Viviendo la tradición
El Pesebre de Doña Angelina de Zubillaga
Ing. Emma Rosa O. de Herrera

 


 

 

 

El Pesebre o Nacimiento es tradición de gran arraigo religioso en Venezuela, incorporada a partir del proceso colonizador y de catequización, que logró el afianzamiento de la fe cristiana. Los orígenes de esta costumbre asociada a la celebración e la Natividad del Señor se remite al siglo XII, cuando por iniciativa de San Francisco de Asís, realiza en Italia una representación de los principales hechos que refieren la Sagrada Escritura del Nacimiento del Niño Dios.

 

En Venezuela fue introducido por las órdenes religiosas durante la época colonial, que vieron en los pesebres además un efectivo medio de evangelización de los indígenas. Los religiosos de todos los conventos armaban nacimientos, involucrando en esta tarea a miembros de las comunidades aledañas. De igual forma lo hacían los sacerdotes de las iglesias.

 

Las referencias documentales más antiguas acerca de los Nacimientos en Venezuela son relativas a funciones teatrales promovidas en la sede de la Capitanía General de la Provincia. Sin duda fueron posteriores a la instalación de pesebres de Navidad en los templos coloniales que intentaban captar por otros medios el interés del público y aumentar el brillo de la celebración. La costumbre de instalar los pesebres se extendió a los hogares y las familias se esmeraron en el montaje


Carora, proverbial por su apego a costumbres y tradiciones,  en épocas pasadas y c
omo preámbulo a la llegada del Niño Jesús, el pesebre se hacía desde el 10 de diciembre y se desmontaba el 2 de febrero cuando se celebra el día de La Candelaria, advocación de la Virgen María, que tenía muchos devotos entre los Canarios que se avecindaban en nuestra ciudad y de los cuales destacaba Don José de la Trinidad Fránquiz.


En el tiempo, diversos materiales se utilizan en la elaboración de las figuras de nuestro pesebre caroreño, donde el nacimiento está básicamente representado con
las de la Virgen María, San José, la mula y el buey, los pastores, los Reyes Magos… Se acoplan artísticamente a ellos escenas cotidianas del quehacer diario, sujetas a nuestra idiosincrasia colectiva y popular y donde la familia juega un papel primordial en nuestra sociedad, privilegiada como modelo, no en bienes materiales sino por sus principios morales y espirituales.

 

El pesebre de Doña. Angelina de Zubillaga, Mamá Ina para los más allegados, es uno e los pesebres caroreños que se ha hecho con mayor mística: levantado por la fe, por la fuerza de las tradiciones, a pulso, como se hizo el apellido Zubillaga, apellido de Don Félix Mariano, el esposo de Doña Angelina. Las figuras centrales, las del Nacimiento, fueron traídas desde España a petición de Don José María Zubillaga Perera, hijo del fundador de ese apellido en Carora, Don Agustín Luís de Zubillaga, llegado a estas tierras en 1794 y bisabuelo de Don Félix Mariano.  Planta con él Don Agustín Luís sus raíces en una Carora que descubre con ellos los personajes ideales como intendentes, cofrades, establecedores de boticas, comercios, intelectualidad y sobre todo por un alto sentido cristiano con que siempre se han caracterizado.

 

                                                       Tomas del pesebre de Doña Angelina.
Pero el pesebre de doña Angelina no representaba a las genealogías de sus apellidos, pero si Las viejas costumbres: Por eso tiene iglesias, parejas que van de bautizo y de matrimonio, casas enteras con sus oficios, corrales de chivos, animales, hombres, mujeres, viejos y niños del pueblo y el mundo infinito de la antigua ciudad.
 

El Nacimiento fue pasando de generación en generación, así al morir Don José María, es heredado por su hijo Don Teodoro y luego pasa a manos del Padre Carlos Zubillaga e hijo de Don Teodoro, a cuya muerte, Don Chío su hermano se lo entrega a doña Angelina, su cuñada. Don Chío de igual manera, deja a su sobrina Ligia una emotiva carta, en donde la nombra como próxima sucesora de tan hermosa tradición familiar.

Doña Angelina comienza a “poner” su pesebre en 1922, ininterrumpidamente hasta tres años anteriores a su deceso, que ocurre en Septiembre de 1995: 70 años de tradición.  La primera vez fue en su casa de la calle Bolívar, situada en la esquina de la Placita Torres, donde antes estaban las ruinas del Templo Nuevo que no se terminó, diagonal con el que fuera el Teatro Salamanca.

 

Al poco tiempo, Don Félix y Doña Angelina se mudan para Jabón y con ellos, el famoso pesebre  quien por eso no cesan sus apariciones, y allí dura cinco años. Más tarde y de nuevo en Carora,  Don Félix y Don Juan Pérez Alvarado compran entre los dos una de las casas de  más vieja data en la ciudad y que entre otras funciones fue sede del primer Hospital, donde se funda El Impulso, sede de nuestro Liceo,… allí en su casona, el pesebre se muestra orgulloso.  Como también en la Casa de Cultura por petición del Dr. Juan Martínez Herrera, o en la Escuela de Bellas Artes, a solicitud el Prof. Gustavo Riveros Tejada, cuando estuvo dicha escuela funcionando en la otra mitad de la casa de Doña Angelina ó bien en la Casa Amarilla, donde funciona el Infocentro. En diciembre, por ahí cerca de su casa, siempre estuvo puesto el pesebre de doña Angelina.

Hoy día su propietario es el Lic. Javier Zubillaga Álvarez, nieto de Doña Angelina y a quien se lo entregó su tía Ligia. No ha tenido más apariciones en Carora.  

Navidad es el mejor tiempo para la familia; el momento para rescatar las tradiciones y fortalecer en nosotros y nuestros hijos los valores espirituales que animan y dan sentido a nuestras vidas… Muchos pesebres deben ser “puestos” en nuestra ciudad.

¡Feliz Navidad a todos!