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17-05-2009

Hch 10,25-26.34-35.44-48: “El Espíritu Santo se ha derramado también sobre los gentiles”

Sal 97: “Cantad al Señor un cántico nuevo”

1Jn 4,7-10:: “Dios es amor”

Jn 15,9-17 : “No hay amor más grande que dar la vida” 
 

Pocas palabras deben saturamos tanto en el lenguaje cotidiano como ésta: «amor». La escuchamos en la canción de moda, en la conductora superficial de un programa de televisión (tan superficial como su animadora), en el lenguaje político, en referencia al sexo, en la telenovela (más superficial aún que la animadora, si eso es posible)... Se usa en todos los ámbitos, y en cada uno de ellos significa algo diferente. ¡Pero, sin embargo, la palabra es la misma! 
 

Sería casi soberbio pretender tener nosotros la última palabra, o pretender que «fuera de nosotros: ¡el error!». Digamos, sí, que el amor en sentido cristiano no es sinónimo de un amor «rosado», sensual, placentero, dulzón y sensiblero del lenguaje cotidiano o posmoderno. El amor de Jesús no es el que busca su placer, su «sentir», o su felicidad sino el que busca la vida, la felicidad de aquellos a quienes amamos. Nada es más liberador que el amor; nada hace crecer tanto a los demás como el amor, nada es más fuerte que el amor. Y ese amor lo aprendemos del mismo Jesús que con su ejemplo nos enseña que «la medida del amor es amar sin medida».  
 

La cruz de Jesús, el gran instrumento de tortura del imperio romano (¿será costumbre de los imperios inventarlos?), se transforma -como otra cara de la moneda- también en la máxima expresión de amor de todos los tiempos. La cruz, símbolo de muerte y sufrimiento, pasa a ser signo vivo de más vida. En realidad con su amor final Jesús descalifica el mandamiento que dice que debemos «amar al prójimo como a nosotros mismos»; si debemos amar «como» Él, es porque debemos amar más que a nosotros mismos, hasta ser capaces de dar la vida. La cruz es la «escuela del amor»; no porque en sí misma sea buena, ¡todo lo contrario!, sino porque lo que es bueno es el amor ¡hasta la cruz! La cruz como medida puede ser medida del odio de Caifás, y también, del amor de Jesús; éste último es el que a nosotros nos interesa. Es el amor que nos enseña a mirar ante todo al ser amado, y más que a nosotros mismos, que nos enseña a no prestar atención a nuestra vida, sino la vida de quienes amamos; es el amor que nos enseña a ser libres hasta de nosotros mismos, siendo «esclavos de los demás por amor». Nada hay más esclavizante que el amor, y nada hay más liberador que el amor (para quien lo da y para quien lo recibe). Ciertamente, el amor así entendido no es «rosado» (o ¿acaso es «rosado» morir en la cruz?) el amor es fuerte y «jugado» y comprometido por el otro. 
 

No es el amor de quienes se llaman entre ellos «amorosos» y no se sienten impelidos a «la solidaridad (que) es la verdadera revolución del amor» (Juan Pablo II); no es el amor de quienes «hacen el amor» sin cargar la cruz y sin buscar la vida; no es el amor de quienes hablan de un «acto de amor» y provocan decenas de miles de «desaparecidos»; tampoco es el amor del séptimo matrimonio de la actriz que "ahora sí, con él soy feliz"; no es esto; ni tampoco el amor del que dice que «la caridad bien entendida empieza por casa» y se manifiesta absolutamente incapaz de salir al encuentro del pobre. El amor es el de Cristo, que con su acción que lo lleva «hasta el extremo», libera a la humanidad -porque el amor libera-, aunque muchas veces nos resistamos a un amor «tan en serio».  
 

Aquí el amor es fruto de una unión, de «permanecer» unidos a aquel que es el amor verdadero. Y ese amor supone la exigencia -«mandamiento»- que nace del mismo amor, y por tanto es libre, de amar hasta el extremo, de ser capaces de dar la vida para engendrar más vida. El amor así entendido es siempre el «amor mayor», como el que condujo a Jesús a aceptar la muerte a que lo condenaban los violentos. A ese amor somos invitados, a amar «como» él movidos por una estrecha relación con el Padre y con el Hijo. Ese amor no tendrá la liviandad de la brisa, sino que permanecerá, como permanece la rama unida a la planta para dar fruto. Cuando el amor permanece, y se hace presente mutuamente entre los discípulos, es signo evidente de la estrecha unión de los seguidores de Jesús con su Señor, como es signo, también, de la relación entre el Señor y su Padre. Esto genera una unión plena entre todos los que son parte de esta «familia», y que llena de gozo a todos sus miembros donde unos y otros se pertenecen mutuamente aunque siempre la iniciativa primera sea de Dios. 
 

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08-03-2009


Gn 22,1-2.9-13.15-18: El sacrificio de Abrahán, padre en la fe

Sal 115: “Caminaré en presencia del Señor”

Rm 8,31b-34: “Dios no perdonó a su propio Hijo”

Mc 9,2-10: La transfiguración de Jesús

 

Después del anuncio de la pasión y del llamado al seguimiento Marcos introduce el relato de la transfiguración (Mc 9, 2-8). Una Pascua “anticipada” junto a una crucifixión igualmente “anticipada”. Después viene la discusión sobre la resurrección y el retorno de Elías (Mc 9,9-13) y la historia de la sanación del niño mudo (Mc 9,14-29). Según Xavier Pikaza, los tres relatos tejen un tríptico eclesial que vincula la experiencia de oración, la fe sanadora y el anuncio de la pasión y la resurrección. Así la experiencia pascual (transfiguración) está unida a la acción liberadora.

 

Veamos en primer lugar la fuerza simbólica del relato y después “ataremos cabos” para resaltar el mensaje para nuestro HOY:

 

“Seis días” que evocan los “seis días” de la creación o los “seis años” de trabajo antes del “año sabático”. Es pues, tiempo productivo, de siembra, de actividad, de preparación. En este ambiente sucede la transfiguración. Pudiéramos decir que la transfiguración pertenece a “otro tiempo” que irrumpe en el “tiempo ordinario” con el fin de producir un contraste, un desequilibrio, un llamado de atención, una corrección.

 

“Tres discípulos”, Pedro, Santiago y Juan en representación de la comunidad discipular conducida por Jesús. La humanidad masculina en camino al encuentro transformador con la divinidad. Quizá por ello más necesitada de la corrección que va a desarrollarse en lo alto del monte.

 

“Vestidos resplandecientes” para resaltar la transformación, en donde el resplandor y la blancura expresan la profundidad y la integridad del cambio operado. Las primeras comunidades cristianas usaron vestidos blancos recién lavados para simbolizar la nueva vida que se proponían vivir. Los vestidos exteriores son expresión de los profundos cambios en el interior de las personas.

 

“Tres seres resplandecientes”: Jesús, Moisés y Elías en representación de la “comunidad celestial” en comunión. También masculina. Quizá por ello, el encuentro de las dos comunidades solo suman “seis”. La plenitud del “siete” tendrá lugar mediante la inclusión de la comunidad femenina.

 

“Tres tiendas”, simbolismo del éxodo y del Dios del éxodo, experiencia tribal originaria y fundacional de Israel. El tiempo de las tiendas es también tiempo de alianza tribal, de solidaridad, de igualdad. En la fiesta de las tiendas sukkot, cada familia hacía una choza y habitaba en ella recordando la salida de Egipto.

 

Tenemos un énfasis en el simbolismo trinitario: 3 seres celestiales (Jesús, Moisés, Elías), 3 discípulos (Pedro, Juan, Santiago), 3 chozas (éxodo); tres veces tres junto con la gloria de Dios. Tres significa comunidad, perfección, plenitud. Es la propuesta comunitaria de Dios para la humanidad a partir del mismo ser trinitario de Dios. Es el proyecto a construir una vez que se regrese a la llanura.

 

“Nube” para los pueblos del desierto significa sombra, lluvia, vida, alegría, bendición. Por todo esto, siempre está relacionada con Dios. Es un signo visible de la presencia y la compañía gratificante de Dios. Así lo fue durante la travesía del pueblo por el desierto, Dios caminaba delante de él señalando el camino. La voz y la nube van junto al pueblo, cuando este decide construir el proyecto de Dios.

 

“Subir el monte alto” evocando Horeb-Sión, lugar donde Moisés y Elías se vieron “cara-a-cara” con Dios. Epifanía que revela el proyecto de Dios y que da fuerza y sabiduría para llevarlo a cabo. Ascenso humanizador, en cuanto capacidad y decisión para realizar lo revelado por Dios.

 

“Descender del monte” a la llanura para el encuentro y la transformación humana y social. En el descenso, quienes experimentaron la resurrección, discuten sobre la “resurrección de los muertos”. El monte está relacionado con la resurrección y la llanura con la muerte. Evocación de los orígenes de Israel en las montañas tribales en contraste con las llanuras tributarias e idolátricas. Producir tal contraste es la tarea permanente de quienes “descienden del monte”. De ahí el imperativo a descender.

 

En el camino a Jerusalén era necesaria la transfiguración. Galilea había mostrado el “éxito” del reino de Dios. La comunidad discipular identificó allí la realización de los tiempos mesiánicos relacionados con los milagros de Jesús y con las multitudes necesitadas. La expectativa judía de un Mesías liberador de la opresión romana estaba siendo respondida. La comunidad discipular aún no salía de estos moldes mesiánicos. Cuando Jesús anuncia su pasión y crucifixión, hay alarma y desconcierto. No se entiende un mesianismo que pase por la cruz. Para “corregir” esta situación vivida por la comunidad post-pascual de Marcos, el relato introduce la transfiguración.

 

La comunidad no puede “reducir” la fe al “entusiasmo” post-pascual. Es la tentación que se expresa en la montaña iluminada cuando el discipulado quiere construir las chozas muy lejos de la llanura. La brillantez de los vestidos quiere resaltar la fascinación que ejerce sobre los seres humanos ese tipo de experiencia religiosa “desligada” del sufrimiento y del dolor humano que acontece diariamente en la llanura. Estos “tres privilegiados” no quieren saber nada de los sufrientes del valle de la historia. Religión de adoración sin pasar por la transformación, por la lucha, por la adversidad. Religión que quiere controlar la gloria pascual sin abrirla al trabajo creativo humanizador. La “iglesia de los Zebedeos” representan una experiencia de resurrección “cerrada” a los desafíos del mundo y deficiente, pues ensalza el aspecto glorioso y triunfante de Jesús resucitado sin asumir su muerte en la cruz.

 

El proyecto comunitario resaltado en la montaña es afirmado con las palabras de de Dios que salen de la nube: “Este es mi hijo amado, escuchadle”. Alrededor del Hijo Amado se constituye la comunidad discipular. Es su principio fundacional. El Hijo Amado es el crucificado-resucitado. Su palabra es el camino que la comunidad discipular debe seguir. En el descenso, como intermedio entre el monte pascual y el valle del mundo, la comunidad discipular asume el camino del Hijo Amado: la resurrección entre los muertos.

 

Ascenso y descenso se necesitan mutuamente. Ascenso para celebrar y gozar los avances de la fe. Descenso para afirmar la fe en medio de la conflictividad y la contradicción. El monte para resaltar la utopía comunitaria. El valle para construirla en la cotidianidad y la adversidad. Los “seis días” de trabajo y fatiga necesitan del “séptimo” de descanso y adoración si queremos plenitud y dignidad humana.
 

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40 días en el gimnasio

 

La Cuaresma te ofrece otro gimnasio, también gratis y con una gama variada de aparatos para ejercitarte y fortalecerte

 

 ¿Qué figura podría lograrse después de una cuarentena pasada en el gimnasio? Imaginemos que nuestra devota y asidua compra de nuestro cereal favorito (o cualquier otro artículo de consumo que sea de nuestro agrado) nos otorga, como pago a nuestro constante sacrificio pecuniario, un premio. Sigamos soñando. Abrimos la envoltura transparente en la que se lee: “Has sido ganador”. Desdoblamos un billetito y encontramos escrito con colores de “léeme a fuerzas” lo siguiente: “Has ganado 40 días gratis de admisión al prestigioso ‘xxxxxx’, gimnasio de los atletas, máquina de galanes, forjadora de estrellas. Dispón de todos los aparatos a tu antojo. Recibe lecciones del personal profesional. Baños de vapor y jacuzzes. Todos los días. Cuarenta días, desde las 5.30 de la mañana hasta las 23.00 de la noche. Alimentación incluida”.

 

Después de soltar un largo y canino “guaaaau”, sin duda que no lo habríamos creído y volveríamos a leer el papelito de la suerte una y otra vez hasta aprenderlo casi de memoria. La interjección de sorpresa puede variar según temperamentos y costumbres, lo que no se pone en duda es que aprovecharíamos la oportunidad del gimnasio gratis para auto-clonarnos en otros Stallone, Van Dame y compañía.

 

La Cuaresma te ofrece otro gimnasio, también gratis y con una gama variada de aparatos para ejercitarte y fortalecerte. Se trata, desde luego, de un gimnasio espiritual, para poner vigorosa tu alma. Si los rayos-X o los ultrasonidos nos dieran una imagen del alma, seguramente muchos sentiríamos vergüenza de verla tan raquítica, nos daría pena presentarnos tan desnutridos ante los demás... ¿Y no nos importa que así la vea Dios?

 

El Papa ha escrito, como todos los años, una carta con ciertas orientaciones para que aprovechemos mejor este período de la Cuaresma. Me permito tomar algunos extractos para que cada uno de nosotros pueda trazarse mejor su programa personal para fortalecerse en este gimnasio espiritual que es la Cuaresma.

 

Lo primero es examinarse, hacerse un “chequeo” para conocer nuestros puntos flacos, dónde nos falta peso, de qué pierna cojeamos... Gran auxiliar para hacer este examen es el Evangelio, hay que ayudarnos de él y confrontar nuestra vida con la de Jesús (nuestro modelo ayer, hoy y siempre).

 

El ejercicio base que propone el Papa puede resumirse en esta frase: «Hay mayor felicidad en dar que en recibir» (He 20,35). Las oportunidades abundan y las manifestaciones pueden ser muy diversas: ofrecerse a ayudar en casa, dar un consejo a un amigo, dar una ayuda caritativa a una persona necesitada, explicar una lección a quien no comprende, etc.

 

En el fondo se trata de combatir esa tendencia que es común denominador de todos los hombres y que se llama egoísmo. La solución está en salir de uno mismo y poner al prójimo antes que a uno mismo.

 

Surgirá una pregunta: pero, ¿cómo voy a amar, a servir a los demás si también son egoístas como yo? El Papa nos recuerda que el Hijo de Dios nos ha amado primero, «siendo nosotros todavía pecadores». Nadie puede decir “yo a éste no lo trato”, pues Cristo bajó del cielo por amor a todos los hombres.

 

En esta Cuaresma podemos hacer mucho, si queremos. Podemos convertirnos, si queremos. Y nos convertiremos si trabajamos junto con Dios y con María, Madre de la Iglesia.

 

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22-02-2009

Is 43,18-19.21-22.24b-25: “Por mi cuenta borraba tus crímenes”

Sal 40: “Sáname, Señor, porque he pecado contra ti”

2Cor 1,18-22: “En él todo se ha convertido en un "sí"

Mc 2,1-12: “Tus pecados te son perdonados”

 

En la primera lectura del segundo Isaías, Yahvé habla con su pueblo y le reprocha no recordar ni caer en la cuenta del pasado. No sólo han olvidado su historia sino que no han reflexionado ni leído en ella, la presencia permanente de Dios. Tampoco son capaces de reconocer su actuación histórica presente. ¿No lo reconocen? Ese olvido se manifiesta en una vida de iniquidad y pecado, que ha cansado a Dios, quien ha permanecido fiel en una actitud de perdón. El profeta evidencia la inconciencia del Pueblo, e impele a reconocer al Dios fiel en los acontecimientos de su vida.

 

Pablo, en su segunda carta a los Corintios recalca esta fidelidad de Dios manifestada en la persona de Jesús, en cuyos actos y palabras no hubo doblez ni ambigüedad. En Jesús Dios mostró su total coherencia: él es el «sí» de Dios a la Humanidad. Esto exige de los cristianos la misma coherencia y honestidad. La actitud de Dios firme y constante, llena de confianza, un “Amén” que implica una aceptación de esa acción de Dios expresada en el proyecto de Jesús. Por su parte Dios, en Cristo, conforta a la comunidad creyente, unge, marca, sella y da “en arras” el Espíritu como signo de la total pertenencia del cristiano a Dios, en una unidad que ha de expresarse en actitudes y palabras coherentes a ejemplo de Jesús.

 

El evangelio de Marcos nos descubre esa coherencia de Jesús. Regresa a Cafarnaum y corre la voz de que está en casa, y la gente se agolpa en la puerta. Las casas de aquellas poblaciones contaban con patios comunes, de modo que una buena cantidad de personas podía agruparse a las entradas de las casas.

 

Él se pone a enseñar, pero sobreviene una interrupción: cuatro hombres han traído a un paralítico y al no encontrar paso han subido y han abierto un agujero por el techo, por donde lo descuelgan. Detengámonos un poco en ellos: El primero está impedido, su enfermedad le obliga a depender totalmente de los demás. Por estar enfermo seguramente es rechazado, tenido por impuro y pecador. Los hombres que lo traen han sido arriesgados al ponerlo en medio de la multitud. Es la ocasión precisa para poner a prueba la coherencia de Jesús.

 

Jesús parte de la relación cultural existente entre pecado-castigo y enfermedad: “Tus pecados te son perdonados”. La liberación de la culpa está directamente relacionada con la recuperación de la salud. Los escribas presentes, reaccionan: la sociedad judía estaba estructurada sobre la base de la exclusión; no parecía haber posibilidad de cambio, ni alternativa para los excluidos, salvo una exigente carga de tributos y ritos de purificación que en su gran mayoría les resultaba imposible cumplir. Jesús rescata a la persona misma, el poder oculto y real de aquel hombre de levantarse por sí mismo, de superar la parálisis en la que la culpa y el rechazo social lo habían sumido. Él revive, se hace dueño de sí al levantar por sí mismo la camilla en la que antes yacía, y regresa a casa con nueva vida.

 

Como el domingo pasado, estamos ante esa unidad de palabra y acción, de teoría y práctica, de decir y hacer. Como solemos decir, «no hay nada más práctico que una buena teoría», y «nunca se ha entendido del todo una teoría, hasta que no se ha experimentado y dominado su práctica». Jesús es maestro de esa unidad. Y sus discípulos también lo hemos de ser. Tenemos un mensaje de salvación que hay que anunciar, pero que también hay que realizar, aunque sea con gestos simbólicos. La Utopía, («¡el Reino!») no sólo debe ser anunciado (hablado, dicho, informado, teorizado), sino construido (hecho, implantado, promovido, luchado). La Buena Noticia no sólo tiene que ser anunciada, sino mostrada, primero en nuestra propia vida, también en la comunidad, y, hasta donde nos dejen, en la sociedad.
 

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Cuidar formación integral de futuros sacerdotes, pide el Papa Benedicto XVI

 VATICANO, 20 Feb. 09 / 10:17 am (ACI)
 

Al recibir esta mañana a los participantes de la Reunión Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), el Papa Benedicto XVI pidió que en los seminarios, "tiempo decisivo de discernimiento y preparación" se cuide la formación humana, espiritual, intelectual y pastoral de quienes aspiran al sacerdocio, así como la adecuada elección de sus formadores y profesores.

 

Al dirigirse a los presentes que han tratado en la reunión el tema "La situación actual de la formación sacerdotal en los seminarios", el Santo Padre recordó que "para todos nosotros, el seminario fue un tiempo decisivo de discernimiento y preparación. Allí, en diálogo profundo con Cristo, se fue fortaleciendo nuestro deseo de enraizarnos hondamente en Él".

 

"En aquellos años, aprendimos a sentirnos en la Iglesia como en nuestra propia casa, acompañados de María, la Madre de Jesús y amantísima Madre nuestra, obediente siempre a la voluntad de Dios. Por eso me complace que esta Asamblea Plenaria haya dedicado su atención a la situación actual de los Seminarios en Latinoamérica", continuó

 

Al precisar luego que para "lograr presbíteros según el corazón de Cristo", Benedicto XVI indicó que "se ha de poner la confianza en la acción del Espíritu Santo, más que en estrategias y cálculos humanos, y pedir con gran fe al Señor, 'Dueño de la mies', que envíe numerosas y santas vocaciones al sacerdocio, uniendo siempre a esta súplica el afecto y la cercanía a quienes están en el seminario con vistas a las sagradas órdenes".

 

Por otro lado, prosiguió, "la necesidad de sacerdotes para afrontar los retos del mundo de hoy, no debe inducir al abandono de un esmerado discernimiento de los candidatos, ni a descuidar las exigencias necesarias, incluso rigurosas, para que su proceso formativo ayude a hacer de ellos sacerdotes ejemplares".

 

Seguidamente el Papa explicó que "hoy más que nunca, es preciso que los seminaristas, con recta intención y al margen de cualquier otro interés, aspiren al sacerdocio movidos únicamente por la voluntad de ser auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo que, en comunión con sus Obispos, lo hagan presente con su ministerio y su testimonio de vida".

 

Para ello, precisó, "es de suma importancia que se cuide atentamente su formación humana, espiritual, intelectual y pastoral, así como la adecuada elección de sus formadores y profesores, que han de distinguirse por su capacitación académica, su espíritu sacerdotal y su fidelidad a la Iglesia, de modo que sepan inculcar en los jóvenes lo que el Pueblo de Dios necesita y espera de sus pastores.

 

Finalmente el Papa encomendó "al amparo maternal de la Santísima Virgen María las iniciativas de esta Asamblea Plenaria, suplicándole que acompañe a quienes se preparan para el ministerio sacerdotal en su caminar tras las huellas de su divino Hijo, Jesucristo, nuestro Redentor. Con estos sentimientos, les imparto con afecto la Bendición Apostólica".

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15-02-2009


Lv 13,1-2.44-46: “El leproso tendrá su morada fuera del campamento”

Sal 31: “Tú eres mi refugio”.

1Corintios 10,31-11,1: “Sigan mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo”

Mc 1,40-45: La lepra se le quitó, y quedó limpio

 

Jesús, en medio de sus correrías misioneras se encuentra con un leproso, un hombre arriesgado, que se atreve a romper una norma que lo obligaba a permanecer alejado de la ciudad. Esta norma es la que nos recuerda la primera lectura, del Levítico. El la tradición judía la enfermedad era interpretada como una maldición divina, un castigo, una consecuencia del pecado de la persona enferma, o de su familia. La lepra común, por su contagio, estaba regulada por una rígida normativa que excluía a la persona afectada de la vida social, para evitar el contagio. (Ha durado muchos siglos la falsa creencia de que la lepra fuese tan fácilmente contagiable). Los sacerdotes tenían la función de examinar las llagas del enfermo, y en caso de diagnosticarlas efectivamente como síntomas de la presencia de lepra, la persona era declarada impura, con lo que resultaba condenada a salir de la población, a comenzar a vivir en soledad, a malvivir indignamente, gritando por los caminos «¡impuro, impuro!» para evitar encontrarse con personas sanas a las que poder contagiar. En realidad, todo el sistema normativo religioso generaba una permanente exclusión de las personas por motivos de sexo, salud, condición social, edad, religión, nacionalidad.

 

Este hombre, seguramente cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, poniendo en él toda su confianza: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús, se compadece y le toca, rompiendo no sólo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús se salta la ley que margina y excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la ley, incluso de la ley religiosa. La religión de Jesús no está contra la vida, sino, al contrario: pone en el centro la vida de las personas.

 

Jesús, le pide silencio (es el conocido tema del «secreto mesiánico», que todavía hoy resulta un tanto misterioso), y le envía al sacerdote como signo de su reinclusión en la dinámica social, «para que sirva de testimonio», de que Dios desea y puede actuar aun por encima de las normas, recuperando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas. Pero este hombre no hace caso de tal secreto, rompe el silencio, y se pone a pregonar con entusiasmo su experiencia de liberación. No parece servirse de la mediación del sacerdote o de la institución del templo, sino que se autoincluye y toma la decisión autónoma de divulgar la Buena Noticia. Esto hace que Jesús no pueda ya presentarse en público en las ciudades sino en los lugares apartados, pues al asumir la causa de los excluidos, Jesús se convierte en un excluido más. Sin embargo, allí a las afueras, está brotando la nueva vida y quienes logran descubrirlo van también allí a buscar a Jesús.

 

Es una página recurrente en los evangelios: Jesús cura, sana a los enfermos. No sólo predica, sino que cura. Palabra y hechos. Anuncio y construcción. Teoría y praxis. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésa es su religión: el amor, el amor liberador, está por encima de toda ley. La ley consiste precisamente en amar y liberar, por encima de todo.

 

La segunda lectura, que sigue, como siempre, un camino independiente frente a la relación entre la primera y la tercera, es un bello texto de Pablo que habla de la integralidad de la espiritualidad. La espiritualidad no es tan «espiritual»; de alguna manera es también «material». Hay que recordar que la palabra «espiritualidad» es una palabra desafortunada. Tenemos que seguir utilizándola por lo muy consagrada que está, pero necesitamos recordar que no podemos aceptar para ella un sentido etimológico. No queremos ser «espirituales» si ello significara quedarnos con el espíritu y despreciar la materia o el cuerpo.

 

Pablo está en esa línea: «ya sea que comáis o que bebáis o que hagáis cualquier otra cosa...». No sólo las actividades tradicionalmente tenidas como religiosas tienen que ver con la espiritualidad, sino también actividades muy materiales, preocupaciones muy humanas como el comer y beber, o cualquier otra actividad de nuestra vida, pueden y deben ser integradas en el campo de nuestra espiritualidad (que ya no resultará pues «solamente espiritual»). Nuestra vida de fe puede y debe santificar toda nuestra vida humana, en todas sus preocupaciones y trabajos, no sólo cuando tenemos la suerte de poder dedicar nuestro tiempo a actividades «estrictamente religiosas», como podrían ser la oración o el culto.

 

El Concilio Vaticano II insistió mucho en esto: todos estamos llamados a la santidad. No hay unos «profesionales de la santidad», algunos que estarían en un supuesto «estado de perfección», mientras los demás tendrían que atender a preocupaciones muy humanas... No. Todos estamos llamados elevar nuestros trabajos, tareas, preocupaciones humanas... «nuestra propia existencia» a la categoría de «culto agradable a Dios» (como dirá Pablo en Rom 12, 1-2). Podemos ser muy «espirituales» (con reservas para esta palabra de resabios griegos) y santificarnos aun en lo más «material» de nuestra vida.

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Episcopado venezolano alienta a votar "sin miedo" y con "conciencia de país"

MARACAIBO, 13 Feb. 09 / 03:11 pm (ACI)

 

La Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) dio a conocer hoy una declaración ante las elecciones de este domingo 15 de febrero sobre la enmienda constitucional para aprobar o no la reelección presidencial. Los obispos alientan el voto "sin miedo" y con "conciencia de país", al tiempo que exhortan a las autoridades a garantizar la transparencia del proceso electoral.

 

En el documento leído hoy a las 11:00 a.m. en Maracaibo por el Arzobispo de esta ciudad y Presidente de la CEV, Mons. Ubaldo Santana, los obispos recuerdan que "este domingo 15 de febrero todos los venezolanos hemos sido convocados a un nuevo evento electoral. Como pastores de la Iglesia, exhortamos a todos los cristianos y a los hombres y mujeres de buena voluntad a tomar muy en serio este referendo y a asumir con responsabilidad las tareas que le han sido asignadas".

 

"Venzamos la apatía o la indiferencia y salgamos todos a votar. Votemos sin miedo. Votemos con conciencia de país. Cada voto es fundamental para construir la democracia en Venezuela", alientan.

 

Seguidamente los prelados exhortan a "las autoridades electorales a facilitarles a todos los electores el cumplimiento de este deber así como el ejercicio de su derecho a expresar su voluntad soberana sin tropiezos, cortapisas ni manipulaciones".

 

Tras hacer votos para que "cada centro electoral, cada mesa debe ser una escuela de transparencia democrática", los obispos piden "aceptar democrática y gallardamente los resultados oficiales. Evitemos violencias y desórdenes que pongan en peligro la paz y la convivencia ciudadana. Si hay reclamos y protestas que presentar háganse por los cauces institucionales".

 

Antes de concluir el mensaje, los obispos recuerdan que "los templos parroquiales, las iglesias, los centros de culto estarán abiertos. No dejemos de acudir en familia para orar al Señor por Venezuela. Oremos también juntos en nuestras casas".

 

"Que el Espíritu Santo ilumine tanto a los gobernantes como a los gobernados y nos conceda a todos, después de estas elecciones, la sabiduría e inteligencia espiritual que necesitamos para convivir pacíficamente en la tolerancia y el respeto mutuo. Que Dios los bendiga y la Virgen de Coromoto mantenga unida la familia venezolana", concluyen.

 

El Papa Benedicto XVI pide a Dios velar por el Vaticano, "centro visible de la Iglesia"

VATICANO, 13 Feb. 09 / 09:14 am (ACI)

 

Al finalizar el concierto sinfónico por el 80 aniversario de la fundación del Estado de la Ciudad del Vaticano, el Papa Benedicto XVI pidió a Dios para que "guíe firmemente las suertes de la 'Barca de Pedro' entre las vicisitudes no siempre tranquilas de la historia que siga velando sobre este pequeño Estado".

 

Al concluir el concierto de la RTE Concert Orchestra acompañada por la Our Lady's Choral Society, ambas de Dublin (Irlanda), que interpretaron "El Mesías" de Georg Friedrich Händel, el Papa destacó que "este concierto, con el que se ha celebrado un aniversario tan significativo para el Estado de la Ciudad del Vaticano, se inserta en el programa del congreso organizado para esta circunstancia y dedicado al tema 'Un pequeño territorio para una gran misión'".

 

"Quisiera, también en esta circunstancia, dar las gracias a cuantos han contribuido a hacer solemne una fecha tan significativa para la Iglesia Católica. Conmemorando los 80 años de la Civitas Vaticana, se siente la necesidad de reconocer el mérito de todos los que han sido y son protagonistas de estas ocho décadas de historia de un pequeño trozo de tierra".

 

Seguidamente el Santo Padre recordó "en primer lugar al principal protagonista, mi venerado antecesor Pío XI que, anunciando la firma de los Pactos Lateranenses y sobre todo la constitución del Estado de la Ciudad del Vaticano, recurrió a una frase de San Francisco de Asís y dijo que la nueva realidad soberana era para la Iglesia como para el Pobrecillo 'ese tanto de cuerpo que bastaba para tener unida el alma'".

 

Finalmente, Benedicto XVI pidió a Dios para que "guíe firmemente las suertes de la 'Barca de Pedro' entre las vicisitudes no siempre tranquilas de la historia que siga velando sobre este pequeño Estado. Pidámosle sobre todo que ayude con la potencia de su Espíritu a aquel que lleva el timón de la Barca, el sucesor de Pedro, para que desempeñe con fidelidad y eficacia su ministerio como fundamento de la unidad de la Iglesia Católica, que tiene en el Vaticano su centro visible y se extiende hasta los confines del mundo".

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 08-02-2009


Job 7,1-4.6-7:  “Mis días se consumen sin esperanza”

Sal 146: “Alaben al Señor, que sana los corazones destrozados”.

1Co 9,16-19.22-23: ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Mc 1,29-39: Jesús cura a la suegra de Pedro y muchos otros enfermos

 

Hoy el libro de Job nos pone frente a un hombre sumido en un gran sufrimiento. Delante de sus amigos desnuda su corazón, su desilusión. Ellos, que defienden una teología alejada de la vida, no pueden comprender la queja de su amigo ni acompañarlo plenamente en su dolor.

 

El grito de Job es seguramente cercano y presente en la vida diaria de muchos hombres y mujeres en todos los rincones del planeta, que enfrentan una vida de lucha y dificultad. Compara su existencia con la vida de un mercenario. Mercenario es aquel que vende su lucha, que libra causas que no son suyas y se fatiga por empresas que no ama.

 

El libro de Job, como sabemos, es una auténtica joya literaria dentro de la Biblia hebrea (de la que está tomado nuestro «Antiguo Testamento»). Es una reflexión sapiencial sobre ese problema irresoluble, o mejor, ese misterio eterno que es el mal. El misterio del mal, su presencia injustificada en el mundo, ante la cual necesitamos justificar a quienes podrían resultar implicados por la existencia del mal: Dios en primer lugar. En efecto, la «teodicea» o disciplina filosófica que trata de mostrar la existencia de Dios, trata en realidad de «justificar» a Dios –como viene significado por el origen etimológico de la palabra-.

 

Lo importante del libro de Job no son los datos históricos sobre Job (que no existen, pues no es un libro histórico), ni las respuestas de tipo explicativo que quisiera dar sobre el dolor humano (que estarían hoy absolutamente sobrepasadas), sino la sabiduría que encierra en sus reflexiones.

 

En efecto: la ciencia avanza cada día, y no tiene sentido hoy estudiar la óptica de Newton por ejemplo, que fue uno de sus fundadores, pues como ciencia está hoy enteramente sobrepasada. En cambio, la sabiduría –que no está en el mismo plano de la ciencia- se mantiene, y hoy la humanidad sigue viviendo de la sabiduría de personajes como Confucio, Buda, Sócrates, Jesús... En realidad no hemos avanzado sobre aquella sabiduría fundamental adquirida hace ya tres mil años... En esa perspectiva debemos escuchar y leer el libro de Job.

 

Pablo, al igual que Job, se encuentra en una discusión acalorada con sus interlocutores, en esta ocasión, la comunidad de Corinto, en la cual existen fracciones que le critican y cuestionaban su autoridad (v. 3). Pablo responde haciendo una defensa radical de su misión y declara su absoluta libertad frente a toda manipulación o poder humano. No se declara miembro de un movimiento o representante de alguna institución, sino como un hombre “obligado a cumplir una tarea”. En el imperio Romano era común la práctica del clientelismo, en la cual el benefactor se convertía en patrón de quien recibía sus beneficios. El apóstol desea dejar en claro la pureza de su mensaje, que no está vendido a ningún “cliente” ni moldeado por ningún interés personal (v. 17-18). Esta libertad en Cristo, le permite al apóstol ser un servidor de los demás. No teme amoldarse a las condiciones de vida de los destinatarios de su mensaje: judíos, seguidores de la ley o rebeldes a ella, débiles. Pablo anuncia así el Evangelio de la libertad que no se matricula con la rigidez, ni hace el juego a ningún interés particular o sectario, sino que es capaz de entrar en diálogo con la diferencia y de llegar a “todas” las realidades humanas, como una Buena Noticia del amor de Dios.

 

Esto es precisamente lo que hace Jesús en el evangelio de Marcos: entrar en la vida de las personas, ser uno de ellos en su cotidianidad. El domingo pasado, lo vimos sanando a un endemoniado. Hoy, lo acompañamos con Simón y Andrés a la casa de Pedro. La casa, el lugar íntimo done se comparte el techo, la mesa. Allí se encuentra con una anciana enferma, la suegra de Pedro, Jesús se acerca, la toma de la mano y la levanta. Un gesto tan simple como es el acercarse, y tomar de la mano hace el milagro de recuperar a esta mujer, que no sólo recupera su salud, sino su capacidad de servicio. Al atardecer muchos vinieron a buscarlos, y relata el evangelista que Jesús continuó sanando. Era común en la época de Jesús que los enfermos fueran tenidos por malditos o poseídos por espíritus malos, de manera que eran alejados, excluidos y nadie se atrevía a acercarse a ellos. Jesús, al contrario, se entrega con amor y dedicación a su cuidado, siendo su servidor.

 

La práctica de curación, la lucha contra el mal, es decir, la praxis liberación del ser humano.. es la práctica habitual de Jesús. Tan importante como hacer el bien, es evitar el mal y luchar contra él, dar la vida para ir devolviendo la paz, la salud, el bienestar, la felicidad... a todos aquellos que la han perdido. Ser cristiano es, entre otras muchas cosas, luchar contra el mal, no quedarse de brazos cruzados o ensimismado en los propios asuntos, cuando vivimos en un mundo con las cifras escalofriantes de pobreza y miseria que hoy padecemos.

 

Anunciar hoy el Reino exige construirlo simultáneamente. La evangelización –la nuestra, como la de Jesús- no puede ser sólo cuestión de hablar... «Anunciar» no es cuestión de meras palabras, de transmitir información, sino de hacer, de construir: luchar contra el mal, sanar, curar, rehabilitar a los hermanos, ponernos a su servicio, acompañar y dignificar la vida que, en todas sus manifestaciones, es manifestación de la mano creadora de Dios.

 

Noticias de la Iglesia

 

Comunicado de la Presidencia de la Conferencia Episcopal ante la Profanación de la Sinagoga Principal de Caracas

Caracas, 4 de febrero de 2009

 

1.- Los Obispos que conformamos la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana manifestamos nuestra consternación y dolor por la violación del recinto sagrado  y la profanación de los símbolos religiosos más queridos de la religión judía el sábado 31 de Enero en la Sinagoga Principal de Maripérez en Caracas.

 

2.- Este hecho inédito en la historia de nuestro país, está alejado del espíritu de tolerancia y acogida que es tradicional en el pueblo venezolano; además atenta contra el derecho fundamental consagrado en nuestra Constitución de la persona a la libertad religiosa.

 

3.- Ninguna persona o grupo religioso debe ser coaccionado o atemorizado a obrar en materia religiosa, en contra de su conciencia, ni ver impedidas la enseñanza o profesión pública de su fe. Es obligación del poder civil proteger y promover este derecho, al igual que los otros derechos inviolables del hombre.

 

4.- Expresamos a los miembros de la comunidad judía de Caracas y Venezuela nuestra oración y solidaridad ante estos lamentables hechos vandálicos.

 

5.- Con el salmista afirmamos: "El Señor es mi pastor, nada me falta.   Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo; tu vara y tu bastón me inspiran confianza". (Sal. 23).  Que la violencia e intolerancia ceda el paso a la concordia y diálogo entre todos los habitantes del país, sin importar cual sea su origen, raza o credo religioso.

 

Venezuela: Hacia el IV Congreso Nacional Juvenil Misionero

“Quiero ser discípulo”, elegido himno del encuentro

CARACAS, jueves, 5 febrero 2009 (ZENIT.org)

En la pasada Asamblea Radar de Repetidores Nacionales de Jovenmisión, se realizó la elección del himno oficial del IV Congreso Nacional Juvenil Misionero (CONAJUMI) a realizarse desde el 30 de abril al 3 de mayo de 2009, en la Arquidiócesis de Cumaná, Venezuela .

 

 Fueron presentadas cuatro propuestas: dos de la Diócesis de Cabimas, y las restantes de la Diócesis de Barinas y la Arquidiócesis de Cumaná, respectivamente. Tras escuchar cada una de las opciones, discutirlas y someterlas a votación, resultó ganadora la propuesta de la Arquidiócesis de Cumaná "Quiero ser discípulo".

 

 Danny Robles, secretario de Jovenmisión, dijo que el objetivo de realizar la elección del himno del congreso con suficiente antelación, es para difundirlo por todo el país y así animar a todos los misioneros que participarán en el IV CONAJUMI, informa a ZENIT Alexander Rosquez, del Departamento de Prensa JOVENMISIÓN .

 

La Legión de Cristo lamenta la conducta de su fundador

La Congregación pide perdón por el escándalo

ROMA, jueves 5 de febrero de 2009 (ZENIT.org)

Algunos aspectos de la vida del padre Marcial Maciel eran incompatibles con el sacerdocio, ha afirmado un portavoz de la congregación religiosa. "Nos apena profundamente toda ofensa que hayan podido ocasionar las acciones del padre Maciel a la Iglesia y a sus miembros. Pedimos perdón por el escándalo que esto ha provocado", ha afirmado Jim Fair en una declaración concedida a ZENIT.

 

Fair, portavoz de los Legionarios de Cristo en los Estados Unidos, ha revelado a los periodistas que "se han conocido algunos hechos de la vida de nuestro fundador que son sorprendentes y que para nosotros son difíciles de comprender".

 

Ha confirmado que el sacerdote mexicano, fallecido el año pasado y sepultado en su ciudad natal de Cotija, tenía una relación con una mujer de la que habría nacido una hija.

 

El portavoz de la Legión de Cristo en Roma, el padre Paolo Scarafoni, explicó que no podía dar más detalles por respeto a la vida privada de las personas afectadas.

 

Respondiendo a la pregunta sobre la hipótesis de que la Legión renuncie a considerar al padre Maciel como su fundador, Fair observó que no se busca reescribir la historia: "Es y será siempre el fundador de la Orden. Independientemente de cuáles hayan sido las debilidades humanas del padre Maciel, nos sentimos agradecidos por haber recibido el carisma a través suyo".

 

"Uno de los misterios que todos nosotros vemos en la vida es que Dios hace el bien con instrumentos humanos imperfectos", añade.

 

Pete Vere, prestigioso canonista estadounidense, autor de numerosos textos y manuales sobre el Código de Derecho Canónico, ha explicado a ZENIT que la Legión no tiene necesidad de renunciar a su fundador.

 

"Ser honestos sobre el fundador, admitir que ha cometido errores, y que hizo cosas por motivos equivocados, y que quizá algunas acciones eran negativas... Pienso que este tipo de apertura y transparencia permitirá [a la Legión] seguir adelante", constató.

 

"Visto el alcance que tiene la Legión y considerando su importancia en la Iglesia, la Legión es algo positivo", aclara.

 

El padre Marcial Maciel fundó los Legionarios de Cristo en 1941 y renunció a la reelección como director general en 2005. Le sucedió en el cargo el padre Álvaro Corcuera.

 

En mayo de 2006, después después de haber sometido los resultados de una investigación sobre algunas acusaciones, la Congregación para la Doctrina de la Fe "decidió --teniendo en cuenta tanto la edad avanzada del reverendo Maciel como su débil salud-- renunciar a un proceso canónico e invitar al padre a una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a todo ministerio público".

 

En esa ocasión, la nota vaticana reconocía "con gratitud el benemérito apostolado de los Legionarios de Cristo y de la asociación 'Regnum Christi'".

 

En el mundo hay unos 800 sacerdotes legionarios de Cristo y 2.500 seminaristas. El movimiento de apostolado "Regnum Christi", fundado por el padre Maciel, está conformado por unos 70.000 miembros, jóvenes y adultos, diáconos y sacerdotes.

ramoncrespo@cantv.net


                                 Domingo IV Del Tiempo Ordinario - B

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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01-02-2009

 

Sal 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón."

1Cor 7,32-35: “Consagrados en cuerpo y Espíritu”

Mc 1,21-28: Enseñaba con autoridad

 

La palabra Deuteronomio viene de Deuteros = segundo, y Nomos = ley. Es la segunda versión de la legislación mosaica. El Deuteronomio fue elaborado a partir de pequeños fragmentos que fueron compilados por el autor o los autores a lo largo de más de seiscientos años. El material que conocemos tuvo un origen muy diverso. Una parte pertenece a la gran tradición oral que la confederación de tribus empleó para regular la aplicación de la justicia al interior de la comunidad y entre las tribus durante el tiempo de los Jueces. Otra parte proviene de las tradiciones del reino del norte, elaborada por grupos que se oponían a la monarquía y proponían legislaciones alternativas para tratar de cambiar el despótico gobierno instalado en Samaría. Otra parte, es elaboración de tradiciones orales del reino del sur, vigentes en tiempos del rey Josías. Esta diversidad fue re-elaborada después del destierro por los sacerdotes y los sabios, hasta alcanzar al forma que hoy conocemos.

 

Este documento tuvo varias ediciones en las que fue sucesivamente ampliado. Insiste en la necesidad de vivir unas relaciones interhumanas justas. La ley no es, en este documento, un fárrago de decretos aislados. Cada precepto está en función de defender la vida y la dignidad de cada persona en la comunidad. La ley expresa la vida íntima de la comunidad, la necesidad de que cada persona tenga lo mínimo para sobrevivir y nadie viva en una situación oprobiosa y miserable. De este modo, la ley deja de ser una ominosa obligación y pasa a ser un «don» que otorga Dios a todo el pueblo. Este don o alianza se fundamenta en el derecho de cada familia a poseer lo mínimo necesario, esto es, un pedazo de tierra donde pueda cultivar y donde pueda vivir sin ser una carga para los demás: "Como Yavé ha hecho don de este país su pueblo, nadie puede apropiarse de la tierra (Dt 15, 4)".

 

Para este autor la alianza, la ley o «don» debe ser interiorizada. La convivencia en el país que Dios ha dado al Pueblo peregrino exige un cambio de mentalidad que se traduce en una organización social donde el derecho divino prevalece sobre todas las instituciones. Lo central de este derecho es la justicia interhumana entendida como fundamento de la convivencia social. “El rey debe ser hermano y recortar ventajas e intereses personales. Este abrirse generosamente a los otros es lo que demuestra la pertenencia a Yavé y lo que permite la pertenencia a este pueblo".

 

En esta misma línea, se ubica la promesa acerca del profeta venidero. Este profeta se compara con Moisés, por cuanto es portador de la palabra de Dios. No viene a recordar al pueblo una u otra cosa. Viene para indicar cuál es el rumbo que el pueblo debe seguir. El profeta se preocupará por mantener vivo el Espíritu de la ley, tema en el que insiste el Deuteronomio. De modo que no se convierta en una mera formalidad, sino que exprese las necesidades vitales de la comunidad y de cada ser humano.

 

El Deuteronomio da inicio a una tendencia que Jesús llevará adelante. Para Jesús, y en general para todos los profetas, lo fundamental de la ley es preservar la dignidad, la intimidad y el valor de cada ser humano, el derecho a vivir en una comunidad donde sea valorado por lo que es y no por lo que tiene. De este modo, la legislación deja de ser un precepto que rige alguna cosa en particular, y se convierte en expresión de las necesidades vitales del ser humano. A esto llama la Biblia “llevar la ley en el corazón”.

 

Esta nueva manera de ver la ley es la que aplica Pablo en la carta a los corintios. Él aconseja, sugiere, opina, exhorta y amonesta teniendo en cuenta la situación de la comunidad, en el marco social, y la situación de la persona, en el marco de la comunidad. No impone criterios rígidos que agobien la conciencia de las personas, sino que busca que cada persona esté a gusto con su situación.

 

La comunidad, preocupada por opiniones adversas al matrimonio, le pregunta al apóstol Pablo: ¿Sería preferible no casarse? Para Pablo lo importante es que cada persona de la comunidad cristiana se sienta a gusto y motivada para servir. Por eso su mensaje no orienta a los que están casados, sino que se preocupa por los judíos y por los esclavos. Los judíos para que no renieguen de su cultura y tradiciones, pero para que tampoco se la impongan a los demás. A los esclavos los anima a no desanimarse por su condición y a buscar una oportunidad para liberarse. De este modo, ninguno se puede sentir ni inferior ni superior a los otros. Todos son iguales porque al interior de la comunidad se respeta la diferencia. Este es el principio de igualdad.

 

En todos los casos, situaciones, estados civiles, posiciones sociales... Pablo insiste en la urgencia de buscarse un camino para vivir la libertad que nos dejó Cristo y, siendo libres, preparar la irrupción del Reino. El Señor vuelve cuando la comunidad, libre ya de trabas sociales, culturales o ideológicas, da testimonio de un modo de vivir alternativo y liberador.

 

Esta capacidad, para discernir cada situación en particular, fue una de las cosas que más admiró la multitud en Jesús. Mientras otros maestros y líderes respondían con exhaustivas explicaciones y citando códigos, preceptos y doctrinas, Jesús respondía con la verdad simple y llana.

 

Jesús estaba interesado en la situación particular de cada ser humano: en sus sufrimientos, en las ideas que lo atormentaban, en aquellas cosas que le impedían ser libre y espontáneo. Este interés no obedecía a un interés político encubierto, sino a una genuina valoración de cada persona que encontraba en el camino. Muchos movimientos y grupos muestran interés por los individuos mientras estos sirven a sus intereses proselitistas, mientras son sus adeptos, luego, si disienten, los ignoran o los marginan. Jesús se manifestó abiertamente contra este modo de actuar y lo declaró abiertamente: el sábado, o sea la ley, las costumbres, todo lo prescrito, está al servicio de cada ser humano y no al contrario.

 

Precisamente, su lucha contra los demonios fue una lucha contra las ideologías instaladas en las sinagogas que buscaban un Mesías glorioso, un militar implacable, un reformador religioso. Jesús nunca se identificó con estos propósitos. Por esta razón, conmina a los “espíritus inmundos” o ideologías opresoras a guardar silencio y a no tratar de seducirlo con falsas aclamaciones y reconocimientos.

 

El pueblo sencillo reconocía esta lucha contra el formalismo de la ley la ideología que la sustentaba. La propuesta de Jesús los liberaba de la pesada carga moral, económica y cultural que suponía cumplir los más de seis mil preceptos que estaban vigentes para regular todos los aspectos de la vida personal y comunitaria. Mucha gente se preguntaba: ¿no será este hombre el nuevo legislador? ¿No será el hombre prometido como reemplazo del profeta Moisés? ¿No será la propuesta de Jesús, el Reinado de Dios, la “nueva ley?” ¿Por qué sus acciones liberadoras y su lucha contra el mal es tan eficaz?

 

Hoy debemos preguntarnos: ¿hemos seguido la propuesta de Jesús de que cada ser humano tenga un valor infinito? ¿Creemos que nuestra tarea, como anunciadores de la buena nueva, es ayudar a todos los seres humanos a liberarse de las trabas que nos les permiten crecer con libertad y espontaneidad? ¿Tiene carácter normativo la Buena Nueva de Jesús, o la tomamos a la ligera como las noticias de cada día?

 

Noticias de la Iglesia

  

Comunicado de la Pastoral Universitaria de Venezuela

La pastoral universitaria de Venezuela pide protección a las autoridades
 

CARACAS, viernes 30 de enero de 2009 (ZENIT.org).-

El Departamento de Juventud y Pastoral Universitaria, del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano hizo público un comunicado este 27 de enero en el que, entre otras cosas, pide protección a las autoridades venezolanas y respeto a los derechos humanos.

En primer lugar el comunicado explica que la Pastoral Universitaria, mediante la cual la Iglesia católica se hace presente en el ámbito de la educación superior, "tiene como misión animar y facilitar entre los universitarios --estudiantes, profesores, autoridades, personal administrativo y obrero-- el encuentro personal y comunitario con Jesucristo vivo, de modo que descubran en Él las respuestas a sus inquietudes y esperanzas".

 

Desde la verdad del Evangelio, los firmantes del comunicado se sienten obligados a manifestar su postura ante los acontecimientos de violencia ocurridos recientemente en las universidades venezolanas y en las marchas de los estudiantes.

 

Exigen "a las Autoridades Nacionales el respeto a los derechos humanos y la protección para todos los ciudadanos, especialmente para los estudiantes universitarios, en el entendido de que la protesta cívica expresada mediante manifestación pacífica es un derecho constitucional reconocido universalmente".

 

"La experiencia nos ha enseñado -apostillan- que cuando el gobierno y la policía respetan y protegen el derecho a la libre manifestación, como sucedió el 23 de enero pasado, no hay violencia".

 

Así mismo, recuerdan a las autoridades que acuerdos internacionales firmados por Venezuela "expresan la prohibición de disolver manifestaciones mediante el uso de gases asfixiantes, tóxicos o similares (Estatuto de Roma Parte II, Art 8 b XVIII)".

 

En este sentido, les hacen presente a todas las partes involucradas lo expresado por los obispos venezolanos en la Exhortación sobre la "Situación del país y renovación ética", al inicio de este año, donde afirman que "todos los cristianos debemos empeñarnos a fondo en la creación de un clima nacional de convivencia y de solidaridad (n° 20)".

 

Los responsables de la Pastoral Universitaria invitan a todos los sectores de la sociedad, especialmente a los comprometidos con la educación superior, "a trabajar juntos en la construcción de la cultura de la vida".

 

"Nuestro pueblo desea la paz, que sólo se puede alcanzar desde el respeto a la diversidad, la defensa absoluta de la vida, la libertad como valor primordial y el ejercicio de la justicia verdadera", afirman.

 

Así mismo, deploran los atentados violentos contra diversas instituciones, particularmente contra la Nunciatura Apostólica, y los ataques al cardenal Jorge Urosa. Estos hechos, dicen, "indignan y entristecen al pueblo venezolano que desea vivir en paz y democracia".

 

Y concluyen elevando "una súplica al Dios de la vida, y a nuestra Madre la Virgen de Coromoto,  rogándoles nos concedan serenidad en esta hora difícil que atraviesa nuestro país".

ramoncrespo@cantv.net


                                   Fiesta de la Conversión de San Pablo

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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18-01-2009

 

Jon 3,1-5.10:: “Los ninivitas se convirtieron de su mala vida”

Sal 24: Señor, enséñame tus caminos.

1Cor 7,29-31: “La representación de este mundo se termina”

Mc 1,14-20: “Arrepiéntase y crean en la Buena Noticia”

 

Como es sabido, en las lecturas de la liturgia de los domingos, la primera y la tercera están siempre unidas temáticamente, mientras que la segunda suele ir por caminos independientes. Hoy la pareja de lecturas principales son la de la predicación de Jonás sobre la ciudad Nínive, y la predicación de Jesús al comenzar su ministerio, precisamente «cuando arrestaron a Juan», o sea, al faltar el profeta.

 

La lectura sobre Jonás hoy presenta un contenido positivo: el profeta atiende el mandato de Dios, que le envía a predicar, va, predica, y además tiene éxito su predicación, pues la ciudad se arrepiente.

 

El comentario más simple a este texto puede ir por la línea de la importancia de la predicación profética para la conversión de los que están alejados de Dios. Es un tema conocido. Y, como decíamos, hace un paralelismo con el texto del evangelio: Jesús es un nuevo profeta, que empalma con la línea de los profetas clásicos, que también se lanza por los caminos para predicar un mensaje de conversión.

 

Para unos oyentes más críticos, esta segunda lectura es preocupante. Porque el conjunto entero de lo que en ella se expresa pertenece a un marco de comprensión hoy insostenible: un Dios arriba, directamente imaginado como un gran rey, que envía su mensajero para predicar un mensaje de conversión, mensaje que antes no pudo surtir efecto porque el profeta no quiso ir a predicar, pero que ahora es atendido y obedecido por los ninivitas. «Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó». Esta imagen de un Dios arriba, que toma decisiones, envía mensajeros, les insiste, se comunica con los seres humanos por medio de esos mensajeros profetas, y que «al ver» las obras de penitencia «se compadece y se arrepiente de la catástrofe con que había amenazado a la ciudad»... es, obviamente, humana, muy humana, demasiado humana. Es un «antropomorfismo». Dios no es un Señor que esté ahí arriba, ni que esté enviando mensajeros, ni es alguien que pueda amenazar, ni que se pueda arrepentir... Hoy sabemos que Dios no es así, que lo que llamamos «Dios» es un misterio que no puede ser reducido a una imaginación antropomórfica semejante.

 

Sería bueno, incluso necesario, referirse a esta calidad de antropomorfismo que tiene esta lectura –como tantísimas otras- y no dejar de hacer caer en la cuenta a los oyentes que no los estamos tomando por niños, sino que, simplemente, estamos utilizando un texto compuesto hace más de dos milenios, y que la imagen de Dios que aparece en él nos resulta hoy inviable. Es importante decirlo, y no es bueno darlo por sobreentendido, porque puede haber –con razón- personas que se sientan mal al escuchar estas imágenes, como si se sintieran retrotraídas al tiempo de la catequesis infantil. Y, desde luego, es recomendable abordar -en esta u otra ocasión- el tema de las imágenes de Dios, y aclarar que si somos personas de hoy, lo más probable es que no nos encaje bien el lenguaje clásico sobre Dios, y que tenemos todo el derecho a utilizar otro y a ser críticos.

 

La lectura de la 1ª carta de Pablo a los corintios también puede iluminarse hoy con la del evangelio de Marcos: ante el reinado de Dios que ha sido instaurado por la actuación de Jesús -su predicación, sus milagros, sus controversias, especialmente su muerte y resurrección-, todas las realidades humanas adquieren un nuevo sentido: comprar, vender, llorar, reírse, casarse o permanecer célibe, todo es diferente y su valor distinto. Lo absolutamente definitivo es el ejercicio de la voluntad salvífica de Dios que Jesús vino a poner en marcha. Por eso san Pablo puede afirmar que "la presentación de este mundo se termina", es decir, que Dios hace nuevas todas las cosas realizando la utopía de su Reino en donde pobres y tristes, enfermos y condenados, excluidos y ofendidos de la tierra son rescatados y acogidos, y en donde los ricos y los poderosos son llamados urgentemente a la conversión.

 

Después de narrarnos los comienzos del evangelio con Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, Marcos nos relata, en unas frases muy condensadas, los comienzos de la actividad pública de Jesús: es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, la próspera pero mal afamada Galilea, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el entero contenido de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado - es que se ha cumplido el plazo de su espera - y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.

 

Muchos reinados recordaban los judíos que escuchaban a Jesús: el muy reciente reinado de Herodes el Grande, sanguinario y ambicioso; el reinado de los asmoneos, descendientes de los libertadores Macabeos, reyes que habían ejercido simultáneamente el sumo sacerdocio y habían oprimido al pueblo, tanto o más que los ocupadores griegos, los seléucidas. Recordaban también a los viejos reyes del remoto pasado, convertidos en figuras de leyendas doradas, David y su hijo Salomón, y la lista tan larga de sus descendientes que por casi 500 años habían ejercido sobre el pueblo un poder totalitario, casi siempre tiránico y explotador. ¿De qué rey hablaba ahora Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era paradisíaca de antes del pecado.

 

Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra. Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar en las redes del Reino a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.

 

A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades: a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo.

 

Hoy, 25 de enero, es también la fiesta de la conversión de san Pablo. Y en torno a esta fiesta litúrgica se suele establecer la Semana de oración por la unidad de los cristianos.

 

Exhortación en la XCI Asamblea Plenaria Ordinaria: Situación del país y renovación ética

 

(2da. Parte)

 

NUESTRO COMPROMISO DESDE LA FE

 

16.- Cuando analizamos la preocupante realidad del país desde la misión que se nos ha confiado de llevar la luz y la esperanza de la Buena Noticia de Jesucristo a todas las personas, no podemos menos de lamentar el dolor en que están sumergidos tantos compatriotas y de comprobar que no se está favoreciendo soluciones reales a la crisis en que estamos inmersos, la cual abarca desde la situación económica hasta los enfrentamientos sociales y la crispación política.

 

17. Los católicos estamos llamados a convertirnos a Cristo y su Evangelio. Debemos volver nuestra mirada a Jesús, nuestro Maestro y Salvador. En Él descubrimos, además de nuestra dignidad y vocación a la santidad, el llamado a la fraternidad para la construcción de un mundo nuevo. Sin este encuentro con Él, todo esfuerzo sería inútil. "…porque separados de mi no pueden hacer nada." (Jn. 15, 5)

 

18.- Por otra parte combatir esta realidad exige la voluntad política del gobierno, la convocatoria de todas las voluntades, un mayor compromiso del Poder Moral, el fortalecimiento ético de las instituciones públicas y privadas y  el concurso de los Medios de Comunicación Social. Los Pastores de la Iglesia, como formadores natos de la conciencia moral de los cristianos, que son mayoría en este país, tenemos el deber de revisar a fondo nuestros programas religiosos y educativos, actualizarlos y emprender una formación religiosa y una catequesis mucho más renovada, ordenada a la iniciación cristiana y a dar solidez a nuestra fe. (Cf. Lc. 1, 4).

 

19.- En su actuación política, el cristiano no puede tener como único instrumento de análisis o de elaboración de su estrategia a las ideologías, mucho menos, a las de índole materialista, ya sea capitalista o marxista. Debe analizar críticamente la situación socio política y estudiar las diversas alternativas de solución a la problemática social. Desde un estricto sentido de fe, debe guiarse en su comprensión de la realidad y en su compromiso social y político por la Palabra de Dios y la Doctrina Social de la Iglesia.

 

CONVIVENCIA Y SOLIDARIDAD

 

20.- Todos los cristianos debemos empeñarnos a fondo en la creación de un clima nacional de convivencia y de solidaridad. La convivencia es posible entre nosotros. Y frente a la inminente crisis económica mundial, hacemos un llamado a que cada cristiano asuma actitudes de fraternidad, moderación en el uso de los bienes, austeridad y solidaridad con los más necesitados, particularmente con los excluidos, los enfermos, los marginados con quienes tenemos que vivir la solidaridad fraterna, con la conciencia de que en ellos está el propio Cristo: "Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de mis hermanos más pequeños,  me lo hicieron a mi" (Cf. Mt 25, 40).

 

21.- Este llamado implica poner en primer lugar en la vida personal e institucional a los excluidos y empobrecidos. Todo lo cual, exige al cristiano plantearse su compromiso político desde una acción más profunda y radical, que vaya a las verdaderas causas estructurales del problema de la pobreza. Poner al pobre en primer plano significa no conformarse con acciones asistencialistas que son necesarias y hay que mantener en situaciones de emergencia, pero que asumidas como programas permanentes generan estado de dependencia y le impiden el necesario protagonismo, sin el cual no es posible superar la pobreza.

 

22.- A lo anterior se une la necesaria revisión y superación del modelo de desarrollo dominante, tal y como nos acaba de pedir Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este nuevo año. La Iglesia, tanto en Venezuela como a nivel mundial, ha rechazado el modelo capitalista neoliberal de desarrollo, pero igualmente el socialismo de Estado que se nos quiere imponer. Nuestro pueblo debe afrontar las causas de sus males con el protagonismo de la sociedad organizada, sin aceptar el falso mesianismo de un Estado todopoderoso o la mano invisible del Mercado.

 

23.- Al concluir este mensaje, no podemos dejar de pensar y deplorar el recrudecimiento del conflicto palestino-israelí con sus secuelas de destrucción, muerte y dolor en su mayoría de seres humanos inocentes. Imploramos a Dios ilumine la mente de los autoridades de ambos países a fin de detener la masacre y logren a través de un verdadero diálogo una paz estable y duradera para esos pueblos.

 

UNIDOS EN LA MISIÓN

 

24.- La Misión Continental Evangelizadora que iniciamos este 14 de Enero, en la festividad de la Divina Pastora, en la ciudad de Barquisimeto, será ocasión propicia para sentir la fuerza y el dinamismo transformador de la vida nueva en todos los ambientes de nuestra nación, a fin de reafirmar la hermosa tarea recibida del Señor: salir al encuentro de todos para hacerlos discípulos de Jesús y darles a conocer el Evangelio.

 

25.-Ponemos en manos de Jesucristo, Buen Pastor, y de su Santísima Madre, Nuestra Señora de Coromoto, nuestras inquietudes sobre la situación del país y los frutos deseados de la Misión  Renovadora a la cual hemos sido convocados.

 

Con nuestra bendición, y los mejores votos por un año lleno de satisfacciones, gracia de Dios y paz.

Los Arzobispos y Obispos de Venezuela

 

Caracas, 13 de Enero de 2009

ramoncrespo@cantv.net


                                  Domingo II Del Tiempo Ordinario

 

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
www.elrincondelcura.blogspot.com

ramoncrespo1966@hotmail.com
ramonluis1966@gmail.com

18-01-2009
 

1Sm 3,3b-10.19: “Habla Señor, que tu siervo escucha”

Sal 39: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”

1Cor 6,13c-15a.17-20: “Sus cuerpos son miembros de Cristo”

Jn 1,35-42: “Vieron dónde vivía y se quedaron con él”

 

La fe conlleva un proyecto de vida, un camino, un recorrido que se realiza día a día, en todos los momentos de la existencia y que requiere una actitud permanente de escucha, discernimiento, búsqueda y fidelidad. Actitudes a las que nos invitan las lecturas en este domingo.

 

El libro de Samuel nos presenta la infancia del joven Samuel en el templo al cual fue consagrado por su madre en virtud de una promesa. El niño duerme, pero una voz lo llama. Creyendo que es su maestro Elí, con ingenua obediencia se levanta tres veces en la noche acudiendo a su llamado. Samuel no conoce aún a Yahvé pero sabe de la constancia en la obediencia, sabe acudir al llamado, una vez más, aun cuando en las primeras ocasiones perecía haberse despertado en vano. Elí, comprendió que era Yahvé quien llamaba al niño y le enseñó entonces a crear la actitud de la escucha: “Habla señor, que tu siervo escucha”.

 

La vida actual está llena de ruido, palabras que van y vienen, mensajes que se cruzan y con frecuencia los seres humanos perdemos la capacidad del silencio, la capacidad de escuchar en nuestra interioridad la voz de Dios que nos habita. Dios puede continuar siendo aquel desconocido de quien hablamos o a quien afirmamos, creer pero con quien pocas veces nos encontramos en la intimidad del corazón.

 

Este texto sobre Samuel niño se ha aplicado muchas veces al tema de la “vocación”, palabra que, obviamente, significa “llamado”. Toda persona, en el proceso de su maduración, llega un día a percibir la seducción de unos valores que le llaman, que con una voz imprecisa al principio, le invitan a salir de sí y a consagrar su vida a una gran Causa. Esas voces vagas o difícilmente reconocibles, con frecuencia provienen de la fuente honda que será capaz más tarde de centrar toda nuestra vida. No hay mayor don en la vida que haber encontrado la vocación, que es tanto como haberse encontrado a sí mismo, haber encontrado la razón de la propia vida, el amor de la vida. No hay mayor infortunio que no encontrar la razón de la vida, no encontrar una Causa por la que vivir (que siempre es, a la vez, una causa por la que morir).

San Pablo en su carta a los corintios nos recuerda que el cuerpo es templo, y que toda nuestra vida está llamada a unirse a Cristo, por lo que es necesario discernir en todo momento, qué nos aleja y qué nos acerca al plan de Dios. Por que la relación con Dios, no hace referencia solamente a nuestra experiencia espiritual sino a toda la vida: el trabajo, las relaciones humanas, la política, el cuidado del cuerpo, la sexualidad... De manera que en todo momento en cualquier situación los cristianos debemos preguntarnos si estamos actuando en unidad con Dios y en fidelidad a su plan de amor para con todo el mundo.

En el evangelio de hoy, Juan nos relata en encuentro de los primeros discípulos con Jesús. Es un texto obviamente simbólico, no una mera “crónica” de un encuentro. Todavía, algunos de los símbolos que contiene no sabemos interpretarlos: ¿qué quiso Juan aludirnos al especificarnos que “serían las cuatro de la tarde”?

 

Dos discípulos de Juan escuchan a su maestro expresarse sobre Jesús como el “cordero de Dios”, y sin preguntas o vacilaciones, con la misma ingenuidad que el joven Samuel que hemos contemplado en la primera lectura, siguen a Jesús, es decir, se disponen a ser sus discípulos, lo que conllevará un cambio importante para sus vidas. El diálogo que se entabla entre ellos es corto pero lleno de significado: “¿Qué buscas?”, “¿Maestro donde vives?”, ”Vengan y lo verán”. Estos buscadores desean entrar en la vida del Maestro, estar con él, formar parte de él. Y Jesús no se protege guardando las distancias, sino que los acoge y les invita a su morada. Este gesto simbólico se ha comentado siempre como una de las condiciones de la evangelización: no basta dar palabras sino hechos, no teorías sino vivencias, no hablar de la buena noticia sino mostrar cómo la vive uno mismo. O sea: la evangelización no tiene que ser una lección teórica, sino un testimonio, el evangelizador no es un profesor que da una lección, sino un testigo que ofrece su propio testimonio personal.

 

El impacto de la vivencia, del testimonio, conmueve a los discípulos, y ellos se convierten en mensajeros que atraerán a nuevos discípulos. Es el caso de Pedro, cuyo encuentro con Jesús lo transforma en una nueva persona simbolizada por el nuevo nombre que recibe del maestro.

 

Seguir a Jesús, caminar con él, no puede hacerse sino por haber tenido una experiencia de encuentro con él. Las teorías habladas –ni siquiera las teologías- no sirven. Nuestro corazón –y el de los demás- sólo se conmueve por las teorías vividas, por la vivencia y el testimonio personal.

 

Exhortación en la XCI Asamblea Plenaria Ordinaria: Situación del país y renovación ética

 

(1era Parte)

 

1.- Al comenzar un nuevo año civil, los arzobispos y obispos de Venezuela saludamos en el amor del Señor a todos los católicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de nuestro país. Reafirmamos nuestro compromiso con el pueblo venezolano de servirlo en aquello que, como sucesores de los Apóstoles de Jesucristo, es nuestra misión específica y nuestra razón de ser: llevarle la presencia de Señor Resucitado y su Evangelio, y compartir con todos, los dones de la salvación.

 

2.- Confiando en la promesa del Señor, "Yo estaré siempre con ustedes" (Mt. 28, 20), queremos responder decididamente a la invitación de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, reunida en Aparecida, Brasil, a realizar un trabajo intenso y prolongado de Evangelización en nuestro Continente y a llevar "nuestras naves mar adentro, con el soplo potente del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas, seguros de que la Providencia de Dios nos deparará grandes sorpresas" (DA, n. 551).

 

3.- Como ciudadanos venezolanos y Pastores de la Iglesia, tenemos el derecho y el deber irrenunciables de iluminar la vida social y el discernimiento ético de los cristianos y de las personas de buena voluntad, para defender los valores morales cuando éstos son gravemente lesionados y aportar criterios éticos para la acción que garanticen el bien común de las personas y de la sociedad. En este sentido, al  emitir  nuestra opinión sobre materia pública, que concierne a toda la sociedad, ejercemos un derecho humano reconocido universalmente y garantizado por  la Constitución vigente en nuestro país.

 

UNA SITUACIÓN PREOCUPANTE

 

4.- El presente y el futuro del país están condicionados, tanto por la crisis financiera internacional, de cuyas graves consecuencias no estamos exentos, como por nuestra realidad nacional marcada por grandes problemas sociales y por un ambiente de confrontación interno, lleno de interrogantes e incertidumbres. En la realización de nuestra misión evangelizadora, estamos llamados a discernir la situación presente de nuestro país porque es en ella donde el Evangelio debe realizar su acción transformadora y salvadora en las personas que lo reciben y en sus entornos sociales y culturales.

 

5.- Percibimos en la Venezuela actual una crisis ética generalizada presente en todos los ámbitos de la convivencia social  y que frecuentemente refleja un peligroso relativismo ético de funestas consecuencias.

 

6.- Vemos con tristeza la pérdida creciente del valor de la vida. La inseguridad personal se ha convertido en el principal problema de los venezolanos. Actualmente Venezuela es uno de los países más violentos del mundo y esta violencia tiene entre sus múltiples causas el tráfico y consumo de drogas, los asesinatos por ajustes de cuenta, el vil e inhumano negocio del secuestro y el aumento vertiginoso del sicariato. Pareciera que la vida  humana no vale nada. Esta violencia se agrava por la ineficacia de los cuerpos de seguridad en la prevención y lucha contra la delincuencia y por la impunidad producto de  las deficiencias del Ministerio Público y del Sistema Judicial.

 

7.- La vida cotidiana para muchos hermanos venezolanos se ha convertido en un verdadero drama: no encuentran en los hospitales los más elementales servicios de salud; carecen de viviendas dignas; no encuentran escuelas en condiciones apropiadas y la educación ha descendido en su calidad; los internos de las prisiones no tienen  las condiciones mínimas para vivir humanamente; en contraste muchos funcionarios públicos gozan de altísimos salarios y desproporcionados beneficios económicos y algunos gobernantes y líderes políticos se dedican a asegurar mayores cuotas de poder, descuidando la función pública para la que fueron electos o nombrados.

 

8.- Un problema que no es de hoy, es la corrupción en la administración pública. Los ingentes ingresos por la venta del petróleo, la falta de controles institucionales,  la falta de formación de la población para ejercer la contraloría social, pero, sobre todo, el bajo nivel de conciencia ética de dirigentes y empresarios ha incrementado a niveles alarmantes en los  últimos años este fenómeno. La corrupción está presente en todos los estratos sociales, con el agravante que se ha debilitado en nuestro pueblo la recta conciencia moral, pues lamentablemente la corrupción en la administración de los dineros públicos no es sentida por la mayoría de la población como uno de los problemas graves del país; así lo reflejan muchas encuestas.

 

LA PAZ SOCIAL AMENAZADA.

 

9.- La convivencia entre nosotros se ha deteriorado gravemente. La intolerancia, la exclusión, la descalificación y el insulto se han convertido en patrones de conducta cotidiana. Rechazamos el irrespeto de la dignidad y los derechos de las personas,  entre ellas los Obispos de Venezuela, cuando emiten opiniones distintas a la posición oficial, también cuando por este mismo motivo se excluyen a hermanos venezolanos del ejercicio de cargos en la administración pública y de la recepción de muchos servicios sociales.

 

10.- En Noviembre pasado, el pueblo respondió cívicamente, mostrando su deseo de pluralismo,  con una alta participación en los comicios regionales. Lamentablemente, en algunos casos, ha habido un desconocimiento de hecho de los resultados electorales, produciéndose actos bochornosos en las tomas de posesión de algunos gobernadores y alcaldes. Los bienes patrimoniales de las instituciones no pueden ser objeto de destrucción vandálica y de acciones fanáticas, mientras los poderes públicos, garantes del bien común, se muestran indiferentes ante esta situación.

 

11.- La enmienda a la Constitución, propuesta por la Asamblea Nacional a petición del Presidente de la República, para la reelección indefinida o postulación continua, en un primer momento para sí mismo y luego, extendida  a las autoridades públicas elegibles por votación popular, presenta un aspecto ético donde como pastores tenemos una palabra que decir.

 

12.- Ya el pueblo en el referéndum del 2007 fue consultado y se pronunció contrario a la reelección indefinida. Nos preocupa que el intento de revertir esa decisión popular ya expresada, y además con una celeridad inusitada, se traduzca en una mayor confrontación política y social, afectando gravemente una paz ya debilitada.

 

13.- Habría que preguntarse si es lícito volver a consultar sobre una decisión ya expresada, cuando el art. 345 de la Constitución impide expresamente que una propuesta que no sea aprobada pueda presentarse de nuevo en un mismo período constitucional. En este caso la Constitución no se refiere al mecanismo a emplear o utilizar,  reforma o enmienda, sino al contenido objetivo de la consulta.

 

14.-Por otra parte, el art. 6 de nuestra Constitución establece como principio fundamental del sistema de Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela el que éste sea alternativo. La alternabilidad implica que las autoridades, sobre todo las ejecutivas, no deben ser reelegidas ilimitadamente en sus cargos, para respetar la igualdad de oportunidades de los ciudadanos en el acceso a los mismos. El constituyente estableció los lapsos para el ejercicio de los mandatos y posibilidades limitadas de reelección a fin de impedir la perpetuación de un  gobernante. El art. 340 prevé la enmienda que tiene por objeto la adición o modificación de uno o varios artículos de la Constitución sin alterar su estructura fundamental. La alternabilidad como principio fundamental del sistema de gobierno no puede ser objeto de enmienda por formar parte de los principios  y estructura fundamentales de la Constitución.

15.- Hemos mencionado anteriormente los grandes problemas sociales que aquejan a los venezolanos, relacionados con la inseguridad física y jurídica, la salud, la vivienda, la educación y el trabajo. Mediante esta propuesta de enmienda para la reelección indefinida no se resuelven ninguno de esos problemas. La misma persigue una finalidad referida al poder y a su extensión en el tiempo y no a la superación de las carencias que sufre el pueblo, lo cual es impostergable.

ramoncrespo@cantv.net


Fiesta del Bautismo del Señor

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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ramoncrespo1966@hotmail.com
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11-01-2009

Primera: Is 55, 1-11;

Interleccional: Isaías 12,2-6

Segunda: 1Jn 5,1-9;

Evangelio: Mc 1,7-11

 

Nexo entre las lecturas

 

En el bautismo de Jesús, como en todo bautismo, el agua ocupa el puesto central (evangelio). En el banquete de alianza entre Dios y los hombres, imaginado por Isaías, no puede faltar el agua, al lado de otras bebidas (primera lectura). San Juan en su primera carta nos dice que "Jesucristo vino por agua y sangre" y que "tres son los que dan testimonio de Jesucristo: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo" (segunda lectura). En el evangelio, después de que Jesús, bautizado por Juan, salió del agua, se abrieron los cielos y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma. El agua es la realidad más presente en todos los textos, el agua con toda su riqueza simbólica y con los demás elementos que la acompañan y completan.

 

Mensaje doctrinal

 

1. El hombre, sediento de Dios. El hombre es un ser naturalmente sediento: sediento de gozo y felicidad, sediento de justicia y de paz, sediento de eternidad, sediento de Dios. "El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha de no cesar de buscar" (CIC 27). Esta sed de Dios nadie la puede apagar, si no es el mismo Dios. Por eso, Dios, a través de Isaías, invita y exhorta a los hombres: "Venid por agua todos los sedientos... prestad atención, venid a mí; escuchadme y viviréis" (primera lectura).

 

2. El agua y Jesús. El agua que apaga la sed del hombre es el agua del bautismo. Jesús, prototipo de todo ser humano, quiso sumergirse en esas aguas de purificación, no por ser él pecador, sino por haber cargado con el pecado del mundo. En las aguas del Jordán, en las que Cristo se sumergió, la humanidad entera se sumergió en él y con él, y quedó purificada de su pecado. Jesucristo, el Santo de Dios, además santificó las aguas del Jordán, y así la sed de santidad que todo hombre tiene comienza a satisfacerse con el agua del bautismo y busca apagarse con el agua del Espíritu, a través de una existencia espiritual, es decir, guiada y promovida por el Espíritu de Dios.

 

3. El agua y la sangre. ¿Basta el agua para apagar la sed? En la existencia cristiana se añade la sangre, esa sangre que, junto con el agua, brotó del costado de Cristo (Jn. 19, 34). Del costado de Cristo, atravesado por una lanza, manaron, nos dirán los Padres de la Iglesia, dos sacramentos: el bautismo y la eucaristía. Ellos forman, junto con la confirmación, los sacramentos de la iniciación cristiana. Ahora ya no sólo el hombre tiene sed de Dios, sino que tiene sed del Dios, revelado en Jesucristo, "imagen perfecta de su ser" (Heb 1,3). "Bebed todos de ella (la copa), porque ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados" (Mt 26, 28).

 

4. El agua, la sangre y el Espíritu. "Los tres están de acuerdo" (segunda lectura). ¿En qué consiste este acuerdo? En revelar el amor de Dios, que se nos ha hecho visible en Cristo Jesús. En efecto, el agua (bautismo de Jesús) y la sangre (crucifixión de Jesús) manifiestan que la humanidad de Jesús es una humanidad como la nuestra, contra toda idealización platónica o toda manipulación gnóstica. El Espíritu, por su parte, que viene del cielo, revela que ese Jesús, enteramente hombre, es el Hijo en que Dios tiene todas sus complacencias. ¿En qué consiste este acuerdo? Consiste además en que el Espíritu es quien da eficacia al agua para purificar del pecado y a la sangre para saciar la sed de redención. "El Misterio de salvación se hace presente en la Iglesia por el poder del Espíritu Santo" (CIC 1111) y "la misión del Espíritu Santo es hacer presente y actualizar la obra salvífica de Cristo con su poder transformador" (CIC 1112).

 

Sugerencias personales

 

1. La espiritualidad bautismal. Por el bautismo, el cristiano se ha revestido de Cristo, imagen y prototipo del hombre nuevo, creado a imagen de Dios, y tiene delante de sí la tarea de hacerlo crecer hasta la plena madurez interior. La verdadera novedad abarca a todo el hombre, pero radica especialmente en el corazón, un corazón nuevo capaz de conocer, amar y servir a Dios con espíritu filial, y de amar a los hombres y a las cosas de Dios. Esta es la tarea inaplazable, fundamental y permanente de toda vida cristiana, en cualquier estado, en cualquier época y en cualquier situación.

 

A partir de este nuevo modo de ser, vivido conscientemente por acción del Espíritu Santo, el hombre nuevo imprime a su vida un dinamismo interior orientado a desarrollar los rasgos de su conducta religiosa y moral, en conformidad con su modelo Jesucristo, y mediante la purificación incesante de sus pasiones desordenadas de sensualidad y soberbia.

 

2. La construcción, día tras día, de este hombre nuevo constituye el objetivo primordial de la vida cristiana y del apostolado en la Iglesia. De aquí que sea necesario meditar asiduamente en la riqueza y hondura del don del bautismo y del compromiso que conlleva, una meditación tanto individual como comunitaria. Porque "todo el organismo de la vida sobrenatural del cristiano tiene su raíz en el santo bautismo", ya que éste le hace capaz de creer en Dios, de esperar en Él y de amarlo mediante las virtudes teologales; le concede poder vivir y obrar bajo la moción del Espíritu Santo; le permite crecer en el bien mediante las virtudes morales (CIC 1266). ¿Tenemos los cristianos suficiente conciencia de la espiritualidad bautismal? ¿Qué puedo hacer para desarrollar esta espiritualidad en mí mismo y en mis hermanos?
 

Noticias de la Iglesia Venezolana


Mons. Ubaldo Santana, Presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela

Episcopado venezolano: El gobierno pone demasiado empeño en controlar el poder

CARACAS, 08 Ene. 09 / 11:59 am (ACI).- Durante la inauguración de la 91º asamblea ordinaria de la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV) su Presidente, Mons. Ubaldo Santana, dijo que el gobierno está descuidando la función de resolver los problemas de los venezolanos por concentrarse excesivamente en controlar el poder.

 

Al inaugurar la asamblea en la que se elegirán nuevas autoridades, el Presidente de la CEV señaló que "debemos exigirles a nuestros gobernantes que ejerzan sus funciones y garanticen a todos los plenos derechos humanos". Al respecto, explicó que "preocupan la excesiva atención a asegurar mayores cuotas de poder, descuidando gobernar y resolver los problemas de los venezolanos, como son la injusticia, la mala calidad de la educación".

 

"Dejar de lados las necesidades fundamentales de la nación destruye el pueblo y siembra la anarquía. Las personas humanas son más importantes que las estructuras políticas", agregó Mons. Santana.

 

El Arzobispo también expresó el pleno apoyo del Episcopado al Arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa, ante la última andanada de insultos que le lanzó el Presidente Hugo Chávez.

 

"Todos los venezolanos merecen respeto, la Constitución garantiza el derecho de emitir libre y respetuosamente su opinión sin insulto alguno", explicó.

Durante su discurso, el Presidente de la CEV denunció diversos signos de descomposición de la sociedad venezolana; como "las pandillas de antisociales se han adueñado de los espacios públicos, sembrando el terror y el miedo".

 

Al respecto, señaló que "la democracia no existe si no se garantiza la vida, el tránsito y la propiedad privada".

 

"La inseguridad –agregó– cercena cuatro derechos de los venezolanos: integridad, vida, acceso a la justicia y movilidad".

 

El Prelado llamó a empeñarse "a fondo para crear un clima de convivencia entre nosotros. Los derechos humanos son anteriores a toda institución política, no hay excusa para violentarnos. Exijamos respeto para todos, y el abandono de la lucha de clases, y el lenguaje irrespetuoso".

 

Mons. Lückert pide a Chávez terminar "guerra de ofensas y amenazas"

CARACAS, 04 Dic. 08 / 05:27 am (ACI).- El Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), Mons. Roberto Lückert, pidió al Presidente Hugo Chávez dejar la violencia verbal porque esta no construye la unidad del país, sino que excluye a los que no piensan como él.

 

En declaraciones a una radio local, el Prelado señaló que no se puede empezar el mes de diciembre "con esa violencia verbal, en esas amenazas, en esa agresividad, en ese creer que Venezuela se compone de lo rojo rojito". Mons. Lückert le recordó al Presidente que "él es el responsable de todo el país y no de un solo grupo", por lo que debe llamar "a trabajar en la diversidad construyendo la unidad".

 

"En vez de tener un mensaje de inclusión para trabajar por el país unidos, comienza una guerra de ofensas y amenazas excluyendo a los que no están con él", señaló el Vicepresidente de la CEV.

 

Sobre la posibilidad de que el Gobierno saque del aire a Globovisión, como sucedió el año pasado con Radio Caracas Televisión, el Prelado advirtió que "sería una gravísima torpeza política a lo interno y externo del país para él porque manifestará, con pruebas evidentes, que su Gobierno no quiere la libertad de expresión".

 

Mons. Lückert dijo que Globovisión es uno de los canales más abiertos a la libertad de expresión, pues "he visto allí miembros del partido PSUV, a congregantes del Gobierno y de la oposición". "Globovisión es la única oportunidad que tenemos los venezolanos de podernos comunicar, de poder entender y valorar lo que está pasando en el país", señaló.

ramoncrespo@cantv.net



                                         Fiesta de la Epifanía del Señor

            

  

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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04-01-2009

Is 60, 1-6: “La gloria del Señor amanece sobre ti”

Sal 71: “Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra”

Ef 3, 2-6: Ha sido revelado también a los gentiles

Mt 2, 1-12 : “Venimos de Oriente para adorar al Rey”

 

La primera lectura nos lleva a las primeras estrofas de un poema que abarca todo el capítulo, hasta el v. 22. Estamos en la época post-exílica; los judíos repatriados, llegados de Mesopotamia, tratan de revivir y mantener la fe de Israel, no sin polarizaciones: nacionalismo-ecumenismo, pesimismo-optimismo, legalismo-humanismo... Discípulos de los discípulos de Isaías (a los caps. 55-66 se les llamó "Trito-isaías" o "tercer Isaías") alzan la voz para mantener viva la perspectiva del gran profeta del siglo VIII. Aquí se anuncia (sueñan con) una época de esplendor y de reconocimiento para la pequeña ciudad que apenas comienza a reconstruir sus ruinas: será el «centro del mundo»; a la luz de un día sin ocaso, vendrán todos los pueblos a traerle sus presentes, sus hijos exiliados retornarán... Se trata, efectivamente, de un maravilloso sueño, una imagen poética poderosa, cautivante, con la que se expresa y se disfruta un sentimiento de autoestima religiosa: este pueblo exiliado no está abandonado por su Dios, sino que confía en él y en su futuro cargado de promesa.

 

Esta primera lectura de la solemnidad de Epifanía nos pone sintonía con los símbolos de la celebración de hoy: la luz que guía a los pueblos a Jerusalén será como la de la estrella que guía a los magos del evangelio; los tesoros traídos a la ciudad santa desde Oriente y Occidente se cumplirán en aquéllos que los magos pusieron a los pies del niño recién nacido y de su madre; la salvación se hará universal cuando judíos y paganos, todos juntos, adoren a Dios en la persona de Jesús recién nacido en Belén.

 

Las Iglesias orientales celebran hoy el día de Navidad. Y es que en la antigüedad, hasta el siglo III o IV, hoy era el día de Navidad para toda la Iglesia. Decimos esto para que caigamos en cuenta de que ni el 25 de diciembre «es» Navidad, ni el día 6 de enero «es» Epifanía. Navidad y Epifanía no son unos «hechos» netos, históricos, que ocurrieron esos días, precisamente. En la Epifanía no celebramos un hecho, sino una dimensión, la dimensión de «manifestación hacia los gentiles» que el misterio de Jesús tiene. Los magos no son un hecho que celebremos, sino un símbolo que nos recuerda una dimensión.

 

En la segunda lectura, de los seis capítulos que componen la carta a los Efesios, los tres primeros presentan la obra salvífica de Jesucristo como un don gratuito de Dios para todos los pueblos. Los tres últimos son exhortaciones de vida cristiana. Estos versículos que acabamos de leer vienen a subrayar un aspecto fundamental de la solemnidad de Epifanía: Cristo ha nacido entre nosotros para dar a conocer el amor de Dios y su salvación a judíos y a paganos, sin distinción de raza ni de condición. Ahora nosotros, los cristianos, los católicos, no podemos volver a ser fanáticos exclusivistas, que condenemos a todos los que no creen. Nuestra responsabilidad es darles a conocer, como hizo Pablo, el "misterio", es decir: el plan de Dios, de la salvación universal, como un don ofrecido a todos los hombres y mujeres del mundo, «por los muchos caminos de Dios»...

 

Los relatos del nacimiento del Mesías, en los dos primeros capítulos de su evangelio, presentan el misterio de Jesús en la visión peculiar de Mateo como cumplimiento de las promesas del Primer Testamento: en Jesús podemos cifrar nosotros el hijo de David, el hijo de Abrahán, como leemos en su genealogía, es decir, un Mesías, y la bendición para todos los pueblos. Él sería de algún modo «el anunciado por los profetas» (cfr. las cinco citas proféticas de cumplimiento en 1,22-23; 2,5-6. 15. 17-18. 23). Él sería un «nuevo Moisés», cuyo nacimiento anunció un astro resplandeciente, perseguido por el faraón de Egipto que mandó matar a los niños hebreos, como también leemos en el libro del Éxodo y en sus comentarios judíos (los midrashim).

De esta manera, en el Segundo Testamento Jesús personifica al verdadero Israel, hijo de Dios, "llamado" desde Egipto, es decir: liberado, traído de la mano de Dios. También, para Mateo -y para el sentido clásico de esta liturgia de la Epifanía- la venida de los magos a visitar al niño Jesús sería un símbolo del destino universal de todos los pueblos de incorporarse un día, en el futuro, al cristianismo... Por eso la fiesta de la Epifanía era una fiesta «misionera», universalista, supracristiana.

 

En un tiempo como el que vivimos, marcado radicalmente por el pluralismo religioso, y marcado también, crecientemente, por la teología del pluralismo religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era sinónimo de «proselitismo», de «convertir» al cristianismo (al catolicismo concretamente entre nosotros) a los «gentiles», y la «universalidad cristiana» era sentida como la centralidad del cristianismo: éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y por tanto, la religión-destino de la humanidad. Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión ancestral y a hacerse cristianos (a «convertirse»)...

 

Todo esto, lógicamente, ha evolucionado. Comprendemos perfectamente que las religiones y las culturas (todas, no sólo la nuestra) han vivido desde sus orígenes aisladas, sin sentido de pluralidad. Una especie de «efecto óptico», y, a la vez, una cierta ley psicológica humana les ha hecho concebirse a sí mismas como únicas, y como centrales, igual que cada uno de nosotros, cuando niños, comenzamos a conocer la realidad a partir de nuestro egocentramiento psicológico inevitable, e igual que todos los humanos han pensado que su tierra, y hasta «la tierra», eran el centro del mundo. Sólo con la expansión del conocimiento y con la experiencia de la pluralidad, las personas, los pueblos y las culturas se dan cuenta de que no son el centro, sino de que hay otros centros, y son capaces de madurar y de descentrarse de sí mismas reconociendo la realidad.

 

Todas las religiones, no sólo la nuestra, están desafiadas a entrar en esta maduración y este reconocimiento de una perspectiva panorámica mucho más amplia que aquella en la que han vivido precisamente «toda» su historia, sus varios (pocos) milenios de existencia. La religiosidad, la espiritualidad del ser humano, es mucho más amplia, y mucho más antigua (decenas de milenios al menos) que cualquiera de nuestras religiones. Dar al tiempo sagrado de nuestra religión la centralidad y unicidad cósmica y universal decisiva que le solemos dar, tal vez necesite una reevaluación más ponderada. El pensamiento religioso más sereno y maduro se inclina cada día más hacia una revalorización más generosa hacia las otras religiones, y una profundización del sentido de modestia y de pluralismo, que no es claudicación ante nada, sino apertura de corazón al llamado divino que hoy sentimos, vibrante y poderoso, hacia la convergencia universal que antes no acabábamos de captar.

 

Buen día hoy para presentar estos desafíos y para profundizarlos en la homilía, en la reunión de la comunidad. No desaprovechemos la oportunidad de este día para actualizar también personalmente nuestra visión en estos temas.

 

En el Nuevo Testamento, además de Juan 7,42, encontramos referencias a Belén en las narraciones de Mateo 2 y Lucas 2 acerca del nacimiento del Salvador en la «ciudad de David». La tradición de que el Mesías debía nacer en Belén tiene su base en el texto de Miqueas 5,2, donde se señala que de Belén Efrata debía salir quien gobernaría Israel y sería pastor de su pueblo.

Hay que darse cuenta de que los evangelios no nos dicen ni que fueran tres, ni que fueran reyes, ni que se llamara Melchor, Gaspar y Baltasar... detalles que provienen de las tradiciones añadidas a este «hecho» teológico de la Epifanía, que tal vez no tuvo verificación histórica -ni la necesitaba-. El término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemático, astrónomo, o mejor, astrólogo. El estudio de los astros y la interpretación de sus movimientos fueron en la antigüedad una fuente inestimable de pistas para conocer el destino y el designio de las personas. Es decir, los que después
hemos llamado «Santos Reyes Magos» habrían sido astrólogos o estudiosos del cielo. El teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) aseguró que los magos eran «reyes» y que procederían de Oriente. Las tradiciones posteriores y la imaginación popular construyeron todo lo demás.                                 

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             Fiesta de la Sagrada Familia: Eclo.3,2-6.12.14;Sal.128;Col.3,12-21;Lc.2,22-40

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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28-12-2008

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todo estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

 

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de la época, la exhortación a la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es algo realmente básico para la familia de nuestro tiempo.

 

El evangelio de Lucas que hoy proclamamos nos cuenta –dentro del género de los «relatos de la infancia»- el rito de la presentación del niño en el Templo, celebrado también por los padres de Jesús. El fragmento de hoy concluye con unas palabras muy importantes, que, junto con otros pasajes paralelos de Mateo, proclaman el “progreso” en el “crecimiento” de Jesús «en edad, sabiduría y gracia, ante los hombres y ante Dios».

 

Tiempos hubo en que la «cristología vertical descendente» clásica se veía en la necesidad de corregir estas palabras diciendo que, obviamente, eran metáforas, porque Jesús no podía «crecer, progresar en sabiduría ni en gracia», ya que era perfecto... La cristología renovada, «ascendente» ahora, por el contrario, se fijó en estos versículos y los subrayó: sería el evangelio mismo el que nos estaría afirmando que Jesús «fue haciéndose», no sólo creciendo en edad, sino «en sabiduría» e incluso «en gracia».

 

Este evangelio, y sus paralelos, es, por ello muy importante, por cuanto nos insta a desvincularnos de los planteamientos metafísicos griegos fixistas. La «encarnación» no sería un chispazo de conexión instantánea entre dos «naturalezas», sino todo un proceso histórico.

 

Pablo da algunos consejos para la convivencia con otros. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdonar. Así procede Dios con nosotros. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v.12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v.14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v.15).

 

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

 

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v.50).

 

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

 

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”).


Mensaje de Paz del Papa Benedicto XVI (3era. Parte)
Vaticano, 8 de diciembre de 2008

10. Se puede hacer una reflexión parecida sobre las finanzas, que atañe a uno de los aspectos principales del fenómeno de la globalización, gracias al desarrollo de la electrónica y a las políticas de liberalización de los flujos de dinero entre los diversos países. La función objetivamente más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros –en el plano nacional y global– basado en una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera.12

11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía. Exige también incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar, sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.

12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo económico del siglo XX enseña cómo buenas políticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creación de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fenómeno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el ámbito de la sociedad civil.

13. Como ya afirmó mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalización « se presenta con una marcada nota de ambivalencia » 13 y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabiduría.14 De esta sabiduría, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el escándalo de la desproporción existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporción es de orden cultural y político, así como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que están en el corazón humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperación internacional se afrontan a veces como meras cuestiones técnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones anónimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano.

Conclusión


14. En la Encíclica Centesimus annus, Juan Pablo II advirtió sobre la necesidad de « abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas y pueblos– como un fardo o como molestos e importunos, ávidos de consumir lo que los otros han producido ». « Los pobres –escribe– exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando así un mundo más justo y más próspero para todos ».15 En el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable.
En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o después pasan factura a todos. Por tanto, únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación. Por sí sola, la globalización es incapaz de construir la paz, más aún, genera en muchos casos divisiones y conflictos. La globalización pone de manifiesto más bien una necesidad: la de estar orientada hacia un objetivo de profunda solidaridad, que tienda al bien de todos y cada uno. En este sentido, hay que verla como una ocasión propicia para realizar algo importante en la lucha contra la pobreza y para poner a disposición de la justicia y la paz recursos hasta ahora impensables.

15. La Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. En tiempos de la Encíclica Rerum novarum, éstos eran sobre todo los obreros de la nueva sociedad industrial; en el magisterio social de Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II se han detectado nuevas pobrezas a medida que el horizonte de la cuestión social se ampliaba, hasta adquirir dimensiones mundiales.16 Esta ampliación de la cuestión social hacia la globalidad hay que considerarla no sólo en el sentido de una extensión cuantitativa, sino también como una profundización cualitativa en el hombre y en las necesidades de la familia humana. Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atención los actuales fenómenos de la globalización y su incidencia en las pobrezas humanas, señala nuevos aspectos de la cuestión social, no sólo en extensión, sino también en profundidad, en cuanto conciernen a la identidad del hombre y su relación con Dios. Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalización, y a orientar la acción hacia la construcción de la paz. Entre estos principios conviene recordar aquí, de modo particular, el « amor preferencial por los pobres »,17 a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradición cristiana, comenzando por la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 4,32-36; 1 Co 16,1; 2 Co 8-9; Ga 2,10).

«Que se ciña cada cual a la parte que le corresponde », escribía León XIII en 1891, añadiendo: « Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto regateará su esfuerzo ».18 Esta convicción acompaña también hoy el quehacer de la Iglesia para con los pobres, en los cuales contempla a Cristo,19 sintiendo cómo resuena en su corazón el mandato del Príncipe de la paz a los Apóstoles: « Vos date illis manducare – dadles vosotros de comer » (Lc 9,13). Así pues, fiel a esta exhortación de su Señor, la comunidad cristiana no dejará de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no sólo para distribuir lo superfluo, sino cambiando « sobre todo los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad ».20 Por consiguiente, dirijo al comienzo de un año nuevo una calurosa invitación a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma según el cual « combatir la pobreza es construir la paz ».

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            Domingo IV de Adviento (B): 2S 7,1-5. 8b-12.14a.16; Sal. 88; Rm 16,25-27; Lc 1, 26-38

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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21-12-2008
 

2S 7,1-5. 8b-12.14a.16: Profecía de Natán

Sal. 88:: Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Segunda lectura: Rm 16,25-27: La buena nueva a todas las naciones

Lc 1, 26-38: La Anunciación


La lectura del segundo libro de Samuel nos cuenta que, deseando David edificarle una casa Yahvé en Jerusalén, Yahvé dirigió la palabra al profeta Natán, para comunicarle que no sería David quien le edificaría una casa a Yahvé, sino que Yahvé le edificaría una casa a David. En aquellos tiempos «casa» se entendía de varias maneras, como Templo, como morada, o como descendencia. Esta profecía quiere decir es que Dios le dará una descendencia a David, es decir, la permanencia del linaje de David sobre el trono de Israel. Está es la promesa que hace Yahvé a David y que la tradición posterior interpretará en relación con el Mesías como hijo-descendiente de David. La primitiva Iglesia entendió estas palabras en relación con Jesús como el verdadero Mesías. Mateo y Lucas se esfuerzan en presentar en sus genealogías a Jesús como descendiente de David, y varias veces se le llama Hijo de David. Es claro, Jesús es el Mesías esperado, en él se cumplen las promesas de Dios.

 

En los versículos que hemos leído del largísimo salmo 88 están dispuestos en la liturgia para mostrarnos la relación de Jesús con Dios. El salmo es un himno al Creador seguido de un oráculo mesiánico. En este oráculo el salmista pone en boca de Dios estas palabras: yo lo nombraré mi primogénito, altísimo entre los reyes de la tierra. Se refiere al Mesías, al salvador esperado, pero que nosotros como cristianos lo leemos claramente referido a Jesús. Él es el Hijo, la primicia por la que todos seremos salvados, el primogénito entre todos los hombres. Por su predicación, por su sencillez y servicio a los más pequeños, por su sí incondicional a Dios hasta la muerte, Dios lo resucitó haciéndolo altísimo entre los reyes de la tierra.

 

La segunda lectura tomada de la carta de Pablo a los Romanos nos presenta una oración de alabanza a Dios (doxología) con la que concluye toda la carta. La oración está dirigida a Jesucristo, en él cual se revela el misterio que Dios había mantenido oculto por siglos, pero que ahora, gracias a la Escritura y la predicación del mismo Jesucristo fue dado a conocer a todos, pero especialmente a los gentiles para la obediencia de la fe. Finaliza con una bendición tomada de las costumbres judías. Reconocemos que el misterio oculto por los siglos, es Jesús mismo que ahora nos revela el rostro del Padre y que se convierte en salvación para de todos los hombres.

 

En el evangelio leemos el anuncio del ángel a María del nacimiento de Jesús, que la convierte en la primera discípula y evangelizada: escucha la palabra de Dios, es capaz de reconocer que la acción de Dios pasa por los más pequeños y humildes. María era una mujer joven y pobre de un pueblo muy pequeño del norte del país. Ella recibe el anuncio del ángel, que la sorprende pero que sabe reconocer la acción de Dios en el anuncio. Le dice sí a Dios. A diferencia de Zacarías el signo que pide María no parte de la incredulidad, sino de la necesidad de poner por obra las palabras del ángel.

 

El evangelista Lucas pone de manera consecutiva el anuncio a Zacarías y el anuncio a María para resaltar que la acción de Dios se manifiesta fuera del Templo, fuera del lugar sagrado, en medio de los pobres y abandonados, como lo es María triplemente excluida por ser mujer, por ser pobre y por ser joven. Y es en ese lugar de marginación y pobreza donde el proyecto de Dios para la humanidad va a fructificar, por medio del sí consciente de María y de todos los que se identifican con ella.

 

El niño que nacerá de María será el Salvador, el Mesías, un «Hijo de Dios». Dios se hace ser humano en la persona de Jesús para que siendo como él, los seres humanos seamos semejantes a Dios. Pero no lo hace en contra de la voluntad de los hombres. María, con su «sí» al proyecto de Dios, introduce a Jesús en la historia, haciéndose hombre pobre y creyente.

 

Adviento es tiempo de preparación, de espera de la fiesta de la Natividad, de la manifestación del Mesías. Participar de esta fiesta es asumir la misma dinámica de María que le dice sí a Dios, y la misma actitud de Dios que se hace pobre para nuestra salvación en la persona de Jesús de Nazaret. 

 

Mensaje de paz del Papa Benedicto XVI (2da. Parte) 

 

4. Otro aspecto que preocupa son las enfermedades pandémicas, como por ejemplo, la malaria, la tuberculosis y el sida que, en la medida en que afectan a los sectores productivos de la población, tienen una gran influencia en el deterioro de las condiciones generales del País. Los intentos de frenar las consecuencias de estas enfermedades en la población no siempre logran resultados significativos. Además, los países aquejados de dichas pandemias, a la hora de contrarrestarlas, sufren los chantajes de quienes condicionan las ayudas económicas a la puesta en práctica de políticas contrarias a la vida. Es difícil combatir sobre todo el sida, causa dramática de pobreza, si no se afrontan los problemas morales con los que está relacionada la difusión del virus. Es preciso, ante todo, emprender campañas que eduquen especialmente a los jóvenes a una sexualidad plenamente concorde con la dignidad de la persona; hay iniciativas en este sentido que ya han dado resultados significativos, haciendo disminuir la propagación del virus. Además, se requiere también que se pongan a disposición de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigación médica y las innovaciones terapéuticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atención sanitaria de base.

 

5. Un tercer aspecto en que se ha de poner atención en los programas de lucha contra la pobreza, y que muestra su intrínseca dimensión moral, es la pobreza de los niños. Cuando la pobreza afecta a una familia, los niños son las víctimas más vulnerables: casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son niños. Considerar la pobreza poniéndose de parte de los niños impulsa a estimar como prioritarios los objetivos que los conciernen más directamente como, por ejemplo, el cuidado de las madres, la tarea educativa, el acceso a las vacunas, a las curas médicas y al agua potable, la salvaguardia del medio ambiente y, sobre todo, el compromiso en la defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones en su interior. Cuando la familia se debilita, los daños recaen inevitablemente sobre los niños. Donde no se tutela la dignidad de la mujer y de la madre, los más afectados son principalmente los hijos.

 

6. Un cuarto aspecto que merece particular atención desde el punto de vista moral es la relación entre el desarme y el desarrollo. Es preocupante la magnitud global del gasto militar en la actualidad. Como ya he tenido ocasión de subrayar, « los ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los más pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas, que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a “promover el establecimiento y el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional con el mínimo dispendio de los recursos humanos y económicos mundiales en armamentos” (art. 26) ».6

 

Este estado de cosas, en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecución de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Además, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperación, transformándose así, paradójicamente, en factor de inestabilidad, tensión y conflictos. Como afirmó sabiamente mi venerado Predecesor Pablo VI, « el desarrollo es el nuevo nombre de la paz ».7 Por tanto, los Estados están llamados a una seria reflexión sobre los motivos más profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocrítica. Si se alcanzara una mejora de las relaciones, sería posible reducir los gastos en armamentos. Los recursos ahorrados se podrían destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana.

7. Un quinto aspecto de la lucha contra la pobreza material se refiere a la actual crisis alimentaria, que pone en peligro la satisfacción de las necesidades básicas. Esta crisis se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias. La malnutrición puede provocar también graves daños psicofísicos a la población, privando a las personas de la energía necesaria para salir, sin una ayuda especial, de su estado de pobreza. Esto contribuye a ampliar la magnitud de las desigualdades, provocando reacciones que pueden llegar a ser violentas. Todos los datos sobre el crecimiento de la pobreza relativa en los últimos decenios indican un aumento de la diferencia entre ricos y pobres. Sin duda, las causas principales de este fenómeno son, por una parte, el cambio tecnológico, cuyos beneficios se concentran en el nivel más alto de la distribución de la renta y, por otra, la evolución de los precios de los productos industriales, que aumentan mucho más rápidamente que los precios de los productos agrícolas y de las materias primas que poseen los países más pobres. Resulta así que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos.


Lucha contra la pobreza y solidaridad global

 

8. Una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana.8 Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global,9 tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico. Es preciso un « código ético común »,10 cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social? La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es « signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano »,11 continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario.

 

9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se están produciendo procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los países de antigua industrialización, a los que se han añadido de modo significativo muchos países emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros países de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la rápida disminución de los precios de las materias primas registrada en las últimas décadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos países, la mayoría africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones

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Domingo III de Adviento (B): Is 61,1-2a.10-11; Interleccional Lc 1,46-54; 1Ts 5,16-24; Jn 1, 6-8.19-28

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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14-12-2008


Is 61,1-2a.10-11: Yo me regocijaré

Interleccional, Lc 1,46-54: Mi alma engrandece al Señor

1Ts 5,16-24: Que su espíritu se conserve

Jn 1, 6-8.19-28: Preparen el camino para el Mesías

El profeta Isaías invita a todo el pueblo que retorna del destierro, y que ha visto que las promesas con que esperaban encontrar su tierra no son tan ciertas; lo invita a la esperanza. La acción de Dios es efectiva y eficaz. La Jerusalén que ahora ven arruinada, será en un futuro centro de peregrinaciones y a la que acudirán todas las naciones de la tierra. Es una realidad muy dura de pobreza, de tristeza y de cautiverio. Por eso, la vocación del profeta esta dirigida hacia esas personas. Se siente capacitado por Dios para el anuncio de «buenas noticias» de esperanza a los marginados del país. Las cosas están difíciles pero podemos salir adelante, Dios no nos abandona, parece decir el profeta. Aunque haya dificultades al regreso el Señor ha revestido al pueblo de ropas de salvación, le ha retornado el don de la tierra, y así como está hace germinar los frutos, quien hace germinar la justicia y la alabanza es el Señor.

El salmo recoge hoy la oración de María cuando visita a Isabel, que la tradición llama Magnificat. La oración esta basada en el cántico de Ana que encontramos en el 1Sam 2, 1-10. Se centra en dos grandes temas, por una parte los pobres y humildes son socorridos en detrimento de los poderosos, y por otra, el hecho de que Israel es objeto del favor de Dios desde la promesa hecha a Abraham (Gn 15,1; 17,1). María canta la grandeza de Dios salvador que se ha fijado en los humildes, especialmente en la pequeñez de María, y nos muestra que la lógica de Dios no siempre coincide con la lógica e los poderosos. Precisamente ha hecho una promesa con un pueblo pequeño cumpliendo la promesa de Abraham, se ha fijado en la humildad y pequeñez de María, ha derribado del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. La lógica de Dios pasa por el reconocimiento de los más pequeños como sujetos preferenciales de su acción. En eso consiste ser creyente. Esta es la palabra profética que la tradición pone en boca de María.

En la segunda lectura vemos como el apóstol Pablo invita a la comunidad de Tesalónica a la fidelidad. La vida de la comunidad tenía algunas dificultades: problemas con los animadores de la comunidad, peleas, desánimo, falta de fe, fornicación. Es una comunidad que se ha convertido del paganismo al cristianismo (1,9) y que ha dejado los ídolos, sus dioses, para seguir al Dios verdadero, pero que le cuesta desprenderse del todo de sus tradiciones antiguas, de su legado cultural. Parece que la exigencia de la vida de comunidad no le era satisfactoria a muchos que se sentían desilusionados. Es por esto que Pablo les llama la atención; reconoce que ha sido una comunidad que se ha esforzado por seguir a Jesús, que posee el Espíritu del Resucitado, pero que aún puede dar más. Les llama a estar alegres, a orar constantemente, a no dejarse desanimar. No se trata de rechazar todo lo que les viene de fuera y que les impide la vida de comunidad, se trata de examinar todo y quedarse con lo bueno. Les llama a fidelidad y a continuar en el camino que han emprendido. No hay que dejarse desanimar por los problemas, que siempre habrán, se trata de ser fieles al camino emprendido y vivirlo con alegría pues estamos convencidos que es el mejor camino a la felicidad.

El evangelio de Juan no presenta el testimonio de Juan el Bautista que ahondaremos a lo largo de esta semana litúrgica. La lectura nos introduce diciendo que este es el testimonio de Juan y luego nos cuenta que de Jerusalén los dirigentes judíos enviaron delegados para preguntarle si era el Mesías o Elías que precedería a la llegada del Mesías. La respuesta de Juan es ambigua. Si bien no se reconoce como Mesías tampoco se reconoce como Elías que ha de venir; sin embargo, si se reconoce como la voz que clama en el desierto, que prepara la venida del Mesías. La respuesta genera una pregunta lógica en los emisarios judíos: si no eres, entonces ¿por qué bautizas? Su respuesta es parecida a la primera, el bautismo de agua es un bautismo purificador, si se quiere externo, pero quien vendrá traerá un bautismo que purificará a todo el ser humano y ante el cual el bautismo de Juan es solo anticipo. Es claro que la figura de Juan el Bautista tiene gran importancia para las primeras generaciones cristianas. Además de homologarlo con el profeta Elías, muchos de los seguidores de Juan pertenecieron a las primeras comunidades cristianas. Por otro lado, fue crítico ante el poder dominante de los romanos y de Herodes, lo que le llevó a la muerte. Fue un hombre que supo entregarse a su misión y que supo ver en el futuro que se avecinaba, los tiempos esperados.

 

Nunciatura Apostólica en Venezuela

Apartado 29 – Caracas 1010A

Comunicado

de la Nunciatura Apostólica en Venezuela

           

La Nunciatura Apostólica en Venezuela tiene el honor de comunicar que hoy, 10 de diciembre de 2008, Su Santidad el Papa Benedicto XVI ha nombrado Arzobispo de Calabozo a Su Excelencia Reverendísima Mons. Manuel Felipe DÍAZ SÁNCHEZ, actualmente Obispo de Carúpano.

S.E. Mons. Manuel Felipe DÍAZ SÁNCHEZ, nació en Araure, Edo. Portuguesa, el 5 de marzo de 1955. Ingresó al Seminario Menor “Divina Pastora” en la Arquidiócesis de Barquisimeto en el año 1968, una vez culminado el liceo clásico en el Instituto Diocesano “Barquisimeto”. En 1972 se trasladó a Caracas al Seminario Interdiocesano Santa Rosa de Lima, para iniciar sus estudios filosóficos y teológicos, del 1972 al 1979. Obtuvo su bachillerato en teología por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

Fue ordenado sacerdote el 14 de julio de 1979 y se incardinó en la Arquidiócesis de Barquisimeto.

Desde entonces ha ejercido los siguientes cargos pastorales:

1. Asistente del Equipo directivo del Seminario Interdiocesano  Santa Rosa de Lima en Caracas, 1979 – 1981;

2. Párroco de la Catedral de Barquisimeto, 1981 – 1983;

3. Profesor del Seminario “Divina Pastora” en Barquisimeto, 1981 – 1983;

4. Director del Secretariado catequístico de la Arquidiócesis de Barquisimeto; 1981 – 1983.

Posteriormente fue enviado a Roma donde realizó estudios de Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana del 1983 al 1985. Después de conseguir la licenciatura realizó el curso de jurisprudencia, en la misma universidad, del 1985 al 1986. De igual manera, realizó cursos sobre los procesos de beatificación y canonización de los Siervos de Dios en la Congregación para las Causas de los Santos en el año 1986.

Regresando de sus estudios en Roma, se dedicó a la enseñanza del Derecho Canónico y del Latín en el Seminario “Divina Pastora” de la Arquidiócesis de Barquisimeto (1986 – 1996). Ese mismo año fue nombrado Vicario Judicial de la Arquidiócesis de Barquisimeto (1986 – 1997). Atendió pastoralmente como párroco la Parroquia de San Jorge en  Barquisimeto del 1986 al 1989 y posteriormente fue párroco de la parroquia de Cristo Rey en Barquisimeto desde 1989  hasta 1996. Trabajó en la Conferencia Episcopal como Sub- Secretario desde julio de 1996 hasta el momento de su preconización como Obispo Auxiliar de Cumaná en febrero de 1997.

S.S. Juan Pablo II le nombró Obispo de Sitifis y Auxiliar de Cumaná el 27 de febrero de 1997. Fue consagrado Obispo en Carúpano el 24 de mayo de 1997. Creada la diócesis de Carúpano, fue nombrado su primer Obispo el 4 de abril del 2000, cargo que ha mantenido hasta la actualidad. Como Obispo ha ejercido diferentes oficios entre los que se cuentan: Miembro del Comité central del Concilio Plenario de Venezuela en el año 1998; y Miembro de la Comisión de Administración, Planificación y Gerencia de la Conferencia Episcopal Venezolana (1999-2002).

Caracas, 10 de diciembre 2008

 

Mensaje de Paz del Papa Benedicto XVI (1era. Parte)

COMBATIR LA POBREZA, CONSTRUIR LA PAZ

 

1. TAMBIÉN EN ESTE AÑO NUEVO que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subrayó ya las repercusiones negativas que la situación de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. Estas últimas alimentan a su vez trágicas situaciones de penuria. « Se constata y se hace cada vez más grave en el mundo –escribió Juan Pablo II– otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas económicamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial ».1

2. En este cuadro, combatir la pobreza implica considerar atentamente el fenómeno complejo de la globalización. Esta consideración es importante ya desde el punto de vista metodológico, pues invita a tener en cuenta el fruto de las investigaciones realizadas por los economistas y sociólogos sobre tantos aspectos de la pobreza. Pero la referencia a la globalización debería abarcar también la dimensión espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un único proyecto divino, el de la vocación de construir una sola familia en la que todos –personas, pueblos y naciones– se comporten siguiendo los principios de fraternidad y responsabilidad.

En dicha perspectiva se ha de tener una visión amplia y articulada de la pobreza. Si ésta fuese únicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fenómenos basándose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, serían suficientes para iluminar sus principales características. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Pienso, por una parte, en el llamado « subdesarrollo moral »2 y, por otra, en las consecuencias negativas del « superdesarrollo ».3 Tampoco olvido que, en las sociedades definidas como « pobres », el crecimiento económico se ve frecuentemente entorpecido por impedimentos culturales, que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su raíz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera « ecología humana »,4 se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza, como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos en los cuales me detendré brevemente.

Pobreza e implicaciones morales

 

3. La pobreza se pone a menudo en relación con el crecimiento demográfico. Consiguientemente, se están llevando a cabo campañas para reducir la natalidad en el ámbito internacional, incluso con métodos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los cónyuges a elegir responsablemente el número de hijos 5 y, lo que es más grave aún, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminación de los seres humanos más pobres. A esto se opone el hecho de que, en 1981, aproximadamente el 40 % de la población mundial estaba por debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo demás, por un notable incremento demográfico, han salido de la pobreza. El dato apenas mencionado muestra claramente que habría recursos para resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la población. Tampoco hay que olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la población de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, en buena parte, este fenómeno se produce en países que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias económicas, y han obtenido un rápido desarrollo precisamente gracias al elevado número de sus habitantes. Además, entre las naciones más avanzadas, las que tienen un mayor índice de natalidad disfrutan de mejor potencial para el desarrollo. En otros términos, la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza.

ramoncrespo@cantv.net


Domingo II De Adviento (B): Is.40,1-5.9-11; Sal.84; 2P.3,8-14; Mc.1,1-8

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
www.elrincondelcura.blogspot.com

ramoncrespo1966@hotmail.com
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07-12-2008
 

Is 40,1–5.9–11: Preparen los caminos del Señor

Sal. 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

2P 3,8–14: Esperamos cielos nuevos y tierra nueva

Mc 1,1–8: El los bautizará en el Espíritu Santo

 

En los tiempos que escribe el profeta Isaías el pueblo de Israel se encuentra en el exilio de Babilonia y es inminente un posible retorno a la tierra de Israel. Isaías da aliento a su pueblo diciéndoles que ya han satisfecho la pena que tenía estipulada por sus culpas, satisfacción lograda por medio de la esclavitud y los trabajos forzosos que han vivido en Babilonia. Ahora vendrá un mensajero, que el escritor no le da nombre, proclamando que todo monte sea rebajado, allanando, aplanado para hacer una senda a nuestro Dios que regresa triunfante a Jerusalén conduciendo a su pueblo como en otro tiempo lo hizo con los israelitas saliendo de Egipto. El escritor ha tomado una costumbre de su época, según la cual cuando un rey ganaba una guerra o una batalla se hacían caminos ceremoniales en los cuales se celebraba el triunfo del rey sobre sus enemigos. Asimismo Yahvé es el Señor, el Dios de Israel que retorna glorioso triunfante a Jerusalén por un camino preparado por Él. El mensajero anuncia a todo el pueblo esta noticia, noticia de esperanza y de alegría para una comunidad que vivía marginación y explotación. Los evangelistas han asociado a este mensajero que prepara el retorno de Yahvé con Juan el Bautista.

 

El Salmo canta la esperanza del pueblo desterrado que ahora retorna. Ellos se preguntan hasta cuándo Dios estará alejados de ellos, y la respuesta es unánime: Él mora en aquellos que le son fieles. Ese día Yahvé se hará presente. La justicia y la paz reinarán y las cosechas, que no han producido lo esperado, prosperarán. Es un himno al Dios compasivo que ahora retorna a su tierra para hacerla fructificar. Es la espera y la esperanza en un futuro mejor.

 

La segunda lectura de la carta de Pedro, nos sitúa dentro del debate sobre el día de la segunda venida del Señor. La comunidad para la que esta dirigida la carta de Pedro se preguntaba cuándo sería ese día en que Jesucristo resucitado volvería. En un principio se les había dicho que pronto pero pasaba el tiempo y no retornaba. El apóstol le responde diciéndole que el Señor no se retrasa en el cumplimiento de la promesa como ellos suponen, sino que usa de la paciencia de los hombres queriendo que todos lleguen a la salvación; por que un día es como mil años y mil años como un día para el Señor. En ese día se inaugurara un nuevo cielo y nueva tierra. Lo que nosotros tenemos que hacer es esforzarnos para ser hallados en paz ante él, y ésta debe ser una actitud permanente pues no sabemos el día en que vendrá. Pedro anima a la espera a una comunidad impaciente, y más que a una espera a vivir esperanzadamente en un futuro mejor. No niega que haya problemas en la comunidad (divisiones, persecuciones), pero lo que nos debe identificar como cristianos es la confianza en un futuro mejor.

 

El evangelio de Marcos se centra en la predicación de Juan el Bautista. En él se cumple la profecía de Malaquías según la cual vendrá un mensajero delante del Mesías (que sería Elías); y del profeta Isaías que expresa la misión del precursor preparar el camino de aquel que ha de venir. Juan proclamaba un bautismo de conversión el cual era signo del perdón de los pecados y que implicaba el compromiso de cambio de vida. Predicaba un castigo inminente de Dios y ante esa amenaza debíamos reconocernos pecadores, débiles, que hemos fallado, por lo cual el bautismo era expresión de un real cambio de vida y no solo un simple rito. Esta predicación era muy aceptada por las gentes de Jerusalén y de Judea, especialmente los más pobres (luego evangelistas nos dirán que los fariseos y los doctores de la ley, personas importantes, no creyeron en él). Caracteriza a Juan su vestimenta y su dieta, que significaba su talante profético. Se viste a sí porque las tradiciones de la época identificaban con estos rasgos a los profetas. La venida inminente de quien bautizará en Espíritu, es la esperanza que el grupo de seguidores de Juan arraiga en su corazón.

 

Como vemos, la liturgia del día de hoy nos invita a esperanza, a creer que en medio de las dificultades, de las persecuciones, de las realidades más duras de la vida; es posible un futuro mejor, porque el Señor es fiel a quienes asumen los valores de la verdad, de la justicia, de la fraternidad. Todas estas esperanzas que nos invitan las lecturas, como cristianos, las leemos en Jesús, sobre todo en este tiempo de espera alegre de la Navidad, espera de un nuevo mundo. Que nuestra esperanza sepa dar testimonio ante el mundo de que un futuro mejor, en medio de las difíciles condiciones de nuestra realidad, es posible.

 

¿Qué esperamos en Adviento?

 

Seguramente cualquier cristiano puede responder esta pregunta. El Adviento es el tiempo de espera para la Navidad. En ese sentido, lo más correcto no será preguntarnos qué esperamos sino a quién esperamos. Y creo que conviene detenernos a meditar sobre esta espera. Si atendemos a lo que rezamos en Misa durante el Adviento, no es propiamente "la fiesta de Navidad" lo que estamos esperando, sino un acontecimiento mucho más grande: Por tu primera venida, en la que creemos, y por la segunda, que esperamos.

 

La primera venida de Jesús, su encarnación, lo que festejamos en Navidad, ya no lo estamos esperando. Lo creemos. Lo que estamos esperando es su segunda venida, lo que se llama la parusía. Este es el sentido escatológico (con vistas al fin) que tiene el Adviento.

 

Los dos aspectos del Adviento

 

"En el tiempo de Adviento, con el que se inicia el ciclo litúrgico de Navidad y con el cual comienza un nuevo año litúrgico, el pueblo de Dios que peregrina en el tiempo redescubre la tensión entre la primera venida histórica de Jesucristo y la segunda que acontecerá, de modo glorioso, al fin de los tiempos.

 

La espiritualidad del Adviento encamina a los cristianos a profundizar la perspectiva escatológica de la vida, a la vez que prepara a la Iglesia para conmemorar la venida histórica del Redentor, celebrada en cada Navidad".

 

Las primeras tres semanas del Adviento, hasta el 16 de diciembre inclusive, ponen el acento en la segunda venida del Señor. A partir del 17 de diciembre comienza la preparación inmediata para la Navidad.

 

El Adviento como tiempo para mirar "hacia delante" y no "hacia atrás" no es el que prevalece en nuestra práctica. Los símbolos que usamos durante el Adviento se orientan a hacer memoria del nacimiento de Jesús en Belén: la corona con cuatro velas, el pesebre, etc. No tenemos una preparación equivalente para meditar que Cristo puede volver hoy mismo.

 

El anuncio del regreso de Jesucristo - la parusía - muchas veces se hizo en tono amenazante, infundiendo terror por las catástrofes que sucederían antes del fin del mundo, y la presentación de Jesucristo solamente como un juez inflexible que castigará a los malos y premiará a los buenos. Una visión excesivamente severa de este Cristo juez y de las calamidades que sucederían antes de su llegada, tal vez hicieron que este aspecto de nuestra fe desapareciera de la prédica más corriente y de la espiritualidad.

 

Esperando el Reino

 

Creemos que con la parusía llega el Reino de Dios. Entonces se cumplirán las expectativas, no sólo de los cristianos, sino de tantos hombres y mujeres en todo el mundo. Porque cuando el Reino venga, sólo reinará Dios. Y ya no habrá atropellos de un ser humano contra otro, ni sojuzgamiento de una nación sobre otra, ni ninguna forma de dominio, esclavitud o explotación. Sólo Dios reinará. Entonces, como dice el Apocalipsis "él secará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte, ni habrá llanto, ni gritos ni fatiga, porque el mundo viejo ha pasado" (Ap 21,5).

 

Esta es la espiritualidad del Adviento. Es la esperanza activa de quien confía en que Cristo volverá, y por eso se compromete con la propuesta de Cristo, el Reino de Dios. Es la paradoja de vivir en este tiempo que los teólogos describen como "ya, pero todavía no". El Reino ya está entre nosotros y nosotras, Jesucristo lo trajo, pero todavía no se ha realizado plenamente.

El Adviento es una ocasión privilegiada para acelerar los tiempos del Reino. ¿De qué manera? Practicando lo que nos dice el Apocalipsis: secando lágrimas, jugándonos por la vida, aligerando al fatigado, renovando el mundo.

 

Así, en la Nochebuena, estaremos contemplando no sólo a Aquel que nació en la pobreza de Belén, sino también a Aquel que viene "a hacer nuevas todas las cosas" (Ap 21,5).

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Domingo I De Adviento (B)

 

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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30-11-2008
 

Is 63,16b-17.19b;64,2b-7: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!

Sal. 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

1Co 1,3-9: Esperamos a nuestro Señor Jesucristo

Mc 13,33-37: ¡Estén atentos y despiertos!

 

La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío: reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.

Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si ya no haía remedio... Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.

Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.

La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se nos podría acabar en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en cualquier momento contra nosotros. «Que la muerte nos sorprenda confesados». Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del señor soberano feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la «huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos. Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios» pudiera tener hoy día... Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos... Pero son tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy leemos, en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son todavía premodernos...

El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o la rutina... sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún es más vigente.

¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un tiempo litúrgico significa bien poco, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde- la Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» -que eso significa la palabra-, el «noch nicht Sein» que diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»... Ateo como era, Bloch construyó toda su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza... Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus posibilidades»...

Después de los años 90 pasados, estamos en un tiempo en el que se ha dado un «desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en «grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura antiutópica, antimesiánica, a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los productos de la industria mundial del entretenimiento; detrás del atractivo seductor de ese entretenimiento, la imagen de ser humano que queda está ayuna de toda esperanza que trascienda siquiera mínimamente el «carpe diem» o el «disfruta esta vida». ¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad... ¿Cómo pues?

El Advenimiento que esperamos los cristianos no es la Navidad... Ni siquiera es «el cielo»... ¡Es el Reino! No es otro mundo... Es este mismo mundo... ¡pero «totalmente otro»! Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda...!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura antiutópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios... Podríamos no celebrar el adviento, pero no podemos dejar de darnos la mano con los santos y mártires ateos (quedan pocos) y con todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo.

Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno-sororal y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó «malkuta Yahvé», Reino de Dios, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio, ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta».

 

Corona de adviento

 

Se denomina corona de adviento a un adorno hecho con ramas de abeto o pino, con cuatro velas, que es colgada o bien colocada sobre una mesa durante el tiempo de adviento.

 

De las cuatro velas, tres son de color morado, en señal de penitencia y preparación y una de color rosado, como símbolo de alegría por el anuncio del nacimiento de Jesús. La vela rosa se enciende el tercer domingo de Adviento.

 

En la actual liturgia católica se utiliza la corona de adviento durante el tiempo de Adviento, con el que comienza el Año Litúrgico. Se enciende una de las cuatro velas cada domingo de los cuatro que dura el Adviento, para indicar el camino que se recorre hasta la Navidad. El primer domingo de Adviento una, el segundo dos, y sucesivamente. En ocasiones se utilizan velas de distinto (morado, verde, roja y blanca). La tradición sitúa su origen en el norte de Europa.

 

 Origen de la Corona de Adviento: La corona de adviento encuentra sus raíces en las costumbres pre-cristianas de los germanos (Alemania). Durante el frío y la oscuridad de diciembre, colectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera. Pero la corona de adviento no representa una concesión al paganismo sino, al contrario, es un ejemplo de la cristianización de la cultura. Lo viejo ahora toma un nuevo y pleno contenido en Cristo. El vino para hacer todas las cosas nuevas.

Los cristianos supieron apreciar la enseñanza de Jesús: Juan 8,12: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.». La luz que prendemos en la oscuridad del invierno nos recuerda a Cristo que vence la oscuridad. Nosotros, unidos a Jesús, también somos luz: Mateo 5,14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte."

 

En el siglo XVI católicos y protestantes alemanes utilizaban este símbolo para celebrar el adviento: Aquellas costumbres primitivas contenían una semilla de verdad que ahora podía expresar

 

 Significado de la Corona de Adviento: La Corona está formada por una gran variedad de símbolos.

 

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

 

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

 

Las cuatro velas: Nos hace pensar en la oscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas de la Corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.

Son cuatro velas las que se ponen en la Corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de Adviento al hacer la oración en familia.

 

El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Los domingos de Adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la Corona de Adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación.

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Domingo De Cristo Rey – Ciclo A (Domingo XXXIV)

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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23-11-2008


Ez 34,11-12.15-17: A ustedes los voy a juzgar

Sal 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.

1Co 15,20-26.28: Devolverá el reino de Dios

Mt 25,31-46: Se sentará en el trono

Este domingo marca el final del Año Litúrgico, invitándonos a celebrar la Fiesta de Cristo Rey del Universo. Cuando se concluye toda una serie de acontecimientos que repercuten en la vida del cristiano en su salvación eterna, es justo que miremos por un instante al pasado, para fijarlos en nuestra memoria, así como al futuro, para adivinar los misterios y pregustar las promesas. Esta doble mirada nos viene solicitada por el fin del Año Litúrgico, que ha sido un don de Dios para la Iglesia que peregrina en el mundo y ha constituido un paso decisivo en el acercamiento al límite misterioso que divide el tiempo de la eternidad. Por ello, es muy oportuno que esta fiesta selle un período de la historia de la salvación y abra una nueva etapa del camino hacia las realidades últimas y eternas.

 

La lectura del AT, nos describe a Jesús, Rey de los siglos y Salvador del mundo, como fue contemplado en visión por el Profeta Ezequiel. La semejanza con el Jesús-Pastor y Salvador que hemos aprendido a conocer y amar este Año con la lectura del Evangelio de S. Mateo, es perfecta. Escuchemos cómo describe Ezequiel, proféticamente, a Jesús, muchos siglos antes de su venida a este mundo: Seguiré el rastro de mis ovejas; y las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Buscaré las ovejas perdidas y las apacentaré como es debido. Para atraer a las ovejas de las tinieblas que las envuelven, el pastor deberá irradiar una luz que da la vida. Es lo que afirma el evangelio de Mateo, cuando saluda el comienzo de la actividad pastoral de Jesús con las palabras de Isaías: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, los que habitaban en tierra y sombra de muerte una luz les brilló.

 

El pastor que nos describe Ezequiel es, además de rey, padre y médico: ama a las ovejas como un padre a sus hijos, busca las perdidas con el amor con que un padre busca al hijo descarriado, cura las heridas de las enfermas y vigila también a las sanas y fuertes. Cuántas semejanzas con algunas parábolas, sobre todo de Mateo, que hace de su evangelio un himno a Cristo Rey y Pastor amoroso.

 

El evangelio de hoy es de una severidad inesperada: el dulce Pastor se convierte en un Juez inflexible, que premia y condena con sentencia inapelable. Su juicio tiene dos fases: a la muerte de cada hombre y al final del mundo; el Evangelio hoy sólo nos habla del juicio final, el que pondrá "fin" a toda la historia. Todo esto sucederá cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre y todos los ángeles con él y se siente en el trono de su gloria y sean reunidas ante él todas las naciones. ¡Qué diferencia del Pastor que andaba por los campos y los bosques en busca de la oveja perdida! Ahora llega el momento de la gran separación entre las ovejas y las cabras. Dirá a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo". Mientras que a los de su izquierda les condenará así: "Apartaos de mí, malditos; id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles".

 

El tema del juicio es sólo uno: el amor que se debe traducir en obras de ayuda al prójimo. La sentencia de premio para los elegidos, se resume en pocas palabras: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis". En los hambrientos, en los enfermos, en los encarcelados, en todos los que tienen necesidad de ayuda está presente Cristo. Por ello lo que se les hace o se les niega, está hecho o negado al propio Cristo. Las obras que sirven son aquellas que brotan de la virtud teologal de la caridad y, así, se premia cuanto ha sido hecho a Cristo y por Cristo. Esta es la respuesta para los cristianos que pretenden separar el amor al prójimo del amor a Dios.

En esta Fiesta de Cristo Rey, también la Carta a los Corintios nos habla de resurrección de los muertos y de juicio final, llegando incluso a describir lo que ocurrirá en el juicio conclusivo. Según S. Pablo, el verdadero final tendrá lugar cuando Jesús, el Rey del universo y el Sacerdote eterno, después de aniquilar todo principado, poder y fuerza, incluyendo a la muerte, devuelva a Dios Padre su Reino. Incluso el Hijo se someterá a Dios para que Dios lo sea todo para todos. A Él sea la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.
 

VOTAR, UNA IMPERIOSA OBLIGACIÓN MORAL

 

En el contexto del 60 aniversario de la declaración de los derechos humanos en el mundo,  la democracia, la absoluta libertad  para  la toma de decisiones que busque el bien común  y la garantía del estado para el pleno cumplimiento de ellos,  constituyen para los venezolanos  los derechos inalienables que estamos obligados a defender y a ejercer.

 

Guiados por estos principios esenciales, nosotros, los Sacerdotes de la zona pastoral de San Juan Bautista que constituyen las parroquias de la ciudad de Carora, sentimos la obligación moral, como compañeros de camino de nuestros hermanos en la fe, a exhortarles a la participación conciente, libre y democrática en el proceso electoral del próximo domingo 23 de noviembre.

 

Nos mueve a ello la certeza de que nuestra fe no puede vivir de espaldas a la realidad, debe estar implicada en el quehacer cotidiano del hombre actual y hacerse parte en la toma de las decisiones trascendentales que  tienen que ver con la vida del hombre en todas sus dimensiones humanas.

 

Pensamos que abstenerse de participar activamente en las próximas elecciones excusándose en miedos, comodidades, prebendas de cualquier tipo y mezquindades o rencores personales, raya en una indeferencia que se hace culposa ante la trascendencia histórica de estas elecciones. En ellas se juega la suerte de nuestra gente, ya que elegimos a quienes dirigirán nuestra realidad inmediata y local y serán  ellos  quienes les tocará manejar nuestra diario vivir.

 

Por ello los invitamos a acudir masivamente a sus mesas electorales, libres de miedo, de chantaje, manipulaciones, con plena y absoluta libertad a depositar su voto, que ha de ser  fruto de una conciencia que  tenga por norte la búsqueda del bien común.

 

A los funcionarios electorales y dirigentes políticos los invitamos a que faciliten a nuestra gente el derecho al voto, explicándoles con anticipación el mecanismo del mismo y garantizando la inviolabilidad del secreto.

 

A San Juan Bautista, nuestro común patrón, quien sin miedo apostó por la verdad hasta las últimas consecuencias, le dejamos esta solicitud que nos ha de permitir no ser ocioso ni indiferentes ante nuestra específica realidad.

 

Fiesta de Cristo Rey del Universo

 

Es una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico, porque celebramos que Cristo es el Rey del universo. Su Reino es el Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

 

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925.

El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

 

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.

 

Con la fiesta de Cristo Rey se concluye el año litúrgico. Esta fiesta tiene un sentido escatólogico pues celebramos a Cristo como Rey de todo el universo. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.

 

Si quieres conocer lo que Jesús nos anticipó de ese gran día, puedes leer el Evangelio de Mateo 25,31-46.

 

En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.

 

 Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 de Mateo:

 

“es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas”;

 

“es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda”; “es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo”;

 

“es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra”.

 

En ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

 

La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser el centro de nuestro afán vida como miembros de la Iglesia. Se trata de lograr que Jesucristo reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades y en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.

 

Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

 

Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla.

 

Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, por que Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.

 

El tercer paso es imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.

ramoncrespo@cantv.net


Domingo XXXIII Tiempo Ordinario (A)

 

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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16-11-2008

Pr 31,10-13.19-20.30-31: Trabaja con tus manos

Salmo responsorial 127: Dichoso el que teme al Señor.

1Ts 5,1-6: El Señor llegará como ladrón

Mt 25,14-30: Al sirviente inútil expúlsenlo a las tinieblas

La parábola de los talentos es sin duda el texto capital entre los tres de hoy. Un comentario pastoral a esta lectura podrá ir por la senda usual con este texto: Mateo acaba de hablar de la venida futura del Hijo del Hombre para el juicio, y a continuación nos dice cuáles son las actitudes adecuadas ante esa venida, a saber, la vigilancia (parábola de las diez vírgenes) y el compromiso de la caridad (parábolas de los talentos y del juicio de las naciones). La parábola de los talentos es, en este contexto interpretativo, un elogio del compromiso, de la efectividad, del trabajo, del rendimiento. Podrá ser aplicada fructuosamente al trabajo, la profesión, las realidades terrestres, el compromiso secular...

Sin embargo, el contexto de la hora histórica que vivimos es tal que este mensaje, en sí mismo bueno y hasta ingenuo, se puede hacer funcional respecto a la ideología actualmente dominante, el neoliberalismo. Éste, en efecto, predica, como grandes valores suyos, la eficacia, la competitividad, la creación de riqueza, el aumento de la productividad, el crecimiento económico, los altos rendimientos de interés bancario, la inversión en valores, etc. Son nombres modernos bien adecuados para lo que se presenta en la parábola, aunque si se los utiliza en la homilía, no pocos oyentes pensarán que el orador sagrado se salió de su competencia... Por una casualidad del destino, esta parábola se hizo bien actual, y los teólogos neoconservadores (también hay «neocons» en teología) la valoran altamente. Algunas de sus frases, sin necesidad siquiera de interpretaciones rebuscadas, avalan directamente principios neoliberales. Pensemos, por ejemplo en el enigmático versículo de Mt 25, 29: «Al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce, se le quitará hasta lo que tiene». No será fácil hacer una predicación aplicada que no haga el juego a un sistema que, para muchos cristianos de hoy, está en los antípodas de los principios cristianos.

La eficacia, la productividad, la eficiencia... no son malas en principio. Diríamos que no son valores en sí mismas, sino "cuantificaciones" que pueden ser aplicadas a otros valores. Se puede ser eficiente en muchas cosas muy distintas (unas buenas y otras malas) y con unas intenciones muy diversas (malas y buenas también). La eficacia en sí misma, abstraída de su aplicación y de su intención... no existe, o no nos interesa. El juicio que hagamos sobre la eficacia dependerá pues de la materia a la que apliquemos esa eficiencia así como del objetivo al que se oriente.

Cabe entonces imaginar una "eficiencia" (agrupando en este símbolo varios otros valores semejantes) cristiana. El mismo evangelio la presenta en otros lugares, en su célebre inclinación hacia la praxis: No todo el que dice 'Señor, Señor', sino el que hace..., la parábola de los dos hermanos, Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra y la ponen en práctica... y más paradigmáticamente, el mismo texto que continúa al de hoy, que meditaremos el domingo próximo, Mt 25,31ss, donde el criterio del juicio escatológico será precisamente lo que hayamos "hecho" efectivamente a los pobres...

La eficiencia aceptada y hasta encomiada por el evangelio es la eficiencia "por-el-Reino", la que está puesta al servicio de la causa de la solidaridad y del amor. No es la eficiencia del que logra aumentar la rentabilidad (reduciendo trabajadores por la adopción de tecnologías nuevas), o la del que logra conquistar mercados (reduciendo la capacidad de auto-subsistencia de los países pequeños), o la del que logra ingresos fantásticos por inversiones especulativas del capital "golondrina"...

La eficiencia por la eficiencia no es un valor cristiano, ni siquiera humano. Quizá sea cierto que el capitalismo, sobre todo en su expresión salvaje actual, sea "el sistema económico que más riqueza crea"; pero no es menos cierto que lo hace aumentando simultáneamente el abismo entre pobres y ricos, la concentración de la riqueza a costa de la expulsión del mercado de masas crecientes de excluidos. El criterio supremo, para nosotros, no es una eficiencia económica que produce riqueza y distorsiona la sociedad y la hace más desequilibrada e injusta. No sólo de pan vive el ser humano. Cristianamente no podemos aceptar un sistema que en favor del (o en culto al) crecimiento de la riqueza sacrifica (idolátricamente) la justicia, la fraternidad y la participación de masas humanas. Poner la eficiencia por encima de todo esto, es una idolatría, la idolatría del culto del dinero, verdadero dios neoliberal. Sobre la "idolatría del mercado" y el carácter sacrificial de la ideología neoliberal, ya se ha escrito mucho.

No, no es pues que nosotros no queramos ser eficientes, competentes (más que competitivos), o que no seamos partidarios de la "calidad total", ni mucho menos... Somos partidarios de la mayor eficacia en el servicio al Reino, así como de la competencia y la calidad total en el servicio al Evangelio. (In ordinariis non ordinarius, decía un viejo adagio de la ascética clásica, queriendo llevar la calidad total a los detalles más pequeños de la vida ordinaria u oculta).

Y no es que no haya que reconocer que con frecuencia los más "religiosos" hayan estado ajenos a las implicaciones económicas de la vida real, predicando fácilmente una generosa distribución donde no se consigue una producción suficiente, esperándolo todo de la limosna o los piadosos mecenas. También en el campo de la economía teórica -sobre todo en esta hora- se necesita el compromiso de los cristianos.

Si Jesús se lamentó de que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz, ello significa que la «astucia» (otro tipo de eficacia) no es mala; lo malo sería ponerla al servicio de las tinieblas y no de la luz.

Hacia la Gran Misión Continental,
Laicos de Venezuela organizan talleres sobre Doctrina Social de la Iglesia 

 

“Los católicos estamos llamados a participar y darle respuesta a los problemas actuales del país desde la visión práctica de los evangelios, las enseñanzas del Magisterio y nuestro propio testimonio de vida en la fe”, dijo Mario González casado, presidente del CNL.

El Consejo Nacional de Laicos de Venezuela, instancia que agrupa a los movimientos y asociaciones de apostolado seglar de la Iglesia Católica en el país, dio a conocer parte del Plan de Formación de los agentes de pastoral que participarán en la “Gran Misión Continental”, según las exigencias tanto de la V Asamblea General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Aparecida, Brasil, como en los lineamientos del Concilio Plenario Venezolano, con el taller “Hacia la construcción de una sociedad digna del hombre: desafíos actuales”, el 12 de julio, en la sede del ITER, en Caracas”.

De esta manera se conoció durante la reunión ampliada del consejo nacional que contó con la presencia de Monseñor Saúl Figueroa, presidente de la Comisión de Laicos de la Conferencia Episcopal Venezolana; Eustiquio Amundaraín, presidente del Consejo Arquidiocesano de Laicos de Caracas y otros representantes de los movimientos de apostolado seglar de la zona metropolitana.

Doctrina Social de la Iglesia

Según informó el ingeniero Mario González Casado, presidente del CNL, “este taller inicial tiene un alto componente de materias vinculadas con la Doctrina Social de la Iglesia”.

Es parte de otros talleres que han sido diseñados inicialmente para los líderes de los grupos de apostolado del área metropolitana de Caracas y diócesis vecinas (Guarenas, La Guaira, Los Teques). Tiene por intención formar a los participantes como multiplicadores y llevar los contenidos a los demás evangelizadores y laicos comprometidos del interior del país.

“Los católicos estamos llamados a participar y darle respuesta a los problemas actuales del país desde la visión práctica de los evangelios, las enseñanzas del Magisterio y nuestro propio testimonio de vida en la fe”, acotó el líder católico.

Hacia la Gran Misión Continental

Los talleres han sido estructurados a partir de los nuevos eventos que afectan la formación del laico como son el Concilio Plenario de Venezuela y la Gran Misión Continental. “Por eso, cada diócesis, parroquia y los movimiento o asociaciones del laicado venezolano deben sentirse motivados a enviar sus representantes con el fin de que se formen para luego ser multiplicadores. Sin embargo, la invitación se hace extensiva para los hermanos laicos que no pertenezcan a ningún movimiento católico en particular”.

Cabe recordar que los Obispos reunidos en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, aprobaron por unanimidad la realización de una Misión Continental la cual consiste en un “despertar misionero” que contará con la participación activa de las Conferencias Episcopales de Latinoamérica y el Caribe y de todas las fuerzas vivas que integran las distintas Iglesias locales. El objeto es ponerse “en estado permanente de misión”, según se indica en los números 570 y 195 del documento conclusivo.

En ese orden, se conoció que el Consejo Nacional de Laicos como parte de la Comisión Nacional para la misión correspondiente a Venezuela, designó a la profesora Eglée de Prieto, de la Acción Católica, para formar parte de la misma junto a representantes de la CEV, CONVER y otras instancias eclesiales que le darán forma, estructura y contenido a esta actividad misionera en el país.

ramoncrespo@cantv.net


Domingo XXXII Tiempo Ordinario (A): Sb. 6,12-16; Sal. 62; 1Ts.4,13-18; Mt. 25,1-13

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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09-11-2008

Sb 6,12-16: Encuentran la sabiduría los que la buscan

Salmo responsorial 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

1Ts 4,13-18: Dios los llevará con él

Mt 25,1-13: Llega el esposo, salgan a recibirlo

E
n estos domingos «finales» del año litúrgico, los textos nos dirigen una invitación a reflexionar sobre el «fin» de toda existencia. Éste fin es considerado no sólo como la meta en que la vida adquiere realización o acabamiento, sino también como la meta del caminar histórico colectivo del ser humano y de la realidad toda. Semanas para contemplar este aspecto ineludible de nuestras vidas.

 

La primera lectura, del Libro de la Sabiduría, es un himno que canta los maravillas de la Sabiduría. Ésta sale al encuentro de quienes la buscan, de quienes la aman, y ella misma se muestra. La sabiduría es una cualidad, una manera en que Dios se manifiesta a quienes realmente le buscan. La única condición para que este encuentro se llegue a dar, es estar abierto a la sabiduría, buscarla; como se busca a Dios. (Importante darse cuenta de que la Sabiduría es presentada en este libro como «personificada», pero no «hipostasiada»: la personificación es simplemente una figura literaria, una forma de hablar).

 

Por su parte Pablo, en la carta a los Tesalonicenses, intenta responder las dudas de algunos hermanos que han ingresado hace poco a la comunidad. Estos hermanos consideran desfavorecidos a los difuntos porque iban a estar ausentes de la cercana venida del Señor. Pablo reafirma la enseñanza que él recibió. Los que murieron en Jesús estarán presentes con él en el último día. Ellos resucitarán en primer lugar y los que quedemos seremos llevados al Señor. Por que si creemos que Jesús murió y resucitó, Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús, pues para Pablo en el bautismo, expresión de conversión, nos sumergimos en la muerte del Señor para resucitar con él; así mismo quienes murieron con Cristo resucitan con él porque han participado del camino, del seguimiento, y la alegría por continuar anunciando la Utopía de Dios, que llamamos Reino. Terreno difícil para distinguir lo que es sustancia de nuestra fe –o de nuestra esperanza- sin confundirla con una cosmología o mitología del tiempo y de la cultura helenista que no era la de Jesús... teniendo en cuenta que la cosmología o representación de la vida y la muerte en la cultura de la sociedad en que vivió Jesús tampoco son para nosotros «Palabra de Dios»...

 

El evangelio del día de hoy nos trae la parábola de las diez vírgenes, prudentes y necias, que estaban esperando al novio. No dice a sus novios o a los novios. «El novio» designa a Jesús mismo (Mateo 9, 15). Y recordemos que el reino de Dios también es simbolizado con un banquete de bodas...

 

La parábola nos enseña que el final de cada persona depende del camino que se escoja, que de alguna manera, la muerte es consecuencia de la vida –prudente o necia- que se ha llevado. Muchachas necias son las que han escuchado el mensaje de Jesús pero no lo han llevado a la práctica. Muchachas prudentes son las que lo han traducido en su vida, por eso entran al banquete del Reino. De esta manera, la lectura del evangelio se enmarca en la preocupación de los cristianos recién convertidos de la comunidad de Tesalónica, Grecia, (los Tesalonicenses), la preocupación por el final de los tiempos.

 

La parábola es una seria llamada de atención para nosotros. "ustedes velen, porque no saben el día ni la hora". No dejen que en ningún momento se apague la lámpara de la fe, porque cualquier momento puede ser el último. Estén atentos, porque la fiesta de la vida está teniendo lugar ya, ahora mismo. El Reino está ya aquí. Enciendan las lámparas con el aceite de la fe, con el aceite de la fraternidad, de la caridad mutua. Nuestros corazones llenos así de luz nos permitirán vivir la auténtica alegría aquí y ahora. Los demás, los que viven a nuestro alrededor se verán también iluminados, conocerán también el gozo de la presencia del Novio esperado. Jesús nos pide que nunca nos falte ese aceite en nuestras lámparas.

 

Ciertamente tenemos que aprovechar el momento presente, pero para construir fraternidad, no para buscar de manera egoísta nuestro propio bienestar. Las vírgenes necias pusieron otro aceite en sus lámparas: el que sólo sirve para alumbrar egoístamente nuestro camino. No pudieron entrar en la fiesta de la boda. Y si hubiesen entrado no hubiesen entendido absolutamente nada. En la fiesta de la hermandad los que sólo miran por su propio interés se aburren.

 

Sería bueno preguntarnos de qué tipo es el aceite que alimenta nuestras lámparas. Sería bueno examinar cómo trabajamos día a día para aumentar la intensidad de nuestro fuego, y de nuestras reservas. ¿O acaso desperdiciamos las ocasiones de crear fraternidad, de amar y servir a los hermanos?
 

Informaciones de la Iglesia en Carora

 

 Desde la Curia Diocesana

 

 

Escuela de Nuevos Ministerios

La Escuela de Nuevos Ministerios Mons. Salvador Montes de Oca Informa que ya están abiertas las Inscripciones para el nuevo Curso, a partir del 15 de Octubre y hasta el 01 de Noviembre. Requisitos: 2 fotografías tipo carnet; preferiblemente ser bachiller; carta de presentación del Párroco. Horario de lunes a viernes de 4pm. a 6pm. lugar parroquia Ntra. Sra. de Coromoto. Se invita a los Párrocos a enviar a sus servidores en especial aquellos que trabajan con la liturgia y la evangelización.

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Domingo XXXI Tiempo Ordinario (A) – Fieles Difuntos: Jb.19,1.23-27ª; Sal.24; Flp.3,20-21; Mc.15,33-39; 16,1-6

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02-11-2008


Jb 19,1.23-27a: Yo sé que está vivo mi Redentor

Salmo responsorial 24: A ti, Señor, levanto mi alma.

Flp 3,20-21: Nuestra patria está en los cielos

Mc 15,33-39;16,1-6: Jesús, lanzando un grito, expiró

 

Las grandes ciudades son como jardines de vida. La vida es especialmente la humana, con todas sus manifestaciones. Sobre esos jardines de vida se levanta dominadora la muerte. Ni individuos, ni colectividades, ni instituciones logran escapar a su dominio. Todo lo humano está condenado a morir. Y cuanto más floreciente sea la vida, más trágico será el espectáculo cuando por ella pase, como por un campo de batalla, la muerte. La vida es una lucha sin tregua contra la muerte. Comer, beber, cuidarse... son operaciones tácticas que no esquivan, sin embargo, a la muerte. Sobre la vida domina la muerte. Es lo que parece.

 

Los grandes cementerios representan el reino de la muerte. Pero sobre ellos se levanta, dominadora, la vida. El destino del hombre no es ni puede ser la muerte. Su destino es la vida. Nada más cierto para los hombres que la necesidad de la muerte; nada más cierto para el cristiano que la existencia de la vida después de esa muerte. “El que cree en mí, aunque muera vivirá” (Jn 11,25). Es la palabra de Jesús pronunciada en una ocasión solemne, antes de despojar a la muerte de su presencia en la persona de Lázaro, primicia y argumento de la resurrección de todos los creyentes.

 

Aunque todo viviente esté avocado a la muerte, sobre la muerte domina la vida. El cristiano tiene una firme persuasión: la existencia del alma inmortal y la resurrección de los cuerpos en el último día. El hombre, creado a imagen de Dios, es también eterno en su destino. Y como Dios es padre, el destino de sus hijos es compartir su dicha para siempre.

El cristiano sabe, además, que hay alguien que ha vencido a la muerte. Jesucristo se enfrentó con ella, y se dejó engullir por ella para vencerla. La muerte no pudo retenerlo en el sepulcro. El era la resurrección y la vida. Era también la cabeza. Por eso todos los que le siguen en la comitiva de los creyentes son también más fuertes que la muerte.

Cristo no se contentó con triunfar de la muerte descorriendo la piedra del sepulcro; quiso bautizar y transformar la muerte para darnos por ella nueva vida.

 

Jesús hizo pasar la muerte de la categoría de necesidad a la de libertad. El cristiano es un hombre configurado con Cristo, destinado a seguir sus pasos en la vida y en la muerte. La condición del cristiano es mortal, pero la fe le obliga a desear la llegada del momento en que pueda exclamar: “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22,20).

 

Hoy es también la fiesta de los fieles difuntos. Es continuación y complemento de la de ayer. Junto a todos los santos ya gloriosos, queremos celebrar la memoria de nuestros difuntos. Muchos de ellos formarán parte, sin duda, de ese «inmenso gentío» que celebrábamos ayer. Pero hoy no queremos rememorar su memoria en cuanto «santos» sino en cuanto difuntos.

 

Es un día para presentar ante el Señor la memoria de todos nuestros familiares y amigos o conocidos difuntos, que quizá durante la vida diaria no podemos estar recordando. El verso del poeta «¡Qué solos se quedan los muertos!» expresa también una simple limitación humana: no podemos vivir centrados exhaustivamente en un recuerdo, por más que seamos fieles a la memoria de nuestros seres queridos. Acabamos olvidando a nuestros difuntos, al menos en el curso de la vida ordinaria.

 

Por eso, este día es una ocasión propicia para cumplir con el deber de nuestro recuerdo agradecido. Es una obra de solidaridad el orar por los difuntos.
 

Informaciones de la Iglesia en Carora

  

Desde la Curia Diocesana

 

 

Escuela de Nuevos Ministerios

 

 

Parroquia Nuestra Señora de Coromoto de Carora

 

 

Departamento de Pastoral Familiar e Infancia

 

Del 3 al 9 Noviembre se estará celebrando en todas las parroquias de la diócesis la semana del abrazo en familia. Exhortamos a que todos los servidores se integren en esta bella actividad que nos permite acrecentar los vínculos familiares a la luz de lo que nos propone la Iglesia, a la vez que hacemos votos para que todas las familias de la diócesis sean bendecidas en abundancia. Pedimos la colaboración de los párrocos y de sus respectivos equipos de pastoral familiar para que bajen los temas del taller del abrazo en familia a todos los hogares donde sea posible. De antemano, muchas gracias por su generosa colaboración al mandarnos los servidores de pastoral familiar parroquial, a la vez que un agradecimiento porque esta actividad del abrazo en familia salga adelante.

ramoncrespo@cantv.net


Domingo XXX Tiempo Ordinario (A) : Ex.22,20-27;Sal.17;1Ts.1,5-10;Mt.22,34-40

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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26-10-2008

 

Nexo entre las lecturas

 

El evangelio nos ofrece la enseñanza de Jesús sobre el más importante de los mandamientos amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma con todo el ser. Jesús añade que el segundo mandamiento es semejante: amar al prójimo como a uno mismo (EV). En realidad el Señor confirma lo que ya había expresado el antiguo testamento. En la primera lectura escuchamos las prescripciones que se debían observar en relación con los extranjeros, con las viudas, los huérfanos y aquellos que se veían en la necesidad de pedir prestado o dejar objetos en prenda para poder obtener lo necesario para la vida (1L). La enseñanza es profunda y de inmensa actualidad: no se puede separar el amor a Dios, del amor al prójimo, porque el Señor es compasivo y se cuida de todas sus creaturas. Por otra parte, continuamos la lectura de la carta a los Tesalonicenses. Aquí, Pablo alaba la fe de aquella naciente Iglesia y comprueba que el crecimiento espiritual se debe, en primer lugar, a la potencia del Espíritu Santo. Los Tesalonicenses se han vuelto a Dios para servirlo, y viven aguardando la venida de Cristo a quien Dios resucitó de entre los muertos (2L).

 

Mensaje doctrinal

 

1. El amor a Dios. En medio de las vicisitudes de la vida el hombre se pregunta con frecuencia: ¿cuál es el punto que da unidad a mi vida? Ante los diversos preceptos que debo observar ¿cuál es el más importante? ¿Qué es aquello que debe constituir la base de mis certezas y actuaciones? ¿Qué es aquello que es inmutable en el continuo fluir del tiempo y de las personas? En el evangelio de hoy encontramos una respuesta tomada del Antiguo Testamento y confirmada por Cristo: el primero de todos los mandamientos y de todos los deberes que tiene que observar un hombre es el de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todo el ser”. La razón más alta de la dignidad humana -nos dice el Concilio Vaticano II- consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo conserva. Debemos, pues, amar a Dios con todo el corazón porque Él es bueno, es inmensa su misericordia. Él es el dador de bienes. Él es quien nos ha puesto en la existencia por amor y nos ha redimido por amor. Él es quien, de frente al pecado del mundo y del hombre, no se arrepiente de su creación, sino que le ofrece al hombre un medio admirable de redención en su Hijo. El amor a Dios por encima de todas las cosas es aquello que da estabilidad a nuestra vida, nos libra de los pecados más perniciosos como son la incredulidad, la soberbia, la desesperanza, la rebelión contra Dios, el agnosticismo. El mundo es desgraciado en la medida que se aleja del amor de Dios, en la medida que se construye sus propios ídolos abandonando a Dios que lo ama tiernamente. Así como los israelitas al construir el becerro de oro se alejaron de Dios y quedaron confundidos, así el hombre contemporáneo, al alejarse de Dios por los ídolos del placer, del egoísmo, de la comodidad etc., se pierde y se siente desolado.

 

La Gaudium et spes en el número 19 hacía un perspicaz análisis de la situación de nuestro mundo y del fenómeno del ateísmo: “La palabra "ateísmo" -dice el documento- designa realidades muy diversas. Unos niegan a Dios expresamente. Otros afirman que nada puede decirse acerca de Dios..... Otros ni siquiera se plantean la cuestión de la existencia de Dios, porque, al parecer, no sienten inquietud religiosa alguna y no perciben el motivo de preocuparse por el hecho religiosos. Además, el ateísmo nace a veces como violenta protesta contra la existencia del mal... La misma civilización actual, no en sí misma, pero sí por su sobrecarga de apego a la tierra, puede dificultar en grado notable el acceso del hombre a Dios. Quienes voluntariamente pretenden apartar de su corazón a Dios y soslayar las cuestiones religiosas, desoyen el dictamen de su conciencia y, por tanto, no carecen de culpa. Sin embargo, también los creyentes tienen en esto su parte de responsabilidad. Porque el ateísmo, considerado en su total integridad, no es un fenómeno originario, sino un fenómeno derivado de varias causas, entre las que se debe contar también la reacción crítica contra las religiones, y, ciertamente en algunas zonas del mundo, sobre todo contra la religión cristiana. Por lo cual, en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión”. Estas palabras de Gaudium et spes nos interpelan como creyentes, como cristianos: ¿estamos amando a Dios con todo el corazón y, por tanto, somos testigos dignos de crédito ante el mundo?

 

2. El amor al prójimo. Jesús confirma que el amor a Dios no puede separarse del amor al prójimo. No podemos amar a Dios, a quien no vemos, si no amamos a nuestros prójimos que están en nuestra presencia. Sería un engaño y una disimulación pretender amar a Dios y, al mismo tiempo, despreocuparnos de nuestros hermanos. Precisamente el amor a Dios se enciende, las más de las veces, cuando el espíritu humano -si es sincero- se encuentra de frente al sufrimiento y las necesidades de los demás. Así lo comprobamos en numerosos santos como san Camilo de Lellis, el Cottolengo, san Juan de la Cruz, san Vicente de Paul etc. El pobre, el indefenso, el que tiene necesidad de apoyo es un lugar privilegiado en el que Dios se revela y se hace presente.

 

La primera lectura menciona tres clases de personas a las que se les debe especial caridad: los forasteros, las viudas-huérfanos y los que tienen que recurrir a préstamos para poder sobrevivir. El pueblo bíblico debía cultivar una especial solicitud por los forasteros, porque él mismo -el pueblo elegido- había sido forastero en Egipto y habría sufrido las penalidades de quien se encuentra fuera de su patria y sin el abrigo de su casa. Las viudas y los huérfanos eran personas indefensas que quedaban a merced de quien deseaba aprovecharse de ellos. Los israelitas debían observar con ellos especial miramiento, porque si ellos clamaban a Dios, Dios los escuchaba. Así, debemos afirmar que el huérfano y desvalido es escuchado especialmente por el corazón de Dios. Dios se cuida de él. Dios lo atiende. Dios no lo abandona. Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo libra de sus angustias. Pero Dios ha querido hacer todo esto a través de las mediaciones humanas. Y aquí es donde todos nos sentimos interpelados. Nos convertimos en medios de comunicación del amor de Dios: a través de nosotros, los necesitados experimentarán la bondad de Dios. Somos los canales por los que Dios se manifiesta. Finalmente, la Sagrada Escritura pide a los israelitas que no se aprovechen de la situación de necesidad del pobre para imponerle cargas superiores a sus fuerzas. Por encima de la estricta justicia, al hablar de préstamos y transacciones económicas, está la caridad. Está el amor a quien es insoluble y no tiene con qué vestirse esta noche.

 

San Agustín tiene un texto admirable que comenta el evangelio de hoy: “El amor de Dios es el primero como mandamiento, pero el amor al prójimo es el primero como actuación práctica. Aquel que te da el mandamiento del amor en estos dos preceptos, no te enseña primero el amor al prójimo, y después el amor a Dios, sino viceversa. Pero como a Dios no lo vemos todavía, amando al prójimo tú adquieres el mérito para verlo; amando al prójimo tú purificas tu ojo para ver a Dios, como lo afirma san Juan: “Si no amas al hermano que ves, ¿cómo podrás amar a Dios a quien no ves? Cf. 1 Jn 4, 20). Si sintiendo la exhortación para amar a Dios, tú me dijeses: “muéstrame a aquel que debo amar”, yo no podría responderte sino con las palabras de san Juan: “Ninguno jamás ha visto a Dios” (Cf. Jn 1,8). Pero para que tú no te creas excluido totalmente de la posibilidad de ver a Dios, el mismo Juan dice: “Dios es amor. Quien permanece en el amor permanece en Dios” (1 Jn 4, 16). Tú, por lo tanto, ama al prójimo y mirando dentro de ti donde nazca este amor, en cuanto te es posible, verás a Dios” San Agustín. Tratado sobre san Juan Tratt. 17, 7-9.

 

¡Palabras admirables las del santo doctor! A Dios lo vemos al mirar de dónde nace en nuestro corazón el amor al prójimo. Así, cuanto más amamos a nuestro prójimo, mejor vemos a Dios en nuestro interior.

 

Sugerencias pastorales

 

1. La práctica de las obras de misericordia. ¡Qué duda cabe que uno de los peligros que más nos asecha en la vivencia del cristianismo es el individualismo! Se trata de vivir la fe de un modo privado relegándola al íntimo de la conciencia y sin tener una expresión en la caridad práctica. El Señor nos pide al iniciar este nuevo milenio salir a los caminos, “remar mar adentro”, “abrir las puertas a Cristo” y entregarnos a una caridad más ardiente, más sincera, y que se manifieste en las obras. Tenemos un modo concreto y a la mano para practicar el mandamiento del amor: es la práctica de la obras de misericordia. Estas obras de misericordia nos permiten salir al encuentro del sufrimiento y de la necesidad de nuestros hermanos. Mencionemos algunos ejemplos. Las obras de misericordia espirituales nos invitan a instruir al ignorante, consolar al afligido, aconsejar al que duda, perdonar las injurias, sufrir con paciencia las adversidades. Preguntémonos sinceramente: ¿practico yo estas obras espirituales? ¿Soy una persona que sé consolar, que sé salir al paso del ignorante, de ayudarle, de ofrecerle oportunidades de promoción humana? ¿Sé aconsejar a los demás? ¿Me intereso por ellos, me interesan sus sufrimientos? ¿O soy más bien de los que pasan por la vida con una santa indiferencia ante los miles de sufrimientos humanos? Ni siquiera me doy cuenta de ellos. Pensemos en los hospitales, en el personal sanitario que se tiene la inmensa oportunidad de hacer palpable el amor de Dios y que, sin embargo, en muchos casos, se olvida de la persona del enfermo para ver en él un problema. Pensemos en la escuela y en la ardua tarea de la formación de los jóvenes. Y si miramos a las obras de misericordia corporales, ¡cuántas oportunidades para hacer el bien! La posibilidad de visitar a los enfermos, de llevarles consuelo, compañía, apoyo espiritual. La posibilidad de dar de comer a los que padecen hambre por medio de la limosna, pero mejor aún, por medio del compromiso personal. La posibilidad de vestir al desnudo etc. Las imágenes que a diario vemos en la televisión pueden crear en nuestro espíritu un penoso sentimiento de impotencia y, por ello, de indiferencia. Hay que reaccionar. Sí, podemos hacer mucho por nuestros prójimos, porque Dios es compasivo y se cuida de los pobres y se servirá de nosotros como instrumentos. Seremos así instrumentos de la providencia. Seremos como las manos de Dios. No temamos a nada en la vida. Temamos sólo al pecado de omisión, a la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. Recordémoslo: en los pobres y enfermos, servimos a Jesús.
 

Informaciones de la Iglesia en Carora

 

Desde la Curia Diocesana

 

 

Secretariado de Pastoral Familiar

 

 

Escuela de Nuevos Ministerios

 

La Escuela de Nuevos Ministerio Mons. Salvador Montes de Oca Informa que ya están abiertas las Inscripciones para el nuevo Curso, a partir del 15 de Octubre y hasta el 01 de Noviembre. Requisitos: 2 fotografías tipo carnet; preferiblemente ser bachiller; carta de presentación del Párroco. Horario de lunes a viernes de 4pm a 6pm. lugar parroquia Ntra. Sra. de Coromoto. Se invita a los Párrocos a enviar a sus servidores en especial aquellos que trabajan con la liturgia y la evangelización.

ramoncrespo@cantv.net


Domingo XXIX Tiempo Ordinario (A) : Is. 45,1.4-6; Sal.95; 1Ts.1,1-5; Mt. 22,15-21

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19-10-2008


Nexo entre las lecturas

 

El tema que parece dar unidad a las lecturas de este día es la soberanía y el señorío del Señor. La primera lectura nos muestra a Ciro, Rey de Persia del 550 al 530 a.C., y lo califica con el alto nombre de “ungido del Señor”. En realidad no fue poco lo que Ciro hizo en favor de Israel: él puso fin a la deportación a Babilonia -a partir del 538-, restituyó los objetos de oro y plata expropiados por Nabucodonosor y publicó el edicto de la reconstrucción del templo. El libro de Isaías hace una lectura de estos hechos históricos a partir de la soberanía de Dios. El Señor guía los hilos de la historia. Él es el Señor y no hay otro. Israel ha aprendido que el Señor no es solamente el único Dios de Israel, sino que es, en absoluto, el único Dios existente. (1L). El evangelio nos narra un encuentro muy significativo entre Jesús y los legados de los fariseos. Estos últimos tienden a Jesús una asechanza para hacerlo caer. Le presentan un dilema, al parecer, insoluble: ¿se debe dar, sí o no, el tributo al César? Pregunta insidiosa. Pero Jesús ofrece una respuesta que sorprende a todos, adversarios y discípulos: dad al César lo que es del César y dad a Dios lo que es de Dios. Con estas palabras, Jesús ,no sólo confunde a sus adversarios, sino que nos enseña aquello que debemos ofrecer a Dios. Nos indica que a Dios le debemos dar todo aquello que le conviene como creador, como Señor de la vida y de la historia. Las palabras de Jesús están llenas de sabiduría divina; nos muestran qué grande y sagrada es la vida humana pues pertenece a Él. Nos instruyen sobre el único modo que el hombre tiene para realizar plenamente su humanidad, es decir, dando a Dios lo que le pertenece, ofreciéndole a Él un homenaje y una oblación de la propia vida y viviendo en la plena donación de sí mismo a los demás.

 

Con este domingo, además, iniciamos la lectura de la carta a las Tesalonicenses. Carta de gran interés pues está escrita sólo 30 años aproximadamente después de la muerte de Jesús (51), y nos presenta algunas de las costumbres y modos de vida de las primeras comunidades cristianas.

 

Mensaje doctrinal

 

Los domingos XXIX-XXX-XXXI del tiempo ordinario nos ofrecen algunas enseñanzas de Jesús, pero ya no usan, como los domingos anteriores, las parábolas como medio de transmisión del mensaje. Ahora, en cambio, estas enseñanzas se presentan a través de los encuentros entre Jesús y los fariseos. Encuentros no exentos de hipocresía por parte de los doctores de la ley y de una grande sinceridad y profundidad por parte de Cristo.

 

1. Yo te llamé por tu nombre, aunque tú no me conocías: Estas palabras de la primera lectura del libro de Isaías comentan las gestas de Ciro en favor de Israel. El profeta ve todo aquello que Ciro ha hecho, como parte del llamado divino; ve en Ciro, no sólo el rey de Persia, sino el ungido del Señor; es decir, ve en él un instrumento humano de los designios del Dios de la historia. De aquí se siguen algunas implicaciones teológicas importantes: el Señor no fuerza la libre determinación del Rey, sin embargo, sin que él se dé cuenta exactamente, guía sus pasos: Yo te llamé por tu nombre, aunque tú no me conocías. Se demuestra, como en otras ocasiones, la iniciativa de Dios en la elección de los hombres. Es Dios el primero en salir a nuestro encuentro. Es él, rico en amor y misericordia, quien no se olvida de nosotros. No se olvida de aquella creatura que Él mismo creó al inicio de los tiempos, pero que se alejó de Él por el pecado. Es Dios quien, con entrañas de padre, siente ternura por sus hijos. Por otra parte, conviene subrayar la importancia de la mediación de la creatura. Cuando decimos que Dios es el primer protagonista no podemos prescindir del puesto de intermediarios que ocupan los hombres en el desarrollo de la historia.

 

En realidad no son los hombres quienes, por su cualidades, se lanzan al cumplimiento de una misión, sino más bien es la misión dada por Dios que los transforma en personas capaces de llevar adelante esa tarea

Este modo de obrar de Dios se repite en la historia de cada ser humano: Yo te llamé por tu nombre...aunque tú no me conocías. Al llamarnos por nombre, el Señor revela sus pensamientos de benignidad sobre nosotros, porque los pensamientos de Dios son de paz y no de aflicción. Nuestro nombre pronunciado dulce y firmemente por Dios adquiere sentido y un valor trascendente. Nuestra pequeña vida, en cierto sentido, se ha convertido en sagrada, desde el día en que Dios pronunció nuestro nombre. Sin embargo, muchas veces, da la impresión de que no conocemos al Señor; parece que, aunque Dios pronuncia nuestro nombre, no sabemos quién es y cuáles son sus planes e intenciones. Caminamos con sospecha por la vida en vista del mal existente a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos. Caminamos atemorizados ante la perspectiva de la muerte, de la inevitable caducidad del mundo y las creaturas, de la acción de las fuerzas del mal. Entonces es necesario, más que nunca, escuchar que Dios pronuncia nuestro nombre con amor, pero con autoridad. Él nos da un título, nos pone en pie, nos da una tarea que realizar. Él vence el mal con el bien y nos hace instrumentos de bien, como a Ciro.

 

Debemos, pues, reconocer que el Señor es Dios y no hay otro. Reconocer que él tiene en sus manos los hilos de la historia y que su poder y bondad actúan ya, aunque de modo misterioso, en este mundo y lo preparan para su final transformación. Sólo en Cristo llegaremos a la plena realidad del “ungido del Señor” aquel que libera definitivamente a su pueblo de la esclavitud, de la muerte y del pecado. En Cristo, conocemos la bondad del Padre, porque Él nos revela el rostro amoroso del Padre.

 

2. Los deberes del hombre ante la majestad de Dios. Si Dios es el Señor, el único Dios y no hay otro, al hombre le corresponde alabarlo, darle gracias, pedirle dones, solicitar su perdón.

 

- Alabar a Dios: La alabanza de Dios debe estar siempre en nuestros labios, porque Él es Dios y nosotros sus creaturas. El fin de nuestra existencia es alabar y glorificar a Dios porque Él es el Señor digno de toda alabanza. Son tantos los beneficios de Dios para con el hombre que la alabanza nace espontánea de nuestros labios: 12 ¿Cómo a Yahveh podré pagar todo el bien que me ha hecho?13 La copa de salvación levantaré, e invocaré el nombre de Yahveh. Salmo 116 12-13. Dado que hemos sido creados a imagen de Dios, nuestra vida no debería ser otra cosa sino un canto de alabanza al Señor por su inmenso amor. El comentario de Agustín al texto evangélico de este día es muy elocuente al respecto: “Así como el César exige su imagen en tu moneda, así del mismo modo exige su propia imagen en tu alma. Da a César -dice- aquello que es del César. ¿Qué cosa exige el César de ti? Su propia imagen. ¿Qué cosa te exige el Señor? Su propia imagen. Pero la imagen del César está sobre la moneda, en cambio la imagen de Dios está en ti mismo. Si lloras cuando pierdes la moneda, porque has perdido la imagen del César ¿no deberías llorar cuando adoras a los ídolos porque injurian en ti la imagen de Dios? Agustín Discorsi, Disc. 113/A,8

 

- Darle gracias. Ante Dios el hombre se presenta como un deudor de los dones divinos: el don de la existencia, el don de la fe, el don de la redención... La vida del hombre, en este sentido, debe ser una continua “acción de gracias” a un Dios providente que vela por sus creaturas con amor de Padre. “ Deo Gratias! ” Sean dadas gracias a Dios. Esto, ante todo es un acto sabio, porque nos obliga a hacer una reflexión sobre la dignidad de la vida, la cual nace de un pensamiento original y creativo de Dios. La vida es un don que tiene su origen en Dios. Después debemos descubrir que todo es un don: “Tout est grâce”. ¿Es bello el mundo? Demos gracias a Dios. ¿Es fecunda la naturaleza? Demos gracias a Dios. Nuestra misma existencia ¿es un milagro? Demos gracias a Dios (Cf. Pablo VI Ángelus 10-XI-1974).

 

- Pedirle dones : Nuestra vida inmersa en la historia está siempre necesitada del auxilio y de la protección divina. Nuestra oración se eleva como incienso para suplicar al Señor las gracias necesarias para continuar el camino. Sólo con la ayuda y el apoyo de Dios podemos cumplir cabalmente nuestras tareas. En realidad, al pedir dones, lo que hacemos es ampliar nuestra capacidad de deseo, porque el Señor sabe muy bien lo que necesitamos y está dispuesto a concederlo. La oración, por tanto, aumenta nuestro deseo y con ello la capacidad de recibir el regalo de Dios.

 

- Solicitar su perdón Si el Señor tomase en cuenta nuestras faltas, ¿quién podría resistir ante su mirada? ¿Quién podría presentarse inocente ante el Señor? ¡Ten misericordia de nosotros Señor, porque hemos pecado contra ti!

 

Informaciones de la Iglesia en Carora

 

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Escuela de Nuevos Ministerios

 

La escuela de Nuevos Ministerios Mons. Salvador Montes de Oca Informa que ya estén abiertas las Inscripciones para el nuevo Curso, a partir del 15 de Octubre y hasta el 01 de Noviembre. Requisitos: 2 fotografías tipo carnet; preferiblemente ser bachiller; carta de presentación del Párroco. Horario de lunes a viernes de 4pm a 6pm. lugar parroquia Ntra. Sra. de Coromoto. Se invita a los Párrocos a enviar a sus servidores en especial aquellos que trabajan con la liturgia y la evangelización.

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Domingo XXVIII Tiempo Ordinario (A) : Is.25,6-10;Sal.22;Flp.4,12-14.19-20;Mt.22,1-14

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12-10-2008


Nexo entre las lecturas           

 

La lectura del profeta Isaías es sumamente consoladora. Nos muestra la intención salvífica de Dios que prepara para los tiempos mesiánicos un festín suculento en el monte Horeb. Dios se dispone a enjugar las lágrimas de todos los rostros y se prepara para alejar todo oprobio y sufrimiento. La promesa de la salvación se verá cabalmente cumplida (1L). Por su parte, el evangelio también nos habla de un banquete, pero los tonos y circunstancias son distintos. Se trata de la parábola de los invitados descorteses, aquellos que no escucharon la invitación para participar en el banquete nupcial (Ev). En el texto del profeta Isaías se subrayaba, de modo especial, el don que Dios prepara para los tiempos mesiánicos invitando a todos los pueblos de la tierra. En la parábola evangélica, en cambio, se pone de relieve la libertad y la responsabilidad de los invitados al banquete. La boda estaba preparada, pero los invitados no se la merecían. De manera indigna habían echado mano a los criados y los habían cubierto de golpes hasta matarlos. ¡Qué extraño proceder de uno que ha sido invitado a un banquete! ¡Qué trágico y dramático el fin de aquellos invitados descorteses: las tropas del rey prenden fuego a la ciudad y acaban con los asesinos! Se trata, pues, de una parábola en relación con la que leímos el domingo precedente (Viñadores homicidas), e indica que aquellos elegidos para participar en el banquete se han comportado de modo indigno, no han reconocido su condición de invitados o de labradores predilectos. Han querido hacerse con la posesiones del rey, han querido suplantarlo desairarlo, y se han perdido, se han hecho asesinos.

 

Dios invita al hombre, en Jesucristo, al banquete eterno, le ofrece la salvación. Por parte de Dios todo está hecho; pero es el hombre quien libre y generosamente debe acudir al banquete. Como san Pablo, hay que hacer la experiencia de Cristo y de su amor para afrontar cualquier dificultad de la vida: Todo lo puedo en aquel que me conforta (2L).

 

Mensaje doctrinal

 

1. En los tiempos mesiánicos Dios enjugara las lágrimas de todos los rostros. Dice un himno de la liturgia de las horas: Señor, no sólo me diste los ojos para llorar, sino también para contemplar. En verdad, en algunos momentos de la vida, el hombre puede creer que su existencia no es sino un llanto y sufrimiento ininterrumpido. ¡Son tantos los sufrimientos de los hombres! Sufrimientos de pueblos enteros sumidos en la pobreza, en la miseria, azotados por la enfermedad del Aids o malaria; sufrimientos de miles de jóvenes aherrojados por las tenazas de la droga, del sexo, de la pérdida de sentido; sufrimientos de tantos enfermos incurables, en estado terminal, o en estado crítico; sufrimientos de familias desunidas. El Señor no es ajeno a todos estos sufrimientos. Él recoge nuestras lágrimas entre sus manos, como bien expresa el salmo 56:

 

De mi vida errante llevas tú la cuenta,

¡recoge mis lágrimas en tu odre! Sal 56,9

 

El Señor “ve nuestras lágrimas” (Cfr. 2 Re 20,5), “escucha nuestras lágrimas” (Sal 39, 13). El Señor se conmueve ante las lágrimas de los hombres. “Míralo en la palma de mis manos te tengo tatuada y tus muros están ante mí perpetuamente” (Is 49,16). El Señor nos cuida como un padre cuida a sus hijos: Yo enseñé a Efraím a caminar, tomándole por los brazos, pero ellos no conocieron que yo cuidaba de ellos. 4 Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer. (Os 11,3-4)

 

El Señor prepara, pues, un banquete para el fin de los tiempos. En su Hijo, Él nos ha expresado todo su beneplácito; en Él nos ha hecho ver cuán valiosa es a los ojos de Dios la vida del hombre, pues ha enviado a su Hijo en sacrificio: para rescatar al esclavo, entregó al Hijo. Él se cuida de nosotros y ninguno de nuestros caminos le son desconocidos. Él va a buscarnos allá donde el pecado nos tenía despeñados. Sí, el Señor no sólo enjugará al final de los tiempos toda lágrima de quien a Él se acoge, sino que ya, desde ahora, es el consuelo y alegría del corazón contrito y humillado. Abramos a Él nuestro corazón, porque Él se cuida de nosotros.

 

En la profecía de Isaías, por primera vez, se postula el tema de la inmortalidad: El Señor de los ejércitos aniquilará la muerte para siempre.

 

2. Dios nos da las fuerzas para superar las adversidades. En la segunda lectura, Pablo se dirige a los Filipenses haciéndoles ver que él está acostumbrado a todo. Sabe vivir en pobreza y en abundancia. Conoce la hartura y la privación y se ha ejercitado en la paciencia de frente a las grandes dificultades de su ministerio. Todo lo puede en aquel que lo conforta. El cristiano, como Pablo, también es consciente de que en Cristo encuentra la fortaleza necesario para perseverar en el bien y cumplir su misión. Sabe que nunca está sólo en los avatares de la vida. Sabe que él va reproduciendo con su vida, con su sufrimiento y con su amor, el misterio de Cristo. Por ello, podemos decir que:

 

- El amor a Cristo nos da la constancia en el cumplimiento de nuestros deberes. Nuestro deber de estado constituye nuestra primera obligación. Por medio de esta fidelidad a las tareas diarias vamos construyendo el Reino de Cristo en el mundo. ¡Cuántos son los santos, religiosos o laicos, que llegaron a la santidad precisamente a través del cumplimiento ordinario de sus deberes.

 

- El amor a Cristo nos da la paciencia para tolerar las adversidades. No son pocas ni pequeñas las adversidades que debe afrontar un hombre, un cristiano, una persona amante de la justicia y la verdad. Adversidades de todo tipo, a veces, interiores, íntimas profundas; a veces, exteriores, ataques de los enemigos, incomprensión de los amigos, enfermedades, muerte, desuniones.... Sólo el amor de Cristo y el amor a Cristo son capaces de dar una respuesta convincente al misterio del mal.

 

- El amor a Cristo nos da el valor para vencer nuestros temores y desconfianzas. El Papa no cesa de repetir, ahora en su ancianidad, que no debemos temer; que debemos luchar por el bien, que debemos “remar mar adentro”, que debemos ser los “centinelas de la mañana” que anuncian que la noche está pasando y que llega la esperanza de un nuevo día. En Cristo encontraremos la fuerza para superar nuestros miedos.

 

- El amor a Cristo nos da la fuerza para cumplir nuestra misión en la vida. Cada persona tiene su propia misión en esta vida. No siempre se sienten las fuerzas necesarias para llevarla adelante. Uno puede sentirse frágil o agotado o desalentado ante la magnitud de la misión. Pues bien, es Cristo quien fortalece al que está por caer. Son hermosas las palabras que el Papa pronunció el pontificado: “A Cristo Redentor he elevado mis sentimientos y mi pensamiento el día 16 de octubre del año pasado, cuando después de la elección canónica, me fue hecha la pregunta: «¿Aceptas?». Respondí entonces: «En obediencia de fe a Cristo, mi Señor, confiando en la Madre de Cristo y de la Iglesia, no obstante las graves dificultades, acepto». Juan Pablo II Redemptor hominis 2.

 

Sugerencias pastorales

 

1. La experiencia del amor de Dios. El 13 de mayo de 1981 el Santo Padre sufrió un atentado de manos de Alí Agca. Su vida estuvo en grave peligro. Aquel hecho, que ha ocasionado al santo Padre un largo y penoso sufrimiento que todavía no conoce fin, es, a los ojos del Pontífice, una gracia muy especial de Dios. A través de esta experiencia, ha llegado a una mejor comprensión del misterio del dolor y de la necesidad de ofrecer su sangre por Cristo y por su Iglesia. Sólo unos días después del atentado, estando su salud todavía bastante comprometida, el Papa grabó en la habitación del hospital Gemelli unas palabras para que fueran transmitidas en el Angelus. En ellas decía que ofrecía sus sufrimientos por el bien de la Iglesia y del mundo. Encuentran aquí un especial sentido el verso del cardenal Wojtyla tomado de su poesía Stanislaw: "Si la palabra no ha convertido, será la sangre la que convierta".

 

¡Maravillosa enseñanza la que nos ofrece el Santo Padre! Aprendamos como él a hacer experiencia de Dios y de su amor en las diversas circunstancias de la vida. Así, el dolor y las penas se convertirán en fuente de gracia, de purificación y transformación en Cristo. “Todo lo podemos en aquel que nos conforta”

2. La respuesta a la invitación de Dios y a las inspiraciones del Espíritu Santo. La parábola de los invitados al banquete nos alerta sobre la necesidad de responder a las invitaciones de Dios. El Señor llama a nuestra puerta a través de las mociones interiores y de las inspiraciones del Espíritu Santo. Seamos personas de vida interior, capaces de escuchar la voz suave del Espíritu Santo. Personas generosas que no dejan pasar las oportunidades para expresar a Dios su amor. Esto lo podemos hacer en nuestra vida cotidiana, en el esfuerzo de cada día, en las relaciones familiares o profesionales.
 

Informaciones de la Iglesia en Carora

  

 

 

 

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Domingo XXVII Tiempo Ordinario (A): Is.5,1-7; Sal.79; Flp.4,6-9; Mt. 21,33-43

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05-10-2008

Nexo entre las lecturas

 

Las lecturas de este domingo nos presentan la imagen de la viña. Una viña que simboliza a Israel, una viña que es amada y cuidada por Dios, pero que, lamentablemente, no produce los frutos que se esperaban de ella. Dios espera frutos de la viña que Él ha cultivado con amor: éste es el tema que nos sirve de reflexión en este domingo. La primera lectura nos muestra el poema del amigo y de su viña. Con palabras llenas de solicitud, el poema nos presenta al dueño de la viña que se prodiga en cuidados por ella, cava en torno a ella, monta una torre, quita las piedras, planta buenas vides y cava un lagar. Este hombre ama su viña y espera de ella que dé buenas uvas, en cambio, recibe uvas silvestres, agrazones, es decir uvas que nunca maduran. El hombre se lamenta con razón y se pregunta con ánimo quebrantado: ¿qué más podía haber hecho yo por mi viña que no hice? Nada, ciertamente. Había puesto en acción cuantos medios se conocían en la época para cultivar una vid excelente (1L). En el evangelio se recoge nuevamente el tema de la vid en una especie de alegoría: el dueño de la vid la arrienda a unos trabajadores y se marcha. Envía, después de algún tiempo, sus embajadores para recoger los frutos, pero los viñadores maltratan a los enviados y, cuando ven al hijo, conciben la idea de matarlo. Nuevamente el amo de la viña no es correspondido a la solicitud mostrada por la viña. Los arrendadores no producen los frutos que se esperaban de ellos. En ambos casos el tema de los frutos que Dios espera de Israel y de los hombres se subraya de modo especial: el hombre ha recibido mucho de Dios y debe ofrecer frutos de vida eterna, de santidad verdadera, de caridad sincera (Ev). Por su parte, Pablo en la carta a los filipenses continúa su exposición y los exhorta a tener en cuenta todo lo que es verdadero, noble, justo y los invita a poner por obra buenas obras (2L).

 

Mensaje doctrinal

 

1. Dios ama y cuida a su viña. El poema de la viña es uno de los pasajes más sorprendentes del profeta Isaías. En él resalta, sin duda, el lenguaje poético y el revestimiento literario. El profeta hace comprender al pueblo de Israel que Dios ha cuidado de él, lo ha tratado con especial amor, se ha preocupado de su crecimiento y, sin embargo, el pueblo no ha correspondido a tal amor. Israel no ha sido fiel a su amor. La pregunta que se hace el dueño de la viña adquiere tonos desgarradores: ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? En verdad, parece que nos adentramos en el corazón mismo de Dios que ama a Israel. ¿En qué ha faltado Dios a su amor? ¿Se ha alejado de su pueblo? ¿Lo ha abandonado en tiempo de dificultad? ¿No es verdad que, a pesar de las pruebas por las que ha pasado Israel, ha estado Yahveh siempre cerca de él? En verdad, Dios es fiel a sus promesas y nunca ha dejado a un justo defraudado.

 

2. La viña sorprendentemente no da buenos frutos. Esta viña, a pesar del cuidado sabio del viñador, que es el Señor de los ejércitos, no prospera, no da fruto, no da uvas dulces; da uvas inmaduras y silvestres. Se trata ciertamente de una alegoría, pues en verdad, no se puede culpar a una viña de no querer producir frutos. Sin embargo, los oyentes del profeta comprenden que la viña representa a Israel y que el viñador no es otro que el mismo Yahveh. A pesar, de que Israel ha sido cuidado como un hijo, a pesar de que ha sido liberado, a pesar de que el Señor lo ha elegido como el pueblo de su propiedad, Israel no produce frutos de salvación. Es sorprendente ver la tristeza profunda del viñador y, a la vez, su firmeza ante la viña improductiva. Él vendrá y la devastará, la dejará desolada.

 

En la parábola del evangelio los culpables de la falta de frutos son los labradores que reciben la viña en arriendo. Son gente sin escrúpulos, gente que no sirven a la viña, sino se sirven de ella para su propio provecho. No piensan cómo acrecentar la viña y ofrecer al dueño el fruto merecido, sino que su intento es arrebatar la viña a su dueño. En su corazón no está el amor por la viña, ni el amor por el dueño de la viña, sino el amor a sí mismos. Su interés es aprovecharse lo mejor posible de aquella viña, por eso, al ver venir a los embajadores que requieren los frutos, se molestan, los golpean, los matan. Cualquier cosa que se interponga a su bienestar y al mejor usufructo de la viña en su favor, debe ser eliminado. Estos hombres, cuando ven venir al hijo, es decir, cuando tienen la oportunidad de reconciliarse con el Padre, de ofrecer frutos, de respetar el derecho, traman el crimen más cruel, suprimir al hijo para quedarse con la herencia y la propiedad. En verdad aquellos viñadores, no eran sólo ladrones, sino homicidas. Eran gente sin alma y corazón. Las palabras finales de la parábolas son dramáticas: el dueño de la viña acabará con aquellos arrendatarios y ofrecerá su viña a otros arrendatarios que produzcan frutos.

 

El poema de Isaías y la parábola de Jesús ponen de relieve la importancia de producir frutos. En el primer caso, es la viña que no ha producido lo que se esperaba de ella. En el segundo caso, son los viñadores homicidas que no entregan los frutos debidos al dueño. El tema espiritual es importante: Dios ofrece al hombre múltiples dones: la vida, la fe, la vocación profesional, familia, religiosa, sacerdotal... y el Señor espera por parte del hombre una respuesta, espera unos frutos de santidad, espera que este hombre se transforme interiormente y dé frutos apostólicos para el bien de sus hermanos. Tema profundo que requiere reflexión y examen de la propia vida.

 

3. El cristiano debe dar buenos frutos. El cristiano es una persona injertada en Cristo por el bautismo, por ello, debe dar frutos de vida eterna. Así como el Padre ha enviado al mundo a Cristo a cumplir la misión redentora, así Cristo envía a los cristianos, especialmente a los apóstoles, a cumplir una misión. No siempre los frutos del cristiano serán manifiestos o inmediatos, pero no cabe dudar que el alma que permanece unida a Cristo, como el sarmiento permanece unido a la vid, producirá frutos a su tiempo. El Señor nos ha enviado para que produzcamos frutos y que nuestros frutos perduren. En esto Dios es glorificado en que demos fruto. Veamos, pues, que nuestro deber no es pequeño en la historia de la salvación. Tenemos asegurada la ayuda y el poder de Dios y, por lo tanto, no cabe dudar que, si somos fieles y permanecemos unidos a la vid, que es Cristo, esos frutos llegarán. Cultivemos con cuidado nuestra viña, sepamos acoger las lluvias tempranas, para que a su tiempo demos frutos para Dios.

 

Sugerencias pastorales

 

1. Tener conciencia de los dones de Dios y de la premura del tiempo. Este domingo nos invita a hacer una reflexión sobre el tiempo y sobre los dones que Dios nos ha concedido en la vida. A veces advertimos que el tiempo de nuestra vida va pasando y, cuando queremos contabilizar los frutos que hemos dado para el bien del mundo, de la Iglesia y de las almas, nos encontramos con resultados muy exiguos. ¿Qué ha pasado? ¿Hemos aprovechado con inteligencia y voluntad los talentos recibidos? ¿O hemos vivido como una viña distraída sin darse cuenta que su misión era producir uvas dulces? ¿O hemos vivido como los viñadores que pensaron más en sí mismos que en el amor del dueño de la viña? El tiempo sigue pasando, pero mientras hay vida, hay esperanza de conversión, de transformación. ¡Cuántas son las personas que al encontrarse con Madre Teresa y ser llevadas a su casa en Calcuta, descubrieron en aquellos pobres moribundos que ellos podían y tenían que hacer algo con sus vidas. No esperemos a mañana para hacer este descubrimiento. Veamos que Dios espera mucho de nosotros. Somos su viña, su viña preferida, y Él se alegra y es glorificado cuando producimos mucho fruto.

 

2. Los frutos están en relación con la docilidad a la acción de Dios. Ahora bien, para dar fruto es preciso ser dócil al plan de Dios. Cada uno tiene su propia vocación y ha sido colocado en un lugar preciso de la Iglesia. Cada uno, pues, tiene una misión personal e intransferible. No la podemos desempeñar de cualquier modo o según nuestros caprichos. El éxito de la fecundidad espiritual radica en la obediencia al Plan de Dios, como lo vemos en la vida de los santos. El secreto radica en la identificación con Cristo obediente que sufre y ofrece su vida en rescate por la salvación de los hombres. La fecundidad espiritual pasa siempre por la cruz y el dolor. Quien quiera ser fecundo huyendo de esta ley de salvación, se equivoca, y un día quedará amargamente desilusionado. “Sin efusión de sangre no hay redención”.

 

Sacerdotes Cumpleañeros

 

 

Sacerdotes Que Celebran Aniversario De Ordenación Sacerdotal

 

 

Informaciones de la Iglesia en Carora

 

 

Con gran gozo en el día de ayer gran multitud de peregrinos de Carora acompañaron a la virgen a su santuario de Aregue. Agradecemos a los aregueños y al párroco P. Quero el habernos regalado la presencia de María de Chiquinquirá un año más. Nos preparamos desde ya para recibirla el año que viene. Hoy la misa será en Aregue a las 9am. Presidida por Monseñor Baltasar Porras.

ramoncrespo@cantv.net


Domingo XX Tiempo Ordinario (A) : Is.56,1.6-7;Sal.66;Rom.11,13-15.29-32;Mt.15,21-28

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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17-08-2008


Reflexión Litúrgica realizada por Monseñor Ulises Gutiérrez, Obispo de Carora:

 

En el evangelio de este domingo se nos narra el encuentro de una mujer cananea con Jesús. Los cananeos, aunque eran de un territorio vecino a Israel, eran considerados paganos pues adoraban ídolos. Jesús por una vez atraviesa la frontera y se encuentra con los paganos. Esta mujer se le acercó a Jesús para pedirle la sanación de su hija poseída por un demonio. Ten compasión de mí, Señor, es el ruego de su petición hecha oración. Ante la insistencia de la mujer, Jesús le responde con una expresión muy fuerte: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”.

 

La mujer no se sorprende, pero sí le responde: Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”.  Jesús le respondió: “Mujer, que grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.

 

En aquel momento quedó curada su hija.

 

En la mujer cananea siempre se ha visto un modelo acabado de fe y oración unidas, es decir, de fe suplicante. Es una fe centrada en la persona de Jesús, a quien reconoce como Mesías. Al mismo tiempo su oración es confiada y perseverante. Se abre con pobreza de espíritu a la voluntad de Dios.

 

Fe y oración deben ir unidas en nuestra vida, ya que ambas son expresión fundamental de nuestra religión y mutuamente se fortalecen con el ejercicio personal y comunitario de las mismas. La fe es la actitud básica del creyente, lo primero de todo según Jesús. Así lo podemos concluir del Evangelio de hoy. La fe es nuestra respuesta al amor y salvación que Dios nos ofrece.

 

Al mismo tiempo, la oración manifiesta la fe del creyente en su relación personal con Dios y la proyecta en su conducta social, en la relación con sus hermanos, haciendo posible a través de la vivencia del amor, el Reino de Dios entre los hombres.

 

La condición básica para una buena oración es una fe madura que no entiende la oración como una búsqueda egoísta de los favores de Dios. Desde este punto de vista podemos decir que toda práctica y expresión religiosa, incluyendo la oración, deben ser fruto de una fe adulta y de un amor desinteresado.

 

La oración, entendida como diálogo con Dios y disponibilidad ante él, es apertura a la fraternidad humana, al hermano que sufre por cualquier motivo, es alabanza al Dios que es amor, es súplica confiada del que se siente necesitado del amor de Dios, de su gracia, de la fuerza de su Espíritu.

 

Estamos llamados a vivir nuestra fe no aisladamente sino en comunidad, para que se cumpla lo que en una de las plegarias eucarísticas le pedimos al Señor: “que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir los signos de los tiempos y crezcamos en la fidelidad al Evangelio; que nos preocupemos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y así les mostremos el camino de la salvación”.

 

Pidamos al Señor que seamos capaces, al igual que la mujer cananea, de unir en nuestra vida fe adulta y oración madura. Es hora de pasar de una oración infantil, con frecuencia mercantilista al querer comprar a Dios o sus favores con nuestros rezos y promesas a una oración madura, confiada y perseverante.
 

Tips Del Año Paulino

 

Pablo, originalmente Saulo, también llamado el Apóstol de los gentiles, nació entre el año 5 el año 10 d. C, en Tarso, actual Turquía. Muere en el año 67 en Roma. Era de familia judía, de la tribu de Benjamín y de la secta de los fariseos. Fue educado en toda la rigidez de las doctrinas fariseas, aprendió muy bien el idioma griego que era el que hablaba la gente culta de Asia y de Europa.

Siendo joven fue a Jerusalén a conocer mejor las sagradas escrituras educándose bajo la guía de Gamaliel, el sabio judío más famoso de su tiempo.

No conoció personalmente a Jesús. Después de la muerte de Jesús fue Saulo a Jerusalén y se encontró con los seguidores de Jesús que se habían extendido mucho y emprendió con otros judíos fanáticos una feroz persecución contra los cristianos. Al primero que mataron fue al diácono Esteban, a quien mientras los demás lo apedreaban, Saulo les cuidaba los vestidos.

Saulo salió para Damasco con órdenes de los jefes judíos para apresar y llevar a Jerusalén a los seguidores de Jesús. Por el camino una luz deslumbrante lo derribó del caballo y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?” El preguntó  “¿quién eres tú?” Y la voz le respondió: “Yo soy Jesús a quien tu persigues”. Pablo añadió “¿Señor, qué quieres que yo haga?” y Jesús le dio órdenes que fuera a Damasco y que allá le indicaría lo que tenía que hacer. Desde ese momento quedó ciego y así estuvo por tres días. En Damasco Ananías, un discípulo del Señor, lo instruyó y bautizó y recobró la vista. Desde ese momento se convirtió en el gran Apóstol de Jesús.
 

Informaciones de la Iglesia en Carora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sacerdotes cumpleañeros

 

 

Sacerdotes Que Celebran Aniversario De Ordenación Sacerdotal

 

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Domingo XIX Ordinario (A): 1Re.19,9.11-13; Sal.84; Rom. 9,1-5; Mt.14,22-33

Pbro. Lic. Ramón Luís Crespo Lobato
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10-08-2008

En la Sagrada Escritura la teofanía o manifestación de Dios posee un lugar preeminente. Dios se manifiesta con su poder y grandeza y el hombre queda cautivado por esta visión. Este domingo nos encontramos con dos teofanías especiales. En el libro de los Reyes se nos narra el paso de Yahveh ante Elías, que se refugiaba en una cueva en el monte Horeb. A diferencia de otras manifestaciones divinas, aquí el Señor se hace presente, no como viento impetuoso, terremoto o tormenta, sino por medio de la suave brisa( 1L). En el evangelio la teofanía es propiamente Cristofanía, es decir manifestación de Cristo y de su poder sobre las potencias naturales. Los discípulos que se encontraban en medio de la tormenta en el lago de Tiberíades, ven caminar por las aguas a Jesús. En cuanto Jesús sube a la barca, el viento amaina y los apóstoles se postran ante él. Esta aparición de Jesús en medio de las aguas, se vincula con el acto de fe y con la subsiguiente duda de Pedro. “Si eres tú -le dice a Jesús que se acerca caminando por las aguas- mándame ir a