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| Mons. Salvador Montes de Oca |
| Ing. Emma Rosa O. de Herrera |
Los caroreños por la desafiante
naturaleza que conforma a nuestra tierra, hemos sido en el tiempo verdadero
ejemplo de firmeza y perseverancia... Sorteando dificultades y
curtidos por un sol ardiente, logramos el andar seguro del que se crece en
el trabajo, magnificado por un gran amor a Dios, bendito legado de grandes
hombres y mujeres que antes de nosotros grabaron su nombre en el diario
quehacer, cultivando en nuestro espíritu fuertes creencias cristianas e
innegables valores. Muchas religiosas y sacerdotes nacidos en nuestra
jurisdicción , dan a la ciudad su condición de levítica y corroboran esta
afirmación.
Un 21 de Octubre de 1895, nace en Carora un niño en el seno de la familia
constituida por Don Andrés Montes de Oca Z. y Doña Rosario Montes de Oca P.
que llevaría por nombre Salvador y estaría llamado a ser el cuarto Obispo,
de los cinco caroreños y nuestro primer Santo, cuando la
injusticia, producto de envidias y maledicencia que rodearon su vida en mala
hora, sean borradas de una vez por todas, con el derecho que le da el
martirio por su fe en Cristo de que fue objeto a la hora de su muerte,
expiación de todo aquello que pudiera estar en su contra.
A tan solo dos días de cumplir 32 años fue consagrado como Obispo de
Valencia, de manos de Mons. Fernando Cento. Había sido electo en el Congreso
de 1927. Dos años más tarde, en
octubre de 1929, Mons. Salvador Montes de Oca, es
expulsado de Venezuela acusado de rebelarse contra la "soberanía nacional"
al publicar un artículo en donde fija la posición de la Iglesia contra el
divorcio .Ocurría esto durante la Presidencia del Dr. Juan Bautista Pérez.
En el exilio, en Enero de 1930 y estando en Puerto España, Trinidad , cuenta
a quien sería más tarde el Cardenal José Humberto Quintero, lo acontecido en
su Diócesis y que tuvo como desenlace, su expulsión del país. Esta historia,
fue publicada por el Cardenal Quintero cuarenta y cuatro años después y por
lo que afirmo en ese entonces: "...Se me ocurrió no aplazar para el
incierto porvenir, la publicación de la relación que me proponía hacer con
destino al Archivo Arquidiocesano, sino prepararla a fin de que apareciera a
la luz pública antes de mi bajada a la tumba".
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Copiamos textualmente lo escrito por el Cardenal, en su obra Para la Historia: "Entre otras cosas le oí referir cuanto sigue: se le presentó cierta mañana, en el Palacio Arzobispal de Valencia, una joven señora, en un estado de suma turbación. Le confió que momentos antes, acompañada de su esposo, había ido a visitar a un alto político de aquella ciudad y que habiéndola dejado sola su marido por haber tenido que atender algo urgente, el político, primero con insinuaciones y luego ya por la fuerza, había pretendido hacerla objeto de su lujuria, lo que no había logrado, pues ella había luchado hasta ganar el anteportón y la calle. Pasando ocasionalmente por la puerta del Palacio Episcopal, se le había ocurrido entrar para referir al obispo lo que le acababa de suceder. Monseñor Montes de Oca le indicó que se fuera a su casa, esperara allí a su esposo y lo impusiera del hecho. Un poco más tarde, la misma señora, en un estado de mayor turbación aún, retornó al Palacio y le dijo al obispo: "Monseñor: ahora he comprendido las cosas: mi marido me había vendido a ese señor; llegó a casa furioso conmigo porque le he hecho perder la posición que ya tenía conseguida. Yo me quedo aquí: no me junto más con ese hombre". Monseñor tuvo que brindarle asilo provisional a aquella joven y atribulada dama, mientras llega el papá de ella, al que llamó con urgencia. Pues bien: ese político, de cuya calidad moral podemos formarnos idea por lo que dijeron Pío Gil, que lo señala como un traidor, y Fernando González, que lo presenta como un corrompido, disfrutaba de influencia en el régimen que entonces mandaba en Venezuela. Y al enterarse de que había perdido la cacería por la intervención del obispo, maquinó venganza y se aprovechó para ello de la publicación en esos días de la "Instrucción sobre el matrimonio".
Fue Mons. Montes de Oca un hombre muy valiente que no tuvo miedo ante las actuaciones despóticas de un Gobierno y que se ensañaba contra quienes disentían de su forma de gobernar. Fue conocida por todos, su actitud en apoyo y respaldo a los estudiantes del 28 presos en el Castillo de Puerto Cabello.
Regresó del exilio a su Diócesis al retornar El Gral. Juan Vicente Gómez al ejercicio de la presidencia en 1931 y ordenó el levantamiento de la medida de expulsión del Obispo. Posteriormente, al cabo de algún tiempo y haber sentado precedente de su virtuosismo e inteligencia renunció a su Diócesis e ingresó en Italia a la Congregación de los Padres Sacramentinos. Ingresa un poco más tarde a la Orden de los Cartujos. En ese mismo Claustro durante la Segunda Guerra Mundial, es vilmente asesinado junto con otros religiosos, por los alemanes... La Causa: dieron asilo en el Convento a Patriotas italianos.
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He querido incluir junto a este artículo, lo publicado por la Revista ÉPOCA, de Caracas, como homenaje a este insigne y ejemplar caroreño, en Febrero de 1947.
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Homenaje de "Época" a
Monseñor Monte de Oca |
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Época, cumpliendo con un deber
patriótico ante el hecho que aún conmueve a la opinión universal y la
fe católica del mundo civilizado, ante la crueldad de que fue víctima
uno de los hijos más nobles de la Nación venezolana, publica en la
presente página algunas gráficas tomadas durante los dolorosos
momentos en que se llevaron a cabo las investigaciones que condujeron
a la investigación a los restos del amadísimo Mons. Salvador Montes de
Oca. |
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Para Época. ¿Quién al contemplarlo hecho la serenidad misma, como con el valor indomable del justo, presto al sacrificio, como la vida al movimiento, la mañana al día ó el paladar para los manjares, podría vacilar por un instante siquiera, de apellidarlo adorno y blasón de la Iglesia Católica que habíalo señalado para llevar una faz de mártir? A oto venezolano le cupo nunca comprobar bajo los sagrados votos del sacerdocio, olvidado de los hombres, orando por sus enemigos y perseguidores, renunciando al don jubiloso de la palabra, en la celda de un cartujo constreñido por hondos asaltos del propio corazón al margen de los afectos más honestos, más nobles, más explicables, más puros, que la Patria Católica, que en la fe de los mayores, que la familia venezolana, tiene reservas para colmar de Gloria a los continentes de todas las razas del orbe. Que si hay notas desacordes, en cambio podamos ofrecer himnos impecables y poemas cuya belleza rivaliza con su intachable euritmia, Dios le suscitó para prestigio de su Pueblo y es el Obispo Salvador Montes de Oca, cuya memoria vive en su Diócesis de Valencia como un presente excelso, quien sereno, queremos repetirlo muchas veces, escribe en sangre de sus venas y en ideas de su cerebro henchido de luz, la página de América convulsiva de hondísimo coraje para condenar en una vieja vía, echando de un milenario de un milenario edificio, la fea doctrina de de las hordas totalitarias que por desgracia, destrozan las nuevas avenidas del mundo y los que fueron alcázares de la fecundidad de la paz del Nuevo Mundo.
Gregorio Adam . |
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