizaciones. Sólo que casi ninguna estaba basada en la tolerancia (uso el casi para evitarme un gazapo, pero todas eran guerreristas, sacrificales, violentas y conquistadoras).  En la América mestiza no encontramos ninguna marcada por la tolerancia, ni en los actuales México y Perú, donde las civilizaciones precolombinas conocieron inéditos marcos de avance y desarrollo, pero cuyas características eran la dominación y la intolerancia. Uno cree, así, en la imposibilidad de muerte de la cultura tibetana, y mucho menos de la pérdida del Buda, el que no era Dios, el que se hizo divino por la proclama de su condición de hombre.

No puede morir lo que se basa en la interiorización y el desprendimiento, lo que no obvia el compromiso con el mundo que está fuera de los monasterios, el mundo que puede verse desde los ojos cerrados y que puede nombrarse en el mantra cadencioso, pero que también se manifiesta en la calle obsequiando la sangre en aras de los principios. Asistimos a la expansión de la nueva potencia mundial, a una industrialización masiva que absorbe como esponja las materias primas, al emporio comercial que se exhibe en unos Juegos Olímpicos, a la China hambrienta de poderío y de dominio, a la nueva realidad de insurgencia en la escena mundial, pero allí, en las alturas, perviven no unas cuevas medievales sino, por el contrario, los eternos principios siempre renovados de un compromiso con la espiritualidad del hombre y con su presencia histórica. Los hombres siempre tendremos la intuición de los ojos cerrados de los monjes budistas, como forma de vida, como ejemplo de renuncia pero de solidaridad, y por supuesto a Buda, enmarcados por siempre en la tolerancia y el respeto hacia las demás religiones. Por siempre vivirá el sabio nepalí llamado Siddhārtha Gautama, el ‘inteligente’ o ‘iluminado’, el hombre que se hizo Buda y que encontró el nirvana. Esa cultura es inextinguible.

tlopezmelendez@cantv.net




El silencio que es este país
Por Teódulo López Meléndez

30-03-2008


Hemos llegado a la disolución del lenguaje en el pozo séptico de la mentira. El país está mudo porque la palabra es apenas un ruido estrambótico, un extraño sonido gutural que nada significa ni nada pretende, a no ser eso mismo, ruido. Parecemos una sociedad que involuciona tan aceleradamente que reduce sus formas de expresión a los signos más elementales y a los murmullos inarticulados. Podríamos exagerar diciendo que nuestro retroceso es tan pronunciado que pronto intentaremos los mensajes indispensables mediante movimientos de las manos señalando objetos o tal vez con movimientos insonoros de los labios que cual pico abultado señala aquello que antes identificábamos con palabras.

Estamos reduciendo el proceso lógico de la mente a pocas frases aún articuladas como latiguillos, como por ejemplo, “eso es culpa del imperio”. El empobrecimiento del lenguaje ha llegado a los extremos de cortar la articulación que solíamos llamar pensamiento. Ya no hilvanamos frases, ya no identificamos sujetos con palabras, ahora soltamos sonidos que no provienen de un trabajo cerebral de producción de ideas. No, ahora simplemente se dice eso es “terrorismo mediático”.

Así, el país ha ido perdiendo la capacidad de pensar. “Pensamiento” es quizás, y no más, esa planta herbácea de la familia de las violáceas. Imaginar y discurrir ya no es la acepción de la palabra “pensamiento”. O tal vez, en una olvidada acepción, pensar no es más que echar pienso a los animales. Este país, entonces, carece de pensamiento en las acepciones generalmente aceptadas para reducirse a algunas antiguas en desuso, pero más grave aún, ya carece de la palabra que es la expresión sonora de ese antiguo proceso que hilvanaba con coherencia lo que en otro tiempo se llamaban ideas.

La verborrea no es muestra del uso del idioma. La verborrea es comprobación de la imbecilización de la vida diaria de una sociedad que se ha quedado sin expresión. Hemos sido agredidos de tal manera que “pensar” no es más que echar alimento a los “animales” desde los puertos abarrotados por una agricultura de petrodólares, lo que se denomina en este particular lenguaje de una sociedad sin palabras, “seguridad alimentaria”. 

En el terreno de la política, uno donde las ideas son elementales para evitar que esta actividad sea algo más que un macho vencedor que organiza la manada, es donde la pobreza del lenguaje –más que pobreza, esta desaparición del lenguaje- nos muestra a un país subsumido en el silencio, uno donde todo está por decir y que, paradójicamente, parece que no tiene nada que decir. La banalidad es la forma de expresión “vincente”. Nadie dice nada, en el sentido de que la expresión tenga coherencia, lógica o propósito (en el sentido de que se busca un objetivo adecuado u oportuno), pues jamás podemos considerar como tal el abochornamiento en la pérdida de la expresión.

El país guarda silencio. Este es un país callado. Es simplemente ruido lo que sale del camión del aspirante a alcalde que recorre la parroquia donde vivo en el municipio Sucre (adornado con una pancarta de plástico que debe costar varios millones) gritando “contra la pobreza” o “contra el desempleo”. Eso ya no es lenguaje, es simplemente contestar con la misma pobreza la frase “terrorismo mediático” o “es culpa del imperio”.

Si la palabra (o mejor, su sustituto) es utilizada como ingrediente para fosilizar, para envolver momias, para endurecer la muerte bajo el cuidado de vendas, podemos afirmar que este país ha sido convertido en un cadáver curtido. Nos han convertido este país en un amontonamiento de hierbas paralizantes donde estas han perdido hasta el aroma, pues mientras camino por la parroquia donde vivo es el olor a basura descompuesta lo predominante, tan descompuesta como el remedo de lenguaje que nos va quedando hasta que definitivamente entremos sólo a producir chillidos.

La expresión y el pensamiento van de la mano. Un país que no piensa no puede superar sus conflictos del momento. Se convierte en un país mudo, como somos ahora, uno que asiste impávido a las barbaridades guturales, sin capacidad de reacción, paralizado y entretenido en la pérdida del lenguaje, pérdida que contribuye a la “felicidad” de la inconciencia, como un autista que mantiene un pararrayo que detiene los sonidos molestos.

En medio del berenjenal, del ruido ya inmedible en decibeles, del escándalo perpetuo, por obra y gracia de este país que ya no habla, lo que se siente es un inmenso silencio, uno propio de un desierto donde ni siquiera el actuar del viento que barre las dunas se convierte al menos en un susurro para decirle a las manifestaciones de vida que sobreviven sin agua que algo continúa existiendo.  Donde no sobreviven es en la maternidad de Caracas, donde los niños se mueren “por culpa del imperio” o por una invención del “terrorismo mediático”. O porque la culpa es del imperio español que compra a nuestros médicos con sus bastardos y sucios “euros”.

El que emigra es “un traidor a la patria”. El camión del aspirante a alcalde pasa entre la basura amontonada gritando “contra el desempleo”. En la estación del Metro más cercana a mi casa los olores fétidos son insoportables y la población de abandonados a su suerte se multiplica en una especie de dormitorio donde la esperanza proviene únicamente de estar allí amontonados para matar la desidia compartiendo la desolación.

No, ya no hay palabras en este país. Ya este país perdió el lenguaje. El país no puede hablar porque perdió el pensamiento. Este país ya ni balbucea. Terminaremos de ser autistas cuando se aplique en la educación el nuevo pensum. Entonces aprenderán nuestros niños que hay lagunas históricas, que hay grandes períodos de nuestra historia que no existieron, se internalizará en nuestros niños que la historia es una invención, que no es más que ficción entretejida en la verborrea –que es silencio- del poder enclaustrado. Este país es el silencio.

tlopezmelendez@cantv.net




Hablemos del trueque en serio
Por Teódulo López Meléndez

26-03-2008

El planteamiento del trueque no se puede despachar con acusaciones de regreso al paleolítico. En verdad por doquier se multiplican nuevas formas que genéricamente han sido llamadas de "economía solidaria". Buscan la inserción social, la autogestión y la democracia. Se trata de una búsqueda común para problemas comunes y se le concibe como un paso adelante en el desarrollo del cooperativismo y como una nueva concepción del trabajo, incluyendo una lógica empresarial que para nada resulta contradictoria. Su propia dinámica interna ciñe estas organizaciones a lo local, aunque tienden a expandirse, inclusive a nivel global con una dinámica altamente interesante. Tienden a dos manifestaciones de independencia: del gobierno y del capital. 

El caso argentino

La crisis monetaria del país sureño llevó a la aparición del trueque como medio de cubrir las necesidades básicas. Ante la imposibilidad de un consumo tradicional el trueque permitió, mediante la participación activa, una nueva formación de los precios. Tomando la palabra de Alvin Toffler en La tercera ola comenzaron a llamarse prosumidores. Este sistema paralelo de consumo ha sido adoptado en diversas partes. Las presiones por una remonetización no faltan, pero la experiencia está allí y no puede despacharse alegremente. La reaparición del truque o asociacionismo ha ingresado pues en la lista de grandes temas de la economía moderna.

Detrás del exitoso experimento argentino de prosumidores que ellos llamaron de "prosumidores urbanos"   estaba también la inspiración del economista Silvio Gessel autor de La economía natural, donde plantea el tema de la oxidación de la moneda. Como lo dicen sus fundadores en el Club del Trueque se consigue de todo: alpargatas, zapatos, alimentos, ropa, perfumes, lámparas, cuadros, una torta de cumpleaños, servicios de albañilería o plomería, médicos, psicólogos, odontólogos, controladores de plagas, toallas femeninas. Estos clubes funcionan por acumulación de créditos, una cuasi-moneda.

En otras partes este sistema de trueque revaluado funciona mediante los "bancos de tiempo". La unidad de intercambio es la hora. Se ofrecen los bienes y servicios y se pide a cambio lo que se necesita y ello incluye desde recoger a unos niños en la escuela o hasta reparar una instalación eléctrica. Se pagan con un talonario de tiempo. Es obvio que el sistema repotencia la solidaridad. Estos sistemas funcionan también en Inglaterra con el llamado Timebanks, en Estados Unidos con el Timedollar, en Japón con el Time Dollar Network Japan y en Cataluña con Bancdeltemps, sólo para mencionar algunos ejemplos. Asociaciones de acción comunitaria pululan por todas partes, muchísimas de ellas en el seno del capitalismo norteamericano. La situación ha escapado de las acciones de los consumidores y muchas empresas están aplicando el trueque, los llamados trueques empresariales donde, obviamente, no se intercambia dinero sino servicios. Según la Internacional Reciprocal Trade Association sólo en 2004 el 15 por ciento del total del comercio internacional  fue hecho vía trueque. Este asociacionismo resuelve problemas de corto alcance, pero resulta efectivo. 

Economía de solidaridad

Queda así entronizado el concepto de "economía de solidaridad", una para materializarla en sus diversas fases de producción, distribución, consumo y acumulación. Una que va, por igual, contra el estatismo y contra el capitalismo puro y simple. Es evidente que predominan el factor trabajo y el factor solidaridad. En el fondo es el uso del mercado en otros términos, hasta el punto de que quizás deberíamos hablar de "reformulación del mercado". Está fundada, obviamente, sobre "dimensiones no monetarias", es decir, sobre el