
El animal histórico
FEDERACIÓN, FEDERACIÓN, FEDERACIÓN
09-12-2008
El
Estado de Derecho monárquico toma cuerpo y se asienta durante trescientos años.
En Venezuela se prolonga hasta 1821 cuando cesa en sus funciones de
administración de justicia y acción política la Real Audiencia de Caracas
establecida en 1786. La documentación se encuentra en el Archivo de la Academia
Nacional de la Historia a la espera de los investigadores. El Sesquicentenario
de la Independencia fue celebrado por esa Institución espléndidamente: Se
publicó una Biblioteca de cincuenta y tres volúmenes. Lo se muy bien porque
estaba allí y fue mi trabajo con un caballero como Director que aprobó con
fuerza aquella tarea: Don Cristóbal L. Mendoza. Si en algo pudiera sobresalir la
conmemoración y celebración del Bicentenario (19 de abril 1810 – 19 de abril
2010 – 5 de julio de 1811 – 5 de julio 2011) sería, entre otros eventos tal vez
en mientes, la publicación de ese Archivo con los Estudios apropiados.
La Colonia es una equívoca palabra histórica. La organización provincial es mas
compleja con sus Leyes y autonomías que Don José de Abalos, el primer Intendente
de Ejercicio y Real Hacienda con quien comienza, en 1776, la unidad de
Venezuela, planteó para cuatro o cinco Estados independientes (México, Nueva
Granada, Perú, Buenos Aires y, acaso, Venezuela con Cuba y Puerto Rico). La idea
de una Federación puede rastrearse, investigarse, intuirse, ya en la segunda
parte del siglo XVIII. Una antigua costumbre de los cabildos y ayuntamientos –
raíces de los Municipios y Alcaldías – demuestra que los gobiernos municipales
fueron bases de descentralización del Poder, que la antigua teoría y práctica de
la soberanía popular no es una invención del Estado de Derecho Republicano. “Se
acata pero no se cumple”. Pues esa es la lección para los venezolanos de esta
intemperie.
El sabio Lisandro Alvarado (1858-1929) publicó una Historia de la Revolución
Federal en 1909 (Obras Completas, Vol. V, Ministerio de Educación, Caracas
1956). Allí se cuenta, puntualmente, esa terrible hecatombe que marca todo lo
demás ocurrido en la Venezuela hasta Juan Vicente Gómez. Ahora bien, esa guerra
se hizo contra el centralismo. Basta con leer la Orden General para hoy 23 de
febrero de 1859 firmada por Ezequiel Zamora: “…proclamando el sistema federal de
las provincias…”, “La moral, el orden, el respeto a la propiedad privada…”, “…la
generosidad y clemencia con el vencido…”, “¡Viva la federación! Viva la
verdadera república! Viva, y para siempre, la memoria de los patriarcas de
nuestra independencia, de los hombres del 5 de julio de 1811, los que en el acta
gloriosa dijeron a los pueblos: federación! Que se cumpla pues, después de
tantos años”.
Muy útil sería recordar la proclama que Zamora publica el 25 de febrero de aquel
año 1859 en Coro: allí se establecen los lineamientos de la República Federal de
Venezuela que tendrá veinte Estados federales: “Libertad absoluta de la prensa”,
“Libertad de tránsito, de asociación, de representación y de industrias”,
“Inmunidad de la discusión oral en toda especie”, “Independencia absoluta
del poder electoral, que ni antes de su ejercicio, ni durante su ejercicio, ni
después de él, dependa de ninguno de los funcionarios de los demás ramos de la
administración”.
Y todo lo demás que se llevó el viento y redujo a cenizas la matanza de
Santa Inés, olvidaron los dictadores y anegaron las aguas de la demagogia. Cito
dos cláusulas para la memoria de hoy: “Libertad civil y política individual,
consistente: 1º en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley; 2º en la
facultad de hacer sin obstáculo, licencia o venia, todo lo que la ley no haya
expresamente calificado de falta o delito”; “Seguridad individual: prohibición
del arresto o prisión del hombre sino por causa criminal, precedida la evidencia
de la comisión de un delito, y los indicios vehementes de la culpabilidad”.
Pero la Federación y sus postulados fueron letra muerta. Ezequiel Zamora era
“Duro con el partidario, implacable con el enemigo, imponía disciplina al uno y
terror al otro”, “La piedad no hallaba abrigo en su alma, la sonrisa no plegaba
jamás su boca, eternamente contraída por la tensión de un espíritu en la cual no
había sino una pasión, pelear, y un deseo, triunfar”.
La Constitución de 1811 fue federal, la de 1864 se llama Constitución de los
Estados Unidos de Venezuela, la de 1999 ordena la descentralización. Pero “la
Constitución sirve para todo”, retumba el dictador José Tadeo Monagas. Retrato
de Ezequiel Zamora en 1847: “Pelo rubio panzudo y bastante poblado, color
blanco y algo catire, frente pequeña, ojos azules y unidos, nariz larga
perfilada, boca pequeña y algo sumida, labios delgados, barba roja y escasa,
estatura regular, cuerpo delgado, muy enjuto de muslos y piernas manetas. Tiene
las manos largas, descarnadas y cubiertas de un vello áspero: los pies son
también largos y flacos: es de un andar resuelto y tendrá como treinta años de
edad”. Y gritará después: “Viva la Federación, abajo el Centralismo”.
Guillermo Morón
Caracas, 9 de Diciembre del 2008

El animal histórico
EL
HISTORIADOR NECTARIO MARÍA
03-12-2008
Don
Juan Bautista Franco creo que se llamaba Don Tita Franco el maestro del Quinto
Grado de Primaria en la Escuela Federal Graduada Egidio Montesinos de Carora. La
maestra del Cuarto Grado fue la Señorita Olga Oropeza de la estirpe de Don Ramón
Pompilio Oropeza, humanista, fundador del Colegio La Esperanza en 1890 que
dirigió durante cuarenta y seis años. No se ha extinguido aunque haya cambiado
de nombre, como se mantienen vivos el nombre y la herencia moral y cultural del
fundador en su ciudad de Carora. El maestro y la maestra enseñaban dos
“materias” consideradas en aquel tiempo (la Era Gomecista y los comienzos de la
Democracia Lopecista, por López Contreras el fundador de la Democracia en la
Venezuela del siglo XX) como fundamentales en el proceso educativo de los
venezolanos: la Historia de Venezuela y la Geografía de Venezuela.
Historia y Geografía eran obligatorias en los Programas de Educación Primaria de
seis grados y de Secundaria de cinco años hasta la Reforma educativa de 1980 que
unió los seis grados con los tres Primeros años del Bachillerato en el Ciclo
Básico Común de nueve años. Lo que no se supo ni se ha sabido implementar es el
Ciclo Básico Común de dos años. Los Ministros de Educación desde 1980 hasta el
2008 no han sabido o no han podido entender que el Bachillerato pasó de moda
hace mucho tiempo. Pero ese es otro asunto.
El texto de Historia de Venezuela y también el de Geografía de Venezuela por los
cuales estudiamos Primaria y Secundaria varias generaciones en el siglo pasado
fueron escritos por el historiador, geógrafo y pedagogo llamado Hermano Nectario
María. Y la costumbre era sencilla: el maestro y la maestra daba la lección a su
manera, de acuerdo con sus talentos y saberes. Los alumnos estudiábamos en casa
cada Lección en el texto. Lo aprendíamos de memoria: “Bolívar tenía los dientes
muy blancos que cuidada con esmero”, la cita con la cual empezaba la biografía
de El Libertador en el Capítulo dedicado a La Independencia. Es de O’Leary
porque el historiador Nectario María preparó sus manuales con mucho cuidado,
fundamentado en las fuentes.
¿Quién recuerda al Hermano Nectario María?. En Barquisimeto lleva su nombre una
Avenida mal escrito el nombre. El Presidente Luís Herrera Campins (llegó pobre a
Miraflores y regresó pobre a su casa con la misma esposa, y murió pobre, pero
honrado, una vieja condición de los venezolanos pobres pero honrados, todavía
hoy o quizá mas pobres que nunca y mas honrados que nunca los venezolanos sin
Poder). Seguramente fue durante el gobierno de Luis Herrera Campins, quien
estudió en el colegio La Salle, cuando se honró al gran educador. Porque esa
manía de tachar nombres y de alterar, con adulterio, los nombres y los hechos
históricos no va a prosperar.
El Profesor Hermano Nectario María enseñó en el Colegio La Salle de Barquisimeto
Historia de Venezuela y Geografía de Venezuela desde 1913 hasta 1955, cuarenta y
dos años sin cansancio. Veinte ediciones se publicaron de su Historia de
Venezuela y dieciséis de su Geografía de Venezuela. Pero el investigador es
incansable. Sus libros continúan en las librerías y en las bibliotecas públicas
y privadas. Un discípulo suyo llamado David Rodríguez Chacón publicó en 1986 su
Hoja de vida e índice de publicaciones del reverendo Hermano Nectario María.
En la Academia Nacional de la Historia y en el Archivo General de la Nación se
conservan copias de los documentos relativos a la historia de Venezuela cuyos
originales se encuentran bien clasificados, en el famoso y extraordinario
Archivo General de Indias, la historia de Hispano-América durante los siglos XVI,
XVII y XVIII, Reino por Reino, Provincia por Provincia. Allí pasó muchos años el
historiador Hermano Nectario María.
La fundación de las ciudades venezolanas fue una de las preocupaciones de ese
ilustre venezolano nacido en un pueblo francés el 28 de octubre de 1888 – hace
120 años – y muerto en Caracas, cristianamente, el 3 de octubre de 1986. Puedo
mencionar algunos títulos que conozco bien: Orígenes de Valencia, 1970
(Valencia del Rey que por eso el escudo de la ciudad recuerda aquella historia);
Orígenes de Carache, 1969; Historia documental de los orígenes de Acarigua,
1964; Historia documental de la fundación de La Victoria, 1967;
Historia de la fundación de la ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto,
1952; Fundación de Angostura, hoy ciudad Bolívar, 1964; Los orígenes
de Maracaibo, 1959; Los orígenes de Boconó, 1962 y otros
clarificadores, bien documentados, acerca de los procesos fundacionales de
Venezuela, como Los indios Teques y el Cacique Guaicaipuro, 1975, y la
fundamental Historia de la conquista y fundación de Caracas, 1966, que no
se le puede cambiar ni una coma por muchos amagos y ganas de adulterar
documentos que se hayan hecho, “Caracas, allí está”, escribió el poeta de
Vuelta a la Patria, y allí continuará hasta cuando haya Venezuela.
Por supuesto que el historiador Hermano Nectario María se ocupó de Miranda, de
Bolívar, de la Independencia, de los próceres civiles y de la historia de
Nuestra Señora de Coromoto, de Chiquinquirá, la Zuliana, y de la Virgen del
Valle en Margarita. Un historiador a tiempo completo.
Guillermo Morón
Caracas, 3 de Diciembre del 2008

El animal histórico
EL HUMANISTA LUÍS BELTRÁN GUERRERO
19-11-2008
Están por aquí cerca
dos retratos del pintor y escultor caroreño J.T. Arze, cuyo nombre no figura
inexplicablemente en el Diccionario de Historia de la Fundación Polar ni en
ningún otro de los que conozco; un creyón de una bella señora de 36 años,
caroreña de Curarigua, mi abuela materna Doña Rosario Giménez Zapata de
Montero, y otro de un apuesto muchacho de diecisiete años, bien peinado, bien
vestido, corbata de lacito, de anteojos, Luís Beltrán Guerrero: “En su mesa de
estudio - Dibujo de J.T. Arze – Caracas abril 26 de 1931”. La obra de Arze se
encuentra dispersa en casas caroreñas y, me parece, de caroreños en otras
ciudades. Aquel gran médico y humanista llamado Pastor Oropeza (1901-1991),
quien regresó a su ciudad del Morere para morir entre los suyos, tenía un Arze,
retrato (me parece recordar) de Ildefonso Riera Aguinagalde (1834-1882)
demócrata liberal del siglo XIX sobre quien escribió con mucho acierto el
periodista Luís Oropeza Vásquez, todos caroreños.
En 1931 Luís Beltrán Guerrero formaba parte activa, naturalmente, de la
Redacción de Fantoches, el todavía famoso semanario de Leoncio Martínez,
y también en El Universal. En este periódico que llegaba a Cuicas (Municipio del
Distrito Carache, Estado Trujillo) con una semana de retraso desde cuando pasó
por el caserío Casa de Zinc la carretera trasandina, al menos desde 1925 cuando
se estableció en el pueblo la maestra de escuela para niñas Doña Rosario Montero
de Morón, publicó Guerrero sus Candideces, la proficua, iluminada obra
central de su humanismo, largos años, consecuente trabajo erudito, con prosa
clásica.
Luís Beltrán Guerrero: “1914 – Nació en Carora, Estado Lara, el 11 de octubre.
Hijo de Dolores Guerrero y de Alejandro Meléndez Doña Dolores Guerrero era nieta
del General José Paulino Guerrero y pariente Cercano del General Ramón Urrieta,
prócer de la federación” (Luís Beltrán Guerrero, Ensayos y Poesía, Biblioteca
Ayacucho 192, Caracas 1994, 420 págs. Selección, prólogo y cronología Juandemaro
Querales. Bibliografía: Juandemaro Querales y Horacio Jorge Becco. Cronología,
pág. 397).
Toda la Obra Poética de Luís Beltrán Guerrero fue publicada en un volumen
de 262 páginas, 19.5 cms., Caracas 1997 (Fundación Guillermo Morón, Italgráfica,
S.A.). En la contraportada escribí: “En la madrugada del viernes 16 de mayo de
1997 murió el gran poeta Luís Beltrán Guerrero en su casa-museo, Biblioteca y
Soledad de Caracas. Había nacido en la histórica ciudad de Carora el 11 de
octubre de 1914. Corrigió las pruebas de este volumen y leyó el prólogo de quien
lo conocía de cerca y admira toda su obra en prosa y en verso. Un gran silencio,
una sombra de tristeza, cubrió a las auténticas letras de la lengua castellana
en la Venezuela del siglo XX. Murió el último humanista, gran humanista, de esta
tierra áspera y dura”.
La obra ensayista de Guerrero comenzó en su adolescencia, en El Diario de
Carora, en El Impulso de Barquisimeto. Escribió, escribió, escribió. Sobre la
Lengua, sobre la Poesía, sobre Historia, sobre el Modernismo, sobre
Hispano-América, sobre novelas. En libros cortos y bien cortados. En 1962
comenzó a editar en volúmenes sus Candideces, Primera Serie, hasta la
Décima séptima Serie de 1995 que le editó la Academia Nacional de la Historia.
Todas fueron publicadas en El Universal, periódico al que se apegó como lo
hiciera Pascual Venegas Filardo, poeta, crítico, geógrafo y hombre de ilimitada
generosidad.
Muchos críticos, gente de letras ellos y ellas, han dado testimonio sobre la
obra de Luís Beltrán Guerrero. Pero la memoria venezolana es corta, sobre todo
cuando la sombra política intenta cubrir a nuestros grandes en letras y en
cualquiera de las otras tareas que marcan el destino del pueblo venezolano.
Pudiera traer a cuento y a cuenta las numerosas referencias que en libros y
folletos, en crónicas y comentarios, se hicieron, se publicaron, sobre nuestro
humanista, venezolanos, hispanoamericanos, españoles. En el volumen de la
Biblioteca Ayacucho (¿se ha extinguido ese aporte fundamental de Venezuela a las
Letras Hispanoamericanas?) se mencionan desde Antonio Álamo (1873-1953) en su
Libro Revuelto que publicara la Editorial Cecilio Acosta en 1945-1946, hasta
Luís Villalba Villalba en su artículo Letras Venezolanas: Luís Beltrán Guerrero
(El Universal, 2 junio 1976). José Ramón Medina, Juan Liscano, Pascual Venegas
Filardo, Felipe Massiani, Alexis Márquez Rodríguez, tres generaciones de
escritores supieron y admiraron al humanista Luís Beltrán Guerrero. Está su
nombre en la historia.
Por cierto, Juandemaro Querales, escritor caroreño a quien llaman El Solitario,
ha enviado un recado por diversos lugares (periódicos, correo electrónico,
computadoras) a Simón Alberto Consalvi: incluya al humanista Luís Beltrán
Guerrero en su Biblioteca Biográfica Venezolana. Y reta: yo escribo esa
necesaria biografía: ¿Y las Obras Completas no corresponden a la Universidad
Centro-occidental Lisandro Alvarado (UCLA) de Barquisimeto?. Porque la Alcaldía
apagó su fuego editorial en Carora.
Guillermo Morón
Caracas, 19 de Noviembre del 2008

El animal histórico
ESO FUE HACE MUCHO TIEMPO
07-11-2008
Hace mucho
tiempo, tal vez un millón y medio de años, la especie humana (el homo erectus,
el bípedo que piensa y habla) logró diferenciarse de un curioso y todavía
existente en algunos lugares remotos, lejos de la Guayana y del Amazonas,
pariente llamado chimpancé. Los científicos son los encargados de relacionar a
esas dos especies gracias al descubrimiento del genoma humano. Aquel sabio
Darwin (1809-1882) estableció la teoría de La Evolución de las especies (1859)
después de que Carlos Marx empezara a confundir a los políticos y a los
politólogos (un término inventado por los historiadores y sociólogos alemanes
hace ya mucho tiempo. Pero hace mucho tiempo más que el Antiguo Testamento dio
testimonio escrito sobre la creación del hombre por Dios, con lo cual apareció
una Religión, que Religión significa “yo creo” con lo cual, hace ya mucho
tiempo, empezó esa interminable batalla de las Religiones que en esta parte del
mundo son tres principales, en orden cronológico, la Judía, la Cristiana que
aquí lo que somos es Católicos, y la musulmana, cuyo libro sagrado puede y debe
leerse en castellano, llamado El Corán. Tal vez, antes del Apocalipsis, logren
los teólogos y la gente común y corriente, entender que el Antiguo Testamento,
el Nuevo Testamento y El Corán quieren ordenar un mismo sistema de convivencia
llamado Paz. Pero para eso hace falta mucho tiempo, tal vez más del mucho tiempo
que ha pasado desde esas Escrituras Sagradas.
Pero lo que quería poner en esta modesta página era otra referencia, no tan
lejana en el espacio ni en el tiempo, pues la historia tuvo lugar aquí, en
nuestro modesto vecindario llamado Venezuela desde cuando el cartógrafo Juan de
la Cosa (1449-1510), compañero del Descubridor de la costa venezolana desde
Paria hasta el Cabo de la Vela que incorporó a la Guajira y al Golfo a la
Provincia de Venezuela (Gobernación y Capitanía General desde 1527 hasta cuando
se perdió con el Valle de Upar y el Casanare en manos débiles, 1941) llamado
Alonso de Ojeda, puso (Juan de la Cosa) el nombre de Venezuela encima de Los
Monjes que es el perdurable hasta hoy, respetado en las 26 Constituciones
republicanas que se han violado y maltratado en forma continua, sostenida y,
hoy, sin pudor ni consideración alguna.
El cuento es este. En el año 2003 el historiador Don Germán Fleítas Núñez,
Cronista de la todavía bien plantada y hermosa ciudad de La Victoria, en el
Estado Aragua (ciudad elogiada por Alejandro de Humboldt quien la comparó a las
europeas de su tiempo por el orden, la limpieza y el trazado, mas su gente),
publicó un espléndido libro, ilustrado, bien impreso, titulado Cristina Gómez
maracayera (Villa de Cura, Aragua, talleres de la Editorial Miranda,
2003, 341 págs. 29 cm.)
Doña Cristina Gómez Núñez de Cáceres, hija del Benemérito General Juan Vicente
Gómez suelta su espléndida memoria para contar, como una cuentacuentos
verdadera, sin adornos, sin exageraciones, la verdadera historia de aquel
personaje tan biografiado, novelado y exagerado, aunque también muy bien
documentado.
Entre las verdaderas referencias de esa emocionante memoria de Doña
Cristina tengo marcada, la página 139, esta: “Cuando Rodríguez del Villar, autor
del monumento de Carabobo, elaboró los planos y dibujos del arco, él se fijó en
que el escudo de España era mas pequeño que el de Venezuela, y además estaba en
un segundo plano. “Es muy claro, general; fue una guerra entre dos naciones, una
de ellas ganó y logró su independencia; lo justo es que la otra aparezca en un
discreto segundo plano…” Lo interrumpió en seco y le dijo: “No señor. Esa guerra
se acabó hace mucho tiempo y este es un momento para unir y no para desunir.
Póngame los dos escudos del mismo tamaño”. Esa es la razón por la cual los dos
escudos lucen exactamente iguales”.
Pues bien, si la Historia del Pueblo Venezolano se ha desarrollado a lo largo de
quinientos años, contados para los efectos de la cultura que se ha logrado
conservar en la lengua común, con mínima presencia de las indígenas, hoy
maltratadas aunque puestas en la Constitución (“La Constitución sirve para todo”
dijo aquel dictador llamado José Tadeo Monagas), esa Historia está viva y en
proceso. Pero los Conquistadores, creadores del pueblo, realizaron sus hechos
hace mucho tiempo. Cristóbal Colón, cuyo monumento fue echado al suelo por
malandros políticos, descubrió América y a Venezuela hace mucho tiempo. La
Guerra de la Independencia ocurrió hace mucho tiempo. Y el tiempo debería servir
para que el pueblo viva en paz.
Guillermo Morón
Caracas, 7 de Noviembre del 2008

El animal histórico
EN EL CÍRCULO DE ESCRITORES
22-10-2008
Don Cecilio
Zubillaga Perera, guía y maestro de los caroreños durante la primera mitad del
siglo XX (murió en 1948), está todavía en la ciudad y en los pueblos: no se
apaga su nombre por aquello de Diotima de Mantinea que Sócrates trae a cuento en
el Simposio de Platón: la inmortalidad del alma se consagra en la procreación y
en la creación (filosofía, arte letras).
El primer círculo de escritores del cual formé parte, muchacho en mi ciudad de
Carora, fue creado y dirigido por Don Cecilio. Se llamaba Jornadas Culturales.
Un sábado sí y otro no, cada quincena en el Centro Lara, paralelo al Club Torres
por las razones tradicionales en nuestra historia, las muchachas cantaban o
recitaban los poemas y los muchachos leíamos una página. La Biblioteca Riera
Aguinagalde prestaba el libro o Don Cecilio lo tenía en sus estantes, muy pocos,
porque los regalaba.
En Barquisimeto, Cuarto y Quinto Años de Bachillerato en el único Liceo,
Lisandro Alvarado, bajo el amparo de El Impulso, el periódico de los Carmona,
fundamos alegremente el Club Eutimio Rivas para lo mismo, leer, escribir,
discutir, añadida ya la política a la literatura. Así, pues, este Círculo de
Escritores que hoy resiste la intemperie con sus socios y con las cuatro
banderas de la inteligencia y de la cultura que están desplegadas por su
Presidenta Carmen Cristina Wolf, su Presidente del Consejo Consultivo, Álvaro
Pérez Capiello, su Director General Luis Beltrán Mago y su Consultor Carlos
Alarico Gómez, acoge generosamente a este viejo militante de las Letras, a este
empedernido amigo de los libros. No se me oculta la raigal significación de esta
jornada cultural de quienes mantienen la brasa de la historia venezolana: los
libros, la literatura, ustedes poetas, novelistas, ensayistas, sin cansancio y
sin zozobra. Porque yo sólo soy un maestro de escuela mal jubilado y un oscuro
escritor de provincia a quien la amistad - esa aristocracia del alma inmortal
– y la en generosidad – ese rasgo de la nobleza que les alumbra los días y las
noches a Usted, Doña Carmen Cristina Wolf, poeta, y a sus compañeros y
compañeras de este Círculo, señalan de manera inusitada para que pueda sentarse,
cuando sus años se lo permitan, al lado de Ustedes, sin cerrar el Círculo.
Creo que puedo honrar al Círculo de Escritores si recuerdo la Peña Literaria del
escritor Fernando Cabrices, animador que fuera luego de la Asociación de
Escritores Venezolanos, donde publicó su íngrimo libro Páginas de emoción y de
crítica, Número 45, 1944, de los Cuadernos Literarios de aquella recordada y
admirable Asociación. Comienza la Colección de mi biblioteca con el Cuaderno
Número 5 nada menos que de Jesús Semprún, Estudios Críticos, 1938; los cuatro
con los cuales se inaugura esa biblioteca gloriosa de nuestras letras son de
Julian Padrón (Fogata, comedia dramática), Ramón Díaz Sánchez (Ámbito y Acento,
ensayo), Manuel Rodríguez Cárdenas (Tambor, poemas para negros y mulatos) y
Guillermo Meneses (3 Cuentos Venezolanos). El volumen 150, de 1980, cierra mi
colección con Pascual Venegas Filardo (Tiempo en Poesía, Notas Críticas).
Cuando Luís Pastori, José Ramón Medina y Pascual Venegas Filardo se turnaban en
la Junta Directiva, yo les servia de Tesorero y fui implacable en la
contribución de los socios con aquellos pocos bolívares sonoros en la
contabilidad.
Ahora bien, me parece que no debo permitir a mi memoria esas nostalgias, pues
el Círculo de Escritores cumple en este duro tiempo su valiente tarea de
mantener el hilo de la mejor tradición de las Letras, dentro y fuera de las
fronteras. Hoy se recuerda a nuestro, y también ajeno, gran poeta Vicente
Gerbasi, amigo incandescente, voz clásica de la Lengua que hablamos y escribimos
los venezolanos, para honrar a otro poeta de la misma lengua originaria, Don
Enrique Gracia Trinidad.
Y por si fuera poco el honor que se me concede, viene ese Tostado venezolano,
escritor de día y de noche, de sábados, domingos y fiestas de guardar Enrique
Viloria Vera, además amigo sin fatiga, con su Ciudades y Escritores. Aquí
dice: Palabras Liminares, César Navarrete, Presidente de Del Sur Banco Universal
(en el Renacimiento los Mecenas permitieron que se produjeran milagros en Letras
y Artes), Presentación, escrita pulcramente por nuestra Presidenta ilustrísima,
Prologo, firmado por el mencionado utsupra, cuyo último párrafo dice: “Puedo
dejar testimonio claro: este libro de Enrique Viloria Vera está escrito con la
buena letra de un humanista moderno, gratamente desarrollado el argumento, sin
sobras ni recortes, ciudades y escritores entrelazados en una armonía sin
fatiga”.
Guillermo Morón
Caracas, 17 de Octubre del 2008.

El animal histórico
CONUCO Y
GALLINERO
02-10-2008
El pasado
está en los libros de historia y los libros de historia los escriben unos
curiosos personajes llamados historiadores. El pasado se puede llamar Grecia, si
nos interesa saber cuando y como comenzó la cultura de Europa y la cultura
americana, ya sea la civilización que creció en el Norte (Canadá y el Imperio
que no se denomina así, sino Estados Unidos de América) y en el resto del
Continente por cualquier parte que se le mire, Hispanoamérica en cuyos pedazos
de pueblos se habla castellano, Brasil donde es el portugués pariente muy
cercano en todo, y El Caribe cualquiera sea la lengua predominante; Cuba, Santo
Domingo, Puerto Rico formaron parte de los Reinos de las Indias en el primero y
mas largo, en el tiempo, Estado de Derecho Monárquico.
Por cierto que aquí puedo aprovechar este pequeño espacio para recordar que la
República de Venezuela, organizada en la Constitución de 1811, que no le gustó a
Simón Bolívar porque era federal y él era rabiosamente centralista como el
actual Mayor General (o como se autodenomine nuestro militar en ejercicio no
soberano del Poder), se fundamentó en la base territorial anterior al 19 de
abril de 1810, esto es, en la unidad de las Provincias, llamadas Gobernaciones y
Capitanías Generales, que se amarraron en una sola jurisdicción en 1786, cuando
se creó un organismo llamado Real Audiencia de Caracas. Esta autoridad política,
militar, económica y judicial (no había separación de poderes porque se trataba
de una Monarquía y no de una República como la República Bolivariana de
Venezuela que, de acuerdo con la Constitución vigente de 1999 tiene Poderes
Autónomos en la letra, pero no en la práctica) estuvo vigente hasta 1821.
Repito: la Real Audiencia de Caracas administró Justicia, gobernó, desde 1786
hasta 1821. Naturalmente, en el territorio no ocupado por los ejércitos
“patriotas”. En el Archivo de la Academia Nacional de la Historia se encuentra
la documentación completa de esa historia que debería estudiarse y publicarse
con motivo de los Doscientos Años de la Independencia (1810-2008, 1811-2011).
¿Se le habrá ocurrido a alguien en alguno de los Palacios, Miraflores, de las
Academias?
Pero el asunto de esta página es otro, anterior. Porque eso de querer regresar
al conuco y al gallinero, unidades económicas de la Venezuela vieja, la
provincial de los Siglos XVI, XVII y XVIII, y rural del siglo XIX (digamos 1830
al 18 de octubre de 1945) me parece no sólo imposible, sino absurdo, aunque tal
vez los adjetivos adecuados sean otros mas definitorios y contundentes:
irracional, ahistórico. No hay vuelta atrás en los procesos históricos.
No necesito acudir al auxilio de los libros para saber qué era un conuco y qué
era un gallinero. Nací y crecí en la Venezuela rural, en la época del conuco y
del gallinero. Mi mamá fue Maestra de Escuela y escritora. Mi papá fue
conuquero. El solar de mi casa, en el pueblo de Cuicas (Municipio que fuera del
Distrito Carache en el Estado Trujillo), era un conuco: maíz,
caraotas, yuca, ajíes, culantro, hinojo. El patio de gallinas: un gallo para
veinte gallinas. Los otros conucos estaban campo adentro. Una familia (papá,
mamá, cinco mujeres, dos peones) comían, bebían, vivían de un conuco. ¿Se ha
dado cuenta usted que eso ya se acabó, que Venezuela no es rural y no la deja el
Gobierno ser industrial y moderna?. No había, no hay, gallineros verticales.
Todos eran horizontales, el patio gallinas, ¡so bruto!
Quienes también vivieron del conuco fueron los indios chaimas y los timoto-cuicas.
Los demás, la gran mayoría que ya no existe sino en los libros de historia, eran
cazadores o pescadores. Alejandro de Humboldt escribe: “Cada familia de indios
cultiva, a cierta distancia del pueblo, amén de su propio huerto, el conuco de
la comunidad. Los individuos adultos de ambos sexos trabajan en éste una hora
por la mañana y otra por la tarde”. Y en otra página: “Hacia las 4 de la tarde
desembarcamos en los conucos de Síquita, sementeras de los Indios de la misión
de San Fernando”.
“Conuco. Sementera, labranza”. (Lisandro Alvarado, Glosario de Voces
Indígenas).
Guillermo Morón
Caracas, 30 de Septiembre del 2008.

El
animal
histórico
¿DÓNDE
ESTÁ
SÉNECA?
18-09-2008
Lucio
Anneo
Séneca
escribió
su tratado
sobre la
clemencia
para
exponer
una
opinión
nacional
acerca del
poder y su
uso por
quien
ejerce el
poder. El
ensayo no
necesita
aclaraciones,
ni
exégesis,
ni
acupunturas.
Se deja
leer solo,
con sus
luces y
sus
sombras,
como
corresponde
a toda
obra
nacida de
genio
humano.
Una sombra
–que ya
Tácito se
ocupó en
su tiempo
y para el
nuestro de
resombrear-
es aquel
terrible
silencio
sobre la
muerte de
Británico.
Pero ¿es
que deben
ser héroes
los
filósofos?.
Se
atrevió,
sin
embargo, a
decir: “Sé
que hay
algunos
que
piensan
que la
clemencia
sostiene
al peor,
porque sin
crimen es
superflua,
y es la
sola
virtud que
no tiene
sentido
entre
inocentes”.
No ordene,
pues, el
poderoso
que se le
corte la
mano
derecha al
escritor
para
vengarse
porque el
escritor
es la
conciencia
nacional.
Escribió
Séneca:
“No puedes
hablar sin
que oigan
tu voz las
gentes de
todas las
tierras”.
No sólo se
dirigía
ad neronem
caesarem
(el
Emperador
Nerón),
cuya fama
quema aún
el rostro
de la
humanidad,
sino en
general al
hombre de
Estado.
Cuando el
poderoso
gobernante
habla lo
hace de
modo
distinto
al pueblo,
al común
de las
gentes.
Por eso
amonesta
el
moralista:
“Porque
los
grandes
poderes
son para
honor y
gloria, si
su
influencia
es
saludable,
como es
funesta la
fuerza que
vale para
dañar”.
Me puse a
señalar
aquellos
párrafos
del
clásico –a
cuya
lumbre
escribo-
porque
deseaba
referirme
a la
diferencia
entre
opinión
pública y
opinión
nacional.
Es una
vetustísima
preocupación
que,
naturalmente,
sólo
tienen
algunos
ilusos,
entre los
muchos que
forman el
gremio de
los
escritores.
Para el
político
no hay
diferencia,
y sin
embargo
esa
diferencia
existe.
En tiempos
de Séneca
la opinión
pública
estaba
claramente
identificada
en la
gritería
de los que
iban a los
espectáculos
públicos.
La opinión
nacional
estaba en
los
escritos
de Séneca.
A Nerón le
interesaba
más la
opinión
pública.
En nuestro
tiempo y
en nuestra
república
(tan
alejada de
la
romana),
también es
clara la
diferencia.
La opinión
pública se
forma de
un modo
artificialmente
artificioso.
Los medios
de
comunicación,
forjadores
de
noticias,
crean la
opinión
pública.
Las
noticias
son la
opinión
pública.
Así, pues,
la opinión
pública es
aquella
que el
periodismo,
en sus
múltiples
dimensiones,
conforma a
imagen y
semejanza
de lo que
ocurre
todos los
días. Los
partidos
políticos
crean
opinión
pública.
La opinión
nacional
es aquella
que afecta
profundamente
a la vida
real e
histórica
de la
república,
de la
comunidad.
No suele
reflejarse
ni en la
noticia ni
en la
propaganda.
Un
reducido
grupo de
elegidos
recoge su
honda. Son
los
historiadores,
los
filósofos,
los
escritores.
La recogen
y la
encarnan
para la
posteridad.
Allí está
la
tragedia
de la
opinión
nacional.
Primero,
queda
oculta,
aplastada
y
escondida
por la
opinión
pública. Y
luego que
cuando se
la
descubre
ya es
historia.
Por eso
hay que
acudir a
Séneca
para
rescatarla.
¿Dónde
está el
Séneca de
nuestro
tiempo
venezolano?
Guillermo
Morón
Caracas,
9 de
Septiembre
de 2008

El animal
histórico
LA VEJEZ
DE
MARACAIBO
16-09-2008
Hoy
es lunes
8 de
septiembre
del 2008.
Hace
cuatrocientos
setenta y
nueve años
que el
alemán
Ambrosio
de
Alfinger
llegó a un
punto no
identificado
de la
costa
oriental
del Lago
de
Maracaibo.
Tengo
escrito y
publicado:
Durante
los diez
meses que
dedica a
recorrer
el lago y
sus
contornos,
aquel
asiento o
ranchería
se
convierte
en pueblo,
gobernado
por un
teniente;
penetró
Alfinger
la
península
de la
Guajira,
hasta la
altura del
río Limón;
recorrió
las zonas
del Este,
vecinas a
la
cordillera
andina, e
intentó
poblar una
ciudad que
denominaba
Ulma. Pero
en
definitiva
sólo quedó
el
pueblo de
Maracaibo.
En 1546,
cuando ya
ha
desaparecido
totalmente
la
población,
Juan Pérez
de Tolosa
describe
el sitio
donde se
encontraba:
“Desde la
ciudad de
Coro el
Gobernador
Ambrosio
de
Alfinger
fue por la
costa
abajo, y
en la
laguna de
Maracaibo
pobló un
pueblo de
cristianos
llamado
Maracaibo,
el cual
estaba a
la otra
banda de
la laguna,
la vía del
Cabo de la
Vela, en
una sabana
junto a la
laguna.
Junto al
pueblo hay
una salina
de sal muy
buena, de
la cual se
provee
toda la
laguna y
muy gran
parte de
la tierra
y sierras
por vía de
contratación.
La gente
que
habitaba
en la
laguna era
de nación
onotos, y
hombres y
mujeres
traen sus
vergüenzas
afuera.
Estos
indios no
siembran,
son
señores de
la laguna,
y pescan
con redes
y anzuelos
mucho
genero de
pescado
que hay en
la laguna,
muy
excelente,
y lo
venden en
sus
mercados a
los indios
bobures de
la
provincia
de Puruara,
a trueque
de maíz,
yuca y
otras
cosas”. No
se
regresará
al año
1546 para
retomar la
desnudez
ni el
trueque.
Quiero
repetir
aquí lo
que se ha
estudiado
en
documentos
y en los
historiadores
que se han
ocupado de
la
fundación
de la muy
ilustre,
limpia,
ordenada,
culta,
poblada y
soleada
ciudad de
Maracaibo:
No se
fundó por
Ambrosio
de
Alfinger
el 8 de
septiembre
de 1529.
El
rancherío,
pueblo o
aldea
desapareció.
Los
historiadores
que se han
ocupado,
documentadamente,
son muy
conocidos
y
estudiados:
Fray Pedro
Simón,
José de
Oviedo y
Baños,
Juan López
de
Velasco,
Tulio
Febres
Cordero,
Demetrio
Ramos
Pérez,
Mario
Briceño
Iragorry,
y
principalísimamente
el Hermano
Nectario
María.
Resumo,
para
honrar a
la ciudad
que
conserva
el nombre
de su
lago,
Maracaibo,
tomado de
los
indígenas
que
llevaban
ese
nombre,
desde uno
de sus
“principales”,
cacique es
el título
histórico
que se dio
a los
dirigentes
de esas
culturas
que ya no
son las
mismas que
se
conservan
en este
tiempo,
como los
venezolanos
de hoy
venimos de
los
conquistadores
españoles
del siglo
XVI, con
otras
ropas,
otros
hábitos,
pero con
el idioma
que
también se
ha
transformado.
Ni indios
ni negros,
ni
blancos,
pardos se
dijo en el
siglo
XVIII,
mestizos
se puede y
debe decir
en este
siglo XXI
que
comienza
con
grandes
desventuras
políticas:
1) El
Maracaibo
de
Ambrosio
de
Alfinger
nada tiene
que ver
con el
origen ni
la
continuidad
de la
ciudad
actual; 2)
el primer
fundador
fue Alonso
Pacheco
Maldonado,
comisionado
por el
Gobernador
Ponce de
León; los
preparativos
se hacen
en 1568 y
la
expedición
debió
salir en
enero de
1569; la
ciudad se
llamó
Ciudad
Rodrigo;
no es
posible
determinar
la fecha
–mes y
día- de su
fundación;
ningún
documento
de los
conocidos
aclaran
ese punto,
como
ocurre
también
con
Caracas y
Carora; 3)
en 1574 el
Gobernador
Mazariegos
encargó a
Pedro
Maldonado,
compañero
que había
sido de
Pacheco,
para
continuar
la obra
poblacional;
esta nueva
etapa se
cumple en
el mismo
sitio y
con parte
de la
misma
gente que
había
fundado a
ciudad
Rodrigo;
el nombre
nuevo fue
el de
Nueva
Zamora de
Maracaibo.
El primer
documento
que
muestra a
la ciudad
ya fundada
es la
carta del
4 de
agosto de
1569,
firmada
por los
Alcaldes
Ordinarios
Juan de
Morón y
Francisco
Camacho,
los
Regidores
Simón de
Alfaro,
Diego de
Robles y
Pedro
Maldonado,
así como
por el
Escribano
Alonso
Blázquez:
“hacemos
saber a
vuestra
Alteza
cómo por
el mandato
de vuestro
Gobernador
Don Pedro
Ponce de
León, de
esta
Gobernación
de
Venezuela,
salió el
Capitán
Alonso
Pacheco en
descubrimiento
y a poblar
las
provincias
de
Maracaibo…”.
El
20 de
diciembre
de 1573
ya la
ciudad
Rodrigo,
fundada
por Alonso
Pacheco,
había sido
despoblada
por él
mismo, de
acuerdo
con las
instrucciones
del nuevo
gobernador
Mazariegos.
La
repoblación
de 1574
fue hecha
por el
Capitán
Pedro
Maldonado,
el mismo
que ya
había
estado en
ella con
Pacheco.
La actual
ciudad de
Maracaibo
fue
fundada,
pues, por
el Capitán
Alonso
Pacheco en
1569 y
repoblada
en 1574
por el
Capitán
Pedro
Maldonado.
El primero
actuó por
orden del
gobernador
Pedro
Ponce de
León y el
segundo de
acuerdo
con
instrucciones
de Diego
Mazariegos.
El
repoblamiento
se hizo en
el mismo
sitio y
con parte
de la
misma
gente que
allí había
estado.
Cambió el
nombre de
la ciudad
de Ciudad
Rodrigo a
Nueva
Zamora de
Maracaibo.
¡Laus Deo!.
Guillermo
Morón
Caracas, 8
de
Septiembre
de 2008

El animal
histórico
DON
AMBROSIO
OROPEZA Y
LAS
CONSTITUCIONES
26-08-2008
En el
Historial
Genealógico
de
familias
caroreñas
(Segunda
edición,
Caracas
1967)
encuentro
su nombre:
Nació en
Carora el
30 de
noviembre
de 1904;
se graduó
de Doctor
en
Ciencias
Políticas
en la
Universidad
Central de
Venezuela
en 1927.
Casó con
doña
Gregoriana
Álvarez.
“Es
considerado
como uno
de los
abogados
de mas
amplia
cultura
jurídica
en el
país,
aunque ha
sido
renuente
para el
ejercicio
de su
profesión”.
“Ha
dedicado
gran parte
de su
actividad
a la cría
y es
reacio en
dejar su
ciudad
natal,
aunque el
halago
político
lo ha
llamado,
con
insistencia,
a medios
donde su
ilustre
personalidad
podría
ejercer
influencias
de
alcances
nacionales”
(Tomo
Segundo, pág. 176).
Alcanzó
“influencias
nacionales”
con dos
libros y
con el
acercamiento
a los
“medios”
apropiados.
En la
modesta
entrada
del
Diccionario
de
Historia
de
Venezuela
(Segunda
Edición,
1997, 3,
pág. 443)
se señala
la fecha
de su
nacimiento,
en Carora,
el
30.11.1904
y la de su
muerte, en
su ciudad
venerada,
el
14.11.1970.
“Abogado,
ganadero y
político.
Hijo de
Ambrosio
Oropeza y
de Paula
Coronel”.
Y estos
breves
datos:
1927,
abogado y
doctor en
ciencias
políticas
por la
Universidad
Central;
1937,
diputado
por el
Estado
Lara ante
el
Congreso
Nacional;
1944,
publica
Evolución
Constitucional
de nuestra
República;
1945,
consultor
jurídico
de
la Junta
Revolucionaria
de
Gobierno;
1947,
diputado a
la
Asamblea
Nacional
Constituyente
“y se
destaca
como uno
de los
redactores
de la
Constitución
de 1947”.
Y yo
añado:
resistió
todas las
tentaciones
en
relación a
cargos
públicos.
Todos los
caroreños,
larenses y
venezolanos
conocimos
y
conocemos
al
jurisconsulto
de dotes
excepcionales
y los
cercanos,
desde la
juventud,
sabemos de
su
probidad y
su
entrañable
devoción
por su
ciudad,
hoy en
proceso de
transformación,
como todo
el país
desde el
18 de
octubre de
1945:
Venezuela
deja de
ser rural
para
transformarse
en urbana.
Pero esa
es otra
historia,
en cuyas
entrañas
vivió y
desarrolló
sus
talentos y
su vida
lugareña
Ambrosio
Oropeza.
Conservo
la copia
mecanográfica
que hice,
desde el
original
manuscrito
que no han
querido
dejar ver,
del
Itinerario
de
Política
Venezolana,
escrito
por Don
Cecilio
Zubillaga
Perera.
Cuando
publiqué
las Obras
Completas
del
Maestro,
precedidas
por su
biografía,
excelente
trabajo
del
escritor
caroreño
Juan Páez
Ávila, el
último
albacea de
Don Chío
no quiso
ni
mostrárselo
a quien
debía
prologarlo,
el
excelente
periodista
y escritor
caroreño
Luís
Oropeza
Vásquez.
No se si
se
conserva o
si fue
tirado a
la
candela,
como ha
ocurrido
con los
libros y
papeles
históricos
en toda
parte y
lugar.
El
Itinerario
comienza
con este
Pronóstico:
“Dice el
suscrito,
en
presencia
de brotes
de
incondicionalismo
que surgen
en todo el
país, que
Don
Cecilio
Zubillaga
Perera
también
arriará la
bandera de
la
oposición
al
acercarse
el
continuismo
de López
Contreras
que todos
consideramos
como
ineludible
y fatal.
Carora, 17
de octubre
de 1939.
Ambrosio
Oropeza”.
Se
equivocó
el ilustre
demócrata
y
extraordinario
constitucionalista.
Copio:
“Responde
mi
conducta.
Carora,
abril 28
de 1941.-
Hoy dejó
de ser
Eleazar
López
Contreras
Presidente
de la
República.
Había
esperado
este
momento
para que
fuera mi
conducta y
no mis
palabras,
la que
respondiera
el
pronóstico
de mi
querido
amigo el
doctor
Ambrosio
Oropeza.
En
realidad
fue él mal
profeta en
esta
ocasión;
porque me
mantuve en
la
oposición
contra el
Presidente
López
Contreras
hasta el
fin de su
mandato, y
combatí la
idea
continuista
que él
lanzó por
medio de
personas
interpuestas,
con
notable
descaro,
desde que
hizo que
por tal
fórmula se
pronunciasen
la
Municipalidad de
Calabozo,
pero que
antes
había
patrocinado
a la
sordina
por medio
de los
escritos
asalariados
con
quienes, a
bolsillo
repleto,
cuenta
para sus
fines…” y
sigue el
Itinerario
hasta el
31 de
diciembre
de 1945.
Tronco de
héroes
históricos
Don
Cecilio y
Don
Ambrosio,
no se
pueden
olvidar
sus
nombres ni
sus
hechos.
Evolución
Constitucional
de nuestra
República
– Análisis
de las
Constituciones
que ha
tenido el
país se
publicó en
1944
(Biblioteca
Cecilio
Acosta,
Impresores
Unidos,
cuyo
Director
era J. A.
Cova). Es
un libro
básico
todavía en
estos
días,
sobre todo
en estos
días
cuando
la
Constitución y
el Estado
de Derecho
se
destruye
en forma
ordenada y
sistemática
por orden
expresa
desde
Miraflores.
En 1985 se
reeditó
con el
añadido “y
otros
textos”
(Biblioteca
de
la
Academia
de
Ciencias
Políticas
y
Sociales,
22, 175
págs.).
En 1969 se
publicó La
Nueva
Constitución
Venezolana
-1961-
(Imprenta
Nacional,
Caracas,
504
págs.). La
dedicatoria
dice:
“Para mi
eminente
amigo y
paisano
Dr.
Guillermo
Morón,
cordialmente
– Ambrosio
Oropeza”.
Una
segunda
edición es
de 1971
con
Prólogo
del hijo
Luís José
Oropeza y
la
Presentación de
Don Raúl
Leoni,
escrita
para la
primera.
¡Ambrosio
Oropeza,
eminente
demócrata,
sabio
constitucionalista,
gran
venezolano!
Guillermo
Morón
Caracas,
15 de
Agosto del
2008

El animal
histórico
DON JOSÉ
AGUSTÍN
CATALÁ
01-08-2008
Es
un lugar
común, un
conocimiento
generalizado,
pero dadas
las
machaconas
falsedades
que ahora
se
predican
desde las
tribunas
oficiales
con la
intención
de
reescribir,
arte
difícil
para tanto
analfabeta
funcional
repartido
a lo largo
y ancho
del
presupuesto,
la
historia y
de crear
mitos
sobre
documentos
inexistentes,
me parece
adecuado
repetir
este lugar
común,
este
conocido
primer
asunto de
la
historia
de la
cultura
del pueblo
venezolano:
los libros
llegaron
en las
primeras
naves
desarbridoras.
Dos
fundamentales
para el
principio
y el fin
de nuestra
tradición:
el Libro
de las
Leyes (Las
Siete
Partidas
del Rey
Don
Alfonso X
El
Sabio),
pues se
trataba, y
se logró,
de crear
un Estado
de
Derecho; y
una
Gramática
(la de
Nebrija),
ya que
(“no se
use la
palabra
conquista”,
ordenó la
Ley) se
deseaba y
se logró
crear una
cultura
escrita y
hablada,
como en
efecto
existe con
quinientos
años de
vida y
existirá
hasta
cuando la
voz
Venezuela
sea
borrada de
los mapas
y de los
libros.
Fíjese
usted, por
ejemplo,
que el
apellido
Pocaterra,
de José
Rafael
Pocaterra,
grande
entre los
grandes,
tiene unos
mil años
de
existencia
desde la
creación
del idioma
que usan,
mal mas de
las veces,
en el
hermoso
Palacio
Federal de
la época
de Guzmán
Blanco.
Para
ilustración
general se
puede , y
debe,
revisar
los dos
tomos que
el
acucioso e
inteligente
historiador
Don
Ildefonso
Leal
publicó
(después
de
detenida
investigación
en los
archivos)
bajo el
preciso
título de
Libros y
Bibliotecas
en
Venezuela
Colonial
1633-1767
(Biblioteca
de la
Academia
Nacional
de la
Historia,
Fuentes
para
la
Historia
Colonial
de
Venezuela,
1978, Tomo
I – 410
págs.,
Tomo II
517
págs.).
Pero
también es
imprescindible
para
comprender
la
presencia
de la
ilustración
derramada
por el
mundo bajo
la luz del
entendimiento,
en los
libros,
aprender
nuestra
presencia
histórica
que no
borrarán
las
sombras de
ningún
Poder mal
usado,
leer,
quien
tenga la
fuerza,
ese
monumento
histórico
que es la
obra del
sabio
humanista
Blas Bruni
Celli:
Venezuela
en 5
siglos de
Imprenta
(Caracas,
Academia
Nacional
de
la
Historia,
1998, 1635
págs.,
28x22
cm.).
Ahora
bien, el
libro es
una
presencia
de todos
los días
en
la
Venezuela
que no se
agota ni
en las
guerras,
ni en las
tiranías,
ni en los
duros
procesos
políticos.
He
terminado
de leer,
con
alegría y
sin pausa
dos libros
que
señalan la
permanencia
de los
valores
sustantivos
de
Venezuela:
Apuntes
de memoria
del editor
José
Agustín
Catalá
1915-2007
(El
Centauro,
ediciones,
Caracas,
diciembre
de 2007,
190
págs.),
“mas de
medio
siglo de
amistad y
aprecio
bien
mantenidos”
escribe
con
nobleza
este
caballero
que ha
dedicado
su vida,
talento y
cultura, a
publicar
libros,
aquellos
donde la
dignidad
está
puesta de
relieve,
aquellos
donde
pueden
los
venezolanos
y los
forasteros
distinguir
la
oscuridad
de la
claridad.
Una
extensa y
luminosa
biblioteca
debiera ya
existir en
el Sistema
Nacional
con ese
nombre, y
sólo con
los libros
por él
editados
en más de
medio
siglo de
asombro:
Biblioteca
José
Agustín
Catalá.
Esta
Memoria,
que
enriquece
la
colectiva
en momento
tan
oportuno
para las
preocupaciones
de los
venezolanos,
es toda
una
enseñanza:
cultura,
perseverancia,
honor,
coraje. El
escritor
Rafael
Arráiz
Lucca
ayuda, con
buena
letra, a
admirar al
gran
editor, al
gran
venezolano
que nos
señala su
camino de
93 años
sin
fatiga.
Marco
Tulio
Bruni
Celli (“de
largo le
viene al
galgo…”),
político
con
cultura,
culto con
honrada
acción
política,
es el
autor del
otro libro
que he
leído, los
dos a uno,
uno a los
dos:
Contra las
dictaduras
por
la
República
civil –
Semblanza
del editor
José
Agustín
Catalá y
su mundo
político
(El
Centauro,
ediciones
/ Caracas
/
Venezuela
/ 2008,
224
págs.). Y
Marco
Tulio
cuenta
toda esa
aventura
de coraje
con
pormenor y
buena
letra. La
historia
política
del siglo
XX, con el
Benemérito
y este
cabo
ardiente
del XXI,
tiene en
José
Agustín
Catalá a
un actor
heroico y
a su
vigoroso
editor. La
amistad es
aristocrática.
Guillermo Morón
Caracas,
30 de
Julio del
2008

El animal
histórico
PENSAR A
VENEZUELA
Por el Dr.
Guillermo
Morón
28-07-208
Lo
que pasa
es que
Venezuela
no está
completa
sino a
partir de
1830
cuando
José
Antonio
Páez, que
no ha
traicionado
a nadie y
menos a
Simón
Bolívar,
funda esta
imperfecta
República
sin
solución
de
continuidad
hasta esta
catastrófica
experiencia
que
vivimos de
susto en
susto
desde
1998, esto
es, de
cadena en
cadena y
de viaje
en viaje
del
Comandante
militar
que no
baja a la
dimensión
constitucional
de
Presidente
de la
República.
Porque el
nombre de
Venezuela,
como lo
saben los
maestros
de
escuela,
se le debe
al
cartógrafo
Juan de la
Cosa,
quien lo
escribió
en su
planisferio
de 1501
cuando
estuvo en
el Golfo
de
Venezuela,
que no
tiene otro
nombre
pues
Coquibacoa
se
denominó,
en lengua
indígena,
a la
perdida
Península
venezolana
(1528-1941)
de la
Guajira
incluido
el Cabo de
la Vela,
el Valle
de Upar y
todo el
Casanare.
Que no se
debe
llorar
como las
mujeres de
antes
aquello
que no se
supo
defender
como los
hombres de
antes.
Venezuela
es una
Gobernación
y
Capitanía
General
durante
los siglos
XVI
(1528),
XVII y
XVIII. A
la par,
desde
todos los
puntos de
vista
político,
económico,
social y
cultural,
de las
otras
circunscripciones
(Margarita,
Trinidad,
Nueva
Andalucía,
Guayana,
La Grita –
Mérida -
Maracaibo
sin
Barinas).
Venezuela
es
Venezuela
después de
que Don
Carlos III
organizó
su
territorio,
su
gobierno y
su
población:
1776,
Intendencia;
1777,
Capitanía
General;
1786, Real
Audiencia;
1793, Real
Consulado.
Juan de
Castellanos,
Fray Pedro
de Aguado,
Fray Pedro
Simón,
José de
Oviedo y
Baños
“pensaron”
a una
Provincia
de
Venezuela.
Juan
Germán
Roscio,
Rafael
María
Baralt,
Cecilio
Acosta,
Lisandro
Alvarado,
José Gil
Fortoul,
Laureano
Vallenilla
Lanz
pueden
“pensar a
Venezuela”
ya en su
integridad.
Sucede que
el otro
día el
Maestro
Elio Gómez
Grillo
convocó a
su
biblioteca,
frente al
bosque
donde vive
dedicado a
estudiar,
pensar y
escribir,
a uno de
los
escritores
fundamentales
de la
Venezuela
contemporánea,
José Balza,
y a este
viejo
amigo suyo
desde los
años del
Instituto
Pedagógico
Nacional
de Caracas
y el Liceo
Santa
María que
estaba en
Sabana
Grande,
cuando
Caracas
era
todavía la
ciudad
amable de
Oviedo y
Baños, de
Humboldt y
de
Santiago
Key Ayala.
Entre los
libros de
José Balza
que
conservo
está El
fiero (y
dulce)
instinto
terrestre
–
Ejercicio
y ensayos
(El
Libro
menor,
137,
Academia
Nacional
de la
Historia,
Caracas
1988, 259
págs.). Ya
en ese
libro
Balza
piensa a
Venezuela,
si es que
no lo ha
hecho
larga y
pausadamente
desde
Marzo
Anterior,
de 1965, y
los
Ejercicios
narrativos,
de 1967,
género
literario
de su
creación.
Novelista,
cuentista
y
detenida,
honda e
ilustradamente
ensayista,
este
escritor
que
conversa
con
atinada
palabra
culta, ha
dedicado
su tarea,
en el aula
universitaria
y en su
obra
escrita, a
“pensar a
Venezuela”.
Con ese
título ha
publicado
su último
libro, muy
bien
editado en
la
Colección
Intramuros,
Serie
Literaria
(bid & co.
Editor,
Caracas
2008, 226
págs.).
Pensar a
Venezuela
es una
reflexión
sobre lo
que ha
sido y es
el país
verdadero
a lo largo
de su
historia
mas
profunda y
animada, a
contrapelo
de
historiadores,
geógrafos,
sociólogos
y demás
eruditos o
repetidores.
Tal vez si
menciono
algunos
nombres,
antecesores
de José
Balza en
la
búsqueda e
interpretación
de esa
Venezuela
auténtica,
permanente
pero en
continua
ebullición
y
evolución,
me acerque
a la
iluminada
intención
de este
nuevo
Pensar a
Venezuela
del
escritor
de San
Rafael de
Manamo,
Delta del
Orinoco,
de
Venezuela
y de la
lengua
castellana.
En primer
lugar,
Cecilio
Acosta
(1818-1881)
con toda
su obra en
prosa y en
verso,
pero
acertadamente,
en este
caso, su
conocido,
divulgado
y
despreciado
ensayo
Cosas
sabidas y
por
saberse.
Que yo
sepa, fue
publicado
por última
vez, en el
volumen 3
de la
colección
Clásicos
Venezolanos
que
dirigí
para la
Academia
Venezolana
de la
Lengua,
con un
Estudio
Preliminar
espléndido
(¡qué
adjetivo
mas
innecesario!)
de Oscar
Sambrano
Urdaneta.
Ramón Diaz
Sánchez
(1903-1968)
reflexionó
con
agudeza en
su ensayo
Transición
(Política
y realidad
en
Venezuela),
de 1937.
Nuestro
escritor
cita con
regocijo a
Don
Augusto
Mijares
(1897-1979)
con su
estudio
visceral
Lo
afirmativo
venezolano
(“Figuras
siniestras
o
grotescas
se agitan
ante las
candilejas
y acaparan
la
atención
pública”,
escribió
para
nuestro
tiempo).
Y, desde
luego, el
grande e
inmortal
Mariano
Picón
Salas
(1901-1965)
en su
Comprensión
de
Venezuela,
desde 1949
a la
edición de
1987.
Antecedentes,
quiero
decir, sus
pares de
ayer y de
anteayer
que es el
hoy de
este libro
iluminado
Pensar
a
Venezuela
de José
Balza.
Caracas,
25 de
Julio del
2008