Mensajes precedentes: Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º  Mensaje  histórico: “Recordar la democracia”. 4º  Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º  Mensaje histórico: “El  ‘punto de quiebre’ ”. 6º  Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º  Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º  Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes?  O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia. 14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs República liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: "Las migraciones no controlables". 33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen militar chocará con el legado de Betancourt”. 34º Mensaje histórico: La Democracia: un asunto de los pueblos. 35º Mensaje histórico: “Mi voz de alerta: !La República está amenazada! 36º Mensaje histórico: …”nada pudre más a una nación“… Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala  de Cuervo, 2006.
Advertencia: Este Mensaje histórico, No. 37, consiste en el texto, hasta ahora inédito, de una conferencia dictada el 15 de octubre de 2008. Se publica sin enmienda alguna. 


EL CONFLICTIVO PORVENIR DE LA REPUBLICA

Germán Carrera Damas

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades y Educación

Universidad Central de Venezuela


10-12-2008

 

Permítanme que comience haciendo una declaración de principios. Sólo invocaré dos. El primer principio reza que soy historiador de oficio; por consiguiente me interesa  el pasado, me interesa mucho el presente, pero me interesa sobre todo el futuro. Por estas razones me acojo a la noción de tiempo histórico, en el cual el acontecer, regido sin embargo por la dialéctica de continuidad y ruptura, no admite fragmentaciones de orden cronológico ordinario. El segundo principio se sintetiza en el deber social del historiador, que expresa el compromiso que éste contrae:, en función de su inserción, tanto profesional como vital, en el tiempo histórico, de no rehuirlo, menos de aún intentar substraerse a él, valiéndose del ejercicio de su oficio como estrategia evasora para eludir las consecuencias de su inserción-participación en la fase del tiempo histórico que le toca vivir; es decir la que quienes tengan la fortuna de no ser historiadores denominarían el presente. En cuanto al historiador venezolano de hoy, ya no vale el precepto enunciado por José Gil Fortoul, en el Prefacio a la Segunda edición de su Historia Constitucional de Venezuela, fechado en Caracas, en 1930: “Tampoco la historia ha de ser tribunal, ni juez ni parte el historiador”.., lo que no significa, sin embargo, que el historiador puede saltarse a la torera los mandamientos metódicos, científicos y  éticos, de su oficio.

Valga todo lo precedente para justificar el tema sobre el cual versarán las consideraciones que pasaré a exponer, con la esperanza de suscitar reflexión y debate. Lo enuncio de esta manera: la conciencia histórica del venezolano confronta hoy el reto de comprender que la República, en cuya construcción hemos invertido dos siglos de esfuerzos, está amenazada de ser  demolida. Se pretende substituirla por un régimen sociopolítico en el que se confabularían atavismos militaristas, -que considerábamos superados-, con desvaríos ideológicos que la Historia del siglo XX relegó a su deván.

Esta confabulación lo es de fuerzas históricamente reaccionaras. Se manifestaría como la instauración de un régimen militar que entronca con la dictadura liberal regionalista que los venezolanos comenzamos a superar a partir de 1945. Esta dictadura fue ella misma degradación de la República liberal autocrática que estuvo vigente desde 1830. Comenzamos a echarla por la borda  con la instauración, en 1945-1948, de  la Primera República liberal democrática.

Quizás será el único aporte de la suerte de Estado nuevo con que se trama substituir la República, el resultado del asalto dado a la Administración pública por los militares, vueltos una especie de estamento, -a la usanza del antiguo régimen francés –, prevalidos del mito de ser los únicos capaces de orden y eficiencia. La usurpación de todos las posiciones dirigentes del poder civil, por los miembros de ese estamento cuartelario, ha desembocado en los más altos niveles de desorden gubernativo e ineficiencia administrativa vividos por la sociedad venezolana, al menos desde mediados del siglo XX.

Mi obediencia al principio del deber social del historiador me ha obligado a intentar hallarle una explicación a esta catástrofe que sobrelleva la sociedad democrática. Lo he intentado, aunque debo confesar que quizás me he apartado del buen camino al no buscar la explicación en alguna reconocida autoridad francesa, inglesa, norteamericana, española, argentina, brasileña o aún mexicana. Esto habrían hecho, muy probablemente, los científicos sociales o políticos patentados. De haber seguido esta pauta, mi explicación debería comenzar reconociéndole vigencia universal a las ideas de esas autoridades, y aplicando las fórmulas por ellos producidas a la interpretación de esta desmirriada realidad venezolana, tenida por  incapaz de interpretarse a sí misma. No citaré nombres de autores, porque me atrevo a pensar que están en la mente de muchos de Uds., inducidos por quienes ya no osan citar a Carlos Marx, -ni el viejo ni el joven-; ni mucho menos a Vladimir Ilitch Lenin y José Stalin-; que pasaron por Antonio Gramci, siguieron por Herbert Marcusse y Luis Althusser, y no llegaron a ninguna parte, o lo que es lo mismo, cayeron en el charco ideológico de Marta Harnecker. Pero debo decirles que en mi búsqueda hubo un hallazgo que espero merezca la atención de Uds., si logran soportar lo que voy a leerles, luego de hacerles una advertencia justificadora:

Ocurre que hubo un esforzado luchador social, porque lo fue de pasión, pensamiento y obra, que tuvo la osadía de reflexionar, -como testigo directo y actor principal-, sobre el fenómeno sociopolítico que hoy padecemos;  y de ofrecer una circunstanciada explicación de él, sin escudarse tras una cita de autoridad. Dijo ese atrevido compatriota, -él solía decir conciudadanos-, dado a reflexionar creativamente sobre lo real venezolano:

…”El gobernante de extracción castrense tiende a aplicar a la rectoría de la cosa pública  el estilo de disciplina que adquirió en el cuartel. Puede flexibilizar este concepto de disciplina, pero resulta imposible que se deshaga de él porque constituye nervio de conducta, basamento irrefrenable de su personalidad. De allí que el gobernante militar resulte orgánicamente incapacitado para entender la política y la administración de un país como diálogo con los gobernados. Transigir ante los reclamos de la opinión, admitir expresa o tácitamente que se ha errado, torcer el rumbo cuando el que se trajina desagrada a la mayoría de la colectividad, son principios del arte de gobernar difícilmente compatibles con la mentalidad forjada en el mando de tropa.”

Cómo seguramente Uds. desearán conocer el autor de esta sentencias sobre la incapacidad estructural del militar para gobernar, les digo que fue Rómulo Betancourt, adelantándose a los sucesos en un artículo intitulado “El ideal civilista y la sucesión presidencial”.  (Rómulo Betancourt, “El ideal civilista y la sucesión presidencial”. Rómulo Betancourt. Antología política. Caracas, Editorial Fundación Rómulo Betancourt. 1999, t. III, p. 586)

Pero el autor no se detuvo en la calificación del personaje tipo de la prolongada tragedia padecida por la sociedad toda. Se extendió en la consideración de la pieza en la que  los militares se han creído llamados a desempeñar un papel protagónico, y sentenció:

 “Además de esta razón, otra refuerza la tesis contraria a los gobernantes militares. La administración pública, en los Estados modernos, constituye una compleja red  de problemas intrincados. La sociedad contemporánea es un vivero de encontrados intereses. Y no puede concebirse que un solo hombre pueda dominar técnicamente todas las ciencias conexas con la administración pública, se requiere en un buen gobernante la posesión de un cúmulo de ideas generales sobre economía, derecho público, política nacional e internacional. Ahora bien, el militar, por lo mismo que su cultura necesita ser altamente especializada en la técnica bélica, resulta casi siempre un hombre sin ese lastre de generalizados conocimientos requeridos por el moderno gobernante.” (Idem)

Debo confesar que si bien me sentí sacudido por la sencilla profundidad de esta comprensión de un fenómeno fundamental de nuestra historia republicana, no dejaron de impresionarme dos comprobaciones que tienen que ver con los principios enunciados al inicio de estas palabras.

En cuanto al primer principio, es decir el concerniente a la noción de tiempo histórico, debo subrayar el hecho de que se trata de un texto publicado el  14 de septiembre de 1945, a casi un mes del golpe militar-civil que abrió la vía a la instauración de la Primera República liberal democrática En cuanto al segundo principio, tocante al deber social del historiador, cabe destacar que lo dicho lo fue para ilustrar una comprobación de la realidad: “Es de una evidencia incontrastable que Venezuela anhela ver en Miraflores a un gobernante civil”…”y como siempre lo hemos creído, este anhelo es compartido por los cuadros técnicos y por la oficialidad de escuela, de nuestras instituciones armadas.”… (Idem)

Cómo moraleja de esta historia, permítanme un consejo, que será probablemente desatendido, como suele ocurrir con los consejo no solicitados: el tiempo que les sobre de leer a Norberto Bobbio y otros, inviértanlo, -debo observar que distingo entre gastar e invertir-, leyendo lo dicho por este atrevido venezolano, sobre estas y otras cosas.

Pero si les desalienta el nombre del autor de lo que acabo de leerles, -quien por cierto, debido a su origen canario podría haber tenido alguna relación con el caballero francés conquistador de Canarias-, acudiré a la amarga humorada de Simón Rodríguez en su obra Luces y virtudes sociales, publicada en Concepción, República de Chile, en 1984: “La sabiduría de la Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son dos enemigos de la libertad de pensar…en América…” (p. 72)


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Mas,  si bien está el comprobar que el  Rómulo Betancourt-historiador   cumplió con los dos preceptos que rigen estas consideraciones, no estaría bien que yo me eximiese de aducir pruebas de su cumplimiento en lo que concierne a mi ejercicio de historiador profesional. Para este último fin me atendré a ofrecer breves comentarios sobre algunas cuestiones, que merecen nuestra atención, relativas al presente intento de un grupo de militares cuyo afán continuista por usufructuar el Poder público se incomoda ante la persistencia del republicanismo, pues a esto es ya evidente que se reduce toda su palabrería. Pero me limitaré a poco más que enunciados, pues de otra manera incurriría en el pecado predilecto de los historiadores, que consiste en Jamás decir en diez páginas lo que pueda ser dicho en cuatrocientas.

Está en marcha la demolición de la República. Comprendo que esta afirmación podría causar desconcierto. Estimularé ese desconcierto diciéndoles que quienes vean nuestra República como una realidad adquirida, cometen dos errores de enfoque. En primer lugar, muestran que su pensamiento histórico está condicionado, de manera determinante, por el mensaje básico de la historiografía patria y oficial. Ese mensaje fraguó al calor de la necesidad de justificar la disputa de la Independencia, cuando todavía éramos jurídicamente súbditos rebeldes, - recuérdese que esa condición fue cambiada por el reconocimiento tardío de nuestra Independencia, por la que hasta entonces fue nuestra Corona, el 30 de marzo de 1845.

En el tiempo transcurrido desde la Batalla de Ayacucho, que selló, en lo militar, la Independencia de la República de Colombia, y por lo mismo la de los pueblos que la integraban, y, por supuesto, la de los venezolanos, crecían las dudas acerca de que la matazón de que habló Laureano Vallenilla Lanza hubiese sido legitimada por las bondades resultantes. Fue necesario hacer de la  Declaración de la Independencia la razón suficiente de nuestra historia republicana. Quedó eclipsada por este giro político-historiográfico el hecho fundamental  de que el acto trascendental no fue tal Declaración sino la abolición de nuestra monarquía mediante la instauración de la República.

Debemos comprender, y no simplemente saber, que el tránsito desde la Monarquía absoluta hacia la reglamentada o constitucional ha sido siempre difícil, y valgan los ejemplos de Francia y España; pero también ha sido un tránsito engañoso, como lo ha demostrado la  república autocrática venezolana. Pero si tal ruptura ha sido siempre calamitosa, la fundación de la República no lo ha sido menos. Para sintetizar las cosas sugiero que se tenga presente que la Monarquía y la República son, más y sobre todo que edificaciones institucionales, regímenes sociopolíticos. Con esto quiero decir que ni los reyes ni los presidentes hacen reinos o repúblicas. Son los súbditos, en el primer caso; y los ciudadanos en el segundo, quienes los hacen. Pero ocurre que en el caso de los venezolanos la Monarquía se mamaba, mientras que la República ha sido necesario aprenderla, comenzando por el sentido mismo del término. No sé cuánto tiempo llevó hacernos súbditos, pero si sé que lo consiguieron entre Dios y el verdugo. En cambio la recién llegada República nació confiada a la soberanía, tanto nacional como popular, y estas son nociones bastante más difíciles de captar y convertir en norma de conducta social que la fe en Dios y el miedo al verdugo.

La República venezolana debe ser vista, por consiguiente, como el esfuerzo que realiza una sociedad que fue entusiastamente monárquica, llegando al sacrificio por sus creencias, en convertirse en un conjunto funcional de ciudadanos; comenzando por el reacondicionamiento psicosocial para pasar de ser un receptor de la gracia real a un hacedor, por derecho propio, del ordenamiento sociopolítico en el cual habrían de desenvolverse las individualidades. Y francamente lo digo: si bien hemos avanzado mucho desde 1945-1948, cuando se integró  plenamente la sociedad venezolana, el ciudadano venezolano en ciernes es todavía vulnerable a las asechanzas del súbdito que permanece agazapado en su ser íntimo. Y quién dude de lo dicho, no tiene más que escuchar una sesión de la llamada Asamblea Nacional; observar a los jefes y soldados disfrazados de ardorosos socialistas; y compadecer a los muchos pobres y víctimas  de los atropellos y la desidia gubernativas expresando su esperanza de que el Presidente se entere de que el excusado de la escuela del pueblo o del barrio está roto.

La estrategia seguida para demoler la República contempla dos líneas directrices, que han sido extraídas del más rancio arsenal de nuestra historia republicana liberal autocrática; ello para irrisión del  hoy pretendido revolucionarismo refundador de la República…

La primera línea directriz consiste en la falsificación del principio de la soberanía popular, como forma de contrarrestar la tenacidad de su vigencia a partir del momentos cuando fue rescatado, en el “Estatuto para la elección de representantes a la Asamblea Nacional Constituyente”, promulgado el 28 de marzo  de 1946, del secuestro en que permanecía desde la instauración de la cuestionable Dictadura comisoria de Simón Bolívar, en 1828.  Los venezolanos, en una mayoría no contada pero percibida en actos y conducta, defendimos nuestra Corona, y por ende acatamos la voluntad de Dios durante más de dos décadas, induciendo con ello, en buena parte, a la dictadura comisoria asumida por Simón Bolívar para consolidar y defender la Independencia. Nuestra República, la efectiva, fue constituida en la  Villa del Rosario de Cúcuta, en 1821, con la aspiración de que llegase a ser práctica eficaz la correlación entre la soberanía Nacional y la soberanía Popular. Así como el Rey personificaba la voluntad divina, el pueblo-sociedad habría de personificar la soberanía Nacional. ¡Pero el pueblo-sociedad republicano venezolano comenzó a formarse, propiamente, en 1946! Su partida de nacimiento fue el mencionado Estatuto electoral que rigió la elección directa, universal y secreta de la Asamblea Nacional Constituyente que elaboró la Constitución  de 1947.

Debemos recordar  que en ese momento el universo electoral pasó de ser alrededor del diez por ciento de la sociedad a ser la totalidad del la sociedad mayor de 18 años de edad. Para mejor comprensión de lo que esto significa, debo anotar que quien les habla es más viejo que el pueblo-sociedad venezolano democráticamente conformado, pues cuando éste nació yo tenía 16 años cumplidos, y aún no me consuelo del no haber podido votar entonces. Al decir esto pretendo, tan sólo, contribuir a que tengamos presente que en ese momento nació la auténtica soberanía popular.

La segunda línea directriz consiste en la descalificación del poder civil, empujando a la sociedad tras el destartalado señuelo representado por el ya comentado mito de la representación exclusiva del orden y la eficacia por parte de los militares anticivilistas  y de sus  servidores, togados o con guayabera. Los primeros hacen las veces de gerentes de los complejos asuntos de gobierno de que habló Rómulo Betancourt, con el encargo imposible de llevar al área del gobierno civil la eficiencia que no han sabido demostrar ni siquiera cuidando de los equipos bélicos que les pagamos los civiles. No quiero pecar de exagerado, pero me cuesta recordar el nombre de un militar, -exceptuando al General Rafael Alfonso Ravard, y su desempeño como administrador de grandes obras-, cuya gestión pueda ser relacionada con la solución, -ni siquiera con el alivio-, de algún problema nacional. Digo esto de los militares, si bien  en el presente puedo decir lo mismo de los acólitos no militares, representados por gobernadores y alcaldes oficialistas que sólo han añadido toneladas de basura pseudo ideológica a la urbana que no han sido capaces de hacer recolectar.

Pero la estrategia que podría conducir a la demolición de la República tiene un fundamento que nos concierne directamente a quienes nos ocupamos de nuestra historia. Consiste en la perversión de la conciencia histórica del venezolano. Y para lograrlo se adelantan cuatro operaciones, combinadas:

La primera operación consiste en promover y pretender cultivar, incluso en la escolaridad primaria, el  desprestigio de la República, parodiando el término fidelista la republiqueta, dicho a la venezolana, -la cuarta república, la república puntofijista-, pero pensado a la cubana. Ante este atentado cometido contra la conciencia histórica de los venezolanos, debemos poner las cosas en claro. Una visión científico-crítica de nuestra historia nos dice que el heroísmo de quienes, civiles, y militares -porque los primeros fueron los civiles-, lucharon por la abolición de la Monarquía y la instauración de la República, fueron los forjadores de la Independencia al ser los autores de la República de Colombia, cuyos ejércitos triunfaron en Carabobo y Ayacucho, comandados sobre todo por venezolanos convertidos en ciudadanos colombianos, por su propia voluntad, desde el 17 de diciembre de 1819, al ser promulgada, en Angostura, la Ley Fundamental de Colombia. En consecuencia, los militares que hoy se exhiben como herederos directos y autores de la Independencia, y fundadores de la República, irrespetan la Historia, y por lo mismo agreden la racionalidad de los ciudadanos.

Pero este asunto se agrava cuando nos centramos en la institucionalidad de la República. Valga el reconocimiento de que José Gil Fortoul, un leal servidor de la dictadura militar regionalista que perduró, condicionada por forzados atenuantes internacionales, hasta el 18 de octubre de 1945,  contribuyó con su obra de historiador, si bien un tanto veladamente, a la comprensión de que ha sido la tenacidad de los civiles, demostrada en la pretensión de establecer instituciones, la que ha dado forma y continuidad a la República. En  consecuencia, cabe colegir que la consolidación y el perfeccionamiento de la República liberal democrática, a partir de los acontecimientos de 1958, completó el desvelamiento de la ficción militarista pseudo republicana. Por eso no corren los militares que hoy controlan el Estado, y han tomado por asalto la Administración pública, al trabajar en la demolición de la República, el riesgo de destruir su propia obra

La segunda operación consiste en intentar  trivializar la historia de Venezuela, sacando de contexto personalidades históricas en extremo disparejas, como las de Bolívar, Zamora y Guaicaipuro;  recomendando engendros pseudo históricos, tales como la unidad revolucionaria Marx-Bolívar-Lenin o el pensamiento socialista Bolívar-Fidel-Ché Guevara; fabricando  actores sociales discriminatorios y segregacionistas tales como sociedades originarias y los afrodescendientes;  elaborando ficciones peliculescas como la resistencia indígena contra el imperialismo español; y, para colmo, lanzando el señuelo del magnicidio bolivariano. El triste balance de este esfuerzo  es que se ha pasado del frustrado golpe militar antirepublicano del 4 de febrero de 1992, al minado de la República liberal democrática, -hoy socialmente vigente-; y al uso ventajista del Poder público para intentar falsificar nuestra historia. Sólo que para ello el militarismo no ha contado con la contribución de ningún historiador que respeta su oficio; lo que le ha llevado por el despeñadero del absurdo, hasta caer en el ridículo nominalismo irrespetuosamente indigenista. Por ello se ha montado un ente burocrático que busca incorporar la que fuera la historiografía oficial, ahora cubanizada, al aparato de control político e ideológico estatal.

La tercera operación consiste en la fabricación de coartadas supuestamente historicistas, tales como el derecho del primer ocupante, el imperialismo español, el antiimperialismo de Simón Bolívar y la reencarnación del espíritu de Bolívar, esta última como la predicó un profesor de filosofía, desplegando la desfachatez y el entreguismo a que pueden llegar  los áulicos civiles del militarismo, en su puja intragremial: …”?Cómo es posible que se niegue, tan siquiera, el preclaro deber de reencarnar el espíritu de Bolívar, ese clamor tan estupendo, límpido y recio de no envainar jamás la espada hasta que la libertad de la patria no (sic) esté asegurada?”… (J. R. Núñez Tenorio, Reencarnar el espíritu de Bolívar. Caracas, editorial Panapo, 1988, p,15).

La cuarta operación, en la que se conjugan las precedentes, consiste en el montaje de una perversa empresa de desorientación de la conciencia histórica del ciudadano venezolano, fundada en la manipulación  de tres correlaciones histórico-jurídicas: Una es la perversión  de la correlación entre Independencia y Libertad. Otra es el desdén de  la correlación entre legalidad y legitimidad. Y, la más  alevosa,  el desconocimiento de la correlación entre el ejercicio del sufragio y la expresión obligante de la soberanía popular. El tratamiento crítico de cada una de estas correlaciones exigiría prolongadas y detalladas consideraciones. Consciente de los riesgos que implica toda simplificación, trataré de condensar algunos señalamientos que estimo primordiales.

La perversión de la correlación entre Independencia y Libertad, ha servido de coartada a los regímenes de la República liberal autocrática, vigente desde 1830 hasta 1945; -incluidos su postrera degradación como dictadura liberal regionalista, durante casi toda la primera mitad del siglo XX; el rebrote de esta última como la dictadura militar desarrollista  de la década 1948-1958, y el nuevo y actual rebrote militarista-bolivariano-, para secuestrar la soberanía popular, y volver una gracia el ejercicio de las libertades públicas básicas y el disfrute de los derechos humanos, comenzando por la Libertad. Han establecido una suerte de coto cerrado, mediante la mañosa proclamación de la  necesaria defensa  de la Independencia nacional, para oprimir a la sociedad con holgura.

El desdén de la correlación entre legalidad y legitimidad no cede en alevosía política a la establecida entre Independencia y Libertad, pero sí la aventaja en el grado del atropello del sentido histórico-jurídico. La instauración de la República se desenvolvió en medio de una disputa en torno a la Monarquía absoluta. Parecía estar fuera de dudas la legitimidad de esta última, puesto que era la expresión de la voluntad divina.  Se planteaba, en cambio, la necesidad de embridar la Monarquía mediante un aparato de legalidad que se extendió desde las denominadas Leyes fundamentales del Reino  hasta la Monarquía constitucional establecida fugazmente de 1812. El genuino creyente que fue Juan Germán Roscio consideró necesario cuestionar el origen divino de la Monarquía absoluta, preservando los fueros de la Fe. En cambio, la República no puede nacer sino de la legalidad. Por eso es consubstancialmente constitucional, y la legalidad resultante, en concordancia con los principios de la ética y la moral, provee la legitimidad. Esto significa el requisito de la legitimidad como refrendo de la legalidad. Sólo que si bien la legalidad ha de corresponderse con el proceso de formación, ejercicio y finalidad del Poder público, la legitimidad de ese poder dimana  ejercicio de la soberanía popular, y ésta ha de expresarse libremente como condición, como distintivo y como responsabilidad del Poder público, y ha de estar protegida de toda suerte de despotismos mediante la separación de los poderes públicos,  la autonomía de los poderes locales descentralizados, y  la salvaguarda judicial de la constitucionalidad. Es decir, por los atributos fundamentales de la República liberal democrática y las áreas de validación de los derechos del ciudadano.

De allí la tercera correlación, la más alevosamente desvirtuada. Es la establecida entre el mero acto del sufragio y el ejercicio de la soberanía popular. En otras palabras, me refiero a la nefanda reducción del ejercicio de la soberanía popular al acto de depositar un voto, aunque en ello desembocara un proceso electoral ventajista y amañado; y al hacer de éste ejercicio el origen de una suerte de mandato vuelto absoluto en su ejercicio, ilimitado en su alcance y perfecto, al amparo de una sumisa validación legislativa y judicial; todo hasta el punto de que el mandatario pueda cobijar la empresa de demolición de su legalidad originaria mediante la perversión de la figura de la dictadura comisoria, disfrazándola de Ley habilitante de desmesurada vigencia y no circunscrita al restablecimiento del ordenamiento social requerido para el pleno funcionamiento del la constitucionalidad. Este abuso ha sido llevado hasta el punto de hacer que casi parezca menos ilimitado el absolutismo monárquico. Mediante la concentración del Poder público, así lograda, puede el mandatario simular legalmente su correspondencia con la soberanía popular, no libremente expresada ésta sino intuida  por quien, personificando el Poder público, se proclama no ya representante de la soberanía popular, -por ser su mandatario-, sino su personificación. Nada lejos quedaría el punto en que el autócrata así construido podría prescindir del Yo soy el Estado, a la usanza del más absoluto de los monarcas absolutos, para valerse del Yo soy el pueblo, propio  del dictador o fuhrer, sea fascista, nazi, estalinista o fidelista.

En suma, el objetivo es la demolición de la República para reemplazarla por un Estado autocrático fundado en el atavismo monárquico-absolutista, que rige la mentalidad del militarismo-socialismo, y debo advertir que en esta antihistórica fórmula pongo socialismo con letra bastardilla para significar su condición de inauténtico.


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A la manera de Suetonio, diré que hasta ahora he hablado del crimen que se trama, y de quienes están dispuestos a cometerlo. Hablaré ahora, si bien brevemente, de dos circunstancias que no sólo parecen haber hecho posible ese crimen, sino que, en cierto grado, pudieron haberlo propiciado. Para ello intentaré despejar el camino de supuestas y especiosas justificaciones.

Una circunstancia, la más común, se sintetiza en un dicho: el agotamiento del modelo. La otra se resume en la creencia de que la sociedad venezolana no ha madurado lo suficiente como para que un sistema sociopolítico complejo pueda funcionar regularmente; y se da por sentado que el sistema republicano moderno es más complejo que el monárquico constitucional-.

Tras el primer argumento se advierte, de inmediato, un flaco conocimiento histórico de la República liberal moderna, al igual que de las posibilidades históricas de su asociación, simbiótica y simbólica, con la Monarquía. Tras el segundo argumento se advierte una grave carencia de sentido histórico, en lo concerniente tanto a la dinámica de continuidad y ruptura que rige el proceso histórico, como a su ritmo crecientemente acelerado.

El que llegó a convertirse casi en un lugar común, es decir el agotamiento del modelo, -para referirse no sólo a la República liberal democrática, sino incluso al propio régimen sociopolítico republicano-, parece suponer que tal modelo ha tenido tiempo para cumplir su ciclo histórico de formulación, institucionalización, funcionamiento y, eventualmente, crisis. Olvidan, al efecto, que la República liberal moderna es de reciente data, y subestiman el hecho revelador de que la crisis general del socialismo ha despejado el terreno para la consolidación de la vigencia de la República liberal democrática, como lo prueba su instauración en más de una decena de naciones de la Europa oriental. Pero cabría pensar que quienes emplean esa vaga formulación no la refieren a la República popular representativa, -al menos no expresamente-, y quizás ni siquiera a la República liberal democrática, pues hasta ahora ninguno de los aportes socialmente significativos de esta última ha podido ser abolido. Cierto que se les ha adulterado, falseado y hasta desvirtuado, en el plano institucional; pero no erradicado en lo social. En nuestro caso, el más representativo de esos aportes es la nueva conformación de la soberanía popular, contemplada en el ya mencionado Estatuto electoral de 1946, que dio paso a las elecciones genuinamente democráticas de nuestra historia, amparadas en el más extendido y radical acto de inclusión social de nuestra historia.

Así, el argumento, esencialmente antirrepublicano,  que en el pensamiento y la palabra de políticos superficiales y escritores metidos a historiadores, -todos amantes del orden-, porta una fuerte carga de insatisfacción y de rechazo respecto del sistema sociopolítico republicano, fue tomado por los herederos del militarismo tradicional y los náufragos del socialismo autocrático, y convertido en una ideología de reemplazo.  Así lo anuncié y analicé en un seminario de graduados que dirigí  en 2001, intitulado El bolivarianismo-militarismo. Una ideología de reemplazo. Sólo que hace siete años los indicios permitían comprender que se trataba de una estrategia para llegar al poder, una vez derrotado el golpe militar del 4 de febrero de 1992. No percibí indicios suficientes para suponer que la vehemencia puesta en afirmar que el objetivo era establecer una verdadera democracia encubría una agenda secreta que consistía en demoler la República, y substituirla por un Estado militar-militarista, instaurado mediante la reivindicación de un anacrónico socialismo autocrático.

La segunda explicación invoca la inmadurez de la sociedad venezolana. Es una versión actualizada de la formada por sociólogos e historiadores de la primera mitad del Siglo XX, que nos declaró inaptos para el ejercicio de la democracia, -haciéndose eco extrapolado del Simón Bolívar de Angostura-, y por lo mismo condenados a ser la cauda del hombre necesario. Se comenzó a revocar esta sentencia con la fundación de la República Liberal democrática, en 1945-1948, es decir hace apenas sesenta años, si tomamos el lapso como una cifra consolidada. Se inició así la etapa  decisiva de “La larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”, que consiste en la formación de una sociedad genuinamente democrática, y por lo mismo compuesta de ciudadanos, amos en el ejercicio de sus derechos y responsables en el cumplimiento de sus deberes. Con el propósito de impedirlo se trabaja para desarticular la sociedad, convirtiéndola en una masa de dependientes del Poder personalizado, receptores de gracias y limosnas.


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En este orden de ideas lo que cabe subrayar es que en el breve lapso de poco más de medio siglo la República liberal democrática ha superado duras pruebas, sin detenerse en su desarrollo y consolidación en la sociedad. Esta fuerza le permite enfrentar hoy la ofensiva  lanzada contra ella en cuanto representa la combinación de la modernización y democratización  del Estado con la profundización social de la democracia; es decir con la descentralización del Poder público, concebida como una escuela de democracia practicada en sus dos sentidos esenciales. En primer lugar, substituyendo el mandar, que es propio de la autocracia, por el gobernar, que es lo propio de la democracia. En segundo lugar, pero desarrollándose simultánea y conjugadamente con el primero, colocando a todos los niveles de la sociedad en el trance de  funcionar democráticamente, como requisito para el ejercicio determinante y responsable de la soberanía popular. Para el efecto quizás convenga tener presente un comprobación del mismo autor cuyo pensamiento político encabeza estas líneas: …”nada pudre más a una nación como la permanente rencilla doméstica y como la irritación del pueblo contra gobiernos que se empecinan en cerrarle las puertas de la legalidad provocándolos tácitamente a tomar por el atajo de la violencia.” (Rómulo Betancourt, “Politiquería en el Congreso”. Rómulo Betancourt, Antología política. Volumen segundo, 1936-1941, p. 533).

En esto consiste la fuerza de la democracia republicana, bastión contra el cual se estrellará la estrategia dirigida a demoler la República, y hago esta afirmación prescindiendo de los resultados del acto electoral del próximo 23 de noviembre, porque ya la democracia venezolana sobrevivió, hace cuarenta años, a otro noviembre, sólo que el 24.


Caracas,  12-13 de octubre de 2008.

german.carrera.damas@gmail.com




Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º  Mensaje  histórico: “Recordar la democracia”. 4º  Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º  Mensaje histórico: “El  ‘punto de quiebre’ ”. 6º  Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º  Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º  Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes?  O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia. 14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs República liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: "Las migraciones no controlables". 33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen militar chocará con el legado de Betancourt”. 34º Mensaje histórico: La Democracia: un asunto de los pueblos. 36º Mensaje histórico: “Mi voz de alerta: !La República está amenazada!“Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala  de Cuervo, 2006.

…”NADA PUDRE MAS A UNA NACION”…

 

 

Germán Carrera Damas
Escuela de Historia
Universidad Central de Venezuela


14-11-2008

 

A diario se acumulan las pruebas, admitidas incluso por altos voceros oficiales, de que la sociedad venezolana no goza de buena salud. Al creciente, y ya insoportable, deterioro de la calidad de vida, contribuye de manera determinante el consiguiente y generalizado ambiente de pérdida de confianza en las instituciones, que expresa, a su vez, la certidumbre de que quienes manejan el Estado no procuran el bien público, o no  son capaces de hacerlo. A la atención de éstos quizás sea oportuno recordarles lo que sigue:   …”nada pudre más a una nación como la permanente rencilla doméstica y como la irritación del pueblo contra gobiernos que se empecinan en cerrarle las puertas a la legalidad, provocándolos tácitamente a tomar por el atajo de la violencia.” (Rómulo Betancourt, “Politiquería en el Congreso”. Caracas, 28 de junio de 1941. Rómulo Betancourt, Antología política. Volumen segundo, 1936-1941. Caracas, Fundación Rómulo Betancourt, 1995, p. 533).

Caracas, 13 de noviembre de 2008.

german.carrera.damas@gmail.com




Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º  Mensaje  histórico: “Recordar la democracia”. 4º  Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º  Mensaje histórico: “El  ‘punto de quiebre’ ”. 6º  Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º  Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º  Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes?  O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia. 14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs República liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: "Las migraciones no controlables". 33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen militar chocará con el legado de Betancourt”. 34º Mensaje histórico: La Democracia: un asunto de los pueblos. Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala  de Cuervo, 2006.

MI VOZ DE ALERTA: ¡LA REPÚBLICA ESTÁ AMENAZADA!

 

Germán Carrera Damas
Escuela de Historia
Universidad Central de Venezuela


08-11-2008

1
.- No soy un experto en Derecho constitucional, pero nuestra historia me ha enseñado que hay dos condiciones necesarias para la existencia de la República.

Una condición es la separación de los Poderes públicos. Ella es la más importante de las garantías contra el retorno del absolutismo. Este último estuvo vivo en Venezuela hasta 1945. Primero en el seno de la República liberal autocrática, vigente desde 1830. Luego en el de la forma degradada de tal República que fue la Dictadura liberal regionalista que ocupó casi toda la primera mitad del siglo XX.

La otra condición es el ejercicio libre y efectivo de la soberanía popular. Es la única fuente legal y legítima  del Poder público republicano. La soberanía popular estuvo secuestrada desde 1828, en la fase terminal de la República de Colombia, moderna y liberal. Así permaneció en la República separatista de Venezuela hasta ser rescatada en virtud del Estatuto para la elección de Representantes a la Asamblea Nacional Constituyente, promulgado el 28 de marzo de 1946.

2.- En Venezuela ya ha sido conculcada la separación de los Poderes públicos, incluso en su más directa expresión, el Poder Legislativo. Y se ha venido atentando contra la soberanía popular tanto en la formación como en el ejercicio y la finalidad del Poder público, que deberían corresponderse con la expresión plena de esa soberanía.

3.- En esta política de zapa del ordenamiento sociopolítico republicano sobrevive, aunque mediatizada por el ejercicio absolutista del Poder Ejecutivo, en todas sus instancias, la obligación de consultar la soberanía popular, aunque sea mediante procesos electorales montados con mañosa legalidad y desnudos de legitimidad.

4.- Los resultados electorales del 2 de diciembre de 2007, -todavía sin ser informados en su precisa cuantificación por el organismo gubernamental electoral-, demostró que, a pesar de sus características, la voluntad democrática de la sociedad puede hacer que tales ineludibles consultas comiciales arrojen resultados impredecibles para quienes trabajan en desvirtuar la soberanía popular.

5.- Por estas razones los demoledores de la República han venido intentando montar una Administración pública paralela de la constitucional. Esta trama  ha desembocado, como los vestigios de la Administración pública constitucional, en un pantano hecho de desorden, ineficacia, corrupción y subversión de elementales valores sociales.

6.- El régimen militar-militarista se encuentra prisionero de su incapacidad para penetrar el tejido social, -más aún para controlarlo-, en la medida requerida para lograr sus objetivos de concentración absolutista del Poder público.

7.- El régimen militar-militarista quiso superar esta dificultad constituyendo el Partido único, con un  triste resultado. La Historia enseña que tal cosa fue posible en sociedades profundamente afectadas por calamidades políticas y perturbaciones sociales y económicas, que buscaron remedio en regímenes que demostraron capacidad de restaurar el orden y probar eficiencia, aunque fuese a un alto costo en libertades y derechos humanos: Italia y Alemania nazi-fascistas son dolorosos ejemplos, y ello, sin dejar de señalar que tales partidos, decretados políticamente y sustentados con los dineros públicos, vivieron lo que los regímenes autoritarios que los crearon artificialmente.

8.- En esta Venezuela democrática no existía ese cuadro de malestar social y económico y desconcierto político; ni el actual recurso salvacionista ha dado muestras de orden y eficiencia. Antes por el contrario, ese recurso ha acentuado los alegados déficits en esos terrenos. Día a día la caótica realidad creada por el militarismo desmiente su empeño en  descalificar el régimen sociopolítico democrático establecido por la soberanía popular.

9. El próximo 23 de noviembre ha de cumplirse una obligación republicana constitucional que el régimen militar-militarista no podría eludir sin ahogarse en la infracción de su propia legalidad.

10.- Ante los indicios adversos, y los pronósticos desalentadores, ese régimen ha tomado provisiones consistentes en el montaje, seudo legal, de un Estado militar-militarista, que le permitiría intentar seguir adelante en su propósito de concentración absoluta del poder, prescindiendo de los resultados de la consulta electoral del próximo  23 de noviembre.

11.- Para este efecto debería funcionar, si el inherente desorden e insuperable ineficiencia del régimen militar-militarista lo permitieran, la virtual ocupación militar de la República, ya diseñada.

12.- La activación de ese dispositivo militar-militarista permitiría dejar languidecer  el Gobierno civil descentralizado y los vestigios de la Administración pública constitucional, mientras sirven de escudo, al poder absoluto, ante las reivindicaciones ciudadanas  impulsadas por el deterioro de las condiciones de vida y de funcionamiento social.

13.- Así, el resultado sería demoler la estructura jurídico-política republicana conservando el cascarón, como ha sucedido en Cuba.

14.- Pero esta estrategia no ha valorado adecuadamente la autenticidad de los logros  de la sociedad venezolana en su larga marcha hacia la Democracia, logros que han significado su avance hacia su conversión en una sociedad genuinamente democrática, voluntad que habrá de imponerse en esta próxima prueba comicial, y que no podrá ser alterada por quienes marchan a contrapelo del devenir histórico.


Caracas, 5 de noviembre de 2008.

german.carrera.damas@gmail.com




Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º  Mensaje  histórico: “Recordar la democracia”. 4º  Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º  Mensaje histórico: “El  ‘punto de quiebre’ ”. 6º  Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º  Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º  Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes?  O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia. 14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs. República liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: "Las migraciones no controlables". Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). 33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen militar chocará con el legado de Betancourt”. Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos).Caracas, Editorial Ala  de Cuervo, 2006.


LA DEMOCRACIA: UN ASUNTO DE  LOS PUEBLOS

Germán Carrera Damas
Escuela de Historia
Universidad Central de Venezuela


04-11-2008

La Segunda Guerra Mundial fue, seguramente, el más universal de los acontecimientos sociopolíticos vividos hasta entonces por la Humanidad. Parece posible afirmar que no quedó un rincón habitado del planeta que no fuese afectado de inmediato, directa o indirectamente, en mayor o menor grado, tanto por sus expresiones militares e ideológicas, como por sus repercusiones políticas, económicas y sociales. Su desenlace atómico no sólo consolidó la universalidad del acontecimiento, sino que lanzó esa universalidad por una proyección abierta que ha sido, desde entonces, el fantasma que más aterra a la Humanidad.

Es obvia la significación de la Segunda Guerra Mundial  como la primera y primordial derrota infligida al totalitarismo, en sus dos más agresivas derivaciones del socialismo, el fascismo y el nacionalsocialismo. Lo es también en su proyección hacia la confirmación de un orden mundial articulado sobre bases que tienden a lo igualitario y democrático, en las relaciones internacionales, y a lo genéricamente humanitario en lo concerniente a los derechos del hombre. Parece posible afirmar que a la existencia de este ordenamiento puede atribuirse el hecho de que el cruento y generalizado episodio denominado La Guerra fría no desembocase en una abierta, y posiblemente terminal, conflagración mundial.

Pero mis palabras no estarán dirigidas a explorar estos fundamentales aspectos de la cuestión que motiva este Foro. Lo estarán a proponer a la consideración de Ustedes un resultado de la Segunda Guerra Mundial que, en lo concerniente a los venezolanos, ha pasado inadvertido. Lo enunciaré de esta manera: la democracia venezolana es una de las tres grandes democracias resultantes de esa guerra, compartiendo esa condición con Japón e India; y con ello la instauración del régimen sociopolítico democrático en escenarios que parecían muy poco propicios a ese efecto. En el caso de los venezolanos, se había llegado a considerarnos histórica y socialmente incapacitados para el ejercicio de la democracia, y por ello condenados a padecer dictaduras y veladas tiranías.

Y es al caso de la democracia venezolana que deseo referirme. En la Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia es posible distinguir dos grandes etapas. Una etapa ha consistido en la instauración de un régimen sociopolítico democrático. Los antecedentes pueden hallarse a mediados del siglo XIX, pero su realización ocurrió a partir del 18 de octubre de 1945, justamente al término de la Segunda Guerra Mundial. Llegó a su término, igualmente, la dictadura liberal regionalista que imperaba desde el comienzo mismo del siglo XX. Los hombres que impulsaron ese histórico cambio tuvieron clara comprensión del momento internacional que vivían, y de las expectativas que, en parte debido a ello, podían abrigar. En un discurso pronunciado el 6 de mayo de 1945, el más representativo de esos hombres, Rómulo Betancourt, dijo: …”Desconfiamos confesamente de los gobiernos que están moldeando la paz, pero creemos, con apasionada y militante fe, en los pueblos de Europa, de Asia, de América que con su energía colectiva serán capaces de forjar un mundo mejor, de hacer cumplir la Carta del Atlántico, de transformar las cuatro libertades rooseveltianas en norma de convivencia humana, ahora que corren el riesgo de servir apenas como pie forzado de oraciones necrológicas, vertidas sobre la fosa recién abierta del gran estadista estadounidense.” A lo que añadió una expresión de firme convicción: “Nosotros creemos que la post-guerra abre para todos los pueblos del universo magníficas perspectivas y grandes posibilidades. Entre ellas hay una fundamental; libre cancha para el desarrollo democrático de las naciones, porque si algo ha quedado liquidado definitivamente, o cuando menos por algunas décadas, en esta sangrienta contienda, ha sido la tesis providencialista del ‘jefe único’”… (Rómulo Betancourt, Rómulo Betancourt. Antología política, volumen tercero, 1941-1945, p. 305).

Los requerimientos de la lucha contra el fascismo llevaron a la producción de los dos documentos que acabo de mencionar. Uno, la Doctrina de las cuatro libertades, formulado por Franklin Delano Roosevelt. El otro, la Carta del Atlántico, suscrito por el ya mencionado y Winston Churchill. En su contenido vieron los demócratas venezolanos la garantía de la autodeterminación de los pueblos y la legitimación de la aspiración democrática, y actuaron en consecuencia. Infortunadamente para otros pueblos, esos documentos, presentes en las conferencias de Teherán y Yalta, vieron agostarse su fuerza, hasta perderla del todo, en el infame reparto de zonas de influencia; mientras nuestra naciente democracia sufría un transitorio colapso en aras de la Guerra fría.

Pero la Historia es tenaz, y la democracia apresuradamente sembrada en el lapso 1945-1948, arraigó, y superando reiteradas y dolorosas agresiones, tras casi cuatro décadas de vigencia,  reveló los requerimientos de la que constituye la segunda gran etapa de la fase final de la Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. Se hizo patente que la democracia, por no ser sólo un régimen jurídico-político sino, sobre todo, un tejido orgánicamente sociopolítico, no radica en las instituciones, -por ser éstas siempre intimidables, corruptibles o desnaturalizables-, sino en la sociedad.

En suma, que sólo una sociedad genuinamente democrática puede ser el asiento de un régimen sociopolítico democrático, consolidado y auto perfeccionable. Y en impulsar la formación de esa sociedad estamos ocupados hoy los venezolanos que oponemos nuestra determinación democrática a las pretensiones, confesamente absolutistas, de quienes atentan contra la República liberal democrática.

No estamos solos en esta lucha, como tampoco somos la única sociedad  amenazada por los que René Felber, Presidente de la Confederación Helvética, denominó los viejos demonios, exacerbados por los sobrevivientes de los regímenes autoritarios derrotados en 1945, coludidos con los ahora náufragos del socialismo autocrático.

Los pueblos hermanos del Este de Europa viven el trance de disipar, en su seno, las secuelas de un pasado reciente que puso medio siglo de distancia entre la aspiración de democracia y libertad, que se esperaba después de la derrota del nazifascismo, y la instauración de un régimen sociopolítico democrático. También el pueblo venezolano vive hoy la amenaza de viejos demonios, atávicos y sobrevivientes de los regímenes derrotados en La Guerra fría, confabulados contra su democracia.

Esos pueblos, aquí dignamente representados,  advierten con cada día mayor claridad, como lo hace el venezolano, que la vigencia de un régimen sociopolítico democrático sólo es posible mediante la conformación de una sociedad genuinamente democrática. Tal es la lección que brinda la historia contemporánea: la democracia es un asunto de los pueblos.


Caracas, 2 de noviembre de 2008


 

Nota: Ponencia presentada en el Foro “La Democracia: un asunto de los pueblos”, organizado por el Instituto Respekt Cas La Venezuela, Grupo de extensión Universidad Central de Venezuela. Ponentes: Germán Carrera Damas, Embajador, Historiador {Venezuela), Philip Dimitrov, Ex Primer Ministro, Diputado y Embajador (Bulgaria), Jan Rumli, Líder de la Revolución de Terciopelo, ExMinistro del Interior (República Checa), Eduard Kukan, Embajador, ExMinistro de Relaciones Exteriores (República de Eslovaquia), Fredo Arias King, sovietólogo,  Milos Alcalay, Embajador (Venezuela) y video conferencia de Vaclav Havel, Líder de la Revolución de Terciopelo, Expresidente de la República (República Checa). La participación de Lech Walesa, Premio Nobel de la Paz y ExPresidente de  la República (Polonia), fue impedida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela. Caracas, Universidad Central de Venezuela, 3 de noviembre de 2008.

german.carrera.damas@gmail.com


 

Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º  Mensaje  histórico: “Recordar la democracia”. 4º  Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º  Mensaje histórico: “El  ‘punto de quiebre’ ”. 6º  Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º  Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º  Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes?  O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia. 14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs República liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: "Las migraciones no controlables". Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala  de Cuervo, 2006.


Entrevista realizada por Gloria M. Bastidas
EL 23-N EL REGIMEN MILITAR CHOCARA CON EL LEGADO DE BETANCOURT

Para El Nacional. Caracas, 19 de Octubre de 2008

Al cumplirse 63 años de la Revolución de  Octubre, el historiador hace un balance de la gesta del fundador de AD y  advierte que el gran obstáculo que se le presenta a este gobierno para su  propósito de "concentración absoluta del poder" no es, propiamente, el  ejercicio de la democracia, sino algo que es consustancial con la  República: la soberanía popular.
 

Germán Carrera  Damas coloca frutas a los pájaros que revolotean en la terraza de su  apartamento y luego clava la mirada en los animales con la curiosidad de  un zoólogo. "Mire, están comiendo", dice, mientras se apresta a sumergirse  en el reino de la historia. Su reino.

La Fundación Rómulo  Betancourt acaba de publicarle una joya titulada La primera  república liberal democrática (1945-1948). Nada más la  portada del libro conmueve. Se muestra allí una foto de El País  (diario de AD editado en los años cuarenta) en la que aparece una  mujer, con su pequeña hija en brazos, depositando su voto en una urna que  tiene un aspecto artesanal. Es una imagen en sepia, lo que ya inspira una  cierta melancolía. Pero lo otro que toca las fibras íntimas de  quien la observa es que esa gráfica recoge un momento estelar de la  historia de Venezuela. Fue tomada el 27 de octubre de 1946, es decir,  cuando se celebraron las elecciones para designar a los miembros de la  Asamblea Nacional Constituyente, y las mujeres también los analfabetos y  los jóvenes se estrenaban en el acto de consignar una papeleta para  decidir el destino del país. De todo ésto y más habla el autor de El  culto a Bolívar, y miembro del Movimiento 2D, en esta  entrevista. 

¿Por qué sostiene con tanta convicción que el 18 de  Octubre no fue un mero golpe de Estado sino que produjo una revolución?

La aparición de la primera república liberal democrática fue el  resultado de una confabulación de fuerzas militares y civiles para  derrocar a un gobierno que estaba establecido en función de una  determinada constitucionalidad o legalidad. No podemos disminuir la  significación de ese hecho. Pero lo que llega a ser definitivo es el saldo  histórico. Nunca he dejado de admitir que aquello fue una conspiración.  Sin embargo, los actos iniciales de aquella conspiración ya revelaban un  propósito que la diferenciaba de todo lo anterior. Uno de los  primeros decretos de la Junta Revolucionaria de Gobierno establecía que  ninguno de sus miembros podía postularse para las elecciones  presidenciales que habrían de celebrarse posteriormente. Betancourt era un  joven político que se venía preparando desde hacía muchos años para llegar  al poder. ¿Cómo es posible que este hombre, que de pronto se encuentra en  la condición de presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, tuviera  conciencia de que su condición era de facto? Es sólo después de que  se reúne la Asamblea Nacional Constituyente cuando se le designa  presidente provisional. Pero, apenas se instala el Congreso, depone el  mando ante él. No intenta perpetuarse en el poder.

¿Qué otra  cosa rescataría del trienio?
 

Aquel movimiento comienza por  replantear en sus raíces el proceso de formación del poder. El poder deja  de ser una atribución de un pequeño grupo social y pasa a manos de la  totalidad social. Lo esencial de lo actuado entre 1945 y 1948 es que se  rescata la soberanía popular, que estaba secuestrada desde que Bolívar  estableció la dictadura comisoria en 1828 y que había sido sustituida por  un aparato legal, constitucional, es cierto, pero que la limitaba a un  reducido club electoral. Ahora votan las mujeres, los analfabetos y los  menores de 21 años, es decir, aquel 90% de la sociedad venezolana que  estaba al margen de las decisiones. Y ese paso indica que lo que había de  tradicional en la forma de acceso al poder es un hecho anecdótico porque  lo fundamental es lo que se está sembrando. Ninguno de los cambios  introducidos por la primera república liberal democrática ha podido ser  derogado hasta el día de hoy. Falseado, adulterado, violado sí.  Pero no derogado. 

La primera república liberal democrática, sin  embargo, sufre un eclipse desde 1948 hasta 1958, cuando nace lo que usted  llama la segunda república liberal democrática… 

Planteo lo de la  segunda república liberal democrática por una conveniencia de  periodificación histórica. Pero hay una continuidad notable entre  ellas. La primera república liberal democrática no desapareció:  estaba en la cárcel, estaba en el exilio, la mataron en San Agustín, pero  estaba presente. La primera república liberal democrática no sólo no había  muerto: rebrota el 23 de Enero. ¿Pero cómo lo hace? En medio de un  movimiento militar continuista. La idea era un gobierno militar sin Pérez  Jiménez, sin Pedro Estrada, pero con una junta militar. Es la irrupción  sorpresiva de la sociedad, donde estaba sembrado el principio de la  democracia, lo que altera aquello. Alguna gente dice que el Pacto  de Puntofijo tuvo un efecto negativo. No, el Pacto de Puntofijo tenía dos  caras. Por un lado, impedir el retorno de la dictadura militar y, por el  otro, fortalecer el frente de la democracia ante los movimientos que de  alguna manera buscaban subvertirla. La democracia es una forma  sociopolítica recién nacida, que encierra dos peligros.

¿Cuáles  son esos peligros?

Uno es la demagogia. Por eso la democracia,  para sobrevivir, necesita de dirigentes muy lúcidos, muy firmes. El  segundo riesgo es que la democracia estimula el surgimiento y la expansión  de demandas sociales. La demanda social generada por el ejercicio de la  democracia conspira contra su consolidación. Porque esa demanda social, al  expresarse libremente, y al estar en la base de la formación del poder,  puede influir o determinar el curso mismo de la democracia. Después de  tres décadas de ejercicio de la democracia plena en Venezuela, vimos  agigantarse la demanda social. Entonces entró a operar allí ese atavismo  que tenemos escondido en nuestro ser íntimo, que es aquello que heredamos  de tres siglos de monarquía: la idea de que es la voluntad de un hombre la  que puede hacer frente a las necesidades de la sociedad. Y surge la figura  de un líder, de un redentor, es decir, Fernando VIII. Una sociedad  agobiada por sus necesidades, que han sido exacerbadas por el mismo  desarrollo democrático, tiende a pensar en una solución  salvacionista.

La que vivimos...

Esa tendencia  salvacionista llega al poder después de un intento de recurrir al  procedimiento tradicional del golpe, ése sí militar, porque el continuismo  militarista no ha cesado todavía. Y no sólo es la concentración del poder  en los militares, sino que es la apropiación de la administración pública  por los militares. Por eso digo que éste es un gobierno militar  militarista. Este régimen ha descubierto que el gran obstáculo para su  propósito de concentración absoluta y autoritaria del poder no es,  propiamente, el ejercicio de la democracia, sino su más absoluta  fundamentación: la soberanía popular. Pero la soberanía popular es  consustancial con la República. La monarquía emanaba de la voluntad  divina; la República emana de la soberanía nacional. De manera que si no  se suprime la soberanía popular no se puede llegar a una concentración  absoluta del poder. Lo que nosotros vamos a vivir el 23 de noviembre es un  intento de demolición de la República, no ya de la democracia. Para tú abolir la soberanía popular ya no basta con que combatas la democracia.  Tienes que combatir la estructura institucional dentro de la cual la  soberanía popular es determinante: la República.


¿Y cómo se  puede hacer eso?

Tú no puedes decir: voy a restaurar la  monarquía, pero sí puedes montar un aparato de control, como el que se ha  montado ahora con las regiones militares, que permita colocar al poder  civil en una posición subordinada. Ese futuro Estado secuestraría la  soberanía popular y la sustituiría por una nueva ficción. Esa ficción ˆlo  de nueva es relativoˆ es que se interpreta la voluntad del pueblo. ¿Quién  la interpreta? Aquella persona que está ungida por no sé sabe qué poder  para ser el intérprete de la voluntad del pueblo. Esto no es nuevo. Esto  fue Hitler. Esto fue Mussolini. Esto fue Franco. Esto fue Stalin. Esto es  Fidel Castro. ¿Elecciones para qué? Yo interpreto la voluntad del  pueblo. ¿Por qué la interpreto? Porque yo soy el pueblo. Nosotros  somos todavía, en un gran sector de la sociedad, ciudadanos en formación,  históricamente en formación. Tenemos el súbdito allí. ¿Cuándo se reconoce  la Independencia de Venezuela? En 1845. Y justamente un siglo después se  inaugura la primera república liberal democrática. Es decir que, en  definitiva, no estamos nada lejos de nuestro pasado  monárquico.

¿Y quién va a triunfar en la Venezuela que  viene a partir del 23-N: la sombra de Fernando VIII, la conciencia  monárquica o el legado de Rómulo Betancourt, la democracia?

El  gobierno militar militarista no sólo no ha logrado incorporar a nuevos  sectores sociales, sino que ni siquiera ha logrado amedrentar a aquellos  que desde el primer momento le han dicho No. El 2 de diciembre eso quedó bien claro. En este caso, la situación se plantea en mejores condiciones  que nunca. Lo que está en liza es el poder descentralizado. Y hasta en el  aparato autocrático hay gente contaminada de democracia. De tal manera que  el fracaso de este régimen en crear ese partido monolítico, que daba por  seguro, lo que nos está diciendo es que ese virus democrático está mucho  más expandido de lo que habíamos pensado. Hemos visto la rebeldía  interna. Quieren obedecer, pero no tanto. Todo intento de ir contra la  conciencia democrática arraigada en la sociedad venezolana está condenado  al fracaso. ¿Que puede ser costoso y doloroso? Eso es posible. Pero  el desenlace para mí, ya está dado. El 23 de noviembre próximo el régimen  militar militarista chocará contra el legado histórico democrático de  Rómulo Betancourt, 

 

german.carrera.damas@gmail.com




EL LEGADO

Germán Carrera Damas

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades y Educación.

Universidad Central de Venezuela.


Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º  Mensaje  histórico: “Recordar la democracia”. 4º  Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º  Mensaje histórico: “El  ‘punto de quiebre’ ”. 6º  Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º  Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º  Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes?  O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia. 14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs. República liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: Las migraciones no controlables. Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala  de Cuervo, 2006.


07-09-2008


Había sucedido. Sólo que ahora nos costaba mucho mirar hacia delante, y sobre todo hacerlo sin que el intento se viese contrariado por la presencia de una realidad que se revelaba, más y más, como una perversa combinación de estados de ánimo. Se barajaban en esa combinación la determinación de reanudar la marcha interrumpida, y una casi irrefrenable ira hecha del visible contraste entre los pasados logros convertidos en restos y el insoslayable peso de las esperanzas frustradas. Bastaba recorrer el fundo, descuidado y malogrado, para que tal combinación amenazase desbordarse, abriéndose cauces de desaliento. Pero tales eventuales desbordamientos debíamos asumirlos como llamadas de atención para despertar, estimular y dirigir determinadamente las reservas de confianza en el propio esfuerzo, y en nuestra probada capacidad de creación. Mucho significaba, para estos efectos, el haber mantenido vivo el recuerdo de la obra de conformación de la nacionalidad republicana democrática, realizada durante el pasado medio siglo.

Sin embargo, no era posible atenuar, ni menos subestimar, el alcance y la proyección de los efectos del reciente pasado. Las cercas del fundo, descuidadas o deliberadamente levantadas, eran traspasadas impunemente por depredadores, cuyas incursiones criminales, impunes y hasta auspiciadas por los  mismos que debían reprimirlas e impedirlas, mantenían en constante desasosiego a los pacíficos habitantes del desguarnecido fundo. Los caminos abandonados y los puentes desplomados; las extensas zonas devastadas por la conjunción de los desastres naturales y la incuria gubernativa; las instalaciones industriales y galpones desiertos, saqueados y ruinosos; los sembrados invadidos y los rebaños diezmados; las escuelitas destartaladas; los dispensarios abandonados; el teléfono y el correo puestos al servicio de la incomunicación; todo sumaba en un cuadro desolador que, sin embargo, disimulaba los más profundos y duraderos estragos causados por los dislates del capataz imprudentemente designado, confabulado con sus mayordomos y peones irresponsables, que habían hecho suya la obra de los legítimos propietarios del fundo, quienes habían sido sorprendidos felonamente en sus aspiraciones de un futuro mejor.

La lucha contra los efectos de tales estragos, más temibles porque amenazaban con ser prolongados, se libraba en el ámbito de la conciencia individual y colectiva. Tenía que ver con la capacidad de identificarlos y de situarlos en una perspectiva de comprensión y de superación, despejándolos de una tupida atmósfera hecha de ramplonería, ridiculez desbocada y substitución del respeto, mutuo y ajeno; y por la palabra y el gesto zafio, cuando no soez. Para lo primero, era requisito ubicar los agentes nefastos en su condición transitoria y circunstancial. Tal ocurría con la actitud ante el trabajo productivo y el manejo inteligente y prudente de los recursos, tanto individuales como colectivos. Para lo segundo, era necesario restablecer valores morales y dimensiones éticas cuya vigencia había sido desacreditada de propósito, palabra y acción, ahogándola en una desenfrenada y ostentosa corrupción, y en un insultante despotismo.

Había llegado la hora de reagrupar fuerzas para restaurar, reordenar e impulsar la vida de quienes nunca habíamos
perdido la confianza en el futuro promisorio del fundo; ni siquiera cuando una porción de sus legítimos dueños incurrieron en la ilusión de confiar en un capataz jactancioso y felonamente prometedor. Para esos fines era necesario que comenzáramos por rescatar los vestigios de la lógica que, por vapuleada y escarnecida, parecía haberse ausentado del fundo, espantada ante la entronización de su afrentoso adversario la ilogicidad. Estábamos persuadidos de que habría de ser dura, pero no irrealizable, la tarea de rescatar la luz de la palabra, despojándola de la mentira; y de recuperar la credibilidad de los llamados a orientar y dirigir. En suma, de lavarle le cara a la República para que pudiese mirarse, confiada, en el espejo de la opinión pública libremente expresada.

Comprendíamos los sobrevivientes de aquel naufragio en tierra, que el rescate de la lógica debía comenzar por hacer  un puntilloso balance del legado in solidum que así recibíamos. Esto suponía comenzar por listar lo que de ese legado podía ser aprovechable, de alguna manera, para restaurar el fundo; y hacer de ello plataforma del renacer procurado; y con ello poder saldar las deudas contraídas con la genuina voluntad nacional, restableciéndole su capacidad de decisión; con el derecho al bienestar social, asfixiado por la dilapidación y la ineficiencia en el uso de los recursos públicos; y con el ejercicio de la
soberanía popular, substrayéndola de sórdidos nexos y oscura subordinación.  No fue empeño escaso ni productivo. En vano procuramos identificar lo que en el legado podía haber de tangible, y de precisamente determinable, que pudiese servir a tales efectos. Incurrimos en la ingenuidad de esperar que algo de lo cuantiosamente producido por el fundo pudiese haber sobrevivido al dispendio, la corrupción, la improvisación y los maliciosos destinos.

Persuadidos de que era inútil proseguir en tal esfuerzo, los legítimos propietarios del fundo nos aventuramos a indagar sobre lo
que de intangible hubiese en el indeseable legado, que pudiese servir a la recuperación del fundo; y sólo esto hallamos: la actuación de quienes habían manejado el fundo a su antojo lo único que había conseguido, y que nuestra lucidez valorase como útil, era haber contribuido, a contra voluntad, a despejar de algunos mitos y falsas creencias el pensamiento colectivo de los habitantes del fundo.

Valido de su precario pasado militar, el capataz que hizo también las veces de mayordomo y hasta de dueño absoluto del fundo, no sólo practicó un insultante despreció por quienes no participábamos de ese pasado, fuésemos  o no civiles. Proclamando a sus seguidores hacedores del orden, en todas sus expresiones, al confundir perversamente el orden con la subordinación y la incondicional obediencia, hizo de estos oscuros y resentidos seguidores simple prolongación de un omnímodo poder cargado del más eruptivo desorden. Una a una, instituciones y corporaciones que habían sido concebidas como deliberantes y autónomas, se hundieron en un pantano hecho de amedrentamiento, logrerismo y lucro personal.  Las que no se inclinaron ante el despotismo fueron agredidas  mediante la artería verbal y seudo jurídica de rábulas agavillados. Sólo alcanzaron a sobrevivir las que asumieron un alto costo ético, e hicieron gran despliegue de firmeza democrática.  Vaciados aún de la más elemental capacidad autonómica, los cimientos institucionales del fundo se habían disuelto en la desconfianza, y hasta el desprecio, de quienes debíamos tenerlas por garantes de nuestros derechos. Ya no será posible que recaigamos en la candidez de suponerles a los militares aptitudes y voluntad de preservar el orden. Por el contrario, se han consagrado como destructores del orden social.

Valido también de su precario pasado militar, el capataz que hizo las veces de mayordomo y hasta de dueño absoluto del fundo, predicó la segunda parte del mito militar. Practicando un insultante despreció por quienes no participábamos de ese mito,  fuesen o no civiles, proclamó y recomendó, a quienes compartían su escuálido pasado militar, como agentes de la eficiencia, en todos los órdenes; y los distribuyó ubicándolos a la cabeza de todas las actividades del fundo. Con  arrogancia y prepotencia delegadas, subordinados militares y civiles de servil vocación, proclamaron normas de orden y eficiencia, es decir el mito completo. Sólo que sus preceptos se tradujeron en autoritarismo gubernativo e irresponsabilidad administrativa, cultivados como nepotismo, favoritismo y corrupción, y amparados en  la impunidad política y en la no rendición responsable de cuentas. Ha quedado  así libre nuestra conciencia de sobrevivientes, del mito que asociaba lo militar con el orden y la eficiencia, al revelarse y exhibirse el mito como mera cobertura del más crudo monopolio del desorden y el desbarajuste gubernativo y administrativo.

Pero había ocurrido que el capataz que hizo también las veces de mayordomo y hasta de dueño absoluto del fundo, había envuelto su falaz mensaje de orden y eficiencia en un papel de colores por el que habíamos dado seculares pruebas de gusto los desprevenidos pobladores del fundo. Ese papel, utilizado para el ocultamiento de lo real,  era desempeñado por una creencia históricamente generada, que había sido convertida de un culto del pueblo en un culto para el pueblo. Visto como el que independizó el fundo, demarcándolo históricamente; y por ello erigido en símbolo de los más altos valores socializados, al ser puesto al servicio de las depredadoras acciones del capataz, los mayordomos y los serviles, poco a poco se fue haciendo claro que el mito heroico, socialmente consentido y políticamente manipulado, se convertía en una grotesca y descarada coartada, utilizada para distraer la opinión mientras se atropellaba los valores por los que se proclamaba que había luchado el objeto del culto así rendido. El hastío y la decepción, así cultivados de manera atropellante, habían liberado la conciencia pública del más peligroso de los mitos, puesto que por casi dos siglos le había servido de transmisor al virus del militarismo, bien sea intencionalmente inoculado por los gobiernos autocráticos, bien sea inadvertidamente invocado por los gobiernos democráticos.

Hecha estas comprobaciones, se nos planteó el hacerlas confluir con los signos favorables a la recuperación del fundo, que se advertía en los restos que habían sobrevivido al ensañamiento destructivo, con  los valores que no solamente habíamos preservado y defendido en los tiempos aciagos, sino celosamente cultivado íntimamente y activado de manera reiterada. Al correlacionar lo involuntariamente legado por los usurpadores de la soberanía popular, con lo voluntariamente preservado por quienes nos mantuvimos fieles a esa soberanía, quedó claramente restablecida la confianza histórica en la democracia, entendida y practicada como laboriosa procura del orden libremente consentido, y de la eficiencia responsablemente controlada; ambos dentro del respeto del ejercicio de la soberanía popular como principio legitimador de la convivencia de los habitantes de una república que había sido abusivamente tratada como un fundo, del que se había apropiado dolosamente una gavilla de militares y civiles serviles que tan sólo habían logrado demostrar que les calzaba el haberse revelado como hombres nuevos con hambres viejas.

Caracas, 10 de mayo de 2008.

german.carrera.damas@gmail.com




32º Mensaje histórico

LAS MIGRACIONES NO CONTROLABLES


Germán Carrera Damas

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades y Educación.

Universidad Central de Venezuela.


Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia  nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º  Mensaje  histórico: “Recordar la democracia”. 4º  Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º  Mensaje histórico: “El  ‘punto de quiebre’ ”. 6º  Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º  Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º  Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes?  O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia. 14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs. República liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala  de Cuervo, 2006.

01-07-2008

Existe un estado de alarma en los países latinoamericanos de donde proceden fuertes contingentes de migrantes, legales e ilegales, asentados en Europa. Gobiernos, democráticos y no democráticos, se aprestan a combatir, en los foros e instancias internacionales, la reciente legislación de la Comunidad Europea en esa materia, por considerarla represiva y contraria a los derechos humanos. No parece que esos gobiernos prestaran una atención equiparable a las condiciones que, imperantes en sus respectivos países, inducen o impulsan a las que he denominado migraciones no controlables. Quizás esta actitud gubernamental revela un trasfondo poco halagüeño, al configurar una exportación de mano de obra que alivia tensiones socioeconómicas internas, y genera una entrada de remesas en monedas fuertes que se tiene buen cuidado en no incluirlas, en el rango que representan, en las cuentas nacionales. De hacerlo, se correría el riesgo de confesar que es la exportación de trabajo barato un renglón capital de las respectivas economías.

Al significar, las migraciones no controlables, una severa sangría de las sociedades emisores, -por cuanto en esas migraciones se reúnen, en grado nada desdeñable, la calificación en oficios y profesiones y el espíritu emprendedor-, van en desmedro de la capacidad de las respectivas sociedades para llegar a un estadio de su desarrollo que haga innecesario el reclamar que otras sociedades abran las puertas a quienes no encuentran en sus sociedades de origen las condiciones para realizar sus aspiraciones de superación social y bienestar económico y cultural. Esto sea dicho sin poner en la cuenta el exilio forzado por regímenes dictatoriales, al estilo fudelista; ni por la segregación interna llevada al extremo de condenar millones de personas a convertirse en inmigrantes clandestinos en el seno de su propia sociedad, cual ocurre en la Venezuela militarista y militar con los miles de trabajadores despedidos en la industria petrolera y condenados al desempleo, y con los millones de firmantes del referendum revocatorio mencionados en la infame “lista Tascón” y sus familiares.

Hace ya unos cuantos años que viendo venir este fenómeno social, hoy tan alarmante, y considerando especialmente sus efectos en el seno de América Latina y de Venezuela, compuse el breve artículo que me permito recordar en este Mensaje histórico. En su momento dejé constancia, y ahora lo ratifico, del respeto y la simpatía que me merecen los millones de personas que hacen valer el más sagrado de los derechos humanos: el de no dejarse morir de hambre.


LAS MIGRACIONES NO CONTROLABLES

Constituyen uno de los fenómenos masivos más importan­tes de nuestro tiempo. Compromete el destino de pueblos enteros y amenaza la estabilidad social aun de los países más poderosos. Se presenta con rasgos y ritmo tales que reta la capacidad de acción de los gobiernos. Genera confrontaciones sociales que ponen en grave riesgo el orden democrático y el deseado imperio de los derechos humanos. No sólo la libertad se ve puesta en riesgo. El concepto mismo de derechos humanos estaría en entredicho, si admitiéra­mos que se trata  del primero y más sagrado de esos derechos: el de no de­jarse morir de hambre. Y es el ejercicio de este derecho, en ultima instancia, el que genera el fenómeno demográfico que denomino migraciones no controlables .

Tiene más de fenómeno nuevo que de variante de las mi­graciones conocidas. Es expresión vital de sociedades en las cuales han aparecido fenómenos como el nunca empleado. Este es el in­dividuo que entra en su madurez no como desempleado sino como alguien que jamás ha tenido empleo. Y que seguramente no alcanzará a tenerlo... La masificación de este fenómeno, sumada a las tradicionales causas de migración,-pobreza crónica, inamovili­dad social, inseguridad grave y permanente, etc.-, nutre las migra­ciones no controlables. Por la profundo, lo persistente y lo genera­lizado de sus causas, éstas alcanzan niveles de intensidad y de ma­sificación que desbordan los medios empleados para controlarlas y o desalentarlas.

El fenómeno de las migraciones no controlables está pre­sente hoy en regiones y áreas culturales muy diversas. Pero sobre todo en  Europa, respecto del Magreb y de Asia; en Rusia respecto de las sociedades islámicas de la antigua Unión Soviética; en di­versas partes de América Latina, y especialmente en Venezuela, respecto de Colombia, el área andina y el Caribe;  y en los Estados Unidos respecto, particularmente, de México, América central y el Caribe. Pero cabe advertir que no se trata de procesos migratorios forzados, como los generados por el conflicto árabe-israelí, por la crisis del socialismo autocrático y por las crueles guerras de los Balcanes y el Cáucaso. Tampoco de los generados por los genocidas enfrentamientos tribales centroafricanos.

De todos los casos mencionados quizá sea el más estudiado  el de la frontera entre México y los Estados Unidos. Abundan los estudios realizados por organismos oficiales e instituciones aca­démicas. Los publicados por El Colegio de la Frontera, en México, y por la Universidad de California en San Diego, son especialmente importantes. A estos esfuerzos de conocimiento se suman medidas legislativas, masivo empleo de recursos de todo género y prácticas frecuentemente nada compatibles con los derechos del hombre y hasta con la más elemental dignidad humana.

No obstante, el Presidente Clinton ha considerado necesa­rio formular su estrategia de control de la inmigración. Lo ha he­cho partiendo de la proclamación de un principio que mueve a re­flexión: "Somos una nación de inmigrantes, y todos debemos estar orgullosos de ello. Pero no es bueno e incluso es autodestructivo para una nación de inmigrantes permitir el tipo de abusos que se ha visto en los últimos años"... Sentado este principio, esbozó una política cuyos ejes son el control del empleo y la represión policial de la inmigración ilegal. El objetivo lo precisó el secretario del Trabajo, Robert Reich: ..."en este país estamos creando lugares de empleo tercermundistas