Artículo publicado en el periódico El Impulso, en Barquisimeto, el Domingo 11 de Septiembre de 1988.
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Los Caroreños, le llaman el Padre Juan. |
Recopilación:
Ing. Emma Rosa O. de Herrera
El próximo 30 de septiembre, en el tercer mes de la desaparición física del
padre Juan Bautista Pérez Altuna, los caroreños rendirán un homenaje a quien
liderizara por más de 37 años la vida espiritual, cultural, deportiva y hasta
política del Distrito Torres. Conocido sencillamente como el Padre Juan,
consagró su vida a la lucha por la justicia social, la libertad y la democracia.
Desafió dictaduras, aniquiló abolengos rancios, creó organizaciones obreras,
dirigió ala juventud, y se adelantó Puebla y Vaticano II. En este reportaje
biográfico con informaciones aportadas por algunos de sus amigos y ex alumnos
presentamos un perfil de un hombre, de un dirigente de esos que sirven para
cambiar las cosas y transformar situaciones

En las bodas de plata de la Asociación de Scouts del Distrito 4 de Lara.
1556 días después de la circulación de la primera edición de El
Impulso, en Carora, lanza su primer grito de rebeldía y de señal de vida un
vasco que pasado los años se haría tan caroreño como la música de Alirio Díaz y
Rodrigo Riera la poesía de Alí Lameda y el verbo encendido de Chío Zubillaga. Se
llamó —físicamente— Juan Bautista Pérez Altuna. Espiritualmente —porque está ahí
entre cardones y tunas— se conoce como el Padre Juan.
Nació, para hacer oposición a toda dictadura, en Tolosa —Navarra— el 7 de abril de 1908 y como seguidor de Cristo sostenía que se debe luchar por la justicia y los derechos de los pueblos. “Es esa la primera misión de todo Escolapio.”
Mezcla rara ésta de Juan Bautista Pérez Altuna. Vasco-caroreño como se definía, antifranquista, cura y pelotero porque le gustaba agarrar un bate e irse para la calle como un Galarraga con sotana. Con pasta de líder llegó a presidir la Liga de Béisbol de Carora, liderizó el gremio de los maestros y como buen comunicador social dirigió programas de radio.
En Carora cuando se habla de Padre Juan se debe tener paciencia porque cada hombre, cada mujer, cada joven, tiene mucho que contar y relatan casos y cosas de un cura-cocinero y hasta “coscorronero” en el aula de clase.
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Dos meses antes de cumplir sus primeros 20 años de
vida religiosa llega a Carora —16-10-1951—. Dejó la vascongada porque su vida
corría peligro. El dictador español “lo tenía en la mira” porque bullía en el
Padre Juan la sangre rebelde de quien quiere ser libre y de quien lucha por la
libertad.

La misa en el campo: Dios, la naturaleza y el hombre
En Venezuela para entonces las cosas no estaban muy bien en eso de libertad y democracia, pero el cura con su acento vasco, sus ojos pardos y el cabello castaño se integra fácilmente con ese pueblo que va a la iglesia, al mercado y a los corrales de cabras. Era, aquella su nueva tierra, una ciudad muy rural de 25 mil habitantes cuando mucho. En Miraflores un dictadorcito regordete emulaba a Franco —hoy ese ex-dictador tropical llamado Pérez Jiménez disfruta de esa libertad española por la cual también luchó el Padre Juan.
Al llegar a la capital de Torres, Juan Bautista Pérez Altuna trae el sufrimiento que produce la muerte de su padre, ocurrida ocho días antes de enrumbarse hacia Venezuela.
—Lo traigo en el recuerdo y sigo sus consejos— dijo en aquellos sus primeros días caroreños a uno de sus colegas.
A las horas de haber estrechado las primeras manos larenses y aún con el frío de aquel invierno toledano, que había dejado atrás, y el vascuence muy acentuado, se íntegra al trabajo, a la comunicación directa y a los pocos días, para los torrenses no era el cura nuevo, era sencillamente el amigo, el Padre Juan.
El primer pedazo de salón lo comió el 16-10-51. Le gustó aquella carne aliñada con orégano silvestre, tostada por un sol irreverente y de cabra que jamás bebió grandes cantidades de agua. “Sabe a tierra noble”, le dijo a su anfitrión mientras sus inquietos ojos buscaban los cuatro puntos cardinales para orientarse y lanzarse “con su carisma y su espíritu emprendedor”.
Con el Padre Juan llegaron a Carora otros religiosos de grandes méritos. El Padre Nesús Nagore, el Hermano —hoy Padre— Alfonzo y el Padre Jesús Vides.
ENFRENTA LA OTRA DICTADURA
Como maestro, en sus primeros tiempos se encarga del Colegio Cristo Rey, institución fundada por los Agustinos en lo. años 40. Al irse los Agustinos llegan los padres Escolapios y con ellos Pérez Altuna. Desde la cátedra el educador se muestra totalmente renovador en eso de impartir conocimientos. No es el catedrático magistral dueño del conocimiento. Según sus antiguos alumnos era el facilitador que permitía la diversidad de criterios, respetuoso de las ideas de los muchachos y hasta los ayudaba —los orientaba— en esas relaciones difíciles que intenta y necesita establecer el adolescente con su mundo exterior. “El Padre Juan —en jerga actual— era una nota”, apunta un ex-alumno hoy convertido en próspero hombre de negocios.
En 1951, precisamente en el mes del arribo de Pérez Altuna. Venezuela es un país agitado por la protesta universitaria, se producen asaltos a puestos militares, los presos políticos son enviados al campo de concentración de Guasina, hay ilegalización de partidos políticos, lideres desterrados, una policía política —la S.N— impone el terror en hogares, centros de trabajo, iglesias, universidades y liceos… un año más tarde en diciembre de l952 el país entra en la más oscura de las crisis, la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se apodera de vidas y del modo de andar.
—Á esa dictadura, a la policía del terror llamada Seguridad Nacional, se enfrentó el Padre Pérez Altuna, asumió el rol que su conciencia le dictó y así como no temió a la persecución franquista menos quieto se quedaría con Pérez Jiménez. Asumió todos los riesgos y era tal su personalidad que la Seguridad Nacional lo quiso intimidar pero no lo logró— dicen sus ex-alumnos y sus amigos que siempre lo recuerdan
Con relación al enfrentamiento entre el Padre Juan y la SN de Carora ha quedado una duda que persistirá para siempre. Algunos testimonios aseguran que fue torturado psicológica y físicamente mediante pinchazos en sus uñas y en los dedos. Otros niegan esta versión y admiten que la tortura psicológica si fue permanente. El Padre Juan era citado constantemente a las oficinas del Jefe de la SN en la capital de Torres. Era vigilado, espiado. Lo que sí es opinión generalizada es la valentía con que el sacerdote enfrentaba a los hombres del terror policial. “Así como jamás sintió miedo ante el franquismo menos lo sintió ante la Seguridad Nacional”.

El padre Juan, el Prof. Gerardo Armao y varios niños, en una acto de los tanto que presidió.
UN NUEVO ROL
Al morir, en 1954, Monseñor Pedro Felipe Montes de Oca toca al Padre Juan asumir el rol de guía espiritual de Carora y el Distrito Torres. Con su pasión de siempre y con sus ideas de permanente renovación logró llenar el vacío dejado por la desaparición del prelado Montes de Oca. “Era un hombre versátil, poseía una gran capacidad de liderazgo y era potencialmente un líder social con gran facilidad para hacer amigos, para organizar grupos y ponerlos en función altruista, deportiva, recreativa”,
—Ninguna institución de Carora, ya económica, deportiva, religiosa, cultural, juvenil fue ajena a la participación del Padre Juan, es más, muchas de ellas fueron dirigidas por él”.
En esta búsqueda de testimonios sobre la vida del sacerdote que murió el 30 de junio de 1988 se han conocido diversas facetas del incansable vasco.
Utilizó todos los medios de transporte: vehículos, burros, caballos, bicicletas, carretillas y son recordadas sus largas caminatas con sus alumnos por pueblos y caseríos del Distrito.
Su afán permanente por captar jóvenes para el liderazgo lo llevaba a visitar escuelas, grupos escolares y mantenía una gran vinculación con la Universidad Popular de “Cecilio Zubillaga Perera”. “El Padre Juan formó una plataforma humana en Carora y esta ciudad de hoy no se puede entender si no se conoce la obra. y la acción social y religiosa de este sacerdote”.
VASCO – CAROREÑO
Se sentía tan caroreño, tan compenetrado con Venezuela que se cuenta una anécdota. En una oportunidad alguien por molestarlo le dijo:
—Español, cómo está?
Y con velocidad y un tanto enfadado respondió..
—Estoy bien y sepa usted que no soy español, soy vasco-caroreño, muy caroreño
Su pasión por la ciudad de Morere era tal que había definido a los caroreños como gente laboriosa, amante de lo nuevo y del futuro.
—En Carora —solía decir, según los testimonios oídos— hay que crear todos los días, hay que ser muy creativo, tener cosas nuevas porque los caroreños somos gente de novedades.
Y nuevamente se siente hijo de Carora... “los caroreños somos…” se incluía como era costumbre. “El Padre Juan asimiló esta cultura de tal manera que en una ocasión dijo ya como que soy menos vasco y más caroreño”
ADELANTADO A PUEBLA
El sacerdote ordenado el 19 de diciembre de 1931 es un visionario que “se adelanta al pensamiento de Puebla en lo relativo a la opción preferencial por los jóvenes”. Se apasiona por el escultismo y con esa actividad atrae juventudes para inculcarles el amor por la naturaleza, por lo ecológico y por la formación cristiana. En 1952 funda una tropa de scouts y posteriormente una manada de lobatos. De él en una oportunidad dijeron los scouts; “el Padre Juan ha llegado a constituir ya un hecho en el cual el personaje pierde hasta su apellido… en nuestro modo de ser popular hay personas que trascienden a su época y a sus medios y ya pierden el apellido, es así como sólo decimos José Gregorio, por ejemplo. Con el t Juan pasa lo mismo... es que es un personaje lleno de sabiduría y prudencia cuyo esfuerzo y pensamiento ha trascendido esta época...”.
Luego lo definieron como figura legendaria de muy buen corazón y de muy buena ley.
TODO UN LÍDER
Un líder no sólo dirige, sabe o atiende y
reflexiona, así era este sacerdote calificado como Voz de los sin voces porque
se metió en las haciendas del Distrito Torres y logró un mejor trato para los
obreros agrícolas quienes recibían salarios muy bajos. Sembró en aquellos
jornalero, la idea de a sindicalización y formó organizaciones de este tipo. Esa
sed de justicia y de aniquilamiento de las desigualdades también la llevó a la
iglesia caroreña, donde predominaban ciertos abolengos, como marcar con nombres
y apellidos determinadas posiciones. bancos, sillas, etc. El líder social se
adelantó así a las reformas de Concilio Vaticano II y precisó que la Iglesia es
igual para todos, privilegios y sin jerarquías.
Aquél líder, muerto con las botas puestas a los 80 años, supo dirigir porque su
humildad y su voluntad d servicio estaba en función de la comunidad. Con
inteligencia dirigía una liga de fútbol y fácilmente preparaba una comida para
70, 80 6 ioo muchachos que participaban en un evento.
“Fuerte de carácter, en cuanto a firmeza, pero buenote para decidir sin llegar jamás a perder la calma”.
Los caroreños lo recuerdan diariamente, jamás olvidan que a las tres de a mañana ya estaba en actividades, no importa cuál, desde enconchar un político perseguido por sus ideas hasta reparar un aparato necesario para el barrio, la iglesia o el equipo deportivo. Así era él. “Fue un hombre de esos que necesita el mundo para cambiar”.