Discurso pronunciado en la Cámara Municipal por Fortunato Hernández Sierralta, como Orador de Orden el día 18 de Junio de 2.005, con motivo de celebrar el Día del Trabajador de La Radio.

 

Durante todos estos días, posteriores al recibo de la comunicación, mediante la cual la Cámara Municipal me notifica la designación como orador de orden en la celebración del Día del trabajador de Radio, he indagado en mi interior para precisar el tema de mi intervención, por demás honrosa,  al incluirse en la celebración del día de quienes tienen y han tenido la responsabilidad de hacer llegar al pueblo el mensaje radial,   y como parte central de una sesión especial de la Cámara Municipal de Torres.

He paseado y he caminado mis recuerdos. Internado en ellos y desandando sus nubladas imágenes, encendiendo la luz de la imaginación para revivirlos, he vuelto a oír, como cuando niño, “El liso, la grúa y el juego continúa”, cuña comercial que publicitaba en las transmisiones del béisbol local, el servicio de los conocidos y populares Lisos, los hermanos Zambrano. “Fabián no duerme”, Fabián Lucena, conocido comerciante que entre otros artículos, y suena extraño,  expendía ataúdes a cualquier hora de la noche todos los días de la semana. “Suelten al río los Bucares”, consigna reivindicativa para expresar el desagrado de Carlos José González, por la contención del río,  aguas arriba, dejando el resto de su cauce seco y cuarteado y a las poblaciones y productores río abajo, sedientos e improductivos. Cabe destacar que aún el río continúa encarcelado para el beneficio de quién lo retine. Y esta otra, con su ritmo y su son,  acorde a la época y a la moda musical. Pegajoso estribillo que tarareaban ufanos, triunfantes, victoriosos, gritando el brillo y el esplendor del trofeo musical,  para consagrar, celebrar y burlar a los otros, por el triunfo obtenido por el general dictador, que escamoteaba las justas aspiraciones de un país deseoso en transitar por los caminos de la democracia. “General Marcos Pérez Jiménez, Presidente Constitucional, elegido por el pueblo, con el voto popular”, consigna cantada que ufanaba, como propaganda del gobierno dictatorial, el triunfo en el plebiscito del 15 de diciembre de 1957 del General Marcos Pérez Jiménez, proclamado el 20 del mismo mes y año por el Consejo nacional Electoral, como Presidente Constitucional de Venezuela. Contraria realidad a la verdad expuesta y manifestada por el pueblo en las urnas electorales en ese entonces.

Pareciera que el tiempo se nos devuelve. Como en un carrusel, vuelta a vuelta, expectantes,  visualizamos experiencias similares. Al menos para quienes estamos del otro lado de la acera, con posiciones doctrinarias y ciudadanas, diferentes. Hombres y mujeres,  que leemos en el texto de la ley los párrafos y los artículos que expresan nuestra igualdad ante idénticos derechos. Personas, sí, personas, como expresión moral del hombre. Personas, como indicativo de nuestra dignidad, de seres y de patria. Nosotros, e indudablemente incluido, que mantenemos una posición contraria al régimen de turno, convencidos desde antes de su instauración de nuestra posición democrática, libérrima, que habla de un Estado garante de la expresión del voto, mediante el cual el pueblo expresa sus criterios e impone y  depone gobiernos, presenciamos no hace mucho el sonar del bullicio del ambiente del carrusel  que repitió su vuelta.

Entiendo que acá habrá también quienes proclaman la verdad del régimen. Su verdad. Su moral política. Los respeto. No pretendo contrariar ni discutir sus posiciones, al menos en este recinto y en esta oportunidad. Desahogo, sí,  el ímpetu de mis convencimientos, pero no para herir, más bien para mostrar y reiterar, aunque ya la conocen, la posición que con otros, propagamos por los cuatro puntos cardinales de nuestra fracturada Venezuela, integrada ahora, dolorosamente, por escuálidos apátridas, en los cuales me incluyo, y beneficiados camaradas. Es decir, ciudadanos de primera con todas las prorrogativas. Regocijados en las facilidades que les tiende la mano del benefactor papá estado, necesarias y obligatorias, forzado  como está por precepto constitucional,  a cancelar la deuda social.

Y en el otro saco, como encerrados o recogidos, presos en una realidad obligada y antidemocrática, que no nos merecemos, con un píe en el precipicio, que es como nos sentimos, a punto y a puerta de presidio por defender y exponer las firmezas de nuestras convicciones. Dispuestos a ofrendar la vida de ser preciso, estamos, y lo reitero con sobrado orgullo, los desaliñados, sucios, asquerosos, cochinos, repugnantes, cochambrosos, indecentes, raquíticos, enclenques, desmirriados, desmedrados, enjutos, famélicos o renacuajos, sinónimos todos del término despreciativo y nada cristiano con que peyorativamente nos menciona y nos señala nuestro constitucional señor y excelentísimo presidente. Es decir escuálidos.      

 

Nos encontramos hoy, bajo el amparo que nos da literalmente, este techo de la Cámara Municipal. Invitados fuimos, para festejar el día del trabajador de radio al lado de los representantes del pueblo, elegidos con el voto del soberano. Ellos,  fueron señalados para constituir en el municipio el poder legislativo, autónomo, separado del resto de los poderes, sin intervenciones ni reparos, libres en su ejercicio constitucional. Y sin embargo,  han debido soportar la arremetida inmoral del poder que los desconoce. Mas que injusticia, del libertinaje que origina tal delito. Delincuentes formados en doctrinas negadoras del derecho, a veces dictado y promulgado a su antojo y real conveniencia, que muestra su posición totalitaria y dictatorial para imponerse a la fuerza.

Contrarios siempre hemos sido los venezolanos a esas actitudes.  Contrarios somos hoy, y así lo declaro en nombre de los que al igual que yo se inscriben en el pensamiento y la actitud democrática que nos dictó y legó El Libertador. Así lo declaro.

 

Repito que Nos encontramos hoy, bajo el amparo que nos da literalmente, este techo de la Cámara Municipal para celebrar y hablar del trabajador de radio. Y se preguntarán ¿Y viene al caso todo lo antes dicho? ¿Qué tiene que ver el trabajador radial con tal exposición? ¿Dónde cabe la pertenencia de ellos en este discurrir?

 

Desde 1926, tiempos de la dictadura de Juan Vicente Gómez, fecha en la cual la radiodifusión en Venezuela dio sus primeros pasos, con la puesta en servicio de la emisora AYRE, que inició sus transmisiones en la esquina El Tejar de Caracas y cuya antena fue instalada en los terrenos que ocupó El Nuevo Circo, para ser clausurada en 1928, a propósito de las violentas manifestaciones que realizaron los estudiantes, conocidos como La Generación del 28, propulsores del ideal Bolivariano Democrático, en contra del régimen dictatorial de Gómez, los trabajadores de radio han mantenido una posición y acción en pro del sistema democrático, de la libertad y de la defensa de la patria y sus instituciones. Muchos fueron los conducidos a las mazmorras que enceguecen al hombre como para cerrarle los ojos a la conciencia. Tantos fueron torturados por proponer ideas contrarias. Periodistas, locutores, directores, reporteros, operadores, dueños, han debido soportar los embates con que la irrazón del déspota intenta cegar la verdad e imponerle  silencio a la disidencia. Los trabajadores de radio,  sostienen hoy,  muchos, la misma bandera. Ha servido ella para arropar, maternal, adolorida y ensangrentada, manchada de amarillo y azul, sus inertes cuerpos, tendidos sobre el calor de las calles bulliciosas que gritan el descontento del pueblo. Que rugen como leones, que braman como toros, que tiemblan emocionadas al paso de hombres vencedores. De mujeres enardecidas por la pérdida de la libertad y de la dignidad. En esas mismas calles se contarán mañana las angustias de un pueblo que mas temprano que tarde venció y erradicó el oprobio. Esa calles también serán  espacio y receptoras, como lo fueron antes, de las ondas que nacen en los estudios de las radios para elevarse libres en el “éter que no tiene amos” y anunciar la nueva libertad, gestada en la libre expresión del pensamiento que vuela libertino mezclado entre las ondas hertzianas.

Esa es mi esperanza. La expreso hoy, la canto hoy, la lloro hoy

Convoco a los que al igual que yo, se mantienen firmes en el propósito democrático. Los invito a no doblegarse ante el halago de la dádiva. A no postrar su dignidad para doblarla por la fuerza de la necesidad.

Los trabajadores de la radio, necesitados siempre, apretados en sus presupuestos, víctimas también de la injusticia, que como error la democracia no saneó oportuna. Apartados a veces de las bondades económicas del medio donde laboran, ante el desinterés y la indolencia de quienes los emplean; así como antes, pudieron sortear adversidades para crecerse y levantarse, pueden en este momento triste y aciago de la patria, contribuir con su entereza y su disponibilidad  nacionalista  a defender lo mas dilecto y valioso de los medios radiales, la libertad de expresión.  Deben y es un deber, mantenerse incorruptos. Firmes como bloques, en sus posiciones de vanguardia,  para impedir, vigilantes, cumplidores de la normativa mordaza recién impuesta, frustrar que nos cierren los medios. La permanencia al aire de muchas emisoras reposa en sus conductas, en el cumplimiento de sus responsabilidades, en el deber de ciudadanos demócratas. Reposa también en las observaciones que pudieran alertar a los dueños sobre el incumplimiento que repararan en la aplicación de la reciente normativa legal.

Por ultimo y cumpliéndole a mi conciencia y a propósito de los errores e injusticias cometidas por los gobiernos anteriores, que hay muchas, originarias del caos que nos envuelve, paridoras de esta odiosa realidad que muestra los mas pervertidos resentimientos, pido y Dios que ilumine a nuestros ciudadanos y dirigentes a propósito de enmendar lo errores pasados para construir una nación que ejemplarice con su rectitud, que sea modelo y enseñanza de un verdadero estado de derecho. Una sociedad en la que por equidad, por deber de la conciencia, más que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley, deban los patrones,  disponer y establecer salarios dignos más que salarios mínimos. Que a cada uno se de lo que a cada uno corresponde. Que la justicia más que un cumplimiento a una normativa legal, nazca de la conciencia, como un deber moral.

Finalizando, Invito desde esta tribuna a la reconciliación. Encontrémonos. De la mano, unidos, no habrá oscuridad para vencernos.