
Facebook
Por
Pablo
Arapé A.
08-05-2008
Pues
sí; no me
canso de
hablarles
de mi
fascinación
por las
nuevas
tecnologías.
Y no puede
ser de
otra
forma: soy
del siglo
pasado.
Pero
además,
conservo
algo que
esta
perdido
para la
gran
mayoría de
la gente:
la
capacidad
de
asombro.
¡Que
maravilla
poder
asombrarse
de algo!
De lo que
sea. De
cualquier
cosa. Por
ejemplo:
de la
candidez
de los
niños. De
la lluvia.
De la
electricidad.
De la
locura.
De la
gente que
– todos
los días –
y a todas
horas,
habla de
Chávez
(para bien
o para
mal) sin
¡cansarse
jamás!
Bueno,
dentro de
ese rango
esta el
inefable “Facebook”.
Al
principio,
cuando
recibía un
correo
invitándome
a
pertenecer,
pensaba
que “eso
tiene que
ser un
virus”. No
tenía la
más
elemental
idea de lo
que era.
Automáticamente
los
borraba.
No fue
hasta que
me hija me
envió una
invitación
que
entendí en
que
consistía.
Mi hija,
después de
largas
horas
riendo, de
pasar
crueles
retortijones
en su
barriga
por las
carcajadas;
entre
lágrimas
explico:
“tú subes
tus fotos
a la red y
allí las
ven tus
amigos; e
igualmente,
tú miras
las de
ellos.
Sentí un
infinito
asombro, y
un gran
horror.
¿Para que
querría
exponer mi
intimidad
a toda la
autopista
de la
información?
A duras
penas me
libro de
la
intromisión
de las
cacatúas
de mis
vecinas; y
¿voy a
exhibirme
en
Internet?,
le
pregunte a
mi hija.
Pero,
papa,
“todo” el
mundo esta
en
Facebook,
me comento
mirándome
como a un
insignificante
reptil.
Cuando
dijo “todo
el mundo”
recordé la
sentencia
de un
personaje
de
farándula:
“todos, en
el futuro,
tendrá sus
15 minutos
de fama”.
Se refería
a la
desquiciante
influencia
de la
televisión
en
nuestras
vidas. Y
he aquí
que la
profecía
se cumplía
pero, en
Internet.
Resulta
que el
fulan
Facebook
está de
moda. Y no
es
precisamente
una horda
juvenil,
no.
Señores,
señoras y
matronas
se exhiben
con
desparpajo
en el
sitio.
Inclusive,
¡en traje
de baño!
Amigos y
amigas
aparecen
con sus
hijos,
hijas y
nietos
posando
para la
red. Tengo
un amigo
de la
infancia,
carnal de
innumerables
parrandas,
que nunca
me invitó
a su casa.
Y allí
aparece;
en
Facebook,
mostrándole
la casa a
¡todo el
mundo!
Estoy
seguro que
para
cuando
pase la
moda,
todos se
sentirán
avergonzados
y
retiraran
sus fotos
con
ignominia.
Entre
ellos….yo.
Porque,
si.
Sucumbí al
voyerismo
colectivo
por la
insistencia
de mi
hija.
Resulta
que yo era
la
“vergüenza
de su
vida” pues
no
figuraba
en
Facebook.
Todas las
amiguitas
se
burlaban.
Sus padres
tenían su
sitio y yo
no. Era el
único. Era
un “pure”.
Y si; le
afirmaba:
YO SOY UN
PURE.
En ese
momento
comenzó a
sollozar.
Comprendí
que esta
entrando
en una
zona de
donde
ningún
hombre ha
salido
vivo: la
zona de la
manipulación;
donde el
género
femenino
es rey.
Inmediatamente
accedí
para
evitarme
males
mayores.
Malhumorado
le pedí
que
buscase mi
mejor –
único -
traje. Un
molusco,
en una
olla de
presión,
hubiese
inspirado
más piedad
que yo. Mi
hija me
miraba
como lo
aprendió
de su
madre:
como a un
molusco.
“¿En
traje?”,
chillo. Y
sollozando
gimió:
eres un
pure. “YA
TE DIJE
QUE SI LO
SOY, ¿Y?
Silencio
mortal. Mi
hija,
indignada,
me
ignoraba.
Está bien,
está bien.
¿Cómo
debo
tomarme la
foto?,
pregunté
con
resignación.
Ese fue el
día del
apagón. Y
sucedió
porque mi
grito
succionó
toda la
energía de
Venezuela
cuando
supe que
tenía que
ser en
traje de
baño. Pero
ustedes me
darán la
razón:
peso 150
kilos y
mido 1,50
de altura.
Entonces
no seria
en hilo
dental,
no. Sería
un
“mecate”
dental lo
que
tendría
que usar.
Luego de
gritos,
histerias
imprecaciones
e insultos
– mi hija
y yo –
firmamos
un
armisticio.
Yo me
tomaría la
foto pero,
no en
mecate
dental; ni
tampoco en
traje.
Seria en
pantalones
cortos y
con
franela.
Consiente
del
ridículo
que estaba
haciendo,
tome la
primera
franela
que
conseguí,
sin
reparar en
ella. Solo
para
molestar a
mi hija.
Cuado ella
me
observo,
sonrió,
con
complacencia;
como si se
vengara.
Debí
captar esa
mala
señal.
Ella tomó
la foto.
Seguidamente,
me
desvestí
y olvidé
el asunto.
Ahora vivo
en
constante
angustia.
Mi foto
está en “Facebook”.
Montones
quieren
ser mis
amigos.
Otros mas
amenazan
con
matarme.
Gente que
ni conozco
se acerca
a mi
puerta
para
insultarme.
Después
otro grupo
llega para
auparme. A
veces las
dos hordas
entran en
pugna y se
lían a
golpes.
Los de la
urbanización
pidieron
que
desalojara
el sitio.
Perdí mi
trabajo.
Los de la
televisión
acampan en
mi jardín
y no me
dejan en
paz a mi o
mi
familia.
Mi vida es
un reality
show. Mi
esposa se
mudó a que
su mamá y
mi hija a
que unas
amigas.
Todo esto
por no
fijarme en
la maldita
franela
que vestí
para la
foto. La
misma
tenia un
letrero
que decía:
“Chávez no
se va”

Cumbre
Por
Pablo
Arapé A.
03-04-2008
Gracias
a la
televisión,
los
venezolanos,
pudimos
presenciar
la
reunión
de los
presidentes
signatarios
del
acuerdo
de Río-
en
Republica
Dominicana.
La
puesta
en
escena
dejó
un
reguero
de
opiniones,
positivas
o
negativas,
según la
parcialidad
del
oyente.
En lo
que
Tirios y
Troyanos
están de
acuerdo
es en
denigrar
de la
política
y, por
consiguiente,
de los
políticos.
Sin
embargo,
los
sinónimos
de
política
son:
habilidad,
tacto,
manejo,
capacidad,
calculo,
actitud,
estrategia;
entre
otros.
Un
espectador
imparcial
se
hubiese
deleitado
con cada
una de
las
facetas
que
exteriorizaron
los
presidentes,
en este
torneo
latinoamericano.
A los
venezolanos
nos
repugna
la
política
pero…
como nos
encanta.
La
política
esta
presente
en todas
las
áreas de
nuestras
vidas. Y
no me
refiero,
solamente,
a la
partidista.
Fíjense
en el
ejemplo.
En el
siglo
pasado –
cuando
yo fui
adolescente
– la
comunidad
liceísta
se regía
por
patrones
de que
pudiésemos
definir
como
políticas
de
conductas
grupales.
Era
política
común
para los
varones:
beber
cerveza,
fumar,
asistir
a
fiestas,
no
estudiar,
parecer
que si
estudiábamos,
bailar,
“atacar”
carajitas,
ir al
cine,
tener
buenas
“pintas”
que
lucir,
ser
popular
y mil
cosas
más. No
faltara
el
despistado
que se
pregunte
¿y qué
tiene
eso que
ver con
la
política?
Teniendo
en
cuenta
que
nunca
tuvimos
plata en
el
bolsillo.
Que no
teníamos
carro.
Que no
fuimos
particularmente
inteligentes.
Que
nuestro
futuro –
por las
calificaciones
– no se
veía
prometedor.
Entonces,
comprenderán
que
aquello
de:
habilidad,
tacto,
manejo,
capacidad,
cálculo,
estrategia
y
actitud
no es
gratuito.
Aclarado
el
punto,
vamos al
relato
de la
vida
real.
Una
tarde en
que el
calor
era
particularmente
feroz;
nos
encontrábamos
en el
bar
Primero
de Mayo.
El bar
quedaba
a dos
cuadras
del
Liceo y
forzosamente
teníamos
que
pasar
por el
frente
para
llegar
al sitio
de
estudio.
Ya era
costumbre
entrar,
saludar
y seguir
nuestro
camino.
Pero esa
tarde
teníamos
matemática,
física y
química.
El bar
parecía
el aula
de
clases.
Solo
faltaban
las
muchachas.
En
nuestra
mesa
estaban
diez
compañeros.
Era la
más
grande.
Todos
conversaban
al mismo
tiempo.
Todo era
un
perfecto
pandemonio.
En
cierto
momento
Luís
N…, le
comentó
al
compañero
que
estaba a
su
lado…”
me estoy
acostando
con
Maria
B”
Inmediatamente
se hizo
el
silencio.
Que como
pudimos
oír esa
confidencia
en un
bar,
atestado
de
muchachos
bullangueros
y con
una
rockola
a todo
dar, es
un
perfecto
misterio
hasta el
día de
hoy.
Para la
pandilla
– el
sexo –
era una
cuestión
de alta
política.
Todas
las
habilidades
de los
sinónimos
antes
dichos,
tenían
que
triplicarse
para
poder
conseguir
ese
oscuro
objeto
del
deseo.
También
existía
una
norma no
escrita,
pero que
todos
respetábamos:
era
política
del
grupo
participarle,
al
hermano
de la
muchacha,
que
sosteníamos
un
romance
con la
misma.
Esto se
hacia
con la
finalidad
de
evitar
roces y
no
invadir
territorio
ajeno.
Luís N
no lo
sabía.
El
acababa
de
llegar
de
Barquisimeto.
Era
nuevo.
Inmediatamente,
la
tensión,
se
apoderó
del bar.
La
política
de
“territorialidad”
acababa
de ser
violada.
Un
miembro
de la
pandilla,
había
“incursionado”
en
territorio
de un
colega.
Luís N,
no sabía
que
sucedía.
Pero,
por las
miradas,
deducía
que el
estaba
metido
en un
lío.
Todos
éramos
muy
panas
pero,
una
situación
como
esa,
podía
fracturar
nuestra
hermandad.
Yo tenía
que
evitar
el
colapso.
Fui a
hablar
con
Luís. Le
expliqué.
El me
dijo que
le
apenaba
la
situación
pero que
María se
le
“regaló”.
Todos
entendíamos,
incluso
su
hermano,
que
Maria no
aguantaba
dos
pedías:
pero lo
grave no
era el
sexo en
si,
sino,
la
violación
de la
“norma”.
Esto
podía
resquebrajar
la
unidad.
Vulneraba
los
acuerdos
y
violaba
las
fronteras
individuales.
Luís no
podía
retractarse
por
haber
“matado”
porque
la chama
estaba
“papayita”.
Con
preocupación
me
dirigí a
conversar
con el
hermano
de
Maria.
Sucede
que
Antonio
S era
hermano
de María
por
parte de
madre.
Antonio
estaba
enfurecido.
Le
parecía
intolerable
la
invasión
a su
“territorio”
por un
compañero
–“hermano”
– de
pandilla.
Además,
dejaba
en el
limbo
los
artículos
19 y 21
de la
Carta de
nuestra
organización
O E A
(Organización
Estudiantil
Alegre)
Por lo
tanto
exigía
un voto
de
rechazo
a la
incursión
en su
territorio
y pedía
satisfacción
de
inmediato.
Al mismo
tiempo,
dos
compañeros
mas, se
ofrecieron
para
ayudar a
Luís “en
lo que
sea”.
De
inmediato
comprendí,
que de
no
detener
aquello,
se
produciría
una
escalada...
Apresuradamente
pedí
tiempo a
Luís. Me
reuní
con el
consejo
(otros
panas)
y allí
– mesmo
-
pensamos
en una
estrategia
de alta
política
que
parara
los
vientos
de
guerra.
Luego de
horas
llegamos
a un
acuerdo;
nos
reunimos
con las
partes y
acordamos,
en
asamblea,
en el
bar,
dirimir
la
espinosa
situación.
Luís fue
el
primero
en
hablar:
reconoció
su
error;
le pidió
disculpas
a
Antonio
por la
invasión
a su
territorio
más no
por el
incidente
sexual
con su
hermana
pues
este
había
sido un
asunto
entre
“un
hombre y
una
mujer.”
A
continuación
tome la
palabra
y les
recordé
que
“todos
éramos
hermanos”
que “el
diálogo”
y no la
fuerza
se
debían
imponer.
Que si
bien el
comportamiento
de Luís,
al
violar
territorio
ajeno
fue
execrable;
el había
admitido
su
error.
Que con
amonestarlo
seria
suficiente.
A
continuación
intervino
Antonio:
dejo
claro
que
“estaba
sumamente
dolido y
humillado”
con la
situación.
Luís era
“pana”
pero
violó
los
“acuerdos”.
Sin
embargo;
Luís
había
reconocido
su
error.
Esto
fortalecía
las
instituciones
(hermandad,
amistad)
evitaba
que la
sangre
llegara
al río.
Cimentaba
las
fronteras.
Renovaba
los
tratados
(agresión
cero
entre
nosotros)
y todos
los
presentes
– los
que
estaban
a la
derecha
y a la
izquierda
- se
sintieron
complacidos.
De
seguida
aprobamos
una
resolución:
acordamos
emitir
un
“rechazo”
a la
incursión
de Luís
en
territorio
ajeno.
De igual
forma se
registraron
las
disculpas
de Luís.
También
se hizo
hincapié
en: “la
plena
vigencia”
del
principio
de
“soberanía
territorial”
de cada
uno de
los
panas;
en lo
que
respecta
a
hermanas,
sobrinas,
primas,
afines y
conexos.
Por
insistencia
de un
pana,
del cual
no
recuerdo
el
nombre,
se
incluyó
un
inciso:
“mientras
haya
aguardiente…
las
mujeres
son
pasapalos”.
Me opuse
a ésto
pero fue
aprobado
por
unanimidad
con mi
voto
salvado.
Para
finalizar
– el
consejo
-
amonestó
a Luís.
Logrado
el
acuerdo
y, para
finiquitar
la
faena,
propuse:
“pongo
cinco
bolívares
para la
rockola
(cinco
bolívares
eran 20
canciones)
y los
demás
hagan la
“vaca”
para la
“curda”
(habilidad,
tacto,
estrategia,
etc.)
De esta
forma,
con
diplomacia
–
astucia,
tacto,
disimulo,
sagacidad,
discreción,
- se
logró
solventar
una
situación
que
amenazó,
en aquel
tiempo,
con
fracturar
la
política
de
convivencia
que con
tanto
esmero
edificamos
desde
primer
año de
bachillerato.
¡Que
viva la
política!

Pecado
Por
Pablo
Arapé A.
16-03-2008
Pues,
si. Soy
católico,
apostólico
y romano,
desde que
nací. Me
gustan las
instituciones
que
desafían
el tiempo.
La iglesia
es una
roca donde
se han
estrellado
infinidad
de
intrigas,
pasiones,
inmoralidades.
A pesar de
los
continuos
desafíos –
internos y
externos –
continua
boyante y
flamante.
Pero este
camino no
ha sido
fácil. De
repente
vemos o
sentimos
que la
institución
flaquea.
Como
cuando
eliminaron
(horror)
el latín.
Y no
contentos
con
semejante
desafuero;
pusieron
al
sacerdote
a impartir
la misa…
¡de frente
al
publico!
Confieso
que mi fe
en la
iglesia
vaciló
fuertemente,
en esos
aciagos
tiempos.
Demás esta
decir que
fui uno de
los mas
fieles
defensores
del obispo
francés
Lefebre;
quien se
opuso –
rotundamente
– a
semejante
desatino.
La cosa
quedó así.
A pesar
que no es
de mi
gusto; la
proa de la
nave
clerical
sigue su
marcha
invicta…
hasta hoy.
De nuevo
siento
vacilar mi
fe. Siento
que la
honda de
este
terremoto
es grado 7
en la
escala de
“Ritcher”…
Pero no
los
someteré a
largas
discusiones.
Mejor, más
entendible,
más
pedagógico,
será
contarles
lo que me
sucedió.
Como buen
católico
me acerqué
a la
iglesia, y
al
confesionario,
para
descargar
mis
culpas,
como vengo
haciéndolo
desde hace
40 años,
todos los
primeros
viernes.
Allí me
esperaba
(en el
confesionario)
mi buen
amigo el
padre ”Betote”.
No soy
hombre de
grandes
pecados.
Como ser
humano
educado en
colegios
de curas –
Jesuitas y
Escolapios
– procuro
no caer en
las
tentaciones
que
provoca el
señor de
la
oscuridad
(Satán –
Belcebú –
Luzbel –
Moloch).
Claro, la
carne es
débil y de
vez en
cuando
incurro en
conductas
“non
Santas”
que expío
en el
confesionario.
Bien,
hijo,
dime tus
pecados.
Si,
Betote
–perdón-
padre.
Acúsome de
emocionarme
con el
discurso
de Chávez
en
Republica
Dominicana.
“Betote”
ni se
inmutó
ante
semejante
herejía.
Allí
entendí
que algo
marchaba
mal. Con
gran calma
y
displicencia
musitó:
Continúa.
Acúsome
de ir a
votar el
domingo en
las
elecciones
del PSUV y
no solo
eso; sino
que voté
por…
!Julito
Chávez, el
Alcalde!
Pensé que
allí
ardería
Troya.
Esperaba
que « Betote »
me sacaría
a
empeñlones
de la
iglesia y
me negaría
los
sacramentos.
Pero no.
Calma
chicha en
el templo.
Con un
bostezo,
acompañado
de un
murmullo,
me
insinuó:
Continúa.
Bien.
Hasta
ahora
había
salido
bien
librado
del
asunto.
Sin
embargo,
lo que
venía, me
hizo
vacilar.
No sé si
seria la
hora de la
tarde
(3:00
p.m.) o
tal vez
algún mal
del oído,
“Betote”
se
mostraba
impertérrito
con mis
grandes
pecados.
No se
inmutaba.
Algo
pasaba
pero no
sabía que
era. Sin
embargo –
el
siguiente
pecado –
si era
mortal. No
me atrevía
a
decírselo.
Continúa,
pues-
musitó.
Si; si.
Esteeeee.
Hummmmm.
Esteeeee.
Tú
dirás- me
presiona
« Betote ».
Si, si.
Claro
“Betote” ,
PERDON…Padre.
Esteeeee
acúsome de
creer que
Uribe es
igual que
Chávez
pero al
revés.
Nada. Nada
pasó.
“Betote”
seguía
preso del
sopor y la
canícula
propios de
la hora.
Me salvé,
pensé.
Bueno, “Betote”.
Perdón,
padre…eso
es todo.
De
inmediato,
como
impulsado
por un
resorte, “Betote”,
se acercó
a mí. Con
cara
inquisitorial.
Con voz
profunda y
cavernosa
preguntó.
Todo,
eso es
todo
¿estás
seguro?
Sentí un
frío
helado en
la nuca.
Mis
músculos
estaban
tensos.
Era como
si el
propio
Torquemada,
el gran
inquisidor
español,
me
interrogara.
SIIIIIIIII-
contesté
con voz de
ratón.
Torquemada.
Perdón,
“Betote” ,
perdón.
El padre
me
fulminaba
con ojos
que
penetraban
mi alma.
Ahora se
movida
como un
felino. Su
pasividad
era cosa
del
pasado.
Dime,
infeliz.
¿No tienes
en tu casa
algún
“bote” de
agua?,
inquirió.
¿What?
¿Qué
cosa?
¿bote de
agua?
¿Qué tiene
que ver? “Betote”,
perdón…
Padre.
¡!!SIIIIIIIIIIIIIII!!!!-
aulló. No
te hagas
el
esntúpido
y ¡CONTESTAAAAAAAAAAAAAAA!
Pero, pero
“Betote”…
Perdon,
Padre.
Debo de
tener.
¿Quién no
tiene en
su casa
una llave
que gotea?
Eso es muy
normal.
Hasta dos.
Pensé que
pronto una
apoplejía
fulminaría
a “Betote”.
Estaba
todo rojo,
rojito de
la ira. El
fuego del
infierno
se asomaba
por sus
ojos. Me
miraba
como el
presidente
Correa a
Uribe.
¡!!PIEDAD,
DIOS!!-
gritó.
¡Perdónalo
por que no
sabe lo
que hace!
¡!Pero;
¿Qué
pasa, “Betote”,
perdón:
Padre.
¡!!¿Es
que no
lees la
prensa?
¿Es que
no te
enteras?
Ahora,
botar el
agua, es
un
pecado
peor –
para la
iglesia
– que
ser
Chavista.
Ese es
uno de
los
nuevos
“pecados”
que la
iglesia
no
tolerará.
El medio
ambiente
será
protegido.
La
iglesia
– de
ahora en
adelante
– será
“verde”.
Me sentí
abatido.
No
entendía
nada.
Tener un
“bote”
de agua
es una
cosa de
lo más
normal.
Siempre
existirá
una
“llave”
que no
sierra
bien. El
goteo
del agua
arrulla
a los
bebés.
Aplaca
el
insomnio,
Es
refrescante
en las
noches
de
calor.
Es como
una
resistencia
al
gobierno;
resistencia
pasiva;
le
dicen.
Si
eliminamos
los
“botes”
echaremos
a la
calle a
miles de
Venezolanos
que
trabajan
en
fábricas
que
hacen
“baldes”.
Todo
“bote”
de agua
va a
acompañado
de su
respectivo
“balde”.
Salí de
la
iglesia
todo
confuso.
Tambaleando
me
dirigí a
mi casa.
La
cabeza
me daba
vuelta.
Un
hombre
se
apiado
de mí y
acercándose
me dijo:
Pare
de
sufrir,
venga
conmigo.
Ahora me
encuentro
feliz.
Entre
cánticos
y
alabanzas
en una
religión
donde
“botar”
el agua
no es
pecado…
Vengan;
vengan
ustedes
también.

Nombre… Mi Nombre
Por Pablo Arapé A.
19-09-2007
Pues,
si. Al fin
ocurrió. El gobierno nacional vino en auxilio de la población que desea;
quiere, implora; necesita; clama; busca; solicita; un cambio de nombre.
Y es que la cosa no es tan sencilla. Nuestros padres – fuentes naturales de todo
abuso – nos traen a la vida (sin permiso) y no contentos con esto; nos
encaraman un nombre sin preocuparse si es de nuestro agrado o no. Nadie escogió
su nombre – y no me refiero a los de inefable procedencia maracucha – me refiero
al nombre que tienes asignado tu y tú. Si, tú también. Ese nombre – que es para
toda la vida – no lo escogiste ¿o me equivoco?
No poco asesinos seriales andan por la vida destripando, torturando, violando,
masacrando, humillando, mancillando, violentando, atropellando, solo por que a
sus padres se les ocurrió la brillante idea de llamarlos: Roso, Hermenegildo,
Protáseo, Cecil, Sinforoso, Ecuménico, Epaminondas, Ananías, Ataulfo, Adeltrudis,
Gwendoline, Godiva y todos los derivados de las fantasías delirantes de nuestros
padres.
Pero ahora, el gobierno tomó cartas en el asunto y podemos gozar del nombre que
más queramos.
Pues bien; muy temprano, después que vi el decreto en la gaceta; me dirigí al
registro público. Allí me recibieron con amabilidad y cortesía. Cuando les
expliqué que quería cambiar el nombre se mostraron complacidos. Pero todo cambió
cuando les dije que mi nombre – el cual quería cambiar era…Pablo. Todos se
miraron las caras con expresión bovina. Al fin alguno atinó a decir.
Ejem…esteee…Sr. Pablo. Esta iniciativa es para cambiar nombres infamantes, que
solo producen escarnio y burla en las personas que los llevan. Estee, bueno… su
nombre me parece muy normal; si.
Con mirada glacial le contesté: Permítame hablar con su jefe; señor.
El empleado – muy azorado – se dirigió a un despacho y tras largos minutos me
dijo que pasara. Allí se encontraba el jefe. Un cara común cualquiera que me
escrutaba como si yo fuese un loco peligroso. Me disponía a cerrar la puerta
cuando – el “mesmo” – me gritó: !NO! Déjela así; hace mucho calor je je.
Su nerviosismo era manifiesto. Esto me alteraba. ¡QUIERO ACOJERME A LA LEY Y
CAMBIAR MI NOMBRE!; rugí.
Pero señor Pablo – protestó el hombrecillo - ¿Qué tiene de malo su nombre? Es
“normal”. Agradable al oído: con connotaciones viriles; decía con afán.
Usted no entiende – le dije – ese nombre no lo escogí yo.
Pero… -balbuceó el funcionario-, ese nombre se lo pusieron sus padres; ¿o no?
!Y CON QUE DERECHO! grité. El hombre miraba la puerta. No sabía si salir
corriendo o – de rodillas - implorarme por su vida.
Sin importarme nada le dije: Usted sabe que aquí en Carora no le dan el nombre
a nadie. Todo se convierte en guachafita y en diminutivos: que si Cartucho,
Platanote; Bemba´e perro; Cara´e mono, Sobaco´e pollo, Titinote, Rafucho, Ché,
Cogote´e sapo. El propio bochinche. Yo me llamo Pablo – continué – pero toda la
vida me han dicho “Pablito” Eso no esta mal cuando uno es joven. Pero a esta
edad, es justo que me llamen “Don Pablo” pero no. Me dicen: “Don Pablito” ¿Qué
vaina es esa? ¿Qué falta de respeto? NO PUEDO SER UN PABLITO CON 60 (SESENTA)
AÑOS.
El hombre – a punto de perder la razón – con un hilillo de voz, respondió:
Está bien… si… está bien. ¿Qué nombre quiere usar?
Después de un largo silencio y mirándolo a los ojos le dije: “PENTATEUCO”
¿PENTA…QUEEEEEE?,” chilló el hombrecillo.
Pentateuco” – respondí. Pentateuco no tiene diminutivo. Tampoco pueden
contraerlo. Decirle a uno Penta; o teuco no es gracioso; por lo cual quiero ser
llamado de ahora en adelante: Don Pentateuco Arapé.
Demás esta decir que no pude lograr mi cometido. El funcionario enloqueció y hoy
por hoy, se encuentra deambulando por la carretera. Por mi parte, decidí
abocarme a recoger firmas para lograr que el Presidente me reciba y
manifestarle – personalmente – el deseo de cambiar mi nombre a “PENTATEUCO”…
¿podrían darme su firma para esta justa causa?
Atte: Pentateuco Arapé (ex - Pablo o ex - Pablito)

CONSEJOS
Por: Pablo Arapé A.
17-06-07
Por
motivos que – obviamente – desconozco, la muerte visita a mi familia con
inquietante regularidad. Sin embargo, este echo (de por si notorio) no logra
quebrar las pautas sociales que nos rigen. Quizás las altera; quizás trastoca
las cosas, pero Eros y Tanatos se las arreglan para seguir conviviendo. Nada
mas llegar a la sala funeraria, fui saludado con efusión por el personal del
mismo. “Como esta usted” “Caramba; se nos había perdido” ¡¿De nuevo por acá?!
Fueron algunos de sus comentarios. Si no fuese por las circunstancias…
me
reiría. El hecho de ser “cliente” genera una peculiar relación de seudo
amistad. Es más; si me apuran, diría que raya en el absurdo. El personal se
esmera en hacerme las cosas más llevaderas siendo solícitos y amables. Las
camareras insisten que coma con ellos, casi obligándome a probar otras cosas
diferentes al tradicional consomé que se suele servir en estas ocasiones. No
quisiera que me mal entendieran. No lo hacen por algún servil interés
pecuniario; no. Es solo que yo soy un “asiduo cliente” y esto genera –
inexorablemente – cierta proto amistad como verán mas adelante.
Las diligencias de acta de defunción y diligencias del campo santo corren por
cuenta del servicio funerario. K...quien se encarga de estas cosas me rogó,
encarecidamente que lo acompañase pues “me veía solo y triste y, para esos
momentos, son los amigos” K..., a pesar de mis protestas, literalmente, me
arrastro al carro fúnebre que usaríamos para hacer las diligencias. Una vez
dentro, vinieron a mi mente, recuerdos de cuando – niños y adolescentes – le
enseñábamos cuernos a las carrozas fúnebres (mis amigos y yo) como si con esto
conjuráramos a las horribles parcas; eludiendo nuestro fatal destino. Cosas de
la juventud, que piensa tener toda la eternidad para si. En ese momento,
cuando un simple vehiculo se convierte en “Carroza Fúnebre” es que cobra
significado el titulo del excelente libro del autor checo Milán Kundera: “La
Insoportable Levedad Del Ser”. En ese instante estaba neutro. No tenía emoción
alguna. Al cabo de algunos minutos sentí la imperiosa necesidad de “mirar
hacia atrás” .La parte trasera del vehiculo. Donde el difunto realiza su
último viaje. Me pareció
extremadamente larga. Era como un corredor largo y angosto. Viajar en ese vehículo,
a esa hora del día, para efectuar diversos tramites burocráticos, relativos a
parafernalia que rodea a la muerte, era – esos momentos – francamente
surrealistas. La gente de la calle nos miraba con curiosidad. Debo
puntualizar que, generalmente, en estos vehículos solo va el chofer y en
ocasiones un ayudante de camisa y corbata. La gente que nos contemplaba
pensaría que yo era el finado.
Pero, luego de estas divagaciones, vamos a lo nuestro: los consejos. Dado la
experiencia que poseo en estas lides me permito adelantarles varios consejos;
entresacados de mi próximo libro: LA HORA NONA o todo lo que usted debe saber
al enfrentar el ritual mortuorio.
1) al disponerse a dar “pésame” es forzoso tener o poner cara de
“circunstancia” ¿Que cómo es eso? Bueno; su cara o expresión no puede ser
como la del deudo, pues entonces seria usted el deudo (absurdo) o su amante.
En mi libro, antes mencionado, se encuentra todo un capitulo dedicado a este
espinoso tema (el o la amante sobreviviente) y que reglas deben privar para
no escandalizar ni ofender a la esposa u esposo del fiambre en la capilla
fúnebre. Sin embargo la duda persiste: ¿Cuál es la cara de circunstancia? Es
una mezcla de estar enratonado; con pesadumbre por el cierre de RCTV; con
angustia por no conseguir las entradas para los juegos de la copa América y
desolación por el rumor de que la Polar se marcha del país. Si usted logra
reflejar todas esas sensaciones en su rostro, tendrá éxito de inmediato y el
deudo le recordara como el más intimo de los amigos del muertito.
2) En cuanto a la vestimenta no hay nada que añadir sino el buen gusto y
discreción de cada quien. Sin embargo, no debemos dejar de insistir a las
damas que: “NADA DE ESCOTES” Generalmente el deudo (masculino) se encuentra
sentado y si usted pretende darle el pésame, tendrá que inclinarse. Esto la
arrastrara a una situación absurda. Al usted inclinarse dejara ver generosas
porciones de su seno al deudo. Este, confundido por su pena, confundido por lo
que ve, no la dejara recobrar su postura vertical -pues el la tomo de los
brazos cuando usted se inclino – extasiado por sus redondeces. Esta situación
se conoce en criollo como “Vaporón” y descompone toda la “puesta en escena”
del velorio. Inclusive; como consecuencia indeseable, destruye la cara de
circunstancia que tanto nos costo lograr. Por lo tanto señoras: RECATO.
3) este consejo es para el deudo o familiares más cercano. A ustedes les esta
permitido todo: llanto; aullidos; caídas en el suelo; desmayos, sofocones y
pare usted de contar. Lo que les estad vedado; prohibido; negado; abolido,
suprimido; es la expresión: ¿PORQUÉ
A MI SEÑOR; PORQUÉ
A MI? ¿Qué tiene de malo tal expresión? se preguntaran ustedes. “Es algo muy
normal” acotaran los otros. Pues no. Definitivamente, no. Cuando usted aúlla a
los cuatro gritos que porque le pasa esa desgracia. Esta dejando en el aire un
complemento de la frase que la gente entiende como: ¡! ¿PORQUÉ
A MI SEÑOR; Y NO A ELLOS?!! ¿Lo entiende ahora? Sabemos que usted no
quiso decir eso, pero así lo entiende la gente. El “ellos” ambiguo de
sus aullidos se convierte en ellos; los que están presentes .Esta
metida de pata le puede traer consecuencias indeseables: la gente puede perder
la cara de circunstancia que le costo lograr. Se volatiliza el respeto por
usted y lo que era un sitio de recogimiento se convierte en una gallera donde
la gente solo comenta lo del matrimonio de Maria Isabel con el tenista o de si
Arango esta en condiciones para jugar en la vinotinto.
4) La parte mas incomoda de estos rituales es lo que vamos a decir al momento
de “dar” el pésame. En esto me confieso sorprendido y estupefacto. Las nuevas
tendencias (minimalismo) han impuesto una parquedad y sequedad, a la hora de
encarar al deudo que ya se instalaron en las salas velatorias, los respectivos
psicólogos que se encargan de asistir (por un precio módico) al deudo y
familiares. Sabíamos todos que existía una variedad de palabras para
enfrentar este momento (pésame); ninguna era realmente efectiva ni lograba
transmitir lo que no sentíamos. Pero allí estaban como muletas mortuorias.
Ahora la moda que viene del imperio –escueta, inocua, sencilla, pragmática –
recomienda decir: “NO HAY PALABRAS” Eso es lo único que se le dice al
deudo bañado en llanto. Imagínense ustedes la perplejidad del deudo que solo
esperaba cualquiera de las formulas rituales para desgajarse en aullidos,
berridos, soponcios y que usted le venga a decir (con alevosía y
premeditación): “NO HAY PALABRAS” Pues se quedara con un palmo de
narices. Sin atinar ha que decir o responder. Sin poder gritar o llorar o
gimotear. Si usted confirma aquello; pues no hay más nada que añadir. Y si
usted, en el colmo de la rebeldía dice que: “Si hay palabras”; todos se le
quedaran mirando esperando a que usted las diga. De esta forma vil se le
arrebata la iniciativa a alguien que además de perder a un ser querido; no
puede expresarlo de ninguna manera pues: NO HAY PALABRAS.
Tomen estos humildes consejos como un aporte de, mí para ustedes, ante un
eventual óbito que mas temprano que tarde les tocara enfrentar.
PD:
pronto estará en los estantes de las más prestigiosas librerías mi obra: LA
HORA NONA. Resérvenla antes de que se agote.
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Bombillos (2) |
| Por: Pablo Arapé A. |
01-05-07
Escribo estas líneas por petición expresa de Antonio, mi vecino. El leyó mi anterior “bombillo” y se acercó para recomendarme de buenas maneras (estaba arrechísimo) que relatara el cuento completo sin soslayar nada. Creí prudente seguir su consejo y aquí esta el relato con las cosas que omití por no considerar importantes.
Les dije que
cambié todos los bombillos de la casa por los que me ofreció, gentilmente, el
Gobierno. Inmediatamente llegaron a mi casa una multitud de gente conocida –
al principio – y luego un tropel de extraños. Al comienzo fueron mis vecinos
Chavistas que me felicitaron y se dedicaron a mirar a los bombillos a y
manifestar loas al gobierno y ditirambos al Presidente.
Luego se presentaron los vecinos que están en la oposición con un petitorio
para que abandonase el barrio: “por traidor” dijeron; y seguidamente voltearon
sus rostros a los bombillos profiriendo insultos e imprecaciones al régimen.
Para mi era muy gracioso observar a gente sencilla y normal, arrastrada al
paroxismo de lo irracional por motivos políticos. Sin embargo me vi obligado
a reglamentar el asunto: para evitar batallas campales y males mayores en la
comunidad, otorgué a los de la oposición permiso para venir a mi casa en
horas de la mañana y tarde - todos eran desempleados – para dar rienda
suelta a su ira. De igual forma cedí las horas de la noche para que los
Chavistas – todos trabajaban – pudieran desatar sus cánticos de alabanza.
Insisto; era la mar de cómico observar a toda esa gente mirando a los
bombillos y riendo o despotricando, según su tinte político.
Todo marchaba muy bien. A mi mujer y a mi no nos estorbaba la multitud, pues
la mayoría eran vecinos y con los desconocidos entablamos amistad. Claro; era
incómodo conversar con alguien que constantemente miraba hacia el techo. Pero
todo es costumbre. No obstante, los hechos que precipitaron los
acontecimientos, vinieron de parte de mi familia más cercana: mis hijos. Tengo
cuatro (4) hijos: dos hembras y dos varones. Ellos tomaron la presencia de
tanta gente mirando al techo como lo que era… un circo. Pero andando el tiempo
comencé a notar ciertas actitudes que me llenaron de alarma. La otra noche, mi
esposa, les ordenó apagar el televisor e irse a dormir. Una de mis hijas miró
a mi mujer y masculló:
Estamos en una tiranía.
Me hubiese reído a no ser por que mi otra hija le contestó:
El que no se sienta contento… ¡qué se vaya! Mis hijos varones se alinearon
con sus hermanas.
De modo que en mi casa existe un micro cosmos de lo que es el país- pensé.
Pero la cosa no paró allí. Al recoger las notas de los muchachos notamos que
dos (varón y hembra) sacaron horrorosas calificaciones. Mientras que los otros
dos (varón y hembra) fueron sobresalientes. Primera vez que sucedía tal cosa.
Pero los que nos llenó de terror a Torcuata – mi mujer – y a mí fue lo que les
cuento a continuación: los que salieron bien se burlaban de los
otros
riéndose y escarneciéndoles.
Ja ja, ¿No les da pena esas notas tan “escuálidas”? Mi papá y mi mamá –
continuaban – como castigo les van a cerrar su “medio de comunicación”
entiéndase TELEVISION. Ja, ja, ja.
Estas palabras enardecían a mis otros dos hijos. Chirriando los dientes de
rabia – ellos – les contestaron:
Y ustedes que están con el proceso ¿no es una ofensa que sus notas sean
todas ¡AZUL; AZULITAS!?- Allí ardió Troya. El bando oficial no quería verse
ligado a nada que fuese o pareciese de color azul. Y el otro sector, de
igual manera, pero con el rojo
Mis cuatro hijos son adolescentes y PRE adolescentes por lo cual Torcuata y yo
estábamos angustiados. Ellos respondían a las palabras y actitudes que veían
en nuestros visitantes.
Decidido a cortar por lo sano les enviamos – como expliqué con anterioridad -
a casa de sus tíos con la intención de liberarlos de este ambiente maligno.
Esta es la parte que omití en mi anterior relato: Bombillo. ¿Verdad que es
irrelevante y carece de interés?
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Bombillos |
|
Por: Pablo Arapé A. |
02-04-07
Vivimos en el mundo del surrealismo. No debo ni un solo recibo de la energía eléctrica y… vivo a oscuras. No es solo eso. Tampoco puedo hablar; y no me hagan subir el tono de voz. En eso me va la vida. Si se están quietos y callados les contaré ¿estamos?
Un día cualquiera, llegaron a mi casa un grupo de muchachos con una propuesta insólita: “Señor; venimos a cambiarle sus bombillos por estos (enseñan los bombillos) que consumen menos corriente.” Disculpa – le dije interrumpiendo su perorata – pero no tengo dinero para hacer ese negocio que tú me propones. “Señor – continuó el mozalbete con cara de fastidio – es completamente gratis.”
Gratis es una palabra que mueve montañas, derrite sospechas, desmorona argumentos, insita complicidades. A todas esta, ya el muchacho había explicado que era un plan del gobierno y no se cuantas cosas mas. Yo, como buen clase media, pensé: Nunca he podido sacarle nada al gobierno. Ni un carguito. Ni una embajada, Ni una sola canonjía; y ahora, de golpe y porrazo, ofrecen ayudarme con el recibo de luz que me esta matando. !NO FALTABA MÁS, grité, ADELANTE CON EL AHORRO ENERGÉTICO! En un santiamén los nuevos bombillos (32) estaban instalados. De inmediato quite la trampa que tenia en el medidor para ahorrar energía y seguí recibiendo correos por Internet.
No habían pasado 5 minutos cuando sonó el timbre. “Deben ser los muchachos de los bombillos”, me dije. “Debería pedirles algunos por si se queman los otros”, pensé. Pero no Era mi vecino Antonio. !!Qué hubo, Antonio, que te trae por aqui!! Antonio se retorcía de espanto y gesticulaba con horrorosas muecas de miedo. Tomándome del brazo y poniéndose el dedo índice en la boca, me arrastró hacia fuera de la casa. “Calla insensato” murmuraba. “Me vas a delatar necio”. Pe…pero ¿ qué pasa Antonio? De nuevo volvieron las muecas de espanto. Demudado, líbido, infartado, asertó a mascullar: cá - lla - te. !!! Qué nos están grabando !!! De repente sentí miedo. ¿Qué podía ser tan espantoso que intimidara a Antonio así? Miré hacia los lados y, bajando el tono de voz, pregunté: ¿Dónde, quién, cómo? . Antonio, apunto de sufrir una apoplejía, miraba a los bombillos con terror. !!ALLÍ, ALLÍ!! Chillaba lleno de espanto. !!¿Dónde, dónde?!! Preguntaba yo, lleno de frenética ansiedad. !!!!En los bombillos!!!. !!!EN LOS BOMBILLOS!!!.
En ese momento, les confieso, no sabia como reaccionar. ¿Era broma? ¿Droga quizás? Antonio se caracterizaba por ser un hombre serio. No fumaba ni bebía. Padre ejemplar. Cinta negra y 1,95 de estatura. Católico practicante. Presidente del condominio. Ejemplo constante para todas las mujeres de la urbanización (“Porque yo no tuve la suerte de que un hombre como Antonio se fijara en mi”) era el látigo que atizaban nuestras esposas en contra nuestra. Pero ese hombre yacía aterrorizado; postrado en el suelo; con el rostro desencajado y demudado. Intimidado, arredrado, atemorizado, acobardado, apocado, amilanado. “Antonio” le dije con suavidad. “Todo se arreglará” “Los nervios son otra enfermedad cualquiera”
Me miró con rabia. Sin alzar la voz; pero con furia, espetó: “No te das cuenta – estúpido – dentro de esos bombillos hay diminutos aparatos que graban todas nuestras conversaciones” “ El gobierno” “ES EL GOBIERNO” dijo. Con un hilo de voz pregunté ¿y para qué? Para saber que pensamos. Para espiarnos, contestó. Para intimidarnos, añadió. ¿Dentro de los bombillos? pregunte incrédulo. !!!CLARO QUE SI!! Es lo último en tecnología . Pero Antonio, le dije un poco mas repuesto; simplemente... los quitaré. !!!!NOOOOO!!!! Chilló !!!NOOOO!!! También tienen cámaras. Si los quitan, vendrán por ti. Jamás podrás volver a comprar en Mercal. !!!NOOOOOOOOOOOOOOOO!!!! Esta vez fui yo el que grité. Pero; !!!QUE HAGO!!!. Antonio, con aire de complicidad, arrimando su boca a mi oreja; deslizó estas palabras. “NO – LOS – Prendas – Jamás”
Mi vida ha cambiado desde entonces. Mi casa vive en una perenne oscuridad. Nuestras conversaciones solo se refieren a lo bondadoso que es el régimen. Nuestros hijos los enviamos a vivir con sus tíos para evitar alguna metida de pata. Nuestra vida se va en mirar el techo; hacia donde están los bombillos. Nos vestimos y desvestimos en un tinglado que esta anexo a la casa. Mi mujer tiene terror que la observen desnuda por los bombillos porque. “Estoy muy gorda; parezco una vaca” dice. Ahora nos bañamos vestidos. Ya desarrollamos una especie de tic, porque constantemente miramos al techo. Dejamos de hacer el amor porque uno de los goces de mi mujer era observar – a la luz de los bombillos - “lo bien dotado” que estaba por la naturaleza. Aunque ustedes no lo crean, nuestra casa se la pasa llena de gente que recita, canta y entona loas y ditirambos al régimen, mirando a los bombillos.
He pensado, seriamente, en vender la casa. Sin embargo, solo me detiene el pensar que: ¿en qué otra casa voy a pagar cinco mil Bs. ( 5000) de luz?
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Internet (2) |
| Por: Pablo Arapé A. |
30-01-07
Pues, si. Les decía (en la anterior entrega) que facilitaría un ejemplo de “cadena” para las personas que quieran lanzarse al proceloso mundo de “Creador de cadenas” sin tener experiencia. Sin más, vámonos de ejemplo: Amigos (as) me encontraba abatido por la derrota de de Rosales, cuando me llegó esta cadena que cambio para siempre mi vida: ante el triunfo apocalíptico de Chávez, solo nos queda irnos del país. Un lugar en el imperio sería lo más adecuado. Pero para los que no tengan recursos económicos para huir solo queda templar el espíritu de resistencia; para este fin debes realizar estos ejercicios: antes de acostarse y al levantarse de la cama, repetir ochocientas veces (800) ¡Dios mió! – my God - ¿Qué nos pasó en las elecciones? Con esta sencilla rogativa fortalecerás el alma. 2) debes correr y buscar a la persona que te inscribió en el programa de la “negra” para suplicarle y, hasta amenazarle, si no te borra del registro. Dile que tú siempre has sido racista y no quieres nada con negros y menos con negras. Puedes añadir que algún hijo de perra te dio burundanga, para anularte la voluntad, y que te envió a inscribirte en…”La negra”. Con este ejercicio conseguirás potenciar tus habilidades histriónicas que te harán mucha falta si no consigues que te borren de esa lista “negra”. 3) Para terminar; le donaras a los pobres toda las horribles franelas y camisas de color azul y blanco que compraste; procurando remplazarlas por franelas y camisas de color “rojo, rojito”. Estos consejos te traerán sana paz pero para conseguir que Chávez se marche en el 2012 (o que Rosales llegue) tienes que enviarle esta cadena a diez (10) o quince (15) personas para continuar la mesma. Recuerda; la cadena no debe romperse. Si eres hijo de mala madre y haces caso omiso de esta cadena; rompiendo la misma; tendrás que atenerte a las consecuencias. Fíjate lo que le paso a varias personas que ignoraron el poder de la cadena: A Gerardo Castillo lo pusieron preso los militares del plan republica porque – el día de las elecciones - no mostró la cedula sino “la negra” A Fortunato Hernández (anti Chavista) todos los días, Guillermo Meléndez (Chavista), le saca la lengua y le dice: “lero, lero, rojita, rojita”. Si no quieres sufrir estos tormentos del averno…NO ROMPAS LA CADENA.
Existen otro tipo de
personas que colonizan la red y son los que para este estudio yo he llamado
“Los pornógrafos” Por cada “seráfico” hay cien millones (100000000) de
pornógrafos. Los correos pornográficos conllevan una curiosa consecuencia.
Nadie; pero nadie, se arrecha porque le manden un correo de estos; cosa que si
sucede con los correos “seráficos” y “cadenas”. Estos personajes (pornógrafos
y pornógrafas) son muy peculiares, pues invariablemente cumplen con estas
reglas: 1) envían pornografía a casi todo el mundo con el intrigante resultado
que estos correos son re – enviados a otras personas sin exigirlo, ni estar
amedrentando con terribles castigos como en las cadenas. 2) los correos
pornógrafos son clasificados con equis (x) según una escala particular de la
retorcida mente que envía el mensaje. Una “x” clasifica como mensaje “light”.
Dos “x” clasifica como excelente. Tres “x” clasifica el mensaje como lo máximo
y si estuviese permitido clasificar con colores, los triple “x” se conocerían
como “rojito; rojito”. 3) No contento con las imágenes que envía y de
clasificarlos con “x” – el pornógrafo – se da a la tarea de comentar el
material y añade antes de las “x” su libidinosa opinión, ejemplo: ¡muy bueno!
“x”. ¡Qué mamacita tan rica! “xx” ¿!como le quedaría el ojo?! “xxx”.Esta
perversa manía de clasificar los correos pornográficos les ha traído fama a
varios personas; pues son reconocidos – en el circuito porno – como verdaderos
conocedores y sus correos están considerados como “bocati di cardinale”
A continuación yo debería, como en las cadenas, dar un ejemplo de cómo se hace
un correo pornográfico; pero debo confesar mi ignorancia en la materia. Jamás
he recibido, y yo nunca he enviado un correo de tales características; por lo
cual, les debo el ejemplo.
“Seráficos” y
“pornográficos” son una plaga pues te envían su material sin que lo
solicites. Y si les dice que basta ya… Te envían el doble. Sin embargo, la
red es un sitio democrático y relajante; además: la vida seria muy triste sin
los “seráficos” y “pornógrafos” ¿no lo creen ustedes así?
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Internet (1) |
|
Por: Pablo Arapé A. |
19-01-07
Pues, si. A pesar que soy de la edad de piedra, tengo mi correo electrónico y de vez en cuando y de cuando en vez; navego por la “red”. Créanme; no deja de causarme asombro el invento llamado Internet. Me imagino en la Carora de los 70 con un recurso como ese. Que de cosas no hubiese hecho. Pero sigamos en el presente. Como persona que no termina de habituarse a Internet, la miro y admiro con respeto y fascinación. Y también con curiosidad. Como toda moda, invento o novedad, la “red” fue y esta colonizada por un variopinto grupo de personas. En Internet podemos encontrar lo más sublime acompañado de lo más pedestre y ordinario. Es muy rica y variada la fauna que puebla la “autopista de la información” sin embargo – hoy – solo me referiré a dos especimenes que pululan en el ciber espacio.
Para empezar debo aclarar que no pertenezco a ninguno de los
dos. Y si digo mentiras; que me salga el diablo Bush acompañado de su peculiar
olor a azufre. Aclarado el punto; continuemos: Para los cínicos, el primer
grupo podría clasificarse como santurrones o beatos. Pero como esta es una
investigación seria le daremos el nombre de Seráficos. Los seráficos son un
grupo numeroso. De quien menos pensamos resulta que es un seráfico. Este grupo
se especializa en enviar correos que tienen como tema a Dios, la amistad o
algún derivado (cadena) Es imposible leer alguno de estos correos sin sentirse
tocado por la gracia divina. Los e mail que envían los seráficos son
verdaderas obras de arte en su presentación. Algunas exquisitas, que a no
dudarlo, serán consideradas con el pasar del tiempo, verdaderas joyas
visuales. A pesar de su complejidad, no es tan difícil elaborar un correo
seráfico. Siga mi consejo: escoja imágenes del amanecer o el atardecer, pero
ojo, estos paisajes deben tener grandes nubes BLANCAS en formaciones llamadas
cúmulos. No creo que usted sea tan entupido como para poner nubes negras,
cargados de tormentas, granizo o nieve para referirse a la amistad, la
hermandad del hombre, el amor o la religión (la que sea) Estos cúmulos deben
ser el centro de un paisaje marino – no equivocarse – !!!PAISAJE MARINO!!!
Jamás será un paisaje terrestre o lunar. ¿Por qué? ni idea. Confórmese con
saber que será un paisaje… marino. Algunos tienen una delgada franja de tierra
con una solitaria palma o cocotero. Este paisaje será usado para abrir o
cerrar el mensaje. La siguiente imagen debe sustentarse con figuras de niños
Ningún mensaje que se respete tendrá valor si no esta acompañado de caras de
niños. Los rostros de infantes deben exhibir radiantes sonrisas. Si son de
bebés… mejor. Yo creo que estas imágenes se originan en el imperio porque
nunca he visto, en estos mensajes, niñitos negros; mestizos; mulatos;
cuarterones; zambos; tres cuartos o cualquiera variante del color oscuro. Pero
continuemos: seria imperdonable si no añadiera cachorros de perros con ojos
grandes. Inclusive de león. Pero jamás de los jamases se le ocurra el tercer mundismo de insertar un cachorro de pantera (recuerde que lo oscuro está
execrado).
Esta permitido las figura de ancianos. Una pareja. O un grupo de
ancianas, pero nunca de ancianos (hombres) solos. Jamás he entendido el
porque de esta segregación. Animado por conocer el origen de la misma,
contacte a mi amigo el sociólogo Nelson Fréitez, ávido de razón. Nelson –
amablemente – me refirió una complicadísima explicación que el
inmediatamente, al contemplar mi cara de idiota, dio por descontado que no
había entendido nada. Seguidamente, en un tono mas pedagógico, inquirió si
recordaba la canción que habla de un caimán que se va para Barranquilla,
comiendo pan untado con mantequilla. Yo jamás escuche tal canción y, en
verdad, me parece absurdo ese estribillo de un caimán comiendo pan untado de
mantequilla. Para no torcerle la buena voluntad a Nelson, le dije que sí
conocía la canción. Seguidamente, con cara de malicia, refirió que la canción
tenía otras estrofas donde una “vieja y un viejito” eran “protagonistas” y más
aún el viejito y que por “esa” razón no se ponían a viejitos solos. Por la
expresión maliciosa de Nelson, deduje que debe existir algo de inmoral o
libidinoso en la conducta del “viejito” de la canción. Por si las dudas… no
pongan ningún viejito solo, y menos, caimanes – que se van para Barraquilla -
comiendo pan untado con mantequilla
Concluido lo de las imágenes viene la parte más peliaguda: el mensaje. Cualquiera escoge imágenes, le da un cierto orden y le añade efectos de “cortina” “barrido” “disolvencias” “encadenados” y muchos otros. Pero el texto es harina de otro costal. El mensaje escrito no puede desmerecer a las imágenes artísticas. Yo no me considero ”facurto” para dictarles un texto. Lo que puedo hacer es aconsejarle sobre el contenido. Si el tema trata sobre el amor y desprendimiento de la madre - es obvio - que todo ditirambo será poco. No importa si su madre (la de usted) lo abandono en un pote de basura cuando tenia un día de nacido. Usted debe ensalzar el espíritu de sacrificio de la madre. Si su madre (la de usted) consideraba que la botella estaba por delante de sus hijos; entonces, es su deber glorificar la templanza y continencia de las madres. Si sus amigos son una cuerda de borrachos licenciosos impenitentes, escorias de la humanidad, usted debe cantar a la amistad como regalo de Dios donde se unen el sacrificio desinteresado con la bienaventuranza. Si su padre (el de usted) huyo de la casa, cuando todos estaban pequeños, por la mesonera del bar de la esquina; es su deber, entonar cánticos por el amor paternal, como ejemplo de rectitud moral.
Estos seráficos, quieran o no, terminan enviando lo que es el terror de todos en la red… las “cadenas” .Estas “cadenas” son la versión moderna del infierno. En esta modalidad (la cadena) descubrimos la faz perversa del seráfico. La cadena es mucho más parca. No tiene hermosos paisajes ni citas rimbombantes. Es un relato sencillo; despojado de toda pretensión literaria; donde el narrador (seráfico) nos relata un echo extraordinario que el realizo – y por lo cual - fue bendecido con premios y dones generalmente en metálico. El seráfico te brinda la oportunidad de que tu compartas esta dicha si le envías la misma misiva a diez (10) quince (15) o más personas. Pero aquí viene lo siniestro del caso. La cadena viene acompañada de una serie de terribles castigos para quien no la continúe Aquí es donde está lo perverso. ¿Por qué el seráfico si es nuestro amigo o amiga, nos amenaza con semejantes plagas? ¿Qué arrastra al seráfico a pasar de mansa oveja a terrible león? ¿Si esta cadena significa el éxito inmediato; porque aterrorizar con castigos tan horripilantes como éstos?: Chávez hasta el 2030; los discursos de Rosales; recapturaran a Ortega en… otro bingo; desaparecerán el “oso” y la “catira”; si no continuamos la cadena. ¿Porqué amenazarnos? Misterios de los misterios. Nadie lo sabe. Y si se le pregunta a un seráfico… te miran como si uno fuese un miserable coleóptero y asumen un silencio glacial.
Pero no todo puede ser teoría. Sin ser un conocedor en la materia, me atreveré a darles un ejemplo – de mi propia inspiración – para graficar lo que digo y también, para ayudar a algún neo – seráfico que desea dejar su impronta en la red. Sin embargo; el ejemplo, será para la próxima semana pues en este momento debo enviar treinta (30) cadenas con carácter de urgencia. Chau…
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Nuevo |
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Por: Pablo Arapé A. |
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03-01-2007
Pues si. Es indudable que la modernidad hace
más llevadera la vida. Para prueba de esto esta un ejemplo entre muchos: el
celular (o teléfono móvil, como dicen los españoles) Después de la Biblia este
es el mejor invento: cómodo, eficiente, barato y moderno. Sin embargo, como
todo lo fabricado por el hombre… no es perfecto. El celular, pese a su
pretendida inocencia, es el culpable de mis desgracias.
Con motivo de la inminente llegada del fin de año, me apreste, como todo el mundo, a manifestar los deseos de rigor de año nuevo. Desechadas por obsoletas las tarjetas de navidad y obviado Internet por un ataque agudo de pereza; elegí el celular como vía para manifestar mis buenos deseos. Sin embargo, en un arrebato de pedantería, no quise enviar los insípidos e insulsos mensajes tradicionales. Debería ser algo preciso, conciso y breve. Después de mucho meditar… parió el cerebro: QUE DISFRUTES TU AÑO NUEVO; MUCHO MAS QUE EL ANTERIOR. Estaba perfecto. Era lo suficiente ambiguo como para satisfacer a todo el mundo. Si el año anterior fue malo; la fórmula “mucho más”, dejaba en claro el deseo de mejoría. Y si había sido bueno pues; tanto mejor. Lleno de complacencia por mi agudo ingenio; envié los mensajes.
El primer indicio de que
algo andaba mal surgió cuando no recibí, los respectivos buenos deseos de
vuelta a mis mensajes. Intrigado contacté a mi amiga Zulma Bermúdez, en
Valencia, quien solo dijo “estúpido” y cortó la comunicación. Dilcia
Betancourt, en Miranda, ni se dignó a hablar; solo apagó el celular. Alarmado
intenté con mis amigos: Gerardo Castillo amenazó con pisarme un pie. Fortunato
Hernández juró que dedicaría dos horas de su programa de radio a hablar mal de
mi. José Rafael (Lerú) Silva prometió anular todas las pólizas de seguro que
tenia con él. Franklin Piña me quitó el saludo. Dilcia Álvarez de Castillo
prohibió que se me vendiese ricota. Luís Arispe me ofreció trabajo en uno de
sus parque de diversiones. “Lula” Alvarado deseo que me ahorcaran pero por
las partes púdicas. Mauricio Zapata amenazó con probar en mi la carabina 30 30
que le trajo el niño. Desesperado ante tanto odio contacté con Nelson Freites
de quien no había recibido amenazas. Nelson se apiadó de mí y seguidamente,
mirándome como si fuese un protozoo, pasó a explicarme.
– Pablo; siempre te lo he dicho: cuando quieras valerte de cualquiera de los
inventos modernos; busca la ayuda de tu nieto de cuatro años que es mas listo
que tú.
No sin cierta molestia pregunté:
– Pero Nelson, ¿qué fue lo malo que hice? La mirada de piedad se acentuó y,
seguidamente explicó.
– Por cosas del imperio – que tu no entenderías – la decimoséptima letra del
alfabeto pierde la nubecita esa que tiene arriba con forma de ese acostada y
de ser Ñ; pasa a ser N. Horrorizado comprendí la gravedad de mi error. “Que
disfrutes tu “ANO ” nuevo, mucho mas que el anterior. Demudado; lívido;
desencajado y angustiado desee que me tragara la tierra. Pero no tanto por la
perdida de mis amigos y amigas; sino porque el mensaje también se lo había
enviado al…cura Betote!
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Navidad |
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Por: Pablo Arapé A. |
30-12-06
Pues si;
salí de Carora un día de navidad hace 20 años. Tenia que
hacerlo. No podía lograr nada allí. Mi ambición me arrastraba a probar fortuna
en otros países. Ahora lo he logrado todo: Fama; riquezas; honores. Me he
realizado. Sin embargo – en fechas como esta – una pregunta se vuelve
recurrente. ¿Qué sucedería con mi mujer y con los tres hijos que deje atrás?
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Pues si; en fechas como esta; una pregunta se vuelve recurrente. ¿Qué sucedería con aquella basura que me abandonó a mi y mis tres hijos en una fecha como ésta? Aunque después desecho el pensamiento. Gracias a aquello me vi forzada a sobrevivir. Luché con la vida – a brazo partido - y hoy; 20 años después, puedo decir con orgullo que mis hijos y yo triunfamos ante la adversidad
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Pues si; todo es alegría y felicidad como debe ser en una fecha como esta. Una buena cena de navidad. Mi esposa los niños y yo, estrenando ropa. El árbol colmado de regalos. Los abuelos y mis suegros sentados a la mesa. ¿Qué más puedo pedir? Cuando estemos cenando, en mi pensamiento, daré gracias al altísimo por permitir que todo se diese como lo planee. Sin tiros. Sin derramamiento de sangre. Sin victimas. Y – muy importante – un buen botín. Todo un clásico asalto a un banco. Cuando sean las doce saldré a la calle y gritaré ¡FELIZ NAVIDAD!
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Nulo |
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Por: Pablo Arapé A. |
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20-12-06
Pues,
si: café, aceite, huevos, azúcar, leche, mantequilla, carne,
pescado, arroz, mortadela, harina, pastillas para la tos, el dolor de cabeza,
la diarrea, malestar estomacal, aspirinas, papel sanitario, espagueti, queso,
salsa de tomate, atún, sardinas y un largo etc. mas. ¿Vacaciones; guerra
civil; deslaves; terremotos; huracanes o la furia de la naturaleza? Pues… no.
Algo más sencillo pero quizás más devastador. “Elecciones 2006 en Venezuela”.
Si. No pongan esa cara de asombro y escepticismo. Lo que en otras partes es un
sano ejercicio de civismo, sin ningún aspaviento, es acá una verdadera
ordalía. Con mucha pena debo admitir que mi nevera se llena cada seis (6)
años; en tiempo de elecciones Y es que la mitad de los Venezolanos pensamos
que la otra mitad saldrá a asesinarnos si no les favorecen los resultados.
Demás esta decir que esa otra mitad teme que seamos nosotros los que salgamos
a asesinarlos por las mismas causas. Pienso que todo esto es una conspiración
de la laboriosa comunidad china que echa a rodar la “bola” para tener pingues
ganancias en sus supermercados. Sin embargo, estas compras, las estoy haciendo
un día después de las elecciones y todo gracias a mi enorme bocota. Les cuento
antes de morir. Luego de los resultados, la calle Carabobo – donde vivo – se
llenó de gente jubilosa por el triunfo y, en la otra cara de la moneda, por
gente apesadumbrada y triste por la derrota electoral. Debo advertirles que
estoy hablando de pacificas familias; honestos y laboriosos trabajadores.
Personas que siempre han vivido allí, con 20 0 30 años de residencia y tal vez
más. Sin embargo el clima era tenso. Por un lado; felicidad extrema. Por el
otro; resentimiento y rabia. Yo intuía que cualquier cosa rompería el
delicado velo de la convivencia pacífica. Y así fue. De repente; no se sabe
quien; hombre o mujer aulló:
– ¡Fraude!
Seguidamente, sin mediar palabra, se desató una feroz batalla campal. Yo no
podía limitarme a ver, de brazos cruzados, semejante horror. Como pude y
exponiendo mi integridad física llegué al centro de la contienda y en un
esfuerzo sobrehumano grité:
– ¡Basta, ya!
No sé como pero por un instante dejaron de combatir.
– ¡No les da vergüenza! les grité.
– Mírense, ¡parecen cavernícolas! ¿Acaso estamos en Irak? ¿O dios nos castigo y nos envió a Afganistán? ¿Acaso somos servios y croatas?
Ante mis palabras hombres, mujeres y niños dejaron de combatir. Ancianos y ancianas; primos, hermanos, cuñados, suegros, yernos, nueras; abuelos y abuelas se miraron a los ojos con vergüenza bajando los brazos en actitud de rendición. Entendí que ya los tenia en la olla (como se dice vulgarmente) Con eso seria suficiente para imponer la paz. Pero el que nace para martillo del cielo le llueven los clavos. No contento con haber detenido la batalla campal quise cerrar con broche de oro mi hazaña cuando la soberbia me cegó.
– ¿Acaso ustedes me han visto repartiendo golpes? Les lancé en cara lleno de estúpida fatuidad.
– Yo también ejercí el sagrado derecho del voto y no me caigo a piedra con nadie porque gané o perdí. Ya estaba listo. La masa (mis vecinos) estaban apunto de llorar. Pronto se abrazarían pidiéndose perdón unos a otros cuando una voz – que debió ser la del Diablo (Bush), preguntó.
– Y usted señor Pablo, ¿por quién votó? La pregunta era una trampa mortal, pero ya obnubilado por mi papel de héroe y henchido de estúpida vanidad, contesté – automáticamente – y sin pensar:
–Yo voté nulo.
Todavía no recuerdo bien los acontecimientos, pero creo que fueron como les narrare a continuación; sin embargo, me permitiré un ejercicio pedagógico. El voto nulo es una conquista de muy reciente data. En 1925 Otto Friedich y Caspar Runge fueron masacrados en Alemania por una multitud enfurecida ante su pedido al parlamento alemán de instaurar el voto nulo en las elecciones. Necmetin Ciller en Turquía purgo condena de 20 años por abogar por el voto nulo como expresión de opinión democrática. Aquí en Venezuela se puede estar con Dios o con el Diablo o con ambos a la vez pero jamás en medio. Y como esta la situación yo seré el primer mártir por ejercer el derecho… corrijo: por proclamarlo. Pero sigamos: Como en la fabula del gallo y el zorro, había cerrado los ojos (para saborear el supuesto triunfo moral) cuando contesté: “yo voté nulo” Enseguida se hizo un silencio mortal. Todos los cobardes tenemos un séptimo, octavo y noveno sentido que nos advierte del peligro. Inmediatamente todos ellos accionaron las luces rojas que indican la proximidad del desastre. En mi prepotente actitud, había violado el primer mandamiento del voto nulo: “jamás decir que se voto nulo” Lleno de estulticia olvidé el segundo mandamiento “si es del gobierno, quien pregunta, decirle que se voto por esa opción y si es de oposición igual” en ese momento abrí mis ojos. Los vecinos que segundos antes hubiesen dado su vida por mi, ahora… querían arrebatármela. Todos me miraban de una forma brutal. Rápidamente comprendí que necesitaba tiempo para poder zafarme de tan incomoda situación. Mientras retrocedía les hablaba: “El voto nulo es de sociedades civilizadas” Una voz salió de la compacta masa:
– ¿Es que acaso no le gustaba mi comandante?
– No se trata de eso - alegué.
– Se trata de un derecho que no emite opinión a favor o en contra de algún candidato.
Seguí retrocediendo intentando escapar. De la masa una voz o casi chillido de mujer me espetó:
– ¿Acaso es racista; tiene algo contra la negra? “El voto nulo está por encima de prejuicios sociales o raciales- grité.
Pero nada los pararía. Ya no eran los pacíficos vecinos de la calle Carabobo que saludaban y compartían todo entre si. Ahora solo eran una turba que no podía ni quería razonar. Ya tenía la espalda contra la reja de mi casa. Imposible retroceder mas. El final se acercaba. En ese instante les grité, señalando a otro lado.
– ¡¡¡Allá va; ése es el culpable!!!
La masa enardecida, como un solo hombre, volteó a mirar; instante que aproveche para saltar la verja de mi casa; abrir la puerta y cerrarla detrás de mí. La multitud se abalanzó contra la puerta y la hubiesen derribado sino fuese por que alguien llegó corriendo anunciando que el Presidente se dirigiría a la Nación. La poblada se dispersó en busca de sus casas; momento que aproveche para salir y efectuar compras nerviosísimas, convocar al ejército, marina y aviación; bloquear puertas y ventanas, llamar por teléfono a mis amistades y familia para despedirme porque no lo duden; ellos volverán. Y ahora los dejo. Debo seguir inventariando a ver si no olvide nada: sopa de sobre, enlatados, refrescos, pilas para la linterna, revistas, planta a gasolina…
| En memoria de José A. Delgado |
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Rutina |
|
Por: Pablo Arapé A. |
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07-12-06
Pues, si: Viajé a
la India y luego al Tibet,
como los Beatles, en busca de la felicidad. En el Tibet todos se referían al
santón: Wcoelo Asmolgamez, como poseedor de la verdad y de la suprema
sabiduría. Antes de continuar, déjenme aclarar, detesto subir montañas.
Jamás me gustó. Pero como suele suceder, siempre tengo alguna montaña monte o
montículo que escalar en mi aburrida vida. Cuando fui “boy scout” - bajo la
guía de el padre Juan B Pérez Altuna -, invariablemente nos toco escalar el
cerro que estaba al pie de nuestro campamento. Todos mis compañeros lo
disfrutaban y gozaban una y parte de otra. Yo, en cambio, lo hacia con
arrechera; maldiciendo todo el camino tanto de subida como de bajada. Esta
explicación es para que entiendan lo que sucedió a continuación. Cuando
pregunté donde ubicar al santón sentí temor. Imagine que la respuesta lo
situaría en una montaña inaccesible. Y lo más probable – con mi buena suerte –
es que fuera en los Himalayas. Con un hilo de voz pregunté:
– ¿Dónde puedo encontrar al santón?
– En Nancha Barwa; la montaña – fue la respuesta.
Sonreí aliviado. No era el Everest de 8000 MT de altura. Lo que desconocía es
que el pico Nancha Barwa media 7756Mt. Había caminado descalzo desde Carora
al Tibet (el techo del mundo) en busca de la felicidad y no podía echarme
atrás. Yo no “arrugaría”. Armado de valor y echando sapos y culebras empecé a
escalar. A medida que ascendía pensaba: ¿Por qué todos estos santones; gurús;
yoguis, se encuentran en sitios inaccesibles; minados de precipicios; poblados
de alimañas; a temperaturas extremas? ¿Por qué – piénsenlo bien – no pueden
ejercer sus funciones desde un centro comercial o “MALL” como decimos ahora?
¿Es que acaso la sabiduría no sería igual? Seguía pensando en esto cuando,
inadvertidamente, pise mal y caí montaña abajo como unos 1500 mts. Después que
terminé de sacarme del cuerpo todas las tunas que arrastre en mi caída, retomé
la subida, pero esta vez con la firme intención de matar al santón en cuanto
lo tuviese enfrente. Luego de 24 horas consecutivas de escalar llegué a la
boca de una cueva. El olor que partía de allí era nauseabundo. Cuando intenté
retirarme del sitio, ¡¡escuché una voz en mi interior que me conminaba!!
– ¡DETENTE, INSENSATO, ENTRA Y AGUARDA! –
Mansamente, como un corderito, obedecí el mandato que se proyectaba en mi
interior. Lentamente fui acostumbrando mi vista a la oscuridad y mi olfato a
la inmundicia A trescientos metros de la entrada- entre penumbras-, se
encontraba lo que parecía un anciano envuelto en unas mantas antiquísimas. El
sujeto parecía una momia y olía como si el proceso momificatorio hubiese
fallado. Enseguida entendí: !! Era el santón!!.. Debía de tener décadas en ese
lugar. Acá debo detenerme para explicarles que solo hay una cosa que me da más
arrechera que subir picos, montañas, o colinas y es….esperar. Armado de
paciencia, y en cuclillas me dispuse a esperar a que el santón le diera la
gana de hablar. Seis meses después (ya los dos olíamos igual) percibí un leve
mover de labios en el santón. Me apresuré a acercarme - sin embargo - seis
meses en cuclillas; solo me permitieron arrastrarme hasta el iluminado. Sus
labios se movían mascullando algo ininteligible. Su murmullo era rítmico y
acompasado. Yo pugnaba por oír. ¡Al fin entendí! ¡RUTINA, RUTINA, RUTINA!
salmodiada con monótono sonsonete. Súbitamente, puso sus ojos en blanco y;
volvió al inmovilismo de siempre. Preso de inenarrable angustia salí de la
cueva. Sentía el suicida impulso de lanzarme de la cima del Nancha Barwa.
¿Había caminado desde Carora, todo el globo terráqueo solo para escuchar
decir?! RUTINA, RUTINA, RUTINA!? Eso lo pude decir yo de mi trabajo o de mi
vida, sin dar un paso fuera de mi casa. Empecé el descenso envuelto en tres
arrecheras: Pensar en todo el tiempo que había esperado; la frustración de la
respuesta y ahora…el bajar A medida que descendía crecía mi furor. Para
completar, volví a tropezar con la misma piedra y, nuevamente, rodé los mismos
1500mt. De nuevo estaba “desentunándome” cuando me sorprendí salmodiando las
palabras del santón: “RUTINA RUTINA RUTINA”. De manera fluida los pensamientos
se agolpaban en mi masa cerebral. Cavilaba de esta forma: cuándo somos
sorprendidos en la cama con otra mujer. Cuándo el jefe – furtivamente – se
sitúa a nuestras espalda en el preciso instante en que hablamos (mal) de el
Cuándo - bajo los efectos del alcohol - embestimos otro vehiculo. Cuando de
una u otra forma nos vemos involucrados en acontecimientos vergonzosos… ¿Qué
pensamos? Primero deseamos que el tiempo de marcha atrás para evitar la tan
enojosa situación. Y luego que el “vaporón” pase pronto y todo vuelva a ser –
en lo posible -.como antes. E allí la clave del asunto. “QUE TODO VUELVA A
LA NORMALIDAD”. O sea ¡La rutina! Ansiamos; deseamos; anhelamos; aspiramos;
ilusionamos estar inmersos en el estado de gracia anterior al espantoso
suceso que descarrilo nuestra apacible vida de su…!RUTINA! ¡Pues claro que si!
El santón tenía razón. La rutina es el sinónimo de la felicidad. Cuando
nuestra vida transcurre en un placido fluir. Cuando el tedio se apodera de
nuestra existencia y nos quejamos de que nada pasa; ¡Es que somos felices!
Pero no lo sabemos. Solo el acontecimiento que quiebra nuestra monotonía
bastaría para obligarnos a reflexionar sobre nuestra continua felicidad. El
santón era feliz en su inaccesible soledad. Su vida transcurría en absoluta
paz; día tras día. Yo también era feliz, en mi caroreñísima y soporífera vida.
Con prisa termine
de sacarme las tunas. Di una última mirada a la cima del Nancha Barwa y
musitando un estribillo inicie mi regreso a Carora. ¿Quieren saber que
musitaba?...
– ¡RUTINA RUTINA RUTINA!
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Chinchorro |
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Por: Pablo Arapé A. |
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15-10-06
Pues,
si. Poseo un tremendo chinchorro. De los fabricado por Asnoldo Torres que vive
en la Bolívar por los lados del Káiser. Afuera, la temperatura debe estar en
los seiscientos (600º) grados. Toda Carora está en un proceso de fusión
calórico del cual – seguramente – nacerá un nuevo sol. Pero yo en mi
chinchorro: feliz. Esto me recuerda un viaje que realice con unas amigas de
Barquisimeto a Carora. Estaba sumido en mis pensamientos y mis amigas
parlaban hasta por los codos, cuando pasamos por Tintorero. La vista de unos
chinchorros que se exhibían allí propiciaron mi comentario (pensando en voz
alta) “nada como el chinchorro para hacer el amor” seguidamente volví al
mutismo anterior cavilando en otras cosas. Sin embargo, al rato, noté que algo
pasaba. Saliendo de mi ensimismamiento noté que el silencio en el vehiculo era
sepulcral. Mis cuatro amigas (la otra observaba por el retrovisor pues
manejaba) me miraban con curiosidad.
- ¿Qué pasa? Pregunté.
Solo recibí evasivas como respuesta. El viaje continuó con monotonía. Mis
amigas guardaban silencio. Sin embargo yo percibía una gran tensión en la
atmósfera. Sabía que algo pasaba. No era posible que cuatro mujeres en media
hora no cruzaran palabras. Unas me miraban, furtivamente, como si fuese un
extraño. Otras, escondían risitas nerviosas. Obstinado, pregunté:
- ¿Qué pasa; entupidas? (recuerden que eran amigas).
La que manejaba respondió:
- ¡Más estúpida será tu abuela!
Seguidamente otra terció:
- Eres muy gracioso ja, ja. Estuvo bueno eso de hacer el amor en un chinchorro
ja; ja.
Sin más comprendí. Las muy zánganas nunca – óigase bien – nunca lo habían echo
en un chinchorro y ahora las mataba la curiosidad. Poniendo cara de ofendido
les comuniqué que no les contaría nada si Araceli – la que me había sacado la
abuela – no se disculpaba. Lo que restaba de viaje fue un pandemonio. Todas le
rogaban a Araceli que me pidiera perdón y ella que no. Aunque se moría de la
curiosidad. Luego de pasar por Arenales, Araceli, se orilló, apagó el carro,
bajó, abrió mi puerta, me clavó las uñas en el brazo y me interrogó:
- ¿Hablaras? Yo respondí que olvidaría la ofensa y que accedería a contarle. A
continuación les pregunté si en verdad nunca lo habían echo en un chinchorro.
Ellas entre avergonzadas unas; ruborizadas otras; dijeron que nunca. El
chinchorro – para ellas - solo era una cosa molesta que había que estar
colgando y descolgando. Como supongo que ese será tu caso – amiga que me lees
– te daré algunas ideas de cómo convertir este objeto molesto y fastidioso en
un vehiculo de fantasía sexual.
Para comenzar: no existen reglas para tener sexo en un chinchorro. No puede ser de otro modo. El susodicho desafía la gravedad pues su (in) estabilidad descansa en dos ganchos empotrados en la pared. Nada que ver con la cama, mesa de comer, pared, potro, bañera o piso. Todo muy sólido y fijo. Pero a pesar de no existir reglas si hay formas y maneras de abordar la situación. Como primer consejo se debe tener en consideración que uno (hombre) debe ser el primero en introducirse al chinchorro. Esto nos lleva a un mandamiento que es inapelable: jamás; pero jamás; se debe intentar en chinchorro de nylon. Yo por miserable, tenía uno de nylon. Me estaba introduciendo en el – de frente – cuando perdí el apoyo con el piso y caí de forma frontal en el chinchorro. Demás esta decir que sufrí (en el miembro viril) múltiples excoriaciones, laceraciones y cortaduras debido a la excitación en que me encontraba en el momento.
Ya entendimos que el abordaje se debe realizar de espaldas, para el hombre. Solo existe una excepción y es cuando la mujer pesa cien kilos o más. Mi mujer tiene un “pequeño peso” de 150 kg. Entonces sería suicida entrar primero al chinchorro y exponerse a desaparecer del mundo de los vivos cuando semejante montaña de carne pretenda “montarse” en el chinchorro Ya subsanado estos detalles lo demás depende de su fantasía. Dentro de este mundo de ensueño se generan una serie de juegos y retozos que han pasado a ser – algunos – clásicos del chinchorro. Dentro de esto se encuentra el de: “Uh, ah, se va o no se va” Esta delicada fantasía, lamentablemente, no podemos realizarlas en casas como las nuestras: grandes y espaciosas Tiene que ser puesta en practica en apartamentos pequeños; donde los cuartos son de reducidas dimensiones y paredes cercanas. Consiste este divertimiento en que estando ambos dos unidos en firme abrazo sexual, su mujer o amante, saca ambas piernas fuera del chinchorro, una a la izquierda y otra a la derecha, y comienza a mecerse impulsándose con el pie izquierdo en una pared y luego el derecho en la otra pared. Lo que uno llama “talón y talón” Cada impulso va acompañado de voces que al unísono dicen “Uh, se va” cuando se impulsa en una pared y “Ah, no se va” en la otra pared. Como es comprensible, el ritmo se va incrementando y en el clímax, las piernas de tu mujer – o amante – formaran un ángulo rígido de 180 grados de pared a pared y, al final, no importa si se va o se queda pues igual se gozo una y parte de la otra.
Acerca del sexo en los chinchorros corren muchas historias y mitos. Cuentan que una pareja de ciegos mandó a fabricar un chinchorro bastante grande, por motivos obvios. Estando ambos dentro, aprestándose a comenzar su experiencia cuando de pronto, un movimiento telúrico de 7º en la escala, removió todo el sitio. Presa de la desesperación, la pareja, pugnaba por salir. Sin embargo, al ser un chinchorro extra grande, solo se envolvían y confundían más y más a medida que pasaban uno por encima del otro, luchando por ganar el piso. El remezón pasó y la pareja se tranquilizó, solo para advertir que habían quedado en una posición bastante curiosa. La pareja decidió explorar las posibilidades de esa unión y de allí salió – créanme o no – lo que hoy es conocido como el… 69