Semana Santa en Carora



Feligreses en Semana Santa

 


Iglesia San Juan Bautista


Recopilación:
Pedro Domingo Oropeza P.

Fuente: El Diario de Carora

El Diario de Carora, N°. 11.041
EDITORIAL.

Acabándose de abrir la Semana Santa del Redentor, con la inicial celebración de lo que podría llamarse su introducción rebosante de enseñanza, con el significativo episodio del Domingo de Ramos.

Ha comenzado el drama de los dramas, divino y humano, intensamente patético y en extremo doloroso, la Pasión y Muerte de Jesús que jamás pasa, ni pasará y en la cual se inmoló en el Patíbulo de la Cruz, el Apóstol dulcísimo y misericordioso, el hijo de David que Prefirió dar la vida, antes que dar la muerte a nadie, para ejemplo eterno, a través de los siglos; la Gran Victima que tomo la mortalidad como hombre para restituirle por el matrimonio al genero humano, la Gracia perdida, y así mismo la Resurrección para divinizarle y salvarle.

Aunque eso ha llamado en dar Progreso, hecho a base de materiales conquistas, de escepticismos, y de superficialidad, trate de alejar a los pueblos de la solemnidad y del valor espiritual de estos días, pretorios de misterio, la tragedia del calvario, se yergue imborrable, invencible, y quiérase o no, en todas partes tenemos forzosamente que recordarla en las angustias y en las tristezas que a cada paso asaltan a nuestros corazones.


Imagen de la Resurrección


Mons. Pedro F.  Montes de Oca


El Nazareno

Esa tragedia no ha de perder un ápice en grandiosidad, por el hecho de que en la sociedad moderna trate de darle la espalda despectivamente. Esa tragedia indecible, transcurre siempre como el símbolo cabal de todos los sufrimientos y de todas las esperanzas.

El dolor de Cristo pervive por encima de todas las frialdades y modernismos de los tiempos. Y lo que es más sublime, en su inconmensurable amor que tiene su excelsa culminación de la Eucaristía, cuya institución conmemorase el Jueves Santo.

En nuestros pueblos en cuyo seno aún gozamos de libertad, gracias al régimen democrático, la Semana Santa puede muy bien ser celebrada sin obstáculos arbitrarios, sin inicuas represiones. Cosa que no ocurre por desgracia y vergüenza en aquellos conglomerados que, careciendo el Libertad, por ende se persigue con diabólico espíritu sectario al cristianismo.

Por tan valiosísima ventaja nos debemos alegrar, y externar las mas entrañables gracias a ese mismo Crucificado, cuya figura examine y sangrante, ha de pasearse por nuestras calles, perdonando y redimiendo, conforme lo que hace minuto a minuto en la claridad de los altares, convirtiendo en Sacrosanta Hostia.

Sigamos pues, cada una de las escenas del Proceso Divino, sigamos al Nazareno, con su madero a cuestas, o con su Corona de espinas expuesto al ludibrio de las negociaciones, humilde y paciente, y que el poderoso influjo de todos los pasos reverentes, sea prodigo para nuestras almas de bienaventuranzas. Sigamos el múltiple recuerdo del Ministerio del Gólgota, los minutos de esa Gran Misa; pero sigámosla con profundo respecto, con limpio orden, y antes que nada, con piedad noble y sincera, ya que hemos sido y somos cristianos y debemos serlo con orgullo, y probar que en realidad, cultivamos esa doctrina, con meras palabras, sino mediante las practicas de sus normas.

SEMANA SANTA CAROREÑA, EN 1879.

Remito extractos de dos Diario de Carora, Nos. 12.927 y 12928, deteriorado por el incendio ocurrido en mi hogar, intitulado "Semana Santa en Carora en el año 1879", y en la que se describe un recuento de la solemne conmemoración de la Semana Mayor en nuestra ciudad en la época mencionada, es de recordar que; El Altar, artístico de la Iglesia San Juan, fue donado por la Cofradía de Jesús en la columna, a través de su Mayordomo, el Pbro. Antonio Venancio de Urrieta, nacido en Carora, el 12 de Diciembre de 1712.

El "órgano" de la Iglesia San Juan, fue donado a la Iglesia por la Cofradía del Stmo. Sacramento, he inaugurado el Domingo de Ramos de ese año de 1879, el discurso fue pronunciado en esa ocasión por Ignacio Montes de Oca: " abran de expirar las dulces notas del arte divino de la armonía, con todo esto, justamente con lo solemne del acto y lo respetable del auditorio han conmovido profundamente mi espíritu. La música es la reina de los encantos, con el lenguaje misterioso del sentimiento....Eso faltaba a nuestra Iglesia... Carora, Señores, en este acto ha dado una prueba de su inmenso amor al prójimo , y más aún del progreso religioso, fuente del progreso universal".

Por lo visto los vericuetos de las entradas y las quebradas onduladísimas de los montes que circundan a nuestra ciudad, no habían permitido a Carora hasta 1879, de tener un Armonio (órgano pequeño, con la forma exterior del piano, y al cual se le da el aire por medio de un fuelle que se mueve con los pies).


Representación de la Resurrección


La antigua Capilla del Calvario

El discurso recoge los nombres de los caroreños que dotaron a la Iglesia del "órgano que servirá para solemnizar más la majestad de nuestros actos". El Dr. Maximiano Hurtado ha sido quien fraguaba el progreso del templo, Don Antonio Maria Zubillaga como Mayordomo de la Cofradía del Santísimo Sacramento, "hombre incansable por su esplendor" y Don Manuel María Marquís "por su mayor generosidad" eran los más efectivos cooperadores.

Pero el "órgano había llegado a Carora desde Barquisimeto, sólo por la voluntad tesonera de quienes quizás a lomo de bestias o en carreta, "luchando con las mayores dificultades" lo condujeron a Carora. Fueron éstos: Teodoro Zubillaga, Lorenzo Colina, Encarnación Álvarez, Jorge Valles, Benigno Querales y Concepción Rivero.

Las Alhajas de Jesús en la Columna, fueron igualmente inauguradas el Lunes Santo de 1879, con palabras del Dr. Hurtado en la "cátedra sagrada, para la que posee dotes especiales". Supongo se refieren a las "tres potencias" que exornan la cabeza de la venerable imagen que conocemos hoy todos.

La Humildad y Paciencia, estrenó igualmente ese año "una preciosa toalla que hábiles manos dispusieron".

El Santo Nazareno, había de lucir desde ese año "magnifica túnica debida a las manos de ángel de la señorita Panchita Oropeza, obra preciosa, de mérito invaluable. En estilo de la época el Bachiller Antonio María Zubillaga ensalzó la labor de bordado que "parece la inspiraron las preciosas ninfas que tejieron el delicado manto de la deidad de Paphos". Ponderó igualmente " el celo religioso del muy digno mayordomo de la Cofradía de Jesús Nazareno, señor Desiderio Herrera; pero, sobre todo, se extendió en el esfuerzo de José Félix Álvarez y Alberto Yépez que repitiendo una y otra vez la frase: "una limosna para comprarle la túnica y adornos al Nazareno" hicieron un milagro "como brotó el agua de la peña milagrosa al contacto de la vara de Moisés".

Carora con su sano regionalismo debería sentirse ufana de la túnica que admiraba a los caroreños precisamente porque "no tuvimos que pedirle al arte europeo sus prodigios y primores, tampoco a los artistas de la capital sus habilidades en el dibujo y el bordado, no, que la patria del genio es universal, y no sólo en las grandes y populosas ciudades sienta sus reales y despide resplandores, sino que también le hallamos y con más mérito, en apartada comarca, porque es a impulsos de su sola luz que aquí se manifiesta, sin el poderoso auxilio que allá le prestan la ciencia y el arte llevados a su perfección".

La Imagen de Cristo Crucificado, que veneramos en Carora en las procesiones del Jueves Santo fue bendecida ese mismo año de 1879. Es una obra del escultor merideño Rafael Antonio Pino, y comprada por el mismo Dr. Maximiano Hurtado. El discurso del señor Agustín Zubillaga en esta ocasión con frases muy del sabor de la época nos pinta maravillosamente lo que los caroreños pensaron he hicieron al reemplazar la vieja imagen colonial de Cristo Crucificado. "Ved aquí la causa por que este pueblo, eminentemente cristiano, se llena de júbilo al tener tan rica adquisición para su iglesia; y por qué sentimos todos en lo intimo del alma, la grata complacencia del deber cumplido y la necesidad satisfecha. Porque en verdad, la imagen que nos legaron antepasados, que nosotros conservaremos como reliquia venerada de la fe que de ellos heredamos, y que servirá en lo sucesivo para nuestra adoración en el altar que le será destinado, y colocada con el Santo Sepulcro , no armoniza, por su pequeño tamaño, con la solemne procesión de este día..................(párrafos quemados)................

Los encargados de la conducción de Mérida a esta ciudad representan un valor casi igual al de la imagen, y él los sufraga de su propio bolsillo, siempre exhausto por tener lo siempre en la mano, a disposición de todo necesitado. Señores, como caroreño y representando los caroreños, yo doy las gracias a nuestro cura con la frase que en semejantes casos acostumbra el cristianismo: "Dios se los pague".

A esta imagen de Cristo Crucificado le dedicaron sonetos el señor José Mármol Herrera, el pionero del periodismo en Carora, y el Sr. Salomón López Fonseca, ese Jueves Santo de 1879. Vale la pena los vuelvan a leer los caroreños de hoy.

El Mártir del Calvario

Mirad cual sufre la infamante pena
y los insultos de la turba insana
sin murmurar la queja más liviana
contra aquel pueblo que el suplicio ordena
Es tan grande su amor que si orbe llena
y perdonando a la Salem profana
que su vida le corta tan temprana,
se inclina tristemente y se serena
Todo es bondad en él, todo dulzura;
redimir al mortal tan sólo ansia,
y por El derrama su sangre pura,
"Perdón! Perdón!" invoca en su agonía,
para aquellos que causan su amargura
al Padre a quien su espíritu confía.


José Mármol Herrera

¡CONSUMATUM  EST!

Sobre la cumbre del Calvario enhiesto
de tosca cruz fatídica, pendiente
se contempla a Jesús, el inocente
justo varón al sacrificio puesto.
Dulce la faz, el ademán modesto;
de espinas coronada al alba frente;
el cuerpo convertido en roja fuente
y, a las blasfemias de la turba expuesto
Ya la cabeza inclina aquel Cordero,
mas y más languidece su mirada,
y lanzando el suspiro postrimero
Vuela el alma del barro desatada,
enseñando a los hombres el sendero
por donde se llega a la Eterna morada.

Salomón López Fonseca

 De esto hacen 126 años, que sucedió en nuestra Carora.


Rúbrica de Don Isaías Avila


P. Carlos Dovosick P. y Don Pedro Domingo Oropeza


 



NUESTRA TRADICIONAL SEMANA SANTA.

El Domingo de Ramos, se acudía con mucha fe a las iglesias a buscar Palmas Benditas y así hacer, uno mismo, una cruz que se colocaba en alguna parte de nuestras casas para contar con la bendición se está, en el caso de una tragedia causada por la naturaleza.

El Lunes Santo, el pueblo se aglomeraba, el la Plaza Bolívar y la Iglesia San Juan, de allí salía en solemne procesión con la Santa Cruz adelante, seguida por la imagen de Jesús atado en la Columna, luego San Juan y después la Virgen Dolorosa. El Mayordomo de esta evocación era Don Isidoro Gutiérrez, su homónimo hijo, el siempre y recordado Ninino y en la actualidad el Mayordomo es la Sra. Maria Leticia de Gutiérrez e Hijos.

Virgen Dolorosa, imagen que fue traída de España especialmente para los caroreños, la responsable de esta imagen fue; Doña Maria Luisa Oropeza de Gutiérrez (hija del Dr. Ramón Pompilio Oropeza), luego paso a las manos de Doña Belén Álvarez y desde hace más de 40 años es responsable Doña Amanda Rosa de Álvarez,

El Martes Santo, salía la sagrada procesión desde la Iglesia San Dionisio, la antecedía la Santa Cruz seguida por la imagen de; Jesús en la Peña humilde y paciente azotado y coronado de espinas, luego San Juan y la Virgen María. Las imágenes de San Juan y la Virgen pertenecían a la Iglesia de San Dionisio. El Mayordomo era; Don Pascual Florido, pasando luego a las Familias Zubillaga – Florido y Álvarez – Zubillaga.


Don Octaviano Herrera G.

El Miércoles Santo, en este día, en la Iglesia San Dionisio se realizaba la Solemne Misa Cantada, venían desde Barquisimeto Rafael Miguel López con su Orquesta para interpretar, "El Popule Meus" de José Ángel Lamas. En otras ocasiones se presentaba el tenor, Mariano Yépez Gil, los artistas locales; Juan Bautista Franco, Antonio Vásquez, Sabulón Suárez y otros caroreños también interpretaban textos religiosos. Por la tarde salía de San Dionisio El Nazareno para encontrarse con San Juan y La Dolorosa que lo esperaban en las puertas de la Iglesia San Juan, luego de haberse efectuado las dos primeras caídas: La del Cirineo y la Verónica, la tercera era la de las mujeres de Jerusalén, que se efectuaba frente a la casa de Don José Alejandro Riera. Luego de allí el Nazareno era llevado, seguido de San Juan y la Virgen, nuevamente hasta San Dionisio, el pago de las promesas era la de vestirse al igual que el Nazareno, su Mayordomo era; Don Octaviano Herrera, que consolido la tradición de su familia, quienes trajeron hace más de 200 años la Santa imagen a Carora. En los momentos actuales los responsable de esta imagen son; Las Hermanas Herrera – Andrade.

La recomendación de nuestras madres era: que nos bañáramos muy bien pues el Jueves y el Viernes Santo no se podía uno bañar y mucho menos en el los ríos, porque uno se podía convertir en pescado y si se hacía el amor, se podían quedar pegados, también no podíamos jugar, porque lastimábamos las llagas de Nuestro Señor, esos dos días eran de oración en las estaciones de radio solo se escuchaba música clásica.

El Jueves Santo, en este día se profundizaba la fe cristiana a su máxima expresión, cuando muere Jesús en la Cruz. En la Iglesia de San Juan se realizan las siete palabras, se efectúa el lavado de pies a los enfermos, la visita a los monumentos y por la tarde la procesión. Tal vez la más larga, ya que en alguna oportunidad llegó hasta la Cruz Verde, en el Trasandino. Por la tarde se regresaba, por la calle Bolívar, hasta San Juan. Se recuerda con cariño a don Teodoro y Juan José Herrera cargando el pesado mesón con Jesús Crucificado, el Mayordomo de este día era Don Teodoro Herrera, hoy en día los responsable es la familia; Perera Herrera.


Don Teodoro Herrera Zubillaga

El Viernes Santo, era el día del Santo Sepulcro. Desde la mañana preparaban a Jesús en el sepulcro en casa del Mayordomo. Evocamos a Don Antonio Gutiérrez y a Pedro José Álvarez, esa misma mañana, ya preparado el Santo Sepulcro, salía del Hospital San Antonio en procesión precedida por jóvenes que llevaban las insignias hasta la Iglesia San Juan y por la tarde era conducido hasta la Capilla "El Calvario" en donde se custodia hasta la media noche y su imagen, quedaba depositada en esta Capilla Colonial, lo acompañaban en la solemne procesión, San Juan y la Dolorosa, que volvían a San Juan entre llantos y lágrimas de muchos feligreses. Otro Mayordomo de grata evocación, lo fue Don Wilfredo "Peyo" Pernalete, en la actualidad su responsable es la Sra. Ada de Pérez y familia. Su hijo Carlos Pérez, es un gran colaborador en todas las actividades de nuestra parroquia, sin pasar por alto al Sr. Fernando Briceño.

El Sábado de Gloria llegaba junto a la alegría y el sonar de las campanas, quienes guardaron los días de abstinencia sexual, se alegraban porque ese día "podían quebrar la Olla".

Domingo de Resurrección, el día de Jesús Resucitado, UNICA EN VENEZUELA, desde la madrugada del Domingo se movilizaban los caroreños para la Iglesia del Calvario en cuyo patio ya estaba la imagen de Jesús, de igual modo, pero en la Iglesia San Dionisio, estaba la Virgen María y San Juan. Las imágenes, al igual que los mesones en que marchaban instaladas, eran livianos para poder ejecutar el inolvidable encuentro, después de -una carrerita, al frente de la Plaza Bolívar. Allí comenzaba la música y una gran profusión de fuegos pirotécnicos y se dirigía hasta la Iglesia de San Juan, en donde se oficia una misa. Su mayordomo era; Don Aníbal Suárez, como también lo fue el Sr. Carlos José González, Doña Julia de Quintero, el Sr. Eduardo Mosquera y mi recordado padre Don Pedro Domingo Oropeza Álvarez, en los actuales días la responsabilidad esta a cargo de nuestra familia Oropeza Pernalete y como es tradicional al finalizar la procesión, se le obsequia un suculento mondongo de chivo a los cargadores de las imágenes, en casa de; Pedro D. Oropeza Pernalete.


Don Wilfredo (Peyo)
Pernalete

La Virgen Maria, la de la Resurrección; fueron responsables de estas imágenes, (por que eran tres, una de ellas esta en la Iglesia de Aregue), la Congregación de Religiosas de Santa Teresita, que hacían vida en la Iglesia de San Dionisio Acropagita, hasta que, el Monseñor Pedro Felipe Montes de Oca se la encargo a Doña Rosa Elvira Perera (Tota), paso luego a las Señoritas; Rosa María Riera y Noemí Álvarez Perera, de la cual le agradezco algunos datos.

CARGADORES DE IMÁGENES: Se contaba con muchos voluntarios, para cargar estas Imágenes, ya que había que tener fuerza, práctica y destreza. Algunos colaboraban llevando unas largas barras para levantar los cables de la electricidad y de los teléfonos, concurrían también: Martín Camacho, Luis Lozada, José Gregorio Martínez, El Negro Darío, Silvestre Rodríguez, Los Hermanos Lapos, Telesforo y Celestino Corro, Abel Silva Vargas, Antonio Lameda, Saúl Pérez, Desiderio Oropeza A. Clemente Oropeza, Rufino Álvarez, Otilio Oropeza, Desiderio Oropeza Serrano, Jesús Pernalete, Alberto Segueri y muchos otros que lo hacían con toda su buena voluntad. Luis Gaona era el primero con su gran MATRACA, artefacto que se usaba mientras las campanas estaban de duelo.

La mayoría de los bancos de las Iglesias, tenían colocadas unas placas, con el nombre de la Familia a que pertenecían y no estaba permitido sentarse en los referidos bancos, quién se sentaba era parado del banco por sus dueños, yo viví esta experiencia, en la Iglesia San Juan.

El último de los viejos coristas
LORENZO ESCALONA
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia

El Diario de Carora, N°. 19.609.

El tiempo y las penurias le habían ya deteriorado y doblegado físicamente, hasta convertirlo casi en una sombra andante. La indiferencia y la ingratitud humana habían golpeado duramente el espíritu y la voluntad de aquel buen hombre que se llamó Lorenzo

Escalona. A duras penas deambulaba por nuestras calles solitario y triste. Por las cuales en sus tiempos mejores, frente a las ventanas coloniales del centro y la barriada, derramó los acordes de su guitarra enredados a las melodías que se escapaban en su voz de buen tenor sin disciplina y sin escuela. Iba talvez en su interior andando con el dolor callado de- recuerdos lejanos, cuando su vida y su obra de artista, fueron útiles. Pasaba lentamente frente a todos, casi inadvertido, por el camino de su angustiosa soledad.

Y el cantor de tantos años en tantas noches de inspiradora luna al fin no pudo más, se cumplen 26 años de haber desaparecido físicamente el ultimo de los viejos Coristas de la ciudad. Porque espiritualmente vivirá siempre en el tesoro romántico de sus canciones... En su "Suspiro de Amor", donde él puso en encantadores caprichos musicales todo el fulgor de su alma exquisita, soñadora y sensitiva. Murió en la mayor pobreza abatido por el infortunio, olvidado de todos, si no contamos las manos piadosas que tuvieron para él en

los últimos años un techo generoso, y en el trance final la piedad de una fosa para que ella guarde bajo la Tierra sus despojos.

Enmudeció definitivamente la voz del viejo Corista que por largos años anduvo resonando en los ámbitos sagrados de todas las Capillas del Distrito. Sus manos ya no arrancarán más las dulces y quejumbrosas melodías del órgano en la imponente celebración de la liturgia cristiana. Y en el Barrio Nuevo que fue su refugio postrero, la silueta del inspirado artista no se verá más arrastrando la carga doliente de sus sinsabores, ni exhibiendo los estragos morales que causan en el ser humano la crueldad de !a ingratitud y la incomprensión.

La vida de Lorenzo Escalona fue humilde y sencilla enmarcada en el molde de una incomparable modestia. A muchos prodigó sus servicios, y no pocos supieron de su cariño en la frescura de la amistad sincera. Pero habría, de llegar la adversidad a tocar con violencia la puerta del trovador de antaño. Y ya a su alrededor no- se vio más que el fantasma de la soledad y el desamparo. ¿Quien acudió en auxilio de aquel artista sumido en la pobreza, cuya mano sin embargo no se tendió jamás en la vergüenza de la imploración mendicante?

El viejo Corista de todas las Capillas sufrió y murió con la esperanza de que algún día la compensación a sus probados méritos podía venir al encuentro de su desesperada invalidez. Pero no fue así. El olvido sepultó la frustrada esperanza. La Justicia Humana no encontró el camino para llegar a él. Y rodeado de ingratitud y de penalidades, así murió el último de nuestros viejos Coristas. El cantor de tantos, años en tantas noches claras de luna inspiradora. Talvez, se ha ido decepcionado y triste, llevándose el dolor callado de recuerdos lejanos cuando su vida y su obra de artista fueron útiles. Para recoger al final de la siembra la cosecha en espinas de la ingratitud.

- Si la Justicia Humana no encontró el camino para llegar a él, quiera Dios que la cuerda y la impiedad de la injusticia no llegue hasta el montón de tierra buena que cubre sus despojos.