
Mensajes precedentes: Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases
históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha
de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º Mensaje histórico:
“Recordar la democracia”. 4º Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la
libertad y guetos de la democracia?”. 5º Mensaje histórico: “El ‘punto de
quiebre’ ”. 6º Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º
Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º Mensaje histórico:
¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes? O ¿hacia
dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro.
10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e
imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje
histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y
rescatar la democracia. 14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad
venezolana hacia la democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007:
un buen momento para intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias
de Germán Carrera Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática
vs República liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y
los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º
Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional
venezolano. 20º Mensaje histórico: Demoler la República. 21º Mensaje
histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º
Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico,
extraordinario: Mis razones para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva
política como intento de burlar la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el
23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela.
26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje
histórico: Librarnos del Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º
Mensaje histórico. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo
que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de
extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje
histórico: "Las migraciones no controlables". 33º Mensaje histórico: “El 23-N
el régimen militar chocará con el legado de Betancourt”. 34º Mensaje
histórico: La Democracia: un asunto de los pueblos. 35º Mensaje histórico: “Mi
voz de alerta: !La República está amenazada! 36º Mensaje histórico: …”nada
pudre más a una nación“… Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron
recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes
históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala de Cuervo, 2006.
Advertencia: Este Mensaje histórico, No. 37, consiste en el texto,
hasta ahora inédito, de una conferencia dictada el 15 de octubre de 2008. Se
publica sin enmienda alguna.
EL CONFLICTIVO PORVENIR DE LA REPUBLICA
Germán Carrera Damas
Escuela de Historia
Facultad de Humanidades y Educación
Universidad Central de Venezuela
10-12-2008
Permítanme
que comience haciendo una declaración de principios. Sólo invocaré dos. El
primer principio reza que soy historiador de oficio; por consiguiente me
interesa el pasado, me interesa mucho el presente, pero me interesa sobre
todo el futuro. Por estas razones me acojo a la noción de tiempo histórico, en
el cual el acontecer, regido sin embargo por la dialéctica de continuidad y
ruptura, no admite fragmentaciones de orden cronológico ordinario. El segundo
principio se sintetiza en el deber social del historiador, que expresa el
compromiso que éste contrae:, en función de su inserción, tanto profesional
como vital, en el tiempo histórico, de no rehuirlo, menos de aún intentar
substraerse a él, valiéndose del ejercicio de su oficio como estrategia
evasora para eludir las consecuencias de su inserción-participación en la fase
del tiempo histórico que le toca vivir; es decir la que quienes tengan la
fortuna de no ser historiadores denominarían el presente. En cuanto al
historiador venezolano de hoy, ya no vale el precepto enunciado por José Gil
Fortoul, en el Prefacio a la Segunda edición de su Historia Constitucional de
Venezuela, fechado en Caracas, en 1930: “Tampoco la historia ha de ser
tribunal, ni juez ni parte el historiador”.., lo que no significa, sin
embargo, que el historiador puede saltarse a la torera los mandamientos
metódicos, científicos y éticos, de su oficio.
Valga todo lo precedente para justificar el tema sobre el cual versarán las
consideraciones que pasaré a exponer, con la esperanza de suscitar reflexión y
debate. Lo enuncio de esta manera: la conciencia histórica del venezolano
confronta hoy el reto de comprender que la República, en cuya construcción
hemos invertido dos siglos de esfuerzos, está amenazada de ser demolida. Se
pretende substituirla por un régimen sociopolítico en el que se confabularían
atavismos militaristas, -que considerábamos superados-, con desvaríos
ideológicos que la Historia del siglo XX relegó a su deván.
Esta confabulación lo es de fuerzas históricamente reaccionaras. Se
manifestaría como la instauración de un régimen militar que entronca con la
dictadura liberal regionalista que los venezolanos comenzamos a superar a
partir de 1945. Esta dictadura fue ella misma degradación de la República
liberal autocrática que estuvo vigente desde 1830. Comenzamos a echarla por la
borda con la instauración, en 1945-1948, de la Primera República liberal
democrática.
Quizás será el único aporte de la suerte de Estado nuevo con que se trama
substituir la República, el resultado del asalto dado a la Administración
pública por los militares, vueltos una especie de estamento, -a la usanza del
antiguo régimen francés –, prevalidos del mito de ser los únicos capaces de
orden y eficiencia. La usurpación de todos las posiciones dirigentes del poder
civil, por los miembros de ese estamento cuartelario, ha desembocado en los
más altos niveles de desorden gubernativo e ineficiencia administrativa
vividos por la sociedad venezolana, al menos desde mediados del siglo XX.
Mi obediencia al principio del deber social del historiador me ha obligado a
intentar hallarle una explicación a esta catástrofe que sobrelleva la sociedad
democrática. Lo he intentado, aunque debo confesar que quizás me he apartado
del buen camino al no buscar la explicación en alguna reconocida autoridad
francesa, inglesa, norteamericana, española, argentina, brasileña o aún
mexicana. Esto habrían hecho, muy probablemente, los científicos sociales o
políticos patentados. De haber seguido esta pauta, mi explicación debería
comenzar reconociéndole vigencia universal a las ideas de esas autoridades, y
aplicando las fórmulas por ellos producidas a la interpretación de esta
desmirriada realidad venezolana, tenida por incapaz de interpretarse a sí
misma. No citaré nombres de autores, porque me atrevo a pensar que están en la
mente de muchos de Uds., inducidos por quienes ya no osan citar a Carlos Marx,
-ni el viejo ni el joven-; ni mucho menos a Vladimir Ilitch Lenin y José
Stalin-; que pasaron por Antonio Gramci, siguieron por Herbert Marcusse y Luis
Althusser, y no llegaron a ninguna parte, o lo que es lo mismo, cayeron en el
charco ideológico de Marta Harnecker. Pero debo decirles que en mi búsqueda
hubo un hallazgo que espero merezca la atención de Uds., si logran soportar lo
que voy a leerles, luego de hacerles una advertencia justificadora:
Ocurre que hubo un esforzado luchador social, porque lo fue de pasión,
pensamiento y obra, que tuvo la osadía de reflexionar, -como testigo directo y
actor principal-, sobre el fenómeno sociopolítico que hoy padecemos; y de
ofrecer una circunstanciada explicación de él, sin escudarse tras una cita de
autoridad. Dijo ese atrevido compatriota, -él solía decir conciudadanos-, dado
a reflexionar creativamente sobre lo real venezolano:
…”El gobernante de extracción castrense tiende a aplicar a la rectoría de la
cosa pública el estilo de disciplina que adquirió en el cuartel. Puede
flexibilizar este concepto de disciplina, pero resulta imposible que se
deshaga de él porque constituye nervio de conducta, basamento irrefrenable de
su personalidad. De allí que el gobernante militar resulte orgánicamente
incapacitado para entender la política y la administración de un país como
diálogo con los gobernados. Transigir ante los reclamos de la opinión, admitir
expresa o tácitamente que se ha errado, torcer el rumbo cuando el que se
trajina desagrada a la mayoría de la colectividad, son principios del arte de
gobernar difícilmente compatibles con la mentalidad forjada en el mando de
tropa.”
Cómo seguramente Uds. desearán conocer el autor de esta sentencias sobre la
incapacidad estructural del militar para gobernar, les digo que fue Rómulo
Betancourt, adelantándose a los sucesos en un artículo intitulado “El ideal
civilista y la sucesión presidencial”. (Rómulo Betancourt, “El ideal
civilista y la sucesión presidencial”. Rómulo Betancourt. Antología política.
Caracas, Editorial Fundación Rómulo Betancourt. 1999, t. III, p. 586)
Pero el autor no se detuvo en la calificación del personaje tipo de la
prolongada tragedia padecida por la sociedad toda. Se extendió en la
consideración de la pieza en la que los militares se han creído llamados a
desempeñar un papel protagónico, y sentenció:
“Además de esta razón, otra refuerza la tesis contraria a los gobernantes
militares. La administración pública, en los Estados modernos, constituye una
compleja red de problemas intrincados. La sociedad contemporánea es un vivero
de encontrados intereses. Y no puede concebirse que un solo hombre pueda
dominar técnicamente todas las ciencias conexas con la administración pública,
se requiere en un buen gobernante la posesión de un cúmulo de ideas generales
sobre economía, derecho público, política nacional e internacional. Ahora
bien, el militar, por lo mismo que su cultura necesita ser altamente
especializada en la técnica bélica, resulta casi siempre un hombre sin ese
lastre de generalizados conocimientos requeridos por el moderno gobernante.” (Idem)
Debo confesar que si bien me sentí sacudido por la sencilla profundidad de
esta comprensión de un fenómeno fundamental de nuestra historia republicana,
no dejaron de impresionarme dos comprobaciones que tienen que ver con los
principios enunciados al inicio de estas palabras.
En cuanto al primer principio, es decir el concerniente a la noción de tiempo
histórico, debo subrayar el hecho de que se trata de un texto publicado el 14
de septiembre de 1945, a casi un mes del golpe militar-civil que abrió la vía
a la instauración de la Primera República liberal democrática En cuanto al
segundo principio, tocante al deber social del historiador, cabe destacar que
lo dicho lo fue para ilustrar una comprobación de la realidad: “Es de una
evidencia incontrastable que Venezuela anhela ver en Miraflores a un
gobernante civil”…”y como siempre lo hemos creído, este anhelo es compartido
por los cuadros técnicos y por la oficialidad de escuela, de nuestras
instituciones armadas.”… (Idem)
Cómo moraleja de esta historia, permítanme un consejo, que será probablemente
desatendido, como suele ocurrir con los consejo no solicitados: el tiempo que
les sobre de leer a Norberto Bobbio y otros, inviértanlo, -debo observar que
distingo entre gastar e invertir-, leyendo lo dicho por este atrevido
venezolano, sobre estas y otras cosas.
Pero si les desalienta el nombre del autor de lo que acabo de leerles, -quien
por cierto, debido a su origen canario podría haber tenido alguna relación con
el caballero francés conquistador de Canarias-, acudiré a la amarga humorada
de Simón Rodríguez en su obra Luces y virtudes sociales, publicada en
Concepción, República de Chile, en 1984: “La sabiduría de la Europa y la
prosperidad de los Estados Unidos son dos enemigos de la libertad de pensar…en
América…” (p. 72)
* * * * *
Mas, si bien
está el comprobar que el Rómulo Betancourt-historiador cumplió con los dos
preceptos que rigen estas consideraciones, no estaría bien que yo me eximiese
de aducir pruebas de su cumplimiento en lo que concierne a mi ejercicio de
historiador profesional. Para este último fin me atendré a ofrecer breves
comentarios sobre algunas cuestiones, que merecen nuestra atención, relativas
al presente intento de un grupo de militares cuyo afán continuista por
usufructuar el Poder público se incomoda ante la persistencia del
republicanismo, pues a esto es ya evidente que se reduce toda su palabrería.
Pero me limitaré a poco más que enunciados, pues de otra manera incurriría en
el pecado predilecto de los historiadores, que consiste en Jamás decir en diez
páginas lo que pueda ser dicho en cuatrocientas.
Está en marcha la demolición de la República. Comprendo que esta afirmación
podría causar desconcierto. Estimularé ese desconcierto diciéndoles que
quienes vean nuestra República como una realidad adquirida, cometen dos
errores de enfoque. En primer lugar, muestran que su pensamiento histórico
está condicionado, de manera determinante, por el mensaje básico de la
historiografía patria y oficial. Ese mensaje fraguó al calor de la necesidad
de justificar la disputa de la Independencia, cuando todavía éramos
jurídicamente súbditos rebeldes, - recuérdese que esa condición fue cambiada
por el reconocimiento tardío de nuestra Independencia, por la que hasta
entonces fue nuestra Corona, el 30 de marzo de 1845.
En el tiempo transcurrido desde la Batalla de Ayacucho, que selló, en lo
militar, la Independencia de la República de Colombia, y por lo mismo la de
los pueblos que la integraban, y, por supuesto, la de los venezolanos, crecían
las dudas acerca de que la matazón de que habló Laureano Vallenilla Lanza
hubiese sido legitimada por las bondades resultantes. Fue necesario hacer de
la Declaración de la Independencia la razón suficiente de nuestra historia
republicana. Quedó eclipsada por este giro político-historiográfico el hecho
fundamental de que el acto trascendental no fue tal Declaración sino la
abolición de nuestra monarquía mediante la instauración de la República.
Debemos comprender, y no simplemente saber, que el tránsito desde la Monarquía
absoluta hacia la reglamentada o constitucional ha sido siempre difícil, y
valgan los ejemplos de Francia y España; pero también ha sido un tránsito
engañoso, como lo ha demostrado la república autocrática venezolana. Pero si
tal ruptura ha sido siempre calamitosa, la fundación de la República no lo ha
sido menos. Para sintetizar las cosas sugiero que se tenga presente que la
Monarquía y la República son, más y sobre todo que edificaciones
institucionales, regímenes sociopolíticos. Con esto quiero decir que ni los
reyes ni los presidentes hacen reinos o repúblicas. Son los súbditos, en el
primer caso; y los ciudadanos en el segundo, quienes los hacen. Pero ocurre
que en el caso de los venezolanos la Monarquía se mamaba, mientras que la
República ha sido necesario aprenderla, comenzando por el sentido mismo del
término. No sé cuánto tiempo llevó hacernos súbditos, pero si sé que lo
consiguieron entre Dios y el verdugo. En cambio la recién llegada República
nació confiada a la soberanía, tanto nacional como popular, y estas son
nociones bastante más difíciles de captar y convertir en norma de conducta
social que la fe en Dios y el miedo al verdugo.
La República venezolana debe ser vista, por consiguiente, como el esfuerzo que
realiza una sociedad que fue entusiastamente monárquica, llegando al
sacrificio por sus creencias, en convertirse en un conjunto funcional de
ciudadanos; comenzando por el reacondicionamiento psicosocial para pasar de
ser un receptor de la gracia real a un hacedor, por derecho propio, del
ordenamiento sociopolítico en el cual habrían de desenvolverse las
individualidades. Y francamente lo digo: si bien hemos avanzado mucho desde
1945-1948, cuando se integró plenamente la sociedad venezolana, el ciudadano
venezolano en ciernes es todavía vulnerable a las asechanzas del súbdito que
permanece agazapado en su ser íntimo. Y quién dude de lo dicho, no tiene más
que escuchar una sesión de la llamada Asamblea Nacional; observar a los jefes
y soldados disfrazados de ardorosos socialistas; y compadecer a los muchos
pobres y víctimas de los atropellos y la desidia gubernativas expresando su
esperanza de que el Presidente se entere de que el excusado de la escuela del
pueblo o del barrio está roto.
La estrategia seguida para demoler la República contempla dos líneas
directrices, que han sido extraídas del más rancio arsenal de nuestra historia
republicana liberal autocrática; ello para irrisión del hoy pretendido
revolucionarismo refundador de la República…
La primera línea directriz consiste en la falsificación del principio de la
soberanía popular, como forma de contrarrestar la tenacidad de su vigencia a
partir del momentos cuando fue rescatado, en el “Estatuto para la elección de
representantes a la Asamblea Nacional Constituyente”, promulgado el 28 de
marzo de 1946, del secuestro en que permanecía desde la instauración de la
cuestionable Dictadura comisoria de Simón Bolívar, en 1828. Los venezolanos,
en una mayoría no contada pero percibida en actos y conducta, defendimos
nuestra Corona, y por ende acatamos la voluntad de Dios durante más de dos
décadas, induciendo con ello, en buena parte, a la dictadura comisoria asumida
por Simón Bolívar para consolidar y defender la Independencia. Nuestra
República, la efectiva, fue constituida en la Villa del Rosario de Cúcuta, en
1821, con la aspiración de que llegase a ser práctica eficaz la correlación
entre la soberanía Nacional y la soberanía Popular. Así como el Rey
personificaba la voluntad divina, el pueblo-sociedad habría de personificar la
soberanía Nacional. ¡Pero el pueblo-sociedad republicano venezolano comenzó a
formarse, propiamente, en 1946! Su partida de nacimiento fue el mencionado
Estatuto electoral que rigió la elección directa, universal y secreta de la
Asamblea Nacional Constituyente que elaboró la Constitución de 1947.
Debemos recordar que en ese momento el universo electoral pasó de ser
alrededor del diez por ciento de la sociedad a ser la totalidad del la
sociedad mayor de 18 años de edad. Para mejor comprensión de lo que esto
significa, debo anotar que quien les habla es más viejo que el pueblo-sociedad
venezolano democráticamente conformado, pues cuando éste nació yo tenía 16
años cumplidos, y aún no me consuelo del no haber podido votar entonces. Al
decir esto pretendo, tan sólo, contribuir a que tengamos presente que en ese
momento nació la auténtica soberanía popular.
La segunda línea directriz consiste en la descalificación del poder civil,
empujando a la sociedad tras el destartalado señuelo representado por el ya
comentado mito de la representación exclusiva del orden y la eficacia por
parte de los militares anticivilistas y de sus servidores, togados o con
guayabera. Los primeros hacen las veces de gerentes de los complejos asuntos
de gobierno de que habló Rómulo Betancourt, con el encargo imposible de llevar
al área del gobierno civil la eficiencia que no han sabido demostrar ni
siquiera cuidando de los equipos bélicos que les pagamos los civiles. No
quiero pecar de exagerado, pero me cuesta recordar el nombre de un militar,
-exceptuando al General Rafael Alfonso Ravard, y su desempeño como
administrador de grandes obras-, cuya gestión pueda ser relacionada con la
solución, -ni siquiera con el alivio-, de algún problema nacional. Digo esto
de los militares, si bien en el presente puedo decir lo mismo de los acólitos
no militares, representados por gobernadores y alcaldes oficialistas que sólo
han añadido toneladas de basura pseudo ideológica a la urbana que no han sido
capaces de hacer recolectar.
Pero la estrategia que podría conducir a la demolición de la República tiene
un fundamento que nos concierne directamente a quienes nos ocupamos de nuestra
historia. Consiste en la perversión de la conciencia histórica del venezolano.
Y para lograrlo se adelantan cuatro operaciones, combinadas:
La primera operación consiste en promover y pretender cultivar, incluso en la
escolaridad primaria, el desprestigio de la República, parodiando el término
fidelista la republiqueta, dicho a la venezolana, -la cuarta república, la
república puntofijista-, pero pensado a la cubana. Ante este atentado cometido
contra la conciencia histórica de los venezolanos, debemos poner las cosas en
claro. Una visión científico-crítica de nuestra historia nos dice que el
heroísmo de quienes, civiles, y militares -porque los primeros fueron los
civiles-, lucharon por la abolición de la Monarquía y la instauración de la
República, fueron los forjadores de la Independencia al ser los autores de la
República de Colombia, cuyos ejércitos triunfaron en Carabobo y Ayacucho,
comandados sobre todo por venezolanos convertidos en ciudadanos colombianos,
por su propia voluntad, desde el 17 de diciembre de 1819, al ser promulgada,
en Angostura, la Ley Fundamental de Colombia. En consecuencia, los militares
que hoy se exhiben como herederos directos y autores de la Independencia, y
fundadores de la República, irrespetan la Historia, y por lo mismo agreden la
racionalidad de los ciudadanos.
Pero este asunto se agrava cuando nos centramos en la institucionalidad de la
República. Valga el reconocimiento de que José Gil Fortoul, un leal servidor
de la dictadura militar regionalista que perduró, condicionada por forzados
atenuantes internacionales, hasta el 18 de octubre de 1945, contribuyó con su
obra de historiador, si bien un tanto veladamente, a la comprensión de que ha
sido la tenacidad de los civiles, demostrada en la pretensión de establecer
instituciones, la que ha dado forma y continuidad a la República. En
consecuencia, cabe colegir que la consolidación y el perfeccionamiento de la
República liberal democrática, a partir de los acontecimientos de 1958,
completó el desvelamiento de la ficción militarista pseudo republicana. Por
eso no corren los militares que hoy controlan el Estado, y han tomado por
asalto la Administración pública, al trabajar en la demolición de la
República, el riesgo de destruir su propia obra
La segunda operación consiste en intentar trivializar la historia de
Venezuela, sacando de contexto personalidades históricas en extremo
disparejas, como las de Bolívar, Zamora y Guaicaipuro; recomendando engendros
pseudo históricos, tales como la unidad revolucionaria Marx-Bolívar-Lenin o el
pensamiento socialista Bolívar-Fidel-Ché Guevara; fabricando actores sociales
discriminatorios y segregacionistas tales como sociedades originarias y los
afrodescendientes; elaborando ficciones peliculescas como la resistencia
indígena contra el imperialismo español; y, para colmo, lanzando el señuelo
del magnicidio bolivariano. El triste balance de este esfuerzo es que se ha
pasado del frustrado golpe militar antirepublicano del 4 de febrero de 1992,
al minado de la República liberal democrática, -hoy socialmente vigente-; y al
uso ventajista del Poder público para intentar falsificar nuestra historia.
Sólo que para ello el militarismo no ha contado con la contribución de ningún
historiador que respeta su oficio; lo que le ha llevado por el despeñadero del
absurdo, hasta caer en el ridículo nominalismo irrespetuosamente indigenista.
Por ello se ha montado un ente burocrático que busca incorporar la que fuera
la historiografía oficial, ahora cubanizada, al aparato de control político e
ideológico estatal.
La tercera operación consiste en la fabricación de coartadas supuestamente
historicistas, tales como el derecho del primer ocupante, el imperialismo
español, el antiimperialismo de Simón Bolívar y la reencarnación del espíritu
de Bolívar, esta última como la predicó un profesor de filosofía, desplegando
la desfachatez y el entreguismo a que pueden llegar los áulicos civiles del
militarismo, en su puja intragremial: …”?Cómo es posible que se niegue, tan
siquiera, el preclaro deber de reencarnar el espíritu de Bolívar, ese clamor
tan estupendo, límpido y recio de no envainar jamás la espada hasta que la
libertad de la patria no (sic) esté asegurada?”… (J. R. Núñez Tenorio,
Reencarnar el espíritu de Bolívar. Caracas, editorial Panapo, 1988, p,15).
La cuarta operación, en la que se conjugan las precedentes, consiste en el
montaje de una perversa empresa de desorientación de la conciencia histórica
del ciudadano venezolano, fundada en la manipulación de tres correlaciones
histórico-jurídicas: Una es la perversión de la correlación entre
Independencia y Libertad. Otra es el desdén de la correlación entre legalidad
y legitimidad. Y, la más alevosa, el desconocimiento de la correlación entre
el ejercicio del sufragio y la expresión obligante de la soberanía popular. El
tratamiento crítico de cada una de estas correlaciones exigiría prolongadas y
detalladas consideraciones. Consciente de los riesgos que implica toda
simplificación, trataré de condensar algunos señalamientos que estimo
primordiales.
La perversión de la correlación entre Independencia y Libertad, ha servido de
coartada a los regímenes de la República liberal autocrática, vigente desde
1830 hasta 1945; -incluidos su postrera degradación como dictadura liberal
regionalista, durante casi toda la primera mitad del siglo XX; el rebrote de
esta última como la dictadura militar desarrollista de la década 1948-1958, y
el nuevo y actual rebrote militarista-bolivariano-, para secuestrar la
soberanía popular, y volver una gracia el ejercicio de las libertades públicas
básicas y el disfrute de los derechos humanos, comenzando por la Libertad. Han
establecido una suerte de coto cerrado, mediante la mañosa proclamación de la
necesaria defensa de la Independencia nacional, para oprimir a la sociedad
con holgura.
El desdén de la correlación entre legalidad y legitimidad no cede en alevosía
política a la establecida entre Independencia y Libertad, pero sí la aventaja
en el grado del atropello del sentido histórico-jurídico. La instauración de
la República se desenvolvió en medio de una disputa en torno a la Monarquía
absoluta. Parecía estar fuera de dudas la legitimidad de esta última, puesto
que era la expresión de la voluntad divina. Se planteaba, en cambio, la
necesidad de embridar la Monarquía mediante un aparato de legalidad que se
extendió desde las denominadas Leyes fundamentales del Reino hasta la
Monarquía constitucional establecida fugazmente de 1812. El genuino creyente
que fue Juan Germán Roscio consideró necesario cuestionar el origen divino de
la Monarquía absoluta, preservando los fueros de la Fe. En cambio, la
República no puede nacer sino de la legalidad. Por eso es consubstancialmente
constitucional, y la legalidad resultante, en concordancia con los principios
de la ética y la moral, provee la legitimidad. Esto significa el requisito de
la legitimidad como refrendo de la legalidad. Sólo que si bien la legalidad ha
de corresponderse con el proceso de formación, ejercicio y finalidad del Poder
público, la legitimidad de ese poder dimana ejercicio de la soberanía
popular, y ésta ha de expresarse libremente como condición, como distintivo y
como responsabilidad del Poder público, y ha de estar protegida de toda suerte
de despotismos mediante la separación de los poderes públicos, la autonomía
de los poderes locales descentralizados, y la salvaguarda judicial de la
constitucionalidad. Es decir, por los atributos fundamentales de la República
liberal democrática y las áreas de validación de los derechos del ciudadano.
De allí la tercera correlación, la más alevosamente desvirtuada. Es la
establecida entre el mero acto del sufragio y el ejercicio de la soberanía
popular. En otras palabras, me refiero a la nefanda reducción del ejercicio de
la soberanía popular al acto de depositar un voto, aunque en ello desembocara
un proceso electoral ventajista y amañado; y al hacer de éste ejercicio el
origen de una suerte de mandato vuelto absoluto en su ejercicio, ilimitado en
su alcance y perfecto, al amparo de una sumisa validación legislativa y
judicial; todo hasta el punto de que el mandatario pueda cobijar la empresa de
demolición de su legalidad originaria mediante la perversión de la figura de
la dictadura comisoria, disfrazándola de Ley habilitante de desmesurada
vigencia y no circunscrita al restablecimiento del ordenamiento social
requerido para el pleno funcionamiento del la constitucionalidad. Este abuso
ha sido llevado hasta el punto de hacer que casi parezca menos ilimitado el
absolutismo monárquico. Mediante la concentración del Poder público, así
lograda, puede el mandatario simular legalmente su correspondencia con la
soberanía popular, no libremente expresada ésta sino intuida por quien,
personificando el Poder público, se proclama no ya representante de la
soberanía popular, -por ser su mandatario-, sino su personificación. Nada
lejos quedaría el punto en que el autócrata así construido podría prescindir
del Yo soy el Estado, a la usanza del más absoluto de los monarcas absolutos,
para valerse del Yo soy el pueblo, propio del dictador o fuhrer, sea
fascista, nazi, estalinista o fidelista.
En suma, el objetivo es la demolición de la República para reemplazarla por un
Estado autocrático fundado en el atavismo monárquico-absolutista, que rige la
mentalidad del militarismo-socialismo, y debo advertir que en esta
antihistórica fórmula pongo socialismo con letra bastardilla para significar
su condición de inauténtico.
* * * *
A la manera de
Suetonio, diré que hasta ahora he hablado del crimen que se trama, y de
quienes están dispuestos a cometerlo. Hablaré ahora, si bien brevemente, de
dos circunstancias que no sólo parecen haber hecho posible ese crimen, sino
que, en cierto grado, pudieron haberlo propiciado. Para ello intentaré
despejar el camino de supuestas y especiosas justificaciones.
Una circunstancia, la más común, se sintetiza en un dicho: el agotamiento del
modelo. La otra se resume en la creencia de que la sociedad venezolana no ha
madurado lo suficiente como para que un sistema sociopolítico complejo pueda
funcionar regularmente; y se da por sentado que el sistema republicano moderno
es más complejo que el monárquico constitucional-.
Tras el primer argumento se advierte, de inmediato, un flaco conocimiento
histórico de la República liberal moderna, al igual que de las posibilidades
históricas de su asociación, simbiótica y simbólica, con la Monarquía. Tras el
segundo argumento se advierte una grave carencia de sentido histórico, en lo
concerniente tanto a la dinámica de continuidad y ruptura que rige el proceso
histórico, como a su ritmo crecientemente acelerado.
El que llegó a convertirse casi en un lugar común, es decir el agotamiento del
modelo, -para referirse no sólo a la República liberal democrática, sino
incluso al propio régimen sociopolítico republicano-, parece suponer que tal
modelo ha tenido tiempo para cumplir su ciclo histórico de formulación,
institucionalización, funcionamiento y, eventualmente, crisis. Olvidan, al
efecto, que la República liberal moderna es de reciente data, y subestiman el
hecho revelador de que la crisis general del socialismo ha despejado el
terreno para la consolidación de la vigencia de la República liberal
democrática, como lo prueba su instauración en más de una decena de naciones
de la Europa oriental. Pero cabría pensar que quienes emplean esa vaga
formulación no la refieren a la República popular representativa, -al menos no
expresamente-, y quizás ni siquiera a la República liberal democrática, pues
hasta ahora ninguno de los aportes socialmente significativos de esta última
ha podido ser abolido. Cierto que se les ha adulterado, falseado y hasta
desvirtuado, en el plano institucional; pero no erradicado en lo social. En
nuestro caso, el más representativo de esos aportes es la nueva conformación
de la soberanía popular, contemplada en el ya mencionado Estatuto electoral de
1946, que dio paso a las elecciones genuinamente democráticas de nuestra
historia, amparadas en el más extendido y radical acto de inclusión social de
nuestra historia.
Así, el argumento, esencialmente antirrepublicano, que en el pensamiento y la
palabra de políticos superficiales y escritores metidos a historiadores,
-todos amantes del orden-, porta una fuerte carga de insatisfacción y de
rechazo respecto del sistema sociopolítico republicano, fue tomado por los
herederos del militarismo tradicional y los náufragos del socialismo
autocrático, y convertido en una ideología de reemplazo. Así lo anuncié y
analicé en un seminario de graduados que dirigí en 2001, intitulado El
bolivarianismo-militarismo. Una ideología de reemplazo. Sólo que hace siete
años los indicios permitían comprender que se trataba de una estrategia para
llegar al poder, una vez derrotado el golpe militar del 4 de febrero de 1992.
No percibí indicios suficientes para suponer que la vehemencia puesta en
afirmar que el objetivo era establecer una verdadera democracia encubría una
agenda secreta que consistía en demoler la República, y substituirla por un
Estado militar-militarista, instaurado mediante la reivindicación de un
anacrónico socialismo autocrático.
La segunda explicación invoca la inmadurez de la sociedad venezolana. Es una
versión actualizada de la formada por sociólogos e historiadores de la primera
mitad del Siglo XX, que nos declaró inaptos para el ejercicio de la
democracia, -haciéndose eco extrapolado del Simón Bolívar de Angostura-, y por
lo mismo condenados a ser la cauda del hombre necesario. Se comenzó a revocar
esta sentencia con la fundación de la República Liberal democrática, en
1945-1948, es decir hace apenas sesenta años, si tomamos el lapso como una
cifra consolidada. Se inició así la etapa decisiva de “La larga marcha de la
sociedad venezolana hacia la democracia”, que consiste en la formación de una
sociedad genuinamente democrática, y por lo mismo compuesta de ciudadanos,
amos en el ejercicio de sus derechos y responsables en el cumplimiento de sus
deberes. Con el propósito de impedirlo se trabaja para desarticular la
sociedad, convirtiéndola en una masa de dependientes del Poder personalizado,
receptores de gracias y limosnas.
* * * *
En este orden
de ideas lo que cabe subrayar es que en el breve lapso de poco más de medio
siglo la República liberal democrática ha superado duras pruebas, sin
detenerse en su desarrollo y consolidación en la sociedad. Esta fuerza le
permite enfrentar hoy la ofensiva lanzada contra ella en cuanto representa la
combinación de la modernización y democratización del Estado con la
profundización social de la democracia; es decir con la descentralización del
Poder público, concebida como una escuela de democracia practicada en sus dos
sentidos esenciales. En primer lugar, substituyendo el mandar, que es propio
de la autocracia, por el gobernar, que es lo propio de la democracia. En
segundo lugar, pero desarrollándose simultánea y conjugadamente con el
primero, colocando a todos los niveles de la sociedad en el trance de
funcionar democráticamente, como requisito para el ejercicio determinante y
responsable de la soberanía popular. Para el efecto quizás convenga tener
presente un comprobación del mismo autor cuyo pensamiento político encabeza
estas líneas: …”nada pudre más a una nación como la permanente rencilla
doméstica y como la irritación del pueblo contra gobiernos que se empecinan en
cerrarle las puertas de la legalidad provocándolos tácitamente a tomar por el
atajo de la violencia.” (Rómulo Betancourt, “Politiquería en el Congreso”.
Rómulo Betancourt, Antología política. Volumen segundo, 1936-1941, p. 533).
En esto consiste la fuerza de la democracia republicana, bastión contra el
cual se estrellará la estrategia dirigida a demoler la República, y hago esta
afirmación prescindiendo de los resultados del acto electoral del próximo 23
de noviembre, porque ya la democracia venezolana sobrevivió, hace cuarenta
años, a otro noviembre, sólo que el 24.
Caracas, 12-13 de octubre de 2008.
german.carrera.damas@gmail.com

Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia
nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana
hacia la democracia”. 3º Mensaje histórico: “Recordar la democracia”. 4º
Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la
democracia?”. 5º Mensaje histórico: “El ‘punto de quiebre’ ”. 6º Mensaje
histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º Mensaje histórico: “El
discurso de la Revolución”. 8º Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso
histórico por las sociedades aborígenes? O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º
Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La
historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje
histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde
quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia.
14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la
democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para
intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera
Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs República
liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos
históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico:
El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje
histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción
civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que
no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones
para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar
la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula
Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La
presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del
Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º
Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje
histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje
histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: "Las
migraciones no controlables". 33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen
militar chocará con el legado de Betancourt”. 34º Mensaje histórico: La
Democracia: un asunto de los pueblos. 36º Mensaje histórico: “Mi voz de alerta:
!La República está amenazada!“Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron
recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes
históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala de Cuervo, 2006.
…”NADA PUDRE MAS A UNA NACION”…
Germán Carrera
Damas
Escuela de
Historia
Universidad Central de Venezuela
14-11-2008
A
diario se acumulan las pruebas, admitidas incluso por altos voceros oficiales,
de que la sociedad venezolana no goza de buena salud. Al creciente, y ya
insoportable, deterioro de la calidad de vida, contribuye de manera
determinante el consiguiente y generalizado ambiente de pérdida de confianza
en las instituciones, que expresa, a su vez, la certidumbre de que quienes
manejan el Estado no procuran el bien público, o no son capaces de hacerlo. A
la atención de éstos quizás sea oportuno recordarles lo que sigue: …”nada
pudre más a una nación como la permanente rencilla doméstica y como la
irritación del pueblo contra gobiernos que se empecinan en cerrarle las
puertas a la legalidad, provocándolos tácitamente a tomar por el atajo de la
violencia.” (Rómulo Betancourt, “Politiquería en el Congreso”. Caracas, 28 de
junio de 1941. Rómulo Betancourt, Antología política. Volumen segundo,
1936-1941. Caracas, Fundación Rómulo Betancourt, 1995, p. 533).
Caracas, 13 de noviembre de 2008.
german.carrera.damas@gmail.com

Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia
nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana
hacia la democracia”. 3º Mensaje histórico: “Recordar la democracia”. 4º
Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la
democracia?”. 5º Mensaje histórico: “El ‘punto de quiebre’ ”. 6º Mensaje
histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º Mensaje histórico: “El
discurso de la Revolución”. 8º Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso
histórico por las sociedades aborígenes? O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º
Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La
historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje
histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde
quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia.
14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la
democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para
intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera
Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs República
liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos
históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico:
El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje
histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción
civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que
no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones
para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar
la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula
Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La
presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del
Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º
Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje
histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje
histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: "Las
migraciones no controlables". 33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen
militar chocará con el legado de Betancourt”. 34º Mensaje histórico: La
Democracia: un asunto de los pueblos. Nota: Estos mensajes, hasta el número
13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia
(Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala de Cuervo, 2006.
MI VOZ DE ALERTA: ¡LA REPÚBLICA ESTÁ
AMENAZADA!
Germán Carrera
Damas
Escuela de
Historia
Universidad Central de Venezuela
08-11-2008
1.-
No soy un experto en Derecho
constitucional, pero nuestra historia me ha enseñado que hay dos condiciones
necesarias para la existencia de la República.
Una condición es la separación de los Poderes públicos. Ella es la más
importante de las garantías contra el retorno del absolutismo. Este último
estuvo vivo en Venezuela hasta 1945. Primero en el seno de la República
liberal autocrática, vigente desde 1830. Luego en el de la forma degradada de
tal República que fue la Dictadura liberal regionalista que ocupó casi toda la
primera mitad del siglo XX.
La otra condición es el ejercicio libre y efectivo de la soberanía popular. Es
la única fuente legal y legítima del Poder público republicano. La soberanía
popular estuvo secuestrada desde 1828, en la fase terminal de la República de
Colombia, moderna y liberal. Así permaneció en la República separatista de
Venezuela hasta ser rescatada en virtud del Estatuto para la elección de
Representantes a la Asamblea Nacional Constituyente, promulgado el 28 de marzo
de 1946.
2.- En Venezuela ya ha sido conculcada la separación de los Poderes públicos,
incluso en su más directa expresión, el Poder Legislativo. Y se ha venido
atentando contra la soberanía popular tanto en la formación como en el
ejercicio y la finalidad del Poder público, que deberían corresponderse con la
expresión plena de esa soberanía.
3.- En esta política de zapa del ordenamiento sociopolítico republicano
sobrevive, aunque mediatizada por el ejercicio absolutista del Poder
Ejecutivo, en todas sus instancias, la obligación de consultar la soberanía
popular, aunque sea mediante procesos electorales montados con mañosa
legalidad y desnudos de legitimidad.
4.- Los resultados electorales del 2 de diciembre de 2007, -todavía sin ser
informados en su precisa cuantificación por el organismo gubernamental
electoral-, demostró que, a pesar de sus características, la voluntad
democrática de la sociedad puede hacer que tales ineludibles consultas
comiciales arrojen resultados impredecibles para quienes trabajan en
desvirtuar la soberanía popular.
5.- Por estas razones los demoledores de la República han venido intentando
montar una Administración pública paralela de la constitucional. Esta trama
ha desembocado, como los vestigios de la Administración pública
constitucional, en un pantano hecho de desorden, ineficacia, corrupción y
subversión de elementales valores sociales.
6.- El régimen militar-militarista se encuentra prisionero de su incapacidad
para penetrar el tejido social, -más aún para controlarlo-, en la medida
requerida para lograr sus objetivos de concentración absolutista del Poder
público.
7.- El régimen militar-militarista quiso superar esta dificultad constituyendo
el Partido único, con un triste resultado. La Historia enseña que tal cosa
fue posible en sociedades profundamente afectadas por calamidades políticas y
perturbaciones sociales y económicas, que buscaron remedio en regímenes que
demostraron capacidad de restaurar el orden y probar eficiencia, aunque fuese
a un alto costo en libertades y derechos humanos: Italia y Alemania
nazi-fascistas son dolorosos ejemplos, y ello, sin dejar de señalar que tales
partidos, decretados políticamente y sustentados con los dineros públicos,
vivieron lo que los regímenes autoritarios que los crearon artificialmente.
8.- En esta Venezuela democrática no existía ese cuadro de malestar social y
económico y desconcierto político; ni el actual recurso salvacionista ha dado
muestras de orden y eficiencia. Antes por el contrario, ese recurso ha
acentuado los alegados déficits en esos terrenos. Día a día la caótica
realidad creada por el militarismo desmiente su empeño en descalificar el
régimen sociopolítico democrático establecido por la soberanía popular.
9. El próximo 23 de noviembre ha de cumplirse una obligación republicana
constitucional que el régimen militar-militarista no podría eludir sin
ahogarse en la infracción de su propia legalidad.
10.- Ante los indicios adversos, y los pronósticos desalentadores, ese régimen
ha tomado provisiones consistentes en el montaje, seudo legal, de un Estado
militar-militarista, que le permitiría intentar seguir adelante en su
propósito de concentración absoluta del poder, prescindiendo de los resultados
de la consulta electoral del próximo 23 de noviembre.
11.- Para este efecto debería funcionar, si el inherente desorden e
insuperable ineficiencia del régimen militar-militarista lo permitieran, la
virtual ocupación militar de la República, ya diseñada.
12.- La activación de ese dispositivo militar-militarista permitiría dejar
languidecer el Gobierno civil descentralizado y los vestigios de la
Administración pública constitucional, mientras sirven de escudo, al poder
absoluto, ante las reivindicaciones ciudadanas impulsadas por el deterioro de
las condiciones de vida y de funcionamiento social.
13.- Así, el resultado sería demoler la estructura jurídico-política
republicana conservando el cascarón, como ha sucedido en Cuba.
14.- Pero esta estrategia no ha valorado adecuadamente la autenticidad de los
logros de la sociedad venezolana en su larga marcha hacia la Democracia,
logros que han significado su avance hacia su conversión en una sociedad
genuinamente democrática, voluntad que habrá de imponerse en esta próxima
prueba comicial, y que no podrá ser alterada por quienes marchan a contrapelo
del devenir histórico.
Caracas, 5 de noviembre de 2008.
german.carrera.damas@gmail.com

Primer Mensaje histórico:
“En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje
histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”.
3º Mensaje histórico: “Recordar la democracia”. 4º Mensaje histórico:
“¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º Mensaje
histórico: “El ‘punto de quiebre’ ”. 6º Mensaje histórico: “Entre la
independencia y la libertad”. 7º Mensaje histórico: “El discurso de la
Revolución”. 8º Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las
sociedades aborígenes? O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico:
Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído
en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas
salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela?
13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia. 14º Mensaje
histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. 15º
Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar
comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas. 17º
Mensaje histórico: República liberal democrática vs. República liberal
autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos
históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico:
El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje
histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción
civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que
no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones
para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar
la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula
Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La
presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del
Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º
Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje
histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje
histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: "Las
migraciones no controlables". Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron
recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes
históricos y otros textos). 33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen militar
chocará con el legado de Betancourt”. Nota: Estos mensajes, hasta el número
13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia
(Mensajes históricos y otros textos).Caracas, Editorial Ala de Cuervo,
2006.
LA DEMOCRACIA: UN ASUNTO DE LOS PUEBLOS
Germán Carrera
Damas
Escuela de
Historia
Universidad Central de Venezuela
04-11-2008
La
Segunda Guerra Mundial fue, seguramente, el más universal de los
acontecimientos sociopolíticos vividos hasta entonces por la Humanidad. Parece
posible afirmar que no quedó un rincón habitado del planeta que no fuese
afectado de inmediato, directa o indirectamente, en mayor o menor grado, tanto
por sus expresiones militares e ideológicas, como por sus repercusiones
políticas, económicas y sociales. Su desenlace atómico no sólo consolidó la
universalidad del acontecimiento, sino que lanzó esa universalidad por una
proyección abierta que ha sido, desde entonces, el fantasma que más aterra a
la Humanidad.
Es obvia la significación de la Segunda Guerra Mundial como la primera y
primordial derrota infligida al totalitarismo, en sus dos más agresivas
derivaciones del socialismo, el fascismo y el nacionalsocialismo. Lo es
también en su proyección hacia la confirmación de un orden mundial articulado
sobre bases que tienden a lo igualitario y democrático, en las relaciones
internacionales, y a lo genéricamente humanitario en lo concerniente a los
derechos del hombre. Parece posible afirmar que a la existencia de este
ordenamiento puede atribuirse el hecho de que el cruento y generalizado
episodio denominado La Guerra fría no desembocase en una abierta, y
posiblemente terminal, conflagración mundial.
Pero mis palabras no estarán dirigidas a explorar estos fundamentales aspectos
de la cuestión que motiva este Foro. Lo estarán a proponer a la consideración
de Ustedes un resultado de la Segunda Guerra Mundial que, en lo concerniente a
los venezolanos, ha pasado inadvertido. Lo enunciaré de esta manera: la
democracia venezolana es una de las tres grandes democracias resultantes de
esa guerra, compartiendo esa condición con Japón e India; y con ello la
instauración del régimen sociopolítico democrático en escenarios que parecían
muy poco propicios a ese efecto. En el caso de los venezolanos, se había
llegado a considerarnos histórica y socialmente incapacitados para el
ejercicio de la democracia, y por ello condenados a padecer dictaduras y
veladas tiranías.
Y es al caso de la democracia venezolana que deseo referirme. En la Larga
marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia es posible distinguir dos
grandes etapas. Una etapa ha consistido en la instauración de un régimen
sociopolítico democrático. Los antecedentes pueden hallarse a mediados del
siglo XIX, pero su realización ocurrió a partir del 18 de octubre de 1945,
justamente al término de la Segunda Guerra Mundial. Llegó a su término,
igualmente, la dictadura liberal regionalista que imperaba desde el comienzo
mismo del siglo XX. Los hombres que impulsaron ese histórico cambio tuvieron
clara comprensión del momento internacional que vivían, y de las expectativas
que, en parte debido a ello, podían abrigar. En un discurso pronunciado el 6
de mayo de 1945, el más representativo de esos hombres, Rómulo Betancourt,
dijo: …”Desconfiamos confesamente de los gobiernos que están moldeando la paz,
pero creemos, con apasionada y militante fe, en los pueblos de Europa, de
Asia, de América que con su energía colectiva serán capaces de forjar un mundo
mejor, de hacer cumplir la Carta del Atlántico, de transformar las cuatro
libertades rooseveltianas en norma de convivencia humana, ahora que corren el
riesgo de servir apenas como pie forzado de oraciones necrológicas, vertidas
sobre la fosa recién abierta del gran estadista estadounidense.” A lo que
añadió una expresión de firme convicción: “Nosotros creemos que la post-guerra
abre para todos los pueblos del universo magníficas perspectivas y grandes
posibilidades. Entre ellas hay una fundamental; libre cancha para el
desarrollo democrático de las naciones, porque si algo ha quedado liquidado
definitivamente, o cuando menos por algunas décadas, en esta sangrienta
contienda, ha sido la tesis providencialista del ‘jefe único’”… (Rómulo
Betancourt, Rómulo Betancourt. Antología política, volumen tercero,
1941-1945, p. 305).
Los requerimientos de la lucha contra el fascismo llevaron a la producción de
los dos documentos que acabo de mencionar. Uno, la Doctrina de las cuatro
libertades, formulado por Franklin Delano Roosevelt. El otro, la Carta
del Atlántico, suscrito por el ya mencionado y Winston Churchill. En su
contenido vieron los demócratas venezolanos la garantía de la
autodeterminación de los pueblos y la legitimación de la aspiración
democrática, y actuaron en consecuencia. Infortunadamente para otros pueblos,
esos documentos, presentes en las conferencias de Teherán y Yalta, vieron
agostarse su fuerza, hasta perderla del todo, en el infame reparto de zonas de
influencia; mientras nuestra naciente democracia sufría un transitorio colapso
en aras de la Guerra fría.
Pero la Historia es tenaz, y la democracia apresuradamente sembrada en el
lapso 1945-1948, arraigó, y superando reiteradas y dolorosas agresiones, tras
casi cuatro décadas de vigencia, reveló los requerimientos de la que
constituye la segunda gran etapa de la fase final de la Larga marcha de la
sociedad venezolana hacia la democracia. Se hizo patente que la democracia,
por no ser sólo un régimen jurídico-político sino, sobre todo, un tejido
orgánicamente sociopolítico, no radica en las instituciones, -por ser éstas
siempre intimidables, corruptibles o desnaturalizables-, sino en la sociedad.
En suma, que sólo una sociedad genuinamente democrática puede ser el asiento
de un régimen sociopolítico democrático, consolidado y auto perfeccionable. Y
en impulsar la formación de esa sociedad estamos ocupados hoy los venezolanos
que oponemos nuestra determinación democrática a las pretensiones,
confesamente absolutistas, de quienes atentan contra la República liberal
democrática.
No estamos solos en esta lucha, como tampoco somos la única sociedad
amenazada por los que René Felber, Presidente de la Confederación Helvética,
denominó los viejos demonios, exacerbados por los sobrevivientes de los
regímenes autoritarios derrotados en 1945, coludidos con los ahora náufragos
del socialismo autocrático.
Los pueblos hermanos del Este de Europa viven el trance de disipar, en su
seno, las secuelas de un pasado reciente que puso medio siglo de distancia
entre la aspiración de democracia y libertad, que se esperaba después de la
derrota del nazifascismo, y la instauración de un régimen sociopolítico
democrático. También el pueblo venezolano vive hoy la amenaza de viejos
demonios, atávicos y sobrevivientes de los regímenes derrotados en La
Guerra fría, confabulados contra su democracia.
Esos pueblos, aquí dignamente representados, advierten con cada día mayor
claridad, como lo hace el venezolano, que la vigencia de un régimen
sociopolítico democrático sólo es posible mediante la conformación de una
sociedad genuinamente democrática. Tal es la lección que brinda la historia
contemporánea: la democracia es un asunto de los pueblos.
Caracas, 2 de noviembre de 2008
Nota: Ponencia presentada en el Foro “La Democracia: un asunto de los pueblos”, organizado por el Instituto Respekt Cas La Venezuela, Grupo de extensión Universidad Central de Venezuela. Ponentes: Germán Carrera Damas, Embajador, Historiador {Venezuela), Philip Dimitrov, Ex Primer Ministro, Diputado y Embajador (Bulgaria), Jan Rumli, Líder de la Revolución de Terciopelo, ExMinistro del Interior (República Checa), Eduard Kukan, Embajador, ExMinistro de Relaciones Exteriores (República de Eslovaquia), Fredo Arias King, sovietólogo, Milos Alcalay, Embajador (Venezuela) y video conferencia de Vaclav Havel, Líder de la Revolución de Terciopelo, Expresidente de la República (República Checa). La participación de Lech Walesa, Premio Nobel de la Paz y ExPresidente de la República (Polonia), fue impedida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela. Caracas, Universidad Central de Venezuela, 3 de noviembre de 2008.
german.carrera.damas@gmail.com

Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º Mensaje histórico: “Recordar la democracia”. 4º Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º Mensaje histórico: “El ‘punto de quiebre’ ”. 6º Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes? O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia. 14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs República liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: "Las migraciones no controlables". Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala de Cuervo, 2006.
Entrevista realizada por Gloria M. Bastidas
EL 23-N EL REGIMEN MILITAR CHOCARA
CON EL LEGADO DE BETANCOURT
Para El Nacional. Caracas, 19 de Octubre de 2008
Germán Carrera
Damas
Escuela de
Historia
Universidad Central de Venezuela
Al
cumplirse 63 años de la Revolución de Octubre, el historiador hace un balance
de la gesta del fundador de AD y advierte que el gran obstáculo que se le
presenta a este gobierno para su propósito de "concentración absoluta del
poder" no es, propiamente, el ejercicio de la democracia, sino algo que es
consustancial con la República: la soberanía popular.
Germán
Carrera Damas coloca frutas a los pájaros que revolotean en la terraza de su
apartamento y luego clava la mirada en los animales con la curiosidad de un
zoólogo. "Mire, están comiendo", dice, mientras se apresta a sumergirse en el
reino de la historia. Su reino.
La Fundación Rómulo Betancourt acaba de publicarle una joya titulada La
primera república liberal democrática (1945-1948). Nada más la portada del
libro conmueve. Se muestra allí una foto de El País (diario de AD editado en
los años cuarenta) en la que aparece una mujer, con
su pequeña hija en brazos, depositando su voto en una urna que tiene un
aspecto artesanal. Es una imagen en sepia, lo que ya inspira una cierta
melancolía. Pero lo otro que toca las fibras íntimas de quien la observa es
que esa gráfica recoge un momento estelar de la historia de Venezuela. Fue
tomada el 27 de octubre de 1946, es decir, cuando se celebraron las
elecciones para designar a los miembros de la Asamblea Nacional
Constituyente, y las mujeres también los analfabetos y los jóvenes se
estrenaban en el acto de consignar una papeleta para decidir el destino del
país. De todo ésto y más habla el autor de
El culto a Bolívar, y miembro del Movimiento 2D, en esta entrevista.
¿Por qué sostiene con tanta convicción que el 18 de Octubre no fue un mero
golpe de Estado sino que produjo una revolución?
La aparición de la primera república liberal democrática fue el
resultado de una confabulación de fuerzas militares y civiles para derrocar a
un gobierno que estaba establecido en función de una determinada
constitucionalidad o legalidad. No podemos disminuir la significación de ese
hecho. Pero lo que llega a ser definitivo es el saldo histórico. Nunca he
dejado de admitir que aquello fue una conspiración. Sin embargo, los actos
iniciales de aquella conspiración ya revelaban un propósito que la
diferenciaba de todo lo anterior. Uno de los primeros decretos de la Junta
Revolucionaria de Gobierno establecía que ninguno de sus miembros podía
postularse para las elecciones presidenciales que habrían de celebrarse
posteriormente. Betancourt era un joven político que se venía preparando
desde hacía muchos años para llegar al poder. ¿Cómo es posible que este
hombre, que de pronto se encuentra en la condición de presidente de la Junta
Revolucionaria de Gobierno, tuviera conciencia de que su condición era de
facto? Es sólo después de que se reúne la Asamblea Nacional Constituyente
cuando se le designa presidente provisional. Pero, apenas se instala el
Congreso, depone el mando ante él. No intenta perpetuarse en el poder.
¿Qué otra cosa rescataría del trienio?
Aquel movimiento comienza por replantear en sus raíces el proceso de
formación del poder. El poder deja de ser una atribución de un pequeño grupo
social y pasa a manos de la totalidad social. Lo esencial de lo actuado entre
1945 y 1948 es que se rescata la soberanía popular, que estaba secuestrada
desde que Bolívar estableció la dictadura comisoria en 1828 y que había sido
sustituida por un aparato legal, constitucional, es cierto, pero que la
limitaba a un reducido club electoral. Ahora votan las mujeres, los
analfabetos y los menores de 21 años, es decir, aquel 90% de la sociedad
venezolana que estaba al margen de las decisiones. Y ese paso indica que lo
que había de tradicional en la forma de acceso al poder es un hecho
anecdótico porque lo fundamental es lo que se está sembrando. Ninguno de los
cambios introducidos por la primera república liberal democrática ha podido
ser derogado hasta el día de hoy. Falseado, adulterado, violado sí. Pero no
derogado.
La primera república liberal democrática, sin embargo, sufre un eclipse
desde 1948 hasta 1958, cuando nace lo que usted llama la segunda república
liberal democrática…
Planteo lo de la segunda república liberal democrática por una conveniencia
de periodificación histórica. Pero hay una continuidad notable entre ellas.
La primera república liberal democrática no desapareció: estaba en la cárcel,
estaba en el exilio, la mataron en San Agustín, pero estaba presente. La
primera república liberal democrática no sólo no había muerto: rebrota el 23
de Enero. ¿Pero cómo lo hace? En medio de un movimiento militar continuista.
La idea era un gobierno militar sin Pérez Jiménez, sin Pedro Estrada, pero
con una junta militar. Es la irrupción sorpresiva de la sociedad, donde
estaba sembrado el principio de la democracia, lo que altera aquello. Alguna
gente dice que el Pacto de Puntofijo tuvo un efecto negativo. No, el Pacto de
Puntofijo tenía dos caras. Por un lado, impedir el retorno de la dictadura
militar y, por el otro, fortalecer el frente de la democracia ante los
movimientos que de alguna manera buscaban subvertirla. La democracia es una
forma sociopolítica recién nacida, que encierra dos peligros.
¿Cuáles son esos peligros?
Uno es la demagogia. Por eso la democracia, para sobrevivir, necesita de
dirigentes muy lúcidos, muy firmes. El segundo riesgo es que la democracia
estimula el surgimiento y la expansión de demandas sociales. La demanda
social generada por el ejercicio de la democracia conspira contra su
consolidación. Porque esa demanda social, al expresarse libremente, y al
estar en la base de la formación del poder, puede influir o determinar el
curso mismo de la democracia. Después de tres décadas de ejercicio de la
democracia plena en Venezuela, vimos agigantarse la demanda social. Entonces
entró a operar allí ese atavismo que tenemos escondido en nuestro ser íntimo,
que es aquello que heredamos de tres siglos de monarquía: la idea de que es
la voluntad de un hombre la que puede hacer frente a las necesidades de la
sociedad. Y surge la figura de un líder, de un redentor, es decir, Fernando
VIII. Una sociedad agobiada por sus necesidades, que han sido exacerbadas por
el mismo desarrollo democrático, tiende a pensar en una solución
salvacionista.
La que vivimos...
Esa tendencia salvacionista llega al poder después de un intento de recurrir
al procedimiento tradicional del golpe, ése sí militar, porque el
continuismo militarista no ha cesado todavía. Y no sólo es la concentración
del poder en los militares, sino que es la apropiación de la administración
pública por los militares. Por eso digo que éste es un gobierno militar
militarista. Este régimen ha descubierto que el gran obstáculo para su
propósito de concentración absoluta y autoritaria del poder no es,
propiamente, el ejercicio de la democracia, sino su más absoluta
fundamentación: la soberanía popular. Pero la soberanía popular es
consustancial con la República. La monarquía emanaba de la voluntad divina;
la República emana de la soberanía nacional. De manera que si no se suprime
la soberanía popular no se puede llegar a una concentración absoluta del
poder. Lo que nosotros vamos a vivir el 23 de noviembre es un intento de
demolición de la República, no ya de la democracia. Para tú abolir la
soberanía popular ya no basta con que combatas la democracia. Tienes que
combatir la estructura institucional dentro de la cual la soberanía popular
es determinante: la República.
¿Y cómo se puede hacer eso?
Tú no puedes
decir: voy a restaurar la monarquía, pero sí puedes montar un aparato de
control, como el que se ha montado ahora con las regiones militares, que
permita colocar al poder civil en una posición subordinada. Ese futuro Estado
secuestraría la soberanía popular y la sustituiría por una nueva ficción. Esa
ficción ˆlo de nueva es relativoˆ es que se interpreta la voluntad del
pueblo. ¿Quién la interpreta? Aquella persona que está ungida por no sé sabe
qué poder para ser el intérprete de la voluntad del pueblo. Esto no es nuevo.
Esto fue Hitler. Esto fue Mussolini. Esto fue Franco. Esto fue Stalin. Esto
es Fidel Castro. ¿Elecciones para qué? Yo interpreto la voluntad del pueblo.
¿Por qué la interpreto? Porque yo soy el pueblo. Nosotros somos todavía, en
un gran sector de la sociedad, ciudadanos en formación, históricamente en
formación. Tenemos el súbdito allí. ¿Cuándo se reconoce la Independencia de
Venezuela? En 1845. Y justamente un siglo después se inaugura la primera
república liberal democrática. Es decir que, en definitiva, no estamos nada
lejos de nuestro pasado monárquico.
¿Y quién va a triunfar en la Venezuela que viene a partir del 23-N: la sombra
de Fernando VIII, la conciencia monárquica o el legado de Rómulo Betancourt,
la democracia?
El gobierno militar militarista no sólo no ha logrado incorporar a
nuevos sectores sociales, sino que ni siquiera ha logrado amedrentar a
aquellos que desde el primer momento le han dicho No. El 2 de diciembre eso
quedó bien claro. En este caso, la situación se plantea en mejores
condiciones que nunca. Lo que está en liza es el poder descentralizado. Y
hasta en el aparato autocrático hay gente contaminada de democracia. De tal
manera que el fracaso de este régimen en crear ese partido monolítico, que
daba por seguro, lo que nos está diciendo es que ese virus democrático está
mucho más expandido de lo que habíamos pensado. Hemos visto la rebeldía
interna. Quieren obedecer, pero no tanto. Todo intento de ir contra la
conciencia democrática arraigada en la sociedad venezolana está condenado al
fracaso. ¿Que puede ser costoso y doloroso? Eso es posible.
Pero el desenlace para mí, ya está dado. El 23 de noviembre próximo el
régimen militar militarista chocará contra el legado histórico democrático
de Rómulo Betancourt,
german.carrera.damas@gmail.com

EL
LEGADO
Germán Carrera Damas
Escuela de Historia
Facultad de Humanidades y Educación.
Universidad Central de Venezuela.
Primer
Mensaje
histórico:
“En
defensa
de las
bases
históricas
de la
conciencia
nacional”.
2º
Mensaje
histórico:
“La
Larga
marcha
de la
sociedad
venezolana
hacia la
democracia”.
3º
Mensaje
histórico:
“Recordar
la
democracia”.
4º
Mensaje
histórico:
“¿Zonas
de
tolerancia
de la
libertad
y guetos
de la
democracia?”.
5º
Mensaje
histórico:
“El
‘punto
de
quiebre’
”. 6º
Mensaje
histórico:
“Entre
la
independencia
y la
libertad”.
7º
Mensaje
histórico:
“El
discurso
de la
Revolución”.
8º
Mensaje
histórico:
¿Reanudación
de su
curso
histórico
por las
sociedades
aborígenes?
O ¿hacia
dónde
llevan a
Bolivia?
9º
Mensaje
histórico:
Cuando
Hugo se
bajó del
futuro.
10º
Mensaje
histórico:
¿La
historia
ha caído
en manos
de gente
limitada
e
imaginativa?
11º
Mensaje
histórico:
Las
falsas
salidas
del
temor.
12º
Mensaje
histórico:
¿Hacia
dónde
quiere
ir
Venezuela?
13º
Mensaje
histórico:
Defender
y
rescatar
la
democracia.
14º
Mensaje
histórico:
Sigue la
marcha
de la
sociedad
venezolana
hacia la
democracia.
15º
Mensaje
histórico:
En el
inicio
del
2007: un
buen
momento
para
intentar
comprender.
16º
Mensaje
histórico:
Las
historias
de
Germán
Carrera
Damas.
17º
Mensaje
histórico:
República
liberal
democrática
vs.
República
liberal
autocrática.
18º
Mensaje
histórico:
Sobre
los
orígenes
y los
supuestos
históricos
y
doctrinarios
del
militarismo
venezolano.
19º
Mensaje
histórico:
El vano
intento
de
enterrar
el
Proyecto
nacional
venezolano.
20º
Mensaje
histórico:
Demoler
la
República.
21º
Mensaje
histórico:
La
reducción
civilizadora
socialista
de las
tribus
indígenas.
22º
Mensaje
histórico:
Lo que
no se
puede
dar ni
quitar.
23º
Mensaje
histórico,
extraordinario:
Mis
razones
para
decir
No. 24º
Mensaje
histórico:
La
nueva
política
como
intento
de
burlar
la
historia.
25º
Mensaje
histórico:
Sobre el
23 de
Enero de
1958, en
el Aula
Magna de
la
Universidad
Central
de
Venezuela.
26º
Mensaje
histórico:
La
presencia
activa
de
Rómulo
Betancourt.
27º
Mensaje
histórico:
Librarnos
del
Siglo
XIX. 28º
Mensaje
histórico:
Repetición
del 8º
Mensaje
histórico.
29º
Mensaje
histórico:
“Lo que
fuimos,
lo que
somos y
lo que
seremos”.
30º
Mensaje
histórico:
“Los
ciudadanos
pasivos
están en
vías de
extinción”.
31º
Mensaje
histórico:
“La
revancha
de
Fernando
VII”.
32º
Mensaje
histórico:
Las
migraciones
no
controlables.
Nota:
Estos
mensajes,
hasta el
número
13,
fueron
recogidos
en un
pequeño
volumen
intitulado
Recordar
la
democracia
(Mensajes
históricos
y otros
textos).
Caracas,
Editorial
Ala de
Cuervo,
2006.
07-09-2008
Había
sucedido.
Sólo que
ahora
nos
costaba
mucho
mirar
hacia
delante,
y sobre
todo
hacerlo
sin que
el
intento
se viese
contrariado
por la
presencia
de una
realidad
que se
revelaba,
más y
más,
como una
perversa
combinación
de
estados
de
ánimo.
Se
barajaban
en esa
combinación
la
determinación
de
reanudar
la
marcha
interrumpida,
y una
casi
irrefrenable
ira
hecha
del
visible
contraste
entre
los
pasados
logros
convertidos
en
restos y
el
insoslayable
peso de
las
esperanzas
frustradas.
Bastaba
recorrer
el
fundo,
descuidado
y
malogrado,
para que
tal
combinación
amenazase
desbordarse,
abriéndose
cauces
de
desaliento.
Pero
tales
eventuales
desbordamientos
debíamos
asumirlos
como
llamadas
de
atención
para
despertar,
estimular
y
dirigir
determinadamente
las
reservas
de
confianza
en el
propio
esfuerzo,
y en
nuestra
probada
capacidad
de
creación.
Mucho
significaba,
para
estos
efectos,
el haber
mantenido
vivo el
recuerdo
de la
obra de
conformación
de la
nacionalidad
republicana
democrática,
realizada
durante
el
pasado
medio
siglo.
Sin
embargo,
no era
posible
atenuar,
ni menos
subestimar,
el
alcance
y la
proyección
de los
efectos
del
reciente
pasado.
Las
cercas
del
fundo,
descuidadas
o
deliberadamente
levantadas,
eran
traspasadas
impunemente
por
depredadores,
cuyas
incursiones
criminales,
impunes
y hasta
auspiciadas
por los
mismos
que
debían
reprimirlas
e
impedirlas,
mantenían
en
constante
desasosiego
a los
pacíficos
habitantes
del
desguarnecido
fundo.
Los
caminos
abandonados
y los
puentes
desplomados;
las
extensas
zonas
devastadas
por la
conjunción
de los
desastres
naturales
y la
incuria
gubernativa;
las
instalaciones
industriales
y
galpones
desiertos,
saqueados
y
ruinosos;
los
sembrados
invadidos
y los
rebaños
diezmados;
las
escuelitas
destartaladas;
los
dispensarios
abandonados;
el
teléfono
y el
correo
puestos
al
servicio
de la
incomunicación;
todo
sumaba
en un
cuadro
desolador
que, sin
embargo,
disimulaba
los más
profundos
y
duraderos
estragos
causados
por los
dislates
del
capataz
imprudentemente
designado,
confabulado
con sus
mayordomos
y peones
irresponsables,
que
habían
hecho
suya la
obra de
los
legítimos
propietarios
del
fundo,
quienes
habían
sido
sorprendidos
felonamente
en sus
aspiraciones
de un
futuro
mejor.
La lucha
contra
los
efectos
de tales
estragos,
más
temibles
porque
amenazaban
con ser
prolongados,
se
libraba
en el
ámbito
de la
conciencia
individual
y
colectiva.
Tenía
que ver
con la
capacidad
de
identificarlos
y de
situarlos
en una
perspectiva
de
comprensión
y de
superación,
despejándolos
de una
tupida
atmósfera
hecha de
ramplonería,
ridiculez
desbocada
y
substitución
del
respeto,
mutuo y
ajeno; y
por la
palabra
y el
gesto
zafio,
cuando
no soez.
Para lo
primero,
era
requisito
ubicar
los
agentes
nefastos
en su
condición
transitoria
y
circunstancial.
Tal
ocurría
con la
actitud
ante el
trabajo
productivo
y el
manejo
inteligente
y
prudente
de los
recursos,
tanto
individuales
como
colectivos.
Para lo
segundo,
era
necesario
restablecer
valores
morales
y
dimensiones
éticas
cuya
vigencia
había
sido
desacreditada
de
propósito,
palabra
y
acción,
ahogándola
en una
desenfrenada
y
ostentosa
corrupción,
y en un
insultante
despotismo.
Había
llegado
la hora
de
reagrupar
fuerzas
para
restaurar,
reordenar
e
impulsar
la vida
de
quienes
nunca
habíamos
perdido
la
confianza
en el
futuro
promisorio
del
fundo;
ni
siquiera
cuando
una
porción
de sus
legítimos
dueños
incurrieron
en la
ilusión
de
confiar
en un
capataz
jactancioso
y
felonamente
prometedor.
Para
esos
fines
era
necesario
que
comenzáramos
por
rescatar
los
vestigios
de la
lógica
que, por
vapuleada
y
escarnecida,
parecía
haberse
ausentado
del
fundo,
espantada
ante la
entronización
de su
afrentoso
adversario
la
ilogicidad.
Estábamos
persuadidos
de que
habría
de ser
dura,
pero no
irrealizable,
la tarea
de
rescatar
la luz
de la
palabra,
despojándola
de la
mentira;
y de
recuperar
la
credibilidad
de los
llamados
a
orientar
y
dirigir.
En suma,
de
lavarle
le cara
a la
República
para que
pudiese
mirarse,
confiada,
en el
espejo
de la
opinión
pública
libremente
expresada.
Comprendíamos
los
sobrevivientes
de aquel
naufragio
en
tierra,
que el
rescate
de la
lógica
debía
comenzar
por
hacer
un
puntilloso
balance
del
legado
in
solidum
que así
recibíamos.
Esto
suponía
comenzar
por
listar
lo que
de ese
legado
podía
ser
aprovechable,
de
alguna
manera,
para
restaurar
el
fundo; y
hacer de
ello
plataforma
del
renacer
procurado;
y con
ello
poder
saldar
las
deudas
contraídas
con la
genuina
voluntad
nacional,
restableciéndole
su
capacidad
de
decisión;
con el
derecho
al
bienestar
social,
asfixiado
por la
dilapidación
y la
ineficiencia
en el
uso de
los
recursos
públicos;
y con el
ejercicio
de la
soberanía
popular,
substrayéndola
de
sórdidos
nexos y
oscura
subordinación.
No fue
empeño
escaso
ni
productivo.
En vano
procuramos
identificar
lo que
en el
legado
podía
haber de
tangible,
y de
precisamente
determinable,
que
pudiese
servir a
tales
efectos.
Incurrimos
en la
ingenuidad
de
esperar
que algo
de lo
cuantiosamente
producido
por el
fundo
pudiese
haber
sobrevivido
al
dispendio,
la
corrupción,
la
improvisación
y los
maliciosos
destinos.
Persuadidos
de que
era
inútil
proseguir
en tal
esfuerzo,
los
legítimos
propietarios
del
fundo
nos
aventuramos
a
indagar
sobre lo
que de
intangible
hubiese
en el
indeseable
legado,
que
pudiese
servir a
la
recuperación
del
fundo; y
sólo
esto
hallamos:
la
actuación
de
quienes
habían
manejado
el fundo
a su
antojo
lo único
que
había
conseguido,
y que
nuestra
lucidez
valorase
como
útil,
era
haber
contribuido,
a contra
voluntad,
a
despejar
de
algunos
mitos y
falsas
creencias
el
pensamiento
colectivo
de los
habitantes
del
fundo.
Valido
de su
precario
pasado
militar,
el
capataz
que hizo
también
las
veces de
mayordomo
y hasta
de dueño
absoluto
del
fundo,
no sólo
practicó
un
insultante
despreció
por
quienes
no
participábamos
de ese
pasado,
fuésemos
o no
civiles.
Proclamando
a sus
seguidores
hacedores
del
orden,
en todas
sus
expresiones,
al
confundir
perversamente
el orden
con la
subordinación
y la
incondicional
obediencia,
hizo de
estos
oscuros
y
resentidos
seguidores
simple
prolongación
de un
omnímodo
poder
cargado
del más
eruptivo
desorden.
Una a
una,
instituciones
y
corporaciones
que
habían
sido
concebidas
como
deliberantes
y
autónomas,
se
hundieron
en un
pantano
hecho de
amedrentamiento,
logrerismo
y lucro
personal.
Las que
no se
inclinaron
ante el
despotismo
fueron
agredidas
mediante
la
artería
verbal y
seudo
jurídica
de
rábulas
agavillados.
Sólo
alcanzaron
a
sobrevivir
las que
asumieron
un alto
costo
ético, e
hicieron
gran
despliegue
de
firmeza
democrática.
Vaciados
aún de
la más
elemental
capacidad
autonómica,
los
cimientos
institucionales
del
fundo se
habían
disuelto
en la
desconfianza,
y hasta
el
desprecio,
de
quienes
debíamos
tenerlas
por
garantes
de
nuestros
derechos.
Ya no
será
posible
que
recaigamos
en la
candidez
de
suponerles
a los
militares
aptitudes
y
voluntad
de
preservar
el
orden.
Por el
contrario,
se han
consagrado
como
destructores
del
orden
social.
Valido
también
de su
precario
pasado
militar,
el
capataz
que hizo
las
veces de
mayordomo
y hasta
de dueño
absoluto
del
fundo,
predicó
la
segunda
parte
del mito
militar.
Practicando
un
insultante
despreció
por
quienes
no
participábamos
de ese
mito,
fuesen o
no
civiles,
proclamó
y
recomendó,
a
quienes
compartían
su
escuálido
pasado
militar,
como
agentes
de la
eficiencia,
en todos
los
órdenes;
y los
distribuyó
ubicándolos
a la
cabeza
de todas
las
actividades
del
fundo.
Con
arrogancia
y
prepotencia
delegadas,
subordinados
militares
y
civiles
de
servil
vocación,
proclamaron
normas
de orden
y
eficiencia,
es decir
el mito
completo.
Sólo que
sus
preceptos
se
tradujeron
en
autoritarismo
gubernativo
e
irresponsabilidad
administrativa,
cultivados
como
nepotismo,
favoritismo
y
corrupción,
y
amparados
en la
impunidad
política
y en la
no
rendición
responsable
de
cuentas.
Ha
quedado
así
libre
nuestra
conciencia
de
sobrevivientes,
del mito
que
asociaba
lo
militar
con el
orden y
la
eficiencia,
al
revelarse
y
exhibirse
el mito
como
mera
cobertura
del más
crudo
monopolio
del
desorden
y el
desbarajuste
gubernativo
y
administrativo.
Pero
había
ocurrido
que el
capataz
que hizo
también
las
veces de
mayordomo
y hasta
de dueño
absoluto
del
fundo,
había
envuelto
su falaz
mensaje
de orden
y
eficiencia
en un
papel de
colores
por el
que
habíamos
dado
seculares
pruebas
de gusto
los
desprevenidos
pobladores
del
fundo.
Ese
papel,
utilizado
para el
ocultamiento
de lo
real,
era
desempeñado
por una
creencia
históricamente
generada,
que
había
sido
convertida
de un
culto
del
pueblo
en un
culto
para el
pueblo.
Visto
como el
que
independizó
el
fundo,
demarcándolo
históricamente;
y por
ello
erigido
en
símbolo
de los
más
altos
valores
socializados,
al ser
puesto
al
servicio
de las
depredadoras
acciones
del
capataz,
los
mayordomos
y los
serviles,
poco a
poco se
fue
haciendo
claro
que el
mito
heroico,
socialmente
consentido
y
políticamente
manipulado,
se
convertía
en una
grotesca
y
descarada
coartada,
utilizada
para
distraer
la
opinión
mientras
se
atropellaba
los
valores
por los
que se
proclamaba
que
había
luchado
el
objeto
del
culto
así
rendido.
El
hastío y
la
decepción,
así
cultivados
de
manera
atropellante,
habían
liberado
la
conciencia
pública
del más
peligroso
de los
mitos,
puesto
que por
casi dos
siglos
le había
servido
de
transmisor
al virus
del
militarismo,
bien sea
intencionalmente
inoculado
por los
gobiernos
autocráticos,
bien sea
inadvertidamente
invocado
por los
gobiernos
democráticos.
Hecha
estas
comprobaciones,
se nos
planteó
el
hacerlas
confluir
con los
signos
favorables
a la
recuperación
del
fundo,
que se
advertía
en los
restos
que
habían
sobrevivido
al
ensañamiento
destructivo,
con los
valores
que no
solamente
habíamos
preservado
y
defendido
en los
tiempos
aciagos,
sino
celosamente
cultivado
íntimamente
y
activado
de
manera
reiterada.
Al
correlacionar
lo
involuntariamente
legado
por los
usurpadores
de la
soberanía
popular,
con lo
voluntariamente
preservado
por
quienes
nos
mantuvimos
fieles a
esa
soberanía,
quedó
claramente
restablecida
la
confianza
histórica
en la
democracia,
entendida
y
practicada
como
laboriosa
procura
del
orden
libremente
consentido,
y de la
eficiencia
responsablemente
controlada;
ambos
dentro
del
respeto
del
ejercicio
de la
soberanía
popular
como
principio
legitimador
de la
convivencia
de los
habitantes
de una
república
que
había
sido
abusivamente
tratada
como un
fundo,
del que
se había
apropiado
dolosamente
una
gavilla
de
militares
y
civiles
serviles
que tan
sólo
habían
logrado
demostrar
que les
calzaba
el
haberse
revelado
como
hombres
nuevos
con
hambres
viejas.
Caracas, 10 de mayo de 2008.
german.carrera.damas@gmail.com

32º
Mensaje
histórico
LAS MIGRACIONES NO CONTROLABLES
Germán
Carrera
Damas
Escuela de Historia
Facultad de Humanidades y Educación.
Universidad Central de Venezuela.
Primer
Mensaje
histórico:
“En
defensa
de las
bases
históricas
de la
conciencia
nacional”.
2º
Mensaje
histórico:
“La
Larga
marcha
de la
sociedad
venezolana
hacia la
democracia”.
3º
Mensaje
histórico:
“Recordar
la
democracia”.
4º
Mensaje
histórico:
“¿Zonas
de
tolerancia
de la
libertad
y guetos
de la
democracia?”.
5º
Mensaje
histórico:
“El
‘punto
de
quiebre’
”. 6º
Mensaje
histórico:
“Entre
la
independencia
y la
libertad”.
7º
Mensaje
histórico:
“El
discurso
de la
Revolución”.
8º
Mensaje
histórico:
¿Reanudación
de su
curso
histórico
por las
sociedades
aborígenes?
O ¿hacia
dónde
llevan a
Bolivia?
9º
Mensaje
histórico:
Cuando
Hugo se
bajó del
futuro.
10º
Mensaje
histórico:
¿La
historia
ha caído
en manos
de gente
limitada
e
imaginativa?
11º
Mensaje
histórico:
Las
falsas
salidas
del
temor.
12º
Mensaje
histórico:
¿Hacia
dónde
quiere
ir
Venezuela?
13º
Mensaje
histórico:
Defender
y
rescatar
la
democracia.
14º
Mensaje
histórico:
Sigue la
marcha
de la
sociedad
venezolana
hacia la
democracia.
15º
Mensaje
histórico:
En el
inicio
del
2007: un
buen
momento
para
intentar
comprender.
16º
Mensaje
histórico:
Las
historias
de
Germán
Carrera
Damas.
17º
Mensaje
histórico:
República
liberal
democrática
vs.
República
liberal
autocrática.
18º
Mensaje
histórico:
Sobre
los
orígenes
y los
supuestos
históricos
y
doctrinarios
del
militarismo
venezolano.
19º
Mensaje
histórico:
El vano
intento
de
enterrar
el
Proyecto
nacional
venezolano.
20º
Mensaje
histórico:
Demoler
la
República.
21º
Mensaje
histórico:
La
reducción
civilizadora
socialista
de las
tribus
indígenas.
22º
Mensaje
histórico:
Lo que
no se
puede
dar ni
quitar.
23º
Mensaje
histórico,
extraordinario:
Mis
razones
para
decir
No. 24º
Mensaje
histórico:
La nueva
política
como
intento
de
burlar
la
historia.
25º
Mensaje
histórico:
Sobre el
23 de
Enero de
1958, en
el Aula
Magna de
la
Universidad
Central
de
Venezuela.
26º
Mensaje
histórico:
La
presencia
activa
de
Rómulo
Betancourt.
27º
Mensaje
histórico:
Librarnos
del
Siglo
XIX. 28º
Mensaje
histórico:
Repetición
del 8º
Mensaje
histórico.
29º
Mensaje
histórico:
“Lo que
fuimos,
lo que
somos y
lo que
seremos”.
30º
Mensaje
histórico:
“Los
ciudadanos
pasivos
están en
vías de
extinción”.
31º
Mensaje
histórico:
“La
revancha
de
Fernando
VII”.
Nota:
Estos
mensajes,
hasta el
número
13,
fueron
recogidos
en un
pequeño
volumen
intitulado
Recordar
la
democracia
(Mensajes
históricos
y otros
textos).
Caracas,
Editorial
Ala de
Cuervo,
2006.
01-07-2008
Existe
un
estado
de
alarma
en los
países
latinoamericanos
de donde
proceden
fuertes
contingentes
de
migrantes,
legales
e
ilegales,
asentados
en
Europa.
Gobiernos,
democráticos
y no
democráticos,
se
aprestan
a
combatir,
en los
foros e
instancias
internacionales,
la
reciente
legislación
de la
Comunidad
Europea
en esa
materia,
por
considerarla
represiva
y
contraria
a los
derechos
humanos.
No
parece
que esos
gobiernos
prestaran
una
atención
equiparable
a las
condiciones
que,
imperantes
en sus
respectivos
países,
inducen
o
impulsan
a las
que he
denominado
migraciones
no
controlables.
Quizás
esta
actitud
gubernamental
revela
un
trasfondo
poco
halagüeño,
al
configurar
una
exportación
de mano
de obra
que
alivia
tensiones
socioeconómicas
internas,
y genera
una
entrada
de
remesas
en
monedas
fuertes
que se
tiene
buen
cuidado
en no
incluirlas,
en el
rango
que
representan,
en las
cuentas
nacionales.
De
hacerlo,
se
correría
el
riesgo
de
confesar
que es
la
exportación
de
trabajo
barato
un
renglón
capital
de las
respectivas
economías.
Al
significar,
las
migraciones
no
controlables,
una
severa
sangría
de las
sociedades
emisores,
-por
cuanto
en esas
migraciones
se
reúnen,
en grado
nada
desdeñable,
la
calificación
en
oficios
y
profesiones
y el
espíritu
emprendedor-,
van en
desmedro
de la
capacidad
de las
respectivas
sociedades
para
llegar a
un
estadio
de su
desarrollo
que haga
innecesario
el
reclamar
que
otras
sociedades
abran
las
puertas
a
quienes
no
encuentran
en sus
sociedades
de
origen
las
condiciones
para
realizar
sus
aspiraciones
de
superación
social y
bienestar
económico
y
cultural.
Esto sea
dicho
sin
poner en
la
cuenta
el
exilio
forzado
por
regímenes
dictatoriales,
al
estilo
fudelista;
ni por
la
segregación
interna
llevada
al
extremo
de
condenar
millones
de
personas
a
convertirse
en
inmigrantes
clandestinos
en el
seno de
su
propia
sociedad,
cual
ocurre
en la
Venezuela
militarista
y
militar
con los
miles de
trabajadores
despedidos
en la
industria
petrolera
y
condenados
al
desempleo,
y con
los
millones
de
firmantes
del
referendum
revocatorio
mencionados
en la
infame
“lista
Tascón”
y sus
familiares.
Hace ya
unos
cuantos
años que
viendo
venir
este
fenómeno
social,
hoy tan
alarmante,
y
considerando
especialmente
sus
efectos
en el
seno de
América
Latina y
de
Venezuela,
compuse
el breve
artículo
que me
permito
recordar
en este
Mensaje
histórico.
En su
momento
dejé
constancia,
y ahora
lo
ratifico,
del
respeto
y la
simpatía
que me
merecen
los
millones
de
personas
que
hacen
valer el
más
sagrado
de los
derechos
humanos:
el de no
dejarse
morir de
hambre.
LAS
MIGRACIONES
NO
CONTROLABLES
Constituyen
uno de
los
fenómenos
masivos
más
importantes
de
nuestro
tiempo.
Compromete
el
destino
de
pueblos
enteros
y
amenaza
la
estabilidad
social
aun de
los
países
más
poderosos.
Se
presenta
con
rasgos y
ritmo
tales
que reta
la
capacidad
de
acción
de los
gobiernos.
Genera
confrontaciones
sociales
que
ponen en
grave
riesgo
el orden
democrático
y el
deseado
imperio
de los
derechos
humanos.
No sólo
la
libertad
se ve
puesta
en
riesgo.
El
concepto
mismo de
derechos
humanos
estaría
en
entredicho,
si
admitiéramos
que se
trata
del
primero
y más
sagrado
de esos
derechos:
el de no
dejarse
morir de
hambre.
Y es el
ejercicio
de este
derecho,
en
ultima
instancia,
el que
genera
el
fenómeno
demográfico
que
denomino
migraciones
no
controlables
.
Tiene
más de
fenómeno
nuevo
que de
variante
de las
migraciones
conocidas.
Es
expresión
vital de
sociedades
en las
cuales
han
aparecido
fenómenos
como
el nunca
empleado.
Este es
el
individuo
que
entra en
su
madurez
no como
desempleado
sino
como
alguien
que
jamás ha
tenido
empleo.
Y que
seguramente
no
alcanzará
a
tenerlo...
La
masificación
de este
fenómeno,
sumada a
las
tradicionales
causas
de
migración,-pobreza
crónica,
inamovilidad
social,
inseguridad
grave y
permanente,
etc.-,
nutre
las
migraciones
no
controlables.
Por la
profundo,
lo
persistente
y lo
generalizado
de sus
causas,
éstas
alcanzan
niveles
de
intensidad
y de
masificación
que
desbordan
los
medios
empleados
para
controlarlas
y o
desalentarlas.
El
fenómeno
de las
migraciones
no
controlables
está
presente
hoy en
regiones
y áreas
culturales
muy
diversas.
Pero
sobre
todo en
Europa,
respecto
del
Magreb y
de Asia;
en Rusia
respecto
de las
sociedades
islámicas
de la
antigua
Unión
Soviética;
en
diversas
partes
de
América
Latina,
y
especialmente
en
Venezuela,
respecto
de
Colombia,
el área
andina y
el
Caribe;
y en los
Estados
Unidos
respecto,
particularmente,
de
México,
América
central
y el
Caribe.
Pero
cabe
advertir
que no
se trata
de
procesos
migratorios
forzados,
como los
generados
por el
conflicto
árabe-israelí,
por la
crisis
del
socialismo
autocrático
y por
las
crueles
guerras
de los
Balcanes
y el
Cáucaso.
Tampoco
de los
generados
por los
genocidas
enfrentamientos
tribales
centroafricanos.
De todos
los
casos
mencionados
quizá
sea el
más
estudiado
el de la
frontera
entre
México y
los
Estados
Unidos.
Abundan
los
estudios
realizados
por
organismos
oficiales
e
instituciones
académicas.
Los
publicados
por El
Colegio
de la
Frontera,
en
México,
y por la
Universidad
de
California
en San
Diego,
son
especialmente
importantes.
A estos
esfuerzos
de
conocimiento
se suman
medidas
legislativas,
masivo
empleo
de
recursos
de todo
género y
prácticas
frecuentemente
nada
compatibles
con los
derechos
del
hombre y
hasta
con la
más
elemental
dignidad
humana.
No
obstante,
el
Presidente
Clinton
ha
considerado
necesario
formular
su
estrategia
de
control
de la
inmigración.
Lo ha
hecho
partiendo
de la
proclamación
de un
principio
que
mueve a
reflexión:
"Somos
una
nación
de
inmigrantes,
y todos
debemos
estar
orgullosos
de ello.
Pero no
es bueno
e
incluso
es
autodestructivo
para una
nación
de
inmigrantes
permitir
el tipo
de
abusos
que se
ha visto
en los
últimos
años"...
Sentado
este
principio,
esbozó
una
política
cuyos
ejes son
el
control
del
empleo y
la
represión
policial
de la
inmigración
ilegal.
El
objetivo
lo
precisó
el
secretario
del
Trabajo,
Robert
Reich:
..."en
este
país
estamos
creando
lugares
de
empleo
tercermundistas