A Heidi
le
encanta
Vivaldi…
pero a
Rafaelito
no
Por
Susana
Yépez de
Álvarez
08-05-2008
Tenía
tiempo
sin
escribir
porque
he
estado
muy
ocupada.
Ya no es
solamente
dar
clases,
criar
muchachos,
ver como
hago con
un
presupuesto
que
sencillamente
no
alcanza,
vivir
con la
inseguridad,
la
incertidumbre,
buscar
salsa de
tomate,
calarme
a un
marido
que
decidió
que está
a dieta…
y que la
cumple
al pie
de la
letra,
(¡qué
fastidio!),
ir a mis
clases
de yoga
que ya
no son
chéveres
y me
tienen
traumatizada
porque
estoy
casi
convencida
que
tengo
principios
de
Parkinson
porque
todo me
tiembla
cuando
el profe
me dice
que
tengo
que
ponerme
en
cuatro
patas y
levantar
una mano
y una
pierna
lo mas
alto que
pueda,
mirando
hacia el
cielo,
quedarme
inmóvil
y
respirar
lentamente
(por la
boca)…
ajá …yo
te aviso
chirulí…
mientras
que a mi
amiga,
(la
expertísima
en
yoga),
le estoy
agarrando
rabia
por ser
tan
perfecta.
Y ahora,
de ÑAPA,
le puedo
añadir a
todos
mis
quehaceres…
chivera.
Si
señor.
Mi papá
me
convenció
que me
tengo
que
adiestrar
en este
arte ya
que es
el
negocio
de la
familia
y acepté
porque
aunque
estoy de
acuerdo
que debo
saber de
que vive
la
familia,
me gusta
mucho
complacer
y hacer
feliz a
mi papi.
Me tocó
coger
con la
familia
y dormir
en la
granja
porque
tenía
que
estar
presente
para el
ordeño y
presenciar
la
medición
de la
leche.
Estoy
profundamente
dormida,
cuando
en medio
de la
noche se
abre la
puerta
del
cuarto
violentamente
y veo a
un
hombre
que me
bate un
palo en
el aire
mientras
me
grita.
Me tomó
como 10
segundos
entender
era mi
papá,
que me
decía “…
¡rápido
Susana!
¡Estamos
listos!
¡Vámonos
pa´l
ordeño!...”
¡Ah
diablo!
¿Así no
más?
¿No le
dan a
uno ni
cinco
minutos
para
cepillarse
los
dientes
y beber
café?
Ya la
cuestión
de los
chivos
no me
estaba
gustando
tanto.
“…Entendí
per-fec-ta-men-te
papá.
Sal del
cuarto
que vas
a
levantar
a los
muchachos,
yo me
apuro…”,
y el
viejo me
contesta
“…ah
bueno,
apúrate
pues,
solo
faltas
tú…”
¡Y
sacudí
la
cobija!
¡Y me
levanté
brava!
¡Y
murmurando
me fui
para el
baño!,
-…estoy
aquí
porque
lo
quiero
hacer
feliz y
me tiene
que
levantar
tan
dramáticamente…
casi me
da un
infarto
del
susto…
iqué
pa´l´
ordeño…
¿quién
ha
visto?
¡Fenómeno!
¡Yo en
un
ordeño!...
- Ya me
estaba
despertando
y hasta
me
estaba
cambiando
el humor
cuando
mi papá
me pegó
otro
grito
mientras
me
cepillaba
los
dientes.
Me
provocaba
salir
corriendo
del
cuarto y
batirle
el
cepillo
de
diente
por la
cabeza.
¡¿Qué
parte de
“vas a
despertar
a los
muchachos…
no
entendió?!
Yo me
había
preparado
para ese
día.
Hasta mi
ropa
estaba
fríamente
calculada.
Estaba
vestida
de
vaquera
y tenía
mi gorra
con el
nombre
de la
granja…
orgullo
familiar.
Vámonos
a
ordeñar
las
cabras.
Ese día
me
limitaría
a
observar…
y eso
fue lo
que
hice.
Observé
como los
hombres
(puros
hombres)
tenían
su
rutina
bien
establecida
y
perfecta,
como mi
papá
anotaba
cuanto
daba
cada
cabra
(que no
solo
tenía su
número,
sino su
muy
creativo
nombre
también,
como
“Mamona”
o
“Heidi”)
en su
libro de
contabilidad,
con la
seriedad
de un
físico
nuclear.
Hice
algunas
preguntas
que me
parecían
pertinente
hacer y
hasta
traté de
ordeñar
una
cabra…
sin
lograrlo
(es bien
difícil).
Pero
como
mujer y
madre
que soy,
también
observé
el pupú
de
chivo…hasta
en las
paredes
y en el
techo,
(¿cómo
llegaría
eso
hasta
allí?),
el
polvo,
la poca
ventilación
y la
oscuridad
del
interior
del
corral.
Fui
testigo
del olor
tan
particular
que
emanan
esos
bellos y
simpáticos
animales
y
escuché
la
música
(raspa
canilla)
que
amenizaba
el
ambiente.
Esa
tarde,
aporté
mi
primer
granito
de
arena.
Ante la
mirada
atónita
de los
ordeñadores
pedí que
barrieran
el techo
y las
paredes.
Al
llegar a
Carora
compré
dos
galones
de
pintura
amarillo
pastel
para
pintar
el
interior
del
corral.
Eso si,
ese
color no
lo
escogí
al azar,
investigué
primero.
Resulta
que ese
color
anima a
la gente
porque
semeja a
los
rayos
del
sol.
Los
llena de
energía
y
positivismo.
¡Buenísimo!
Y ya que
estaba
en eso,
me puse
a pensar
¿que
música
hará que
las
cabras
den mas
leche?...
y
¿adivinen
qué?, ¡a
las
cabras
les
encanta
Vivaldi!
Gracias
a Dios,
Salomé,
(una de
mis
alumnas
de
ingles
de 12
años) es
fanática
de la
música
clásica
y… ¡voilá!...
me
prestó
varios
de sus
cassettes.
Le robo
el
reproductor
de
música a
Eleana
que
ahora
usa es
un tal
MP...
algo y
contentamos
a los
“jombres”
y a las
cabras.
Vamos a
ver que
opinan
al
respecto.
Voy
saliendo
pa´ la
granja
con
todos
mis
implementos
nuevos.
Los
mantendré
informados.
syepez@cantv.net

¿Gorda?...
¡Tu
mama!
Por
Susana
Yépez de
Álvarez
15-03-2008
Hay
que ver
que el
caroreño
es bien
imprudente.
Y yo que
me
preguntaba
de donde
había
salido
mi papá
como
salió, y
me la
pasaba
regañándolo
por
meter la
pata por
todos
lados.
“Mas
nunca
papá…di
lo que
quieras.
Hay
caroreños
mucho,
muy,
mucho
mas
imprudentes
que tú”.
Mi
hermano
Fernando
se queja
cada vez
que
viene a
Carora a
visitar,
porque
la gente
le dice,
“¡Ah
Diablo
mijito!
¡Tú si
estás
gordo!”,
y yo, me
la
pasaba
excusando
al
pueblo
caroreño
diciéndole
que eran
costumbres
coloquiales,
mas o
menos lo
mismo a
–
¿cuándo
llegaste?...
y…
¿cuándo
te
vas?-.
“No le
pongas
cuidado”,
lo
animaba,
mientras
que el
pobrecito
se
miraba
en el
espejo…
sobándose
la
panza.
Pero
entonces,
desde
enero
para
acá, me
han
parado
en la
calle
para
decirme
a mi,
exactamente
lo
mismo
que a
Fernando.
Aquí
estaba
yo,
contemplando
la idea
de dejar
de
fumar,
cuando
me
consigo
con un
amigo
que me
saluda
diciéndome,
“¡Susana!,
¡estas
gordísima!,
¡¿qué te
pasó?!”.
¿Qué
respuesta
digna se
le puede
dar a
este
tipo de
comentario?:
“Si
vale,
estoy
gordísima.
Gracias
por
arruinarme
la
vida”,
o,
“Caramba
chico,
tú
también.
¿Qué te
pasó a
TI?”, o
“Bueno,
eso se
arregla
con
dieta,
pero tu
estás
grave,
porque
la
estupidez
no tiene
remedio”.
Yo me
muero
antes de
decirle
así a
alguien.
¡Ah
buena
pena!.
Decidí
tirarles
esa
pelota a
mis
alumnos.
Ellos me
ven
todas
las
semanas.
Lo hago
de la
manera
más
sutil
que
conozco.
Exclamo
a todo
volumen,
“estoy
muy
gorda.
Tengo
que
hacer
algo al
respecto”,
pero en
vez de
escuchar
cosas
como -Nooo
Susana,
así como
estás,
estás
chévere-,
o -¿Cuál
gorda…
tú estás
loca?-,
lo que
escucho
es lo
siguiente:
“… Y eso
no se
quita
así de
fácil”.
(¿QUEEEEE?).
¡¿Esta
gente
está
LOCA?!
Trauma
total y
severo.
Esto va
a
ameritar
un buen
psiquiatra
y
terapia
a largo
plazo si
quiero
volver a
ser útil
para mi
sociedad
en un
futuro…
¿Será
que esos
postres
tan
divinos
que le
compro
los
fines de
semana a
Carito,
y que
para los
muchachos…
¡pero
bueno!
SI son
para los
muchachos.
Lo que
me como
yo es lo
que le
logro
raspar a
la
bandeja
con una
cuchara,
los
domingos
en la
noche
para ver
Yo
prometo,
con Nitu
Pérez
Osuna.
¡Siécara!
Me
dispuse
a hacer
algo al
respecto.
Pero
caminar
me da
miedo,
la
inseguridad
está
rampante.
No tengo
coordinación
para
hacer
aerobics…
perdón,
Baile
Terapia,
como lo
llaman
hoy en
día…
(¡OH,
OH… cómo
que
además
de
gooorda,
también
estoy
vieja!).
Estoy
dando
clases
cuando
están
dando
clases
de
spinning…
¿qué
hago?, y
en eso
una
amiga me
presenta
la
perfecta
opción:
Yoga,
“¿pero
me va a
ayudar a
perder
esos
kilitos
de más?”
le
pregunto,
y mi
amiga me
dice que
no cree
que sea
el
ejercicio
ideal
para
adelgazar
como
tal,
pero que
si me
ensaña a
respirar
y a
controlar
mi
stress…”
¿stress?...
¡stress!...
Siii,
demasiado
importante,
¡anótame!”
Fui a mi
primera
clase.
¡Lo
máximo!.
Especialmente
porque
una de
mis
compañeras
de yoga,
que es
una
veterana
en yoga
televisiva,
hace que
la hora
se pase
volando.
Ahora
solo me
toca
agarrar
mi palo
de vera,
y hacer
un curso
intensivo
de
imprudencia
con mi
papá
para
aprender
a
defenderme.
Voy a
llamarlo.
syepez@cantv.net

Buen Trabajo… ¡Congratulations!
Por Susana
Yépez de Álvarez
02-03-2008
Mis
hijas no tuvieron colegio toda la semana. No estoy segura porque, un curso
que tenían que hacer las maestras…creo. Debería averiguar, porque es raro, ya
que acaba de pasar Carnaval, y Semana Santa está a la vuelta de la esquina.
Ya que yo doy clases particulares de inglés en las tardes, no esperaba
conseguirme con ninguno de mis alumnos. Cualquier excusa es buena, y si no
hay colegio…a correr se ha dicho. Es por eso que quedé gratamente sorprendida
cuando vi a la mayoría de mi grupo de adolescentes llegar a clases. Eso me
alegró mucho. Es un grupo muy variado de los diferentes planteles educativos
de Carora, y con el tiempo se han integrado en un grupo de amigos que conviven
en perfecta armonía en mi salón, y eso me encanta.
Ese día les pedí que escribieran una carta de presentación en ingles. “¡Eso
es muy difícil!”, “¿en INGLÉS?”, “¿tú estás loca?”, entonces le entregué a
cada uno un diccionario Ingles/Español, les volví a repetir que no pueden
traducir literalmente, y que le echaran pichón. Y entre quejas, risas,
preguntas y música (los Backstreet Boys), hicieron lo que les pedí.
Ya casi al final de la hora, les confesé que no esperaba conseguírmelos en
clases ese día. Pensé que se escaparían. Les agradecí la responsabilidad, y
les anuncié que sus presentaciones saldrían publicadas en el periódico El
Caroreño, el domingo siguiente. Ojos se abrieron de par en par, el
diccionario se abrió mas a menudo, llegaron preguntándome si lo que tenían
estaba bien escrito, y a una le daba peeena, “a buena pena Susana”.
Cuando me preguntaron porque publicaría sus presentaciones en mi columna, les
dije que tenía un doble propósito. Uno era un premio. Habían trabajado
mucho, y este era uno de los frutos de su trabajo. Y dos, era para que todos
los que nos leyeran ese día entendieran que los idiomas son importantes. Nos
permiten comunicarnos con mas personas, con otros países, y ojala todos
pudiéramos hablar muchos idiomas para así poder comunicarnos y aprender del
mundo entero. Así que, lo prometido es deuda. Si entienden, les
presento a mis alumnos. Y si no entienden, búsquense un diccionario, les
prometo que vale la pena.
…Hello.
How are you? My name is Ana Marina. I am a tall, white girl. I have yellow
hair, green eyes and big lips. I am an athletic girl and I like to dance. I
think I am pleasant...
Ana Oropeza.
13 años. Instituto Maria Inmaculada.
…My name is Soliangel Rodríguez. I live in Carora. I like to dance, to sing,
to study, to play. I am 11 years old. I am studying 5th grade…Soliángel
Rodríguez. 11 años. Escuela Torres.
…Hello. How are you? My name is José Rafael. I live in Carora. I’m a
tranquil boy and a good student too. I am 13 years old; I study in the school
Cristo Rey. I have two sisters; their names are Ligia Elena and Maria
Claret. I’m thin, tall and brown skin. I like to play football, to study,
I’m studying 7th grade and my last name is Ballesteros. My parents, their
names are Jose Armando and Ligia Figueroa…José Rafael Ballesteros. 13
años. Colegio Cristo Rey.
…Hi. I’m Jesús E. Hernandez. I am 13 years old. I live in Carora. I
study 8th grade, section “U”, or only. I have a brother Argenis and a sister
Patricia. My parents are Cornelia Carrasco and Argenis Hernández. When I’m
big I will travel to
Boston with
my father. I like to play football, I like Pizza. Have a nice day.
Jesús
Hernández. 13 años. Colegio Corina de Zubillaga.
…Hello. My name is Yerlis Carrasco. I am from
Venezuela. I
am sixteen. I have dark skin and brown, curly hair. I have three sisters and
three brothers. I am studying 4th year…Yerlis
Carrasco. 16 años. Colegio Julio S. Alvarez.
…Hi! How are you? My name is Admary Carrasco.
I live in
Carora, Lara State.
I don’t have
brothers or sisters. I am an only daughter. My father is called Adam
Carrasco and my mother is Maribel Cárdenas. I am studying 8th grade in school
Cristo Rey. I am blond, normal weight, I am short. I will study English or
Graphic Design…Admary
Carrasco. 13 años. Colegio Cristo Rey.
syepez@cantv.net

Ir… y volver
Por Susana
Yépez de Álvarez
07-02-2008
Tuve
la gran oportunidad, la bendición, el destello mágico (y no estoy exagerando,
ya que con la situación como está, es muy difícil salir hasta de tu casa), de
viajar en estos días. Un reencuentro con mis dos hermanos, con mis sobrinas,
con mi tía materna y con mi hija mayor en Wisconsin. Mi otro país, Estados
Unidos.
Me hacía mucha falta escapar. Había sido un año demasiado difícil, más que
todos los demás. Se me hacía imposible sanar, olvidar y a veces… hasta
dormir. Así que SI, efectivamente era escapar lo que buscaba. Escapar de la
rutina, del mismo aire, de los problemas, de la vida. Ver algo diferente, con
otro aroma, con otros sabores, con otras razones de ser.
Aprovecharía el viaje no solo para mirar hacia atrás y aprender de nuevo a
valorar todo lo dejaba, sino también para aventurarme una vez más a
enfrentarme con mis alternativas.
Fue muy provechoso mi viaje. No solo fui objeto de amor del bueno por dos
semanas, sin preocupación alguna, sino que también tuve tiempo libre en mis
manos para observar y pensar. Puede mentalmente cambiarme los zapatos y
caminar en mi otra tierra. Tierra donde me desenvolví por mucho tiempo.
Tierra en la que ahora veía a mi hija y a mis sobrinas desenvolverse como
muchos años atrás lo hice yo. Tierra que me infunde un gran sentido de
pertenencia y orgullo… pues es tan mía… como lo es Venezuela. Pude, de manera
clara y nítida imaginarme, como sería mi vida y la de los míos, si todo
fuera diferente.
Definitivamente nadie es igual. Mis hermanos son peces de ese mar, y yo… de
éste. Con todas las maravillas que un país desarrollado me ofrece, a las dos
semanas agarré mis maletas llenas de nostalgias y de ilusiones y me devolví.
Estaba tranquila, descansada, y contenta. Volvía a casa.
Y aunque quisieras tener una varita mágica para escoger lo mejor de los dos y
construir el país perfecto… sabes que es solo un sueño. No es posible.
Cuando tienes pedacitos de tu vida regados entre dos países, nunca es fácil
renunciar a ninguno de los dos. Por los momentos, gracias a Dios, no he
tenido que hacerlo, y ojala… nunca lo tenga que hacer.
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syepez@cantv.net

Para la Familia Álvarez-Yépez de la familia Yépez-Houser
Por Susana Yépez de
Álvarez
14-01-2008
Mi
tía Josefina. Mi tía. Mía. Así le decíamos nosotros a la mujer más buena y
más fuerte que hemos conocido en nuestras vidas. La mayoría de nuestros
primos y todos sus nietos la llamaban Mamachichina, o Chichi, pero a lo mejor
porque nos criamos fuera de Carora, nosotros le decíamos Mi Tía Josefina. Un
sentimiento fuerte de pertenencia, que necesitábamos dejar bien claro… Mía.
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El hecho de no haber crecido en cambote en Carora, no significa que no convivimos con Mi tío Caché, con mi tía Josefina y con todos los primos de ese matrimonio. Si lo hicimos, y no solo como sobrinos y primos, sino como hijos y hermanos.
Desde pequeños, la casa de mi tía Josefina, siempre fue la base de la familia. Era en esa casa donde uno era testigo de un hogar en el verdadero sentido de su palabra. Era allí a donde uno tenía que llegar para reencontrarse con sus raíces, para recordar que pertenecía a algo muy especial, para darse cuenta que era parte de una familia realmente maravillosa.
Es reconfortante saber,
que tu vida está rodeada de mujeres fuertes y superiores. Mujeres que
lograron levantar familias con verdaderos valores católicos de corazón y no
solo de palabra. Una mujer bella en todos los sentidos de la palabra, dotada
de una sabiduría mágica y un corazón grande y profundo donde todos cabíamos
sin excepción.
Tía Josefina supo entretejernos por el resto de nuestras vidas con lazos de
verdadera hermandad y amor INCONDICIONAL, utilizando su mejor hilo, sin
mezquindades, para que su buen trabajo se mantenga mientras el mundo exista.
William, Sol, Cecil, Norma, Juan Carlos, Chulalo, Sara, Lourdes, Pastor, Cheo,
no sabemos que decir después de tan lamentable noticia. Que es un alivio
saber que allá en el cielo la está esperando el amor de su vida con los brazos
abiertos. Que su papá y su mamá estarán encantados de poder estrecharla de
nuevo en sus brazos, que Socorro y ella se reencontraran para continuar donde
dejaron su camino en la tierra. Que podrá conversar con tío Gustavo, tío Juan
y con mi mamá que tanto la quería y admiraba. Como provoca estar allá y poder
ver ese espectáculo. Que bueno.
Al acabar de cumplir un año de haber perdido a nuestra mamá, también sabemos
que se trata de una perdida irreparable, de un dolor que no tiene fin, de una
nostalgia eterna. Como una espina con la cual aprendes a vivir el resto de
tus días, pero a la cual no te acostumbras…porque duele. Y, aunque no hay
remedio para eso, es un bueno saber que estamos juntos en esto también, y nos
tenemos para recordar, para llorar, para reír y para cuidarnos por siempre.
Eso fue lo que esas dos mujeres nos enseñaron.
Los queremos a todos. Lo sentimos tanto. Un abrazo fuerte.
Fernando, Rebeca y Susana
syepez@cantv.net

¡Este realismo mágico, me tiene loca!
Por Susana
Yépez de Álvarez
16-11-2007
Yo
iba camino al colegio a buscar a las niñas, cuando escucho por la radio, con
la música esa tan particular de Globovisión, las primeras declaraciones del
General Raúl Baduel. En realidad, no había reconocido la voz, y pensé que era
Germán Escarrá. Cuando me di cuenta que era el General Baduel, los ojos se me
abrieron como los de las comiquitas y, aunque la cola de carros avanzaba, yo
no podía ni moverme.
Llegué corriendo a la casa, y pude ver sus declaraciones por televisión.
Jamás, a lo mejor por buena gente e inocente, me pasó por la cabeza, que se
podía tratar de otro Arias Cárdenas. Estas eran declaraciones muy serias de
un General que habló con palabras muy duras y fuertes el día que lo pasaron a
retiro, acerca del rol de las Fuerzas Armadas de la República Bolivariana de
Venezuela. Además…es el responsable de devolver a Chávez a Miraflores el 13
de Abril del 2002, apegado a
la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela.
Me alegré. Alguien que goza de respeto en este régimen, le estaba diciendo al
pueblo de Venezuela sus cuatro verdades. El presidente tendría que
recapacitar por el bienestar de un país, que hoy… se encuentra más dividido,
más empobrecido y más temeroso que nunca.
Cual es mi sorpresa, cuando esa misma tarde sale el Presidente del CNE Jorge
Rodríguez… ¡perdón!...si el descarado este ya no es rector de una institución
que POR OBLIGACIÓN debe ser COMPLETAMENTE IMPARCIAL, sino que ahora es el
VICEPRESIDENTE de la República, llamando al General Baduel… ¡traidor! Los
ojos… se me volvieron a poner grandotes.
Caramba vale. Que vaina tan seria. Que desfachatez. Que bochorno. Que
hipocresía. ¿Cómo podrá dormir este hombre Jorge Rodríguez por las noches?
¿Con que riñones se atreve a hablarnos a los venezolanos acerca de la supuesta
traición de Baduel desde el puesto que ocupa y el puesto que ocupaba hace
menos de un año atrás? ¿Cómo es posible, que los venezolanos no nos hayamos
alzado antes, ante el nombramiento como Vicepresidente de este personaje? Eso
solo se ve en Venezuela, y exclusivamente en los parámetros de esta
Revolución.
Es en casos como este, cuando CUALQUIER ciudadano venezolano, sin importar su
ideología política, puede apreciar de manera clara y contundente, como este
gobierno hace lo que le da la gana…y lo peor de todo, es que nos lo restriega
en la cara, como si fuéramos unos zarrapastrosos. Que pena. Que rabia. Que
dolor. Ver como el gobierno nos rebaja al sub-suelo, a comer caca, a cambio
de alguna limosna de alguna misión, o por la oportunidad de regodearte ante la
preocupación de aquellos que con su trabajo y esfuerzo pudieron mas que otros,
o peor… tragándote tus principios, y vendiéndole tu alma al diablo, a cambio
de real…en otras palabras… oportunistas del régimen. Esa no es
la Venezuela
grande que podemos ser. Tener que tragarnos esa petaca, debería ser
suficiente para decir BASTA a todo, ya que es solo una evidencia de la
ilegitimidad con la que se maneja todo este proceso corrupto e inescrupuloso.
Toda la situación me tenía tan sorprendida, que no paraba de hablar sola por
la casa. Decidí ir a hablar con mi papá. Me voy para su cuarto y lo consigo
con unas pijamas de mi mamá, porque su ropa y que está sucia, (embuste, las
pijamas de mi mamá son suavecitas y sabrosas), está acostado en el chinchorro
leyendo el periódico, a un lado del chinchorro, en la mesita de noche tiene su
café, sus medicinas y su palo de vera. “… papá. ¿Cómo es posible que el
SINVERGÜENZA este ex Rector del CNE, institución y que imparcial, a donde los
venezolanos fuimos a depositar nuestros votos en las últimas elecciones
presidenciales, sea ahora Vicepresidente de la República y que NADIE en este
país diga o haga algo al respecto? ¿Cómo es posible, que el hipócrita este,
venga ahora a descalificar al General Baduel? ¿Cómo es posible…”, y en eso,
el viejo, que ahora cree que es el rey de España, levantó su palo de vera para
apuntarme con el, y me interrumpió para decirme “…mira Susana…”, entonces me
callo de inmediato, esperando escuchar las perlas de sabiduría que saldrán de
su boca, cuando lo que me dice es, “…¿por qué no te callas…y me traes otro
café?...”. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ahhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ¡¿En que libro de
Gabriel García Márquez estoy metida?! ¿Puros locos en esta vaina? ¡Yo quiero
a mi MAMÁ!
syepez@cantv.net

Estimado Señor Experto en la Materia
Por: Susana Yépez de Álvarez
02-11-2007
Por
no haber sido nunca buena para las matemáticas, estoy vuelta un ocho con el
fulano bolívar fuerte del cipote. Y mientras me acostumbro a quitarle ceros a
los números, resulta que ahora, pretenden que analice, entienda, comprenda y
vote, por una Reforma Constitucional. Y por culpa de este gobierno ahora
estoy exhausta y más enredada que un kilo de estopa.
Como no consigo quien me explique la Reforma, decidí dirigirme por escrito a
ver si alguien puede aclararme ciertas cosas. OJO, solo ciertas cosas, porque
son tantos los puntos a tratar, que no terminaríamos nunca y el artículo no me
lo publicarían por largo. Y es que esta Reforma, con sus artículos originales,
los nuevos y los últimamente agregados, escritos con un vocabulario que se
presta a todo tipo de dobles sentidos, para que así, nuestro mandatario…único
y perpetuo, las interprete como le de la gana, me tiene muy alarmada y
confundida.
Es por eso, que yo quisiera que alguien, me
aclare las siguientes inquietudes y preguntas personales que tengo sobre la
materia, con respuestas concretas, de manera CLARA Y RASPADA.
Aquí voy. Número 1. Yo firmé contra el presidente…varias veces, y siento que
un sector de la población está favorecido por ser rojo-rojito y los demás
estamos segregados por no serlo. Eso se puede ver clarito cuando, con permiso
en mano, unos estudiantes que pretenden marchar hasta el CNE a entregar una
carta, pueden llegar, pero cinco cuadras antes de
la Institución
gubernamental, pero a las puertas del lugar se encuentra todo aquel que apoye
al gobierno nacional y quiera estar presente en el lugar. Entonces yo
pregunto. Si
la Reforma se aprueba, ¿se acabaría de una buena vez con el
favoritismo, el segregarismo, etc.? ¿Todos tendríamos la misma protección de
parte del gobierno sin importar si comulgamos o no con el mismo? ¿Si yo
aspiro a una posición pública, y soy la más apropiada para el empleo, me lo
darán aunque no comulgue con el gobierno?
Numero 2. La cosa está bien fea en Venezuela con respecto a la seguridad.
Atracos, asesinatos, secuestros por todos lados. Y para ser sincera, les voy
a confesar que le tengo miedo a la policía. Opino, que esta debería estar
mejor entrenada. Es un trabajo difícil y de alto riesgo. Propenso a las
tentaciones y corrupción, porque además de que no están bien preparados, no
están bien pagados tampoco. El trabajo de un señor oficial de la policía
implica la seguridad de los ciudadanos, donde se deben enfrentar a gente mala
que nos quiere hacer daño. ¿Esta reforma contempla hacer una academia u
universidad de calidad que prepare a las personas que quieran ser policías,
para que hagan bien su trabajo y no caigan en tentaciones dados sus bajos
sueldos? Yo quisiera estar tranquila en mi hogar, en la calle, cuando mis
hijos están en sus actividades, cuando voy y vengo a un lugar. ¿La nueva
Constitución contempla seguridad para TODOS sus ciudadanos?
Número 3. Si aquí en Carora, por ejemplo, tenemos un problema porque se nos
quedó pequeña la ciudad para la cantidad de dos milititos que hay, se nos
quedaron pequeñas las escuelas por la cantidad de niños que hay, etc.,
¿tenemos a quien acudir en Carora, o le tenemos que enviar una comunicación al
Presidente de
la Republica?,
¿nos daría el su teléfono personal, su email, o le tenemos que mandar las
cartas por Ipostel?, ¿Cómo funcionaría esto?
Número 4. Me gustaría saber si la reforma contempla, que yo pueda ir al
abasto y comprar leche para mis hijos. Es que tengo cuatro que están en pleno
desarrollo. Ya yo pisé los 40 y por la cuestión esta de la osteoporosis, como
que también tengo que tomar leche, y mi papá… ¿Qué hago si se me cae y se le
parten los huesos por no beber leche? Yo necesito leche…de los dos tipos.
También quiero azúcar, aceite que no sea de soya, caraotas que no me cuesten
Bs. 5000 el kilo (perdón Bs. 5 fuertes… a buen fastidio). Para ser sincera, y
llegando a las chiquiticas, lo que yo quiero saber es lo siguiente. ¿Esta
nueva Reforma Constitucional me va a permitir comprar en el abasto de mi
preferencia lo que me de la gana comprar y de la marca que me de la gana
comprar con el sueldo que me gano? ¿Voy a poder hacer eso?
Número 5. Mi casa. Mi marido y yo, gracias a la ley de política
habitacional, estaremos pagando nuestra casa por muchos años más. Y aunque ya
tenemos años pagando, no importa. Somos dueños de la casa en la que formamos
nuestro hogar. Alguien me dijo que ya no les podremos dejar la casa en
herencia a nuestros hijos. Y entonces… ¿Quién se queda con la casa que con el
sudor de nuestras frentes pagamos para dejarles un piso sólido y seguro a
nuestros hijos? ¡Siécara! Aclárenme eso.
Número 6. Bajo esta nueva constitución, ¿yo puedo escoger el tipo de
educación que me gustaría reciban mis hijos? Me explico, pública, privada,
religiosa, profesional, sin militarismos (no me gusta lo militar, porque no
milito con la guerra). Porque yo les digo una cosa. La educación de mis
hijos es la meta fundamental por la cual mi marido y yo trabajamos todos los
días. Una educación de calidad y la casa, que con el favor de Dios,
lograremos terminar de pagar antes de morir, es lo único que les dejaremos a
ellos.
Ya que, gracias a su educación, yo quiero que ellos tengan opciones y puedan
opinar, escoger y decidir, pregunto: ¿Si uno de mis hijos quiere ser
arquitecto y viajar por el mundo, el otro dentista y quedarse en Carora, el
otro ganadero, y el otro político opositor al PSUV, entrar y salir del país
cuando lo quieran o necesiten, ahorrar para buscar su felicidad a su
manera…¿podrán hacerlo?
Número 7. La salud. Muy importante, ya que sin salud no hay nada. Tengo
entendido, que en el hospital de mi ciudad están trabajando con las uñas. No
hay médicos, ni material médico de ningún tipo. Yo me imagino que la nueva
constitución contempla darles trabajo a los miles y miles de médicos
venezolanos, preparados en las mejores universidades del país, y que el
gobierno estima entregarle todo el dinero que pensaba mandar a Nicaragua o
Bolivia, o no sé para donde, para que nosotros, los venezolanos tengamos los
mejores hospitales del mundo entero. ¿Esto es correcto?
En resumen. Con tanto real FUERTE que entra gracias al petróleo, entonces,
entiendo que ¿con esta nueva REFORMA CONSTITUCIONAL vamos a tener las mejores
instituciones médicas del mundo, la mejor y más plural educación del planeta,
Trabajo digno y bien remunerado para todos los venezolanos y venezolanas,
protección policial de primera, cero delincuencia, cero escasez, justicia y
paz? ¿Todo esto lo contempla la nueva reforma constitucional?, porque eso es
lo que queremos la mayoría de los venezolanos como yo. Espero respuestas a
mis inquietudes y preguntas, y muchísimas gracias de antemano.
Atentamente.
syepez@cantv.net

La educación y la política
Por
Susana Yépez de Álvarez
26-10-2007
Vengo
de una familia de docentes, de personas que creen en la educación como
herramienta fundamental para el desarrollo del ser humano y del progreso.
Desde mi abuela materna que era licenciada en educación, mis padres que fueron
profesores de
la Universidad
Simón Bolívar, varios tíos, primos, mis dos hermanos, y yo.
Me gradué en idiomas, específicamente en italiano. No precisamente una
carrera con la que me puedo poner millonaria, pero si una carrera muy bella
que me mostró muchas cosas, como el amor por los idiomas. ¡Como me gustaría
poder hablarlos todos, para poder así aprender del mundo entero! Aprendí sobre
religión, sobre arte, sobre literatura. Una carrera que me llenó de esperanza
por el inmenso potencial humano y por el mundo. Amo ser maestra. Y…aunque
comencé a estudiar por conceptos “individualistas”, todo lo que he aprendido
lo he compartido, segura de que, en algún momento, he prestado una mano amiga,
o mostrado una visión o un camino a seguir a alguien que necesitó de mi
consejo.
Mi papá tiene 78 años. Es diabético. Es Doctor, no en medicina (no puede ver
un médico ni un centro hospitalario ni en pintura), sino en Economía
Agrícola. El primer Doctor en Economía Agrícola que produjo Venezuela.
Trabajó toda su vida, y cuando terminó de darle a sus hijos una buena
educación, decidió dedicarse a lo que realmente le gusta: Leer sus libros de
historia (de Roma, especialmente), y a su granja de chivos.
No sabe de Internet, aunque se está interesando en el tema después que
chateamos mientras se encontraba en Wisconsin visitando a mis hermanos, y
cuando se enteró que puede bajar cursos de chivos para su deleite, y buscar
libros de chivos y de historia de Roma, para después llamar a mi hermano
Fernando y decirle que se los compre… ¡urgente! ¡De una vez!… ¡antes de que se
agoten!... “… ¡corre! ¿Tú no los puedes comprar por Internet desde allá…
¡Aló!?...”, “…si papá, los puedo comprar por Internet…”, “…ah bueno.Dale
pues. ¿Ya los compraste?…¿¡Aló!?…¿me escuchas??...”
Con los años, el viejo se ha puesto imprudente. No voy a excusar sus
imprudencias ni en sus años ni en su diabetes…aunque podría hacerlo. Tampoco
lo voy a excusar a la injusticia que siente por haber perdido a mi madre,
porque el carajo era imprudente mucho antes de ella morir. En realidad, es mi
opinión, que el es imprudente por dárselas de gracioso y el tiro, a veces, le
sale por la culata (¿se dice así?). “… ¿Tú eres hijo de quien?...”, le
pregunta a alguien, “…de tal y tal…”, le contestan, y entonces viene el viejo
y dice, “…ahhh si, como no, sumamente pretencioso tu papa…”. Aquel que no lo
conozca, le puede caer mal este tipo de comentario, y como uno lo regaña por
hacerlos, entonces…el lo hace más… para joder (como el viejo español, que decía
que si moría en Madrid lo enterraran en Sevilla, y si moría en Sevilla lo
enterraran en Madrid).
Pero, yo que lo conozco, sé quien es, y entiendo que no le desea mal a nadie,
hace tiempo comprendí, que tengo que estar preparada para defenderlo, el día
que, por sus imprudencias, (que generalmente no son mentiras, pero igual no
debe decirlas), le den un tate quieto. Después de todo, es mi papá…y es el
mejor del mundo entero.
Yo debo haber escuchado en el trayecto de mi vida, como un millón de veces, de
su boca, lo siguiente: “…los que estudiaron conmigo fueron: Aponte Otto,
Campos Carlos, Curiel, Curiel y Curiel, Chávez Hermes, González Bernabé,
Gutiérrez Joel, Herrera Eduardo, Quintero Alberto, Santeliz Gerardo, Vázquez
Carlos y Yépez Luís Fernando…”, (ese es él). Yo escribo los domingos, y
comparto la columna de opinión con el Sr. Hermes Chávez, compañero de estudios
de mi papá, y persona con la cual no comparto en absoluto nada de lo que ha
escrito, ni de lo que ha dicho por radio.
En conversaciones con mi papá, le he preguntado, totalmente sorprendida a
veces por los comentarios del Sr. Hermes, si en realidad cree lo que predica,
“… Si. Toda la vida ha sido comunista…”, “… ¿y tú eres su amigo…?”, “…Si, como
no. Estudiamos juntos…”.
Yo no creo que el Señor Hermes Chávez me reconozca cuando me ve en la calle,
pero yo si lo reconozco a él. Y por ser mayor, por ser compañero de estudio
de mi padre, y porque compartimos una página de opinión los domingos, yo paro
lo que estoy haciendo, voy, y lo saludo. No comparto su postura, pero si lo
respeto.
Explico esto, porque cuando vi por televisión, como un joven, un mocoso,
escudado en su misión política, insultó, humilló y apuntó con el dedo a un
señor de 85 años, como lo es Pompeyo Márquez, me di cuenta, que el fondo del
problema en Venezuela tiene que ver con
la EDUCACIÓN.
El otro día vi, en VTV, a una estudiante universitaria “bolivariana”, que le
decía al hombre este que tiene el programa de entrevistas en las mañanas y que
me cae mas mal que un plato de caraotas viejas, que las universidades enseñan
una educación “individualista” en vez de colectiva, y que, al entrar a la
institución educativa, lo primero que te señalan es que, por el simple hecho
de estar en la universidad, eres superior.
Los ideales de la igualdad, son ideales muy bellos. Y es verdad, todos somos
iguales y merecemos ser tratados con respeto y dignidad. Pero no es menos
cierto que el ser humano es un ser individualista. Punto. Lo tiene en los
genes. En su naturaleza. Que no me venga a decir esta joven, que ella se va
a quemar las pestañas estudiando 5 años en la Universidad Central de
Venezuela, y que alguien, que no le interesó ni siquiera estudiar
bachillerato, pretenda ganar lo mismo, tener los mismos beneficios, las mismas
puertas abiertas que se le puedan abrir a ella por tener un titulo
universitario bien ganado, porque eso es BULLSHIT, eso…no se lo cree ni ella
misma.
Todos tenemos derecho una educación. Esa educación comienza en el hogar,
donde se imparten principios, moral, amor por tu prójimo y respeto. Luego, le
toca al estado dotar a sus ciudadanos con una educación de calidad. No todos
quieren ir a la universidad y no deberían tener que hacerlo. Tener una buena
educación primaria y secundaria, donde te den las herramientas para salir al
campo laboral y dar lo mejor de ti, es suficiente para unos, pero para otros
no. Otros quieren profesionalizarse, y eso es bueno. Necesitamos buenos
profesionales, bien preparados por profesores expertos en su materia. De esta
manera tenemos ciudadanos productivos (en todos los niveles), que aunque sean
“individualistas”, mejoran la calidad de la sociedad. Los conocimientos de
estas personas caen como cascada sobre los demás y no hay manera de detener
ese efecto multiplicador. Si ellos se hacen ricos gracias a sus
conocimientos, también generan riqueza, que genera más trabajo, que genera más
educación, que genera más conocimiento. Y la bola de nieve no se detiene.
La prueba mas contundente de lo que pueden hacer los dos peores males de la
humanidad, actualmente se están carcomiendo el alma y la esencia de nuestro
bello país. El resentimiento y la ignorancia. El resentimiento se traduce
en odio y envidia, un cáncer que envenena el alma…y si a esto le añades la
ignorancia, (falta de educación en todos sus niveles), terminas con un país
que no sirve para nada. Un país, como jóvenes capaces de insultar vilmente a
un anciano de 85 años, un país, que como dice Yon Goicoechea, lo están tirando
por la poceta. Muy lamentable y muy cierto, y tú lo sabes.
syepez@cantv.net

No Gracias
Por Susana Yépez de Álvarez
21-10-2007
Cuando
yo tenía 15 años, vi un programa parecido a Radio Rochela donde hicieron un
sketch que se llamaba “el invitado que no se iba”. Trataba de un amigo necio
de una pareja que llegaba a visitar, abría la nevera para ver que se comía,
llamaba amigos para que se fueran para allá, agarraba el control remoto para
ver que película estaban pasando, mientras que la señora gritaba horrorizada
(¡¡¡Ahhhhhh!!!), y el señor se agarraba la cabeza sin saber como hacer para
salir del invitado. Y aunque le decían cosas como “…ya es tarde (y bostezaban
y todo), el invitado hacía otra cosa y la mujer volvía a gritar y el hombre
volvía a agarrarse la cabeza.
Aunque era cómico, ese sketch me traumatizó, y hasta el día de hoy, soy
incapaz de visitar a alguien y durar más de media hora en mi visita por terror
a convertirme en “el invitado que no se iba”.
Eso me hace, por naturaleza una persona muy poco metida. Voy, converso,
máximo me bebo un refresco y chao contigo. Prefiero dejarlos con más ganas de
conversar que con la sensación de ser una fastidiosa.
Es por eso, que cuando a mis manos llegó un censo para la junta comunal de mi
zona, quedé loca. Yo soy incapaz de preguntarle a mis mas íntimos amigos
cuanto ganan, y ahora pretenden ponerme a responder (¡ojo!…por escrito), para
beneficio del gobierno (vía junta comunal), los más ÍNTIMOS detalles de mi
vida privada.
Lo peor de todo, es que cada vez que salía de mi casa, por haber formado parte
de la Asociación de Vecinos de mi zona, los vecinos me preguntaban
extremadamente sorprendidos por la calidad y cantidad de preguntas personales,
como llenar esa planilla, y yo…no estaba segura cómo responderles. Yo me salí
de todo lo que tenía que ver con esto en lo que pasamos a ser junta comunal
por no creer en el proyecto. Pedí explícitamente ser sacada, primero por mi
profunda ignorancia al respecto, y segundo por mi profundo rechazo a este
gobierno.
Llamé a mi papá. “…llénalo o nos pueden jo…”, fue su respuesta. Le leí las
preguntas a mi hermano por teléfono, “…esto es completamente
inconstitucional. No lo llenes…”. Pregunté por la calle y algunos me
aconsejaron…no ser completamente sincera.
En realidad tenía tres opciones. La primera era no llenarlo. La segunda era
llenarlo y mentir. La tercera era llenarlo y decir la verdad. Pero una vaina
que llaman instinto me decía, que con las tres opciones, igualito me
embromaba.
Las opiniones al respecto me confundían más todos los días, y mi decisión de
NO llenarla, se tambaleó hasta que agarré un bolígrafo y decidí llenarla, para
después decidir que hacer con ella.
Comienzo a llenar la planilla y a hablar sola al mismo tiempo. Me estaba
poniendo más y más arrecha ante cada cuadrito. En realidad, era la primera
vez en mi vida, que sentía este tipo de indignación. Cuantos cuartos, cuanta
gente, sus cédulas de identidad, nivel educativo, que hago y cuanto gano.
Donde compro el mercado, a donde voy cuando me enfermo. ¿Tienes nevera?...
“si”…ah caramba, ¿y cuántas?, ¿y microondas?, ¿y celular?, ¿y lavadora?, y
dale, y dale y dale. Llegué hasta el final. No me preguntaron si prefiero
utilizar pantaletas tipo faja, bikinis o hilo dental, cosa que después de
llenar la planilla no me hubiera sorprendido en absoluto.
Quedé con la planilla en mis manos y me dio una tembladera. Una tembladera
literal. Los dientes me pegaban los de arriba con los de abajo y hacían un
ruido enorme que no podía evitar. Estaba sufriendo un ataque de histeria.
Era una mezcla de MIEDO, ligado con RABIA, ligado con IMPOTENCIA, ligado con
DESILUSIÓN, ligado con INCERTIDUMBRE, y ligado con una voz que muy tenue, pero
sin parar me decía… “nos jodimos”.
¿A cuenta de que carajo, tengo que decirle yo a NADIE, cuantos cuartos tengo,
donde compro mi comida y si tengo poceta o un hoyo en el patio? ¡¡¡¿A CUENTA
DE QUÉ?!!! ¡¡NO ME DA LA GANA!! Esto es una intromisión a mi vida privada y
¡no la ACEPTO! Doblé la planilla y la guardé. Y aunque ya me había decidido
a no entregarla, el miedo no me abandona.
Indignada ante esta invasión a la privacidad de los ciudadanos, hablé al
respecto con una amiga. Una de esas mujeres maravillosas que son SUPER
positivas, y todo…lo ven bello. Furiosa, le cuento la situación en la que me
encuentro, y ella, con tremenda sonrisa en la cara ella, me presenta una
cuarta opción. “Pero mi reina, contéstala. Si te preguntan cuantas pocetas
tienes, di, las suficientes. Cuanto ganas, insuficiente, siempre estoy
pelando. Si te preguntan donde compras la comida, di, donde la consigo porque
aquí no hay NADA. Lo contestas todo así mi corazón precioso, y se acabó el
problema. Tan preciosa mi nena, poniéndose brava por tonterías”. Se montó en
su carro y se fue.
No me quedó más alternativa que sonreír. -Ah muuunndo-pensé, - ojala y
Venezuela fuera toda como ella, color rosa-rosadita. Y aunque sé que mi amiga
se escuda en su optimismo para sobrevivir sin tener que cambiar su lindo
estilo de vida feliz y positivo, también sé que es solo eso, un escudo. Pero
para decir la verdad, ella logró tranquilizarme, y cuando me de el ataque,
pensaré en su sonrisa y su optimismo… para calmarme. Tan bella.
syepez@cantv.net

¿Instruirnos?... Ay no. ¡Qué fastidio!
Por Susana
Yépez de Álvarez
01-09-2007
Rebequita,
mi hija de 9 años, decidió que se iría con su abuelo Nano para la granja de
Chivos. “…Rebeca. ¿Quién te va a cocinar? ¿Qué te van a cocinar?, allá no
hay sino huevos, caraotas y arepas….”, “… y ¿con quién vas a dormir…
sola?...”, y ella, más fresca que una lechuga me contesta que dormirá sola
“…¿cuál es el problema?...”, y además de eso, que comerá caraotas y sardinas (guácatela),
ah si, y toddy, “…chao pues, ¿la ción?, nos vemos el sábado…”
Al día siguiente, en la tarde, comenzó a caer un diluvio. Me encontraba en la
computadora haciendo una de mis famosas listas de “cosas por hacer”, pero la
luz amenazó con irse y la computadora se prendió y se apagó dos veces.
Rapidito apagué todo lo que estaba conectado a la computadora. Nada le podía
pasar a mi medio principal de comunicación con mi hija mayor. Después me fui
corriendo a mover muebles, trancar las ventanas y colocar toallas en el piso
para evitar una inundación.
Me senté en la cocina a mirar el agua caer en el patio. Estaba completamente
sola. Prendí la televisión y puse al ciudadano. Tenía literalmente meses sin
ver el programa. Estaban hablando con David de Lima, ex gobernador de
Anzoátegui. Hablaba acerca de la nueva Reforma Constitucional que quiere
implantar Hugo Chávez. El argumentaba que en Anzoátegui va a ganar el NO, la
mayoría de las personas en Anzoátegui no quieren nada que ver con la Reforma
Constitucional. “…Hay que votar, ESO, es lo mas importante…”
En la cocina de mi casa, hay una barra con unas sillas altas, para comer y
trabajar. El teléfono está allí. En lo que el ciudadano dice “… ¡Otra
llamada más!…”, mi instinto, ¿será de sobrevivir?, hace que agarré el teléfono
y marqué el
207 10 00.
Con un lápiz que estaba al lado del teléfono, comencé a garabatear mis puntos
de vista en las baldosas de la barra por falta de papel. De golpe me
contestan el teléfono, “Bienvenido al programa radial y televisivo “Aló
Ciudadano”, recuerde…”, - ¡estoy lista! – pensé, hablaré con el Ciudadano y
con David de Lima.
Como tengo el celular al lado, comienzo a mandarles mensajitos a mis amigos,
diciendo que pongan al ciudadano, porque voy a salir YO. También llamo a
Rebequita y a Nano a la granja de chivos. A Rebeca le costó escucharme porque
estaba lloviendo allá también, pero por fin trancó el teléfono y pegó la
carrera a escucharme hablar por televisión.
Una de estas llamadas, de una señora en el Táchira, denunciaba una cantidad
muy grande de propiedades agropecuarias que han sido adquiridas por altos
funcionarios del gobierno revolucionario. El ciudadano la interrumpe, y le
pregunta “… Señora, disculpe, ¿usted tiene pruebas de lo que está
diciendo?...”, la señora queda como muda ante esta pregunta y luego le
responde, “… Ciudadano. Todos aquí sabemos de quién son estas propiedades.
Estamos pidiendo que lo investiguen…”, “… Señora…”, le vuelve a decir el
ciudadano, “…aquí no podemos decir cosas sin estar basados en evidencias,
¿usted tiene evidencias?...” Mientras tanto, yo estoy escribiendo en las
baldosas para preguntarle al ciudadano, a que instancia exactamente se supone
que se deba dirigir esta señora a pedir una investigación, si todo el
gobierno, todo todito… es rojo, rojito.
“…Gracias por permanecer en línea, su llama es importante para nosotros, en
unos momentos le atenderemos…”, se van a propaganda, vuelven, despiden a David
de Lima después de dos o tres llamadas más, y llega Henry Ramos Allup.
Rebequita me llama al celular y me pregunta que cuando es que voy a hablar
con el Ciudadano. “…Ahorita voy a hablar con el Ciudadano, tranquila. Sigue
mirando la televisión. Ya me van a contestar. Chao…”, “… Chao pues…”.
Parece ser, que este señor, de parte de su partido Acción Democrática, pidió un derecho de palabra en la Asamblea Nacional, para discutir esto de la Reforma Constitucional. El está convencido que es sumamente importante, instruir a la población venezolana acerca de su contenido y de sus consecuencias a corto y mediano plazo. Mientras yo escucho esta retahíla de pendejeras, continúo garabateando mi opinión en las baldosas de la barra de la cocina. Si me llegan a contestar, - pensé-, no sé por donde comenzaré a leer este poco de cosas.
Mientras pasaban llamadas que no eran la mía, “…Gracias por llamar a Aló
Ciudadano…”, decidí ponerle orden a lo que diría al salir al aire. Primero
hablaría de las denuncias de esta señora, a quien le piden lo haga con
evidencias en mano. Esto me parece una locura. Pienso que una buena
alternativa, sería decirle algo como,… “Señora. Sabemos que todos los poderes
del gobierno están secuestrados, y la vamos a pasar con un grupo de
voluntarios capacitados en leyes, etc., para que les de la información, y
ellos se encargaran de investigar el caso, un momento por favor, y gracias por
llamar…”.
Mi segundo punto era la fula Reforma Constitucional. Parece que después de
casi diez años, no han entendido, que al ciudadano común, le sabe a pepino
frito lo que diga ni la constitución, ni la reforma, ¡ni nada! Con Chávez
manda el pueblo. ¡Más Nada!, y no necesitan saber mas nada… aunque no manden
un carajo.
Tercero. Un señor con tantas características de tirano, no puede ser un
demócrata. Ni un demócrata socialista, ni un demócrata participativo, ni un
demócrata nada. Esto de votar tiene que ver con democracia. En una
democracia se vota. Yo dejé de creer que vivíamos en democracia hace tiempo
ya. Y otra cosa, un Dictador… no se mide.
“Gracias por llamar a Aló Ciudadano. Su llamada es importante para nosotros.
Espere en línea que pronto le atenderemos.”. Menos mal, pude poner mis ideas
en orden. Resumen, Necesitamos un plan B, bajo los lineamientos que yo
proponía, porque al parecer, soy la única que sabe lo que aquí está pasando.
Cada vez que decían “¡Otra llamada más!”, estaba segura que sería yo. Pero a
las 8 en punto, me colgaron el teléfono. Quedé paralizada en medio de la
cocina, con toda la barra llena de párrafos, tachaduras, flechas, etc., con
el teléfono en la mano haciendo piririiii, piririiii, piririiii. Por fin lo
colgué, y me comencé a reír en voz alta.
Ayer llegó Rebequita. Me acompañó a hacer unas diligencias. Entonces me
comenta que cada vez que decían ¡Otra llamada mas!, ella gritaba “… ¡esa es mi
mamá!”, pero entonces la persona decía “buenas noches. Me llamo José y estoy
llamando de Tucacas”. Y después, a la llamada siguiente, ella gritaba “¡esa
si es mi mamá!”, pero decían “Buenas noches. Soy Maricela y estoy llamando
de Valencia”. Una vez, una de las llamadas del ciudadano se cayó al salir al
aire, y Rebeca, le anunció a su abuelo Nano, con los brazos alzados en el
aire, “¡Esa!…SI ERA mi mamá”.
syepez@cantv.net

Si van a montar un espectáculo… nosotros vamos a mirar
26-08-2007
Okay.
I´m sorry. Aquí viene un sermón otra vez. Es que no me aguanto porque esto
está horrible. Estoy completamente horrorizada de la descomposición de
nuestra sociedad. ¿Qué es lo que está pasando Dios mío?, ¿Dónde están los
valores y los principios con los cuáles nos debemos guiar para poder convivir
como ciudadanos DECENTES?
No tenía ni cinco minutos de haber pasado por la calle Bolívar, cuando le
dispararon a un señor en una moto, porque se la querían robar y el no quiso
entregarla. Si no lo mataron está seriamente herido. A una amiga se le metió
un hombre a la casa, traspasando portones y puertas, un domingo a
medianoche. Ella estaba sola con su hija. Eso no da miedo… da
TERROR. No hay reglas, y la única ley que existe hoy en Venezuela es la
del más vivo y el más pícaro. ¡Que vaina tan seria!
Nos estamos comportando de manera mediocre. Sin pararle a los semáforos,
estacionándonos donde nos da la gana. ¡Estamos bebiendo y manejando! Hay
motos en la calle con familias completas, incluyendo recién nacidos, que
transitan libremente por calles y avenidas. No existe autoridad que se
respete. Estamos haciendo lo que nos da la gana. Es grave, muy grave, porque
el ser humano es tan débil, que si no tiene reglas claras por las cual
guiarse, se destruye a si mismo y a los que lo rodean, creando así una bola de
nieve que arrastra todo a su alrededor.
Hace unas noches, invité a mi hija, con una amiga, las dos de 12 y 13 años, al
cine. La película era la tercera de una trilogía y ninguna de las tres
habíamos visto ni la 1 ni la 2. Fuimos porque era lunes popular, y era más
barato.
Yo logré conectarme con la película porque los actores me gustaban. Pero las
niñas estaban muy concentradas en una pareja de adolescentes que teníamos
atrás. Ya que estaban muertas de risa y comentando cosas que no tenían nada
que ver con la película, volteé a ver lo que ellas miraban tanto. De
casualidad no me dio un infarto ahí mismo. La muchachita, que no tendrá más
de 16 años, y el muchacho, se besaban locamente, y el le tenía las manos tan
metidas dentro de la camisa, que se le estaba cayendo. ¡Estaba semi desnuda!
Me entero al salir del cine, que esta parejita es conocida por mi hija y su
amiga, y sus otras amigas también. No es primera vez que ven este espectáculo
casi-que-pornográfico. Las niñas estaban de acuerdo que ver eso era mucho más
interesante que ver la película. Lo que más me horrorizó, es que para ellas,
el comportamiento de esta parejita es algo medio normal, ya que lo ven muy a
menudo, y en todos lados.
Entonces me toca a mi tratar de deshacer lo que la sociedad les está enseñando
por no tener disciplina ni reglas claras. “Eso es feo. Muy feo. Esa niña
perdió su reputación para siempre. Este tipo de cosas, si las vas a hacer,
las haces donde no te vea nadie. Es algo vulgar y ordinario que cae muy
mal. ¿Qué van a decir los otros hombres de esta muchacha? Que es fácil, que
le pueden hacer lo que quieran. Que feo eso. No tener respeto ni por uno
mismo, ni por los demás”, ya no conseguía que decirle a las niñas para
asegurarme que entendieran que ese comportamiento es incorrecto sin tratar de
sonar como una madre de la época de la conchinchina que no está en nada.
Al día siguiente me tocó ir a un curso bien chévere de Serigrafía que estoy
haciendo en
la Biblioteca.
El profesor nos da un recreo de cinco minutos y quiero ir a
comprar un Nesté en la panadería. Eso significa que tengo que cruzar
la Plaza
Bolívar. Un compañero de clases que tiene 12 años, la mismita edad de mi
hija, me dice que el me acompaña. ¡Que bueno! Alguien que me proteja de la
inseguridad en la que vivimos. ¡Vámonos!
Entrando a la Plaza nos conseguimos con un grupo de niños que están
participando de un plan vacacional. Están sentados en el suelo jugando y una
profesora les está leyendo un libro. El día está soleado y yo estoy de buen
humor. Saludamos a los niños y seguimos nuestro camino hacía la panadería. A
menos de
10 metros
de los niños, en uno de los bancos, nos encontramos con un hombre sentado, y
una mujer sentada arriba de el… jamoneándose… (de verdad que pensé y pensé y
no conseguí otra palabra para describir lo que se estaban haciendo).
Esta pareja era mayor de edad, no eran tripones. Cuando yo veo este “show”,
lo primero que quiero hacer es taparle los ojos al niño que me acompaña, pero
me da pena porque va a creer que estoy loca. Así que comienzo el sermón de
nuevo, mientras que le anuncio a los cuatro vientos a esta pareja… que hay
niños a menos de
10 metros
de distancia y que ¡por favor! dejen la vaina. El hombre me alzó la mano como
mandándome pa´l carajo, y a mi… se me subió la adrenalina.
Traté de conseguir un policía que me ayudara a detener tanta indecencia a la
luz pública y enfrente de niños, pero no conseguí ninguno. Un vigilante con
uniforme también serviría… pero nada. De regreso, mientras yo hablaba y
hablaba explicándole a mi compañerito lo feo que era ese tipo de
comportamiento, nos conseguimos con… ¡OTRA pareja más! Mi compañero…
estaba gozando un puyero con el espectáculo y con mi indignación.
Yo no puedo meterme a policía y agarrar ladrones porque no tengo las
herramientas ni el conocimiento requerido para ese trabajo. Tampoco soy
fiscal de tránsito, Alcalde o Gobernadora. Pero si estoy harta de tener que
pasarles por un lado a estos ciudadanos como si fuera ciega, porque todavía
NO LO SOY.
Así que tengo ganas de formar un grupo. Un grupo numeroso y variado de
personalidades, incluyendo viejos y viejas honorables, madres y padres de
niños y adolescentes, adolescentes, etc., con cámaras y todo, para pararnos
frente a estas parejitas e informarles que si van a montar un espectáculo,
entonces, nosotros vamos a mirar. Y para comenzar, me voy a llevar a mi
hija, su amiga, mi compañero de clases de serigrafía, a Chiquita, (mi
perrita), para que les ladre, a dos o tres de los Melenditos, ¡si señor!… y a
mi papá también... y CON hambre,
para que esté mas
malasangre de lo que normalmente puede ser. Me está sonando muy divertida
la cosa.
syepez@cantv.net

Llámenme Lina Ron
Por Susana Yépez de Álvarez
10-08-2007
La
otra noche, sintiéndome sola y desamparada por la partida de mi hija mayor,
decido salir en busca de mis otras dos hijas. Con la excusa de consentirlas,
les preguntaría si querían jugar una partida de UNO, y así ellas me
consentirían a mí sin darse cuenta. Eleana, de 12 años y a Rebeca de 9,
estaban embebidas mirando un programa de televisión, y como ni siquiera se
daban cuentan que yo estaba parada frente a ellas con las cartas en la mano,
decido sentarme y ver lo que ellas están mirando.
Tardo en darme cuenta que se trata de un programa de Mtv. Me parece rara la
cosa, porque lo que yo tenía entendido de cuando era “chama”, es que este, era
un canal de videos musicales en inglés, y lo que ellas miraban tan fijamente,
era un programa… y en español.
“… ¿Qué es ésto?...” les pregunto, y ellas me contestan, con un tono de voz
tajante, “… ¡ay mamá!, tú no estas en nada…”. Quedé en shock. ¿Cómo que yo
no estoy en nada?, yo soy la mamá mas cool del mundo entero. Es más, sé de
todo un poco y soy muy buena echando cuentos. Les digo todo esto, pero no era
posible interrumpir su concentración. Este programa podía más que yo.
Por fin, durante la propaganda, me cuentan que es un programa donde les
celebran los 15 o 16 años a las jóvenes de diferentes países. El programa de
hoy, por pura coincidencia, trataba de una muchacha venezolana.
- Ay que chévere -, pensé, - voy a mirarlo para agarrar dato -. Después de
todo el cumpleaños es el día más importante en la vida de una persona. Me
encanta celebrarles los cumpleaños a mis hijos. Los despierto bien temprano
cantándoles las mañanitas y dándoles un regalo. Me gusta inventar juegos,
pero después de celebrar 37 cumpleaños en total entre mis cuatro hijos, la
imaginación me estaba comenzando a fallar. Este programa era justo lo que
necesitaba.
Así que me instalo emocionadísima a ver el programa con las niñas. No había
pasado un minuto, cuando se me comienzan a parar los pelos de puntas. ¡¿Qué
vaina era ésta?! Comienzo de nuevo a preguntarle a las niñas, ya que lo que
estoy mirando parece ser uno de los tantos “reality shows” que están de moda.
No podía ser posible. Esto tenía que ser un montaje… ¡a juro!, porque si no,
me cambiaría el nombre a Lina Ron.
Me cuentan las niñas que si es un “reality show”. Llaman al programa y le
piden que grabe y transmita todo lo relacionado con la preparación y la
celebración de la fiesta. Se trata de niñas cuyos padres tienen muchísimo
dinero. “… ¡¿EN UN CASINO?! Pero bueno, esos muchachos son menores de edad
¿Le están celebrando los 15 años en un Casino? ¡Mira! ¡Esos tripones están
jugando a la ruleta!” Mis hijas no han caído en cuenta que yo estoy
completamente horrorizada, y me anuncian que “… Calle Ciega es solo UNA de las
TRES orquestas que va a tocar. ¡Lo máximo!…”
La jovencita le comenta a su madre, (quien se presta junto al padre para que
graben y transmitan esto al mundo entero), que si su papá no le regala el
Mercedes Benz que ella quiere, sencillamente no le hablará jamás. Después que
su mamá le prohíbe ponerse un vestido transparente, diciendo algo así como,
“… ay mi amorcito, es que pareces de 21 y no de 15 mi corazón…”, la niña, fingiendo un dolor muy profundo, le
ruega “¿15, 21?… es prácticamente la misma cosa mamita. Dime que si por fa,
¿si?, ¿si?...”, y la imbecileta de la mamá la consuela diciéndole algo así
como, “mi amor, lo siento. Tu papá me mata. No te puedo comprar el vestido”,
y este dulce de melocotón se esconde detrás del vestidor a hacerle muecas
groseras a su madre sin parar, como por cinco minutos.
Al final del programa, y después de escucharme a mi hablar incoherencias sin
parar, mis hijas decidieron que no volverían a ver televisión conmigo. “…
Contigo no se puede ver nada mamá…”. No podía dejarlas irse a dormir con la
idea de que la equivocada era yo. Así que arranqué con la versión larga y sin
editar de mi sermón numero 47.
Les hablé de la superficialidad. Les dije que ni que los reales se me
estuvieran saliendo por los huecos de la nariz, les celebraría JAMÁS un
cumpleaños como el que acabábamos de presenciar. Una niña malcriada que
maneja a sus padres a su antojo, y que a la final es incapaz de ser feliz si
no puede usar un vestido que no es apropiado para su edad, o si no le dan un
carro. “… ¿a cuenta de que le van a dar un carro tan caro a esta mocosa?...”
Hablé mal de los padres. Irresponsables, incapaces de criar a un ciudadano
con principios. Me arriesgué dándoles un ejemplo de mi vida real, y les
conté de la vez que yo le quería celebrar el primer cumpleaños a Carol
Cristina, la mayor, con una fiestecita cuya lista comenzó siendo de 12 y
terminó siendo de 150, y de como, cuando mi papá se enteró, me comunicó que si
yo celebraba ese cumpleaños de esa manera no me volvería a dirigir la
palabra, primero por que no teníamos la plata para hacerlo, y segundo,
porque era de mal gusto y punto. Y hasta les pregunté que tendrían que hacer
ahora esos padres para hacer feliz a su terrón de azúcar después de ese
espectáculo, “… ¿arrancarse el corazón del pecho y entregárselo todavía
latiendo a la niña, ah, ah, ¡AH!?...”
Las dejé que se fueran a dormir. Las dos me miraban y se miraban entre ellas
como diciéndose en silencio que definitivamente esa sería la última vez
que verían cualquier programa conmigo, aunque estoy segura que algo del
sermón, (que duró mas de una hora)… les quedó.
A la noche siguiente, curiosa, volví a poner el programa. Esta vez se trataba
de una niña del norte, y una de las tantas cosas que quería esta preciosura
para celebrar su cumpleaños, era que pintaran con wiki-wiki a sus dos poodles,
y ¿adivinen que?... ¡lo hicieron! ¡Los pintaron con wiki-wiki! ¡CON WIKI
WIKI ROSADO!
syepez@cantv.net

Mi reencuentro con las despedidas
Por Susana Yépez de Alvarez
27-07-07
Yo
comencé a tener contacto con los aeropuertos a la edad de 13 años. De los 13
a los 23 años, afortunadamente, fueron muchos los aviones en los que me monté
y muchos los aeropuertos que conocí. Fueron muchas despedidas y fueron muchos
reencuentros.
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Fue por eso que los
aeropuertos se convirtieron para mí en lugares especiales. ¿Cuanta gente le
dice adiós a un ser querido en un aeropuerto?, ¿cuanta gente vuelve a
encontrarse con su ser querido en un aeropuerto? Las emociones abundan en
estos lugares, y desde esa temprana edad, todo esto de las despedidas y los
reencuentros me llamó mucho la atención y yo me sentaba a observar a la gente,
a aquellos que llegaban… a aquellos que se iban. Y veía abrazos, besos, risa,
llanto, y yo me imaginaba sus vidas y todo el recorrido que los llevó hasta
ese lugar para irse… o para volver. En realidad era muy lindo y muy
interesante.
En estos días, tuve de nuevo contacto con El Aeropuerto de Maiquetía.
Aeropuerto que muchas veces me vio ir y me vio volver a mi tierra querida.
Fui a despedir a mi hija mayor. Se fue a estudiar, a vivir con sus tíos, y a
conocer su otro país, los Estados Unidos, ya que su abuela era norteamericana,
y esa tierra es tan parte de su vida, como lo es Venezuela. Se fue a la misma
edad que hace muchos años atrás me fui yo. Me dijo adiós, por primera vez en
su vida, en el mismo aeropuerto donde una vez yo, a esa misma edad, hice lo
mismo. A lo mejor por eso, esta ida a Maiquetía me trajo muchos recuerdos, y
a lo mejor por eso, detallé el aeropuerto que en una etapa de mi vida, fue tan
importante para mí.
Este aeropuerto ha cambiado mucho. Existía un lugar donde uno podía, al aire
libre, ver los aviones ir y venir. Ese lugar ya no existe y eso me dolió. Se
habían metido con algo que estaba intacto en mis recuerdos. Y ahora,
aquellos que llegan, lo hacen en el segundo piso, y aquellos que se van, lo
hacen en el primero. Eso me confundió, porque en esta oportunidad solo pude
ver gente diciendo adiós y no hola, y yo quería ver un poco de los dos. Por
alguna razón creo, que de esa manera el adiós… es menos doloroso.
Mi hija se fue al Imperio, como le dicen algunos. Pero ese imperio se
encargará de enseñarle muchas cosas, y por experiencia propia sé, que serán
mas las cosas buenas que las malas. Aprenderá inglés y así se podrá comunicar
con más personas y tener más amigos… que bueno ¿no? Aprenderá a manejarse en
un ambiente desconocido, y eso la hará fuerte y segura, y al final de su
jornada sabrá que tiene alternativas y opciones. Podrá escoger… y eso… es lo
más importante.
Y cuando vuelva, con el corazón en la boca, llena de alegría y emoción subiré
al segundo piso del Aeropuerto de Maiquetía para recibirla. La emoción del
reencuentro es tan fuerte como el de la despedida, solo que muy feliz. No
podré ver las caras, los abrazos, las lágrimas o la risa de aquellos que
emprenden un viaje y quien sabe si una aventura, y estoy segura que volveré a
notar este cambio con una especie de nostalgia de esas, que pega en el alma.
Cuando ella vuelva estaré ahí, en primera fila para celebrar su regreso, para
abrazarla, para decirle “que bueno que volviste y que estás otra vez a mi
lado”. Y algún día, en algún otro aeropuerto, sé que podré observar una vez
mas, las dos emociones juntas, como a mi me gusta, los hasta pronto, te
extrañaré, ligado con los hola… regresé.
syepez@cantv.net

¡Mi papá me tiene loca!… ¿ó serán los médicos?
Por Susana Yépez de
Alvarez
22-07-07
Mi
señor padre se me escapó con Oscar Andrés a las 2 de la tarde, el pasado
martes, sabiendo que sufro de morrondonga, y justo ese día, teníamos cita con
el otorrinolaringólogo. Como él no quería ir ni de vaina, porque no puede ver
un doctor, un enfermo, o un centro hospitalario, sencillamente… se fue
pal´carajo. Con Tamakun basta y sobra, y como se había visto con él el día
anterior, decidió que ya estaba listo, aunque fue el mismo Tamakun quien lo
mandó a verse con el especialista.
Lo llamé a la granja de chivos por teléfono, “… papá, te fuiste aprovechando
que estaba dormida ¿no?...”, y me dice “…a bueno, yo no sé. Yo llegué y no te
vi y en eso llegó Oscar Andrés y me OBLIGÓ a venirme con él…”, (¡que
embustero!), “…ajá. Oscar Andrés te obligó, ¿y el otorrinolaringólogo?...”, y
entonces se hace el sordo, “… ¿QUÉ?… ¿el qué?… ¿qué es lo que estas diciendo
tú?, ¡no entiendo nada!… ¡¿aló…ALÓ?!...”, conociéndolo ya, demasiado bien,
cambio el tema, “… ¿te hiciste los exámenes que te mandó Tamakun?...”, y muy
orgulloso me contesta, “… ah si. Me los hice todos… menos el de la próstata,
porque yo no tengo próstata… ¿¡ALÓ!?...”, “…si papá, aquí estoy…”. “… Bueno,
¿Qué más?...”, y esa es la clave para salir de mi, “…no. Más nada. Good
night…”, “… okey. Good night…”
Para no dejarlo solo tanto tiempo, decidí irme el fin de semana siguiente con
los muchachos, para la granja. Mi papá se había inclaustrado allá, negándose a
quedarse conmigo en mi casa, porque IQUE… “… en esta casa no hay comida, y yo
sufro… ¡Yo SUFRO!...”
Por estar ocupada cocinando, limpiando y recogiendo regueros todo el fin de
semana, no le paré mucho al viejo. Cuando estaba a punto de regresarme para
Carora, suena el teléfono, y escucho cuando mi papá le dice a mi hermano, sin
haberme comento absolutamente nada a mi durante todo el fin de semana, con
cara de pobrecito, que él, se siente muy mal, “… me siento muy mal. No puedo
respirar. Creo que se me taparon las arterias del corazón otra vez… ¿Susana?,
Susana llegó aquí con los muchachos y no me ha parado desde que llegó…”, y
después de anunciarle esto a mi hermano mayor, me estira la mano con el
teléfono para QUE ME REGAÑEN A MI.
Me calo todo el sermón, y le anuncio al viejo, con Fernando todavía en el
teléfono, “… Papá, te vienes conmigo para Carora…”, e inmediatamente volteo el
auricular para que Fernando pueda escuchar los gritos, tal cual niñito
malcriado, que a todo pulmón y diciendo todo tipo de groserías, anunciaba “…
¡yo no me voy para Carora! ¡NO ME DA LA GANA!...”
Le pregunto a Fernando como quiere dirigir ahora al mundo por vía telefónica,
y mi hermanito pasa entonces al plan “B”, que consiste en darme la
explicación médica que le dicta atrás su esposa la doctora, del porque es
demasiado importantísimo que mi papá no se quede sin mí, en la granja de
chivos esa noche, si no está respirando bien. Volteo a mirar a mi papá,
recriminándole su actitud poco cooperadora, y el viejo…me hace una seña
obscena utilizando los dedos, diciéndome “… por aquí que me voy pa´ Carora,
por aquí… mirá…”.
Como la Supermana que ya me considero y declaro, logro, no solo que mi papá se
haga una radiografía del torax a la mañana siguiente en Carora, sino que coja
conmigo para Cabudare, donde trabaja su Cardióloga. – Aya-yai – pensé, - se
debe sentir muy mal si me está siguiendo la corriente -. Me asusté. Pensé en
la última vez que lo intervinieron en Ascardio. En esa ocasión, casi toda la
familia estaba aquí, y nos repartimos el trabajo. Pero ahora, de la familia
inmediata, quedamos mi papá y yo solos en este lío. Entonces recordé la cava
que me dejó en esa oportunidad, mi hermana Rebeca, la noche que nos tocó
dormir a mi papá y a mí en el Hospital Gómez López. Tan bella esa cava. No
le faltaba nada. Hasta cervezas tenía… me imagino que por si nos provocaba
agarrar un peón en el Hospital Gómez López luego de una delicada intervención
cardiaca.
Al llegar al sitio, por órdenes de su doctora, lo tratan de meter por
emergencia para ponerle oxígeno y nebulizarlo, pero mi papá decide, frente a
doctores y enfermeras… echarse un cigarrito primero. Adentro de Emergencia… se
asustó. A lo mejor el señor que estaba agonizando en la camilla de al lado
tuvo algo que ver con eso, porque comenzó a sudar como un loco, y lo único que
me decía es “… ya yo me siento bien, vámonos pal´ carajo…”
Luego nos mandan a ver a la doctora. Yo juraba que lo verían inmediatamente,
pero la secretaria me dice que tiene 4 por delante. Otra vez la cantaleta, a
todo volumen que él no va a esperar. Le ruego que se siente, que ya estamos
ahí. Le pregunto si quiere algo, y me pide que le compre un chocolate, y “…
¡agua!… ¡Mucha agua!… ¡Agua en abundancia! ¡Rápido que se me va a bajar la
azúcar y me da la vaina! ¡Corre!...”
Bajo los tres pisos a millón, cruzo la calle para la cafetería, y pido el
chocolate, “… rápido, rápido, POR FAVOR, que es para mi papá y si no se lo
llevo le va a dar la vaina…”. Vuelvo, le doy las cosas a mi papá, y le digo
a la secretaria que la doctora debe ver a mi papá ya, dado su delicado estado
de salud. La secretaria entra a hablar con la doctora, sale y me anuncia,
“…su papá puede esperar. La doctora se comunicó con emergencia, y le dicen
que no se está muriendo…” ¡Ay Dios mío! ¡Jesús Christ! ¡San Judas Tadeo
bendito!, ¡al viejo le va a dar la vaina!
Ante esta noticia, mi papá procede a hartarse el chocolate y una de las tres
botellas de agua que le llevé, y luego, se acuesta en el suelo, ante la mirada
de todo el público presente. En cinco segundos estaba roncando, y yo, que ya
estoy acostumbradísima a este tipo de espectáculos, me siento en el piso a su
lado, y aprovechando la tranquilidad, leo mi libro.
Dios, Jesús Christ y San Judas Tadeo deben haber escuchado mis plegarias,
porque mi papá no tiene nada malo con su corazón. La doctora pensó que había
una infección en los pulmones y amenazó con hospitalizarlo, pero después que
escuchó el berrinche número 57 de mi papá, que tiene que ver con, “… ¡primero
muerto en Carora que vivo en Cabudare! ¡¿Dónde está Tamakun?!...”, la
doctora, que todavía no sabe exactamente, que es un Tamakun, decidió hacerle
un examen mas, y el resultado, fue muy favorable.
Y muy contentos con la noticia, y por órdenes de él, que también es doctor,
antes de coger para Carora nos dirigimos a UNA de las dos mejores Areperas de
Barquisimeto… a celebrar.
syepez@cantv.net

Largo pero interesante… como Ángel y/o Demonio
01-07-07
Con todo mi amor y profundo agradecimiento a
3 grandes doctores: Virginia, Tamakun y Toto
En
mi último artículo escribo acerca de mi hijo menor, (quien habla poco para su
edad y camina en puntitas), y la odisea médica en la que nos encontrábamos.
Decía que estaba frustrada y cansada ante tanto médico sin respuesta CLARA.
Para mí, estábamos tratando con un niño querido, sobreprotegido y requete
mimado, aunque algunos pensaban que yo estaba demasiado cerca, para ser
objetiva.
Escuchar los consejos de medio mundo, solo me confundía más, y llegué a pensar
que a lo mejor era verdad que yo no podía ser objetiva en este caso. Toto, el
Dr. Teodoro Herrera, buen amigo de mi familia, habló conmigo sobre este
asunto. “… El muchacho no tiene absolutamente nada…”, me dijo luego de
examinarlo en mi casa, y muy seriamente me aconsejó, “… Deja de preocuparte,
porque la que se va a enfermar eres tú…”
Por pendeja, (ya que tenía igual cantidad de personas que creían que había que
descartar y personas que creían que el muchacho no tenía nada), me decidí a
evaluarlo… ¡qué más!... si no lo hacía iba a quedar con la duda por el resto
de mi vida, pero jamás me imaginé, que evaluarlo tardaría dos meses, toda la
plata del mundo, y un poco de doctores que no sentían ni mi preocupación ni
mis miedos. Era claro… ¡qué no le importábamos un carajo!
Yo me machuco los dientes dormida desde hace años. Esta condición se llama
bruxismo. Nunca me había creado un problema grave a mí, pero a mi marido si.
A veces, el ruido que hago en las noches con los dientes, es muy parecido al
de un terremoto, y en tres ocasiones, Luís Oswaldo ha pegado la carrera a
buscar a los muchachos para salir a la calle en busca de protección.
Desde que comenzó esta travesía en búsqueda de la solución a un problema que
yo sentía NO existía en mi niño, mi bruxismo empeoró y me comenzaron a doler
los dientes. Todos los dientes: los incisivos, los molares, los premolares y
otros. El dolor me lo calmaba un par de analgésicos, y así, podía continuar
buscándole las cinco patas al gato.
Un día me di cuenta, que ya no solo dos analgésicos me calmaban el dolor.
Tenía analgésicos en la cartera, en el baño, en la cocina, en el carro y en el
bolsillo de atrás del pantalón. El dolor estaba aumentando, y ya me agarraba
el ojo, el oído, la mandíbula y la garganta… además de los dientes. A veces
las crisis eran tan agudas… que lloraba del dolor.
Como me encontraba demasiado ocupada dándome golpes contra las puertas de
diferentes consultorios médicos a lo largo y ancho del país, buscándole la
respuesta a la pregunta de las diez mil lochas con respecto a mi hijo, solo
bebía analgésicos como si fueran caramelos y me quejaba ante la mirada
desesperada y antagónica de un marido que estaba ya harto de escucharme, y que
me reclamaba por no hacer algo al respecto, como coger para un médico… “¿más
doctores?, ¡¡¡Huuuy!!!”
En una de esas crisis, desesperada, me fui a media noche para la casa de
Toto. El es doctor y me ayudaría. Toto salió hasta la puerta de la calle,
medio dormido y en pijamas, escuchó mi cuento y me dijo lo que tenía que
comprar para aliviar el dolor. Le di las gracias y me fui a millón para la
farmacia, pero cuando ¡por fin! conseguí la que estaba de turno… había
olvidado el nombre de las pastillas y me daba pena volver a despertar a Toto.
Así que le dije al farmaceuta todos mis síntomas, y él me vendió una medicina…
que no sirvió para nada.
No volví a preguntarle a Toto, porque mi Odisea médica me tenía por Caracas y
Barquisimeto. Sencillamente, seguía tomando analgésicos a toda hora, deseando
que solo fueran los dientes los que me tenían embromada… y no algo peor. Ya
mis pensamientos me atormentaban.
Cuando ya no aguantaba más, hice lo mismo conmigo que hice con mi hijo.
Visité a varios dentistas, aquí y en Barquisimeto. La respuesta era siempre
la misma: bruxismo. La causa: la ansiedad. El alivio era más analgésicos, y
el dolor… continuaba.
Uno de los dentistas que vi me dijo que el problema se solucionaría con
frenillos, pero para hacer esto, tendría que, primero, arreglarme todas las
muelas que literalmente me había comido dormida. ¡Perro! -, pensé, -si la
vaina es así, ¡me va a doler por tres años mas!
Salí corriendo a arreglarme los dientes, (mientras mas rápido comience,
mejor), y fue así como me encontré, un viernes, en las puertas del consultorio
de mi amiga, la Dra. Virginia Arias de Montes de Oca.
Cuando comenzó a ver el daño en mis muelas, y a comentarme, bastante alarmada
al respecto, yo… comencé a llorar. Y llorando le pedía auxilio, y le rogaba
por ayuda, ya que el dolor era permanente y casi imposible de aliviar. Las
lágrimas me salían como un manantial, y aunque me daba una pena terrible y
trataba de parar, no podía hacerlo.
Viendo mi desesperación, ella me prometió no descansar hasta aliviar mi
dolor. Salí de su consultorio agradecida por su oído compasivo y medio
avergonzada por perder la cordura de la manera que lo hice.
El lunes siguiente, mi marido me envía angustiado, por fax, desde un ciber
café de Barquisimeto, el resultado del examen más importante que le habíamos
hecho a nuestro hijo. Teníamos semanas esperando este resultado. Ya que iba
con mi papá a ver al Dr. Carlos Alvarez (Tamakun), recibí el fax y pegué la
carrera con mi papá para su consultorio. Se me ocurre, ya que estoy allí,
verme con él, yo también.
Después que ve a mi papá, escucho que le dice a Tamakun “Revísame a Susana que
creo que se está volviendo loca”, ja…ja…ja. Le entrego el resultado del
examen de Luís Fernando. Tamakun lo lee y me pregunta “… ¿y entonces?...”, “…
¿Cómo que que entonces… que tiene…?” le pregunto, “… no tiene absolutamente
nada…” me anuncia. “… ¿Cómo que nada?, camina empinado y habla poco…”, y me
echa el cuento de una sobrina de él que caminó empinada hasta hace unos días
atrás, “…ella es una adolescente y tu no me vez a mi preocupado por eso. Que
habla poco, ¿y que importa esa vaina?...” Luego me pregunta, (sin haber leído
mi último artículo), “… ¿qué le ves tú…?”, y le respondo “Nada. Que es un
bebé sobreprotegido”, y entonces me dice que la mamá es la que sabe, mejor que
nadie en el mundo entero, cuando su hijo tiene algo serio. “…Quédate
tranquila. Luís Fernando no tiene nada” Y sin parpadear pasa a otro tema,
“…ahora, ¿Qué tienes tú?...”
Le trato de explicar que mi dolor no era normal, “¡creo que tengo cáncer de la
cara!” y comienzo de nuevo a llorar. Tamakun me pregunta los síntomas, me da
con un mini martillo por toda la cara, me revisa la garganta y los oídos y me
dice sin titubear “Tienes una Neuralgia Trigeminal, con el tratamiento que te
voy a mandar el dolor se te va a quitar”. Pegué un brinco cuando dijo el
nombre de la medicina. Era el mismo medicamento, que a media noche, dos meses
atrás, Toto me había mandado para el dolor.
Con solo saber, exactamente, que teníamos mi hijo y yo, con nombre y apellido,
(absolutamente nada, y Neuralgia Trigeminal), sentí como si el peso de doce
gandolas y MEDIA, que venía cargando sobre de mis hombros por tanto tiempo, me
lo habían quitado de encima.
Y puedo jurar, (con el perdón de Triny), que en ese momento, con esa luz que
entraba en el consultorio y le caía en la calvicie… que Tamakun…se veía
sumamente SEXY. Mi pensamiento me llevó inmediatamente a Toto, y a como él
las había pegado todas desde un principio. Y recordé cuando lo vi en pijamas,
medio dormido en la calle, iluminado por la luz de la luna ayudándome y el
también me pareció demasiado bello. (Con el perdón de Rocío).
Esa noche, mientras me encontraba pintando mis franelas, SIN DOLOR, suena el
teléfono. Era Virginia, la dentista que me prometió no descansar hasta
aliviar el dolor tan grande que sentía. Casi sin aliento, pero muy contenta
me comunica “… ¡Susana! Estuve todo el fin de semana estudiando tus
síntomas. No puede ser que tengas que vivir con tanto dolor chama. Di y di
hasta que encontré lo que tienes. Es una Neuralgia Trigeminal. Eso duele
como el diablo, pero no te preocupes más porque YA lo vamos a solucionar…”
Al colgar el teléfono, pensé en el dolor que ya no me acompañaba y en los tres
nuevos héroes que tenía. Y agradecida a estas personas que desinteresadamente
me tendieron una mano amiga, volví a llorar. Solo que está vez…fue de
alegría.
syepez@cantv.net

Que así sea…
01-07-07
Mi
hijo camina empinado. Recuerdo que en una de las últimas conversaciones que
mantuve con mi mamá, me comentó, “…antes era gracioso, ya no lo es. Hay que
averiguar que pasa con eso…”. A lo mejor ese comentario de mi madre, fue el
que me hizo decidir por fin “evaluarlo”. Al parecer no solo camina empinado,
sino que además habla poco y a veces le cuesta prestar atención.
A mi marido y a mi, no solo nos ha tocado lidiar con los doctores “todo
poderosos”, sino que también nos ha tocado escuchar las opiniones y consejos
de todos aquellos que nos quieren: - Es necesario descartar, por eso tantos
exámenes -, - las terapias son sagradas…y hacen milagros -, - el muchacho no
tiene un carajo -, - vamos a destriparle una chuchuba, (un pájaro, tengo
entendido), por la cabeza, con eso habla rapidito -, etc., etc., etc.
Después de 2 meses y medio de evaluaciones, ninguno de los diez médicos que
hemos visto hasta ahora, nos ha dado una respuesta concreta y satisfactoria.
En realidad, lo único que han logrado, es confundirme a mí, crearle una fobia
anti-médico a mi hijo, y dejarnos en la carra plana. Sin darme cuenta, el
resentimiento y el dolor estaban entrando en mi corazón, dejándome débil y
vulnerable, – la intuición maternal debe valer para algo, y yo lo veo bien -,
pienso, -¿eso no vale para nada?-
Un doctor nos llevó a otro, y ese a otro, y el otro a otro, y así
sucesivamente. Ellos tienen el título de doctor, y tú no. Esto hace que se
sientan superiores. Si quieres hablar con el o la doctora, te citan para las
10:30 de la mañana y tu, te puedes sentar a esperar con tu hijo pequeño, que
por su corta edad es inquieto, sabe que algo raro sucede, y decide encaramarse
encima de las sillas, escritorios, desconocidos y de tu cabeza, correr,
morder, gritar, llorar, quitarse los zapatos, peinarte con el zapato, comerse
unas galletas después de restregarlas por todo el piso del consultorio, hasta
las 3 o 4 de la tarde, cuando por fin tienes el honor de entrar a hablar con
su majestad, para que te haga las mismas preguntas que ya haz contestado mil
veces. Uno, una vez, me preguntó hasta mi religión, y yo… ¡le respondí!
Existen en el mundo de hoy, dos cosas muy importantes. Una es vieja como el
mundo, y son los libros. Otra es nueva y tecnológica, se llama Internet.
Gracias a la inteligencia de mi madre, los libros de todo tipo, hasta los
médicos están en mi casa. Y