Duelo del Arte
DON JULIO TEODORO ARZE ÁLVAREZ:
71 años de su muerte
Fuentes: El Diario de Carora,1934 (1).
FOLLETO UNIVERSIDAD CENTRO OCCIDENTAL, 1975 (2).
Fragmento del Discurso del Lic. Fernando Briceño, 2003.
Recopilación: Pedro D. Oropeza P.
EL DIARIO DE CARORA, Martes 9 de Enero de 1934
Con la desaparición de este pintor, nacido en Carora y muerto en la propia ciudad en la madrugada de anteayer, el arte nacional está de duelo.
Sensibilidad exquisita poseyó, sin duda alguna; y toda su vida de consagración absoluta a sus ideales, o fue otra cosa que una repercusión constante de sus instintos temperamentales y estéticos.
Desde niño se notó en él una tendencia decidida por la pintura que, haciéndose firme vocación con el tiempo, fue escogida como profesión hermosa de su vida.
Sin maestros—sólo llevado por su guía instintiva—pintaba ya en Carora en sus primeros años profesionales, retratos de que aun se conservan buenas muestras. Pero creciendo —con su ingenio— el ansia de aprender, se trasladó a Caracas, en donde hizo estudios al lado de artistas tan notables como Mauri y Michelena.
Caroreño de pura cepa, no pudo Arze resistir en la capital la nostalgia lugareña, produciéndose en él también, como en tantos otros paisana superiores, el fenómeno del arraigamiento, e instalándose de nuevo en su pueblo nativo se dio a proseguir sus tareas artísticas, ya éstas con el sello" de la mayor perfección que le conquistaron sus conocimientos.
A la visita del General Juárez a esta población, donde, como en todas partes, fue recibido como un Magistrado proteccionista, Arze le hizo un retrato que agradó bastante al entusiasta Presidente. Esa impresión favorable del General por el artista, fue suficiente para ser decretado el traslado de éste a Roma, como sucedió efectivamente. En la capital clásica del arte, Arze trabajó afanosamente bajo la dirección de grandes maestros; pero ocurriéndole allí también, como en Caracas, la nostalgia regionalista, regresó a Carora prematuramente.
En su segunda capitulación bajo el yugo del sentimiento lugareño, se radicó en su tierra sin reacción, y así—en este ambiente impropicio darle ensanche por medio del las grandes tendencias estéticas, vio Arze que a sus sueños superiores le echaba su asfixiante dogal la mano del tiempo.
Últimamente se radicó en Caracas, y allí—aunque amargada su existencia por dudas, desconsuelos y pesimismos—hizo, sin embargo, obras que fueron elogiadas por técnicos y divulgadas en la prensa.
Cansado, triste, vencido, volvió a Carora el querido artista; porque parecía que estaba escrito que, a pesar de sus aparentes protestas de liberación de la coyunda regionalista era esta tierra estéril pero amadísima la que debe estar sobre sus huesos.
Amante del arte por el arte mismo, como era el punto de vista estético de Arze, hasta última hora estuvo manejando la paleta. Se nos ha informado que pocas horas antes de morir pedía sus pinceles en su delirio agónico de los postreros momentos.
Vasta, pues, fue la obra pictórica de Julio Arze, aunque no afirmemos nosotros que fue siempre excelente. Para una realización bien lograda no fue ingenio lo que le faltó sino estímulo y favorable medio ambiente. La mayor parte de las veces, muy a su pesar, se vio constreñido a trabajar, de encargo, por urgencias mercenarias, apuñaleando así con su propia mano lo que surgía espontáneo en su ser como encarnaciones ideales del sentimiento. Además, obsesionado nuestro pintor con ciertas ideas místicas, que lo absorbían por completo, al dejarse llevar de ellas en su plenitud, abandonó la realidad auténtica para lo cual tuvo notorias facultades y clarísimos valimientos. Quien esto escribe—por ejemplo—lo vio desatender un serio plan de pintura cuyo asunto era la «Batalla de Caño Amarillo», ganada por Joaquín Crespo. Tenía ya concebido el plan y plasmado en grande—con todos sus datos objetivos—el boceto. Pero en el Ínterin le aconteció la sugestión de creerse inspirado para pintar un cuadro de Pío IX declarando el dogma de la Inmaculada Concepción, y he aquí que se pasmó aquella realidad que era una verdadera palpitación genial, y quedó en «el vacío, también, el otro proyecto, que no era otra cosa qué una alucinación de su mente.
Al reiterar nuestra cordial simpatía por el artista muerto, que es honor de Carora y del Estado Lara en el mundo de los valores artísticos, enviamos una vez más a su señora viuda, la honorable señora doña Soledad R. de Arze y demás familia adolorida, nuestra franca palabra de condolencia....”(1)
...”La vida de Julio Teodoro Arze fue una constante demostración de su interminable vocación, siempre dedicado al quehacer pictórico. El artista nació en Carora el 20 de Julio de 1868. Sus padres fueron el tocuyano Juan Arze (pendolista y militar) y Susana Álvarez, natural de la capital tórrense. Espontáneamente se dedicó a la pintura, sin ninguna preparación técnica y luego, comprendiendo la necesidad de estudio, ingresó en 1883 a la Escuela de Artes y Oficios de Barquisimeto, dirigida por Rafael Antonio Pino, un merideño que esculpió varias imágenes para nuestros templos. El plantel, creado por el General Jacinto Lara, a la sazón Presidente del Estado, se extinguió en 1887, pero ya había dado sus frutos. Allí se destacaron como los mejores artistas del pincel Julio T. Arze, Eliécer Ugel y Emisael Vásquez. El caroreño es un estudioso voraz y pronto lo veríamos en Caracas recibiendo las enseñanzas del Maestro Emilio Mauri, quien como es sabido, fue Director de la Escuela de Bellas Artes desde 1887 hasta 1908, el año de su muerte.
El pintor siente el llamado de la provincia, que lo atrae con la fuerza misma de la sangre. En su ciudad natal continúa viviendo de su arte, haciendo obras de encargo. En ese caso hizo muchas esculturas para las Iglesias, en algunas de las cuales logró singulares aciertos. Pero se sintió inapreciado en el medio, (Carora sigue siendo la misma), lo que le producía, por lapsos, desencantos y sinsabores. En 1897 logra la oportunidad de viajar a Roma, becado por el General Aquilino Juárez, quien para aquel entonces ocupa la Gobernación del Estado Lara. Allá estudiará apasionadamente al lado del Maestro Tirandelli, pero su estado de salud es malo y permanece sólo seis meses en la capital italiana.
A su regreso, el artista se radica nuevamente en Carora, y sufre otra vez desengaños y contrariedades, lo censuraban de excéntrico, lo cual trata de disipar con las peleas de gallo, de las cuales era apasionado. Pasado ya el primer decenio del siglo pasado, lo encontramos en Caracas, donde fue a trabajar por el arte en El Cojo Ilustrado, con su manera propia y tendencias individuales.
Arze estudió la técnica académica del retrato y la mayoría de sus obras son de ese género, gracias a lo cual transmitió a la posteridad la forma y los rasgos de quienes en uno u otro concepto han sobresalido en la historia de nuestro pueblo.
Venezuela había tenido ya grandes retratistas, Juan Lovera (1778-1841) impuso su técnica depurada, con rasgos expresionistas. Los pintores que le siguen cultivan un arte nacido más del requerimiento científico que de ¡a intuición artística, cuidadosos de las reglas y de la observación objetiva, Martín Tovar y Tovar (1827-1902) sería el más notable de la generación posterior. Herrera Toro (1857-1914) es el continuador del anterior e inicia una tendencia academizante. Después los nombres más señeros son Cristóbal Rojas (1857-1890) y Arturo Michelena (1863-1898). Cuando Arze marcha a Roma ya había muerto Rojas, discípulo de Tovar y Tovar, quien en siete años de intenso trabajo, desde 1883 hasta el día de su fallecimiento, realizó toda su obra. Michelena mismo, ha muerto el 29 de julio de 1896, después de alcanzar la fama y conocer el éxito y la vanidad de la gloria, como el más notable de los pintores académicos de Latinoamérica. Según Samuel Darío Maldonado, en crónica publicada en El Cojo Ilustrado, Arze fue el verdadero sucesor de Michelena.
El artista estuvo sometido a diversas presiones emocionales, pero las desilusiones eran pronto subsanadas por la vocación ardiente. Claro que sus interpretaciones en dibujo, bajo el lápiz o el creyón, en el papel y el lienzo llegan a ser consideradas como geniales por algunos críticos, pero el medio en que vivía era más dado a preocupaciones muy distintas a las que proporcionan las bellas artes. El pintor creía que el estilo nace de una experiencia, de una emoción, de una idea, que se pone en ejecución cuando se está en contacto con la materia. Pensaba que si seguía por un género en particular su creación llegaría al estancamiento, porque tendría límites. Para él era necesario romper los diques, soltar las trabas. Veamos lo que él mismo escribe: El que siga las huellas de los grandes maestros, nada más que perseguirlas, no arribará a ninguna parte. A mime amedrenta un santo temor de ir por donde otros alcanzaron el éxito. Conozco el cuadro de Tirandelli, Corrida de Toros, bastante encomiable, exuberante en color, pero que está hecho donde hay toros que no torean. Supóngase usted una embestida en que la nuca del bicho y la actitud de la espada son una mueca de la realidad. El artista, cuando se entregaba a una obra olvidaba que eran pocos los beneficios. A veces, echaba la paleta a un lado y manejaba arcilla. A la visión noble del arte, pinta y moldea, apunta uno de sus críticos.
El pintor gana en 1903 el primer premio en el Primer Concurso Industrial del Estado Lara, por sus muestras de pintura y escultura. Su cuadro Las Queseras del Medio fue merecedor de elogiosos comentarios de la prensa de su tiempo, cuando fue expuesto en "Fotografía Manrique" de Caracas. La obra forma parte de la colección de la Escuela de Formación de Oficiales de la Guardia Nacional.
A mediados de 1933 el pintor regresa a Carora para morir rodeado de su esposa e hijas, el 7 de enero de 1934, Cecilio Zubillaga Perera envió en 1940 algunas obras de Arze al Museo de Bellas Artes de Caracas, luego de recogerlas con especial dedicación. Consistía la remesa en retratos al óleo del General Aquilino Juárez, de José Gil Fortoul, retratos al pastel de Nicolás Patino, de Napoleón Bonaparte, de un torero y su mujer, de una dama caraqueña; retratos al creyón de Monseñor Maximiano Hurtado, de Don Pedro M. Arcaya, de persona desconocida etc., además de cuarenta bocetos.
En el Salón de Sesiones de la
Asamblea Legislativa del Estado Lara podemos admirar algunas de !as obras de
este pintor que la Universidad Centro Occidental se ha interesado en preservar
para la historia de las artes plásticas...” (2)
JUICIOS SOBRE EL PINTOR DON JULIO T. ARZE
SR. DIONISIO
OVIEDO
El Diario de Carora
"Fue un personaje pintoresco que paseaba su estrafalaria figura por las calles de Carora con un atuendo que le daba aspecto de Conde o de Príncipe venido a menos: barba nazarena, chaleco de vistosas solapas ensamblado en holgado paltó de casimir, corbata ancha colgada de un cuello que no le venía a su medida, grandes zapatos con los que producía fuerte ruido al caminar arrastrándolos y ajado sombrero de fieltro puesto de cualquier modo sobre la cabeza cubierta de larga cabellera. Cualquiera que veía tan estrafalaria figura, nunca podría pensar que estaba frente al insigne pintor que fue don Julio Arze. Con estudios en Italia, volvió a su pueblo natal a desarrollar la obra de su ingenio que fue fecunda en telas admirables. Su especialidad era el retrato y en este campo lució como uno de los mejores de su tiempo. Y era tal su capacidad para asimilar los rasgos de algún rostro, que de él se cuenta la siguiente anécdota: apasionado como era de la española fiesta de los gallos, cierta vez entregó un plumífero a un campesino que vendía paja en las inmediaciones del Puente Bolívar, para que lo cuidara. Pasado el tiempo, el campesino desapareció de la vista de Don julio, quien intrigado por lo que suponía una mala jugada del campesino cuyo nombre desconocía, optó por llevar a una tela blanca los rasgos fisonómicos del impostor y con ella en la mano la mostró a los otros campesinos, preguntándoles si conocía alguno de ellos a esa persona. Todos a la vez le respondieron afirmativamente y le dijeron su nombre.
Díganle entonces -les replicó
Don julio- que me devuelva el gallo, lo que el campesino hizo enseguida,
valido de esta treta de su ingenio pictórico, el famoso artista recuperó el
plumífero".
SR.
JESÚS SEMPRUN
El Cojo Ilustrado
"El artista tiene el
fuego sagrado de los elegidos"
SR. GAETANO MANTINI
"Es un pintor
genial"
SR.
FRANCISCO JAVIER YÁNEZ
"Arze es un pintor de selección"
SR. SALVADOR MACIAS
Suplemento de El
Impulso
"Una vez le escuché decir al Dr. Pedro Nolasco Pereira que un artista larense
había impresionado mucho al General Cipriano Castro. ¿Cuál fue ese larense?
Aunque parezca raro, se trata de un artista. Concretamente, de Julio T. Arze.
Arze, en efecto, logró pintar a El Cabito –como denominaban a Cipriano Castro-
con el parecido de una gota de agua a otra gota de agua. Se mostró tan
impresionado que no vaciló en exclamar: "Lo que le falta a ese retrato mío,
porque es un retrato y no un dibujo, es un valsecito para que lo vean
bailando".
SR.
SAMUEL DARÍO MALDONADO
"Es un obrero tenaz, su blusa denota las marcas de la faena diaria...En su
estudio hay un hacinamiento de bocetos. Ama el tumulto hirviente. Caballos a
galope, desbocados, jinetes cayéndose, rostros que se desencajan".
DR.
JUAN CARMONA F.
La Carora del 900
"Un gran pintor, un genio ahogado por estrecheces económicas daba entonces la más alta nota en nuestro arte regional: Don Julio Arze, con su barba nazarena, su mirada exaltada y su pincel maravilloso, realizaba creaciones que todavía admiramos con deleite. El perpetuó en un lienzo la figura de mi padre; y dibujó en sus últimos años de tormento espiritual, las siluetas de mis primeros hijos. Que nunca olvide Carora el nombre de tan grande artista, que de haber podido quedarse en Roma, como era su sueño, habría conquistado mayor fama para su nombre y mejores laureles para su tierra. . ."
EL DIARIO DE CARORA
Edición Aniversaria.
...” En un discurso lleno de aspectos referenciales del quehacer cultural de la época de nacimiento de La Asociación Julio T. Arze, Fernando Briceño disertó sobre los orígenes de este propósito cultural, enmarcado en la Carora de la Casa de la Cultura a cargo del Dr. Juan Martínez Herrera y del inicio de actividades de la Escuela de Bellas Artes, el 5 de Julio de 1983, cuando en la Casa de la Cultura 13 pintores constituyeron la asociación, que tiene entre sus preceptos el defender los derechos individuales o colectivos de carácter social, profesional o económicos de sus miembros, asumiendo su representación a nivel nacional, todo como justo reconocimiento a la labor de y difusión del trabajo realizado por Julio T. Arce, presidida por el maestro Gustavo Tejada...(3)
| Nombre de la obra | Propietario | |
|
EL LIBERTADOR |
OLEO |
CASA DE LA CULTURA DE CARORA |
|
DR. JOSÉ A. ZUBILLAGA |
RETRATO |
FLIA. ZUBILLAGA GUTIERREZ |
|
SIMÓN BOLÍVAR |
OLEO |
CONCEJO MUNICIPAL DE TORRES |
|
DR. TERTULIANO HERRERA O. |
CREYON |
SR.ANTONIO HERRERA OROPEZA |
|
DON JACOBO CURIEL |
RETRATO |
CENTRO LARA |
|
PBRO. CARLOS ZUBILLAGA P. |
CREYON |
DR. CECILIO ZUBILLAGA H. |
|
DON CECILIO ZUBILLAGA P. |
CREYON |
DR.. CECILIO ZUBILLAGA H. |
|
EL GENERAL CARRILLO |
RETRATO |
HERMANAS CARRILLO |
|
SR. ARÍSTIDES SILVA |
RETRATO |
SR. RAFAEL E. HERRERA S. |
|
DR. VICENTE FLORIDO M. |
RETRATO |
SR. GERARDO FLORIDO |
|
X ESTACIÓN DEL VÍA CRUCIS |
ALTO RELIEVE |
SRA. CATALINA DE ZUBILLAGA |
|
DR. SALOMÓN CURIEL |
RETRATO |
DR. JACOBO CURIEL BRAVO. |
|
GALLERO |
RETRATO |
DR. JACOBO CURIEL BRAVO. |
Cecilio Zubillaga Perera envió en 1940 algunas obras de Arze al Museo de Bellas Artes de Caracas, luego de recogerlas con especial dedicación. Consistía la remesa en retratos al óleo del General Aquilino Juárez, de José Gil Fortoul, retratos al pastel de Nicolás Patino, de Napoleón Bonaparte, de un torero y su mujer, de una dama caraqueña; retratos al creyón de Monseñor Maximino Hurtado, de Pedro M. Arcaya, de persona desconocida etc., además de cuarenta bocetos.
En el Salón de Sesiones de la
Asamblea Legislativa del Estado Lara podemos admirar algunas de !as obras de
este pintor.
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