¡Otra vez... otra vez!... otra…

Susana Yépez de Álvarez

05-09-2010

Estas son las primeras elecciones desde que se coronó Chávez en el poder, en las que yo iba a trabajar… ¡por órdenes del gobierno!  Me dio un ataque de risa de esos que me dan cuando estoy exhausta, que termino  llorando, cuando mi comadre Rebeca Curiel me dio las noticias.  Recordé lo que era ser parte de algo verdaderamente importante y trascendental.

 

Han sido tantas las veces que he trabajado como voluntaria, tantas las charlas que me calé para poder tener la documentación que me permitiera defender los votos de la oposición, y ahora que, hasta me iban a pagar… algún día… NO ESTOY.  Me fui, y no fue precisamente para Choroni… ¡ah mundo!

 

Vivir en el Imperio tiene sus ventajas, como por ejemplo, trabajo, seguridad, abastecimiento, vialidad, excelentes escuelas públicas, pero si carece de verdaderos pe… ayúuus… de zaperocos, y para ser sincera a mí me encanta un p… zaperoco, y no existe un lugar en el mundo que esté mejor equipado en estos momentos para un buen pe…ayúuuuus… zaperoco, que mi país Venezuela.

 

Recuerdo con nostalgia de la buena, todas mis pasadas elecciones.  Las lágrimas, las risas, la desesperanza, la ilusión, la rabia, la valentía.

 

En mi escuela… todos, oposición y gobierno, nos tratamos con cariño y respeto, y el día se iba entre trabajo, cuentos y comida que nos traían los encargados del departamento de comida (¡quiero una arepa!). Siempre con los ojos bien abiertos y pendientes… mosca.  Beatriz, Viviana, Carito, Eugenio, Jerry, Patricia, Rosángela… tantos.  Siempre llegaba la señora que prácticamente traía arrastrados a dos o tres ancianos que consiguió sabrá Dios donde para votar por ellos, siempre había uno que te sorprendía con su voto, y siempre se trababa una de las maquinas asustándonos los suficiente como para armar un pe… ayúuus… un zaperoco.

 

Ya terminando el día, había más movilidad y uno podía transitar entre las diferentes mesas y comparar vivencias mientras esperábamos los resultados de la lotería local que nos ordenaría abrir las cajas de dos de nuestras mesas.  Entonces… comenzaban a llegar los mensajes de texto.  “Ya ganamos”, “en Tucupita de los Altos de Petare no dejan cerrar las mesas aunque ya no llega nadie a votar.  Eso es que están buscando gente y llevándola obligada”, “la cuenta va 70/30”, “no. Es 80/20”, “no, es 40/50”, “Epa!,  que están celebrando en Caracas”, “Chávez se puso loco!”, “Inflaron el muñeco!”, “lo desinflaron!”, “Metieron preso a Diosdado Cabello”, “ganamos en Campanero”, “Cecil tiene diarrea”, “¡¡¿se cayó el puente de Maracaibo?!!”

 

Con el nivel adrenalítico listo para darle un infarto a cualquiera, yo, subía y bajaba las escaleras, mandaba, recibía, divulgaba y discutía los mensajes, fumaba, y cuando el estrés era demasiado, me iba a leer los mensajes que escribían las niñas en las puertas de los baños de la escuela, porque son demasiado ingeniosos.

 

Uno pensaría que salir de la Escuela significaba ir a tu casa, bañarte y descansar.  Lo más aparte. Por fin te podías pegar al televisor y ver los Avances (ayúuuus, eso era en RCTV…), Globovisión.  Yo prendía los dos televisores, el del cuarto y el de la cocina y así podía caminar con los controles en los bolsillos de atrás y los teléfonos en los bolsillos de adelante.

 

Un evento extremo en todo el sentido de la palabra para el venezolano que ama a su país, esté de mi lado o no.

 

Pega no ser parte de éste gran evento aunque me vine consciente.  Pelear por tu país y ser parte de gente tan maravillosa, de eventos únicos y originales, hace falta porque le dan un verdadero sentido a tu vida.  Te hacen valiente y consciente.

 

El 26 de septiembre estaré aquí. Puedo ver RCTV Internacional y a Juan Eleazar Figalo también.  No será lo mismo, pero no me lo pierdo por nada del mundo.

 

A mi escuela… y a todos los que trabajaran… de nuevo… por Venezuela… saludos  ¡Pendientes de un peo!... (¡ah nojombre!)  Me mandan los mensajes, que yo los divulgo y los discuto por aquí… ¡con mi papá!  

 

Buena suerte Venezuela… buena suerte. 

syepez@cantv.net




Eso es correcto

Susana Yépez de Álvarez

08-08-2010

Desde el día anterior a la llegada de las dos hijas que me faltaban para tener a mi cuarteto completo y junto a mí, comenzaron a llegarme los mensajes.  Una de las amigas de las niñas me confeso que tenia el corazón partido y que ya no le quedaban lagrimas.  Se que sus sentimientos son validos porque la conozco y la adoro… ni no podía hacer nada para aliviar su dolor.  Me había traído a dos de sus hermanas. Lo único que pude hacer… fue llorar con ella. 

          
Carla, el alma gemela de Carol, puso una foto en Internet donde salen despidiéndose las dos, abrazadas y llorando… y entonces… llore de nuevo. 

          
Otra amiga me escribió con tono irónico, un mensaje comunicándome “espero que estés satisfecha y feliz por tenerlas contigo” y otra, me dijo que lo mejor que he podido hacer es habérmelas traído.

          
Adriana Vázquez, les dedico un poema de Andrés Eloy Blanco que me hizo llorar de nuevo, porque se que ella siente por mis hijos, lo mismo que yo siento por los de ella.

          
El día que llegaban, un avión de los cuatro que tendrían que tomar para reunirse conmigo, se atraso y puso en peligro su llegada segura a mi, esa noche.  A lo mejor tendrían que dormir en Chicago y volar al día siguiente.

          
Apreté duro la medalla de San Judas Tadeo que traigo colgada del cuello, me monte en el carro y me dirigí a Madison, segura que ningún contratiempo lograría atrasar nuestro encuentro.  Al llegar al aeropuerto me dirigí a American Airlines y pregunte si lograron llegar al vuelo que las traería a casa, el señor averigua y me dice que si porque el vuelo de Chicago para Madison también se retraso.  Me pregunta de donde vienen ellas, y le digo Venezuela.  Que suerte la mía! Me toco un gringo chavista. 

          
Ya que tengo tiempo para pelear porque el vuelo esta atrasado, le digo que yo estoy sacando a mis hijas de una dictadura, y el muy pendejo me dice, que yo no se de lo que estoy hablando!!  Menos mal que el, detrás de una taquilla de American Airlines en Madison, Wisconsin, si sabe.  Que fastidio con estos gringos que creen que pueden opinar.

          
Me siento a esperar y me llaman por el altoparlante, corro, y ahora, otro señor, este, muy amable y simpático,  me dice que me va a llevar a un lugar para que espere mientras que el busca a mis hijas… el avión ya esta aterrizando.

          
Mientras esperaba, caminando de allá para acá y de acá para allá, escucho que alguien me dice “me imagino que estas esperando a estas señoritas”, y entonces, aparecen Carol y Eleana caminando detrás de el.  Por algunos segundos no deje pasar a los otros pasajeros en mi emoción por tan esperada reunión.

          
Yo veo a mis hijos, y veo a la criatura indefensa que parí.  La que cabía en una sola de mis manos y dependía de mi para sobrevivir.  Allí estaban dos de esas criaturas.  Se montaron en cuatro aviones y cruzaron el mundo para reunir a la familia,  para seguir andando juntos como Dios manda. 

          
Al llegar a la casa, mientras ellas conocían la casa junto a la alegría de Rebequita y Luis Fernando, yo me fumaba un cigarro con mi papa afuera.  El, muy sereno me dijo “ya están aquí.  Ya están a salvo”.  En ese momento recordé a mi tío Mario, a dos mujeres muy queridas por mi que vivieron el horror de un secuestro, recordé a sus familias, recordé tantas cosas…

          
Llámenme dramática, piensen que reacciono de manera exagerada, que soy fatalista.  En realidad no me importa.  Jamás sabre si mi instinto de madre fue acertado o no, al traerme a mis hijos sin esperar que lo peor ocurriese, pero mientras apagaba el cigarro para entrar a verlas de nuevo, con toda la certeza del mundo, le confirme a mi papa… “eso es correcto”…

 

(Nota: no consigo los acentos ni las n con los palitos arriba en esta computadora todavía.  Gracias por entender)

syepez@cantv.net




Promesas

Susana Yépez de Álvarez

01-07-2010
 

Cuando mis hijos nacieron, me hice la promesa de que ellos conocerían sus dos culturas.  Tenían alternativas en esta vida y yo trabajaría hasta la muerte para mostrarles que el mundo es grande, es interesante y es de ellos.

 

Fui afortunada.  Mi papá es de un lugar muy especial, Carora, y mi mamá de un lugar también extraordinario, Madison, Wisconsin.  Y aunque fue duro, aunque mis constantes mudanzas me dejaron escasa de verdaderos amigos  y el sentimiento de  insatisfacción que trae consigo el inconformismo de saber que siempre puede haber algo más, las ventajas de conocer bien estos dos lugares, hasta el día de hoy, forman mi esencia como persona de bien, que creo soy.

 

Dios, siempre a mi lado por alguna extraña razón, me ubicó en Carora a la hora de casarme, me entregó un buen hombre para que recorriera el camino conmigo y me bendijo con cuatro niños verdaderamente supremos, con ojos multicolores y almas profundas y buenas.  Mi razón se ser y estar.  Mi fuerza y mi meta… mis hijos.

 

Ellos se criaron en el lugar perfecto.  Estuvieron siempre rodeados de familia.  Sus amigos prácticamente nacieron con ellos y se convirtieron en mis hijos en el proceso.  Se formaron con principios tallados en el tiempo, educación moral y llena de amor del bueno. 

 

Carora y toda su gente me entregó a manos llenas el mundo perfecto para que ellos se formaran como personas seguras y felices, con vecinos pendientes, maestros, amigos, con primos y tíos permanentemente involucrados en su crianza.

 

Siempre, todos los días, estuve muy consciente de ésto, y siempre, todos los días, le agradecí a Dios tanta abundancia y amor.

 

En mi recorrido por el camino de la vida, poco a poco me fui percatando, que se acercaba el momento de tomar un giro… era necesario.  Ya, especialmente las niñas, estaban grandes y preparadas emocionalmente para continuar creciendo, mi hijo menor, necesitaba de ayuda especial que no podría brindarle donde estábamos y mi vida personal añoraba un desafío para poder sentirme útil y completa. 

 

La situación de incertidumbre y de inseguridad que reina en Venezuela, acompañada de la promesa que muchos años atrás me hice con respecto a las dos culturas, me dieron el empujón que necesitaba para dar ese giro, consciente que no solo involucraba mi vida, sino  la de todos los que amo.  Los que me traigo conmigo y los que dejo atrás… por los momentos.

 

Y todos los días, lejos de Carora, lugar que solo me brindó apoyo y amor, me siento en la nostalgia de la noche añorando tantas cosas buenas, porque sé y entiendo que dejé un mundo bueno y perfecto.

 

Cuando esté de nuevo por esas tierras podré ver hacia atrás y darme cuenta que valió la pena.  Carora vive en mí sin importar donde estoy y eso alivia mi ausencia física de tan maravilloso lugar.

 

Pronto tendré a mis hijas conmigo.  Y aunque en mi emoción, me la paso limpiando y trabajando para que no les falte nada, en mi alegría y alivio de poder ver mis sueños hechos realidad, también siento el gran dolor que causa el saber y entender el sacrificio que ellas hacen al dejar algo tan bueno atrás… para seguirme.

 

Confían en mí, y no titubeo en mi decisión. Río y lloro a la vez, porque, ésta es una experiencia verdaderamente agridulce.  Me tranquiliza saber que venimos de un pasado repleto de bendiciones y tenemos el privilegio de un futuro lleno de nuevos aprendizajes. 

 

Con el tiempo y la experiencia, es mi deseo, que ellos sean ciudadanos universales, preparados y felices.  Que se sientan a gusto aquí y allá. Que puedan sobrevivir y surgir donde sea, y que sepan que el mundo es grande, es interesante y… es de ellos.

 

No estamos diciendo adiós, eso es imposible.  Solo estamos diciendo hasta luego.  Siempre volveremos.  Todo va a salir bien.  Aquí las espero llena de esperanza, le doy de nuevo gracias a Dios por la oportunidad que me brinda, confiada en que si me está ayudando de nuevo… es por nuestro bien.  Hasta ahora, no se ha pelado…

      

Nos vemos pronto…

syepez@cantv.net




Que decepción Bob

Susana Yépez de Álvarez

11-07-2010

¿Se acuerdan de Bob?  El me aseguró que mi matrimonio era nulo porque era en español.  Me hizo ir a Madison, a 35 minutos de distancia en carro, a solucionar mi problema con mi tarjeta de seguridad social.  Madison.  Lugar donde, con mi papel firmado por el Perfecto Pérez, me cambiaron una tarjeta por otra. La nueva con el apellido que Bob necesitaba tener para poder darme mí licencia. 

        
Me pude haber quedado en Madison y sacarme la licencia en la gran ciudad, pero no, ya lo mío era personal. Yo quería que Bob me diera mi licencia de Wisconsin porque era mía por derecho… ¡carajo!

        
Tuve que esperar una semana para volver a verlo, porque aquel día no llegué a tiempo y en la provincia solo sacan licencias los jueves. 

        
La noche anterior a ese jueves, trabajé hasta tarde.  Estaba tan cansada que me bañé y me quede dormida con el pelo mojado.  A la mañana siguiente tenia un asombroso parecido a la “Pide Ñema”  y recordé lo brava que estoy con ella porque me robó una toalla de la ventana de mi casa… ¡malagradecida!

        
Les había prometido a Rebequita y a Luís que los llevaría a la piscina. Promesas de una madre azarada luego de un largo día de trabajo.  Había olvidado también, que era jueves.  Cuando caí en cuenta, la adrenalina comenzó a correr por mis venas “pónganse los trajes de baño” les anuncié mientras me agarraba una cola de caballo todo escuchurrada por mi melena de leona, “pero tenemos que parar un minuto a buscar mi licencia”

        
“¡¡¡OH nooo!!!... ¡por favor!... ¡¡please!!”, pero nada ni nadie me iba a detener en mi búsqueda por la justicia.  Los dos se bajaron bravos, pero se bajaron conmigo en la oficina de transporte y licenciación y allí… detrás de un mueble… estaba el enemigo.  Senté a los niños en la sala de espera y hago mi cola sin gente.  Me hace señas para que me acerque… llegó mi momento.

        
“Hola Bob.  ¿Te acuerdas de mí?  Tú me mandaste a casarme de nuevo, pero después de todo, no fue necesario.  Aquí tienes mi nueva tarjeta de seguridad social.  Ahora si puedo tener mi licencia”.

        
Bob me dice “OH… la lograste sacar… ajáaaa…pero es que faltan otras cosas”… “¡Vacié!... vas a creer?, tú no me habías dicho eso antes”, por alguna razón, esta declaración no me sorprendía en absoluto, solo reafirmo lo que en el fondo de mi corazón pensaba, pero no quería creer… Bob, no me quería dar la licencia por principio… los suyos, de él solito.

        
Me dice que todo tiene que estar en orden y patatín y patatán.  “Prueba de residencia” me exige, “¿Cómo por ejemplo? Le pregunto.  Saca una hoja ¡con una lista!

        
Rebequita y Luís Fernando ya están volteando los ojos por la frustración. Numero 1 en la lista, es el carnet de identificación de mi lugar de trabajo, y ¡bingo! Rebequita lo tiene guindando del cogote porque lo necesitábamos para entrar a la piscina. Corro y me devuelvo con el carnet, pero antes de entregárselo ya Bob me tenía una respuesta.  La respuesta era “no, no, no, nooo.  ¿Tú creías que iba a ser así de fácil?  Necesitamos la carta donde te ofrecen el empleo, estados de cuenta, facturas, etc.”

        
Comienzo a respirar y a contar hasta 10.  Camino hacia los niños, “no se muevan de aquí.  Ya vuelvo”, cuando escucharon mi tono de voz… ni protestaron.  Me monté en el carro.  Fui y volví, y en lo que entré de nuevo a la oficina, con mi cerro de papeles, Bob alzó los brazos, camino hacia una puerta, la abrió, y la tiró detrás de él… y ¿¿ahora??

 

Brad me sacó la licencia.  Le pregunté si podía sonreír en la foto y me dijo que yes.  La foto de mi licencia es un tremendo afro, (decidí quitarme la cola),  y el dientero pelao’.  Le dije a Brad que quería despedirme de Bob y me dice “entre y despídase… abra esa puerta. El está ahí”.

        
Con licencia en mano abro la puerta para conseguir a Bob sentado en una silla plástica con las manos sobre las piernas, derechito, mirando hacia la puerta que yo acababa de abrir.  “¿Bob?  ¡¡Mira!! ¡Mi licencia! ¡te la quería mostrar!”. “Que la disfrutes” me dijo.  Ni una sonrisa… “¿Vas a creer que no? ¡Por supuesto! Y te quería agradecer toda tu ayuda.  Fue interesante”.

        
Cerré la puerta.  Mire a mis hijos y les anuncié “vámonos para la piscina”.  Y fuimos, y ellos se bañaron y fueron felices.  Yo también lo fui.  Después de todo, había ganado.  Solo que el tener que reconocer, una vez más, que estamos rodeados por los cuatro costados de ignorancia, me dejó un sin sabor que no esperaba sentir.

        
Bob nunca sabrá, que yo soy tan americana como lo es él, que me crié con pastel de manzana, Pete Seeger y Bob Dylan y celebrando thanksgiving, igualito que él, solo que yo tengo la ventaja de que se adonde queda Venezuela y de hablar inglés y español, y además se hacer arepas (tomé el curso en Cetecla) y se bailar merengue… más o menos… y solo si es con Luís Oswaldo.

        
No te llevo… ¡pendejo!

syepez@cantv.net




Para Susana de Alfonso

Susana Yépez de Álvarez

04-07-2010

Querida Susana:

 

Te estoy escribiendo para contarte del tremendo vainón que me echaste cuando te fuiste. Yo quiero y amo a Odila, mi esposa flaca y bella, prácticamente desde que comencé a gatear, y por ella soy capaz de todo, pero ya yo no aguanto mas.  La recuerdo por la foto, porque desde que todo esto comenzó, que fue prácticamente desde que te fuiste, no la volví a ver más nunca.

          
Luis Oswaldo y Carol Cristina no han salido de una y resulta que a mi no me gustan ni los médicos, ni las medicinas, ni los doctores, ni las clínicas y muchísimo menos las ampolletas, los puntos, la sangre y los laboratorios que sacan sangre…y ahora no salgo de esos andares!!

          
Mientras que Luis Oswaldo se esta poniendo flaquito por la diverticu… algo así, no estoy seguro como se llama lo que tiene, yo engordo de la angustia que me ocasiona el estrés de tener que pegar la carrera con tu marido a Barquisimeto por la cosa esa que le dio que ni quiero saber como se llama, o de tener que mandar a Carol a Caracas para verla después con un casco en la cabeza echo de gasas por la operación del oído, que tampoco quiero saber como se llama.

          
Esto ha sido una calamidad tras otra.  Y otra cosa.  Odila y yo tuvimos dos hijos porque no queríamos cuatro.  Entonces tú nos encasquetas a Carol y a Eleana, y uno le agarra mas cariño a las cipotas y se acostumbra a tener la casa llena de gente.  Hasta deje de comer hervido porque las sifrinas esas se niegan a comer hervido, mi comida favorita, para que entonces tú decidas que ellas se van contigo.  Tan bonita tu! Ni lavas ni prestas la batea.  Y ahora que me quede con las ganas de tener más muchachos no puedo porque Odila y yo ya no estamos para esas cosas.  Ah si! pero si piensas dejarme a tu marido aquí por unos meses mas mientras sale de la diver… como se llame!... que lo tiene flaquiiito Susana! Y eso no es normal! Los hombres son grandes y gordos así como yo.

          
No señor! Protesto! Y Jesús Martín también protesta.  Y nuestra suegra te manda a decir que cuando te entrego a Luis Oswaldo fue sin derecho a devolución ni pataleo.  Siécara... Estará enfermo pero lo necio lo tiene intacto y sanito.  Pareciera que yo lo quiero más que tú… hasta pensé llevármelo para Sorte, porque no me gustan los médicos y esa gente de allá como que sabe mucho porque ese lugar se la pasa full de gente.  Todavía lo estoy pensando. Voy a llamar al loco de Cesar Álvarez a ver que opina.

          
Bueno.  Lo mas importante es que Eleana esta muy bien.  Y mas vale que este muy bien. Carajo! Que ni se le ocurra no estar bien.  Una vez le dio una moridera en una de las tantas crisis de Luis.  Una yeyera, pero creo que era emocional.  No creo que fue muy grave, porque ella se reía mientras que yo, arrodillado le rogaba que dejara la vaina, que no se enfermara por el amor de Dios Santísimo porque yo no lo iba a poder soportar.

          
Mi vida ha dado un giro de 360 grados.  Ahora hablo por teléfono con Jesús Martín por los menos una docena de veces al día.  No hablamos de camiones ni cosechas.  No.  Hablamos de Carol y de Luis Oswaldo.  Tengo como una semana que no veo a Odila.  Me hace falta mi mujer.  A buen vainon me echaste Susana.

          
El otro día me dio un dolor de tripas, creo porque me fui a comer un mondongo de panza en la Casa del Mondongo allá en la carretera.  Me escondí en el baño de atrás con un santo que tiene María Josefina en su sala a rezar y a pedirle que se me pasara rápido.  Esto ha sido una pesadilla y ahora estoy traumatizado.  Yo no me quiero morir!!

          
Me voy! Creo que llego mi mujer de Caracas!
 

          
Odila! Eres tu?!... Odi!!!  Yo te amo!! No me dejes más solo Odila. No me desampares Odi!

 

Posdata: Odi me dice que te diga gracias de su parte… ni idea porque… Chao. Saludos a Don Nano.

 

Atentamente,

 

Alfonso Montes de Oca

syepez@cantv.net




¡¡¡Bob!!!

Susana Yépez de Álvarez

25-06-2010

 

Nota: faltan signos de interrogación y muchos acentos, no se usar esta computadora todavía.  ¡Pero lo del Perfecto Gerardo Pérez NO tiene ningún error!

 

Ayer pude hacer muchas diligencias porque era mi día libre en el trabajo.


Resulta que aquí tampoco son los reyes de la eficiencia como yo pensaba.  Tarde dos semanas esperando una cama que compre.  Problemas con el camión que la tenía que traer. Ya estaba paranoica… “Carajo”, pensé, - me robaron. Quien se iba a imaginar que me iban a robar en Wisconsin.  Con el fulano Direct TV me paso lo mismo.  Ya mi papa se estaba hinchando por falta de Globovisión, una noche hasta le dio fiebre.  Parece ser que el verdadero paraíso es el que esta allá arriba…bonita vaina.

          
Ayer me instalaron el teléfono y el Internet.  Estas son cosas que puedes tener aquí si trabajas como un burro para pagarlas.  Te levantas, trabajas todo el día, llegas cansada a limpiar y cocinar, etc., tienes un tiempito antes de caer de platanazo del cansancio, así que te metes en Internet y llamas a tu hermano para recibir los “consejos” del día, para luego caer molida en la cama y al día siguiente salir a trabajar una vez más.  En realidad, cuando puedes disfrutar de estos lujos (TV, Internet, teléfono), por un rato, es lo máximo.

          
Con mi licencia del Estado de Florida, me dirigí al departamento de transporte y comunicación…ayúuu…de trasporte solamente.  Quería cambiar del estado de Florida al estado de Wisconsin… ¿parece fácil, verdad?

          
Como hace casi 18 años atrás, ante las autoridades norte americanas en la persona del personal (perdonen la redundancia) de la Embajada Americana en Caracas, yo, Susana Yépez, me cambie el apellido.  En los Estados Unidos hay un solo apellido y yo quería el mismo de mis hijos… Álvarez.  Las cosas que uno hace por amor…

          
Mi pasaporte americano y mi licencia del estado de Florida así lo reflejaban, un nombre raro, medio conocido pero no tanto estaba en la portada de los dos documentos junto a mi foto:  Susana Álvarez… siécara…

          
Entonces, en el pueblo donde ahora vivo, Dodgeville, Wisconsin, en la sucursal del Departamento de transporte y comunicación… ayúuuu…Bob, está sumamente confundido. Mi tarjeta de Seguridad Social (mi cédula pues), dice Susana Yépez.  “Si Bob, es porque esa es la misma tarjeta que tengo desde que nací y esa no se vence nunca”, le comunico muy despreocupada.  “Tienes que cambiarla para poder sacarte la licencia del Estado de Wisconsin”, ¡ay Dios! ¡¡Qué fastidio!!, ya me estoy frustrando, “bueno”, le digo, “okey, ¿qué tengo que hacer?”.  Esto es lo que tengo que hacer: Ir a Madison, el Barquisimeto de mi Carora, a la oficina de Seguridad Social con el acta de matrimonio… -STOP-… “en español, ¿verdad? Porque me casé en español”, y entonces Bob comienza a caminar de un lado a otro y me mira bien feo a la cara y me dice “¿What?!”, veee… “Bob! Obvio, me casé en Venezuela”, y entonces me vuelve a preguntar “¡¿why?!”, ahooora… “porque me enamoré allá, que quieres que te diga… no fue para hacerte pasar un mal día Bob”.  “¡Bueno!”, me declara, “eso no sirve, creo que lo vas a tener que volver a hacer frente a un juez de los United States of America” y entonces fui yo la que dije “¿¿!!What??!!”…

          
Pegué la carrera para Madison con el certificado que me dio Gerardo Perez, el PERFECTO de Carora cuando contraje nupcias y allá…me solucionaron el problema.  “Lo peor de todo”, le comento a la señora que tan amablemente me atendió, “es que muy probablemente, sería capaz de casarme de nuevo con el mismo cipote.  Después de 18 años de matrimonio ya le tengo cariño”

          
Salí de la oficina con mi nueva tarjeta de seguridad social. Con una sonrisa en la cara pegue la carrera de nuevo a Dodgeville. Ya no me importaba un carajo la fulana licencia de Wisconsin, ahora solo quería era verle la cara a Bob al ver que logré, lo que él me aseguró… era inlograble. “¡Espérame ahí Bob!”
 

syepez@cantv.net




La Quinceañera

Susana Yépez de Álvarez

10-06-2010

A Eleana, mi segunda hija nunca le ha gustado los anuncios en el periódico donde los padres salen felicitando a su bella hija en sus 15 años, con foto y todo. A mí… en cambio, siempre me han gustado.  Me gustan porque soy madre y conozco exactamente el sentimiento de una madre amorosa y orgullosa.  Yo he llevado la batuta en este asunto desde hace casi 17 años.  El amor por mis hijos es algo que expreso en casi todos mis artículos, por chocha, es verdad, pero porque sé, que lo que yo siento por ellos, muchas madres sienten también… por los de ellas.


!Felicidades a Eleana en sus 15 años¡

 

Eleana es mi segunda hija.  Cuando nació Carol, nuestra hija mayor, Luis Oswaldo y yo estábamos tan maravillados con esos bellos ojos azules que nos miraban, que decidimos de una vez, permitir que Dios nos bendijera de nuevo.

 

Eleana, al igual que Carol nació por Cesárea.  Como ya yo había pasado por eso, le pedí al muy buen mozo Dr. Ferrantelli, que programara su nacimiento para horas de la tarde, y asi evitar las visitas multitudinarias, ya que a mi me daba pena no atender a todo el que me visitara y me llenaría de gases…muy doloroso.

 

Ella nació a las 6 y 36 p.m.  Casi no pude escuchar la hora, porque la cipota comenzó no a llorar, sino a gritar tan duro, que tuvieron que limpiarle las vías respiratorias al sacarle la cabeza, mientras que el resto del cuerpo todavía estaba unido al mío.  Cuando por fin la tuve en mis brazos, con expresión sumamente seria y unos enormes ojos NEGROS, Eleana María me miraba como estudiándome, y en ese entonces supe, que ella y su hermana eran muy diferentes.

 

Durante sus primeros años de vida, mi mamá la llamaba “Pigpan”, un personaje de Snoopy, que se la pasaba inmundo, y arrastraba una cobijita por todos lados.  En el kinder de Yoko y Margara, Eleana era la que tenia las colitas eschoretadas, los zapatos llenos de barro y desamarrados, la camisa por fuera de la braga…pero eso si…siempre tenia alrededor de su cuello como media docena de collares de pepitas de esos que se ponen en los árboles de navidad.

 

Su instinto fashion se fue agudizando con los años, y hoy, que  está cumpliendo 15 años, es una mujer hermosa, elegante y con un alto sentido de la moda, excelente estudiante, generosa y bondadosa que en silencio te estudia con sus intensos y enormes ojos NEGROS, solo que ahora…te sonríe.

 

Eleana, no me aguanté.  Vas a salir en el periódico.  Estoy lejos y esta es la única manera de decirte que el día que tu naciste me hiciste muy, pero muy feliz. Feliz Cumpleaños mi Nany.  I love you.  Que Dios te Bendiga. Tu mami:. 

syepez@cantv.net




En eterno agradecimiento
Susana Yépez de Álvarez

30-05-2010

 

…dedicado con todo mi amor a mi gran amiga, Emma Rosa Oropeza de Herrera…

 

Yo siempre he sido impaciente.  También me encanta dármelas de victima. Las cosas no siempre me salen como espero y en mi frustración me pongo de mal humor.  Entonces mi visión se oscurece. No me permite ver bien las posibilidades ni apreciar a mis aliados. 

          
Generalmente me doy cuenta de lo que está pasando y comienzo a respirar. Respiro profundamente y bien duro para que todos se enteren y sepan, que mientras respiro es mejor no meterse conmigo.  Estoy tratando de centrar mis energías para lograr controlar mis emociones y entender bien adonde y al lado de quien estoy parada.

          
Son cosas de la vida.  No siempre estoy segura si lo que estoy haciendo es lo correcto.  A menudo me pregunto si vale la pena.  A veces me siento sola.  De vez en cuando soy egoísta y malcriada.

          
Esta mañana, en estas tierras lejanas, al salir de la casa, todavía albergando muchos temores por las decisiones tomadas, por primera vez en muchos años pude oler el aroma de grama recién cortada. El vecino estaba montado en un mini tractor cortando su grama.  El olor era poderoso, delicioso y logró calmar mis angustias. Por un segundo pude ver a mi mamá, sonriéndome, dándome su aprobación ante tan importante paso.  Recordé los años de juventud que viví en estas tierras y me dije a mi misma… “todo va a estar bien”.

          
Al entrar, revisé mi correo.  Un alumno, un joven que comenzó mis cursos siendo un preadolescente tímido y terminó el curso siendo una piña debajo del brazo, (en el buen sentido de la frase), a quien le agarré un cariño enorme porque era de los que podía evaluar sin dificultad su aprendizaje,  me había escrito una carta. 

          
Me estaba comunicando que cuando su mamá lo metió en clases de inglés él estaba renuente, pero que pronto me agarró mucho cariño.  Que yo siempre lo traté bien, lo hice sentir seguro, le enseñé además de ingles muchas otras cosas de la vida, y ahora, no solo me considera una buena maestra, sino también una gran amiga.

          
El no tenía que escribir y decirme esto, pero lo hizo.  Hizo algo bueno.  Todos necesitamos escuchar cosas buenas de vez en cuando.  Después de todo, somos débiles,  El aprecio genuino, es alimento para el alma.  Saber que para alguien eres importante significa el universo para muchos.  Por lo menos para mí es así.

          
Recordé mis clases de inglés con mucha nostalgia. Era un trabajo que hacía con amor y  convicción.  Recordé muchas otras cosas buenas que dejé atrás en mi búsqueda.  Amigos, lugares, celebraciones, olores, sabores. 

          
Siempre es bueno saber, que dejaste una huella por donde pasaste.  Aunque sea una.  Me conformo muy satisfecha con mi alumno.  Es una huella importante y me pertenece.  La acepto y se la agradezco. 

          
Mi mamá tenía razón cuando me dijo que si uno no hace las cosas con cariño, nada sale bien, y ese consejo tan sabio que ella me dio, siempre, a pesar de mi impaciencia, lo he tratado de aplicar a todas mis acciones.  Hoy entendí una vez más, que si vale la pena.  El cariño desinteresado por tu prójimo es muy poderoso.  Cuando se da… y cuando se recibe… 

          
El olor de grama recién cortada, esta mañana invocó todo el amor y la sabiduría con la que mi mamá me educó. Se materializó cuando mi alumno mencionó que valió la pena recorrer parte del camino de nuestras vidas... juntos.  Y entonces, una vez más me siento bendecida, y de nuevo… le doy gracias a Dios…

 

syepez@cantv.net




Y tú?... te la calas?

Susana Yépez de Álvarez

 

23-05-2010

 

Cuando mi papá estaba enfermo yo tenía los sentimientos a flor de piel. Era difícil ver a un hombre, quien ha sido mi protector toda la vida… en vaina. 

 

El equipo encargado de averiguar qué pasaba con su corazón era eficiente y cariñoso. Solo faltaba que un Nefrólogo de Barquisimeto que trabajaba con este equipo lo evaluara antes de la intervención, debido a su diabetes.

 

 Este hombre, cuya profesión es tan humanista como científica, se dirigió a mi papá de manera despectiva. El sentía que su bata le otorgaba el poder de decirle “viejo” a mi papá y de asustarlo y amenazarlo con diálisis y hasta con una muerte lenta, dolorosa y de película, sí no seguíamos sus instrucciones al pié de letra, que incluían ver a su amiga, la nutricionista, en Barquisimeto, cuando ya mi papá era paciente de una nutricionista reconocida a nivel nacional, residenciada en Carora y de ñapa…  familia nuestra.

 

 A cuenta de que, este señor que no conocemos, cree que puede hablarle a mi papá con ese tonito? Yo le entregué a mi papá su camisa y sus zapatos para que se los pusiera, mientras que el hombre nos despotricaba con su arrogancia. Le pedí que me entregara por escrito las indicaciones médicas, y solo para asegurarme le pregunté “usted está divorciado, verdad que si?” y él, totalmente ignorante de su porte tan arrogante, me pregunta, “como lo sabe?”, y abriéndole la puerta a mi papá para que saliera le respondí… “porque es obvio”.

 

 No me despedí, no le di las gracias y salí de allí tan brava que tuve que caminar un rato antes de meterme en el carro para coger para Carora. Una persona que no respeta a su semejante, y muy especialmente cuando este, es una persona mayor, no merece mi respeto. No me interesa si ha tenido un mal día, si está sobre trabajado. A mi papá lo respetan porque es un señor y es un señor mayor. Punto.

  

Tuve la oportunidad de decírselo. El se reportó, muchas horas después de la intervención, a la habitación de mi papá a ver como había salido “el viejo”. “No me gusta que le diga así a mi papá. El no es ni su amigo ni su compadre para que le hable de esa manera”. Mi papá comenzó a hacerse el sordo y a mirar pa’ los lados haciéndose el pendejo por pena, pero, como ya lo peor había pasado, y yo sabía que no tendría que ver a este ser humano mas nunca en mi vida, procedí a cantárselas completitas. Al final, el hombre se disculpó, me dijo que esa era su manera de ser, pero que yo tenía un poco de razón en lo que le estaba diciendo. Se despidió y hasta el día de hoy…

 

 Lo peor, lo peor de todo este cuento, es que este irrespeto a los mayores se está convirtiendo en una epidemia, y como a mi me encantan las personas mayores, siento que tengo que defenderlas porque el mundo de hoy es uno completamente desalmado. Esa, es la trágica realidad.

 

 En estos días recibí un correo. Me escribía la hija de una señora mayor, jubilada y pensionada. Estaba descargando su impotencia, su rabia y su dolor conmigo. Parece ser, que no tiene a quien mas acudir, porque el abusador, es precisamente quien puede ponerle un parado a tanto maltrato.

 

 Yo tenía la opción de ir a otro Nefrólogo. Me lo calé porque era parte de un equipo médico y era algo temporal. Esta señora no tiene opción. Su pensión la tiene que cobrar a juro, en el Banco de Venezuela. Menciono el banco, si, pero el Venezuela no es el único. Las colas que yo he visto en Banesco, en el Provincial, en Banfoandes y otros más son de espanto y brinco. Lo único que falta para que el mensaje quede claro y raspado es una tremenda pancarta que con luces fosforescentes anuncie a los cuatro vientos “Usted nos sabe a zurra”.

 

Esta señora, después de hacer una cola que iba a dar a la policía, afuera, en el sol y a pié, entró a la entidad bancaria para enterarse a través de un papelito, que la atenderían después de atender a 2236 personas, y es filosofía del banco, además, atender a sus clientes primero, así que cálatela… porque no te queda otra.

 

 Yo he hecho colas en los bancos, son denigrantes, especialmente cuando vez que solo dos cajas están trabajando, de las cinco o más que hay. Pero, que una institución bancaria, que una empresa, que una compañía irrespete a los mayores, es una aberración sin excusa alguna y alguien tiene que hacer algo al respecto.

 

 Lo denuncio. Denuncio que existen Entidades Bancarias en Carora que maltratan a los mayores. Los someten a largas horas de espera, apretujados como sardinas una vez que logran entrar. Perduran hora tras hora a pié, para poder cobrar sus reales… y a veces son tratados de manera humillante por los encargados de las taquillas… que horror.

  

Que no se les habilite una o dos o tantas taquillas como sea necesario para que no tengan que perdurar ni un minuto mas de lo absolutamente necesario es algo que NO TIENE EXCUSA.

  

Adonde llevo mi queja? Quien se encarga de poner orden? Adonde están los gerentes, los presidentes, los dueños de estas empresas? Hasta cuando tanta ineficiencia, indiferencia, grosería? Sinvergüenzas, faltas de alma, de respeto, de moral y luces…Que bajo hemos caído si no respetamos a nuestros mayores. Y si nosotros como ciudadanos, no aportamos nuestro granito de arena para que este tipo de comportamiento no se tolere ni por un segundo… entonces… que esperanza nos queda?

  

Doña…buena suerte en su próxima visita al banco. Tal vez, con el favor de Dios y con el granito de arena que yo aporto con este articulo, otros nos sigan. A lo mejor, la próxima vez que usted tenga que hacer una cola, alguien nos recuerde y haga lo correcto. Es posible… ojala y así sea.

 

 Un abrazo.

syepez@cantv.net




Mis vecinos… lo máximo
Susana Yépez de Álvarez

16-05-2010

Dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Eso no va conmigo. Cuando decidí salir no tanto de Venezuela, sino de Carora, sabía muy bien lo que tenía… y tengo. Siempre supe donde estaba parada y quien me rodeaba.


Hoy, con la tecnología que nos invade, con los mensajes de texto y el Internet, vivimos de manera un poco más superficial. Todo el mundo ama a todo el mundo. Sin conocerse bien, ya son mejores amigos. El significado de decir “te quiero”…  se pierde.


Mis vecinos. Exactamente al lado Carmen Oliva y las hermanas Meléndez que no solo cuidaban a mis hijos, sino a mi marido, a mi papá, a mí y a mi casa. Mil veces me sacaron de apuros, fuese con la llave que dejé adentro o con algún ingrediente que me faltaba. Todos los cumpleaños de mi familia se celebraron con una misa que Mariela mandaba a hacer en nuestro honor, poniendo a Dios a nuestra disposición en ese día tan especial.


Cucho es el administrador de la Residencia Universitaria en la casa de la esquina. Pulcra y bien mantenida, que llena la cuadra con ambiente de juventud estudiantil. Cucho y sus ocurrencias. Sobrino de mi entrañable y chavista amigo, Boris Castillo, dueño de la casa, y quien en muchas oportunidades dijo que prefería vivir en su casa en la Osa antes de vivir en la Zona Colonial. No tiene idea de lo que se pierde. No me pude despedir de Boris y quería hacerlo. Me quedé con las ganas de admitirle mi derrota y de decirle que me retiraba en paz. Traté de salvarlo no solo a él, sino al país entero, pero estaba agotada y corta de tiempo. No iba a permitir que mi familia viviera en una dictadura enmascarada ni un solo minuto más.


Beatriz es mi amiga. Siempre atenta y presta a ayudar. Mi Polo Norte cada navidad, mi compañera de lucha en todas las elecciones. Con su sentido de humor, calor humano y decencia, entrelazó a su familia con la mía, al punto que mis hijos le piden la bendición a los suyos. Con un perro grande y juguetón que salía a la calle cada vez que se iba la luz, dándonos la oportunidad de disfrutar de un rato sabroso porque, mientras nuestros hijos jugaban, nosotras conversábamos.


Con su mamá, Doña Julia, también compartí momentos agradables y aprendí lecciones poderosas de perseverancia, tolerancia y paciencia. Mujer recia y trabajadora que fue capaz de salir fortalecida de duras pruebas, no solo gracias a su familia grande y unida, sino a su temperamento de mujer luchadora y fuerte.


Entrar en casa de Doña Pity era como entrar a un refugio. La mujer con el don para las plantas. Todas saludables y grandes y frondosas. Uno entraba a un lugar lleno de vida y de esperanza. Inmediatamente te sentías mas fuerte, el poder de la fertilidad de ese verde agregado al cariño de doña Pity, lograban que salieras de su casa sintiéndote mejor, y de ñapa, con un delicioso kilo de queso blanco del bueno para el almuerzo y para las empanadas de la cena.


Con mi pana burda Pipa hablaba todo el tiempo. Éramos compinches, de las que íbamos a tomar café juntas a la panadería y todo, para después disfrutar de un cigarro mientras continuábamos nuestra conversación en la calle. Hablamos de todo, del pasado, de la salud y de lo malo que es fumar, de política, de la escasez. Ella le llevaba a mi papá la revista “Zeta”, pero las “Verdades de Miguel” eran para mí. Como ya ella lo había leído, me informaba adonde exactamente estaba la información que me interesaba leer. Una vez, en una fiesta, quemó a un señor sin querer con su cigarro, y calladita me lo pasó todavía prendido, para después anunciarle al hombre apuntándome con el dedo, “fue ella! Yo no fumo”, mientras que yo, le pedía perdón. Muchos gratos momentos con Pipa. Ah mundo…


Al Doctor lo molesté en muchas oportunidades, por pendejadas y por cosas mucho mas serias. Era un gran alivio saber que teníamos un medico en la familia, especialmente cuando nunca dijo que no y siempre minimizaba el asunto para que no te preocuparas de mas. Adriana era miembro de la hermandad de mujeres que teníamos hijos estudiando juntos, ella era buena donde yo fallaba y viceversa, así que nos complementamos perfectamente. Dos mamas chochas que compartimos el placer de ver a nuestros hijos (ojo…dos hijos de la misma edad) crecer y florecer ante nuestros gratamente sorprendidos ojos.


Ahora, cuando tenía que celebrar, cuando estaba angustiada, cuando quería gritar, cuando necesitaba un consejo, era para la casa de Matilde que me iba. Matilde, mi mamá postiza, la mujer con el corazón más grande que he conocido. Repleta de sentido común, de humor, de amor sin condición alguna, que me arropaba y me arrullaba con todo su ser cuando era necesario. El tener que haber hecho yo, lo mismo por ella, solo logró profundizar y transportar el amor que nos une a otro nivel, a uno que pocos llegan a conocer, y eso, no solo se lo agradezco, sino que también lo hecho de menos cada vez que recuerdo que no la tengo cerca…que es a cada rato…


Hoy necesito transmitirles esta información a ellos. No es algo que hago a la ligera. Tenemos años conociéndonos y viviendo juntos. Pienso que es importante decirles como me siento. Es probable que la distancia tenga algo que ver con eso, pero también sé que decir cosas hermosas cuando lo sientes necesario, siempre es bueno…para todos.


“Ustedes son mis amigos y yo los quiero”…

syepez@cantv.net




Señores… Buenas Noches

Susana Yépez de Álvarez

14-04-2010

Okay. Lo admito. Esta vaina de vivir en medio de la tranquilidad, en una ciudad con la población promedia de cualquier edificio por apartamentos en Altamira, donde nada pasa… nunca, se estaba poniendo bastante fastidiosa.


Mi rutina era monótona. Levantarme con los muchachos, asegurarme que desayunen, esperar el autobús. Después prepararme otro café (son tan débiles que hay que tomarse una cafetera completa para igualar un buen café de greca), y sentarme a mirar MI PROGRAMA FAVORITO!! “Justicia Ciega”, aquel que ponían justo los martes cuando me quitaban la luz, pero que ahora disfruto todos los días, gracias a que mi cuñado pone el perol a grabar solito a las 4 de la mañana, para que yo pueda verlo a la hora que me dé la gana. Lo hago en la mañana porque mientras espero una respuesta a varias aplicaciones de trabajo…no tengo más nada que hacer!


Después que se acaba el programa, llega mi papá de caminar y quiere su desayunito, así que se lo preparo. El se sienta a leer, a ver televisión o a escribir uno de sus famosos MEMORANDA (uuuyyy), yo subo a arreglar regueros, me baño, bajo, lavo los platos, y me siento en la computadora a buscar empleo. Todo aquí se hace por Internet. Si tan solo me pudieran conocer personalmente, se darían cuenta que soy demasiado simpática, pero aquí todo es impersonal.


A las 3 y 30 llegan los muchachos (por fin compañía!), y entre tareas, cena, baños y una hora de televisión, el resto del día literalmente vuela.


Yo, que soy más antisocial que el abuelito de Heidi, aguanto esto y más, pero mi papá me estaba preocupando. Ya se había leído todos los libros (una maleta completa) que se trajo de allá y estaba comenzando a mirar muy a menudo al techo… eso significa que está pensando.


En una oportunidad me anunció, ya que mi sobrina Verónica volvía sin nosotros pero si con ayuda de una aeromoza, que yo no necesitaba ir al aeropuerto porque mi cuñado y él se encargarían de eso. “Ni de vaina!”, le dije, “tu estas pensando en escaparte!, que piensas hacer?... llamarme al llegar a Carora?”… se rió un buen rato, pero yo todavía tengo la duda acerca de sus verdaderas intenciones.


Y entonces…en estas noches, una de esas noches en las que mi papá estaba sentado en una poltrona contemplando el techo, mi cuñado hizo una llamada telefónica, movió unos botones en el control remoto del televisor y ante nuestros ojos, luego de un mes sin saber nada de Venezuela, apareció “Noticias Globovision”, con Gladys Rodríguez, y mi papá pegó un brinco con una hermosa sonrisa en su rostro… y le volvió el color a las mejillas… y se rascaba la cabeza mientras repetía las siguientes palabras “oh my God… oh my God… oh my God” (God pronunciado God, en vez de Gad que es como se pronuncia).


Y entonces, yo también sonreí, y sentí un gran alivio cuando le comuniqué con toda la sinceridad del mundo “ahora si es verdad que nos salvamos papá! Ahora si vamos a estar bien!”.


Y esa noche, juntos y contentos, disfrutamos una vez más de “Buenas Noches”, muy complacidos de poder saludar de nuevo a Carla, a Kiko y a Roland… tan bueno!

syepez@cantv.net




Anótenme

Susana Yépez de Álvarez

07-04-2010 del carro mientras manejas.

Anótenme”
Okey, la basura no se tira en la calle. No. La calle es de todos y es una falta de respeto que tu tires tu basura en un callejón o una quebrada, o tires la lata de refresco que te estas bebiendo por la ventana del carro mientras manejas.


Cuando uno sale a la calle y ve basura tirada en las calles o amontonada en los rincones se te revuelve el estomago y te echa a perder el día. Tu actitud se vuelve negativa. Eso también va con los graffiti en las paredes. Me importa muy poco lo que pienses de María, si amas a Petra o si crees que a José se le moja la canoa. Lo mismo va con la propaganda política. Las mismas personas que las ponen deberían quitarlas si no quieren una multa o un par de días en la cárcel por contaminación visual!.


Lee un libro, siembra un árbol, pinta tu casa, dale un abrazo a tu hijo y un beso a tu esposa. Dale los buenos días al señor que te vende la empanada y las gracias al panadero. No te colees, dale paso en la cola a alguien mayor que tu. Si trabajas, trata con amabilidad a todos aquellos con los cuales tienes contacto, sonríe, decide que lo vas a hacer todo con cariño. Apaga la luz si no las estas utilizando, invita a un amigo con el cual no has conversado en un tiempo a comer, pídele a la bendición a alguien que quieres.


El problema que tenemos nosotros es la insatisfacción. Nunca estamos contentos, siempre nos falta algo. Pero eso no es así. Tenemos justo lo que necesitamos, solo necesitamos quererlo y cuidarlo. A veces, es muy tarde, ese ser querido se nos va y no le dijimos lo importante que en realidad era para nosotros. Eso debe cambiar. No es un cambio difícil de lograr, no es algo maluco de hacer. Nuestra ley de vida debe ser querer lo que tenemos, cuidarlo y nutrirlo. Tan sencillo como eso.


Imagínate una ciudad limpia, sin graffiti, donde todos fuéramos ciudadanos conscientes y amables. Es todo lo se necesita. Más nada. En un lugar así, da pena comportarse con la escoria que parece haberse apoderado de nuestra ciudad.


La culpa no es del gobierno, no es de los políticos. La culpa es nuestra y la solución está en nuestras manos. Seria muy bueno contar con una policía preparada y decente que sepa trabajar para su comunidad y reesforzar las leyes sin extorsión ni corrupción, pero desgraciadamente no la tenemos…todavía. Eso también cambiaría. Nuestro comportamiento lo transformaría todo y a la larga, los impuestos que pagamos con ganas y sin mentir (habito que debemos desechar en el acto porque nos degrada como hombres y mujeres de bien), hará que los recursos sean utilizados como debe ser, como por ejemplo, arreglar nuestras escuelas publicas y mantener nuestras calles y nuestro patrimonio.


Los resultados a corto plazo serian radicales, y los de mediano y largo plazo serian verdaderamente asombrosos. Carora, Sucursal

syepez@cantv.net



 

Querido Cecil

Susana Yépez de Álvarez

 

04-04-2010

Ya tengo un par de semanas por acá, así que aquí te mando un resumen de la situación. Por ahora, mi papá y yo estamos viviendo en un pueblito que queda en el borde del estado de Wisconsin y del estado de Illinois.  Para que puedas imaginarte el tamaño, puedo decirte que “La Mamita” es dos o tres veces más grande que este pueblo.  La población es de 317 personas, ninguno te mira a la cara y se sorprenden cuando los saludas.  

          
En el pueblo hay dos vainas: una oficina postal, y un bar, así que te anuncio de una vez, que pienso meterme a alcohólica, pero… ojo… anónima, así que no lo vayas a divulgar a nadie.  No hay una gasolinera, ni un colegio.  Las niñas estudian en el colegio del pueblo de al lado, que tiene 502 personas.  El colegio lo tienen porque pasaron la marca de los 500.

          
Mi papá estuvo unos días en casa de Fernando.  El vive como a una hora de aquí.  Como mi cuñada Amalia no ha llegado todavía de Venezuela, no me pareció mala idea que padre e hijo estuvieran juntos un rato, así que se lo entregué a Fernando con todas las instrucciones y medicinas y en lo que se fueron, apagué el celular.

          
A Fernando no le fue tan mal.  Tuvo que ver “El Padrino” dos veces y pegar la carrera a comprar “fritos” y pie de manzana porque a mi papá le iba a dar la vaina… rápido!, pero mi cuento favorito, fue cuando se le metió a Fernando al cuarto como a las 5 de la mañana un día a anunciarle que no se parara, que él mismo se iba a preparar el desayuno, pero no sabía a donde estaban las ollas, los sartenes ni como prender la cocina.  Cuando Fernando se levantó asustado que mi papa le iba a quemar la casa, lo único que dijo mi papá fue “ah bueno, tú te ibas a parar de todos modos?, bueno, yo dejo que tu me prepares el desayuno pues”.  

          
La buena noticia es que mi papá ya comenzó a caminar, eso me tenía preocupada. Yo comencé a caminar con él.  Salimos de la casa como a las 6 y media. Yo le doy una vuelta al pueblo, eso tarda unos 20 minutos, y él le da dos para darme tiempo de correr a hacerle el desayuno antes de que le de la vaina.

          
Por supuesto, por estos Lares todo depende del clima.  ¿Qué te parece el clima de hoy? ¡Qué día tan bello!  ¡Mañana va a ser mejor!  Ya me estoy acostumbrando, porque la verdad es que hoy ha sido un día precioso, ni mucho frío ni mucho calor.

          
Hoy me emperifollé y me fui a una oficina de esas que son especialistas en buscarle empleo a la gente.  Es difícil conseguir trabajo aquí como maestra (aunque me he desempeñado como tal por más de 20 años), porque no tengo una fulana certificación que amerita una pila de cursos que jamás he tomado.  Así que llevé mi curriculum y les dije lo que sabía hacer: Dar clases de inglés o de español.  Puedo traducir porque hay una vaina muy buena que se llama wordreference que me ayuda a hacerlo y porque (gracias a Dios que estas en los cielos) mi mamá decidió traerme para acá cuando tenía 13 años y aprendí obligada.  Sé escribir más de 70 palabras por minuto en el teclado, gracias a un juego en Facebook que se llama “typing maniac”, y sé escribir pendejeras sobre mi vida, cosa que muy posiblemente, le sabe a mono frito a un gentío.  La mujer no paraba de sonreír… me pregunto porque…

          
Todavía no se me quita la maña de querer cerrar la casa y el carro cada vez que entro o salgo. Rebeca se la pasa diciéndome “que deje la vaina”, como si fuera tan fácil.  Tan solo ayer vivía con tres trancas en el portón, y el dolor que causa entender, después que mi papá me gritó cuando lo regañé por dejarme afuera una noche hasta que me abrieron desde adentro,  “a ti que te maten, pero a las niñas no las agarran!”, la realidad de nuestra vida allá.

          
Ay Cecil…sí yo tuviera el poder de construir la ciudad perfecta.  Bueno, te aviso cualquier cosa.  Me haces mucha falta. Más de la que te imaginas.  Tú y Matilde Zubillaga de Ferrer.  Cosas de la vida…

          
¿Bendición? 

         
Susana

syepez@cantv.net




¡¡¡A vaina buena!!!

Susana Yépez de Álvarez

25-03-2010

Y
a que, donde me encuentro por los momentos no pasa absolutamente nada fuera de lo ordinario, cosa que no me da temas para escribir, decidí preparar por primera vez esta receta de mi abuela junto a ustedes. Es una receta interactiva. Para mi abuela y mi madre era una receta de amor, llena de historias y un plato divino que no olvidabas por mucho tiempo.  Se la dedico a mi primo Cecil, porque es gran admirador de esta famosa salsa y de los rituales.  Para preparar esta salsa, el ritual… es lo más importante.

 

Menú del día:

Espaguetis con salsa de carne a la Grama

Pan con ajo

Ensalada con vinagreta

Vino tinto (Altagracia, gran orgullo caroreño)

 

*  Es preferible dejar este menú para una cena… ya verán por que*

 

3 p.m.  Salsa: Comienza a preparar la salsa de espaguetis. Pon una olla y un sartén (los dos) en la estufa.  Pon un poco de aceite en el sartén y cocina una cebolla grande picadita.  Cuando se comience a poner medio trasparente, pásalas a la olla y comienza a calentarlas.  Cocina en el sartén 1 kilo y medio de carne. (NOTA: mitad carne de res y mitad carne de cochino molido…ese…es el secreto), hasta que se ponga dorada.  Tira la carne con las cebollas y lava el sartén.  A la carne y cebollas añádele unos tres dientes de ajo, una cucharada de orégano, sal, pimienta, una lata grande de tomates, un poco de agua, échate un trago de vino, (tinto Altagracia, gran orgullo caroreño), y ponle un trago de vino a la salsa. Cocina todo a temperatura baja toda la tarde, añadiéndole vino o agua…como mejor te parezca.  Bebe vino, (tinto Altagracia, gran orgullo caroreño), para pasar el tiempo ya que estarás bastante tiempo revolviendo.  Pruébalo de vez en cuando.  Al final le vas a añadir un poco de pasta de tomate hasta que te guste el color y la espesura de la salsa.  

 

3:15 p.m.  Haz el pan de ajo y tenlo listo.  En la panadería Italia tienen un pan campesino demasiado bueno.  Agarra uno y rebánalo sin llegar al final.  Úntale mantequilla, (buena suerte), sal de ajo y sal y mételo en el horno los últimos cinco minutos antes de comer.

 

Haz la ensalada y tenla lista también.  Nunca puedes estar segura del estado en el que te encontraras después de destapar la primera botella de vino, (tinto Altagracia, gran orgullo caroreño), para darle tragos a la salsa, así que es mejor hacer todo lo que se pueda con anticipación.  Después de pensarlo bien, pon la mesa también.  Lávate la cara.  Ah si, se me olvidaba… (vino del cipote)… ponte un trapo viejo para hacer la salsa porque brinca.  Debe ser por todo ese vino.

 

Ensalada: Lechuga, tomate, celery, un par de aceitunas negras, cebollas moradas, zanahorias, brócoli, fresas… upppssss… demasiado vino.

 

Vinagreta:     Una parte vinagre, tres partes aceite. Sal, ajo machacado, orégano, y un pinchito de azúcar… en serio.

 

Tamaño: Pequeño.  Pica todo menos la lechuga primero y después puedes ver cuanta lechuga necesitas para hacer una ensalada de tamaño modesto.

 

5:40 p.m.  Cocina los espaguetis en agua hirviendo.  Los vermicelli tienen un buen tamaño, después escúrrelos y lávalos con agua caliente. (Están listos cuando tiras un espagueti contra la pared y se queda pegado).  Échales un poco de mantequilla o aceite. 

 

Postre: Mas vino… qué carajo.

 

Prende las velas, porque a las seis se va la luz.  Mejor.  Así no se verán los regueros que no limpiaste porque gracias al vino (tinto Altagracia, orgullo caroreño), no te importa… nada.  

 

Consejo: Haz esto un viernes por la noche para que tengas todo el fin de semana para quitarte el olor a ajo, cebolla y vino (tinto Altagracia, orgullo caroreño).  O, haz la receta doble e invita a todos tus amigos para que te ayuden a comer y así todos estarán hediondos y no se darán cuenta de la pea que agarraste gracias a la salsa.

 

Consejo para las esposas celosas: Llena al “diablo” con un poco de comida buena y bien hedionda antes de que salga a la calle.  Eso hará que todas las mujeres se mantengan alejadas…a menos a que sean más hediondas que el “diablo”.

 

¡Salud!

 

Hasta la próxima receta…

 syepez@cantv.net




No es fácil
Susana Yépez de Álvarez

19-03-2010

Como yo juro ser medio filosofa, porque me la paso preguntándome vainas raras, como por ejemplo, cómo fue que llegué aquí, decidí, transportarme a otro sitio para poder así comparar la calidad de mi vida y de la vida en sí.

        
Después de operar a mi hijo de los pies y tenerlo seis semanas enyesado de los muslos para abajo, de pasar tremendo susto con mi señor padre con cateterismo incluido, de vivir dos secuestros de familiares y amigos, mas el secuestro-asesinato de mi tío más querido, después de acostumbrarme a vivir mediocremente y de reorganizar mi vida con respecto a lo que me dictan los del gobierno y los de la luz eléctrica, con todo tipo de escasez y menosprecios, llegó un momento donde tiré la toalla totalmente y me dediqué simplemente a contar las horas para poder venir a otro mundo a visitar a mis hermanos y a mi hija menor, que no viven en Venezuela.

        
Aquí tengo papel toile, no me ha faltado el café. Tengo azúcar.  Tengo leche de larga duración, completa, descremada, semi-descremada, tengo mantequilla y margarina en abundancia.  Me da hasta pena tener tanta mantequilla. 

        
El autobús, uno de esos amarillos que se ven en las películas, vino esta mañana para llevar a mi hija al colegio, y allá estará hasta las 3 de la tarde, cuando termine sus clases de música, de arte y deporte, además de todas las materias obligatorias para su educación integral.  Si, es el colegio público y totalmente gratuito donde estudia ella.

        
La puedo dejar ir sin miedo a que la secuestren en el camino y luego, puedo entrar a la casa y no echarle llave a la puerta y sé que no van a entrar a robarme o matarme. Eso no quita que de vez en cuando voltee violentamente hacia la puerta a mirar, después de todo, vengo totalmente paranoica de uno de los países más violentos de América Latina y cuidado y no del mundo entero.

        
En Venezuela vivimos así, con miedo, con escasez, con inseguridad, con muerte, con incertidumbre, y eso que yo vivo en un pueblito llamado Carora, donde pensé estaría a salvo de tanta maldad e ineptitud.  Pero no, en todo el territorio nacional abundan las armas de fuego, la ignorancia, el resentimiento, y a la final ni tu vida ni la de los tuyos, vale gran vaina… un celular?... unos zapatos?... un poco de plata?

        
Existen quienes pueden salir de esta situación porque tienen los medios para hacerlo… pero no lo hacen.  Algo que tiene que ver con el arraigo, lo familiar, las costumbres.  Yo no soy quien para juzgar y no pienso hacerlo, pero tampoco me puedo medir con su mismo metro.  He visto el otro lado y he vivido sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas, al igual que en Venezuela.  Aquí, por ejemplo, si no te guindas de tus hermanos para tener un poco de amistad y compañía estas completamente solo y desolado. El consumismo es grotesco y el trabajo puede quitarte el tiempo que pasas con tus hijos, logrando que estos se eduquen solos y mal… y de vez en cuando, un loco desquiciado se mete en un McDonalds o en un colegio y mata media docena de adultos y niños.

        
Da lástima.  Ese jardín de rosas con el cual todos soñamos… no existe.   Tener que entender y admitir esta afirmación es parte de tu crecimiento.   

        
Así que, llegando a las chiquititas, es cuestión de poner en una balanza aquello que consideras tus prioridades para luego decidir.  La decisión es lo más importante y lo más difícil que harás.   Es lo que más valentía y coraje amerita de tu parte.  Con tu decisión dictarás cual será tu destino…y el de los tuyos.  Algo… realmente transcendental. Arrecho.
 

 syepez@cantv.net




¡Mama!...  ¡Tengo hambre!

Susana Yépez de Álvarez

14-03-2010

M
i mamá, además de ser la mujer más inteligente del mundo,  era la mejor cocinera.  Y no piensen que estoy siendo apasionada.  No estoy diciendo que era la mujer más cariñosa del mundo… era gringa… le costaba besar y abrazar, pero si sabía decirte que te amaba cocinándote un buen plato de comida.

         
Una vez, cuando ya era ique-independiente y ante mis continuas quejas por no estar comiendo bien, ella me mandó una lista de recetas con los pasos a seguir.  Hoy voy a compartir uno de mis platos favoritos con ustedes, porque a lo mejor están como mis hijos… hartos de carne molida, arroz y tajadas.  


Su recetario comienza diciéndome que me manda 14 menús que cualquier idiota puede cocinar en alrededor de 20 minutos.  Me ordena que vaya al abasto y compre los ingredientes una vez a la semana.  Que no me ponga pichirre y que compre calidad… no cuesta más que un bojote de diablitos… o salchichas.  Una buena comida, te puede hacer muy feliz.         


Me dice que mientras esté cocinando, ponga  la mesa, porque cuando la gente tiene hambre, ver la mesa puesta da la esperanza de saber que no falta mucho y no se desesperan.    Acerca de las sobras me aconseja que las evite.  Buena calidad, buena cantidad y accesibilidad son los secretos de una buena comida.


Menú del día

Torta de Carne

Macarrones con queso

Salsa a la Prado

Manzanas horneadas.

 

                         *Lávate las manos en lo que entres a la cocina*

 

Plan general: Haz la torta de carne y ponla en el horno a 325° por una hora y 15 minutos. Después haz los macarrones y ponlos en el horno la última media hora.  Arregla las manzanas y ponlas en el horno con los macarrones.  Arregla la salsa y ponla en la mesa.


Torta de Carne
: Compra 1 kilo de solomo o de pulpa y asegúrate que lo muelan frente a ti, no quieres saber de dónde sacaron la carne molida que molieron cuando tu no estabas mirando.

3 rebanadas de pan de sándwich

2 huevos

1 diente de ajo

1 taza de leche

½ taza de queso parmesano

Sal, pimienta y un poquito de cilantro

1 cebolla

1 lata pequeña de salsa ronco.

          
Pon el pan, huevos, cebolla, sal, pimienta, cilantro, ajo y leche en la licuadora.  Después mézclalo con la carne y el parmesano.  Haz esto con las manos limpias.  Mételo en un perol (pirex), y ponle un poco de salsa ronco por encima para que se vea bonito y… voilá!

 

Macarrones con quesoCocina una bolsa de macarrones en agua con sal y escurre.  Tíralos en un perol (pirex), usa la misma olla para hacer la salsa.  Pon una barra de mantequilla en la olla. Cuando se derrita ponle una cucharada de harina de trigo y disuélvelo bien.  Después ponle un poco de leche, poco a poco hasta que esté como un pudín.  Después échale un poco de queso amarillo del  bueno (Los Frailes) y cocínalo a temperatura baja (porque se te puede quemar por debajo de la olla) y dale vueltas todo el tiempo hasta que derrita.  Agrégale los macarrones y mételo en el horno.

 

Manzanas horneadas: Compra seis manzanas.  Límpialas, Quítales el corazón pero no las peles. Ponlas en un perol (pirex), embarrado con mantequilla.  Llénales los huecos a las manzanas con más mantequilla, azúcar y canela.  Mételes un malvavisco (en el abasto CADA) a cada una y mételo en el horno.

 

Salsa a la PradoDos tomates, una cebolla mediana, un pimentón verde.  Pícalo todo chiquitico. Agrégale un poquito de cilantro picado, una cucharadita de azúcar, media cucharadita de sal, una cucharada de aceite, una de vinagre y mézclalo. 

         
Pon todo en la mesa en los mismos peroles que salieron del horno, (pon unas tablas de comer parilla abajo para que no se te queme la mesa), y después haz que otra persona lave los platos.

         
Preparar esta encantadora comida no te debe tomar más de 20 minutos en la cocina.  El tiempo de cocción no cuenta porque eso lo usas para poner la mesa, lavarte la cara, arreglarte el pelo y ponerte de buen humor.

         
Nunca le digas a nadie lo que vas a cocinar.  ¿Te digo porqué?, porque todos dirán: “¡oh no! ¡Caca! Coño y vaina”  Solamente ponlo en la mesa y recibe los aplausos sin que se te suban los humos a la cabeza.

 

…Hasta la próxima receta…

 syepez@cantv.net




Te tengo un trabajo…

Susana Yépez de Álvarez

05-05-2010

I
magínate esto.  A partir de hoy, tú trabajas en las oficinas del Centro Comercial Don Cherra.  Ajá.  Ya no eres una de las cientos de personas que se aglomeran desde tempranas horas de la mañana, desorganizadamente, en el pasillo oscuro y pestilente a fritanga de empanada para mandar a hacer algún tipo de documento oficial.  No.  Ahora trabajas ahí adentro, metido dentro de ese túnel, y tienes que ir todos los días. 

         
Te explico para que no te confundas.  Lo único que realmente se distingue bien es el cafetín, que amerita dotarlo urgentemente de mucho pero mucho amor y cariño y salubridad porque está estratégicamente ubicado y cuenta con un personal atento, y el quiosquito que está en la esquina del cafetín, que es demasiado pequeño y escaso de personal para la demanda que tiene. 


El resto de las oficinas del “túnel”, si así se les puede llamar, van en fila india sin identificación alguna, las paredes son sucias, el suelo inmundo, el calor insoportable, hediondo, ni un rayo de luz solar, y todos los muebles son viejos y están rotos y pegajosos.  Caca.


Vas a trabajar, pero no en las oficinas que maneja la Alcaldía porque aunque también ameritan de mucha ayuda, esa ayuda es a nivel local y puede llegar más rápido.  Esas oficinas son donde mandas a hacer partidas de nacimientos o a pegar carteles que anuncian que te casas.  Pregunta, porque como te dije antes, no vas a conseguir identificadas las oficinas, no vaya a ser que te metas adonde no es. 


Tú vas a trabajar para Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia, para el SAIME.  No en la sala de la “Misión Identidad”, que, aunque es lóbrega y gris y no cuenta con aire acondicionado, (se ve que deben pasar el calor parejo), es amplia y le entra un pelo de luz solar por unas ventanas que están arribotota. 


¿Tú sabes unas oficinas que son parte de la antigua Onidex… ahora Saime? ¿Adónde antes sacaban pasaportes?...okey… Ahí hay como dos o tres oficinitas.  Son de los jefes y secretarias de lo que antes era el departamento cedula-pasaportes. ¡Ahí! ¡Ahí vas a trabajar tú!  ¿Qué tal?


Trata de sentarte en un  escritorio de la edad media, con un ventilador más o menos de la misma fecha, rodeado de archivos viejos y húmedos por todos lados, en un cubículo oscuro y caliente, a atender al público.  ¿Sería horrible verdad? 


Hay personas que trabajan ahí.  Exactamente ahí.  Tienen años en eso.  Saben hacer su trabajo.  Son eficientes.  Lo sé porque hago diligencias y me fijo.  Ese lugar es una  pocilga. Es una pocilga desde que lo conozco y tengo casi 20 años viviendo en Carora.  Esto es un irrespeto a los trabajadores y trabajadoras del lugar.  Indigno e intolerante.  


Ojalá y allá arriba, adonde tienen el poder, me leyeran tan siquiera esta vez.  Son tan solo detalles de la ineficiencia que nos rodea y que es tan fácil de solucionar. Detalles que te muestran claramente lo deficiente que NO debemos permitirnos ser jamás.  ¡Chávez! Tienes a tu gente trabajando en condiciones infrahumanas.  El ambiente físico del lugar de trabajo influye enormemente en el trabajador.  Bien mala gente tienes que ser para no darle un ambiente digno a los que trabajan contigo y para ti. 


Olvídate de Colombia y Estados Unidos, y regaña a los del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia.   Ármale su zaperoco los que dirigen el fulano SAIME y  diles que la infraestructura en Carora está en tan pésimo estado, que ya ni pasaportes sacan porque no tienen ni dónde ni cómo.  Es en cosas como estas en las que deberías ocuparte.   Se trata de tu país, de tu gente y de su bienestar.  Haz algo bueno ¡carajo!, te toca.

 syepez@cantv.net




… ¡Ay!... que fastidio…

Susana Yépez de Álvarez

28-02-2009

Con pocas ganas.  Falta de cariño.  Desconsideración.  ¿Arrechera? Así es como, generalmente, nos tratamos en Venezuela los unos a los otros.  Una verdadera lástima.

         
La cola para pagar el teléfono es un fenómeno. Uno no sabe si reírse, llorar o maldecir no solo tu vida, sino la del individuo, (uno solo), que está adentro en un cubículo con aire acondicionado, para atender a los clientes.  Clientes que están expuestos a ser atracados en plena calle, en un calorón, en medio de una de las avenidas más transitadas de Carora, donde conviven abundantes tubos de escape rotos y las cornetas más chillonas del mundo.  Tienes que armarte de paciencia y de valor porque te llamaron para amenazarte vía un mensaje grabado: “le estamos advirtiendo que si no cancela la factura… ¡le vamos a cortar el teléfono!”  Lo único que les falta es reírse macabramente al final -¡JA JA JAAA!-

         
Las colas en los bancos son la misma cosa.  Nuestro tiempo no vale nada. Colas que dan la vuelta en “U” adentro de la institución bancaria, salen a la calle y… ¡cruzan la esquina!

         
Ahora con el racionamiento de luz, todas las instituciones gubernamentales trabajan con horario restringido.  Mas trabajo, misma cantidad de empleados, menos horas para trabajar.  No parece importarles en absoluto si estás sentado o parado, si llegaste antes de fulanito o de sutanito, si pierdes toda la mañana esperando porque: - tengo que prender la computadora, ahora la perola esta no me quiere imprimir, el ventilador (estamos ahorrando electricidad para dar el ejemplo) me voló tu solicitud, y yo no tengo que disculparme porque yo trabajo aquí y soy más importante que tu -. 

         
Yo creo, y es mi opinión personal, que si tú tratas a alguien por un periodo prolongado de tiempo como una porquería, esa persona comienza a pensar y a actuar como una porquería.  Se trata de psicología.  Y, si tú eres capaz de tratar a alguien como una porquería, es porque TÚ eres una porquería.  Se convierten en dos ramas de un mismo árbol.


Esta actitud y manera de hacer las cosas, hace que aprendamos a no valorarnos. Algunas de las consecuencias son, montones de adolescentes  preñadas, pobreza rampante pero con bastante tinte barato para el cabello, mujeres con los blue jeans demasiado apretados, gordos sudados, con la franela levantada hasta cuello bebiendo cerveza en la calle, a plena luz del día… un jueves, y en el peor de los casos… ladrones y asesinos.  Todos nos convertimos en víctimas y victimarios.


Hacer las cosas para salir del paso y de mala gana,  nos degrada, nos arrodilla y nos restriega la cara en la zurra.  Todo nuestro alrededor, incluyendo nuestros hijos y nietos se salpican porque no tienen opción.  Lo peor es, que no tiene porque ser así.  NO SOMOS ASI.  Nuestra humanidad es buena.  Nuestro programa genético es inteligente y eficiente.  Lo que necesitamos es cambiar el hábito que tenemos de hacerlo todo a las patadas, a hacer las cosas bien hechas porque ese es nuestro trabajo y punto… sin excusas. 


Es posible.  El cambio sería radical y extremadamente positivo para todos. Lo interesante sería ver  sí estamos dispuestos a cambiar nuestra manera de ser y de hacer las cosas por el bien de la sociedad entera o, si pensamos que no vale la pena porque es demasiado trabajo…

 syepez@cantv.net




La lección

Susana Yépez de Álvarez

21-02-2010

Como es, que pueda sentir tanto dolor y tanta felicidad a la misma vez. Dos sentimientos opuestos que chocan entre sí, que están colocados en diferentes puntos del péndulo. Un sin sentido.


Colaboré en la misa de fin de novenario de tío Mario por un mandato. Tía Yuye no es solo mi tía, es mi madrina. Es la madre que colaboró junto a la mía mientras vivía, y la que tomó su lugar luego de su muerte.


Si ella no me hubiese reclutado para ayudar a coordinar este evento, me hubiera arropado en mi dolor y hubiera dejado que los recuerdos y las lágrimas me acompañaran hasta que fuese necesario. Ese era mi plan. Esta, era una muerte que me había dejado sin aliento, que me había arrebatado todas las fuerzas de una manera tan dramática que ni siquiera sentía rabia, solo un tremendo vacío y un profundo dolor.


Quería volverme insignificante, desaparecer por un tiempo. Vivir mi duelo forzado y sin respuesta. Me costaba hasta respirar. No estaba en posición de ayudar a nadie, pero cuando tía Yuye ordena, uno cumple sin preguntar.


La misa se realizó bajo los parámetros que nos indicó en su débil pero todavía fuerte estado de ánimo. No teníamos tiempo para llorar y ahogarnos en nuestra lástima, teníamos que planificar esta despedida. Lo que jamás me imaginé es que el resultado, superaría las expectativas de todos los colaboradores, de todos los presentes y que nos enseñaría a muchos, lecciones muy poderosas de vida.


Yo llegué a pensar, en mi ingenuidad, que estaba mejor. Esa era mi autodefensa para poder continuar. El dolor lo logré hundir tan dentro de mí, que podía caminar y cubrir las necesidades básicas del día. En la iglesia pude saludar y hasta sonreír… hasta que comenzó la misa.


Sobrinos y familiares se unieron en un coro precioso que llenó de armonía el ambiente. Un miembro de la familia de cada hermano y cuñado de tío Mario no solo le agradeció, en nombre de su respectiva familia, todo lo que hizo por nosotros, por mantenernos unidos, por colaborar sin mezquindad a formarnos en quien hoy somos, sino que rogamos al Señor porque eso continúe, porque nos guíe desde el cielo para que nada cambie… solo lo malo.


Fue durante las ofrendas, cuando tío Mario y su familia le ofrecían a Dios todo por lo cual habían trabajado en la vida, que un dolor intenso y una felicidad grandiosa se apoderaron de mí. Es lo más hermoso que he visto en toda mi vida. No podía dejar de llorar, aunque traté sin lograr mi cometido de contener todas las emociones que se fundieron en mí sin previo aviso, diciéndome que no me encontraba en el lugar adecuado para comportarme de esa manera.


Aunque todos sabíamos de los meritos de esta familia, ver la evidencia, mostrada de esa manera, en esa misa, con esa música, con todos los que nos acompañaron ese día, nos dejó sin aliento a muchos esa noche.


Ya nuestro trabajo terminó. Se logró el cometido. Una bella y digna misa de despedida. Ahora si puedo acobijarme con mi nostalgia. Llorar por un buen hombre que nos fue arrebatado. Llorar porque no puedo devolver el tiempo.


Solo que ahora, lo veo todo bajo una nueva luz, una nueva perspectiva. Pensé que no me quedaban fuerzas, me convencí que no valía la pena pelear. Me sentí débil, sola, desamparada. Ya no. Porque ahora entiendo, comprendo de verdad, que si se puede, en un mundo tan imperfecto…  ser perfecto. Esa es la lección… y la meta.

 syepez@cantv.net




Los buenos siempre ganan
Susana Yépez de Álvarez

13-01-2010

Me uní a un numeroso grupo que alzó su voz de protesta en la carretera panamericana.  Sentí cierto remordimiento por la gente inocente que se encontraba en esa autopista, seguramente más por necesidad que por gusto, y que estarían estancados en una larga cola, bajo el inclemente sol de la mañana, por un tiempo indefinido.  También sentí que los ciudadanos no tenemos otra alternativa para ser escuchados y eso me tranquilizó.

            
Llegaron los medios de comunicación a tomar nuestras declaraciones.  Querían saber porque, en vez de estar en nuestros puestos de trabajo, nos encontrábamos en ese lugar clamando justicia, respuestas, soluciones, y… con el corazón partido, los ojos hinchados, agotada de tanto llorar, en medio de la calle me pregunté, a la decencia de quien, exactamente, estábamos apelando.  ¿De las autoridades?, ¿del gobierno?, ¿del presidente?, no podía poner mi dedo en el asunto. 

            
Los uniformes, los cargos de poder y hasta los títulos, le dan al hombre y a la mujer, cierto sentido de autoridad.  Sienten que tienen poder y que pueden usarlo.  Pero el ser humano es tan débil, que la gran mayoría de ellos no sabe utilizar este poder.  Especialmente si no lo educaron para manejar esta arma de doble filo tan delicada.  Caso ejemplar de esta falta de educación y de este otorgamiento indiscriminado de poder… es Venezuela.

            
Hace años, vi una película que se llama Secuestro Express.  El militar y el policía, al lado de los hampones armados e irónicamente cariñosos con sus respectivas familias, eran los personajes malos de la película.  Es verdad.  Yo soy sensible e impresionable, pero esa película solo recalcó lo que ya yo sabía acerca de los uniformes, de la autoridad y el poder.  Mi mamá me lo había enseñado hace mucho tiempo atrás.  Añádale a esto  la visión de militares pateando y tirándole bombas lacrimógenas a su superior, el General Carlos Alfonso Martínez mientras se encontraba ya tirado en el piso, a soldaditos halando violentamente a un cura en una manifestación de la oposición,  a una mujer que fue tirada al suelo con una fuerza brutal por tener la osadía de acercarse lo suficiente para decirle sus cuatro vainas en la cara a los militares, a todos los presos políticos, a todos los estudiantes que hoy están heridos o presos por disentir, y llámenme hipersensible si les da la gana.  Yo solo creo que soy realista.  En la evidencia está la respuesta.

            
No.  Yo no estaba en esa carretera ese día clamando justicia a las autoridades.  No creo en nuestras autoridades.  No creo en nuestros policías ni en nuestros militares.  No creo que los malos, los corruptos, los abusadores de poder sean la excepción.  Desgraciadamente creo que son la norma… aunque algunos digan que no es así.

            
Tenemos una población pobre y resentida.  Tenemos un gobierno que no le interesa resguardar a sus ciudadanos, porque mientras vivamos aterrados ellos pueden seguir avanzando a pasos agigantados en su revolución y corrupción sin límite. Tenemos autoridades que no están debidamente capacitadas ni pagadas, con x cantidad de poder, que usaran a sus anchas para avanzar en sus ambiciones personales porque es… normal.  Eso nos deja a nosotros.  A la población trabajadora, con familias.  La población que quiere educar a sus hijos, trabajar y vivir en paz.

            
Y esa mañana, en medio del humo de los cauchos que se consumían en la carretera, no di media vuelta y me devolví derrotada para mi casa sin respuesta, porque después de escuchar las declaraciones válidas y muy emotivas de los demás, entendí porque estaba allí, y a quien exactamente estaba tratando de apelar en mi lucha por justicia y libertad.  Estaba apelando a ese venezolano preocupado, a ese venezolano que tiene hijos, que trabaja y que quiere vivir en paz. 

            
Creo en nosotros, los venezolanos de bien….en más nadie.  No estamos armados, no tenemos el uniforme,  no tenemos el poder, pero somos los buenos y necesito creer… que somos mayoría.

 syepez@cantv.net




Creo en Dios
Susana Yépez de Álvarez

10-02-2010


Dedicado a tío Mario, tía Yuye, Lourdes, Mario José, Chucho, Teresa, Javier, a sus respectivos y respectivas y a todos sus hijos, con todo mi amor y con todo mi ser…


Hay quienes piensan que los grandes cambios, los momentos realmente transcendentales en tu vida, ocurren poco a poco. Yo no creo que eso sea así. Aquello que verdaderamente te marca, que te cambia la vida totalmente y para siempre…generalmente sucede de un minuto a otro. No vuelves a ser el mismo y no vuelves a ver el mundo, la vida, tu vida de la misma manera. Tú esencia pasa por una gran transformación. Una experiencia capaz de darle un giro drástico y dramático a tu forma de percibir y de sentir.

 

Desprenderse físicamente de alguien tan maravilloso puede desgarrar tu alma, hacerte llorar lágrimas de sangre, dejarte postrado en el suelo sin consuelo alguno, sacudir todos los cimientos que te brindaban equilibrio. Así que lloro, tiemblo, grito y hasta dudo. No sería de carne y hueso si no lo hiciera. También reflexiono, pienso, recuerdo y en el fondo de mi alma sonrío, porque entiendo que tío Mario hizo su trabajo en esta tierra. Yo, mis hijos, los hijos de mis hijos, y así sucesivamente, seremos mejores personas porque su influencia nos marcó hasta la eternidad, logrando de esa manera que este mundo sea un mundo mejor gracias a él. Hoy… realmente… entiendo esto.

 

 Yo quiero creer en Dios. No por lo que me dicen en misa, o por lo que dice la biblia, sino porque, asustada al ver como a mí alrededor, una escalada de odio sin precedentes se apodera de mis hermanos, me es difícil tener fe en el hombre. Pero en la agonía de mis dudas, todavía creo mi prójimo. Creo en su sentimiento innato de humanidad, en su potencial por la compasión, por la razón, creo…en la rectitud de su corazón. Y creo en mi prójimo porque eso fue lo que me enseñó tío Mario. Porque lo viví con su ejemplo, porque él me mostró la evidencia que me permite creer.

 

Cuando en tu vida eres bendecida por alguien con la calidad humana de tío Mario, crees en la bondad. Tío Mario me dió esperanza y un modelo a seguir… una inspiración divina. Maestro sin siquiera proponérselo, enseñándonos a todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo y de quererlo, el significado sencillo, pero a la misma vez grandioso, del verbo “ser”.

 

Estar en presencia de tío Mario era estar en presencia de Dios. Dios fue mi maestro en esta tierra. Así que, aunque en estos momentos me ahogo en mi dolor y lloro tan lamentable pérdida, aunque me siento confundida y perdida, aunque me asustan mis dudas y me aterra entender que ya él no está, todavía creo en Dios.

 

Creo en Dios porque tuve el placer de conocerlo personalmente, de besarlo en la frente, de pedirle la bendición y de aprender… tomada de su mano. ¡Que privilegio!

 

 syepez@cantv.net




Un Regalo
Susana Yépez de Álvarez

07-01-2010

Todos los días, cada uno de nosotros tiene la oportunidad de dar….  y todos…  damos.  A lo mejor, el regalo no viene envuelto con un lazo y una tarjeta.   A lo mejor, el regalo es tratar de pedir perdón, o, más difícil aún…tratar de perdonar.  A lo mejor, es colocarnos en los zapatos de otro por un momento para tratar de entender su punto de vista.  A lo mejor,  es guardarle un secreto a un amigo.  Hay muchas maneras de dar, y a la final, todas valen la pena.


Está la señora que llora y que tiene la tensión alta porque a su nieta de tres años la van a operar en Argentina ya que sufre de una enfermedad muy poco común y ella no puede asistir por no tener los recursos económicos.   Ella está dando su preocupación y su amor eterno.  Está el marido que sube las montañas más altas y cruza los ríos más peligrosos, sin siquiera pensarlo, valientemente pero muerto de miedo, para rescatar a su esposa de unos desalmados sin consciencia ni corazón.  Está la hija que deja a su familia temporalmente para quedarse y cuidar a su madre anciana, porque eso es, lo que tiene que hacer.  Está la hermana que les brinda la oportunidad a tus hijos de ver y conocer cosas nuevas y los trata como si fueran suyos.  Está la niña que pelea sin tregua y con la única finalidad de hacer feliz a su mejor amiga.  Está el amigo que te muestra el camino y lo recorre contigo para que no te sientas sola o perdida.


La felicidad, supuestamente, está en dar.  A veces es algo muy fácil de hacer, a veces es demasiado difícil, a veces da un miedo terrible, pero al final, siempre se siente ese sentimiento supremo, ese por el cual todos luchamos por alcanzar en esta vida.  Pequeños momentos de suprema felicidad a los que podemos recurrir en nuestra memoria para que nos den el aliento que necesitamos para continuar.


He recibido como pocos.  He recibido con una gran sonrisa en la cara.  He recibido con cierto recelo.  He recibido totalmente renuente y a juro…por no tener otra alternativa.  También he dado.  He dado con el corazón, he dado con amor, he dado por dar, he dado porque me ha tocado dar, he dado cansada y he dado con resentimiento.   Solo a Dios le respondes, y Él lo entiende y lo perdona todo, mostrándote con evidencias claras como tu esfuerzo y tu trabajo (quisiste o no hacerlo), valió la pena.


Cuando la felicidad de dar se acaba… cuando el agotamiento te vence y te sientes abrumado, cuando dar comienza a sentirse más como una obligación… entonces paras.  Pero, si eres como la mayoría de las personas que conozco, das hasta que duele…para después… dar un poco más.
 

 syepez@cantv.net




Quiero un nuevo presidente
Susana Yépez de Álvarez

29-01-2010

Quiero un nuevo presidente.  Quiero que nos incluya a todos, no como chavistas y opositores, o demócratas y socialistas del siglo XXI, sino como venezolanos. Quiero un presidente que me diga que Venezuela es una sola y que en ella todos somos importantes.  Quiero un líder noble, que no se deje llevar por ilusiones de grandeza personal, más si por la ilusión de lo grande que puede llegar a ser nuestro país. 


Quiero un presidente que deje de regalarle a otros países lo que no tenemos, hasta que llegue el día que, gracias a la labor en conjunto de todos, orgullosos y llenos de generosidad por el prójimo, podamos compartir nuestras riquezas con los demás. 


Quiero un presidente que se avoque a educar a todos y a cada uno de nosotros con la mejor educación que el dinero venezolano pueda comprar porque entiende que todos los males, (pobreza, miseria, enfermedad), que aquejan a la humanidad tienen que ver con la falta de educación y con la ignorancia. 


¡Quiero un nuevo presidente ya!  No quiero tener que pelear una vez más, como una gata parida, de voluntaria en una mesa electoral, alerta y lista para la batalla, en espera de todo tipo de patrañas baratas para que el gobierno ineficiente que nos ha regido por más de diez años, continúe haciendo de las suyas mientras yo vivo encerrada y aterrada con tres trancas puestas en la puerta de mi hogar, porque la vida de mis seres queridos no vale nada en este país. 

        
Soy madre de adolescentes y niños.  No quiero que mis hijos no tengan clases porque en la escuela no hay agua o luz. Quiero calidad.  La quiero de primera porque podemos tenerla y nos la merecemos de primera.  Quiero que mi nuevo presidente se rodee de la mejor gente posible, sin importar su política más si su capacidad para la gerencia del éxito en cada una de las muchas áreas que ameritan de experiencia y ayuda.  Personas a quien no le puedan comprar la consciencia ni por diez lochas ni por mil millones de dólares, (y tengo que creer que existe este tipo de persona), que se avoquen a resolver los problemas de una vez, porque para eso fueron contratados.

        
Quiero un presidente que en vez de hablar pistoladas hable de educación, de nuevas y mejores escuelas, de docentes bien preparados y bien remunerados, de universidades y de institutos vocacionales para que cada quien pueda capacitarse y echar para adelante con orgullo y tesón.  Quiero que, en vez de hablar de guerra, apátridas y enemigos, hable de proyectos, de empresas, de trabajo, de construcción, de tecnología, de turismo, de hospitales.  Quiero un presidente que nos ayude a volver  a poner el nombre de nuestro país en alto, que me dé la oportunidad de gritarle al mundo llena de orgullo: “¡Si! Yo soy Venezolana”.

          
No quiero un presidente que salga en Wikipedia como uno de los clientes fieles del vendedor de camisas francesas “Charvet”, las más caras del mundo, cuando aquí estamos pasando hambre. No.  Quiero a un hombre o a una mujer que sea capaz de enrollarse las mangas de su camisa “hecha en Venezuela” para trabajar con su pueblo y no descansar hasta que seamos la primera potencia mundial en seguridad, educación, salud y prosperidad. 


Quiero un nuevo presidente que sepa guiarnos con esmero, con lealtad, con nobleza y con trabajo.  Que nos inculque que la educación y el trabajo (no el gobierno), son las únicas y las verdaderas herramientas encargadas de darnos una casa, seguridad, comida y salud. 


Quiero un presidente que nos diga claro y raspado que nosotros, los venezolanos,  solo valdremos la pena cuando nos demos cuenta que la clave está en la educación, y que seremos un verdadero país cuando nos convirtamos en personas productivas y educadas, confiables y responsables de todos y cada uno de nuestros actos.


¡Ya!... ¡Quiero un nuevo Presidente!

 syepez@cantv.net




¡Rápido!... ¡que ya se va la #@$# luz!
Susana Yépez de Álvarez

22-01-2010

Mis hijos estudian de día. Yo trabajo de noche.  A ellos se les va la luz de 11 a 1 del día, y a mí de 7 a 9 de la noche. Conclusión: Ellos pasan el calor hereje en la escuela y yo…no puedo trabajar.  Mientras tanto, mi hijo sigue traumatizado porque cuando se va la luz, le da miedo y llora hasta que el cansancio lo vence y se queda dormido, y las mayores, por ponerlas en actividades extracurriculares, (que riñones los míos), llegan a bañarse, a estudiar y a hacer tareas justamente cuando nos quedamos varados a la luz de la vela que alumbra a San Judas Tadeo.  Bastante productivos que vamos a resultar en mi familia.

         
Hay que ser bien bolsas para permitir que nos quiten la luz a nosotros y a Caracas no.  ¿A cuenta de qué?, porque a mí no me han dado razones valederas para que yo diga… “¡ah bueno!  Claro.  Está bien que mi hijo se asuste, a mis hijas las raspen y yo no trabaje”.  Siécara.  No señor.  Racionamiento de luz para todo el mundo o para nadie.  Esto se llama discriminación.


IGUALDAD ¿Acaso somos menos que los que viven en la Gran Capital?, ¿más pendejos?, ¿más fáciles de manejar?, ¿más conformistas?, ¿mas chavistas?, ¿más viva la Pepa? ¿Qué es lo que es? Porque justo no es.  Socialismo pa´ todo el mundo carajo. 

         
Uno sí que es bien imbécil.  Yo, que por cierto, soy caraqueña pana,  me amoldo. Le tapuso la comida apurada a todo el mundo para poder salir de la cocina antes de quedar en total oscuridad.  Apago aquellos artefactos que he aprendido a amar con todo mí ser para que no me los mate el apagón…porque los compré porque los necesito.  Mando a todo el mundo a bañarse en tres minutos o aténganse a las consecuencias, y cuidado pues y me raspan una materia por no poder estudiar porque no hay excusa para eso, “estudien a las tres de la mañana cuando SI hay luz… ¡carajo!”

         
Los ciudadanos de a pie no podemos hacerle mantenimiento a unos peroles que no conocemos.  Si yo supiera hacerle mantenimiento a estas cosas, hace rato largo que ya hubiera agarrado mi diablo rojo y mi limpiador de pocetas MAS y me hubiera ido para el Guri.  Motivación suficiente es terminar con el trauma de mi hijo y poder trabajar para ganarme el pan de cada día.

         
USTEDES, muy desgraciadamente, no educaron al venezolano para ser consciente, y USTEDES  tampoco se abocaron a hacer  su trabajo con respecto al mantenimiento mínimo de la electricidad, y ahora, el pueblo bien pueblo, el de la provincia, que pague las consecuencias de SUS errores sin derecho a pataleo. Ajá.


Yo no rebuzno.  El hecho de vivir en el interior del país no me hace menos venezolana, menos inteligente, menos gente.  ¿En que están pensando?,  ¿de qué en Carora y en el resto de Venezuela (con excepción a Caracas), no tenemos cerros para “abajar” de ellos?...sigan así… que yo te aviso chirulí.
 

 syepez@cantv.net




…Y no me disculpo
Susana Yépez de Álvarez

20-01-2010

¿Ustedes saben cómo es la vaina?, que ya yo me cansé de hablar de hermandad y de armonía y de tolerancia.  Yo pensé que todos esos sentimientos de pesimismo, de perdida y de no ser dueña de mi destino, se habían disipado con el tiempo después de vivir el secuestro de una buena amiga.  Ya recordaba solo de vez en cuando, todas las noches que me acosté llorando y todas las mañanas que desperté vomitando por la angustia y la desesperación.

        
Todo…todo…lo estoy reviviendo de nuevo, otra vez sorprendida, otra vez en total shock, con un tic en el ojo, aterrorizada ante todas las preguntas que me hago sin obtener ni una sola respuesta.  Soledad, ansiedad, incertidumbre.  Estoy ARRECHA, tan arrecha que lloro de la arrechera, y estoy así porque una vez más…caí.  Caí pensando que a lo mejor podíamos ser mejores personas.

        
Secuestrador y Ladrón: Tú eres una plasta.  Ya yo no defiendo mas las desventajas que debes haber vivido en tu niñez o adolescencia.  Tu falta de educación de todo tipo.  Una persona que quiere surgir como hombre o mujer de bien puede hacerlo.  Las herramientas existen para que cada quien labre su camino en esta tierra.   Me resbala si te maltrataron de chiquito, si no tuviste un padre.  Si tu madre bebía aguardiente.  ¡Me sabe a zurra!  Esa no es excusa para este tipo de comportamiento. Todo el mundo tiene problemas.  No se solucionan quitándole a alguien a punta de pistola lo que NO te pertenece. ¡PERDEDOR mal parido! ¡Cobarde y marico! Eso es lo que eres.  Así de sencillo. 

        
Que chévere.  Que orgulloso te debes sentir. Manejando camionetas que no compraste con el fruto de tu labor.  Jugando con la vida de los seres queridos de otros ya que no se trata de tu hermana o de tu hija, mientras los despojas de vainas que no son tuyas porque ni las compraste ni te las regalaron. O te lo dan o los matas.  Que arrecho eres.  Debes dormir muy sabroso por las noches…mujercita.

        
Esta vaina de llevarse mujeres es la última.  Inconsciente.  Desgraciado. Maldito.  A una mujer ni con el pétalo de una rosa coño de tu madre… ¿o es que no te parió una mujer? Las mujeres son sagradas.  Son madres y son hijas y son hermanas y son maestras… ¡maestras! porque son las encargadas de humanizar al mundo.  Debe ser que odias a tu madre, porque si la quisieras, sabrías que los hijos sufren sin sus madres, y las madres sin sus hijos.     

        
No lo siento.  No te deseo nada bueno.  Deseo que te agarren y te torturen y te metan en la cárcel más peligrosa de este país que no sirve para absolutamente nada ya.  Y después de tu mísera existencia en esta prisión, de una muerte lenta y dolorosa, que Dios se encargue de ti.  Algo que llaman justicia divina, justicia donde, si de verdad existe, terminaras siendo masticado y vomitado para volverte a masticar y vomitar durante toda la eternidad…por el mismísimo Diablo. ¡Hijo de Puta!

 syepez@cantv.net




Amor, Fe y Esperanza

Susana Yépez de Álvarez

15-01-2010

N
o veo las noticias como lo hacía antes.  Me vi en la obligación, una vez que mi papá mejoró considerablemente, de sacar la computadora de su cuarto pensando en mi propia salud.  Bastante tiempo y esfuerzo ya le habíamos invertido a él para venir a enfermarme yo por escuchar un mix repetitivo y perpetuo entre el ciudadano y Mario Silva.

           
Desde entonces no vi más nada por un buen tiempo.  Solo mi programa los martes a las 8 y 30 en el canal 34.  Pero, como para no desacostumbrarme del stress, Chávez todo poderoso, mandó la orden desde el cielo (perdón, Miraflores), que decía… “y ahora… quédate sin luz los martes desde las seis hasta segundos antes de que comience tu programa favorito, porque yo soy Chávez y puedo hacerlo”.

           
Eso no quita que entro y salgo con frecuencia del cuarto de mi papá, donde el canal de noticias es el ambiente musical.  Y en una de esas oportunidades pude ver parte de la cruel y desgarradora historia del  terremoto en Haití.  Horas después mi papá me contó que iban por 150.000 muertos, y que en el terremoto de Caracas, donde yo estuve presente, fueron 5.000 los muertos.  “Imagínate el desastre”, me dijo, como si yo recordara lo espantoso que fue el terremoto del 67, (año en el que nací).

           
Ese trágico día en Caracas, mi mamá y mi papá se encontraban en una clínica de la ciudad con mi hermana recién operada de apendicitis.  Yo tenía tres meses de edad y estaba en mi casa, con mi hermano Fernando y la señora que nos cuidaba. 

           
Hace unos años, hice a llorar a una de las amigas de mis hijas que es muy sentimental, contándole, que cuando todo comenzó a temblar, la señora que nos cuidaba salió despavorida de la casa como todo el mundo.  Cuando Fernando salió a la calle  y preguntó por mí, le dijeron que estaba adentro, pero ella estaba demasiado asustada para entrar a buscarme.  Fernando, de 10 años, entró de nuevo a la casa, subió las escaleras, me sacó de la cuna y salió de la casa conmigo en sus brazos.  Cuenta que todo se movía, incluyendo los muebles pesados.  Esa historia es real, pero le añadí para hacerla más bonita y conmovedora que luego que todo terminó y pudieron entrar de nuevo a la casa, vieron que una de las paredes había caído, destrozando la cuna de donde me había sacado mi hermano unos segundos antes. Drama con un final feliz.  Me encanta.


Anoche me envalentoné lo suficiente para ver las noticias de nuevo.  Además de los miles de muertos, hay heridos y enfermos y desaparecidos.  La cárcel se desplomó y los presos (entre ellos asesinos), que no murieron andan sueltos por las calles. No hay luz, ni agua potable, ni comunicación de ningún tipo.  Un país pobre pasando por un terrible acontecimiento.  Vi ancianos, madres, niños, bebés.  Lloré con ellos.  El sentimiento de impotencia que sentí por no poder ayudar me abrumó enormemente.  Qué horror. 


El próximo reportaje que vi, fue acerca de las miles de personas de diferentes países del mundo que venían llegando.  El aeropuerto estaba destrozado, pero la ayuda estaba llegando.  Los Gobiernos de Estados Unidos, Francia, Colombia, Cuba, Chile, Alemania, Italia, Israel, Suiza, Venezuela, España, China, México y muchos más, inmediatamente comenzaron a mandar a sus mejores expertos en materia de desastres naturales, voluntarios, comida, medicinas y todos los suministros necesarios para este tipo de eventualidad.  Todos juntos, trabajando, en medio del caos, la destrucción, la enfermedad, el dolor y la muerte.  Una luz al final de un túnel tan oscuro.  Esperanza.  Me recordó el desastre de Vargas y de como yo, al igual de cientos de miles de madres, vaciamos los closets de nuestros hijos para ayudar a las víctimas. 


Somos capaces de trabajar juntos en la adversidad, así que debe ser posible trabajar juntos en la armonía.  Tiene que ser posible. 


Es increíble.  Nuestro único adversario es el hombre… egoísta, egocéntrico y competitivo. Lo realmente sorprendente es cuando vez y entiendes, que ese hombre, es exactamente el mismo, que en el corazón de su alma… sale corriendo para Haití, y sin pensarlo, se mete debajo de un edificio que no ha terminado de colapsar, con la esperanza de salvarle la vida al hijo de alguien… que no conoce.

syepez@cantv.net




Para mis hermanos
Susana Yépez de Álvarez

09-01-2010

R
ebeca es mi hermana mayor aunque yo soy más alta que ella.  Tiene los ojos tan bonitos, que casi que se puede ver una combinación de todas nuestras tías en ellos.  Es buena llenando papeles, desde los del Impuesto sobre la Renta, hasta aplicaciones largas y complicadísimas para que su hermana menor sea admitida al programa de la Universidad de Wisconsin para estudiar un año completo en Florencia, Italia.  Es fuerte y testaruda.  Competitiva también.  No se da por vencida nunca cuando quiere algo, y lo peor de todo es, que generalmente, sabe exactamente lo que quiere.  No como yo, que guabineo en mis miedos. 


Mientras ella tenga, tenemos todos aquellos que la queremos.  Ella no discrimina.  Familia y amigos, hasta conocidos.  Tiene comida, una cama y apoyo, eso sí, no guabinees mucho… eso la impacienta, especialmente cuando ella ve algo que tu no vez… y es que estás metiendo la pata.  Tiene un gran sentido de humor y se puede reír de los cuentos más pendejos.  


Una vez, cuando me organizaba para mandar a mi hija menor (Rebequita) a vivir con su tía en el norte, una amiga me advirtió que Rebequita no estaba, dada su corta edad, preparada para vivir con otra persona que no fuera su mamá.  Mi respuesta natural fue… “ella va a vivir con su mamá”.  Así me siento yo con respecto a mi hermana Rebeca.


Fernando es mi hermano mayor. El me ha toñequeado toda mi vida. Fernando es alto, elegante y muy sabio.  Muy parecido a mi mamá.  Puede recitar a Doña Bárbara de memoria y a Manuel Briceño Guerrero también.   Es puro amor y sentimiento.  Le gusta la música y cree ser un gran músico.  Le gusta ayudar, y siempre tiene las más nobles intenciones de hacerlo.  Es excelente familiar y un excelente amigo. 


Además, es un gran estudiante y un gran maestro, capaz de enseñar lecciones de vida muy poderosas, porque supo aprenderlas.  Desprendido con todo lo que le pertenece, su rol de hijo mayor, de hermano mayor y de tío único y original lo ha llevado siempre como su más alta misión de vida, dándonos a todos los que tenemos la dicha de conocerlo bien, la esperanza de saber, que por lo menos, podemos aspirar a ser tan supremos, como lo es el.


Cuando rezo el “Padre Nuestro”, que lo hago todas las noches antes de quedarme dormida, me doy cuenta, que Fernando y Rebeca no son mis únicos hermanos en esta tierra.  El rezo dice, literalmente “Padre nuestro que estás en el cielo…”, no dice padre mío y mío solamente.  Dios nos llama a todos sus hijos y eso, nos hace a todos hermanos.  Soy hermana de los franceses, a quienes les agarré cierta vaina, soy hermana de Barak Obama (yiiipiii), soy hermana de Hugo Chávez Frías (¡O-M-G!)… soy tu hermana. 

  
A lo mejor, la lección que hay que aprender aquí no es solo la de la humildad, sino la de la tolerancia también.  Me encanta no solo ser prima de Cecil, Chulalo y Cheo, sino ser su hermana también.  Soy feliz siendo hermana de Adriana, Antonella, Carla y Milena, pero… no podemos solo ser hermanos de aquellos que queremos y con los cuales compartimos… ¿qué hago cuando no comparto los gustos, o no tolero la personalidad del vil y envenado de la Hojilla, por ejemplo?...


Lo único que puedo hacer es recordar el “Padre Nuestro”.  Recordar que soy humana y débil, tomar conciencia de lo que me dice Dios en vez de repetirlo como una cotorra.  Al estar “consciente”, estaré pendiente, y todos los días, muy poco a poco, seré más humilde, más paciente y más tolerante.  Eso, por sí solo, cambiará mi vida.  Podré mirar a  conocidos y a los que me falta por conocer con otros ojos y quién sabe, si algún día, pueda mirar hasta a mis enemigos… como los hermanos que en realidad somos. 


Es una meta digna de fijarme, especialmente cuando estoy segura en mi alma, que si todos intentáramos hacer lo mismo, no solo seríamos mejores personas.  Seríamos hermanos viviendo en el mundo que debe ser.

syepez@cantv.net




Año Nuevo, Vida Nueva
Susana Yépez de Álvarez


29-12-2009

Yo no puedo vivir sin una agenda.  Y todos los años me emociona saber que puedo comenzar con una  nueva.  Es como una vida nueva. Generalmente comienzo muy bien. Escribo todo lo que tengo que hacer en el día que es.  Mientras pasan las semanas, la cosa cambia, pero la intención es buena.  Aunque dure una hora buscando la página donde anoté las cosas que tengo que hacer, verlas en blanco y negro me ayuda arribar a mi meta.  Mañas que tiene uno. Si no lo anoto, no lo hago… ¡porque se me olvida! 


Mi padrino me regaló una agenda de navidad.  Una muy bonita y elegante, forrada por fuera con una tela hermosa de mapas antiguos del mundo, (buena señal).  Decidí, antes de que comenzara este año nuevo, ya que en lo personal, después de tres cirugías mayores y muchas otras experiencias que hicieron del 2009 un año lleno de aprendizajes pero bastante pesado, decorar mi agenda con fotos de la familia, calcomanías y con las fechas de los cumpleaños de mis seres queridos.  En esta agenda estoy poniendo muchas esperanzas de cosas buenas por venir.

Estando en ese plan, y gracias al tiempo libre por las vacaciones escolares, me puse a buscar por internet a un loco que recordé me gustaba mucho cuando estaba en la universidad.  Uno de esos expertos que habla y habla,  de los que uno va y paga para escucharlos hablar.  El Dr. Leo Buscaglia.  Con un Ph.D. y todo. Tenía el record Güines en abrazar.  Ni idea si el hombre está vivo todavía, pero en los ochenta, yo gozaba cada vez que lo veía hablar por televisión porque todo lo que decía era cómico y muy cierto.  El poder de un abrazo es grande, y hoy, en este mundo globalizado, el contacto humano que nos dice “te quiero, eres importante” ha sido remplazado por grandes amistades cibernéticas, donde muchas veces, no nos relacionamos físicamente con estos amigos…que son a distancia web.

Y en la web, escuchando a este loco por youtube, di con una lista de reglas para vivir, en los temas relacionados, que dejó una anciana de 90 años a aquellos que estuvieran  interesados.  Yo las leí.  Muchas de esas reglas me gustaron tanto, que hoy las traduzco.  Las reglas son de ella, los comentarios, cuando los sentí pertinente, son míos.

1. La vida no es justa, pero igual es buena, (eso es correcto). 2. Cuando en duda, dale pasito a pasito,  (¿pa´ donde coge uno?). 3. Tu trabajo no te va a cuidar cuando estés enfermo.  Tus amigos y familia lo harán, (sí señor, así que sé buena gente ¡carajo!). 4. Llora con alguien.  Sana más que llorar solo, (¡Cecil!). 5. Puedes ponerte bravo con Dios. El puede soportarlo, (menos mal…). 6. Si la pelea es contra el chocolate, vas a perder, (y ni hablar de la coca-cola). 7. Haz las paces con tu pasado para que no te envaine el presente, (buena suerte). 8. No te compares con los demás.  No tienes idea de cómo ha sido su viaje, (y no lo quieres saber). 9. Respira profundo. Calma la mente, (haz esto a cada rato…es buenísimo). 10. Bote todo lo que no es útil, bonito o alegre, (luego lo unimos todo y hacemos un inmenso garage sale). 11. Prende las velas (no tienes alternativas), pon las sábanas buenas, usa las piyamas elegantes, (y las pantaletas que no se encuchupitan también). 12. Sé diferente,  (a vaina mala ser normal). 13. Lo que los demás piensen de ti no es tu problema, (aunque usted…no lo crea). 14. Perdónale a todos todo, (menos a Chávez… ¡por maluco!). 15. No te tomes a ti mismo tan en serio. Nadie más lo hace, (¿en serio?). 16. Sal todos los días.  Los milagros están en todos lados, (hasta te piropean). 17. Lo mejor está por venir, (créelo, porque si no estás jo…). 18. Sin importar como te sientas, párate, vístete y sal, (generalmente vale la pena, por lo menos para echar los cuentos después).  19. Lo único que verdaderamente importa al final…es que amaste (si señor).

Y la más importante… 20. Búsquense una agenda, (¡esa es mía!) Ánimo...y buena suerte.

syepez@cantv.net




Tin marín de dos pingüe
Susana Yépez de Álvarez

23-
12-2009

Criticar es una manera de “belittle” a otro.  Una especie de menosprecio por tu semejante.  No me gusta la crítica… ni siquiera la constructiva.  Si vas a decir algo, dilo y punto.  No le pongas una cucharada de azúcar llamándola crítica constructiva.  Esta, generalmente viene de una persona que no tiene la habilidad de caminar ni en tus zapatos, ni en los de ninguna otra persona, pero que si posee la habilidad y el sentimiento de autoridad que esta habilidad conlleva, de dejarte saber lo mal que  estás manejando una situación o toda tu vida.  Da igual.  La misma vaina.  Esta persona, después, generalmente te da sugerencias para que intentes ser tan eficiente como él o ella.  Lo importante es recordar que solo te dicen “deficiente” por amor… o sea… es tan solo una crítica constructiva. Repitan después de mi: “Shi-it”…búsquenlo en el diccionario.

        
La crítica no solo te hace consciente de tus errores, te los recalca y te los quema como un hierro…te marca.  Aunque le hagas caso al criticador y cambies tu manera de hacer las cosas, esa crítica… jamás la olvidarás.  Aprenderás a no poner tanto cuidado, a desear ser menos sensible y hasta a perdonar, pero vivirás con ella hasta el día de tu muerte.  No esperes después de criticar a un ser querido, (con las mejores intenciones del mundo), que te reciban con los brazos abiertos. No lo harán, y cuidado… la cicatriz puede ser permanente.

        
Todos nos quejándonos.  Me incluyo.  Yo lo hago demasiado y lo hago consiente, a veces, mientras me quejo, anuncio en voz alta que lo estoy haciendo y le pido perdón a Dios porque sé que no debería estar quejándome tanto…pero igualito sigo quejándome.  El precio del papel toilé.  La escasez de azúcar.  El racionamiento (¿?) de la luz.  Me duele la cabeza.  No me alcanza la plata.  Mi papá está enfermo.  La inseguridad.

        
Me imagino que es una manera de aliviar el stress además de ser un tema de conversación.  Quejarse es una condición  que está innata en nosotros para poder sobrevivir en un mundo tan poco perfecto.  Nos pinta un cuadro de la realidad, pero a veces, nos aporta ideas de cómo solucionar algunos de los males que nos aquejan: “amiga, en los chinos que quedan en la esquina de tu casa, tienen azúcar los miércoles”, o, “muérete que la leche en polvo de Mercal, hace bastante espuma y es dulcita”, o, “yo me compré un perro.  Cuando siento el más mínimo ruido grito ¡Hércules! y ese chihuahua comienza a ladrar sin parar.  Suena como un rottweiler”… interesante…

        
Los halagos y los elogios, que pueden ir desde “que blusa tan bonita. Te queda muy bien”, a “que buen trabajo estás haciendo”, es lo mejor que podemos hacer por los demás y por nosotros mismos también.  Como resolución de año nuevo, en el 2009, yo me propuse, que haría un favor y daría un elogio al día. Serían dos eventos separados a dos personas diferentes, todos los días.  Me di cuenta, que era algo tan fácil de hacer, que muchas veces superaba mi meta. Tienen que haberle visto la cara al viejo pavo que tenía a mi lado en la avenida mientras intentábamos cruzar la muy transitada calle, cuando le dije “¡usted si es bonito Dios mío!”.  Aunque me miró como si yo acabara de salir de un manicomio, la sonrisa con la cual cruzó la calle era de fotografía, y en ese momento, los dos fuimos más felices.

        
Así que… no critique… a menos a que sea a Chávez ¡por maluco!...quéjese, es bueno para la salud y puede conseguir una alternativa…o por lo menos, papel toilé un poco más barato en el proceso. Ayude a alguien, es bueno para el alma, y elogié…elogié con el corazón.   Los beneficios son infinitos y el costo… completamente gratis. 


Gracias por no criticarme, o por lo menos, por mantener silencio. Gracias por apoyar mis quejas que en su mayoría son tuyas también, y por las ideas tan buenas que me han aportado. Por el cariño y los comentarios de buena voluntad. Los recibo con humildad y sonriendo como lo hizo el  anciano bello, aquella tarde, cuando el destino nos consiguió…cruzando la calle juntos. 

        
¡Feliz Año 2010!

syepez@cantv.net




Como dice el gato volador: Fue horrible

Susana Yépez de Álvarez

20-12-2009

L
e recomiendo al mundo entero que se porte bien.  Muy  bien.  He visitado las puertas del infierno.  Es un lugar muy feo.  No quieren terminar allí.  Se llama “la calle Bolívar una semana antes de navidad”.  Me imagino que el 24 de Diciembre, el que se arme de valor o de estupidez, y se atreva a ir, no contemplará solo las puertas…ya caerá directo y sin paracaídas en la mismísima quinta paila, y salir de allí será muy difícil.  Hágame caso…no se deje tentar por el diablo.  Quédese quietecito. Así como sale en la cédula. 

           
En realidad yo salgo poco, y cada vez que lo hago me quejo del trafico y de cómo Carora se quedó pequeña para tanto carro y gente.  Pero hoy, decidí ceder ante mi hija de catorce años (14), porque necesitábamos comprar unos intercambios para la noche buena y unas cosas para el acto de ballet.

           
Nos estacionamos estratégicamente en el fundillo del mundo, porque yo me creo más viva que el presidente mismo.  Comenzamos a caminar.  Caminar por esa calle se ha convertido en todo un desafío.  Tienes que lidiar con el gentío, con las aceras que están completamente esperoladas, (cuidado con sus tobillos), y con los vendedores que se paran en las puertas de los negocios. Estos vendedores, de casualidad no te agarran por las greñas y te meten a juro y obligada en la tienda para la cual trabajan.  Creo que es un incentivo para ganarse una comisión.  También tenemos una inmensa cantidad de buhoneros, música horrorosa que solo habla de sexo a todo volumen que se entremezcla con la música de la próxima tienda y del próximo buhonero, mientras que te gritan “¡barato, barato! ¡En 50…bueno okey, te lo dejo en 35!”, con un micrófono, en la pata de la oreja mientras caminas justamente frente a ellos.  Como bono adicional, tienes los olores.  Olor a humo tóxico de los tubos de escape oxidados que transitan por el lugar, a parrillitas,  a mango verde con vinagre y a chicharrones de cochino con ¡pelos y todo!

           
Sin que me quede nada por dentro, puedo declarar que en mi vida he visto tanta basura.  Y no estoy hablando de basura en la calle, que si hay, estoy hablando de la mercancía.  Mala calidad, extremadamente costosa.  La mayoría, imitaciones baratas, (pero caras), de todo aquello que venden en el imperio meesmo…que tampoco es gran vaina.

           
Ya me dolía la cabeza.  Decido entrar a la tienda por departamento porque tiene aire.  No conseguimos nada de lo que buscamos, pero al salir, el vigilante de la puerta, nos pide que abramos las carteras, pues tiene que cerciorarse que no nos estemos robando nada.  ¡Guao! Creo que es ilegal exigir ver tu propiedad privada, pero como vivimos en Venezuela… qué carajo.  Eso no me molestó tanto como lo hizo el hecho que el vigilante, mientras miraba dentro de la cartera de mi hija, la piropeó hasta decir basta.  ¡Grosero! ¡Falta de respeto!

           
Hágame caso.  No vale la pena.  No bote sus churupitos en basura (no tiene otro nombre).  Sí se los ganó con el sudor de su frente trabajando como un burro, sería una verdadera lástima.  Da lástima aunque se los haya regalado el gobierno. Piense en la tremenda cola que tuvo que hacer en Banfoandes.  No lo haga.  Piense en comida, en pagar la luz, el agua, la medicina para la abuela…vaya al médico.


En navidad, regale una tarjeta, una carta donde le dice a sus seres queridos cuanto los quiere.  Escriba  detalles personales… “¿te acuerdas de la vez que me acompañaste a hacer la cola en la calle, en ese calorón, y nos tardamos cuatro horas, porque la línea se iba a cada rato para pagar el teléfono?...no me dejaste sola y te lo agradezco”…cosas así.  El ser humano siempre está hambriento por un poco de reconocimiento y cariño.  No lo demuestre comprándole una chemise de plástico con un águila que parece un zorro con alas que dice Winzil y Yandell mal escrito (como si existiera bien escrito), hágalo mejor con cariño, con un pollo frito bien resuelto o con unas galletas hechas con sus propias manos. 


No se le ocurra coger pa´ la Bolívar, pero si decide hacerlo, cuídese de un Alguacil sádico, que con su mirada fija y de sádico,  le gusta ojear de arriba abajo a su hija menor de edad.  Feliz navidad.

syepez@cantv.net




¡Todos contra todos!
Juan Tomás Martínez Yépez

13-12-2009
 

De manera muy directa, describe al pelo la situación que vive el país.  Sé que es muy sincero, a lo mejor demasiado sincero, pero el miedo no nos debería callar.  El nos da una lección aqui, y quien sabe, si nadie hace nada, por lo menos entienden porque no lo hacen.  Tal vez, algunos despierten y decidan hacer algo al respecto... Llegando a las chiquititas, es Juan Tomas quien lo escribió, y de aquí a que regrese (luego de la tan amarga experiencia que le tocó vivir aquí en Venezuela), ya el país se habrá enrumbado hacia otros odios y Juan Tomas con su articulo pasará a la resignación que nos acompaña. Susana


Es una guerra Civil de todos contra todos, si ideal ni bandera. Se mata por lo material: tierra, plata, teléfonos, carros, aviones. Materialismo puro, drogas y armas. El negocio del terror y la corrupción a todo nivel. Que desastre! Qué horror!


Un promedio de 20.000 muertos por año, en manos de la violencia callejera, despiadada e indiscriminada. Una guerra sin tregua del hampa contra los ciudadanos. Ya no se trata del hampa común, sino del hampa organizada. Mafias nacionales con conexiones internacionales.


Un círculo vicioso y podrido. El gobierno haciéndose la vista gorda ante esta tragedia, solo por encubrir a sus aliados, metidos hasta cuello en su propio excremento de miseria humana.


Qué triste pensar en todas nuestras familias afectadas por los asesinatos, atracos, robos, secuestros, pagos de vacunas, amenazas, sobornos, desalojos, expropiaciones, despidos injustificados, extorsiones y mucho mas. Qué pena! Qué vergüenza!


La falta de justicia, la impunidad ante el crimen, la irresponsabilidad de la omisión. Omisos! Eso es lo que somos un pueblo de irresponsables y OMISOS! Somos un atajo de VIVA LA PEPAS.


Mientras no nos toque a nosotros en lo personal, ya ni siquiera en lo familiar, no es asunto nuestro: “Tampoco la cosa es así”, “Deje eso quieto como está”, “No te des tan mala vida”, “Quédate quieto, loco!”, “Eso no es contigo”. Y así por el estilo, con nuestro estilo: La cultura del más vivo, del más avispao. Tenemos un culto al coleo: colearse en las colas, listas, puestos etc…., Le hemos construido templos a los vicios y malas costumbres y fosas a las virtudes y buenas maneras. La escuela de la mediocridad. La cultura del mínimo esfuerzo necesario, del: “Eso está güeno así”, “Deja eso como está”.  La filosofía del: “NO ME IMPORTISMO”. Zánganos, padres irresponsables, clientelistas, jala mecate, ladrones, plagiarios, mal educados y malcriados.


El clima nos permite comer cocos, mangos, piñas etc.… y defecarlos  sin esfuerzo. Vivimos sin preocuparnos, en un ranchito de palmas, cartones, latas, lo que sea, vestidos con lo mínimo (del guayuco al short roto). El petróleo nos malcrió y corrompió como una mala y prostituta madre. Los gobiernos han pasado por el poder como los distintos padres  de los hijos de nuestra prostituta patria, engañándola, maltratándola, violándola, estafándola, mintiéndole y abusándola en todos los sentidos.


Los venezolanos estamos inmersos en una guerra civil, sin tregua y sin cuartel, sin bandera ni ideología. Una guerra sin ideal, sin objetivos.


El odio con que te miran, te insultan, te humillan, te roban tus cosas, amenazan con matarte a tiros a ti y a los tuyos, unos muchachos de escasos 16 años, es de película de terror. Adolescentes de color marrón, vengándose de los que no tenemos la culpa (La Venganza de los resentidos). Pagando su rabia, complejo racial y cultural, maltratando al ciudadano común y corriente. Estos muchachos sin otra escuela que la del odio y la ignorancia. Jóvenes piltrafas sociales, jóvenes hundidos en la miseria colectiva. Si señores y señoras: Todos somos responsables! Todos hemos puesto la torta fétida en la que nos estamos ahogando!


Qué hacer? Caramba! No sé! Ya no sé nada! Cada vez sé menos, creo menos, puedo menos! Solos, no podemos! No servimos, no nos bastamos para arreglar este problema tan grave! Señores de la comunidad internacional: AUXILIO, S.O.S, AYÚDENNOS!


Tienen a un país en Suramérica secuestrado! Unos malandros se cogieron a Venezuela para ellos solos. Tienen a la gente aterrorizada, amordazada, muerta de miedo… Por favor manden, policías, jueces, militares,  lo que sea, hace falta de todo! Manden gente honesta que nos enseñe a ser personas decentes, que nos muestre como respetar el derecho ajeno.


Los que están aquí  acabaron con el Estado Venezolano. Armaron un gobierno a su propia medida y conveniencia. Son unos hampones, unos delincuentes. Han amedrentado y casi destruido toda iniciativa privada y ciudadana que no está bajo su control. Han desmoralizado a todas las fuerzas productivas, creadoras de empleos. Quieren controlarlo todo y llevarlo a su nivel de mediocridad y miseria humana!

 


DIOS!: ilumina a los poderosos del mundo entero, a las fuerzas vivas de la tierra para que se olviden de los intereses económicos, las conveniencias políticas, los beneficios materiales de la destrucción y la reconstrucción por medio de la guerra. Alúmbrales el entendimiento para que vengan a rescatar esta hermosa nación venezolana. Haz que se haga justicia divina y terrenal para la gente de paz, trabajadora y honorable de lo que queda de Venezuela.

 

Escrito por:

 

Un triste y pobre venezolano, desde el extranjero. Discriminado desde siempre por los acomplejados, por ser catire, ojos azules y pecoso. Descendiente de blancos criollos, europeos. Venezolano hasta la quinta generación ascendente, con familia muy numerosa directa que vive como puede en Venezuela. Una tierra en la que sus habitantes han pasado de la tolerancia a la resignación.

 

¡¡¡Que Dios nos agarre confesaos!!!

 

 Juantomás Martínez Yépez.

Ciudadano del universo.

Residente ilegal en la Tierra.

 

Diciembre 12 de 2009.

syepez@cantv.net



 

Lo siento
Susana Yépez de Álvarez

12-12-2009

Tengo viviendo en Carora casi 20 años.  13 en la casa donde hoy vivo con mi papá, mi marido y mis cuatro hijos.  Si hay algo que para mí, Carora tiene de bueno, y que todavía, con toda la situación que vive el país, no se ha perdido, es la familiaridad y la solidaridad que existe entre los que aquí vivimos. 

           
En lo que me mudé para mi hogar hace 13 años, me reencontré con mis vecinos, y establecimos de manera rápida y tranquila, lazos muy sutiles de amistad y hermandad.  Vivo en una cuadra muy amena de viejas familias caroreñas.  Para mi encanto, soy de las más jóvenes de la cuadra, y es que a mí siempre me han encantado las personas mayores.

           
La casa de Matilde Zubillada de Ferrer queda diagonal a la mía.  La bella costumbre de sentarse en las aceras en las tardecitas para conversar, (algo que muy lamentablemente ya no se puede hacer por la inseguridad), nos acercó al punto de convertirnos, además de familia, en muy buenas amigas.  Cuando yo llegaba de hacer diligencias, y la veía sentada afuera con Ramón Segundo, que con sus lentes Rayban parecía un galán de cine, me dirigía directo hasta allá.  Tenía que sentarme con ellos y hablar pendejeras por un rato antes de volver a casa.  Me daba un sentimiento de tranquilidad, de saber que pertenecía, de sentir que estaba exactamente donde debía estar.  Todo era perfecto.

           
Cuando muere mi mamá, sin darme cuenta, me refugio en Matilde.  Ya no es mi prima y mi amiga, ahora se convierte en una madre sustituta.  Ya no salían a sentarse en la acera, pero yo iba para su casa a conversar, buscando esa fortaleza  que ella me daba cuando la necesitaba sin mezquindad y con amor del bueno y del difícil de conseguir.

           
Matilde tiene la misma edad de mi mamá.  Tiene ocho hijos.  No los conozco bien a todos porque ya son grandes y no viven con ella, pero conocí a Gabela en una oportunidad de gran dificultad para mi familia y pude ver el mismo temple de acero que tiene su madre.  Me di cuenta que era alguien con quien podría contar siempre. 


Cuando Ramón Segundo se enfermó hace unos meses atrás, yo tenía a mi hijo Luis Fernando enyesado de los dedos de los pies hasta casi la cintura y tenía que llevarlo a Barquisimeto al doctor y aprovechaba para ver a la familia Ferrer-Zubillaga.  Allí fui testigo de lo que una verdadera familia es.  Todos juntos, completamente sincronizados.  Y es que, mientras Ramón Segundo estaba en terapia intensiva, a Matilde la sometieron a otra cirugía por cáncer de seno y a una de sus hijas…también.  Mientras tanto, los demás, tenían turnos para, de dos en dos, velar por sus padres y hermana.  Dormían en sillas playeras en el patio de la clínica, y los demás hacían el turno del día.  Vi a una familia solida y unida con lazos del amor verdadero y entonces, quise un poco más a Matilde, porque entendí, como recipiente de su amor, que ella es la clave esencial y principal de tanto amor.

           
Dada la vida tan dura que, a pesar de todo el amor que siempre la ha asistido, le ha tocado vivir, muere su compañero de vida, su esposo, su amigo.  Ahora le tocaba vivir con su ausencia y con el dolor que la acompaña perennemente al haber perdido a su hija María hace más de diez años atrás.  Tendría que llorar cuando no se estuviera sometiendo a radioterapia, porque eso era algo que no podía esperar.  Libraba resuelta a ganar, otra batalla contra el cáncer.

           
Nos comunicábamos por celular y los fines de semana que podía estar aquí.  Yo la sentía tranquila.  Era increíble ver su fortaleza.  No había excusas en este mundo para no lograrlo todo.  Ella era un ejemplo a seguir de temple y de amor.

           
Y entonces, en estas noches me llaman para decirme que le mataron a su hijo Ramón.  Le dieron un tiro por una riña sin sentido, en un país sin sentido donde la vida no vale nada.  Y yo te pregunto Dios, porque eres el único que me podría dar una respuesta… ¿por qué?


Duré toda esa noche pensando.  No me permitían llamarla porque en medio de la tragedia no se sabía cuánto le habían dicho y porque… ¿qué le puedo decir yo?, ¿qué explicación le puedo dar?, ¿cómo la ayudo?... ¡Dios mío!, ¿qué pasó aquí?... ¿por qué?

           
Tuve que decírselo entre lágrimas.  Le tuve que admitir que no puedo ayudarla en esta oportunidad porque no existe la manera para hacerlo.  Ojalá pudiera.  Lo único que me queda es llorar con ella en esta confusión, en este dolor, en esta rabia.  Como madre, no puedo sino imaginarme su dolor, y entonces grito porque sí yo, que soy más joven y tengo menos cicatrices, no sería capaz de soportar el dolor,  ¿cómo lo puede resistir ella que ya está tan débil? ¿QUE PASÓ contigo Dios?... ¿por qué? ¡Dime! para poder ayudarla a entender lo inexplicable.

           
Y, cuento con esa fortaleza que solo ella posee y con ese caudal de amor incondicional que corre por su ser para que la salve de esta.  No hay lecciones que aprender en esta situación.  Un grandísimo error de Dios nuestro señor.  Una metida de pata garrafal de la vida.  Algo que no se le hace una madre nunca… ¡nunca!

           
Mientras tanto, aquí estoy.  Sigo siendo tu prima, tu amiga, tu hija adoptiva.  Para bien y para mal.  Te extiendo mis brazos y mis lágrimas de solidaridad, en este caso, como madres que somos, pidiéndote que me pases un poco de tu dolor para sufrirlo yo por ti, ya que me parte el alma verte sufrir tanto.  Que vaina tan seria.  Te quiero tanto, tengo tantas ganas de ayudarte, y no puedo Matilde… no puedo.

 syepez@cantv.net



 

Increíble… dar… es recibir
Susana Yépez de Álvarez


06-12-2009

Durante esta época, me dejo envolver por las luces (uppsss…) y por la esperanza que se siente en el ambiente, pero también siento una gran nostalgia.  Más nostalgia que en otros momentos del año.  Me pongo muy sensible y sentimental.  Me hacen falta mis hermanos y sobrinos.  Ellos viven en otro país.  Me hace falta Rebequita, mi bebé chiquita, (aunque ya va a cumplir 12 años), que está con sus tíos este año, estudiando, conociendo su otro país y dándome todos los motivos del mundo para sentirme orgullosa.  Me hace falta mi mamá, la mujer que mas amé en este mundo.  Mi mejor amiga y mi mejor consejera, a quien perdí hace casi tres años. 

Cada vez que te veo sonreír, sonrió yo también… porque te amo.  De eso se trata la vida.  Me di cuenta, que es una negociación donde los dos ganamos.  Es recíproca la cosa.  Nadie pierde, y es tan bueno

En realidad es muy fácil hacerte sonreír.  Un buen cuento con detalles graciosos.  Comprarte unos zarcillos que están de moda. Gozar contigo la felicidad que se siente leer tu primer libro (¡que viva Doña Barbará!), arreglarte los lentes que soltaron la patita, porque tú crees que te los compré nuevos.

Hacerte sonreír es mi meta.  Es traerte los periódicos cuando no los esperabas porque me bajé en la panadería a comprarlos en pijamas y no me importó.  Es prepararte el atún adentro de un aguacate con lechuguita de dos colores para dejarte saber que sé que trabajas muy duro y lo aprecio, porque sé que aunque a mí no me gusta el atún (guacatela), a ti te encanta y estás en una honda de fitness.

Ser feliz es ver tu cara de sorpresa cuando te consigues con un regalo de mi parte.   No me costó una fortuna.  Una foto tuya, que por casualidad conseguí, donde clara y nítidamente se ve a Dios sonriendo y protegiéndote desde el cielo.  Tomarme el tiempo para escanearla, ir a la tienda, pedir que la impriman y buscarle un marco para poder así darte las gracias por tantas cosas, para que, a la final, me sienta yo, un poquito más feliz que tu.  Es mandarte una franela por correo, que sé me va a costar mucho más que la misma franela, porque la mandé a hacer especialmente para ti, porque tiene la foto de tu papá con los brazos abiertos, como tratando de abrazarte.  Un detalle  para darte aliento y dejarte saber que lo estás haciendo muy bien.  Eso es lo importante.  Detalles.  Y lo hago porque así me lo enseñaron.  Bastante he recibido para aprenderlo.  Pecado sería no pasarlo a aquellos que amo.

Tú me lo enseñaste.  Te doy un ejemplo.  ¿Recuerdas la vez que a mi amigo se lo llevaron preso por pendejo? No por criminal sino por pendejo.  Tú me dijiste lo siguiente cuando yo sentí miedo de tenderle la mano: “ve y ponte a su orden.  Para eso son los amigos.  No hay en este caso suficientes razónes para merecer estar preso y solo”.  Gracias a tus palabras, me envalentoné, preparé un plato de comida, me tragué el miedo que le tengo a los policías y logré que le pasaran a mi amigo un plato de comida bien presentado y una nota en la servilleta que decía “eres especial y de esta salimos juntos”.  Después de mucho tiempo, a un amigo tuyo le pasó lo mismo.  Sentiste miedo.  Llegaste inclusive a pensar que habías perdido a tu amigo. Tuve que recordarte la lección de vida que tú me habías enseñado años atrás.  Llamaste a tu amigo y le dijiste que los amigos son incondicionales en las buenas y en las malas.  Tu amigo lloró…y tu también.  Y hoy, después de tener casi un año, (de dos), preso, que lo vas a visitar, te pregunté si sería como en las películas, a través de un vidrio y con un teléfono.  Me dijiste que no.  Sería cada uno sentado en la punta de una mesa, sin contacto humano (no lo podrías abrazar).  Te pregunté si podías llevarle un regalo en esta época de navidad.  Me dijiste que no lo permitían, pero que tu amigo está tan emocionado con tu visita que te pidió llevaras suficientes monedas para poder comprar pedacitos de pizza que venden de una maquina que tienen para eventos importantes como este.  Y tú, tienes dos días manejando para ir a ver a tu amigo, y yo tengo dos días llorando.

Lloro porque la vida es un constante aprendizaje.  Por agradecimiento, porque cada vez que te veo sonreír, sonrió yo también… porque te amo.

syepez@cantv.net




Sin excusa

Por Susana Yépez de Álvarez

27-11-2009

Estoy horrorizada.  Ya que el estado de salud de mi señor padre estuvo en jaque por un tiempo y eso me asustó muchísimo, ahora tengo el hábito de ubicarme estratégicamente cerca de él siempre que estoy en la casa.  Y él, tiene el hábito de mantener el televisor a todo volumen, limitando su repertorio a dos canales: Globovisión y Venezolana de  Televisión.  He escuchado noticias y más noticias.  He llegado a escuchar la misma noticia… ¡hasta cinco veces! en un mismo día.

           
No hay café a menos a que quiera bajarse de la mula comprándolo en la calle a un señor que además de que se sube la franela para ventilar su barriga tiene varios tatuajes.  No hay azúcar.  Tenemos dos Centrales Azucareros en nuestro patio trasero y no hay azúcar.  El otro día peleé con mi marido porque trabaja en las cercanías de uno de estos Centrales y no trae azúcar.  Me dijo que NO HAY, “¿qué quieres que haga?”, “¡consíguela o me divorcio!”.  Ya se me pasaron los síntomas de la abstinencia.  Ya me acostumbré a la Splenda, que, aunque es más costosa, ¡se consigue!

           
Y ahora decidieron quitarme la luz los martes.  El único día que me escapo de las noticias, para ver un programa que solo lo pasan los martes a las 8 de la noche.  Es el único programa de televisión que espero para ver, que anhelo ver, que NECESITO ver.  Y entonces… a las seis en punto… ¡ puf! oscuridad total, y me dejan en perpetua angustia.  ¡¿Y si deciden no volverla a poner por tres horas?!... y mientras se acercan las ocho, mi angustia se acrecienta y comienzo a caminar por la casa llevándome por delante los muebles, o me arrodillo ante mi santuario para molestar a San Judas con tan pendeja petición, “por fa, por fa… déjame ver mi programa.  Es lo único que me calma el estrés, a pues…”  Y cuando llega la luz, justo a tiempo… ¡soy feliz!... y no pienso más en el futuro, hasta que vuelva a ser martes.

           
Aquí sucede lo inaudito y la vida, (incluyendo la mía), continúa.  Hay estudiantes durmiendo en la calle en huelga de hambre, y no importa.  Matan y secuestran a venezolanos a diario, pero eso es normal.  Tenemos índices de muertes violentas iguales o mayores a países que están en guerra, y no pasa nada.  Y la lista es larga…muy larga.


Chávez dice que todos somos iguales.  Socialistas.  Un hombre que es militar y que se rigió durante toda su carrera militar subiendo peldaños. Que comenzó como Soldado Raso y terminó como Teniente Coronel, a solo cinco peldaños del más alto rango como militar del ejército.  De “Nuevo” a “Teniente Coronel” escaló veintitantos peldaños, y cada peldaño lo colocaba como “inferior” a los que estaban por encima de él y como “superior” a los que estaban por debajo de él.  Así que… ¿todos iguales?…Imposible. ¡Socialista mi abuela! No me lo creo ni que me lo den con AZÚCAR.

           
Algo muy grave tuvieron que hacer nuestros antepasados en este país para que el resentimiento cabalgue tan campantemente por todo el territorio.  Para que nos permitamos convivir como lo estamos haciendo.  Para que todavía, existan señoras como la que, en estos días, en una tienda por departamento aquí en Carora, me llamara ignorante porque yo no quería ponerle luces a mi árbol de navidad si no lo podía prender en las noches.  De casualidad no escupió el piso por donde yo caminaba de lo brava que estaba, “¡Lo están haciendo en el mundo entero! Usted no sabe nada de nada.  ¡Es lo decente!  Póngale las luces a su árbol, pero no lo prenda… ¡IGNORANTE!”.  Así me dijo porque me escuchó preguntarle a la vendedora, en que, por fin, había quedado Chávez con respecto a las luces de navidad.

           
Si no salgo, no hay quien me salve del Ciudadano, del orangután de la Hojilla, o de la luz.  Si salgo, no hay quien me salve del tráfico, de la inseguridad, de la escasez o de los que están furiosos de amor por Chávez.

           
Y, mientras batallo con mi conciencia por no estar acompañando a aquellos que, en huelga de hambre, exigen la entrada al país de la Comisión de Derechos Humanos,  lo único que se me ocurre es pedirle a Dios que me ponga el programa que tanto me gusta siete días a la semana, varias veces al día… para no tener que pensar y pelear tanto con mi conciencia.  ¡Qué horror!

syepez@cantv.net




¡No está nevando en El Cardonalito!

Por Susana Yépez de Álvarez

22-11-2009

M
i hija mayor nació en el 93.  Cuando Chávez llegó al poder ella tenía 5 años.  Yo no voté por Chávez.  Nunca.  En ninguna de todas sus elecciones.  Y no voté por Chávez por varias razones, incluyendo las dos más importantes para mí: que trató de perpetrarse en el poder vía un muy violento golpe de estado, y, que es un militar.

           
No tengo nada contra los militares… bueno, si tengo algo en contra de los militares, pero respeto su decisión de ser militares si eso es lo que quieren hacer con su vida, y sé que hay excepciones en la forma de militares íntegros y decentes.  Es un rechazo personal a la filosofía, a ese estilo de vida, a ese trabajo, a las reglas por las cuales se rigen.  No comulgo en absoluto con el concepto y por ende lo rechazo. 

           
No creo en la guerra.  Me parece horrible.  No tiene sentido alguno.  Creo que todos deberíamos ser como Costa Rica, país que no tiene ni un solo estamento militar en todo su territorio nacional.  Paz y amor y diálogo.  El mundo de hoy sería tan diferente sin armas de destrucción masiva y sin un poco de hombres y algunas mujeres, generalmente jóvenes y repletos de hormonas, sin mucha visión de alternativas y futuro, que están listos para bombardear hasta niños dada la orden, (que tienen absolutamente prohibida cuestionar jamás), de un hombre (o mujer), igualito a ellos, pero con un poco mas de años en el mismo negocio.

           
Dicen, que cuando uno se forma una opinión y cree profundamente en ella, es muy difícil cambiarle su punto de vista.  Mi opinión en cuanto al mundo militar está requeté establecido. No convalido esa filosofía y nadie puede hacer nada para cambiar mi punto de vista.

           
Al poco tiempo de comenzar mi hija el colegio, comenzaron a impartir una materia que se llama Premilitar.  En esa época yo era una antichavista radical que sentía podía decir cualquier cosa por la prensa.  Aunque todavía soy radical, ya yo no hago eso… ni de vaina.  Y no lo hago porque la libertad de expresión, en cierta manera, si está cuarteada en Venezuela.  Me da terror escribir muchas de las cosas que veo y analizo, pienso y creo.  Tengo familia y temo por ellos y temo por mí.  Hasta aquí hemos llegado.  Pero en aquella época, cuando Chávez no estaba tan radical y agresivo como ahora, si grité a los cuatro vientos “¡El día que caiga nieve en El Cardonalito, permito que mi hija tome una clase que se llama Premilitar!”  Este año escolar, mi hija está en 4to año, y tiene que tomar, por obligación, la materia Premilitar, y no ha caído nieve en El Cardonalito, y mi palabra no vale medio… que decepción.

           
Todos los años, en Estados Unidos, se forman unos tremendos zaperocos cuando llega el momento en Biología de agarrar a un pobre sapo, clavarlo con chinches a una tabla y abrirlo con un bisturí, mientras que el pobre animal todavía está vivo. Algunos estudiantes, han ido a la corte porque se rehúsan a cometer este crimen.  Han ganado en la corte, y han pasado la materia investigando con libros sin tener que asesinar en nombre del aprendizaje.  Pero aquí en Venezuela, yo no puedo, sin que mi hija raspe la materia y baje significativamente su promedio, sacar a mi hija de una materia que no reconozco como necesaria para su formación académica, y que considero dañina para la salud mental no solo de mi familia, sino de la humanidad.

           
No es justo.  Es como si yo fuera católica y me obligaran a tomar clases de religión musulmana.  Es ceder a mis principios, y eso, además de que no me gusta nada… debilita mi alma. 


Mi única alternativa en este caso fue la siguiente: Le expliqué mi punto de vista a mi hija.  Ella está de acuerdo conmigo.  Le di mi permiso para colaborar en clases de Premilitar, mientras todo sea teoría.  Ella tiene la ventaja de entender que esta materia tiene dos caras totalmente opuestas, está ubicada en su posición al respecto y creo que el daño que esta teoría le puede causar es mínimo.


Cuando llegue la práctica, tiene mi permiso y apoyo incondicional a NO gritar palabras como Guerra, Patria, Socialismo o Muerte.  A no permitir que la castiguen (o disciplinen), como por ejemplo, haciéndola hacer 100 lagartijas, o darle 100 vueltas a la cancha bajo el ardiente sol, ni siquiera, a pararse como una estatua por ninguna cantidad de tiempo, bajo las órdenes del soldadito que esté impartiendo la materia.  Que le anuncie al experto en la materia, que citen a su representante y salga de la práctica sin dar explicación alguna.


Ella tiene mi bendición y respaldo para raspar la materia… por principio.  Le dije que para nosotras sería una razón para celebrar, y entiende que, aunque no es justo…si es correcto.     

           syepez@cantv.net



 

No quiero jugar… y punto
Por Susana Yépez de Álvarez


15-11-2009


Mamá!, viene Luis Fonsi! ¡Luis Fonsi!  y ¡Enrique Iglesias!... ¡MAMÁÁÁ!!.  Toda esta información, aparentemente importantísima, me la comunicaron mis dos hijas adolescentes, mientras yo me encontraba muy concentrada metiendo pastillitas en un pastillero súper cool que le compré a mi papá.  Estaba muy emocionada con mi nueva adquisición, porque es una caja larga con compartimientos individuales para los siete días de la semana, y de esa manera podía mantener mejor control de mi caos.

Resulta, que Luis Fonsi es lo máximo, y verlo en vivo sería algo así como que nos permitieran a Malena (la mamá de Milena) y a mí, sentarnos en un trono tal cual Misses Universos, mientras que Chayanne nos canta “Yo te amo”… ahhhh…


La plata escaseaba, pero Luis Fonsi es Luis Fonsi, y del hijo de Julio, (que pareciera tener serios problemas intestinales a la hora de cantar), ni hablar… “demasiado bello mamá.  ¡¡Me muero de la emoción!!”  Y mis dos hijas bailaban y cantaban y brincaban de la alegría, porque esta gente venía para Barquisimeto, y era un evento del Gobernador, y entonces no me costaría el riñón izquierdo y un ojo de la cara.  ¡¡¡Me muero chama… me MUERO!!!


Y en mi casa no se habló de otra cosa por semanas, hasta que dos días antes del concierto,  una de mis adolescentes me comunica que ella no va a ir al concierto porque tiene demasiados exámenes y va a estudiar.  Me dio lástima.  Yo, que generalmente aplaudo la responsabilidad y el esfuerzo, sentí un dolorcito por dentro.  “Anda.  No es lo mismo escucharlos por la radio que verlos en vivo.  ¿Te vas a perder al cantante constipado?”, le pregunté, y ella me contestó “Si mamá.  Tengo este examen y este otro.  Estoy siendo responsable.  Voy a vender mi entrada y punto”  No se lo peleé.  Respeté y admiré su decisión.  Me sentí orgullosa, y cuando la otra se fue para su concierto sin poder esconder su felicidad, yo traté de consentir a la que se quedó lo mejor que pude.


A los pocos días, llegó con su examen.  El examen por el cual no fue para el concierto del nuevo Chayanne que no es ningún Chayanne.  NO lo pasó.  No pasó un examen que estaba… ¡repitiendo!  Era la segunda vez que tomaba este examen.  Esta, ¡era la repetición del primero que tampoco pasó!  “¿Cuántos rasparon?” le pregunté con el corazón partido, “muchos mamá”, me dijo muy triste, “¿más de la mitad del salón?” pregunté, “ufffff”, me dijo y se fue para su cuarto.


Me pareció raro.  Además de la “curva”, otra cosa no me cuadraba.  Me puse a indagar.  Parece ser, que existe una ley o algo parecido a una ley (como si ahora nos rigiéramos por ellas), que dice, que si tantos alumnos no pasan un examen, tiene que haber una repetición.  Entonnncesss, o los cipotes sencillamente no estudian cómo deberían estudiar para el primer examen, o confabulan entre sí, para ir a repetición. 


Entiendo  que el profesor se molestó (¿quién no?), y decidió meterlos a todos en cintura en la repetición.  El trató de hacerle entender a estos mequetrefes, que la materia es importante, que él está explicándola, que es por su bien y que es un insulto a su persona y a su trabajo no poner atención y decidir ni intentar en el primer examen para ir a repetición porque así, todo es menos fastidioso.  El profesor se vengó con el propósito de enseñarles que el que manda en el salón de clases es él y punto.


Mi hija quiere a su profesor.  Dice que es bueno y que explica bien la materia.  Yo fui testigo del esfuerzo que ella hizo en el primer y en el segundo examen.  Esta materia le cuesta.  No recibió de mi parte ni un solo comentario negativo con respecto a sus dos exámenes raspados…porque la conozco y sé que trató.  Trató tanto que sacrificó no ir al concierto del siglo (¿?) por estudiar hasta con un tutor privado.  Para ella el golpe fue tan duro y tan inesperado, que decidió que ella no es lo suficientemente inteligente y punto, “entiéndelo mamá”. 


Y ahora, además de lidiar con el poco de pastillas de mi papá, tengo que hacerle entender a mi hija, que los profesores también tienen vida y problemas como todo el mundo.  Que es difícil trabajar con adolescentes que no te quieren parar porque están más ocupados mandándose mensajitos entre sí y viendo a ver como hacen para salirse con la suya.  Que esta vez ella pagó los platos rotos de una lucha por poder sin sentido entre el docente y algunos alumnos, pero que, “no soy lo suficientemente inteligente”, NO es una opción… y punto.


Este, no es un problema que existe única y exclusivamente en el pequeño rincón de mi mundo.  Es un problema a nivel nacional.  Esta supuesta ley está creando zánganos irrespetuosos y docentes que están hartos.  Un peligroso juego de “veamos quien gana aquí”, que afecta hasta los que no están jugando.  Las consecuencias pueden ser serias.  Yo hablo por mi hija, si, pero así como ella, sé que tienen que haber muchos más. Menos mal que a mi imitación de Enrique Iglesias no le gana nadie, y siempre, en medio de su tan pendeja derrota, logro hacerla sonreír.


¿Trato de llamar la atención de las autoridades que pueden y deben hacer algo al respecto?    Si lo hago… y punto.

syepez@cantv.net




San Judas Tadeo

 

Por Susana Yépez de Álvarez



08-11-2009

Nota: El artículo a continuación, lo escribí el miércoles 4/11/2009, en la mañana, antes de salir con mi papá hacia Barquisimeto. Cuando lo bajaban a quirófano, le entregué mi medallita de San Judas Tadeo a la doctora, y le pedí la tuviera cerca de mi papá durante el procedimiento. Hoy domingo, puedo decir, que la intervención dio resultados muy positivos, y, cuando lo subieron en camilla de nuevo a la habitación, él, todavía medio dormido, levantó su brazo para entregarme algo... ¡era la medallita!

Hay de todo en este mundo, y existen todo tipo de personas en él. Yo, que me considero sumamente cristiana, mas muy poco misera (¿será esto un oxímoron?), generalmente me la paso dándole gracias a Dios por todo, todos los días. Le doy gracias por la vida, por mis hijos, por mi casa, y entonces me pongo más específica, y le doy las gracias por la computadora, por el café que conseguí a un precio más que exagerado en la calle, y por el papel toilé que me aterra no llegar a tener algún día.


Trato muy poco de molestar. Sé que Él, está muy ocupado. Así que, cuando he estado en verdadero peligro, o necesito verdadera ayuda, me dirijo a San Judas Tadeo, Santo de mi devoción desde que soy adolescente.

Y en estos días me tocó molestarlo de nuevo, porque se trata de mi papá, y yo lo quiero y lo necesito. Necesitaba que San Judas estuviera presente en un cateterismo que le van a realizar, porque necesito que la intervención sea un éxito. Necesito que los doctores puedan reparar el daño por esa vía, y necesito que le protejan los riñones, hasta de él mismo, ya que es su peor enemigo cuando se trata de dieta.


Y en mi cuarto, mientras hacía las maletas que nos llevarían lejos de nuestro hogar, a un centro hospitalario (uy), a realizar el procedimiento adecuado, me volteé a mirar mi estatua de San Judas. El nicho de madera largó uno de sus clavos, y mi estatua cayó al suelo quebrándose en mil pedacitos frente a mis ojos, y aunque corrí a atajarla, no llegué a tiempo. San Judas se quebró a mis pies.


Decidí tomármelo con calma porque no tenía más remedio. San Judas me estaba diciendo que todo estaría bien, porque él agarraría lo malo. Lo recogí, lo guardé en una bufanda de seda de mi mamá y me fui para una tienda religiosa. “Vengo a buscar a San Judas Tadeo, él me está esperando”, le comuniqué a la vendedora que se me quedó mirando sin saber que contestar.

Antes de la intervención, teníamos que ir a ver al doctor que nos daría las recomendaciones para el cuidado de sus riñones. Mientras nos dirigíamos a su consultorio, le voy dando gracias a Dios que no estamos viviendo la historia de miles de venezolanos que tienen hasta dos años esperando ser atendidos en un hospital de Venezuela.


Pero cuando vienes de un doctor que se refiere al corazón de mi padre como “corazoncito”, a un doctor que le dice “¡mira viejo!, ¿aquí podemos hablar claro y raspao?, porque déjame decirte que la vaina está jodida”… wow… menos mal que mi mamá ya no está aquí, porque sí hubiese estado, yo hubiera salido de ese consultorio a millón y hubiera llegado a Carora corriendo en cuestión de minutos. ¿A dónde habrá estudiado este señor su humanismo? Sáquenme de aquí, ¡me quedo con el del corazoncito! Que horrible.


El Cardiólogo me había anunciado que este sería un viacrucis que nos tocaría hacer. Un viacrucis no debe ser fácil de recorrer. Pero fue allí, en el consultorio del Nefrólogo malasangre, que entendí lo que me había dicho. Okey. Fue un golpe duro, pero ya entendí, y estoy preparada.

Es difícil lidiar con gente, especialmente cuando todos estamos haciendo lo mismo… pidiendo ayuda. En el marco real del universo, mi papá y yo somos privilegiados. Estamos rodeados de profesionales: cariñosos y malasangres, pero ahí están, todos pendientes.

Una vez que el viacrucis comienza, tienes que terminarlo. Es necesario entender que se trata de tu padre, no del padre de ninguno de estos doctores, hay que saber agradecer la ayuda ofrecida, tender tu mano para recibirla, saber perdonar, apoyarte en tu grupo, y agarrarte bien duro del cogote de San Judas Tadeo.


No todo es malo. Es maluco, si. Hay cosas malas que te hacen sentir insignificante, pero también está aquel a quien le importas, aquel que quiere ayudar y lo hace sin mezquindad, aquel que reza por ti. La fuerza que todo eso te da, te muestra la otra cara de la moneda. Eres muy importante, y en el fondo de tu corazoncito sabes, que todo… va a salir bien.
 

syepez@cantv.net



 

¡¿Otra vez la vaina?!
Por Susana Yépez de Álvarez

01-11-2009

Hace muchos años atrás, a mi papá le hicieron un cateterismo en Ascardio.  Fue la vez que peleó con mi mamá, con Mariluz, con el Cabeza, conmigo y hasta con Chiquita, a quien dejó coja de la pata izquierda por el resto de sus días de la patada que le metió, porque la perra intentó  comerse la arepa que mi mamá desboronó y tiró al suelo para evitar que mi papá lo hiciera, sin lograr su cometido.  El viejo, en esa oportunidad se hartó su arepa, aunque en migajitas.


En ese entonces, el equipo de apoyo que se integró alrededor de mi papá era grande y organizado.  Bautizamos la Misión con el nombre, “Destapa la Artería” y fue un exitazo total.  Quedó como nuevo, y listo para seguir haciendo lo que siempre ha hecho… lo que le da la real gana.


Pero la noche que llegó prácticamente agarrándose de las paredes y me anunció “yo sé lo que digo, se me volvió a tapar la vaina”, quedé en shock total.  ¿Y ahora qué hago?, Comencé a correr por toda la casa.  ¡¡Mamaaaaaaaaaaaaaa!!,  ¡a mi papá se le volvió a tapar la vaina! ¡Auxilio! ¡La vaina se le tapó! ¡Otra vez!, y entonces  caí en cuenta, que mi mamá ya no está, ni mis hermanos, ni Mariluz, ni Chiquita tampoco.  Ay mamá… ¿y ahora… quién podrá defenderme?... ¡¡Ceeecilll!!


Después que me caminé la casa completa como doscientas cincuenta mil veces tratando de pensar, recordé que Rebeca mi hermana me había comentado en aquella oportunidad que tengo que ser totalmente objetiva y quitarme del alma la noción de que mi papá es inmortal e intocable.  “Piensa bien.  Pilas Susana… pilas”, me decía a mí misma.


Esa misma noche me senté a actualizar mi grupo de apoyo.  Cecil Álvarez, mi primo hermano lindo y bello tomaría el puesto de Rebeca como Jefe de la Misión.  Esta vez le cambiaría el nombre a la misión ya que la Junta Directiva sería otra.  Misión “Diablo Rojo”.  Me mantendría en contacto directo con mis hermanos vía telefónica, y reclutaría a varios primos hermanos.  Pensé en un perro, pero lo buscaría solo si era absolutamente necesario.


A lo mejor por no tener a quien llevarle la contraria (mi señora madre), mi papá decidió cooperar.  Fuimos al Cardiólogo.  No a la de Cabudare, por lo de “¡primero muerto en Carora que vivo en Cabudare!”, este Cardiólogo trabaja en Carora…y es buenmozo, tan buenmozo que mi papá, después de que el Doctor le hace como la tercera pregunta, me comenta, a todo volumen “¡este carajo si es fullero!... ¿ah?... ¡es fullero!”.  El Doctor escuchó esto, no me dio tiempo de comenzar a toser a todo pulmón y así lograr diluir un poco sus impertinencias.  Gracias a Dios, al Doctor le causó risa, no le paró e inmediatamente comenzó a trabajar para “compensarlo” antes de destapar nada.  Me doy cuenta, que esta vez, la cosa está un pelo más complicada porque hay que compensarlo.  ¿Compensar?... ¿QUÉ es esooo?... ¡Ceeecil!


Saco mi agenda, donde anoto todo, y comienzo a recibir las órdenes del Doctor, hasta que me doy cuenta de que, aunque mi papá está a mi lado,  el Doctor me habla es a mí.  Me sentí un poco mal. ¿Por qué el Doctor no le explica esto a mi papá?, me volteo a ver si está molesto porque no lo están tomando en cuenta como el Doctor que él también es (pero en Economía), y mi papá se me queda mirando unos segundos y después me dice, de nuevo a todo volumen, “¡¿Qué es lo que dice?!... ¡no escucho nada!... ¡estoy sordo!”.  Ay mamá, ¡Cecilll!


Después de varias semanas, estamos listos para la batalla.  Estamos en buenas manos y estoy tranquila…relativamente.  Mi grupo de apoyo, aunque diferente al anterior, es igual de numeroso, generoso e incondicional.  Mi papá no ha pedido la arepa todavía, me da la impresión que sin tener a mi mamá para molestar o a Chiquita para patear, no sería igual de divertida la vaina. 


El Cabeza ya está alertado.  El sigue ahí, a la orden y listo para tomar las riendas del volante.  Este grupo está totalmente preparado  para la acción.  ¿Una cañería tapada?...nojombre, eso no es nada para nosotros, después de todo, somos Yépez…YÉ-PEZ... ¡mas nada! (¿?).  Diablo Rojo con esa vaina.  Dentro de poco el viejo estará listo para seguir haciendo lo que le da la real gana.  Deséenos suerte, no estoy segura de él, pero yo, si la voy a necesitar. No es fácil… ¡oootro cateterismo más!...qué buena vaina… ¡Ceeecilll… vámonos! 

syepez@cantv.net




¿Me acompañas?

Por Susana Yépez de Álvarez

25-10-2009

Me monté en el carro.  Tenía varias diligencias que hacer.  Estaba en una honda de eficiencia… sabroso.  Prendo la radio.  Raro hoy en día lograr escuchar música en la radio, ahora es solo gente hablando pistoladas en pro o en contra de la revolución… más en pro que en contra.  Para mi asombro, una canción vieja, muy bonita, que me trae bellos recuerdos.  Le subo el volumen.

Se me atraviesa un carro a lo macho.  Me da tanta rabia.  Uno hace su cola como todo el mundo para que venga un “vivo” a montarse encima de la acera, casi que llevándose a la gente por delante, solo para lograr pasar dos carros más adelante que el tuyo.  Refunfuño, pero al ratico me estaciono todo eschoretada, (nunca he sido buena en eso de estacionarme paralelamente), frente a la óptica.

Antes de entrar, a ver si me pueden arreglar los lentes que mi hijo Luis Fernando quebró anoche en una pataleta, veo que viene una patrulla tipo pick up de la policía.  Atrás van cuatro hombres, se ven jóvenes, pero no les puedo ver los rostros porque los llevan tapados con sus franelas, vienen esposados a las barandas de la patrulla.  De golpe siento una gran tristeza.  Me dan lástima.  Siento que no es solamente culpa de ellos que ahora estén donde están.  La sociedad también es culpable.

Entro a la óptica, y me consigo con Adriana, la hermana de Milena.  Mientras me arreglan los lentes, Adriana me cuenta que leyó mi último artículo y no podía parar de reír pensando en el mostro de la laguna negra.  Y, esperando, nos reímos juntas, con el cuento de cómo yo, agarro el periódico cuando escribo, me meto en el baño, me siento totalmente vestida en la poceta, y trato de visualizar el lugar perfecto donde puedo  estratégicamente colocarlo, abierto justamente en la página adecuada, para que, cuando por circunstancias de la vida, mis hijas tengan que estar ahí por un tiempo, les llame la atención  ver mi artículo tirado en el piso y lo lean, ya que las muy condenadas solo lo hacen… ¡si yo las obligo!

Después de despedirnos paso por el banco.  No el banco donde me trataron mal.  Mi banco.  No hay cola (Gloria a Dios).  Escucho, sin querer queriendo, a la señora que está en la taquilla de al lado.  Ella necesita ayuda del cajero.  Solo sabe escribir “Tomasa”, su nombre.  Siento de nuevo una gran tristeza.

Arranco a ponerle tinta a los cartuchos de la impresora de la computadora porque después de varios meses es que caigo en cuenta, que si yo no lo hago… nadie lo hará.  Hay una larga cola en la angosta calle y no puedo salir de donde estoy estacionada hasta que alguien, muy generosamente, me da paso.  Más adelante, para pagar el favor, yo le doy paso a otro carro, solo que después de que ese carro pasa, tres más aprovechan y abusan, entre ellos una motocicleta con cuatro miembros de una misma familia… mas la comadre, creo.

Me paro en la Bolívar.  Quiero hacer a alguien feliz.  Es su cumpleaños.  Mientras me estoy bajando del carro, un hombre en una bicicleta me piropea.  Resulta y acontece, que esta “mami” tiene los ojos bellos.  No sé cómo me los pudo ver dado los inmensos lentes de sol que me los tapaba… pero de todos modos… gracias “papi”.

Compro el regalo.  Estoy contenta.  Me parece muy bonito.  Dejo los cartuchos cargando para que, con más tiempo me los recarguen con más cariño.  Ahora me dirijo a sacarle copia a la llave del candado que me protege por las noches.  Ayer no tuve suerte.  En tres diferentes lugares me dijeron que no se podía… tendría que comprar otro candado, pero no puedo, porque ese tipo de candado es demasiado carísimo.   Así que me dirijo a un lugar que me explicó Luis Oswaldo donde hacen llaves.  Consigo el lugar y me vuelvo a estacionar… mal.

Le explico al señor, quien trabaja desde su casa, a través de las gruesas rejas que ahora nos separan como hermanos, mi problema.  “Dicen que no se puede” le digo, y le paso el candado con la llave casi rota.  Mientras espero, me fijo en lo limpio que tiene su humilde hogar.  Tiene unos porrones con unas matas muy verdes y saludables adornando su piso de cemento cuidadosamente pulido.  Como a los dos minutos, se asoma con el candado en una mano y una llave totalmente nueva en la otra, y me afirma con una sonrisa “todo se puede”.  Me rio en mi asombro y para sorprenderlo, le pido que compre el periódico el domingo porque ahora, él es mi héroe y le voy a dedicar mi artículo.  En lo que le digo esto, aparece su señora esposa de yo no sé donde, y me dice “¡no me la pelo!  Siempre la leo”.  Después de pagar y de darle las gracias a tan bella pareja, con el corazón contento ya que la sorprendida fui yo, me meto de nuevo en el carro.

Me dirijo a echarle aire a los cuatro cauchos para no tener que seguir escuchando a Luis Oswaldo decirme que me voy a quedar espichada en medio de la calle… “y me vas a llamar para que te rescate y yo no tengo tiempo para esas pendejeras y… bla, bla, bla”.  Mientras que el señor le está echando aire a los cauchos, otro señor logra venderme unos libritos sobre los Estados de la República Bolivariana de Venezuela (¡¡parece que ahora son 24 los Estados!!), otro sobre los presidentes, y otro más sobre el cuerpo humano (en inglés y en español), y logra vendérmelos por tres razones: todavía no aprendo a decir “NO”, me gusta todo lo que sea educativo…y me dijo que parecía una modelo… que vaina tan seria.

Ya que mi carro está mirando en dirección al colegio, decido llegar hasta allá.  Le pido al vigilante que le entregue los libros a Eleana, que le encantan esas cosas como a mí, y le dé el regalo a Milena.  Nunca es demasiado temprano para  dar o recibir un regalo.

De regreso a casa, escucho un tamunange sabroso, (he tenido suerte con la radio el día de hoy), y le pongo tanto volumen, que no logro escuchar las cornetas y las mentadas de madre que me echaron  porque la luz se puso verde, pero yo no me di cuenta por estar bailando y mirando los diferentes grafitis que adornan las paredes de mi ciudad… uno más horroroso que el otro.

Mas tarde saldré de nuevo a la calle a buscar mis cartuchos de tinta.  Suena sencillo, pero en realidad no lo es… ¡hay una jungla allá afuera!... solo que de gente. Demasiado emocionante.

syepez@cantv.net




Yo tenía una luz…

Por Susana Yépez de Álvarez

18-10-2009

Luz.  Así se llamaba mi abuela. Luz de María, que nombre tan bonito.  Mi tía, la super fashion one, también se llama Luz.  También se llama Luz, la amiga que tan generosamente me envía muchos regalos para mi granja en facebook.

Luz tiene muchos significados, pero todos tienen que ver con “mirar y observar”.  “Estaba equivocado.  Mi vida era un desastre, hasta que vi la luz”.  Dicen, que cuando uno muere, quiere seguir la luz.  La luz te llama y tú te diriges hacia ella en total tranquilidad.

Aunque sigo siendo una persona nocturna, porque de esa manera, me molestan menos y puedo pensar más, me encanta la luz.  Todos los tipos de luz.  Pero la luz literal, aquella que hasta ignoramos, porque sencillamente es parte de nuestra vida, como lo es respirar, es la luz a la cual hoy alabo ante mi Dios Todopoderoso.  Gracias Dios por la luz que guía mi camino por las noches y permite que no me lleve los muebles por delante.  Gracias por la luz que mantiene mis alimentos en buen estado en la nevera que todavía no se me ha quemado por los apagones, por la luz que me permite ver Venevisión Plus (caca), por la luz gracias a la cual, hoy puedo escribir este artículo.

Cuando te quedas metida en el ascensor de la policlínica de Carora, que es bien chiquitico, preñada de nueve meses, porque se fue la luz, aprendes a apreciarla, a respetarla y a amarla con todo tu corazón mientras le caes a patadas a las puertas del ascensor pidiendo misericordia por tu alma y por el alma del ser que llevas en tus entrañas.

Y aunque eso fue hace mucho, mucho tiempo atrás,  y aunque definitivamente es un trauma difícil de superar…yo lo superé, porque el ser humano que está menos preparado para quedarse varado en la oscuridad, sin saber por cuanto tiempo, soy yo.  Tengo un solo velón en mi casa, y ese está designado única y exclusivamente para San Judas Tadeo, ya que es el único que realmente me ama y me comprende.

No estoy segura si están racionando la luz porque estamos en un régimen castrista, porque estamos preocupados por el calentamiento global, o si es porque el sistema eléctrico-enelbareño está en tan mal estado por falta de cobres y mantenimiento que llegó al llegadero.  Lo que si sé es ¡que ya está bueno pana!

No tengo la opción de cambiarme de monopolio, como puedo hacerlo, por ejemplo con Intercable, o hasta con CANTV, pasando de teléfono tradicional al puro celular.  No existe en la región un ENELBAÑO, o un ENELBOTIQUIN, ni siquiera hay un ENELPOSTE.  No tengo para donde coger.  Me la calo o me la calo, y entonces… ¿a quién le paso las facturas de los artefactos quemados dada la situación?, y no me digan que lleve la factura y una carta a Enelbar porque ya lo hice en el pasado y no funciona.  Por lo menos a mi mamá nunca le funcionó.  Y ella era super necia, y me hacía escribirle las cartas por computadora porque nunca aprendió a usar sino una máquina de escribir manual marca Olimpia del año de la Conchinchina y le daba pena entregarlas así.  Una docena de cartas llevé personalmente en esa oportunidad a Enelbar, hasta que decidí tirar la toalla, y yo…no tiro la toalla así no más.

¿A quién le paso la factura por la intimidación emocional que sufrió mi hijo pequeño al verse en la bañera en total oscuridad pensando que el monstro de la laguna negra se lo iba a comer? ¿No hay responsables en este país?  ¿Aquí uno paga por un servicio para que te quemen los artefactos eléctricos que tanto te costaron comprar y te traumaticen al muchacho psicológicamente?  Increíble.

Sí es cuestión de racionamiento, sea porque ahora el pueblo (no los gobernantes) tenemos que dárnoslas de socialistas o porque decidimos ahora ser gente decente y cuidar el ambiente cuando nuestra idea de reciclar es tirar el cuartico de jugo que nos acabamos de beber por la ventana del cuarto… ¡AVÍSENMOS carajo!, para poder así desenchufar los cuatro peroles que tenemos a nuestro nombre.  Publiquen lo siguiente: Se le notifica a la población más tolerante del mundo, que pueden ir desenchufándolo todo y prender las velitas, de 6 a 10 de la noche todos los miércoles, porque no tienen para donde coger y punto.  Es más, después de identificarse como empresa, yo finalizaría el mensaje de la siguiente manera: ¡JA… ja… ja!

Bueno, me voy para el comercial chino donde la señora me trató tan bien la última vez a buscar un poco de cariñó y un bojote de velas.  Buena suerte, y recuerde siempre, resguardar a sus pequeños del monstro de la oscuridad… bañándolo en una ponchera, atrás en el solar, en horas del mediodía. 

syepez@cantv.net




Sentido Común

Por Susana Yépez de Álvarez

11-10-2009

El banco es una institución que presta servicios.  Así como la CANTV, la farmacia o la bodega de la esquina.  En todas ellas, trabajan personas que están a disposición de sus clientes, y una excelente filosofía, sí quieres ser exitoso en tu negocio, es guiarte bajo el siguiente credo: “el cliente siempre tiene la razón”.  Este credo, hace sentir al cliente importante y querido, y se transforma de un cliente, a un cliente fiel.

Por alguna razón, eso no se ve en Venezuela muy a menudo.  Aquí tienes que hacer cola en la calle, en pleno sol, tragando humo tóxico del bueno, para pagar el teléfono.  Lo peor de todo es, que el venezolano cree en su corazón, que así es como nos deben tratar…y aguantamos…aguantamos colas, aguantamos malas caras, aguantamos que nos traten como si nos estuviesen haciendo un inmenso favor.  Somos tan tolerantes que somos pendejos. 

En estos días me tocó ir al banco.  No me gusta ir por las razones arriba mencionadas, pero no tenía más remedio.  Tenía que ir a cobrar un cheque que no llegaba ni a media canasta básica, pero me urgía cambiarlo de todos modos. 

Tenía problemas personales que me tenían tan angustiada que se me veía en los ojos.  Mis ojeras lo decían todo, aunque no me conocieras.  En mi apuro, con mi inmensa lista de cosas por hacer, busco mi cédula en la cartera…pero no consigo la bolivariana, republicana y chavista, consigo la vieja.  Llego a la taquilla, saludo a la cajera,  y le entrego el cheque y la cedula laminada vieja.  No me devolvió el saludo, pero si el cheque y la cedula.  “Esta cédula está vencida.  Nueva norma.  Sin cédula vigente no le puedo cobrar el cheque”.  En mi asombro, no le pude contestar sino “gracias”, pero antes de salir del banco derrotada, decido sentarme y tratar de buscar más tranquila, la cédula bolivariana.


Mientras buscaba, también pude reflexionar un poco acerca de lo que me acaba de pasar, acerca de la tolerancia, acerca de la solidaridad.  Me levanto y me dirijo a un escritorio donde una especie de “jefa” habla con sus clientes.  Espero poder interrumpir, y le explico que no tengo la cédula bolivariana, le muestro la cédula vieja y le digo que necesito, me urge, cobrar ese cheque “¿sirve sí le traigo mi pasaporte?”.  Ella no tiene idea, y después de hacerme esperar un rato más, llama a la Sub Gerente por teléfono interno.  Deciden que, como mi cheque no tiene el sello de “no endosable”, yo puedo buscar a algún conocido con cédula de la buena, y meterlo en el banco para que firme el cheque por detrás, haga la cola y lo cobre por mí.   Le digo que no voy a hacer eso.  “¡Ah bueno! Entonces tiene que esperar para hablar con la Sub Gerente”.  Me siento a esperar… de nuevo.


Cuando la Sub Gerente llega a su oficina, vuelvo a explicar mi situación.  Le enseño la cédula vieja y le pregunto si  busco mi pasaporte en la casa.  Mirándome despectivamente (y lo digo sin que me quede nada por dentro), volteó el cheque y con su firma autorizó me lo cobraran, y con la misma mirada me dijo “le aconsejo una cosa.  Sáquese la cédula”.  Salí de su oficina.  Volví a hacer la cola.  Volví a caer en la misma taquilla con la misma mujer que me atendió la primera vez.  Le volví a entregar el
mismo cheque y la misma cédula vieja. 


Salí del banco con mí dinero. La cédula bolivariana, la cual encontré cuando me senté a revisar bien la cartera, la mantuve guardada en el bolsillo de atrás de mi  pantalón… por principio.


Había salido muy triste de ese banco.  Totalmente desilusionada.  Yo jamás hubiera tenido el corazón de tratar a otra persona así.  Mi mamá siempre me dijo que eso no se hace.  “Usa tu sentido común y ayuda siempre que puedas.  No pierdes absolutamente nada en hacerlo, y te hará sentir bien”.  Sentí una gran desesperanza… la humanidad estaba perdiendo el sentido de fraternidad… algo sumamente grave.


Me dirigí para un comercial chino a comprar unas cosas.  Saludé a la señora cuando entré, agarré mi carrito y busqué lo que necesitaba.  Cuando terminé de pagar y me disponía a salir, la señora, con una bella sonrisa en el rostro, me dijo “tienes ojeras.  Te ves cansada.  Ten.  Está muy dulce y es bueno para ti” y me regaló un durazno frio, de un color muy bello.  Se lo agradecí dándole un fuerte abrazo frente a los demás clientes, y ya manejando de regreso a la casa, lloré de alivio. Todavía… hay esperanzas.


syepez@cantv.net




Porque tú eres importante

Por Susana Yépez de Álvarez

04-10-2009

En estos días me invitaron a un programa de radio.  No me gusta mucho hablar.  Prefiero mil millones de veces escribir.  Me da la oportunidad de pensar antes de decir algo.  Pero tengo que admitir que fue muy agradable escuchar las llamadas y los mensajes de textos de personas que se tomaron el tiempo y el cariño de llamar y escribir para decir cosas hermosas.  A algunas de esas personas les supliqué que llamaran, a otras las amenacé con no darles más comida (a mis hijas), pero otras me agarraron de sorpresa, porque no las conocía.  Gracias.
 

Casi al final del programa, me piden que de un mensaje a las mujeres caroreñas.  Y aunque ya no estaba tan nerviosa como al principio, mi incapacidad de reaccionar en el momento, no me permitió dar el mensaje que hoy quiero darle a quien esté interesada en escucharme.  Tengo días reflexionando y meditándolo, y a lo mejor, le sirve a alguien.  Ojalá.
 

Me dirijo a la juventud porque vivo entre la juventud.  Tengo hijas que apenas comienzan etapas muy importantes que les marcarán el resto de sus vidas.  La adolescencia es vital.  Es aquí donde es importante decidir qué vas a hacer con tu vida antes de que otros lo hagan por ti.
 

Número Uno: Tienes que estudiar.  Tienes que estudiar porque los estudios te dan la herramienta necesaria para poder ver mejor tus alternativas.  Además, te da una carta que puedes guardar bajo tu manga, y mientras más cartas tengas bajo tu manga más seguridad en ti misma tendrás. 
 

Número Dos: Tienes que leer.  Leer es importante.  No todo puede ser internet, el celular y la televisión.  Tienes que leer libros.  No importa qué clase de libro leas, todos tenemos diferentes gustos.  Lo importante es, que cuando lees, se activa tu creatividad, porque te imaginas a los personajes y las situaciones, con escenarios y todo, y además, aprendes a redactar, a resumir, a captar información importante.  Esto es vital, si no quieres vivir en la luna.
 

Número Tres: Sería muy bueno, excelente, saber lo que quieres estudiar en la universidad antes de entrar en ella.  No es vital como leer, pero si te daría una gran ventaja.  Estoy asumiendo que piensas estudiar en la universidad porque entiendes la importancia de la regla número uno, o sea,  alternativas, seguridad, independencia.  ¿Qué te llama la atención?, ¿Qué te gustaría hacer por el resto de tu vida?, hazte estas preguntas y comienza a buscar información.  Existen miles de carreras, existen carreras que son nuevas.  Yo nunca había escuchado hablar de Meca trónica hasta hace un par de años.  Investiga, lee, decide.  Siempre puedes cambiar de opinión.  Pero si no tienes ni idea, la universidad se puede convertir en un calvario en vez de tu salvación, y tienes que llegar a verla como tu salvación.
 

Número Cuatro: Los novios.  Ay mamá.  Okey, yo también fui adolescente.  Tener un novio te hace sentir chévere.  Pero recuerda: Si tú no te respetas a ti misma, nadie te respetará.  Y lo que dice Ricardo Arjona en su canción “Dime que No”, es completa y totalmente cierto.  Si dices que si de una vez, no solo tu novio no te va a respetar, sino que va a regar la voz a todos sus amigos y echar el cuento.  Horrible, pero cierto.  Los varones, todos, de todas las edades, pero especialmente los adolescentes, piensan en una sola cosa…en como agarrarte, aunque te quieran y te amen.  Eso no los hace mala gente, sencillamente los hace lo que son…hombres.  No es malo hacerlos sufrir.  No se van a morir por eso, pero si te van a respetar.  Ya mayor, entenderás mejor este punto.  Mientras tanto créeme.  Ten tu novio si de verdad te gusta. Exígele respeto en todo momento.  Y si un día, por cualquier razón, te deja de gustar, sal de él.  Así no estarás comprometida cuando te llegué tu verdadero príncipe azul.
 

Número Cinco: Independencia.  Esto se logra gracias a los puntos anteriores.  Averigua que quieres  estudiar y estúdialo.  Sé buena en lo que te gusta para que no tengas que sufrir trabajando.  Hazte imprescindible en tu trabajo.  Que no puedan vivir sin ti.  Gánate tus propios cobres, no te imaginas lo sabroso que eso se siente.  Eres dueña de tu vida.  Si te da la real gana, te puedes comprar ese par de zapatos caros que viste en el Sambil de Barquisimeto.  Tus padres no están ahí para mantenerte por el resto de tu vida.  Vela por ti, porque eres la más apropiada para hacerlo.  Nadie lo va a hacer mejor que tu, porque todo el mundo tiene sus propios problemas.  Asegúrate que te puedas mantener tu sola, y si te puedes mantener bien…mejor.  Puedes viajar y conocer lugares exóticos y diferentes.  Puedes decidirte a hacer un post grado en otro país.  Puedes comenzar tu propio negocio.  Las alternativas no tendrían límites.  A buena emoción.   No es tan difícil.  Si se puede. 
 

Número Seis: Ya para esta etapa de tu vida, eres una mujer hecha y derecha.  ¿Quieres compartir tu vida?, ¿casarte?, ¿tener hijos?, sería lo lógico.  Serías una compañera extraordinaria y una madre maravillosa.  Tendrías las herramientas para serlo.  Serias un modelo a seguir para tus hijos, y un semejante en los ojos de tu esposo.  Serías una ciudadana consciente que puede aportar a su sociedad.  Guao.  Na´ guará.  Mejor no se puede.
 

Para asustarte un poco y animarte a ponerme cuidado, te doy una breve lista de las alternativas.  Saltas de novio en novio y te jamoneas con todos…eres fácil…échale pichón.  Una mala reputación es muy, muy difícil de sacudirse.  Sacas malas notas en el colegio…no te importa nada porque eres medio tarada, una pobrecita.  Sales preñada sin estudiar…prácticamente, hasta aquí te trajo el río, a depender de un hombre por el resto de tus días, y tus hijos, tendrán muy poco en que fijar sus propias aspiraciones.

Comienza a rodar una bola de nieve, difícil de detener.  Siempre existen las excepciones, pero no vale la pena aprender a los tanganazos si puedes evitarlo.  ¿Sabes que es maluco?, tener que depender y tener que pedirle a un hombre plata, hasta para comprarte un par de alpargatas. ¿Suena bueno?... ¿verdad que no?  ¿Te recuerda a alguien?... ¿verdad que si?

Ese es el verdadero mensaje que quería dar cuando me lo pidieron en la radio ese día.  Un poco largo el mensaje, lo sé, pero el tema es complicado y sumamente importante.  ¿Estoy equivocada?...yo no creo… ¿y tú?

syepez@cantv.net



 

Yo seré tu “JOMBRE”
Por Susana Yépez de Álvarez

20-09-2009

Yo tengo una amiga.  Ella se llama Julieta.  Aunque Julieta es hija de mamá y papá, ellos son del campo y la educación de Julieta vino más del hogar que de la escuela.  Tiene muchos hermanos y hermanas, son una familia unida que se apoyan y se cuidan los unos a los otros con las herramientas que tienen.  Gente humilde y buena.


Julieta ha trabajado conmigo desde que llegué a Carora.  Justo cuando me comencé a preguntar si Julieta se casaría (ya tenía veintipicote de años), si querría tener hijos, pero con miedo a meterme por no parecer metida, me comunicó que estaba embarazada.  Sin casarse, sin mudarse de la casa de su mamá, sin vivir con el hombre.


Yo no soy pendeja.  Yo sé que esto sucede todos los días del mundo, pero Julieta es mi amiga y yo me preocupo.  “No se preocupe”, me aseguró, “mi hombre es bueno.  Tiene educación.  Es leído.  Trabaja.  Se va a ocupar de los dos. Se quiere casar porque es viudo.  La que no quiere soy yo. Todo va a estar bien.  A mi hijo no le va a faltar nada, porque él me lo aseguró”.


Después de investigar por mi cuenta un poco, me entero que efectivamente el hombre es estudiado (de universidad y todo).  Trabaja para una empresa.  Tiene buen sueldo. Le gusta leer libros.


Manuela, el hija de Julieta, ya tiene 3 años.  Resultó ser una bendición para todos los que la conocemos.  Y al principio, es verdad, el hombre se ocupó de todo. De su apellido, de su alimentación, de su salud… hasta que aburrió a Julieta, o revivió su supuesta esposa muerta, o apareció otra Julieta en el panorama.


Manuela se la pasa en mi casa con su mamá.  En estos días estuvo enferma y Julieta me trajo los exámenes de laboratorio para ver si yo sabía lo que tenía.  Los valores estaban alterados, pero en realidad, yo no tenía idea.  Tendría que llevarla al médico.  “¿Quién pagó estos exámenes?”, le pregunté, “yo”, me contestó ella.  “¿Quién pagará la consulta médica?” le pregunté, “yo” me contestó ella.  De un año para acá, Julieta no sabe nada del supuesto hombre que prometió cuidarlas por el resto de sus vidas.  Es más, cuando lo ve en la calle, él se voltea haciéndose el loco.


Ella, sola, no tiene los recursos para cuidar a esta niña como Dios manda.  Cuenta con una numerosa familia y con un trabajo (mientras yo esté aquí), para ayudarla, pero eso no quita, que me saca la piedra, que un “hombre”, así como lo escribí, entre comillas, se lave las manos un día y decida que él no va a seguir siendo el padre de esta niña. 


Cuando uno ve el nivel de educación de la mayoría de los venezolanos.  Cuando uno entiende que la sociedad está desmoronada por la falta de principios, ética y educación que NO se están impartiendo en la familia, dando como resultado a un poco de malandros, madres adolescentes y niños maltratados, uno se lo achaca a la sociedad y a sus fallas y trata de trabajar para solucionar eso.


Pero, cuando yo veo a un tipo, que se las da de “hombre”, de caballero y de profesional, que miente para encantar a una muchacha humilde, preñarla y luego tirarla a ella y a su hija al abandono, entonces deduzco que este “hombre” es un cobarde y un farsante.  Otro malandro más, una total lacra, que debería agarrar sus libros  y metérselos por donde el sol no brilla por irresponsable, hipócrita y egoísta.


El no es el único.  Esta raza de hombre, peor que aquellos que no tuvieron el privilegio de una crianza como Dios manda, es peor.  Los otros son víctimas de sus circunstancias.  Pero estas ratas, saben exactamente lo que están haciendo. Entienden las consecuencias de sus actos, y así y todo…les importa un comino.  Caca.  Que Dios se apiade de su alma, porque si es por mí, se pueden freír en el infierno.

syepez@cantv.net



 

Homero Álvarez Perera… nuestro Dios
Por Susana Yépez de Álvarez


06-09-2009

Una vez escuché a mi señora madre decir, que a ella le gustaba creer en aquello que podía ver y comprobar.  Era por eso que a veces, cuestionaba la existencia de Dios.  Con Homero, la cosa era muy diferente.  A él, lo podía ver, escuchar y abrazar.  Ella creía en Homero, y para ella, él era un Dios.

Y fue así como nos lo presentó a sus hijos, y fue así como lo quisimos…como un Dios. Perfecto y todo poderoso.

Esta es, sin duda alguna, una tragedia totalmente inesperada.  Después de todo, siempre creímos que él…es JOVEN.  Para mí, es inmortal, y me convenceré que todavía está aquí, para poder así sobrellevar el terrible dolor que se siente entender, que se me fue. 

En su eterna juventud no solo fue mi médico, sino mi amigo.  Un amigo original, único e incondicional.  Lo amé y lo idolatré durante los 42 años que tengo de vida, y lo seguiré amando por el resto de mi vida.  Un verdadero prestigio.  Una inspiración.  Un regalo de Dios.

Ante la noticia de su muerte, mientras lloraba sin poder detener mis lágrimas de asombro y de dolor, recordé a Elvira y a mi mamá.  ¿Será posible que la tristeza de unos sea la felicidad de otros?... ¿estarán su esposa y su fan numero uno celebrando junto a él su llegada?... ojalá y así sea…


DISCURSO DE ELEANOR HOUSER DE YEPEZ EN EL CUMPLEAÑOS NUMERO 80 DE HOMERO ALVAREZ PERERA


"Buenas tardes amigas y amigos, todos los reunidos aquí con el solo motivo de decirle al Doctor Homero: Feliz cumpleaños, te queremos mucho.


El otro día, Orlando Álvarez se presentó en la casa y me dijo que yo tenía que echar un discurso. Después me mandó a decir Adolfo lo mismo.  Yo no sé porque me mandaron a mí.  Hubieran escogido a alguien que sabe de discursos, que no tiene acento, que ha conocido a Homero desde su infancia.  Pero donde mandan Orlando y Adolfo, yo soy marinera.  Puede ser que escogieron bien, pues sería difícil conseguir a alguien que le tenga más admiración, respeto, fe y cariño que yo.  Será por esto que me encuentro aquí con este mandato que me llena de humilde orgullo.


No voy a echar cuentos de Homero.  Cada persona aquí tiene una colección.  Yo misma podría echar varios.  Deberíamos más bien hacer una competencia, cobrar entradas, donar la plata a la Casa de la Cultura, recopilar los mejores cuentos de homero y publican libro.


Pero creo que no me aguanto.  Voy a echar un pequeño cuento.  Más bien un chisme.  Una vez, hace como 35 años, un grupo de jóvenes madres, estábamos hablando de los hombres.  No voy a decir quiénes estaban, a lo mejor ellas mismas ni se acuerdan.  Cada una hizo una lista de cual hombre caroreño era el más inteligente, el más buen mozo, el más atento, etcétera.  En cada lista apareció el nombre de Homero como ¨El hombre más sexy de Carora¨.


¿Qué explicación tiene esa gran coincidencia?  Homero no es Robert Redford, ni Andy García ni Cesar Romero.  No es alto, elegante, galán o romántico.  No sé.  Le hubiéramos preguntado a Elvira, pero con nosotras era gritón y brusco; con un dedo peludo y un ojo que de pronto se iba pal´ cipote.  Un día me botó del consultorio a empujones mientras me llamaba ¨ésta condenada musiua¨.


Pero todas habíamos tenido un muchacho muy enfermo.  Estuvimos mortificadas, petrificadas del terror, y cuando por fin – y siempre era POR FIN – llegaba Homero, se calmaban los nervios.  El muchacho tuviera algo serio o no; si era serio él sabía qué hacer y si no era serio, también.  Homero siempre sabe que hacer: POR FIN alguien que sabe que hacer.  Para nosotras es LINDO.


Homero no es un sustantivo, un nombre propio o común; es más bien un verbo: ser, estar, bailar, actuar, hacer: en el hospital, en el consultorio, en el teatro, en las fiestas.  Cuando lo operaron hace unos años, lo encontramos en la clínica con su cama full de libros y papeles: investigando.  Si uno no sabe algo – lo tiene que saber.


Desde 1959 conozco a Homero Álvarez.  El tenía 38 años.  Pollito.  Ahora Homero está entrando a su noventa década y todavía los hábitos son difíciles de romper.  Cuando le pasa algo a Fernando (que ya tiene 44 años), a Rebeca o a Susana, ¡a Nano!, o a los nietos, todavía pelo por el teléfono ¨ ¿A dónde estará Homero? Él sabrá que hacer¨.


A Orlando y a Adolfo les doy las gracias por haberme dado esta oportunidad de expresar mi gratitud a Homero.  No creo que esté hablando sola.  Esta vez hablo con la voz de muchas madres.


Feliz cumpleaños Homero, y que sigas bailando para siempre.

Eleanor Yépez" 

syepez@cantv.net




Cuento con eso
Por Susana Yépez de Álvarez

30-08-2009

Hablo de esto, porque acabo de ver un programa de televisión llamado “Justicia Ciega”, que me gusta mucho, en el canal 49, FOX, que reavivó muchas emociones que me tocaron vivir.

Desde muy jóvenes, mis hermanos y yo conocíamos muy bien los sentimientos que acompañaban a mi mamá con relación a la vida y a la muerte. Una mujer tan fuerte y tan sensible a la vez, que amaba sin condición alguna a todos sus semejantes, le tenía terror a una cosa: Depender de otros.  Esa dependencia podía ser económica o física.  No lo soportaría.  Tener que pedirle dinero a un hijo para su supervivencia sería algo vergonzoso.  Depender de alguien que la ayudara a bañarse, también lo sería. 

En Estados Unidos, donde es legal, frente a testigos, firmó un documento donde pedía no ser conectada a ningún tipo de equipo médico que la mantendría viva, y más de una vez nos amenazó a mis hermanos y a mí con embromarnos si la dejábamos sufrir en manos de los médicos si el pronóstico final era que ella no podría cuidarse sola.

Nosotros sabíamos esto.  La conocíamos muy bien.  Entendíamos que se trataba de su dignidad humana, y sin decir más que, “cuenta con eso”,  le garantizamos nuestro respeto a sus deseos, mientras que, a la misma vez, rogábamos a Dios cumplírselos.  La vieja… era arrecha.

En realidad, tuve la fortuna de no verla desintegrante ante mis ojos lentamente.  Esa situación, estoy segura, hubiese sido mucho mas dificil y dolorosa para todos.  Pero, como humanos que somos, desconocemos las enfermedades y la muerte.  Si hay una oportunidad de pensar y creer, que haciendo esto y esto otro se pudiera salvar, y con el favor de Dios ser, quien en el pasado fue, por lo menos yo, lo hubiese intentado todo.  Lo hubiese hecho con las intenciones más nobles del mundo y egoístas también… después de todo se trataba de mi mami, y además, ¿cómo podría vivir conmigo misma si no lo hubiese intentado todo para sanarla?.  Es fuerte…

Cuando mi mamá se enfermó, mis hermanos no estaban conmigo.  Y, aunque teorías iban y venían en nuestras constantes conversaciones acerca de lo que tenía, y de cuáles serían las consecuencias, jamás nos imaginamos el final.  Siempre contamos con su fortaleza y nos aferramos a la idea de “salir de esta”.  Ese final llegó como un relámpago inesperado para todos.

Por la rapidez del deterioro causado por un infarto, con su cartera en mis manos y en total estado de shock ante una situación abismal y demasiado dolorosa, recordé el documento que muchos años atrás, ella había firmado.  Busqué en su monedero y conseguí la tarjeta que la hacía miembro de la asociación que la apoyaba en su decisión de  morir con dignidad, si su vida útil había muerto en vida.

Corriendo busqué al doctor y le reclamé me diera en el acto un pronóstico claro y directo.  Este no era bueno.  La habían resucitado ya una vez y su cerebro no sería el mismo…estaba dañado.  En el mejor de los casos, si sobrevivía, necesitaría asistencia por el resto de sus días.  Muy probablemente habría que entubarla.

Me encontré en un callejón sin salida.  La  decisión que ella, ya había tomado sola, hace tanto tiempo atrás, ahora estaba en mis manos. No tenía tiempo para llamar a mis hermanos ni para hablar con mi papá, él estaba destrozado y confundido.  “No la entubes.  Aquí tengo el documento firmado por ella.  Se trata de la ley en su país natal.  Son las órdenes que nos dejó a aquellos que la queremos.  Déjala ir en paz.  No hagas nada más”

Yo tuve suerte.  Pude ser abrazada por ella.  Pude mirarla a los ojos y entender que había llegado el momento de pelear por ella y por sus derechos.  Pude despedirme de ella, y ella se pudo despedir de mí.  Y, con un dolor que nunca antes había experimentado mi cuerpo y mi alma, pero sin titubeos, sus órdenes fueron cumplidas.

Hoy, pido lo mismo para mí.  Le aseguro a aquellos que amo, que es lo que quiero y deseo.  Quiero valerme por mi misma.  No quiero soportar el dolor, en todos sus sentidos, si el pronóstico es que sufriré el resto de mis días asistida para poder así… vivir muerta.  Ojalá y nunca tenga que ponerlos en esa situación, pero si sucede, confío en que tomen el control,  y por amor… hagan lo correcto.

syepez@cantv.net




Me puedo poner en tus zapatos
Por Susana Yépez de Álvarez

23-08-2009

La vida me ha demostrado, una y otra vez, lo egoísta que en realidad somos.  No me excluyo en absoluto. Cada quien está ocupado pensando en sus problemas, en cómo solucionarlos y en cómo ser feliz… yo… yo… yo.

       
A veces, esa actitud que está incrustada en nuestro subconsciente, nos impide ponernos en otros zapatos para poder así ver y sentir un poco la situación de los demás.  Suficiente tenemos con la nuestra y muy especialmente si ni te conozco.


Hace mucho tiempo atrás, en un artículo, había mencionado que mi hijo, que ahora tiene 5 años, camina con las puntas de los pies.

         
Fue así como terminé en el CDI de Barrio Nuevo con Luis Fernando, cuando tenía 3 años.  Literalmente temblando y admitiéndome a mi misma que el amor de una madre no tiene límites, frente a un enorme afiche de Fidel y Chávez abrazados, di la información que pedían del paciente y de mí.

         
Pero durante estas vacaciones escolares, entendí, que mi hijo que ya tiene cinco años, y que podía caminar, saltar y correr en puntitas por largas distancias, lamentablemente no estaba mejorando y sus pequeños pies estaban sufriendo, ya que la parte del talón estaba quedando pequeña al compararla con los dedos de los pies. Me fui de nuevo al doctor.  Sería un procedimiento quirúrgico que lo dejaría enyesado desde las rodillas hasta los dedos de los pies por seis semanas.  “Aquí tienes la orden para todos los exámenes preoperatorios, habla con tu seguro, aquí tienes el informe médico, me llamas cuando tengas la carta aval y consigue una silla de ruedas…la  vas a necesitar”.  Por su bien, con el corazón en la mano…Me puse a trabajar.

         
Lo que más me costó conseguir fue una silla de ruedas.  No quería comprarla, son extremadamente costosas y la necesitaba solo por un par de meses.  Alquilarla me resultó imposible.  No la tenían en Locatel, ni en un lugar especializado en aparatos médicos en Carora.  Mandé mensajes de texto a todos mis contactos. 

         
La mayoría de las personas que contestaron, querían ayudarme pero no sabían como.  Entonces respondió mi alumna y amiga que trabaja en la Alcaldía.  En la Fundación del Niño había un coche-silla de ruedas que me podría servir. 

       
Le tuve que admitir a mi amiga que si ponían mi nombre o mi cedula en una computadora del gobierno, esta, podría estallar, pero ella, muerta de risa me pidió que organizara una carpeta con toda la información y la llevara a la Fundación.  Así lo hice.

         
La Primera Dama me entregó en comodato, por un año, después de firmar unos documentos, una silla de ruedas usada.  Solo necesité lavarla y ponerle cauchos nuevos, cosa que hice en el acto.

         
Cuando llegué a la casa con mi hijo enyesado y lo senté en la silla, ésta, le quedaba justa y perfecta.  Mandada a hacer. Su vida, por las próximas seis semanas será más cómoda gracias a esa silla y a la ayuda de estas personas.


No estoy segura si se trata de política, pero en realidad no lo creo.  Esta vez pienso que se trata de naturaleza humana…de la buena.  Una mano amiga.  La verdadera manera de cómo todos deberíamos ayudarnos los unos a los otros. 


Espero pronto poder regresar la silla de ruedas en optimas condiciones, para que le pueda ser tan útil a otro niño como le fue al mío, y con un poquito más de fe en mi prójimo, y una buena lección de vida, paseo a mi niño y sonrío mientras que él…me echa un cuento.
 

syepez@cantv.net




Así de Sencillo

Por Susana Yépez de Álvarez

16-08-2009

Durante los últimos meses no he estado ausente.  Siempre he estado aquí, lidiando con el día a día, organizando mis pensamientos y sentimientos, reorganizando mis prioridades, visualizando mis alternativas… tomando decisiones.

         
Han sido meses muy largos y muy duros.  He vivido el secuestro de familiares y amigos.  Me he dejado arrastrar por la angustia de la incertidumbre.  He llorado en la soledad de la noche arrodillada ante mi impotencia.  He sentido el horror de tener que reconocer que mi país dejó de ser el país que me pertenece y me protege.


No permito ante ninguna circunstancia que mis hijos salgan a la calle solos, por temor a que cualquier cosa les suceda… cualquier cosa.  Vivimos en un país sin leyes. 

         
Dejé de escribir por miedo, por desidia, por depresión.  Dejé de escribir porque la YO ocurrente, que podía verle el humor a cualquier cosa ya no podía reír mas ante una situación que me revuelve el estómago.  Además, estaba ocupada.  Como madre tenía que pensar en una solución. 

         
Buscar esta solución era poder trasladar mis pensamientos y ver a mi familia en los diferentes escenarios que por fortuna puedo darme el lujo de imaginar, pero que, a la misma vez, debilitaba mi alma.  Después de todo soy venezolana, vivo en Carora.  Aquí me casé, crié a mi familia, convivo con mi comunidad, tengo mi núcleo de apoyo.

         
No soy una mujer rica en el sentido material de las cosas.  Tengo una educación que me ha permitido, junto a mi marido, mantener a nuestros hijos.  Pagamos su techo, su educación, su alimentación y su esparcimiento.  Ha sido difícil cuadrar las cuentas, pero con sacrificios lo hemos logrado. 

         
No me interesa la ropa de moda, ni el maquillaje de marca, ni siquiera la peluquería.  Dame un blue jean, una franela y unos zapatos de goma y estoy tranquila. 

         
Tengo cuatro hijos.  No les dejaremos una fortuna al morir… no la tenemos.  Solo pretendemos dejarles la mejor educación posible.  Las herramientas para que ellos marquen su propio destino.

         
Me tocó reconocer lo que ya desde hace tiempo sabía.  En Venezuela, no puedo garantizarles la mejor educación posible.  No puedo ni siquiera garantizarles la más mínima protección a sus vidas. 

         
Mi mamá era gringa.  Gringa-venezolana porque aquí vivió 50, de sus 70 años.  De herencia, ella me dejó la mejor educación que pudo darme, y la doble ciudadanía.  Alternativas. 

         
He sido muy apoyada y muy criticada en mi decisión de irme de Venezuela con mis hijos en busca de una vida mejor para ellos.  Ha sido una decisión muy difícil de tomar.  Tengo el corazón en el lugar correcto… mis hijos.  He vivido el dolor insuperable del secuestro, viviré el resto de mi vida con la huella imborrable del miedo.  Y ahora, la educación no es cuestión de derechos ciudadanos sino de politiquería barata, mientras que, en la cotidianidad de la vida… tu vida… vale lo que vale tu celular. 


El país está verdaderamente fracturado.  Está dañado.  El daño es tan profundo que tomará mucho tiempo y esfuerzo arreglarlo.  No tengo el lujo del tiempo.  Mis hijos me necesitan ahora…no pueden esperar.  No se trata de abandonar mi país, de no quedarme a pelear, de no querer lo que por derecho me pertenece.  Se trata de ser realista, de poner mis prioridades en orden.  Mi prioridad número uno son mis hijos…no mi país. 


Esta mañana, en el canal del estado, vi un programa donde una joven estudiante, en apoyo a la nueva ley de educación que se aprobaba, le cantaba una canción tipo rap al presidente de la república, mientras que él bailaba y aplaudía.  En la letra de la canción, ella defendía la revolución y le decía a la oligarquía  “y si no te gusta, ¡vete!”. 


Chao pues…

syepez@cantv.net



 

Tres líneas sobre  Luis Fernando Yépez
Por Dr. Manuel González Muro

26-06-2009

¿Qué es, pues el tiempo?

 Si nadie me lo pregunta, lo sé;

 si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé.

 San Agustín
 


Dr. Manuel González Muro

Abajo, viandantes apresurados, hasta mí llega el horrísono ruido de vehículos y desde mi ventana contemplo la estilizada silueta de aviones que surcan el cielo caraqueño. En el tráfago de este día,  trato de condensar solo tres aspectos, para mí, importantes,  que describen la alta talla de un hombre, el Dr. Luis Fernando Yépez, al cumplir ochenta años de edad.

 

La Solidaridad
 

Es verano, el paisaje desolado, los cerros como papel arrugado muestran el ramaje esquelético de escasas hojas verdes, resistiendo el inclemente sol de la mañana. Él, en mula; yo, a caballo. Los animales con paso seguro eluden las heridas de la erosión en los cerros. Después de más de dos horas, arribamos a un único y humilde rancho de esa soledad.

Cuando nos desmontábamos de los animales, de la oscuridad del rancho salió una mujer con un niño en brazos.

 

-¡Hola, buenos días!  Dijo el Dr. Luis Fernando Yépez… Preguntó,  ¿Tú vives aquí?... ¿Tú eres la mujer de fulano de tal?…. ¿y dónde está?... preguntaba y miraba con disimulada acuciosidad el rancho. De rato en rato, con un palito golpeaba el piso de tierra. Estaba inquieto. Respetuoso de la privacidad, pidió permiso.

-¿Puedo pasar?...

La mujer le dijo que sí. Entró al rancho y miró. Con seriedad serena, nos sentamos en unos troncos que hacían las veces de sillas. La señora  ofreció sabroso café que nos sirvió en renegridas totumas.

A los pocos minutos, al oír el galope rápido de un caballo, la señora dijo:

-Ya viene fulano de tal.

Desmontando y hablando con energía, en una nube de polvo, llegó el caporal.

-¿Está sabroso el café?


Y en animada conversación fue describiendo su trabajo y necesidades familiares y laborales. Los tres salimos a recorrer y ver lo descrito por el caporal. Luis Fernando Yépez preguntaba como consultando. El Dr. hacía las veces de obrero  y el obrero era el PhD. graduado de Wisconsin. En ningún momento dio una orden, sugería. Sutilmente insinuaba fechas. Las acciones, el momento y duración  de los trabajos las iba señalando el caporal. En la conversación, se intercalaban aspectos familiares, festivos, vegetales, edáficos, animales y climáticos.  El caporal se sentía jefe y amo de esas soledades, él podía pensar en voz alta; y como dos amigos quedaron en verse por la tardecita, allá en la casa.

 

Con Luis Fernando Yépez, degusté la rica aportación del hombre humilde, sencillo,  pobre a la riqueza del campo del humanismo; con él vi practicar la humana relación de hombres diferentes y entender que la clave para conocer a la gente es el significado de sus palabras.

Tiempo después, por cosas de “la nómina”, me enteré de mejoras en las casas y la presencia de un maestro para los niños en aquella finca de la serranía Lara-Falcón. Finalmente, con él comprendí, hace muchos años,  que el Espíritu noble señala la escarpada trocha por donde transita la relación solidaria de la empresa con su gente.

 

La generosidad

La carta de la Universidad de los Andes era con término perentorio: “Este es el último año, de acuerdo a los reglamentos, para que Ud. presente su tesis de grado que le permitirá optar el grado de Magister Scientiae.  El cansancio y el polvo del campo no impidieron que preocupado mirase las dos cajas que contenían mi inconclusa tesis de grado, actividad postergada mes a mes. Le pedí ayuda a mi esposa para que me indujese con frecuencia a concluirla. Ese fin de semana abrí y contemplé el segundo borrador, y encontré el teléfono de mi asesor, daba pena llamarlo, pues años atrás también le había ofrecido enviarle la interpretación de resultados. En resumidas cuentas,  sólo escarbé las cajas.

 

A manera de conversación informal, le mencioné al Dr. Yépez la carta recibida y mi disposición para concluir la tesis en noches y fines de semana. Su reacción fue inesperada.

-¡Tú no necesitas esa tesis, la necesitan tus hijos!

-¡Tienes que darles ejemplo!

-¡En noches y fines de semana jamás terminarás!

-¡Reiniciar la redacción es un proceso mental que lleva tiempo!

 

Después de un buen rato de oír sus experiencias como estudiante, concluyó.

 

-¡Tienes que salir de la casa y concentrarte por dos o tres meses, regresa a  Mérida!

-¡Es por tus hijos!

Con la carga de cuatro hijos pequeños, mi esposa asumió mi ausencia y quincenalmente la oficina le entregó el cheque de mi salario durante más de tres meses.

Hasta que en una fría mañana merideña, salí de secretaría con mi título en la mano. Yo me decía: Mi grado, mi esfuerzo, mi satisfacción, porque aún no comprendía aquello de  ¡Es por tus hijos!

Pero el tiempo, el gran sazonador de la vida, este año 2009, cuando conversé con mi hija la necesidad de concluir su tesis de maestría,  aparecieron en mi boca las mismas palabras del Dr. Luis Fernando Yépez: ¡Es por tus hijos!

Ahora, ella en eso está. Gracias, Dr. Yépez.

 

La familia

Un pequeño y aleccionador detalle cotidiano. El teléfono repicó  y la secretaria, rápida, lo tomó.

-Hola, buenos días-…

-Está en reunión-…

-No puedo interrumpirlo- …

-¿Por qué no lo llamas más tarde?…

Eran las respuestas de la secretaria. En mi imaginación, oyendo de espaldas, trataba de descubrir al interlocutor.

-Chica me vas a crear un problema-…

La llamada es de mujer, me dije, ¿a quién están llamando? Siguió mi curiosidad.

 

Desde lo alto del edificio los carros y el paisaje de Caracas se veían pequeños. El ambiente de la oficina era de gran distinción; pintura de autores desconocidos por mí, adornaban los pasillos y las oficinas. Me encontraba en Caracas en una diligencia Caroreña.  A esa hora de la mañana, por teléfono y radio,   ya estaba informado de una verdad simple:   No había llovido en Carora.

 

La secretaria escribió en un papel  e ingresó a la sala de reunión.  Instantes después salió y respondió al teléfono.

-Ya  va, dice que esperes…

 

 No había pasado un minuto, cuando apareció el Dr. Luis Fernando Yépez y tomó el teléfono. Sonriente y con afecto.

-Dime…

-Mi amor, ya te he dicho que yo resuelvo ese problema-…

-Dame tiempo, lo resuelvo…

-Yo también…

-Un beso…

Colgó el teléfono y sonriente me miró: ¡Es Susana!

 

En mi fuero interno quedé sorprendido. Que una hija llame a su papá por teléfono, no es extraño. Que interrumpa una importante reunión, no es extraño. Pero que el papá salga de una significativa reunión para atender a su pequeña hija de 10 o 12 años, eran actos mayores. En esa actitud del profesional, profundamente instruido,  había implícita una definición y el ejercicio de conceptos y valores humanos: La familia está primero.

En esa época mis hijos mayores eran muy pequeños, pero es una enseñanza que atesoro y aplico en mi vida familiar. Con el paso de los años, he visto al Dr. Yépez, como padre, atender problemas pequeños de los hijos pequeños, y problemas grandes de los hijos adultos. Tiene una familia con excelentes ciudadanos en el mundo del siglo XXI. Con cariño, disponible y sin horario; papá veinticuatro horas del día y 80 años continuos. ¡Feliz cumpleaños y muchos años más de vida!

 

Manuel González Muro y familia.

Caracas, Junio de 2009.

 

syepez@cantv.net




Para usted, Dr. Ramírez…lo prometido es deuda
Por Susana Yépez de Álvarez

22-05-2009
 

Yo tengo la costumbre al entrar al Club, de pasar directo, sin mirar para los lados y sin saludar a nadie primero, de llegar a la mesa que yo denomino “la mesa de los viejos”.

Generalmente, en esa mesa se encuentra mi tío Mario, y yo siento que a él le debo mi primer saludo, mi primer beso y mi primera ¿bendición?, luego saludo por nombre a todos los que se encuentran en esa mesa y converso un poquito antes de despedirme para sentarme con mi grupo.

Si no visualizo a mi tío Mario, igualito agarro para esa mesa primero a saludar.  Creo que le debo homenaje a los mayores, y además… ¡me encanta un viejo!  Me alegra mucho poder pasar todas las noches cuando vengo cansada de dar clases por casa de Taco Taco Castillo, tocarle corneta y saludarlo con la mano.  Me hace feliz cargar a Homero Álvarez Perera en el carro mientras él hace sus diligencias.  Me hace sentir digna y querida el beso cariñoso con el que tío Mario me saluda cuando llego a su mesa.  Sentimientos profundos que forman parte de quien soy.


En esa mesa, entre los mayores, también estaba el Dr. Andrés Ramírez.  Y hace muy pocos días, después que pasé a saludar, me llegó el doctor, y se sentó conmigo en mi mesa.  Me comentó que le preocupaba el hecho que yo  había dejado de escribir. Mientras lo acompañaba a comerse un sándwich y una colita, le confesé lo que no le había confesado a nadie hasta ese día.  “A la gente le gusta que sea cómica, que los haga reír, y últimamente han pasado cosas que me han marcado tan profundamente que siento que perdí la esperanza del buen humor”.   Y hablamos de los secuestros de seres queridos, de la impotencia ante la impunidad, de la injusticia y el dolor que embarga al alma…al saberse insignificante.  Hablamos de la inseguridad, de la educación y de mi desesperanza.  “Escribe sobre eso.  No tienes que ser cómica.  Escribe sobre lo que sientes.  Tus lectores te necesitamos”.  Se levantó, me dio un beso y se fue para su casa.


Mi amistad con los Ramírez comienza con Carlos Mario, el hijo menor de Andrés y de Stella.  Aunque soy poco social, me considero amiga incondicional de mis amigos.  Siempre, en las buenas y en las malas.  Cuando comencé a escribir, la señora Stella se declaró presidenta de mi club de fans (tan bella), y con el doctor compartí mucho cuando formé parte de la Asociación de Vecinos de la Zona Colonial.  La amistad, los escritos y las preocupaciones sociales no convirtieron en camaradas.

El doc
tor murió inesperadamente a los pocos días de una de las conversaciones más alentadoras que he sostenido con alguien en este período de confusión y angustia por la que estoy atravesando.  No le pude cumplir la promesa de volver a escribir hasta hoy, cuando no está para leerme y para enterarse de cuanto influyó en la manera en la que hoy, gracias a él, veo la vida.

Llamé a mi papá.  En innumerables ocasiones me había dicho que el Dr. Ramírez era un hombre de bien, sumamente culto y que era un placer sentarse a conversar con él en el Club.  Me repitió mil veces que doña Stella era de Medellín y el doctor de Cúcuta.  Que estudió en la Universidad Javieriana de Colombia.  Que era un gran profesional, un caballero, que hablaba varios idiomas.  Al darle tan triste noticia el silencio reinó, hasta que por fin lo escuché lamentarse diciendo simplemente “que vaina…que vaina”.


Al rato me llamó de nuevo.  “Quiero que escribas una nota.  Escribe una nota que diga que Andrés Ramírez era un caballero.  Un hombre culto, un gran profesional, un hombre digno y correcto… ¿tú puedes hacer eso?, yo necesito que digas que yo digo, que Andrés Ramírez era un colombiano.  Que a mi siempre me han parecido los colombianos gente muy superior, y que fue un placer compartir con él la amistad y la vida”.  Le contesté que si podía.  Colgué el teléfono y me puse a llorar…de nuevo, y sé que en la distancia mi papá hizo lo mismo.


Cuando le dije a Carol Cristina, mi hija mayor, que el doctor había muerto, confundida, impaciente y muy angustiada me preguntó que quien era el Dr. Ramírez, porque era IMPOSIBLE que fuera el mismo señor, amigo de ella, que la saludaba siempre, cuando ella pasaba por su casa, las tardes que iba para Ballet.  “Ese era el Dr. Ramírez” le expliqué, y entonces Carol… también lloró.


A toda su familia, que se entrelazó con amistad, solidaridad y amor a nuestra familia, vayan nuestras palabras de condolencia.  Su pérdida es nuestra pérdida y hoy más que nunca nuestra amistad, solidaridad y amor… son suyos.   

syepez@cantv.net




Ensalada Mixta

Por Susana Yépez de Álvarez

08-02-2009

1. HENRY FALCÓN:
Yo quisiera pedirle al señor Gobernador del estado Lara, Henry Falcón… ¡qué se mude para Carora ya!  Gracias a su visita, las autoridades locales decidieron ponerse las pilas mas rápido que inmediatamente.  En mi vida había visto yo tanta eficiencia.  La plaza Bolívar la pintaron en… ¡2 horas y 23 minutos!, y cambiaron todos los bombillos quemados también. ¡Eso quedo bello!, provoca olvidarse de la inseguridad rampante que reina en todo el territorio nacional y salir a pasear con la familia a tertuliar en la plaza.  ¡Ah mundo!  Lo que logró ese hombre con estar menos de 24 horas en Carora.

Parece ser que la visita de nuestro Gobernador fue un éxito total.  El hombre como que habló personalmente con Raimundo y todo el mundo.  Se fue para el hospital, se fue para la policía, anotó un poco de cosas en su agenda y a la mañana siguiente, ya desde su oficina en Barquisimeto comenzó a delegar funciones y a solucionar problemas.  Que maravilla.  Un hombre que quiere trabajar por la comunidad entera, y que trabaja… tra-ba-ja. Un aliento de aire fresco.  Un gran potencial para la presidencia de Venezuela… s
i gana el NO.

2. CACA-FO: En el corre-corre de las autoridades locales que muy apresurados trataban de tapar el sol con un dedo ante la llegada del Gobernador, una de las cosas que hicieron fue buscar un camión y unos obreros, para quitar la barricada que los vecinos de la calle Carabobo, entre la San Juan y Comercio colocaron, porque tienen literalmente meses viviendo en la hediondez que trae consigo la cloaca, que viene desde lo profundo del subsuelo, de unos tubos que se pudrieron por falta de mantenimiento y cuyas aguas negras salen a la superficie como una fuente.  Esto parece así como el cuento de una pesadilla.  “¡Sí Chama!, fue un sueño horrible, vivíamos entre los pupuses que salían de la calle”.  Bueno, no es una pesadilla, es la realidad.  Y es peligroso vivir de esta manera.  Por falta de autoridades esta gente decidió trancar la calle en protesta y en espera de una respuesta digna y rápida a un problema que nadie quisiera tener que vivir jamás.  Fue por eso, que cuando pasé por esa calle y vi que estaban quitando los escombros para que el Gobernador no preguntara nada, me di cuenta, que esta actitud de – aquí no está pasando nada – es la que tiene a Venezuela tan embromada como está.  Cuando les pregunté a los vecinos que pensaban hacer ahora, medios derrotados me dijeron que si volvían a poner los escombros y a trancar la calle, se los volverían a quitar.  Esto me lo contaron mientras hacían afiches que luego pegaron en las puertas y ventanas de cada una de las casas afectadas, en espera de que el Gobernador pasara por allí, viera sus plegarias y los ayudara.  Ayuda que muy fácilmente pueden dar las autoridades locales…si les llegara a dar la gana…una lástima… pero es tan sencillo como éso.

3. INTERCABLE: Llego a mi casa y me entero, al prender el televisor, que todos mis canales han sido mudados de sitio, y que ya no tengo mis dos canales favoritos, HBO y otro HBO.  Recuero perfectamente cuando decidí adquirir el paquete de HBO a Intercable.  Era un paquete costoso y lo pensé tanto, que mi mamá que era musiua, me propuso que sí yo pagaba el Intercable, ella pagaba el paquete de HBO, porque ella salía poco y le gustaba mucho ver esos dos canales porque tenían películas en ingles.  Me sentí tan mal que mi mamá ofreciera pagar por el paquete, que decidí, cosa que en realidad es muy cierta, que yo también salgo poco, y también disfruto bastante de esas películas.  Un costo adicional que golpeaba mí apretado presupuesto mensual y que escondí del marido poniendo el gasto extra en otro rango… creo que en el de salud, para que no se quejara.

Disfruté varios años de estos canales, hasta que un buen día de Diciembre, me llama Intercable a comunicarme que no es justo que solo cincuenta personas disfrutemos de este paquete, y como ellos no pueden ofrecérselo a los demás por x o por y, en consecuencia, procederían a quitarme estos canales en Enero, “pero no se preocupe, porque le vamos a dar, por el mismo precio ocho canales extra”.  “¿Qué quéééééééé?”, fue lo único que pude preguntar a la,  tan insólita solución que me proponían, para solucionar un problema del cual yo no era partícipe pero si victimisísísíma.

Mis opciones:   o someto a mi sistema nervioso a un cambio de empresas, con todas las consecuencias (tiempo, dinero, etc.) que un cambio como este amerita, o me puedo ir a freír monkeys en el río Guaire  viendo Venevisíon internacional (?)…Así no más… sin derecho a pataleo.

4. CANTV: Completamente atónita de que fueron capaces de acabar en segundos con años de clientela y de lealtad, y teniendo que creer lo que no quise creer meses atrás cuando me llamaron con esta noticia, frente a Venevisión internacional (?), recordé el cuento que me echaba mi amiga Valentina la noche anterior en la panadería sobre su experiencia con CANTV.  Me imaginé antes de que comenzara a hablar, que me contaría acerca de las largas horas que tiene que pasar todos los meses en plena calle a la ardiente luz del sol mientras respira el humo tóxico de todo tipo de chatarra que circula por la avenida, pero no… resulta que ese es el cuento de todos aquellos que tenemos CANTV.  Su cuento fue otro.

Me contó de cómo, de un minuto para otro, CANTV, haciendo unos arreglos en la calle, cruzó unos cables, y ella terminó con la línea telefónica de una gente que no conoce.  Entonces… la línea telefónica de ella solvente y con Internet, se la pasaron a esta gente, y la de esta gente que tenía una línea prepago…pero sin pago, se la pasaron a ella.  Para solucionar el problema que ella no provocó, tendría que trasladarse a las oficinas de Barquisimeto y formular una denuncia que ellos atenderían cuando les diera… ¡la real gana!  CANTV la llamaba y la regañaba vía un mensaje computarizado por incumplir el plan de pago mientras que aquellos que disfrutaban de su verdadera línea telefónica tenían luz verde para llamar a Afganistán sí lo consideraban conveniente, mientras revisaban su facebook, hasta que Dios le echara un empujoncito a la CANTV y le solucionaran el problema.

Todo se solucionó mas temprano que tarde, porque Valentina es mas necia que Chávez meesmo y no aguantaron las encadenadas que les metía pidiendo auxilio y piedad desde un centro de comunicación de la localidad.

5. ¡QUIERO MI RETROVISOR!: Apagué el televisor porque me tocaba ir a buscar a los hijos al colegio.  Y me monté en el carro.  Si… en el mismo carro que no tiene el espejo retrovisor por culpa de que me lo llevó por delante un camión cervecero que pasó frente a mi casa, y que me prometió buscar mi retrovisor y volvérmelo a colocar en su sitio… HACE MAS DE UN AÑO ATRÁS.

6. YA ENTENDÍ: Camino al colegio me topé de frente con una pared que tiene un nuevo graffiti que literalmente dice lo siguiente: Ahora la lucha es de la clase pobre contra los ricos.  Ahora SI va…Fueron las cornetas lo que hizo que pisara tierra de nuevo y continuara mi camino.  ¿Lucha de los pobres contra los ricos?, ¿de eso se trata todo esto?... si Señor… de eso… se trata todo esto.

7. METAFORA…O COMO SE LLAME: ¿Tú sabes cuando vas en el carro, en una tremenda cola, azarado y apurado, y de golpe viene un VIVO de esos que abundan en este país y te pasa por un ladito de la calle para adelantarse y así lograr meterse en la misma cola pero un pelito más adelante, en vez de hacer su cola como todo el mundo? ¿Conoces el sentimiento de rabia y frustración que da tener que convivir con tanto vivo perezoso?  ¿A veces no te provoca bajarte del carro, o bloquearle el camino para decirle NO a tanto abuso?… ¡a mi también!... menos mal y no estoy sola en esto.  Esta es mi manera de llamarle la atención al abuso pendejo pero rampante y perenne al cual estamos sometidos todos los días.  Ojala sirva para algo…

syepez@cantv.net




¡¿Otra vez?!

Por Susana Yépez de Álvarez

25-01-2009

Cuando volví a Estados Unidos, después de 17 años, a visitar a mi hija, mi tía, mis hermanos y mis sobrinas, recuerdo que lo que mas me llamó la atención fue que mi hermana Rebeca…NO CERRABA SU CARRO CON LLAVE en ningún lado.  El frío era tremendo, nieve hasta las rodillas y un viento que te agrietaba los labios al solo bajarte del carro.

Todos corrían del carro hacía el destino que fuese, ya que era un lugar cerrado y con calefacción, pero yo no, yo me quedaba de última trancando todos los seguros del carro.  Luego, cuando salíamos corriendo de donde estábamos hacia el carro, el regaño que me llevaba era largo y extenso.

Todos juraban que abrirían el carro para meterse adentro lo antes posible, no que tendrían que buscar las llaves del carro y abrir la puerta para meterse adentro para poder abrir todas las otras puertas manualmente (el carro es sencillo).  “Me importa un comino frito” era lo que yo les decía mientras que hasta me gritaban, “por lo menos tenemos carro…no se lo robaron.  Ya se van a calentar”, y titiritando mi hermana me volvía a comunicar por enésima vez…que NO estábamos en Venezuela.

Cuando volví a llevar a mi segunda hija, mi hermana Rebeca y su familia ya no vivía en Madison, ciudad que aunque pequeña en tamaño (mas o menos como Carora) se considera una ciudad cosmopolita por su prestigiosa universidad, sino que se habían mudado a un pueblito en Wisconsin rural y agrario.  Allí fue que descubrí, que ahora, no solo NO cerraban las puertas del carro con llave, sino que dormían toda la noche sin cerrar con llave LA CASA. “¡¿Qué es esto?! ¡¿ustedes son locos?!”, y todas las noches, porque prometí dejar la vaina, esperaba que todos se durmieran para bajar a echarle llave a cuanta ventana o puerta consiguiera en mi camino, incluyendo el bendito carro.  Menos mal que en esta época el frío estaba apenas comenzando.

¿Cómo es posible tanta diferencia? ¿Cómo es posible que yo aquí en Carora, viva aterrada? Yo estoy verdadera harta de vivir así.  Este país se ha convertido en la jungla.  Aquí se limpian el rabo con las leyes y sobrevive el más pícaro y avispado.  Nos estamos matando.  Hay mas armas en este país que libros. Secuestros hasta en Carora.  Pobreza rampante, escasez, los hospitales son unas pocilgas humanas no aptas para otra cosa que no sea arder en llamas.

Este resentimiento profundo que mueve a Venezuela, sencillamente lo está matando.  Aquí no se están arreglando los problemas.  Aquí no nos están dotando con educación, salud y protección.  El Estado no se está ocupando de sus ciudadanos.  El Estado se está ocupando de sus carteras y nos está matando de hambre, de resentimiento y de ignorancia.

Nos han dado tan duro y por tanto tiempo que nuestra capacidad de reacción está agotada.  El venezolano es tolerante y olvida demasiado rápido.  Yo no quiero salir a la calle asustada.  No quiero sospechar de cualquier moto, bicicleta o transeúnte.  No quiero temer por la vida de mis hijos.  No me quiero convertir en una persona desconfiada que no le da una mano amiga a su hermano.  Demasiado stress para un país con tanto potencial.

Este gobierno no está haciendo las cosas bien.  Lo siento.  Tienen que existir las alternativas.  Solo aquí, y bajo este gobierno tenemos que ir a elecciones cada tres meses como si fuese algo normal.  NO LO ES.  No es normal en ningún sentido de la palabra.  Ya dijimos que NO y vamos a volver a contarnos.   Sin tener reglas claras ni contar con árbitros imparciales, pensando todo el tiempo en las posibles trampas y en la debilidad del ser humano.   Esto es sencillamente un exabrupto.  Una locura total que les cuesta a los venezolanos millones de bolívares, días de colegio, tiempo y energía, salud y esperanza por un país mejor.  ¡Que fastidio!

Ahí voy pues.  De nuevo a la Escuela Torres como testigo por el NO.  Porque NO creo en ti ni en tu proyecto.  Porque NO juegas limpio.  Porque NO estas haciendo nada bueno, y porque NO creo en mi mente y en mi corazón que estés pensando en lo mejor para todos, ni siquiera en lo mejor para tu parte roja rojita del país…solamente estas pensando en ti.  NO porque me gustaría algún día poder decirle a mi hermana que en Venezuela también podemos dejar el carro abierto sin temor a que se lo roben, porque yo si tengo esperanzas en que Venezuela es digna de estar repleta de gente educada y decente.  ¡Estoy harta! ¡NO más! No, porque NO me da la gana de darte todo el poder.  Ponte a trabajar y deja de hablar tanta pistolada… ¡Por Dios!

syepez@cantv.net




Un buen día para morir

Por Susana Yépez de Álvarez

18-01-2008

La noche anterior, sintiéndome un poco inquieta ante la noticia de que el Cabeza no podría llevarme a Barquisimeto, y después de conseguir a otro chofer que si lo haría, procedí a poner todo en orden, (hasta el mas mínimo detalle), para poder salir temprano la mañana siguiente.  De golpe me di cuenta de lo que estaba haciendo, y paré en el acto.  La noche antes de que muriera mi abuela materna y la noche antes de que muriera mi mamá, procedí a poner todo en orden antes de acostarme, ocupándome de los detalles mas pequeños, para poder así estar lista… para lo que fuese.  Fue por eso, que dejé de pensar y de hacer tanto, me puse las pijamas y me fui a dormir.

Tempranito en la mañana, salí de la casa a buscar al chofer.  Mi destino era un curso que estoy haciendo en Barquisimeto.  No quería faltar porque en realidad no tenía porque hacerlo, pero el mismo sentimiento de inquietud me acompañaba.

Después de asegurar que no teníamos apuro ya que habíamos salido con suficiente tiempo, tratando de calmar mis nervios, busqué el perolito de música en mi bolso, y al no encontrarlo recordé que lo había dejado cargando.  Así que decidí mirar hacia mi derecha para no ver los carros que iban y venían.  Pensé en mi hija Eleana, quien ya tiene cuatro meses en Estados Unidos.  Me hacía mucha falta.  Recordé a Antonio Ferrantelli y a su familia, mi doctor y amigo, a quien le debía una llamada luego de que sufrieran un terrible accidente en la misma autopista por la cual ahora, yo transitaba.  Recordé que solo días después, muy a pesar mío, tendría que transitar la misma vía, ya que me tocaba llevar a Luís Fernando a un par de médicos.

Al llegar al curso, le comenté a varias de mis compañeras de clase acerca de mi estado de animo, y al terminar el curso, y antes de dirigirme al carro, no sé porque, le envié a Maryluz, a Carol (mi hija mayor), y a Luís Oswaldo mi marido el mismo mensaje de texto: “Ya salí.  Voy camino al carro y de ahí directo a Carora.  Llegaré viva si Dios me lo permite”… eran las 2 y 27 de la tarde.

Dicen que toda tu vida, como un rayo, pasa por tu cabeza, pero nada de eso me ocurrió a mí.  Lo que si me pareció curioso, pero después que pasó, fue que todo lo que vi… lo vi en cámara lenta y lo único en lo que llegué a pensar, de manera nítida, fue todas las veces que le había pedido a Dios, que sí me llegaba a matar en la carretera, que ninguno de mis hijos estuviera conmigo…