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| EL ESTUDIANTE DE LA NUEVA ERA |
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¡FUERA LOS LIBROS SÍ A LA COMPUTADORA! |
| Por: Richard Bocaranda |
30-01-07
La educación es y ha sido uno de los temas de mayor interés en la evolución de la sociedad. A lo largo de la historia se han sucedido cambios y reformas en el ámbito educativo que, al mismo tiempo, atienden a las aspiraciones que tiene la sociedad para este sector. Importantes cambios en las diversas facetas culturales de la sociedad occidental han implicado la búsqueda de cambios en el sistema educativo. De acuerdo a los principios filosóficos de los movimientos intelectuales de cada época se ha producido un cambio educativo.
El inicio de un nuevo milenio ha significado el reto de hacer de la sociedad un mundo más equitativo, justo, social y humanitario. Durante los últimos años del siglo veinte, convergen diferentes líneas de pensamiento en un solo resultado, como lo es, un cambio en la manera de ver la vida. A lo largo de los últimos años de este siglo, próximos a la finalización de nuestro segundo milenio, se han ido produciendo importantes cambios en multitud de facetas culturales de la civilización occidental que, en conjunto, convergen en un cambio general de perspectiva, de la forma de contemplar la naturaleza y el quehacer humano, es decir, lo que se conoce como un cambio de paradigma.
Este cambio de paradigma ha coincidido con la acumulación y agudización de una serie de problemas sociales que necesitan, según los líderes políticos, religiosos, educativos, económicos, de cada sociedad, ser resueltos de manera urgente. La problemática ambiental, la crisis económica, armamentista, y energética, la calidad de vida en los países y en las grandes ciudades, el deterioro de la salud como consecuencia del entorno y de las relaciones humanas, son algunos de los problemas que han sido abordados en diferentes discursos y que de alguna manera han influido en el cambio de paradigma, en el momento de iniciar un nuevo milenio.
En el marco global del nuevo milenio, con su correspondiente cambio de pensamiento, la educación ha recibido el llamado y la necesidad de evolucionar, aunque hoy mismo se piense que la institución escolar se mantiene en la práctica estática y sin profundas reformas aparentes. Las propuestas alternativas y de progreso de la educación han estado dirigidas a la institución escolar; sin embargo, el perfil de las instituciones educativas actuales todavía no satisface las expectativas de la sociedad. Esto ha significado un cambio en la forma de entender la educación y la manera de instrumentar la escuela como institución escolar que ejerce efectos profundos en la formación de la sociedad y de sus ciudadanos.
Tanto la especificación como la convención hacen referencia al mismo proceso. Estamos pensando en un mismo objeto de Estudio "Currículo". El currículo puede ser pensado desde diferentes niveles de decisión es decir, desde el momento de construir el currículo en diferentes fases de esta etapa van participando personas que tienen distintos grados de participación y decisión en la formulación de definitiva de ese currículo. El estudio del currículo ha llamado la atención no sólo de pedagogos, sino de toda la sociedad, ante la búsqueda de respuestas o líneas de acción para mejorar la educación en nuestro país. La intención del presente ensayo es introducir al lector a las implicaciones teóricas y prácticas que confiere el término currículo.
Al querer establecer una definición del concepto de currículo, nos tenemos que remitir a conceptos muchos más básicos para poder entender él por qué y para qué de su existencia. Nos referimos a la relación intrínseca que existe entre el Hombre como ser dentro de una cultura que requiere de un proceso educativo que lo ayude a preservar su especie. Hablamos aquí de supervivencia, pero no sólo en los términos de tener comida, ropa y un hogar para vivir, sino que hablamos en un aspecto de sobrevivencia que conlleva una trascendencia. Esta trascendencia la logramos gracias a la adaptabilidad al mundo en el que nos enfrentamos, así como el conservar en cada acto de nuestra existencia, aquellos valores que van inmersos a nuestra cultura. De esta manera, queremos entender al currículo a partir de lo que es el Hombre, cómo es su cultura y por ende qué mecanismos educativos o instancias utilizará para preservar sus ideales y por ende, asegurar su existencia.
Finalmente, se debe dejar bien establecido que el currículo es un todo y que no es algo de lo que podamos reducir a un listado de materias que nos dan una trayectoria de los estudios que realizaremos. El currículo son los maestros, las instalaciones educativas, la sociedad, los alumnos, los padres de los alumnos, las instituciones gubernamentales y privadas, es decir, es todo y nuestro deber es saber hacer de su existencia, un proyecto congruente en busca de un equilibrio entre ellos.
No es difícil escuchar con frecuencia a las instituciones educativas, la familia, el gobierno, la sociedad, las empresas públicas y privadas, sobre quién tiene la culpa en las inequidades, desigualdades y atraso en la educación, tanto que se ha vuelto un círculo vicioso que no genera valor para darle respuesta a los grandes desafíos que se nos presentan como estudiosos de la Educación. Este círculo requiere de propuestas viables y concretas sobre el Sistema Educativo Mexicano, pero sobre todo, de la voluntad de políticos bien preparados para darle un giro nuevo al proceso de transformación que se está impulsando.
Nuestro país tiene todos los elementos y la capacidad para generar estos cambios, sólo falta voluntad para fomentar ese cambio. Cada día para nosotros como profesores es un gran desafío que debemos enfrentar contra la ola de información que recibimos y que ya no sabemos qué hacer con ella y a la vez enfrentar la pasividad con que nuestros alumnos reciben la educación, en gran parte por los efectos de la inmediatez que conlleva el uso de nuevas tecnologías. Nuevos retos y a la vez nuevas oportunidades de cambiar lo que está en nuestras manos y que gracias a que podemos estar frente a un grupo de estudiantes de diferente condición social y económica, tenemos la oportunidad de transmitir con nuestras palabras y nuestros actos lo que hará la diferencia: la comunión entre las distintas fuerzas que confluyen en el currículo escolar.
¿CONSTRUIR LA CASA EMPEZANDO POR EL TECHO?
Por: Richard Bocaranda
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28-01-07
Para conectarnos con el ahora circular, lo más importante es antes que nada la intención. Hoy día la vida con su proceso de enseñanza sugiere que construyamos la casa empezando por el techo. De allí que, habría que comenzar a construirla desde nuestro pensamiento, pues, somos libres para pensar por cuenta propia. Pero, ¿tenemos el valor de hacerlo de verdad? ¿O estamos más bien acostumbrado a repetir lo que dicen los periódicos y revistas, la televisión, la radio, lo que leemos en internet o lo aseverado por alguna persona, más o menos interesante, con la que nos cruzamos por la calle? Hoy en día, en muchos países parece que ha desaparecido la autoridad que dicta los pensamientos, la censura. Pero lo que hallamos en realidad, es que aquella autoridad ha cambiado su modo de obrar: no se vale de la coerción sino tan sólo de una blanda persuasión. Se ha hecho invisible, anónima, y se disfraza de normalidad, sentido común u opinión pública. No pide otra cosa que hacer lo que todos hacen. ¿Somos capaces de resistir a los tiroteos constantes de este enemigo invisible? ¿Hemos aprendido a ejercer nuestra facultad para discurrir y discernir? Pensar es, sin duda, una gran cosa; Pero es ante todo una exigencia de la naturaleza humana: no debemos cerrar voluntariamente los ojos a la luz. ¿Estamos dispuestos, en definitiva, a ser o llegar a ser hombre pensante, a entusiasmarnos con la realidad y buscar el sentido último de nuestra vida?. En principio, todo hombre está capacitado para reflexionar sobre las dimensiones más profundas de la vida. Todo ser humano, tarde o temprano, se plantea él por qué y él para qué de su existencia, se pregunta de dónde viene y a dónde va, quién es y lo que podría hacer de su vida. En esto se distingue de los animales. El animal vive de un día para otro: come, bebe, duerme, crece, corretea, se reproduce y muere. Una vida así es buena y normal para un animal, pero no para una persona.
Asimismo, para seguir con la casa, hace falta comenzar a poner primero los cimientos, las fundaciones que son la base de la casa. Y los cimientos de esta casa son la autoestima de cada uno de nosotros. Y si no comenzamos a valorarnos y a respetarnos es muy difícil que podamos construir la casa. Hemos venido a este planeta de libre albedrío como chispas, somos realmente parte de nuestras creencias, sea cual sea, somos el principio de la alegría, del gozo y de la felicidad.
Así que, hay que empezar a construir las paredes, dentro de la metáfora de la casa, las paredes son las que van a sostener el resto de la casa, por ejemplo van a sostener el techo que nos dará abrigo, nos van a proteger de los elementos. Estos muros o paredes van a estar construidos con la palabra, con lo que verbalizamos. Esto significa que día a día vamos a construir las paredes con lo que lo que pensamos y lo que decimos. Es necesario preguntarse si los pensamientos y palabras que decimos reflejan nuestra más pura verdad e intención. Observemos si tenemos el hábito de la verbalización negativa. Por ejemplo cuando nos referimos a una situación retadora decimos: ¡Yo sabia que esto iba a pasar! ¿O nuestras palabras son de estímulo, de elevación?. Las paredes de la casa son muy importantes así que comencemos a afinar nuestras palabras y nuestros pensamientos, para que la casa se construya.
Por otro lado, para construir algo, se necesita el cemento, ya que normalmente en una construcción es el pegamento que une las partes y les da rigidez. El cemento se encuentra en todos lados, en las paredes, en el techo, va a estar en las ventanas, en las puertas, es lo que une las palabras que verbalicemos, el techo que da cobijo. Y el cemento de la casa es la risa. ¡¡¡Es el humor!!! Sabemos como se siente cuando se ríe y si es a carcajadas muchos mejor. Esta es una forma directa de conectarnos con nosotros mismos, la vida no es seria, es juguetona, es bromista y divertida, nos pone cada situación para que día a día nos riamos de nosotros mismos, la risa es el mejor remedio para el alma.
De allí que a esta casa hay que ponerles ventanas para el aguacero, pero de que están hechas las ventanas de esta casa tan especial. Dicen comúnmente que las ventanas son como los ojos, nos sirven para ver hacia fuera, hacia el mundo, también para ver en nuestro interior. La cualidad de las ventanas en la Casa es la de la conexión con la sabiduría. La sabiduría por un lado, nos sirve para no reaccionar cuando nos acusan, la paciencia para no denigrar de nadie, que nos sirve para estar en estado de paciencia y paz, de poder transmitir esa energía de quietud y relajación. Porque es solo en un estado de sabiduría y paz interna donde puede prosperar la vida.
A su vez, las puertas es la última pieza que faltaba de la casa, una vez que ya la tenemos construida con autoestima, verbalización positiva, humor, amor, sabiduría, paz, necesitamos una puerta de entrada a este espacio para experimentar como es estar allí dentro. Es el intento de la cualidad que abre la puerta de la casa. ¿Y cuál es el primer intento que se necesita hacer para traspasar el umbral a un espacio donde podamos reír, estar en paz, y en estado de conciencia con nosotros mismos? Es el intento mayor el de abrirse a que el amor entre en nuestras vidas.
Es hora de preguntarse, si nuestra casa tiene techo, pues no, no lo tiene, no tiene porque sencillamente no nos preocupa tenerlo, nos falta límite, nos falta techo en la casa, porque la metáfora de estar en comunicación directa con nuestro propio ser, nos asusta debido a que nos da miedo conocernos, o por la sencilla razón de que salen de adentro del alma, del propio ser, las identidades construidas como negación de los otros, afirmando ser quienes no somos.
En esa polaridad simple y brutal, se basan muchas de nuestras contradicciones, tenemos miedo a mirarnos en el espejo y descubrirnos mestizos, híbridos y contradictorios, tenemos miedo que la imagen refleje los rostros de los otros, los vencidos, los que dejamos afuera de nuestra casa, sin darnos cuenta de que aquí y en el resto del mundo quien niega al otro está negándose a sí mismo, porque permanecer dentro de la casa, nos auto construye y niega la posibilidad de diálogo entre diferentes, o tiene como única salida la violencia, que vive la diferencia de construir, a veces artificialmente, la amenaza, contra nosotros mismos. Si no construimos la casa desde el techo, estaremos ante el efecto devastador que posee el hecho del miedo al otro, del desprecio al mestizo y, por lo tanto, del miedo, a lo desconocimiento y a nosotros mismos, pasando a ser el efecto paralizante de la negación, que es tan fuerte que se está extendiendo por toda nuestra casa.
Resulta claro, que para ser nuestros propios arquitectos de la casa donde
habita nuestro ser, hay que enfrentar y reconocer nuestras diferencias,
para dar oportunidad de mirarnos a las caras y construir mas habitaciones,
jardín, terraza, y hasta un segundo piso, pero no se hacen solos, hacen falta
manos y ganas para construirlos.

VENEZUELA NAVEGA SIN RUMBOS
Por: Richard Bocaranda
25-01-07
Actualmente el mundo está cambiando a un ritmo frenético, velocidad que nunca habrían pensado nuestros antepasados; crecimiento demográfico, modificación del ecosistema global, agotamiento de recursos, guerra de las galaxias, muerte, aprobación del aborto, matrimonio entre personas del mismo sexo, etc. Sin embargo, hay una preocupación generalizada con respecto al descompasamiento mundial. La inestabilidad y el desequilibrio que caracterizan el mundo en todos los órdenes y niveles están provocando grandes temores en los principales pensadores, líderes y dirigentes de organizaciones internacionales, y entre la comunidad en general.
De allí que, el aquí y el ahora fluyen al pasado y se proyectan hacia un lugar nebuloso en el mañana. La vida transcurre perpendularmente. La crisis de la modernidad manifiesta en el pensamiento filosófico, en las ciencias y en las expresiones artísticas han puesto de relieve las limitaciones sobre las que se habían basado los preceptos de la modernidad euro-occidental, y la necesidad de replantear sobre nuevas bases el conocimiento del cosmos y la naturaleza humana. En este proceso ha influido no sólo el propio devenir de la sociedad occidental y la crisis de civilización experimentada a lo largo del siglo XX, sino también el encuentro con otras formas de cultura y con otras civilizaciones.
En este instante se cuela un haz de luz por la ventana de la incertidumbre y la cotidianidad de los acontecimientos y la indiferencia, y es a través de ella que se divisa el bamboleo de los árboles bajo la lluvia pertinaz de la indiferencia de nosotros los venezolanos que vemos como pasa en nuestros propios ojos todos los acontecimientos, pues parpadean los signos en la pantalla de la computadora y hacia ella dirigimos nuestra transitoria atención. Un violento estornudo entumece el pensamiento, de violencia acelerada, y es este momento o movimiento no volveremos a vivirlo. Lo inevitable es lo que pasa. La vida se mueve en espacios y tiempos. La vida es un movimiento continuo, un proceso y un trayecto. La vida son experiencias y algunas nos parecen hermosas, fugaces e intensas, y otras violentas y desagradables. El tiempo puede ser una opción personal, todo depende de cómo lo queremos gastar. Si no podemos cambiar el ritmo del mundo, sí podemos intentar modificar nuestra percepción o apreciación del ritmo. La vida es una perspectiva y ésta cambia con el tiempo. Filosofía, literatura, educación y sociología convergen ahora en un mismo trazo vital.
En este sentido, el tiempo y el espacio, en tanto que racionalizaciones, se inventaron para medir el alcance de las cosas mundanas. Gran parte de nuestros problemas tienen que ver con nuestra rutina o lógica de vida y sus efectos: aflicciones, ausencias, conflictos, separaciones, rupturas, despechos, retiros, exilios, desplazamientos, jubilaciones, duelos. Pero gracias a estos problemas tenemos la oportunidad para cambiar y reaprender. Así, por ejemplo, podríamos aprender a manejar la indiferencia de los problemas que pasan a nuestro alrededor, pues lamentablemente la vida continua en esa mera concepción de costumbrismo, es decir, esa pérdida de equilibrio natural entre la mente y el cuerpo que conduce a la desarmonía o descompasamiento, y por consiguiente, a las enfermedades y patologías sociales.
Es precisamente notorio que en Venezuela crece el índice de delincuencia, la prostitución, la drogadicción, y otros flagelos que nos embargan como sociedad tercermundista, muestran la gravedad de la discordancia colectiva. Los desequilibrios se mantienen, la población mundial sigue creciendo rápidamente, la brecha económica entre los países pobres y ricos se incrementa, el desequilibrio ecológico empeora, el efecto invernadero y el cambio de clima se agudizan. Quien no mantiene viva aquella imagen fresca donde atónitos vivimos a través de la televisión el 11 de septiembre de 2001 cuando al menos 5.000 personas murieron víctimas de un terrorismo sin precedentes, cuando las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, de más de 400 metros altura, quedaron reducidas a escombros y en Washington, un ala del Pentágono (Ministerio de Defensa de EE.UU) quedó destruida. Cuatro aviones con sus pasajeros a bordo fueron utilizados como bombas volantes contra los Estados Unidos, o recientemente contextualizado en nuestro país los secuestros cometidos por supuestos policías, en contra del empresario Filippo Sindoni y los tres hermanos Fadoul y su chofer, el brutal asesinato del Reportero Gráfico Jorge Aguirre, y el padre Piñango encontrado muerto en una habitación de un hotel capitalino, pues es momento de preguntarnos si estaremos ante el Apocalipsis de nuestros valores morales y éticos que con el tiempo se ha acostumbrado a una mirada de indiferencia porque sencillamente no ocurre cerca de nosotros, o no estamos involucrados, sin embargo, rechazamos la muerte de estos venezolanos víctimas de la delincuencia en el país, y ratificamos nuestro apoyo y respaldo a que nadie tiene el derecho de quitarle la vida a otro, consóne a coordinar una política coherente que permita atacar el problema de la seguridad nacional. Creemos que el problema no debe atacarse de manera aislada, sino encararlo como una sociedad unida. Este hecho no puede ser excusa para seguir dividiendo a la sociedad, en políticas mal llamadas de rojo a blanco, o azul a negro. Pues el mundo desde hace rato se encuentra en una especie de deriva espiritual y cada día hay más degeneración de valores humanos y espirituales y lo único que desgraciadamente se fortalece son los valores materiales y la inmoralidad, lo cual tiene su fértil caldo de cultivo en la cultura de la supervivencia del reino animal.
Los resultados son que tenemos índices delictivos, que año tras año se han disparado de una terriblemente alarmante, que no vemos que el Estado responda a unas de las obligaciones fundamentales, como lo es en cualquier parte del mundo la seguridad de los ciudadanos. Salvo muy escasas excepciones, tenemos un Estado donde no hay definiciones de política y donde el tema está dirigido más hacia el aspecto represivo que preventivo, por eso tenemos los resultados que todos vivimos y sufrimos.
Esta situación, no solamente pasa aquí en Venezuela, sino también en América
Latina. No sé qué pasa en nuestro continente pero hacemos muy mal las cosas
frente a la llamada sociedad moderna, aunque se han visto experiencias muy
exitosas en otros países que demuestran que sí se puede mejorar y que no es
una calamidad irreversible. Hoy estamos asistiendo a la globalización de un
tipo de terrorismo que no respeta fronteras, pueblos ni al
ser humano.
Simplemente aprovecha el objetivo, dónde es más fácil golpear, y ataca. Una
situación como esa en un país como Venezuela donde,
aparentemente, los límites son deficientes: ¿Qué posibilidades hay de que se
convierta en un campo de batalla contra países cuyos intereses están radicados
en ella?
Todos somos conscientes de la pérdida de valores, cuyas causas creo que son:
fracaso de los modelos socioeconómicos de las ideologías, superación de los
conceptos dogmáticos de las religiones y entronización del método científico
como valoración de la realidad (lo que no puede medirse no tiene importancia)
falta de comunicación generacional, falta de autoridad de los tutores. La
masificación y globalización han dado lugar a falta de sensibilidad por la
vida humana.
Sus consecuencias son pérdida de credibilidad de los partidos políticos y de las religiones; desilusión y desesperanza en cuanto a la solución de problemas sociales; el dinero es el único incentivo, por lo que desaparece la solidaridad; falta de cohesión social, y, en el ámbito individual, depresiones, frustración, incivismo y violencia.
La solución puede ser asumir un sistema de valores basado en la declaración de los Derechos Humanos y profundizar en él, revisando todos los aspectos y prácticas de nuestros sistemas de convivencia. También potenciar el estudio de los seres humanos en su totalidad, el pensamiento, los sentimientos, las emociones, las relaciones sociales y la dinámica de masas, y algo sumamente importante el amar a tu prójimo como a ti mismo, entonces queda una interrogante ¿estamos dispuestos a recuperar los valores como parta de nuestra vida, o por el contrario somos participes de la descompensación social y la indiferencia de que a mi no me pasa eso? La leyenda histórica atribuye a Francisco de Miranda la expresión "!bochinche, bochinche, esta gente no es capaz sino de bochinche!", pronunciada cuando fue arrestado por un grupo de militares y civiles patriotas a propósito de su capitulación. El dramaturgo José Ignacio Cabrujas pensaba que los venezolanos nos reconocemos por un sucederse ambiguo, por un "mientras tanto", "un más o menos" y un "porsiacaso", o como decía un personaje de una de nuestras telenovelas: "como vayamos yendo vamos viendo." ¿Bailamos al son que se nos toque?, o tal vez sin quererlo ni merecerlo, desde hace un cuarto de siglo los venezolanos nos lanzamos en caída libre por un tobogán de perdidas, extravagancias e ilusiones. Cualquier motivo es bueno para armar la fiesta o echar bromas, aun en las situaciones más delicadas o difíciles. Pasamos con gran facilidad de lo más solemne a lo más desenfrenado. No nos importa "echar la casa por la ventana" así al otro día no tengamos ni con qué comer: "¿quién nos quita lo bailao?", "mañana será otro día." Nuestra coreografía nacional tolera, adopta y adapta múltiples variantes rítmicas. Creemos que el sentido social del ritmo se puede aprender, desarrollar y enseñar como se hace con la formación musical y la expresión corporal.
Finalmente, podemos tomar conciencia no sólo de nuestros movimientos físicos, sino también de nuestra capacidad mimética para adaptarnos al medio sociocultural y lograr entrar en sintonía con nuestros semejantes. Nos parece que si ello se practicase, las desavenencias, los desencuentros, los conflictos, las guerras, podrían evitarse, minimizarse o transformarse en expresiones de belleza, equilibrio y armonía. Restituiríamos el compás de la naturaleza.
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| Ojos que no ven, corazón que no siente |
| ¡Uribana tiene sus dolientes! |
| Por: Richard Bocaranda B. |
17-01-07
“Pedimos, seguramente muchas
cosas Santo Padre; pero se suele olvidar que a una gran mayoría de los
reclusos, la vida y la sociedad negó también muchas, y que la cárcel es en
términos generales terminal de otras estructuras familiares, económicas,
educativas deterioradas. Y que, por tanto, negarnos lo que es de justicia es en
sí mismo injusto” (palabras
en ocasión de la visita del Santo Padre Juan Pablo II, Retén de Catia
Reflexiones de un enfermo, Caracas.)
Hoy,
es un día muy importante, por fin pude ver la luz dice Bartimeo. Y es que estas
palabras van mucho más allá de una simple trivialidad o por el contrario
exponen que soy el más débil de los hombres. Recientemente, realice una visita a
la cárcel de Uribana en ocasión de facilitar un taller de Derechos Humanos y
Autoestima, invitado por autoridades del Ministerio Público de Caracas, trajo
como consecuencia que por fin viera la luz, una luz tan radiante que encandila
a todos lo que han compartido conmigo esta gran experiencia de vida, entonces me
siento como Bartimeo.
Y es qué la Cárcel es un asunto sutil, delicado, porque la palabra “Cárcel” esta
asociada a siglos de sangre, corrupción, ideas pervertidas, miedo, delito,
inhumano, violación de los derechos humanos y penitenciarios, rabia, ignominia,
mal olor, injusticia y condicionamiento. Es una de las palabras más cargadas de
la existencia humana. Cuando dices “Dios” la palabra parece que esta vacía,
cuando dices “cárcel” está demasiado cargada y te aparecen en la mente mil y una
asociaciones, que surgen todas a la vez, pues la propia palabra crea confusión y
caos. Es como si alguien tirara una piedra en un estanque silencioso y surgen
miles de ondas, ¡solo por la palabra! Pero lo cierto es que la sociedad ha
estado viviendo bajo conceptos muy equivocados.
La cárcel hace que el hombre cambie, ¿Qué verdad no?, pues es la verdad más
clara, ya que se espera que el hombre reflexione y cambie de actitud a través
de sus experiencias, que madure para ser un ser nuevo y así volver a empezar.
Pero lo cierto es que cuando el hombre se priva de su libertad reflexiona ¡Y
mucho! Llevando incluso a procesos de maduración de una zanja profunda en su
vida desde cualquier punto de vista.
Es aquí que Dios juega su papel protagónico ya que como cristianos nos jactamos
de decir que Dios es amor, entonces me pregunto ¿Dónde esta el amor de Dios
cuando miles de reclusos están solos y desamparados en nuestras cárceles?
¿Cuándo vemos en los ojos de cada recluso la agonía de vivir mientras le
clavamos el chuzo de la indiferencia, el desamor, el abandono, la rabia, la
crítica y cuestionamos su estilo de vivir? O ¿Cuándo decimos que Jesucristo esta
en cada uno de nosotros?, Entonces, no tengo la intención de que mis palabras
sean apócrifas al decir que matamos y crucificamos a un recluso cada día de
nuestras vidas, pues la sociedad es culpable de que el recluso vuelva a
reincidir en su delito no existiendo ninguna posibilidad de perdonarlo y ver que
a todos nos puedo pasar, o ¿Sí eres capaz de hacerlo? “La cárcel es el horno
donde se cuece el hombre hasta alcanzar su mayor grado de ebullición, logrando
madurar cualidades y hacerlas reflejar en cada una de sus acciones. Un lugar
donde el hombre pone a prueba su paciencia, coraje, valor, inteligencia,
sabiduría, fe, disciplina y amor; un lugar donde se debe aprender hablar, para
salvarse, un lugar donde el respeto es el más importante de los mandamientos,
donde los amigos se dejan ver tras sus acciones de convivencia, donde se aprende
a leer la mirada del Ser justo donde se refleja el alma; aquí es pues el horno
donde se forja el más duro de los hombres (Tomado de la carta El Horno de
Wilson López interno del Reten de la Planta Caracas, Encuentro Nacional
Penitenciaria “Una Reflexión sobre la justicia penitenciaria en Venezuela”)
En este sentido, el recluso es por lo general desde mi experiencia, un
ser muy accesible al trato amistoso, en razón de su problemática. Es vulnerable
al cariño por razón de su soledad. Si otros aspectos ambientales tienden a
cerrarlo, interiormente es una sociología en deterioro, una puerta que cae a un
simple golpe. Porque todo se le ha vuelto pregunta y se acoge al menor préstamo
de seguridad que consigue en la persona confiada que se le acerca. El recluso
esta macerado por la vida y puede adelantarnos al Reino de los Cielos, como lo
dijo Jesús. Pues la costra de dureza y recelo es muchas veces puramente
convencional, ya que a través de esa coraza se asoma el drama, la carne tierna
de de enfermo dolorido, sediento de visita, de palabra, de amor, de respeto de
quien lo escucha es reintegrarlo definitivamente a la sociedad. Porque el
recluso es como tu o yo que sin estar presos a veces la vida nos enseña que la
peor cárcel somos nosotros mismos, pues un ser humano en circunstancias
especiales, copado, aislado, acongojado, triste, aislado, perplejo, rasgado y
fracturado, envuelto en una situación anómala como puede ser: morir, matar,
suicidarse, arriesgar todo a una bala o volverte loco ¿o no has sentido nunca
eso en la vida?.
En fin, el hombre está hecho para la libertad, para el libre albedrío. Pero
desgraciadamente la reclusión se contradice y lo anula de toda posibilidad
hasta la tragedia. No saber eso es no vivir en la realidad de quien vive en la
anomalía. Muchas veces nos preguntamos ¿Por qué se matan entre ellos? ¿Por qué
vuelves a la cárcel si eso es tan inhumano? ¿Por qué compran armas para exponer
la vida? ¿Por qué se conjugan los pecados capitales en un solo recinto desde el
recluso hasta las autoridades? Éstas y otras preguntas deben visualizarse desde
los ojos de un hombre copado, angustiado, asaltado, ciego en la búsqueda de
su propia vida perdida, desde que pisa el recinto que le da un número de
expediente, abandonado y desamparado a su suerte. Y esto es realmente lo que
lo agoniza ya que como decir que no tiene familia, esposa e hijos cordón
umbilical de nuestra sociedad para este encarcelado. Si nos ponemos a meditar
vemos con alegría que una persona que es visitada asiduamente refleja en sus
ojos el más enternecedor rayo de luz y de esperanza para su salvación.
Pero la realidad desgraciadamente es otra, en nuestras cárceles todas las
puertas se venden a un precio muy alto. Y la puerta más costosa para un recluso
es la puerta de la libertad. Como esta puerta es vía judicial, la venta de la
puerta jurídica (abogados, jueces y guardias) es el comercio más importante y
vergonzoso de nuestro sistema judicial. Entonces ya entiendo por que el símbolo
de justicia tiene una venda en sus ojos. Que pasa por el contrario con el
recluso pobre y sin medio en sus bolsillos en concordancia con el que puede
comprar la puerta de su libertad y comodidad. El caso más claro es que la cárcel
sigue sin lectura de cargos o sin sentencias en su tiempo establecido, ya que la
sentencia reza en mi poco conocimiento de derecho penal de que una persona de la
cual ni siguiera consta que no sea inocente, esta penado injustamente, siendo
elemental recordar que la sentencia de los jueces reza privación de libertad, no
golpes, olvido institucional, matraca, peaje, fármaco dependencia, robo,
invasión de la privacidad y anulación de su condición humana, es decir, muerte
súbita.
En este orden de ideas, la negra reacción contra la vida por nuestra llamada
justicia penitenciaria y divina llenan la vida de un recluso que pide a gritos
ya no más simplicidad e inhumanidad, ya no más chuzo, droga, colchoneta, plata,
sobrevivir, vigilante, hambre, golpes, violación, amo, soledad, cacique,
culebra, abandono, desesperación, infierno y pobreza humana. Pide a gritos
silenciosos, familia, fe, esperanza, visita, importancia, valor, coraje, vida,
amor y comprensión. Pues el hombre recluso apenas tiene que perder como
resultado terminal de otros deterioros de la sociedad.
Al recluso no le queda nada, ni siquiera su valor permanente por sobrevivir al
día, no le queda que perder porque le garantiza el minuto siguiente perdiendo su
temerosidad que la dejo olvidada después de la puerta de entrada. Ni siquiera
somos capaces de compararlos con Dimas crucificado con Jesucristo y quien le
prometió la gloria. Pero lo que si le queda al recluso es la alternativa de
dejarse caer a coñazos, pues merece la cárcel quien renuncia a devolver la
agresión, si pensamos que pedirle al recluso el pacifismo de Cristo Preso puede
ser exigirle un salto demasiado grande de quienes no somos capaces ni siguiera
de lanzar la primera piedra.
En el caso de URIBANA la idea de que los reclusos sean fieras salvajes y
carniceros es un perjuicio montado desde los umbrales de la sociedad misma,
pues basta con visitarlos como hombre de paz y sin amenazas para darse cuenta
que transitas entre gente respetuosa, amigable y sin el menos asomo de
agresividad.
El hombre recluso de Uribana es un ser religioso y misterioso, ya que
encontramos la fe que vive su vida en el absurdo y dentro de una gran prueba
que a mi parecer es el hombre y no Dios quien se la esta tendiendo. Y es que con
solo verlos se visualiza la imagen de Cristo Preso y a punto de ser
Crucificado que lo ilumina desde su propia estampa que lleva una cruz que a
nosotros sin lugar a dudas nos aplantaría.
El recluso está sentenciado y condenado por la sociedad ¡Qué verdad! ¡Y qué
olvidada! Cargando con una sentencia judicial lamentable porque cometió un
error, si cometemos nosotros peores como el desprecio, rabia, intolerancia,
desamor, violación de normas, irrespeto, violación de los derechos humanos y a
la naturaleza, injusticia, paternidad irresponsable, maltrato, y no se nos
aparta ni se nos condena. Pues ¿Quién no es reo de culpa? Dice Jesucristo. Ah
pero nosotros miramos el rótulo fijado por una sociedad corrompida y realizamos
nuestros propios juicios de conveniencia más pesada que la cruz y que el propio
juicio de Dios.
Finalmente, pude recordar las palabras de Jesús cuando dice: Estuve en la cárcel
y me visitaste. Resulta que por esas palabras la Persona de Cristo está en cada
recluso, pues vasta con llevarla a la práctica para que caigan los perjuicios
inventados y estériles y empecemos a ver a los reclusos de otra manera, o mejor
dicho son nuestros amigos que intercederán por nosotros ante el Juez Supremo,
pues no vamos a ser juzgados en ningún tribunal del hombre sino en el tribunal
de Dios donde no existen atenuantes, solo la verdad en el amor y donde todos
somos iguales. Los reclusos son mis hermanos, pues compartimos el mismo padre
Dios Todopoderoso, ahora soy un hombre nuevo, pues conocí a Cristo muy de cerca
en los mil y tantos reclusos de Uribana.
¡Yo seguiré luchando por mis hermanos reclusos no por caridad sino por amor!
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